[Hum}— El pordiosero

—Señor, ¿podría regalarme unas monedas?

El bien vestido caballero le preguntó:

—Pero, ¿no te las vas a gastar en alcohol, verdad?

—No señor, nunca en mi vida he bebido.

—Entonces, ¿las quieres gastar apostando a la baraja con tus amigos?

—De ninguna manera, nunca apuesto en nada.

—O acaso, ¿te los gastarías en fútbol?

—Imposible señor, nunca he ido al estadio.

—¿Se las piensas dar a una mujer acaso?

—Jamás he tenido esposa ni amante alguna, señor.

—Entonces, ten estas diez mil pesetas, pero ven a comer a mi casa; te invito. Comida casera y buena atención.

El pordiosero aceptó gustosamente y se subió al BMW del rico hombre. En el camino le preguntó:

—Oiga, señor, ¿no se va a enojar su esposa al ver llegar a alguien, sucio y de mal aspecto como yo, y que se siente a la mesa a comer?

Probablemente —le contestó el rico—, pero valdrá la pena. No quiero perderme por nada su cara y su reacción cuando vea en qué se

convierte un pendejo que no toma, no apuesta, no le gusta el fútbol y no tiene amantes

[Hum}— Aclaratoria pertinente

En Madrid, una noche un asaltante que llevaba su cara cubierta con una máscara interceptó en la calle a un transeúnte muy bien vestido, y poniéndole una pistola contra las costillas le dijo:

—¡Dame tu dinero!

Indignado, el transeúnte contestó:

—Usted no puede hacerme esto porque soy miembro del Congreso de Diputados

—En tal caso —replicó el asaltante—, ¡dame MI dinero!

[Hum}— Los 10 mandamientos de un vago

  1 – Vive para descansar.
  2 – Ame tu cama, ella es tu templo.
  3 – Si ves a alguien descansando, ayúdalo.
  4 – Descansa de día para poder dormir de noche.
  5 – El trabajo es sagrado, no lo toques.
  6 – Nunca dejes para mañana lo que puedas dejar para pasado mañana.
  7 – Trabaja lo menos posible; lo que deba ser hecho, deja que otra persona lo haga.
  8 – Calma, que nunca nadie murió por descansar, pero tú puedes lastimarte trabajando.
  9 – Cuando sientas deseos de trabajar, siéntate y espera a que se te pase.
10 – No te olvides: el trabajo es salud, déjalo para los enfermos.

[Hum}— Los donantes

Están varios ancianos en una celebración. Un tipo se para y anuncia: 

      «Cuando me muera quiero donar mis ojos» 

Otro se para y dice: 

      «Cuando me muera quiero donar mi hígado». 

Todo el mundo empieza a decir lo que va a donar cuando muera, pero falta
un septuagenario. Cuando llega su turno, éste declara: 

      «Cuando yo me muera voy a donar mi pene»

Y todos los presentes exclaman: 

      «¡Avemaría, nadie nunca dijo eso! ¡Viva el señor que va a donar su pene!» 

Y, con el fin de felicitarlo, la concurrencia empieza a gritar a coro: 

      «¡Que se pare! ¡que se pare! ¡que se pare!» 

El viejito, muy enérgico, declara: 

      «¡Si se para yo no lo dono!».

[Hum}— Él, ella y el matrimonio

  1. Si ella se enferma, puede llamar a  su mamá para que venga a cuidarla.
    Si él se enferma, no puede llamar a su mamá para que venga a cuidarlo porque se armaría Troya.
  1. Ella tiene ahora su propia casa para invitar a sus amigas a tomar café .
    Él ya no puede invitar a sus amigos a la casa, porque a ella no le caen bien y, según ella, son unos latosos y gorrones.
  1. Si ella no trabaja, o si trabaja pero sale temprano de la oficina, puede irse al café con sus amigas.
    Para él se acabaron las noches de squash, tenis, la copa del viernes, o lo que sea que hacía con sus amigos.
  1. Ella tiene más dinero.
    Él tiene menos dinero.
  1. Ella tiene la oportunidad de aprender a cocinar.
    Él anda siempre enfermo del estómago.
  1. Ella adquiere libertad sexual inmediata.
    Él pierde la libertad para andar de juerga.
  1. Ella puede llevar la ropa a lavar a casa de su mamá.
    Él no puede llevar la ropa a lavar a casa de su mamá porque eso daría lugar al comentario de que se casó con una floja inútil.
  1. A ella la envidian sus amigas solteras.
    A él no lo envidian sus amigos solteros.

Y, ante esto, ¿todavía quieres casarte, amigo mío? ¡Qué … voluntad!