[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Del sistema MABS y peripecias asociadas / Leonardo Masina

IBM – MABS/7 (Maritime Application Bridge System)

Estamos en 2010. Comparado con un pequeño aparato llamado GPS —del tamaño de una cajetilla de cigarrillos, que cuesta menos de $100 y que está, por tanto, al posible alcance de una grandísima mayoría, y algunos vehículos y teléfonos celulares lo tienen instalado—, el que voy a mencionar parecerá cosa de nuestros abuelos (y lo digo yo, que ya soy cuadri-abuelo), por no decir que parecerá algo prehistórico, pero así son las cosas.

Como preámbulo a esta historia hay que explicar que IBM, además de las divisiones de computadoras comerciales que la mayoría conocemos, tenía una división llamada FDS (Federal System Division) que desarrollaba productos CONFIDENTIAL RESTRICTED, sobre todo para el sector militar (como radares inteligentes), para la NASA (para sus computadores de a bordo de las naves espaciales), y para otros entes federales (como los sistemas utilizados por los controladores aéreos).

Con el tiempo, muchos de esos proyectos pasaban a formar parte de la producción de máquinas y dispositivos para uso del sector comercial.

 

La parte que sigue la cuento como me la contaron

 

No lo he vivido ni lo he visto, pero parece ser que IBM, ya a finales de la década de los ’50s (y posiblemente antes) había desarrollado una máquina para la división FDS que luego se convirtió en la comercialmente llamada 1720 que pertenecía a la categoría de los Real Time System.

Aparentemente esa máquina y sus sucesoras —la 1800, el System/7 y el Series/1— tuvieron un uso militar muy amplio en la división FDS, mucho antes de que se usaran en lo civil.

Basado en programas anteriormente utilizados en el sector militar, a comienzos de los años ’70s, utilizando una 1800 montada en un barco, IBM empezó a desarrollar aplicaciones civiles para un sistema de navegación comercial que se denominaba MAS (Maritime Application System), y uno de sus logros fue llevar un barco, sin intervención humana, desde el puerto adriático de Trieste hasta Melbourne, en Australia, circunnavegando África.

 

Hay que aclarar además que en esas fechas los únicos sistemas “comerciales conocidos” como sistemas de posicionamiento por radionavegación —que, cada uno por su lado, cubría sólo parte de océanos y mares, aunque había ciertos solapes— eran:

  • Omega: Con 8 estaciones transmisoras alrededor del mundo.
  • Decca: Era utilizado en casi todas las costas del mundo, y se calcula que existían alrededor de 185 estaciones integrantes de 49 cadenas del sistema.
  • Loran-C: Ofrecía seguridad para la navegación oceánica, el acceso a la costa y la entrada al puerto, estaba más desarrollado en Estados Unidos y sus fuerzas navales tenían 13 cadenas, de las cuales 7 se localizaban en el Océano Atlántico y 6 en el Pacífico.

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(Mapa cobertura LORAN-C)

Estos sistemas eran capaces de medir la diferencia de distancias del receptor a dos balizas de posición conocida. Utilizando dos medidas de este tipo, se podía conocer la posición como el punto de corte entre dos hipérbolas.

Por medio de la instrumentación de a bordo —que eran las cartas náuticas y receptores de radio especiales que daban unas coordenadas basadas en las hipérbolas captadas— con cierta aproximación era posible —dependiendo del tiempo, del día o de la noche, ya que eran muchos los factores que podían alterar los datos— ubicar la posición geográfica del barco.

Lo que hizo IBM por algunos años, con barcos del tipo del que navegó de Trieste a Australia, fue obtener los datos de posicionamiento por radionavegación de los sistemas de navegación y compaginarlos con las cartas de navegación.

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(Ejemplo Hipérbolas)

Cuando en 1974 IBM anunció el producto comercial final, basado en un System/7, al que llamó MABS/7 (Maritime Application Bridge System/7), ya que el termino MAS resultaba ya registrado, había ya varios barcos navegando por el mundo a nivel experimental, e IBM vendió, además del hardware, el paquete de software con toda la cartografía correspondiente a los tres sistemas de radionavegación arriba mencionados

Terminado el cuento.

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En Julio de 1974 tuve que viajar a Bruselas para estudiar este nuevo sistema. Éramos seis técnicos especialistas en System/7, venidos de puntos geográficamente estratégicos y que tendríamos que dar soporte a los técnicos locales que cubrirían prácticamente la geografía de lo que definiríamos EMEA (Europe – Middle East – Africa) y América:

  • España tenía la responsabilidad de cubrir la península ibérica y la costa africana, hasta las Canarias y alrededores.
  • Dinamarca: los países escandinavos, Islandia y Groenlandia.
  • Alemania: parte del canal de la Mancha y del mar Báltico.
  • Reino Unido: Irlanda, parte de sus colonias, y el mar del Norte.
  • Sudáfrica tenía que encargarse desde el sur del continente africano hasta el golfo Pérsico.
  • Venezuela: todo el continente americano excepto Estados Unidos y Canadá, o sea, desde el Golfo de México hasta la Tierra del Fuego.

Resulta que la ESSO, o EXXON, —para ver fotos de petroleros de la flota Esso y sus características, clicar AQUÍ— había firmado un contrato muy importante con IBM para montar este sistema inicialmente en todos sus buques petroleros de gran tonelaje —ULCC y VLCC— cuyas labores y trayectos principales eran cargar en el Golfo Pérsico, bordear Sudáfrica, dirigirse hacia las Islas Canarias, y desde ahí tomar tres posibles rutas:

  • 1. Hacia el Norte para descargar en Europa;
  • 2. Rumbo oeste para entrar al Caribe por Trinidad y Barbados y luego dirigirse rumbo a Aruba (donde ESSO tenía una refinería) o rumbo al Golfo de México; y,
  • 3. Rumbo hacia el suroeste, para Brasil y Argentina. Por ejemplo, el viaje de Ras Tanura, una isla que se utilizaba como terminal de carga en el Golfo Pérsico, hasta Aruba eran como mínimo 45 días.

(Los marinos que conocí en los barcos me comentaban que hasta la llegada en proximidad a las Islas Canarias ellos no conocían el destino final del barco, ya que eso se determinaba por las necesidades, el precio del crudo, y qué país estaba dispuesto a pagar más. ¡Marketing puro y duro!).

El día antes del comienzo del curso estábamos cinco alumnos reunidos charlando en el parking del Hotel Holiday Inn de Diegem, cerca de la escuela (zona del aeropuerto de Bruselas), y esperando el autobús del hotel para ir al centro a cenar, cuando llegó un Mercedes de elevada categoría, con matrícula española, y de él se bajó un hombre acompañado de una mujer que nos dejó a todos deslumbrados. Se trataba del sexto alumno. Por supuesto, de las especulaciones sobre cómo vivían los técnicos de IBM de España ni les voy a contar.

Durante los primeros días del curso prácticamente tuvimos un entrenamiento como si fuésemos marineros, o sea, nomenclaturas, términos y modos de actuar para las intervenciones en los barcos que, por supuesto fue sólo una bonita teoría, ya que en la práctica resultó todo otra cosa.

Aprendimos términos como popa, proa, babor, y estribor, que los pisos se denominan ‘puentes’, y muchos otras cosas de las que ya ni me acuerdo.

Nos explicaron cómo estaban hechos los superpetroleros, y que lo que era el área “vivible” del barco estaba en popa, en la parte trasera, y podía abarcar desde el puente o nivel 0 hasta 10 niveles hacia arriba (hasta el puente de mando), y muchos más hacia abajo (hasta donde estaba la sala de máquinas).

El puente era muy peculiar ya que por el lado de popa y por el de proa se extendía en dos terrazas que permitían ver perfectamente los laterales del barco, algo imprescindible en las operaciones de aproximación.

Los niveles o puentes normalmente eran por escalafón, del más alto al más bajo, o sea, debajo del puente de mando estaba el despacho y la cabina del Capitán, el despacho y la cabina del Oficial Jefe de Máquinas (que en rango de mando en el barco era el segundo de a bordo) además del cuarto con la estación de radio, y la cabina correspondiente al radio-operador.

En el nivel inferior estaban los comedores para oficiales y no oficiales, salas de recreo y juego, biblioteca, salas de televisión, etc.

En los niveles más abajo se encontraban las cabinas de los oficiales —primero, segundo y tercero— tanto para los oficiales de puente como para los de máquina. Y más abajo las cabinas de los no oficiales (timoneles, cocineros y otros cargos).

Las veces que dormí en los barcos, el camarote de huéspedes estaba siempre por debajo del camarote del capitán, o sea, bastante alto, pues estaba a nivel del comedor y de las salas de esparcimiento.

En la Marina Mercante existe un rango jerárquico muy estricto, y eso fue lo que quisieron transmitirnos en el curso.

Al capitán no había que molestarlo a menos que fuera imprescindible. Si teníamos que hablar con alguien, siempre había que buscar a la persona de mayor rango que estuviera presente.

Para uno como yo, que venía de IBM de Venezuela y que, aunque nunca le falté al respeto a nadie (o al menos eso creo), lo de los niveles jerárquicos me traía sin cuidado, era bastante incómodo —y se me antojaba una estupidez— tener que ceñirme a esa disciplina casi militar en virtud de la cual cuando yo necesitaba que, por ejemplo, el timonel hiciera algo, tenía que decírselo al primer oficial, para que éste se lo comunicara al segundo, y éste, a su vez, al tercero, quien, ¡por fin!, le diría al timonel que girara el timón.

Por suerte, eso a veces funcionaba según la tripulación, pues dependiendo el país de origen las había más flexibles o más estrictas.

Hay que tener presente además que en un barco se trabaja por turnos las 24 horas del día, los 7 días de la semana y las 52 semanas del año. De ahí la duplicidad y triplicidad de ciertos cargos.

Otra cosa que en el curso nos enseñaron fue cómo montarse y bajarse de un helicóptero, que NO TENÍAMOS que utilizar las escaleras de cuerda para embarcar o desembarcar, y un montón de precauciones sobre lo que podíamos y lo que nunca debíamos hacer, etc. O sea, pura paja ya que la realidad, por lo menos en mi caso, era que ¡HAY QUE DAR SERVICIO!

En qué consistía el sistema MABS/7

 

Como conjunto, este equipo era básicamente un System/7 totalmente “reforzado”, atornillado al suelo y anclado a la estructura del barco, como se ve en las fotos, para evitar que pudiera moverse o desplazarse.

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Con dos discos, uno fijo y uno removible; un teletipo como consola del sistema; un adaptador para la consola 5090; dispositivos I/O de Digital Input – Digital Output y Análogo Input – Análogo Output; y una serie de otros dispositivos RPQs

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Parte frontal y trasera del adaptador e interface MABS

para adaptar la instrumentación del barco, junto a toda una serie de otros dispositivos de output cuyo origen se notaba que no era el estándar de IBM sino algo muchísimo más sofisticado.

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Al System/7 le llegaba información desde,

  • Girocompás. Una especie de brújula mucho más sofisticada.
  • Auto Pilot. Que dirigía el timón del barco.
  • Sistemas de Radionavegación. DECCA, OMEGA, y LORAN-C.
  • Speed Log. Indicaba la velocidad del barco con respecto al agua.
  • Radar. Sistema de radio de medición de distancias y obstáculos.
  • Sonar. Para medir la profundidad del fondo marino.
  • Satélite. Primeros intentos de GPS.

Todos estos dispositivos, junto a los siguientes programas y aplicaciones, formaban el paquete del MABS/7:

  • Collision Assessment. Para calcular la posibilidad y el tiempo de colisión con un obstáculo u otro barco que se aproximaba.
  • Position Fixing. Para ubicar en todo momento la posición del barco.
  • Adaptive Auto Pilot. Para que el sistema tomase control del timón del barco.
  • Route Planning. Para seguir una ruta ya conocida.
  • Route Tracking. Para grabar en el disco una nueva ruta.

No les voy a «deleitar» aquí explicando en qué consistía todo el proceso y cómo estaba hecha la máquina, pues eso sería “sadismo puro y duro” de mi parte. Sólo explicaré qué es lo que la máquina hacía.

El System/7 era “transparente” para el usuario, y la generalmente no estaba en el puente de mando sino más bien en un cuartucho apartado y a veces un poco lejos; por ejemplo, donde se guardaban todos los mapas de navegación, o donde estaban los receptores (no las consolas) de los sistemas de navegación.

Lo que se utilizaba y sí estaba en el puente de mando era la 5090, que tenía una pantalla “radar” y un monitor de TV que hacía las funciones de consola y del cual se podía encender/apagar/re-arrancar o dar IPL al System/7 en modo remoto.

Consola 5090 del puente de Mando

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Una vez analizada y procesada toda la información recibida por el System/7, se comparaba con las cartas náuticas que el sistema tenía almacenadas en su disco y por la pantalla del radar la enviaba a la consola 5090  cuya imagen era similar a la del radar del barco pero en la cual se podían visualizar además:

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  • – Círculos. Identificaban un objeto en proceso de identificación.
  • £ – Cuadrados. Identificaban un objeto estático.
  • r – Triángulos. Identificaban un objeto en movimiento.
  • ¨ – Vector, siempre junto a un triangulo. Identificaba la dirección de movimiento del objeto con referencia al barco y su longitud, siempre proporcional con relación a la velocidad del barco.

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Una peculiaridad del radar de la consola 5090 era que de él se podían obtener imágenes relativas del tipo:

  • North Up. Ell Norte estaba posicionado en la parte superior del radar con el barco en el centro de éste.
  • Head Up. La parte superior del radar era la ruta que estaba siguiendo el barco, siempre estando el barco en el centro del radar.
  • Offset. De podía desplazar la posición del barco del centro hacia un borde, para obtener más visibilidad hacia el frente de la ruta.

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Cada objeto o símbolo tenía asociado un número de referencia que se podía visualizar en el monitor donde se detallaba su posición (latitud y longitud):

  • #xx. Si se trataba de un objeto en el proceso de identificación solo aparecían sus coordenadas a la espera de poder ser identificado;
  • #xy. Si era un objeto estático o £, se diferenciaba si ya se trataba de un punto conocido (boya, etc.) o un objeto nuevo, en ese caso había la opción de guardarlo en la base de datos como nuevo punto de referencia.
  • #xz. Si se trataba de un objeto en movimiento “r” y, en ese caso, indicaba su posición, su velocidad, su velocidad relativa al barco, y si había posibilidad de colisión, en el caso de que los rumbos se cruzaran, y en cuanto tiempo, dando así la opción de reducir o acelerar la marcha para evitar colisiones o tener que hacer maniobras arriesgadas.

Además de esto, por el monitor, cambiando la aplicación por teclas de función, se podía visualizar muchísima más información relativa a los datos que la instrumentación de a bordo enviaba al System/7.

Ya explicado un poco de qué se trataba el sistema, como final de curso nos tocó un “crucero” que en realidad era hacer prácticas en un ferry llamado Prince Philippe que hacía la ruta de Ostende (Bélgica) a Dover (UK), cruzando el Canal de la Mancha, o sea, uno de los tramos marinos con más tráfico del mundo.

Una vez en Dover, me “fugué”, o sea, me salté la parte de las prácticas correspondientes al retorno a Ostende, porque desde Dover tomé un tren hasta Londres y de ahí en taxi a Heathrow donde, por apenas minutos, logré llegar hasta la puerta del avión de Viasa, que ya habían cerrado, y pude embarcar para regresar a Caracas.

Al cabo de poco más de un año aproximadamente, cuando todavía no había visto yo mi primer barco, me llamaron para que fuese a Boca Ratón para un seminario de actualización, y ahí coincidí con varios especialistas MABS/7 useños y canadienses.

Una de las actualizaciones más importantes era la implementación del satélite, o sea, lo que se podría llamar hoy en día el GPS pero que entonces tenía el inconveniente de que, al necesitar recibir como mínimo información de tres satélites, muchas veces estaba fuera de servicio, pero cuando se conectaba reajustaba la posición del barco con más exactitud.

Algunos técnicos con los cuales coincidí, aparte de contarme sus experiencias con el MABS/7 me comentaron que ese sistema de consola y radar ya era utilizado, hace muchos años, por los sistemas de Control Aéreo que IBM había suministrado al gobierno de los EE. UU. para dirigir el tráfico de la aviación comercial y civil, o sea, que no era nada nuevo, sino la adaptación de una tecnología que era ya antigua para la FSD de IBM.

Otro detalle más que otro técnico me contó era que un sistema muy similar, en base al System/7 estaba instalado en los aviones espía AWAKS de la Fuerzas Aéreas de EE.UU.

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Siguen algunas anécdotas entresacadas de muchas otras.

***

Donde manda capitán no manda marinero

Fue sólo al segundo año —o sea, en noviembre de 1976— cuando recibí una solicitud de intervención para el Esso Wilhelmshaven que iba a atracar en la refinería de San Nicols, en Aruba.

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(Esso Wilhelmshaven)

Fui con recelo porque a mi esposa le faltaba sólo un mes para dar a luz, pero quise ir porque en dos años no había yo dado golpe con el MABS/7. La EXXON se había encargado de mi pasaje y alojamiento.

Cuando llegué al hotel, más que un hotel me pareció un burdel, lo cual me dejó bastante sorprendido, pero más sorprendido quedó el técnico IBM residente en Aruba que me preguntó cómo había ido yo a instalarme en un lugar así. Le dije que había sido escogencia de la EXXON y que ya veríamos qué hacer.

El barco estaba por atracar, así que nos fuimos directamente al muelle y embarcamos.

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(Esta plancha que se apoya en el casco del barco está en el muelle.Tiene unos de 4 metros de largo por 1 de ancho,y por chorros de agua se evita su roce con el casco)

 

Se trataba de un petrolero de unas 250.000 toneladas. Su longitud, de unos 350 metros, era impresionante. La tripulación era italiana y nos mantuvieron despiertos a base de café napolitano.

Prácticamente trabajé toda la noche, y ya al amanecer, cuando el problema estaba resuelto, nos fuimos a la oficina de IBM en Oranjestad desde donde llamé a mi casa en Caracas para saber cómo se encontraba Nelly, mi mujer, pero no contestó nadie.

Llamé entonces a casa de mi madre, también en Caracas, y tampoco contestó nadie. Intenté luego con la casa de la madre de mi mujer, y lo mismo.

Entonces llamé a mi padre quien, a mi pregunta asustada de “¿Dónde está Nelly?” me contestó: “Está en la clínica”, y mi susto aumentó,… pero resultó que Nelly estaba en la clínica porque esa noche a su madre la habían tenido que ingresar de urgencia y operarla de apendicitis.

Pasado el susto, busqué la manera de volar de vuelta a casa, y ya por la tarde conseguí vuelo a Caracas.

A partir de esa primera intervención las llamadas empezaron a ser más frecuentes.

La siguiente ya no fue tan agradable por cuanto el barco al que debía yo ir estaba fondeado en las afueras de Aruba y tuve que montarme en un remolcador —que hacía de estafeta de suministro a los varios petroleros fondeados— llevando conmigo el maletín de herramientas, dos maletas con repuestos y un osciloscopio.

Si alguien no se ha montado nunca en un remolcador, se lo recomiendo. Imagínense que se trata de un barco sin quilla, o sea, que no tiene estabilidad ninguna, y que con un estornudo empieza a menearse.

Intoxicado con el olor del combustible y del humo, que no se aguanta ni dentro ni fuera, y con el estómago revuelto, llegamos al barco después de unas tres horas de viaje en el remolcador.

Por las diferencias de tamaño entre remolcador y barco, la operación necesaria para subir a éste era como estar montado en un camión y tener que saltar sobre una rueda de Caterpillar —la plancha ilustrada más arriba— y luego tener que agarrarme firmemente a una escalera de cuerda para trepar por una pared alta como la de un edificio de 10 pisos. ¡EXACTAMENTE LO QUE NOS HABÍAN DICHO QUE NO TENÍAMOS  QUE HACER NUNCA!

Por supuesto, me negué a subir. Por radio llamaron a la central de la Exxon, y de ahí se comunicaron con la oficina de IBM en Aruba la cual de dijo que yo TENÍA ORDEN de subir.

El del remolcador tenía una arrechera que ni les cuento porque yo le había hecho perder el tiempo, y al final, nunca mejor dicho, porque “donde manda capitán no manda marinero”, me trepé al barco.

La reparación no me llevó mucho, pero el remolcador que tenía que venir a buscarme se hizo esperar por horas. Por supuesto, la vuelta fue igual que la venida, pero en sentido contrario…

Una vez en Caracas me quejé porque ésas no eran las condiciones estipuladas, no había seguridad de ningún tipo y yo estaba poniendo en peligro mi vida, además de que la finalidad por la que me habían mandado al curso era para que yo diera soporte a los técnicos locales, pero aparentemente ningún país quería tomarse la responsabilidad de poner a un técnico a arriesgar su pellejo y, sobre todo, correr con los costos de los seguros pertinentes.

~~~

Una permanencia obligada

Otra intervención para recordar fue la de una vez que me mandaron a Barbados para encontrarme con el Esso Africa II, un barco de unas 257.000 toneladas que tenía que ir hasta el Golfo de México.

Como de costumbre, remolcador, unas 4 horas de viaje hasta encontrar el barco, y, luego de trepar por la escalerita de mis amores, identifiqué el problema en pocos minutos pero, al no haber repuestos disponibles, hablé con el capitán y éste accedió a desviarse y pasar cerca de Aruba. Ante esto, tenía yo dos soluciones:

  • 1. Regresar con el remolcador, buscar un vuelo de Barbados a Aruba, luego conseguir el remolcador que me llevara al barco, trepar la maldita escalerita de cuerda, reparar la máquina y volver al remolcador; o,
  • 2. Quedarme en el barco, acordar vía radio que un remolcador se acercara al barco cuando éste estuviera en proximidad de Aruba, recibir la pieza, reparar la máquina, y regresar a tierra con el remolcador.

Creo que no hay que pensar mucho para saber cuál fue mi decisión: me quedé embarcado y el remolcador se fue.

Con eso no ahorré nada de tiempo pero sí me evité una bajada y una subida de escalera de cuerda, y dos viajes en remolcador.

Aprovechando la forzada permanencia en el barco pude enterarme de cosas que uno, en tierra, no conoce.

Pregunté por qué si los barcos eran de la Esso, con bandera liberiana y registrados en Monrovia, las tripulaciones no eran useñas.

La respuesta fue que la legislación y condiciones laborales marítimas varían de país a país, y me explicaron algo que ellos llamaban 6/60 – 5/50 – 2/20, etc.

La ley laboral marítima que rige es la del país al que pertenece la tripulación. Por ejemplo, para algunos países el marinero tiene que navegar 6 meses como máximo y le corresponden 60 días de vacaciones. Para otras tripulaciones, como la italiana, eran 5 meses máximo por 50 días de vacaciones, y así hasta llegar a la de Estados Unidos que impone 2 meses de navegación con 20 días de vacaciones.

Además de regulaciones en cuanto a días, las hay en cuanto a máximo de horas de trabajo y de turnos.

Por ese motivo, una tripulación useña sería inviable en un trayecto de ida y vuelta de Aruba al Golfo Pérsico porque éste toma, como mínimo, 90 días de navegación sin contar los días que hay que esperar para cargar, que a veces son muchos.

Además, en el Golfo Pérsico, a menos que haya casos de emergencia, no se puede desembarcar, y por ello los cambios de tripulación se hacían normalmente en Aruba y, con alguna excepción, en las Islas Canarias.

Supe, además, que bajo cubierta tenían, en calidad de obreros, a marineros filipinos y de otros países “tercermundistas” porque los podían exprimir como querían, algo que no me pareció nada humano.

Tengo que reconocer que la estadía en los barcos me resultó sumamente educativa ya que aprendí, además de lo dicho hasta aquí, muchas más cosas sobre la vida de los marinos.

Al día siguiente, en efecto, el capitán se aproximó a Aruba, un remolcador trajo el repuesto y, una vez instalado éste y que el sistema arrancara bien, el remolcador, que de muy mala gana se había quedado a esperarme, me llevó a tierra.

Inmediatamente me fui al aeropuerto para ver si conseguía un vuelo.

Mucho me costó justificar ante las autoridades de dónde venía yo, ya que en mi pasaporte no había ningún sello de entrada a Aruba, y mi pasaje era de Caracas a Barbados.

Al final, intercediendo de nuevo IBM, pude tomar un vuelo para Caracas.

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El humor nipón

Otra intervención memorable fue siempre en Aruba cuanto me tocó ir a dar servicio a un barco, el Al-Duriyah, igualmente de la Esso pero con tripulación japonesa.

Como de costumbre, el barco estaba fondeado y, ante mi negativa a ir en remolcador, la orden fue la acostumbrada.

Una vez en el barco, pasado el mal rato de la navegación y de la escalerita, me encontré con una panda de japoneses de los cuales ninguno decía palabra en inglés y, por supuesto, llegar al capitán era misión imposible. Lo único que se me ocurrió fue enseñarles el badge identificativo de IBM, y me llevaron donde estaba la máquina.

Allí no había un alma; parecía un barco fantasma; y como por fantasmas me sentía yo espiado.

Después de cierto tiempo las necesidades fisiológicas empezaron a apremiar, así que me fui deambulando por el barco en busca de un baño, pero todo estaba escrito en japonés y los pocos “fantasmas” que encontré y a los que pregunté, lo único que hicieron fue sonreírme y desaparecer.

Me quedaba la alternativa de buscar la estación radio, búsqueda en la que no podía yo fallar porque ahí estaba seguro de que hablarían inglés.

Una vez encontrada, pregunté por el baño. El operador se limitó a sonreír también, ante lo cual me bajé el cierre de los pantalones e hice gesto como de querer orinar en la radio. De golpe el operador recordó saber inglés y me indicó dónde estaba el baño.

Desafortunadamente el problema estaba tomándome más tiempo de lo previsto, y como tampoco me avisaron del paso del remolcador estafeta, tuve que quedarme a dormir en el barco.

En todo el día no me habían ofrecido ni un vaso de agua, y mucho menos comida. Esa noche, a la hora de la cena, el radio-operador me avisó para que fuese a cenar.

Parecía una escena de “La última cena”: una mesa larga en uno de cuyos lados estaban el capitán y todos los oficiales, y enfrente una mesita en la que me sentaron de espalda a ellos. Y así cené solo.

Lo que me pareció notar, aparte de que se reían como si se burlaran de mí, era que ellos tomaban como medio vaso de cerveza mezclada con otro tanto de whisky.

Para cuando me fui, ya sus cantos se parecían a ésos tristes y despechados que se escuchan de vez en cuando en boca de soldados japoneses en películas de la Segunda Guerra Mundial.

Sinceramente, reconozco que me acobardé y que les tenía miedo, por lo que me quedé toda la noche trabajando para terminar e irme.

Cuando en la mañana vino el remolcador estafeta, todavía no había yo terminado, así que seguí con mi trabajo, que para el momento lo hacía en el puente de mando, y desde allí escuchaba un ruido raro, con cierto ritmo, que no supe lo que era hasta que me di cuenta de que al capitán le habían traído su entretenimiento: una caja repleta de pelotas de golf, y lo único que él hacía era golpearlas tirándolas al mar.

A mediodía me llamaron a comer. La misma mesa tipo “Última cena”, pero esta vez me permitieron sentarme en ella frente a los demás. Así pude confirmar mi sospecha: lo que bebían eran unos lingotazos de cerveza con whiskey.

Me sirvieron un filete de ternera realmente exquisito y tierno, y el capitán, con mucha amabilidad, me ofreció una hoja verde-amarillenta, parecida a una hoja de gelatina, del tamaño de las hojas para imprimir, y me dijo que eso era su pan.

Hice como para partirlo y me dijo que no, que tenía que doblarlo muchas veces hasta reducirlo al tamaño de un bocado, cosa que hice, y siguiendo sus indicaciones me lo metí en la boca y me lo tragué.

Sabía a demonios, a pescado podrido, y no me bajaba; en realidad eran algas marinas, y de ahí el intenso olor que despedía y el sabor a pescado podrido.

Quise beber agua, pero el capitán me dijo que no y me sirvió un vaso de su brebaje indicándome que me lo tomara. La sensación o efecto fue como que la hoja empezara a hincharse en mi estómago, y realmente me sentí fatal.

El coro de carcajadas sólo hacía aumentar la arrechera que yo tenía. Me levanté de la mesa sin terminar de comer y volví a reparar la máquina, y tal vez por la arrechera terminé casi de inmediato.

Una vez comprobado todo y tapada la máquina, llamé al radio-operador, le dije que estaba listo y que avisara al remolcador para que viniera a buscarme. Me respondió que sólo el capitán podía autorizar eso, pero que nadie podía molestar al capitán.

A todas éstas ya el capitán había vuelto a su “posición de combate” con las pelotas de golf.

Cuando intenté salir fuera del puente, un japonesito me lo impidió. Le di un empujón que casi lo hizo volar por los aires, abrí la puerta, salí, y el capitán, en su idioma incomprensible y con cara de oficial japonés de pocos amigos, me indicó que me fuese.

Vista su negativa a prestarme atención, y no dispuesto yo a seguir escuchando sus insolencias, agarré la caja de las pelotas de golf, se las tiré al mar y le dije que de inmediato llamara para que vinieran a buscarme.

Casi una hora después llegó el remolcador. Hice el viaje, bajé a tierra y, una vez en Oranjestad, me fui a la oficina de IBM y llamé a Boca Ratón, al centro del MABS, y reporté lo sucedido.

Por supuesto, me dieron toda la razón y me dijeron además que con ese barco, y específicamente con ese capitán, ya habían tenido varios problemas.

~~~

Suceso misterioso

Y aquí les va otra que, aunque no haya sido la última, fue la que hizo rebosar el vaso.

Me pidieron que fuera a Aruba porque el Esso Japan iba a descargar y luego fondear unos días para que yo pudiera terminar la instalación del sistema MABS y que, una vez terminada, me traerían al muelle. También me dijeron que llevara mi maleta porque me quedaría a dormir en el barco.

En efecto, esta vez parecía que todo iba a ser más simple, pues el barco estaba atracando en el muelle de descarga, lo cual no requería que yo viajara en el bendito remolcador y «disfrutara» de la escalera de cuerdas, y pude subir a él sin problemas.

Al poco tiempo me dio la sensación de que el barco se estaba moviendo y, en efecto, para mi sorpresa me dijeron que, por no sé cuál orden o problema, tenían que ir a fondear sin antes descargar.

La tripulación era italiana y, de verdad, gente muy amable y colaboradora, siempre disponible a hacerme un café y darme lo que pudiera yo necesitar.

La instalación de ese tipo de máquina era bastante complicada ya que, como los barcos están hechos todos de hierro, pasar cables y lo que se necesita no es tan simple. Pero, entre sus técnicos, mecánicos, electricistas y radio-operador, formamos un excelente equipo y pudimos adelantar muchísimo el trabajo.

Tanto la comida como la cena fueron excelentes, y la cabina muy cómoda, con su baño y todos los servicios.

Antes de ir a acostarme pasé por la oficina de radio y el operador me conectó para que yo pudiese hablar con mi mujer, y luego me dijo que pasara por el puente donde vi que los oficiales estaban haciendo una competencia a ver quién reconocía más estrellas y constelaciones.

Ya al siguiente día prácticamente la máquina estaba montada y lista para arrancar. Oí un crujido muy fuerte y luego como una sacudida tipo impacto, pero no noté nada más, sólo hombres en la proa del barco trabajando como apurados.

Para la cena me pareció raro no ver a casi nadie, y los pocos que había comieron rápido y se fueron.

Una vez terminada la cena quise ir al puente, y cuando intenté salir las puertas estaban selladas. Eso ya me resultó sospechoso. Fui al despacho del capitán y éste, aunque con renuencia, al final me dijo lo que estaba ocurriendo.

Resulta que a mediados de la tarde habían recibido la orden de atracar. La refinería tenía varios muelles, y las operaciones de descarga eran continuas durante las 24 horas del día, o sea, que salía un barco y entraba otro.

Cuando fueron a levantar el ancla descubrieron que se había quedado enganchada y el barco había sufrido una inclinación por proa, por lo que no estaba en su línea de flotación normal sino que la popa estaba más levantada de lo normal.

Cuando intentaron bajar la otra ancla, para ver si la podían enganchar de manera de aliviar la fuerza que estaba haciendo la primera y lograr desenganchar ésta, el sistema quedó bloqueado. Eso había sido la causa del fuerte crujido, seguido de una sacudida del barco.

Pero ése no era el problema más grave. Los depósitos de los barcos petroleros son como varias piscinas, una junto a la otra, cuyas paredes, de por sí, no podrían resistir la presión de un depósito lleno si el de al lado estuviera vacío.

Por ese motivo el vaciado y el llenado de los tanques tiene que ser controlado con muchísima exactitud para evitar desniveles que pudieran ser fatales. Además, los depósitos hay que llenarlos a tope para evitar la formación de gases que son sumamente explosivos.

Al estar el barco en esa situación de estrés podrían formarse pequeñas grietas que dejarían escapar gases y, además, el metal, bajo tensión y frotamiento, podría crear chispas que, junto con el gas, harían del barco una bomba flotante de 400.000 toneladas, pues el Esso Japan era uno de los de mayor tonelaje de la flota Esso.

El capitán me dijo que mirara a nuestro alrededor a ver si notaba algo extraño.

En efecto, cuando los petroleros iban a fondear, a su alrededor siempre había una decena de barcos que a veces por la bruma del mar, de día no se identificaban bien, pero de noche todos estaban siempre muy alumbrados y se distinguían perfectamente. Pero ahora ¡no había ningún barco! Al no habernos podido mover, todos los demás petroleros se habían alejado prudentemente y nos dejaron solos.

Otro problema muy grave era que estaba totalmente prohibido utilizar la radio, por lo que todas las antenas habían quedado desconectadas y apagados hasta los walkie-talkies, pues las radios que el personal utilizaba dentro del barco tampoco podían usarse porque todo lo que pudiera generar electricidad estática era, en potencia, una mecha que podría ocasionar una explosión.

Por supuesto, esto complicó la solución del problema del ancla porque no se podía utilizar ni soplete, ni taladro ni ninguna otra herramienta eléctrica.

No es que un petrolero despidiera buen olor, pero se me dijo que, para que me diera cuenta, sacase mi cabeza por la escotilla y oliese a ver qué notaba. En efecto, el olor era muy parecido al de una bombona de gas cuando se abre.

En pocas palabras, habíamos quedado incomunicados tanto vía radio como por el remolcador que hacía de estafeta. Los víveres no es que abundaran, pues cuando atracaron descargaron todo lo viejo que tenían almacenado pero no les había dado tiempo de reabastecerse.

De tierra no tenían manera de ayudarnos, y tampoco podía acercarse un helicóptero. Ésa era nuestra situación: ¡TOTALMENTE INCOMUNICADOS DEL MUNDO!

Esa noche la pasé fatal, tanto por lo que acerca de nuestra situación sabía yo ahora, como por el “llanto del barco”, que era como los marineros llamaban a los crujidos estridentes que se oían a cada rato, debido a la inclinación forzada.

Yo seguía con mi rutina de trabajo, pues tenía cosas que hacer, pero de noche no lograba conciliar el sueño porque no podía relajarme, además de que no podía comunicarme con nadie, ni siquiera con mi familia.

Después de unos tres días, cuando ya había casi terminado la instalación de la máquina, el monitor de la consola 5090 no había manera de que funcionara.

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Como se puede ver en las fotos, en la consola falta justamente el monitor y, en la foto de la derecha, el radio-operador, que sabía de electrónica y le gustaba, también venía de vez en cuando a intentar ayudarme.

El problema era que en el kit de repuestos (las dos maletas que siempre me llevaba), no habían incluido ninguna pieza ni repuesto para reparar el monitor, y los componentes electrónicos que tenían en el barco no me servían de mucho.

La situación se hacía crítica y tensa, pues escaseaba la comida y se notaba estrés en el ambiente. Y al estar encerrados e incomunicados, sin saber si en tierra tenían planificada alguna solución, y teniendo uno en mente a su familia, les aseguro que TODOS la estábamos pasando muy mal.

En la mañana del cuarto día hubo una gratísima sorpresa. Dicen que cuando Dios cierra una puerta, deja siempre abierta una ventana, y esa ventana fue para nosotros un pesquero venezolano que venía de la península de Paraguaná.

A alguien del barco se le ocurrió hacerle señas al pesquero para que se acercara. Yo hice de intérprete entre italiano y español, y, a cambio de whiskey, cigarrillos y otros licores, los del pesquero nos dejaron gran parte de su pesca.

El capitán les preguntó si les podía dar una lista de compras y que él les pagaría en dólares. Aceptaron, les dio una cantidad como anticipo y se fueron.

Yo aproveché y les di una tarjeta con instrucciones para que llamaran a IBM y a mi esposa, y dijeran que me encontraba vivo pero atrapado en embarco.

Por una parte, todos contentos porque había comida fresca, pero, por otro lado, todos pensando que los del pesquero no volverían a aparecer.

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Ese día el cocinero nos preparó una comida que yo nunca había comido y, sinceramente, creo que nunca volveré a probar.

Entre lo que nos habían dado había pulpitos pequeños, no más grandes que una mano. No se cómo se llama la receta ni me importa, pero los prepararon como crudos y marinados o cocinados en jugo de limón. Durísimos y casi imposible de masticarlos. Todos se relamieron, ¡yo, sinceramente, no!

Grata sorpresa al día siguiente cuando el pesquero venezolano apareció con algunos de los víveres que el capitán había pedido.

El pueblo de donde provenía el pesquero estaba lejos de Punto Fijo, y en ese pueblo no había todo lo que se les había pedido. Además, como no había comunicación por teléfono, quedaron en que al día siguiente traerían más cosas porque habían encargado a alguien del pueblo que se acercase a Punto fijo, hiciera las compras encargadas y avisara luego.

Ante esto, el ánimo de los marinos mejoró muchísimo. Tal parece que el poder comer algo fresco y decente trae más alegría al cuerpo.

¡Quién sabe si eso era lo que le faltaba al Oficial de Máquinas para encenderle el bombillo! Pero, de repente, y una vez terminado su café, se levantó de la mesa y dijo: “Si esperamos a que nos vengan a sacar de aquí, lo tenemos crudo. Se me ha ocurrido una idea que podría dar resultado”.

Su iluminación como que fue colectiva y me contagió. Recordé que en la oficina del capitán había visto un televisor y le pregunté si era un monitor.

Como el capitán no lo sabía porque sólo lo utilizaba para ver vídeos, le pedí que me lo dejase ver y, en efecto, tenía una entrada con conector BNG (uno especial tipo bayoneta) igual al monitor que estaba estropeado. Lo tomé prestado y, aunque sus dimensiones no eran iguales, pude adaptarlo provisionalmente a la consola de la 5090 y con eso pude arrancar el sistema y pasarle todas las pruebas. Por mi parte había sido todo un éxito.

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(Así quedaba el puente de mando con la 5090 al fondo. El timón en primer plano y el radar en el medio)

Durante la cena, el Oficial de Máquinas no se notaba tan entusiasmado, pero tampoco abatido, y dijo que tendría que seguir trabajando en el tema.

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(Vista de la proa del barco desde el puente de mando)

A la mañana siguiente, y una vez en el puente de mando, finiquitando yo la única parte de instalación en la que podía trabajar —ya que muchos instrumentos no se podía conectar por los problemas de estática anteriormente descritos— al asomarme al ventanal frontal me di cuenta de que en proa había gente (realmente, parecían hormigas) y en la distancia reconocí al Oficial de Máquinas, a otros que nunca había visto, y a un par de otros oficiales haciendo guardia con algo que me pareció un rifle.

Como a media mañana llegó el barco de los pescadores con más víveres. No todo lo que se les había pedido pero sí chivo (cabra), algo de verduras, gallinas y, por supuesto, más pescado. Nuestra subsistencia seguía asegurada.

Referente a las llamadas telefónicas que les había encargado no supieron decirme nada al  porque le habían pasado el encargo a otra persona.

A mediodía, cuando nos reunimos para comer, se me escapó la pregunta del porqué esas armas, y el Oficial de Máquinas me dijo que él siempre llevaba una pistola. ¿Motivo? Los marineros que trabajaban en “el infierno”, como él lo definió, eran filipinos y poco recomendables, y como en otras ocasiones había habido incidentes con ellos, era mejor prevenir que lamentar.

Comentó que la idea que él había tenido parecía que podía resolver el problema pero que tardaría todavía tiempo.

Nuestro pesquero “nodriza” seguía trayéndonos suministros, y nosotros con la barriga llena pero ya desesperados.

Ya no recuerdo si fue al octavo o noveno día cuando, después de comer, un golpe estremeció al barco. Me asomé al ventanal y vi a toda la gente corriendo de proa hacia popa, hacia la torre donde estaban las cabinas.

Bajé donde el capitán y lo encontré también intrigado. Al rato llegó el Oficial de Máquinas, todo sudado, y dijo textualmente: “Si no saltamos por los aires en las próximas dos horas, el problema ya está resuelto”.

Me quedé más que intrigado pero, por la leve sonrisa en sus labios y en los del capitán, me tranquilicé.

En efecto, había riesgo de que la segunda sacudida hubiera abierto fisuras, y, con sólo una chispa, unas fugas de gas podrían haber causado una explosión, pero, gracias a Dios —y como podrán constatar porque lo estoy contando—, no pasó nada.

Al cabo de un par de horas, al comprobar que todo estaba normal, por walkie-talkies pudieron comunicarse con el puerto y recibieron orden inmediata de entrar y atracar.

Ya con más calma, el Oficial de Máquinas me explicó que lo que había hecho fue ir desplazando crudo desde los tanques de popa a los de proa —o sea, rellenar a tope los de proa para ir aligerando los de popa— de modo que la inclinación del barco fuese algo más natural, se aliviara la tensión del ancla y se lograra liberarla por su propio peso, pues el ancla de esos barcos es enorme.

Luego, una vez liberada, con sistemas hidráulicos lograron desengancharla.

Lo que no entendí nunca fue el motivo de la sacudida. Creo que más bien lo que hicieron fue soltarla y que se fuese, con cadena y todo, al fondo del mar.

¡Ellos sabrán! Lo importante es que pudimos librarnos.

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(El “menda” esperando llegar a puerto y respirando aire fresco)

Llegamos a puerto como a las 11 de la noche. Por supuesto, yo tenía mi maleta lista y salí pitando del barco para dirigirme al hotel.

Lo primero que hice fue llamar a casa y comunicarle a mi esposa que estaba en tierra, que me encontraba bien, y que había habido un problema con las comunicaciones del barco y por eso, estando en alta mar, nos habíamos quedado incomunicados; y que le había mandado mensajes para que la llamaran pero que, por lo visto, no la habían llamado.

Me dijo que como a la semana de estar yo fuera, Uwe Petersen discretamente la había llamado para preguntarle, visto que mi ausencia se estaba prolongando, si necesitaba algo de dinero o ayuda (teníamos dos hijas que aún no habían cumplido los 2 años) y que, si yo llamaba, que se lo comunicara. Mi mujer, entendió que algo andaba mal.

Esa misma noche, en el hotel, recibí un mensaje del vendedor IBM y del analista responsable de la instalación de la aplicación, que habían llegado hacía unos días desde New York y me pedían que les avisase apenas estuviera yo de vuelta.

Esa noche dormí como un lirón, ya que llevaba muchos días que, con el “llanto del barco” no había descansado mucho. Me desperté bastante tarde, me comuniqué con el analista y quedamos en ir a comer juntos.

Les puse al tanto de lo que había pasado —creo que estaban más asustados y pálidos ellos que yo— y se lo pensaron mucho antes de querer embarcar. De hecho, lo dejaron para la mañana siguiente. Querían esperar a que el barco estuviese descargado.

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Así se veía ya el barco por la mañana.

Al cargarse los programas de aplicación hubo que comprobar que todo estuviera funcionando correctamente: toda la instrumentación de a bordo, el timón, girocompás, los sistemas de radionavegación, y todo lo posible e imaginable. Sólo faltaba el monitor, pues en Aruba tampoco había repuestos, y menos en Caracas.

Por las fechas de las fotos que hice, desembarqué el 22 de agosto de 1978, y creo que la última de esas fotos, que es la que sigue, fue tomada el 27 de agosto.

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Creo que fue ese día cuando volví a Caracas. No recuerdo con exactitud, pero seguro que mi estadía llegó a superar las dos semanas.

El lío que armé cuando volví a IBM creo que “alguien” no lo olvidó jamás.

Por supuesto, en ningún momento quise echarle la culpa a mi gerente directo, porque hay cosas que se notan a leguas, y todas las veces que yo había llamado, inclusive en intervenciones anteriores, pude corroborar que ellos (digo ‘ellos’ porque en el periodo en que di servicio a estos barcos tuve dos gerentes diferentes), no sabían nada y nunca habrían dado ciertas “autorizaciones u órdenes” . Como ya dije, “Donde manda capitán, no manda marinero».

Y éste es el premio que recibí como “pendejo del año”:

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TODOS LOS NUDOS LLEGAN AL PEINE

Unos meses después me llamaron de Boca Ratón para participar en otro seminario sobre el MABS/7.

Esta vez fui yo el que acaparó la audiencia, pues empecé a discutir sobre lo que nos habían enseñado en el curso —o sea, lo que se puede y lo que no se puede hacer, lo que había y lo que no había que hacer, lo que estaba permitido y lo que no— detallándoles, caso por caso y punto por punto, mis incidencias y experiencias, apoyadas con muchas fotos, de las cuales las que he puesto aquí son más bien personales.

Por supuesto, TODOS quedaron asombrados ya que, según el tipo de intervención en el barco, la IBM del país en mi caso Venezuelatenía que protegerme con unos determinados seguros de riesgo.

Dijeron que sólo para montarse en un barco atracado en el muelle se necesitaba un seguro, que no es el normal de cualquier técnico, porque subir al barco era ya de por sí un factor de riesgo.

El montar en remolcador era un factor de riesgo superior al de montarse en helicóptero. El de subirse o bajarse por la escalerilla de cuerda, era un riesgo añadido.

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Y, por supuesto, el navegar requería más cobertura y, “dulcis in fundis” el hecho de encontrarme en la situación en que me encontré en el Esso Japan, o como en esta operación, de extremo riesgo, al que creo que llaman “tankers littering” —en la que, en medio del mar, desde un petrolero de grandes dimensiones se pasa crudo a uno de dimensiones reducidas— estaba prohibida con un técnico IBM a bordo y, en caso forzoso, se requería, aparte de la aceptación del técnico de permanecer a bordo, un seguro como para alguien que hubiese ido a reparar una máquina en una zona de guerra.

Los useños, que ya de por sí son muy formales, quedaron deslumbrados, pues ellos jamás habían ni recibido ni autorizado ninguna intervención a solicitud mía. Ante esto me pregunté, “Entonces, ¿quién la dio?”.

O sea, que si en cualquiera de mis intervenciones —desde la primera al Esso Wilhelmshaven, cuando me monté y bajé por la escalera normal en el muelle, y en todas las demás de mayor riesgo— me hubiese sucedido algo, mi familia nunca habría recibido ninguna compensación porque la causa habría sido calificada como una acción temeraria por mi parte.

Cuando volví a Venezuela me enfrenté con Personal y con mi alta gerencia.

Según Gerónimo Machado, la persona de Personal que me atendió —al cual le he creído y le sigo creyendo—, ellos habían contratado el seguro básico, porque así se les había indicado, ya que los otros eran desorbitadamente caros y tenían que ser contratados caso por caso.

Así que alguien “olvidó” avisar cada vez que yo tuve que dar asistencia a un barco.

A partir de esa fecha exigí que pusieran a otro técnico a prestar ese servicio, y accedí a darlo yo, y solamente en casos extremos, a barcos atracados en muelle, y así fue.

Dentro de las intervenciones que hice me encontré con tripulaciones españolas, inglesas, holandesas, alemanas, italianas y, “la mejor de todas”, japonesas.

De paso, y ya que por cursos tuve luego que salir del país por tiempos largos, y que a final de 1982 dejé IBM de Venezuela, esto del MABS/7 ha quedado para mí como una experiencia más para contar, pero una que me enseñó a estar siempre alerta en los casos en los que cada uno pueda preocuparse, ante todo, por su propio interés.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Tres fotos, de 1964 y de los ’70s

Las tres fotos que siguen son cortesía de Ramón López.

***

Foto 1. Entrega de premios en las oficina de IBM en la Esquina de Urapal (Caracas) en 1964, según estima Ramón.

19640000=Entrega de premios Urapal=RAL

De izq. a derecha: 1, Jorge Morales (qepd), a quien todos llamaban cariñosamente «El viejo Morales»;  2, Ramón López; 3, Régulo Pérez (qepd);  4, Rodrigo Herrera Mata (qepd);  5, Luis Augusto González;  6, Humberto Rivadeneira (qepd);  7, Ramón Lander (qepd).

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Creo que las dos que siguen son de los años ’70s porque las caras de los que conozco son las que tenían a comienzos de esa década.

Aquí, ésta completa, que divido en dos partes.

Muchos conocidos=RAL

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Foto 2. Parte izquierda de la foto general.

Muchos conocidos=RA1L

De izq. a derecha:

Fila trasera: 1, Eduardo Mireles;  2, Adolfo Fuenmayor;  3, X Cartaya;  4, Guillermo Fuenmayor ;  (5?);  (6?);  7, Iván Villalobos;  8, Luis Donís.

Fila delantera: 1, Tomás Ruiz;  2, Julián Mejías;  3, Alberto Rando;  4, Roberto Viso;  5, Margot Velazco ;  6, Hugolina Briceño).

Entre esas dos filas: 1, Ramón López (Es el que está solo en ese punto medio del grupo, al extremo derecho. Si no lo crees, amplía la foto).

~~~

Foto 3. Parte derecha de la foto general.

Muchos conocidos=RAL2

Fila trasera:  1, Carlos Almeida;  2, José Avendaño;  3, William Gil;  4, Antonio Ramírez Arellano;  5, Baudilio González);  6, Raúl Reaño.

Fila delantera:   1, Alberto López (qepd);  2, Alex Kato;  3, Javier Umaran);  4, Fernando Rodríguez;  5 Hugo Smitter.

***

Foto 4. En Aruba durante un curso de gerencia.

Curso en Aruba-RAL

De izq. a derecha.

De pie: 1?;  2, Ramón López;  3, Reyna de Sánchez;  4, José Hernández;  5, José Rotundo;  (6?);   7, Margot Velazco;  8, Roberto Robles, de Dominicana;  (9?).

En cuclillas: 1, Hugo Smitter;  (2?);  3, Manuel Campina;  4, Carlos González.

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COMENTARIOS

CMP
En respuesta a EL Romero.

Conocí a un Ronald Rodríguez de IBM-Maracaibo, y me temo que no es el de esa foto ni tampoco es de esa época.

EL Romero
En la foto 4, el número 1 de la línea de pie es el Sr. Ronald Rodríguez, de IBM-Maracaibo

CMP
En respuesta a Roberto Robles.

Gracias, Roberto. Ya puse ese nombre.

Roberto Robles
El número 6 de la foto 4 es Juan Bosco Guerrero, de IBM de México, departamento de desarrollo de gerencia, quien dictaba el curso,… si mal no recuerdo.

José Padrón (El Técnico)
La observación de Carlos González es muy buena. Realmente no parece Vasconcelos, y sí se parece a Raúl Donís †, un analista de IBM-Valencia.

CMP
En respuesta a Carlos R. Gonzalez.

Gracias, tocayo; doy crédito a tu observación. Además, no tengo a quien preguntar, y como Vasconcelos trabajó contigo es comprensible que conozcas bien su cara.

Carlos R. Gonzalez
Carlos, la persona detrás de Hugolina no es el argentino Norberto Vasconcelos, quien me reportó por dos años y por eso conozco su cara, es Luis Donís, un técnico que duró poco tiempo en IBM y de quien me acuerdo porque su prima se graduó de economista junto conmigo en la universidad.

Donís y Vasconcelos se parecían mucho de lejos. Trata de confirmarlo con algún gerente técnico, pues tú sabes: el Alzheimer a veces traiciona.

Saludos,
Carlos

JFD

El mencionado CARTAYA es de nombre GONZALO.

CMP
En respuesta a José Padrón (El Técnico).

Gracias, José. He puesto el nombre con toda “rotundidad” Smile

José Padrón (El Técnico)
El nombre de Rotundo es José, quien en su momento fue un mago con las máquinas de escribir ejecutivas de espacio proporcional. ¡¡¡Con cada anécdota!!!

CMP
En respuesta a Ceferino Henriquez Henriquez.

Gracias, CH2.

Ceferino Henriquez Henriquez
Cartaya. Seguro que su nombre es Enrique.
Best regards

CMP
En respuesta a Oscar Almeida.

Gracias, Oscar.

Ya puse los dos nombres. Después de leer tu explicación sí creo que tienes razón en lo de José Hernández. Si no fuera así, ya alguien lo dirá.

Oscar Almeida
Hola.

Si no estoy equivocado, creo que el que en la foto #4 está entre Reyna y Rotundo es José Hernández, del Departamento de Cobranzas.

Y en la foto #2, el 7 es Iván Villalobos, de Ventas OP.

CMP
En respuesta a Luis Fernando Guerra.

Gracias, Luis Fernando. En mi lista de IBMistas de 1985 tengo un Enrique Cartaya, que trabajaba en el piso 4 de Chuao. ¿Será ése?

CMP
En respuesta a Antonio Ramirez.

Gracias, Antonio, Ya lo añadí.

Luis Fernando Guerra
En la segunda foto, el que está entre Adolfo y Guillermo Fuenmayor, es un técnico OP de Apellido Cartaya, nombre?

Antonio Ramirez
El nombre de Vasconcelos es Norberto.

CMP
En respuesta a Omar Morean.

Gracias, Omar. Le pondré Manuel.

Omar Morean
El nombre de Campina creo que es Manuel.

[*IBM}– Anécdotas y personajes: Fernando Lacoste, un personaje diferente / Juan Fermín Dorta

12-09-10

Juan Fermín Dorta

Su cara era inexpresiva,… cuando él quería. Sus ojos azules se tornaban vacíos y parecían estar viendo a través del interlocutor; te estaba atendiendo, pero por su mente debían estar pasando, simultáneamente, muchos recuerdos.

Esos ojos habían visto mucho como para concentrarse en solo una situación y en solo un interlocutor. Habían visto a su madre dando a luz a su hermana en medio de un bombardeo.

Los B-26 dale que dale, aquella mujer pujando, y el niño Fernando sin poder hacer nada.

Viene la invasión, y seguro que, como muchos italianos, fue guía improvisado y, de camino, aprendiendo inglés. Al igual que con el castellano, llegó a dominar el inglés, pero ¡cómo gozaba cuando algún visitante de USA le hablaba y él contestaba en perfecto inglés pero con una marcada entonación a lo Vittorio de Sica! Le faltaba el bigotito y el panamá. Y los gringos al borde el éxtasis.

Emigra a la Argentina y, ya muchachón, se emplea en un bar. Pocas veces le oímos reírse a carcajadas como cuando nos contaba que de un limón sacaba una docena de limonadas; por supuesto, “recargándolo” bajo el grifo de agua.

Y los que alguna vez fuimos a Argentina, y en frías noches de otoño salíamos de El Viejo Almacén cantando tangos pero con dólares en el bolsillo, pudimos darnos cuenta de cuán triste debía ser sobrevivir en ese país sin los suficientes medios de vida.

Por cierto, entre los tangueros estuvo Don Ramón Lander Santana (qepd).

Y así seguían sus anécdotas, hasta que un día nos contó que su mujer le leyó un anuncio en que IBM pedía gente, y le dijo “Prepárate, tú puedes”. No llegó al detalle de si fue con libros o en una academia, pero el tío pasó el examen (1) y se unió a aquel grupo de argentinos que aterrizaron en Venezuela, por supuesto previos cursos y más cursos.

Y aquí está nuestro personaje, en su segunda emigración, esta vez a un país sabroso, guapachoso, caliente, en el que, como dijo el propio Fernando, ”Éramos felices y no lo sabíamos”.

Y, cómo muchos medios días, almorzando en el Phelps se espepitaba a hablar en voz alta de “Este pobre país, bla, bla, bla”. Y no era raro que en la mesa de enfrente estuviera un grupo de japoneses mandándose ¾ lbs. de carne, medium rear, en pleno éxtasis por la calidad y el pre$io.

Fernando, siempre fuiste un pesimista de profesión —perdón, por hardware— pero con un software exquisito que hizo que los que te conocimos y tratamos te recordemos con amor y gran respeto.

Creo que, excepto Delia, nadie supo si Fernando lo quería, pero, de verdad, ¡a ti sí te queríamos y te queremos, viejo regañón!

Te imagino ahora en pleno Brickell, donde viven los ricos, rascándote los cataplines todo el día, huevas de esturión por medio, y quejándote,… ¿ahora de qué, querido?

Chao, viejo, hasta la próxima.

***

(1) NotaCMP

La historia de cómo Fernando Lacoste entró en IBM fue así:

Su esposa de entonces —quien, como dice JF, encontró el aviso puesto por IBM en el que se solicitaba personal— tuvo que obligarlo a ir a presentar el examen ya que él pensaba que no tenía el menor chance de aprobarlo porque trabajaba de ebanista.

Finalmente, compró un libro (usado) de electricidad elemental, en un fin de semana se lo caletreó, fue a IBM, presentó el examen,… y salió primero de entre 500 aspirantes.

Cosas de genio, … digo yo.

Por supuesto, IBM lo contrató.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: «Respigue» de fotos de los ’60s y de los ’70s (2)

En estas publicaciones de «El baúl de los recuerdos de IBM» trato de, en lo posible, mantener un orden cronológico —y así tengo ya clasificadas por años muchas más fotografías que publicaré cuando, siguiendo este orden, les toque el turno—, pero a veces me dan año exacto para algunas fotos que sólo tenían década, o algunos exIBMistas me dan la alegría de enviarme otras que corresponden a años cuya cosecha ya he publicado, etc., y por eso a veces, como en este caso, las publicaciones del baúl regresan en el tiempo,.. y espero que regresen en muchos casos más.

***oOo***

Curso DP, en Lima (Perú) en 1958. Foto, cortesía de Horacio Malcervelli, que divido en dos partes para que se vean mejor las caras.

19570100(P)=Curso Lima-Gral-Horacio

***

Parte 1 (Izquierda).

19570000(P)=Curso Lima Izq-Horacio

De izq. a derecha.

De pie:  1, Ramon Sitja;  2, Daniel Sejas;  3, Ernesto Dusio, instructor;  4, Luis Somoza;  5, X Oñate, de IBM Chile;  6, X Vásquez, de IBM Colombia;   7, Oscar del Barco.

En cuclillas;  1, Jorge Outeda;  2, X Meléndez, de IBM Colombia;  3, Técnico español;  4, J. Soler, instructor de IBM Colombia.

~~~

Parte 2 (Derecha).

19570000(P)=Curso Lima Der-Horacio

De izq. a derecha.

De pie:  1, X Fuentes, de Chile;  2, Gerente para América Latina;  3, Fernando Lacoste;  4 (?);  5, Akos Puky;  6, De IBM Ecuador;  7, X Ruiz, de IBM Colombia (con chaleco);  8, X Gainza, instructor peruano.

En cuclillas; 1, Instructor; 2, Horacio Malcervelli; 3, X Beckich, de IBM-Argentina.

***

Tres más, también cortesía de Horacio Malcervelli.

197X(P)=HMalcervelli, Américo Cristini-Horacioi

Horacio Malvercelli, disfrazado de mujer, bailando con el también argentino Américo Cristini en la fiesta de cumpleaños de la esposa de Carlos Kasis.

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197X(P)=HMalcervelli, Fuentes-Horacio

Horacio Malcervelli (izq.) con el técnico chileno Fuentes, en las oficinas de IBM.

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197X(P)=HMalcervelli, Garrido-Horacio

Horacio Malcervelli (izq.) con el también argentino Juan Carlos Garrido, en la terraza de IBM-Venezuela cuando estaba en la Esquina de Urapal (Av. Urdaneta, Caracas).

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Las fotos que siguen son cortesía de Mayca Larrea.

Foto tomada durante una reunión de HPC (Hundred Percent Club) celebrado en Panamá.

196X(P)=HPC Panamá-Gral

Sólo creo reconocer a dos personas. El del extremo derecho de la primera fila es Rodrigo Herrera Mata (qepd). El que está detrás de él es Ricardo Marí (qepd).  a la izq. de Marí está Agustín Mogollón (qepd).

***oOo***

Ésta, que ubico a comienzos de los ’70s, la divido en cuatro partes, que enumero de 1 a 4 de izquierda a derecha, para que se vean mejor las caras.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)

~~~

Parte 1.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-1

De izq. a derecha

De pie: 1, Julián Larrea (qepd);  2, Otto Jensen;  3 (?);  4, Luis Martínez, técnico DP;  5, José Luis Beltrán;  6,  Jiménez, puertorriqueño;  7, George Smith, instructor;  8, Alexander Kulik;  9, Dieter  Indorf (qepd).

En cuclillas:  1, Oscar Sáiz de Arce;  2, José Avendaño;  3, Juan Vicente Guerra, de OP.

~~~

Parte 2.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-2

De izq. a derecha

De pie: 1?;  2, Alfredo Jané, argentino, Gerente de Ventas DP;  3, José Guillermo Aquino;  4, Ramón Lander (qepd).

En cuclillas:  1, Pedro López Rojas;  2, Simón Meléndez;  3, Ángel Puyuelo, Gerente de Ventas AM.

~~~

Parte 3.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-3

De izq. a derecha.

De pie: 1, Harald Michel  ;  2, Alfonso Condés;  3, Marcos Martín;  4, Jaime Trillas (qepd);  5, Rafael Mora;  6, Rogelio Brito.

En cuclillas:  1, Jesús Acosta (qepd);  2, Manuel López Beades;  3, Giovanni Bertorelli.

~~~

Parte 4.

197X(P)=SheratonB&W-All (Mayca)-4

De izq. a derecha.

De Pie:  1, Mario Stella Amaya (qepd);  2, Carlos Azancot;  3, Roberto Viso;  4, Néstor Esnaola (qepd);  5, Manuel Dolande;  6, Humberto Rivadeneira (qepd).

En cuclillas: 1, Héctor Orbegoso, peruano;  2, Luis Alberto Matos;  3, George Simon;  4, Leopoldo Hiller.

***oOo***

197X(P)=Whiskyx4-(Mayca)

De izq. a derecha: Agustín Hernández, Alex Kato, Julián Larrea (qepd), y Juan Calvo.

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Foto tomada durante un seminario en el Macuto Sheraton de Caraballeda. La divido en cuatro partes, que enumero de 1 a 4 de izquierda a derecha.

 

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)

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Parte 1.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-1

De izq. a derecha: 1, José Mendoza; 2, Pedro Maisonnave; 3, Julián Larrea (qepd); 4, Jorge Treviño; 5, Francisco Alpanseque; 6?.

~~~

Parte 2.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-2

De izq. a derecha:  1?;  2, Héctor Ferrer;  3, Manuel Núñez;  4, Justiniano Hernández;  5, Jesús León.

~~~

Parte 3.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-3

De izq. a derecha.

Fila trasera: 1, Frank Rivero; 2, Álvaro Martínez; 3?

Fila delantera: 1, Astolfo Ríos;  2, Delia Lacoste;  3, Jesús Marcano; 4, Yolanda Borjas de Mijares.

~~~

Parte 4.

197X(P)=SheratonColor-All(Mayca)-4

De izq. a derecha:  1? ; 2, Enrique Novella;  3, Alberto Rando;  4, Raúl Márquez.

***oOo***

Creo que, hasta ahora, éste es el artículo del «baúl» que más ‘?’ tiene. Espero que me ayuden a despejar esas incógnitas.

23/09/2010.- Antonio Ramírez, quien hasta ahora es en este “baúl” el pichichi absoluto en reconocimiento de personas, de un solo golpe ha despejado 26 de las muchas ‘?’ que ya he reemplazado con los nombres que Antonio me ha dado en un comentario. Gracias, Antonio.

Y Oscar del Barco despejó 9 ‘?’. Gracias, Oscar.

[*IBM †}– Gastone Baro

  • Fecha: 21-09-1976
  • Lugar: Caracas   
  • Causa:
  • Edad:
  • Última posición en IBM: Physical Planning
  • Nació en: Italia
  • Reposa en: Caracas

Información adicional

NotaCMP.- Gastone tenía muy buen sentido del humor.

Alguien me había dicho que él era cuñado de un gerente de IBM al que llamaré Tony. Como eso me sonó a tomadura de pelo, uno de los días en que Gastone se me acercó por su interés en la ouija le pregunté, sin más:

¿Es cierto que eres cuñado de Tony?

A lo que él, de inmediato y muy serio, respondió:

Sí, ¡pero no es culpa mía!

Fue velado en una funeraria de Los Palos Grandes.

Su hija, Gladys, es también exIBMista.

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: "Respigue" de fotos de los ’60s y de los ’70s (1)

NotaCMP.- Lo de ‘respigar’ se refiere a espigas, pero en El Paso cuando, por ejemplo, el dueño de una finca de almendros los vareaba (= les daba de palos para que las almendras cayeran al suelo), recogía después las almendras y daba por terminada esa faena, los muchachos podíamos ir a «respigar» en esa finca, o sea, a buscar y buscar hasta dar con las almendras que hubieran quedado olvidadas, medio ocultas entre piedras, hojarasca, etc.

Y eso he hecho con las fotos: pedir, aceptar todas las que quieran darme, y buscar entre las traspapeladas, reuniendo aquí las que corresponden a las décadas de los años ’60s y ’70s.

***oOo***

De la década de los ’60s

Fotos tomadas el 28/02/1964 durante la cena de homenaje a los premiados con el HPC (Hundred Percent Club) de 1963.

19640228=HPC1963-LTippet

Lucius H. Tippett Jr., Gerente General

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19640228=HPC1963-AKulik

Alexander Kulik, Gerente de Servicios de Mercadeo

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19640228=HPC1963-JAvendaño

 José Avendaño, Gerente de Caracas DP

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19640228=HPC1963-JTrillas

 Jaime Trillas, Gerente de Caracas DP (qepd)

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19640228=HPC1963-JLBeltrán

José Luis Beltrán, Gerente de la Sucursal Caracas (qepd)

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19640228=HPC1963-RBrito

Rogelio Brito, Gerente de la Sucursal Valencia

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19640228=HPC1963-HMichel

Harald Michel, de DP

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19640228=HPC1963-MStella

Mario Stella, de DP (qepd)

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19640228=HPC1963-RMora

Rafael Mora Dorrego, de DP

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19640228=Carlos Kasis-DP

Carlos Kasis, de DP

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19640228=Dieter Indorf-DP

Dieter Indorf, de DP (qepd)

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19640228=Jesús Acosta-DP

Jesús Acosta, de DP (qepd)

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19640228=José G. Aquino-DP

José G. Aquino, de DP

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19640228=Julián Larrea-DP

Julián Larrea, de DP

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19640228=Meredith Leitch-DP

Meredith Leitch, de DP

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19640228=Pedro López Rojas-DP

Pedro López Rojas, de DP

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19640228=Rafael Dolande-ET

Rafael Dolande, de ET

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19640228=HPC1963-JVGuerra

 Juan V. Guerra, de ET

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19640228=HPC1963-DgoMartínez

Domingo Martínez, de ET

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19640228=Raúl Reaño-ET

Raúl Reaño, de ET

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19640228=M López Beades-ETyAM

M. López Beades, de ET/AM

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19640228=George Simon-AM

George Simon, de AM

~~~

19640228=Giovanni Bertorelli-AM

Giovanni Bertorelli, de AM

Hasta aquí, fotos cortesía de Roberto Alibardi y Leonardo Masina.

***

Anuncio de —creo— finales de 1969 o tal vez comienzos de 1970.

Covelo y Larrea no están ya entre nosotros (qepd).

clip_image024

***oOo***

De la década de los ’70s (1)

Como para éstas no tengo el mes en que fueron tomadas, las agrupo en la década de los años ’70s.

197X=CMP Novella JF-Novella

Delante: Enrique Novella.
Detrás, de izq. a derecha: Carlos M. Padrón y Juan Fermín Dorta

***

197X=Mac.Sheraton. Yo bigote

De atrás hacia delante.

  • Al fondo, o última fila: Alex Kato, y Larry Bernardos.
  • Antepenúltima fila: Carlos Mejías, Ricardo Castillo, Rafael Chamorro (mexicano), ?, Agustín Hernández, y Néstor Esnaola (qepd).
  • Penúltima fila: Carlos Salas, Félix González, Peter Dolanyi (qepd), Antonio Carracedo, Ramón Romero, Juan Fermín Dorta, y Luis Godoy.
  • Fila delantera: Tomás Ruiz, Carlos M. Padrón, Jesús Pérez Pina, Manuel Jarpa, Manuel Herrero.

Foto de mi colección.

***

Foto, cortesía de Roberto Alibardi, que fue tomada según me ha dicho María Elena Veroneseen enero/1979 durante el kick-off.

197X=MEV Donís

María Elena Veronese, y Raúl Donís (qepd)

***

Foto cortesía de Roberto Alibardi.

19700000=Enrique Poodts

Enrique Poodts, argentino, de cuando GBG estaba en el piso 7 del Edf. Mene Grande y Enrique era Gerente General de esa división.

~~~

COMENTARIOS

  CMP
En respuesta a María Elena Veronese.

Gracias, Chikitita. Por favor, escanéalas a no menos de 300 dpi aunque tengas que mandármaelas como adjunto una a una.

Oscar del Barco E.
My dear petitero: No tengo dudas de que Eduardo Romero (q.e.p.d.) también fue nuestro vecino en el San Francisco.

Recuerdo un viaje a Higuerote donde yo andaba en un Fiat 1100 recién comprado en Di Mase —a la vuelta de IBM, en la esquina de Urapal— y Eduardo estaba comenzando a conducir un VW que recién había adquirido.

En Higuerote nos metimos a la playa con los coches (carros aquí) y mi flamante Fiat se atascó, empezó a subir la marea y casi se lo arrastra. Por fortuna llegó el auxilio a tiempo y lo salvaron. Lo llevé al pueblo, lo lavaron muy bien, y el lunes lo puse en venta y salí de él por miedo al óxido.

La esposa de Eduardo, a quien, si mal no recuerdo, le decían “Beba”, comentaba con frecuencia: “Voy abajo a prepararle a Eduardo unos fideos con manteca, que ya debe estar llegando del trabajo”. ¡¡Qué tiempos aquellos!!”.

María Elena Veronese
Carlos, voy a revisar. Creo tener algunas fotos de esa época y con mucho gusto te las enviaré.

Un beso.

Javier Palacios
La foto donde asoma Néstor Esnaola me hizo recordar cómo lo conocí.

Y sigue una anécdota, tal vez mi primera en IBM-Venezuela.

Mi primera asignación, y la razón para mi contratación, fue la conversión de los sistemas de tabuladoras 4611 a una /360-20 Card system.

Estando una tarde con Claudio Fisinessi en La Electricidad de Caracas (San Bernardino, Caracas) probando los nuevos programas, nos visitó un señor de traje oscuro, con chaleco y bastón, y nos preguntó cómo nos iba, si necesitábamos ayuda.

Cuando se fue le pregunté a Claudio: “¿Ése era Covelo?”. Pero no, no era.

Horacio E. Malcervelli
Ex gordo del Barco, me perdonas la omisión.

Estoy en duda con respecto a Eduardo Romero. ¿No vivía con su “jermu” en un apartamento en la Av. Urdaneta, a 2 ó 3 cuadras de IBM?

No es sólo privilegio de argentinos. Aquí en Brasil hay también grandes especialistas en meter la mano en la lata del dinero público.

CMP
En respuesta a Oscar del Barco E..

Gracias, Oscar. Hechas las correcciones.

Oscar del Barco E.
Otro tubazo, Carlos. ¡Qué buena tu iniciativa con el Baúl de los Recuerdos de IBM!

En la foto tomada en la escalera del lobby del Macuto Sheraton, donde estás tú entre Tomás Ruiz y Jesús Perez Pina, el Cesar Chamorro, instructor mexicano, realmente es Rafael Machorro; y entre Carracedo y Godoy, está un vendedor DP de la sucursal Maracaibo pero no recuerdo su nombre. Puedes agregar el lamentable (q.e.p.d) a los recordados y apreciados compañeros Dieter Indorf y Jesús Acosta.

Solicito el favor de que si algún visitante/lector tiene noticias de Rafael Mora Dorrego, le agradezco me las haga llegar.

Comento acerca de Raúl Reaño, excelente vendedor de la división ET, que cuando salió de IBM, alrededor de 1979 u 80, se fue a trabajar en MAI de Venezuela como vendedor, y por sus méritos y excelente trabajo se le consiguió su traslado a Puerto Rico donde se instaló con su familia. Hace muchos años que no tengo noticias de él pero sí supe que estaba feliz viviendo en Puertorro.

Al apreciado compañero y amigo Horacio Malcervelli, le refresco algunos daticos de su vivencia en Venezuela.

Fuimos vecinos en el Edificio San Francisco, ubicado en la Avenida Beethoven de Colinas de Bello Monte, y compartimos con Eduardo Romero, Carlos Kasis, este servidor y él. Acerca de que “en aquella época, argentino era sinónimo de malandrín” le advierto que en su país de origen hay muy altos personeros que están renovando la mala referencia.

Muchas gracias, Carlos, por tus variadas contribuciones a mantenernos actualizados y a recordar épocas tan hermosas de nuestras vidas.

CMP
En respuesta a Antonio Ramírez.

Gracias, Antonio. Hechas las correcciones.

CMP
En respuesta a Manuel A. Gutiérrez V..

Gracias, Manny. Ya hice la corrección.

Antonio Ramírez
La persona que comparte la última fila con Kato es Larry Bernardos. En la primera fila a la derecha es Manuel Herrero.

Enrique Poodts reemplazó a Rolando García Lago como Gerente General GBG, por el año 1982 aproximadamente, efectivamente en Mene Grande, donde estaba el GBG HQ. Posteriormente hay mudanza a Chuao, en ocasión de la reintegración de IBM.

Poodts fue el último Gerente GBG antes de la integración. Antonio Gil fue el Presidente de IBM de Venezuela que asumió el proceso de integración.

Saludos a todos.

Manuel A. Gutiérrez V.
Carlos, al lado izquierdo de Alex Kato (extremo derecho superior de la foto, vista de frente) esta Larry Bernardo. Me refiero a la foto que sigue a ésa en la aparece mi querido amigo Juan Fermín Dorta, tú y Enrique Novella.

Maravillosas fotos. Gracias a todos los contribuyentes.

CMP
En respuesta a María Elena Veronese.

Gracias a ti, “Chikitita”, por el comentario y por darme la fecha de la foto.

¿Cuándo me vas a mandar otras que tengas y que sean apropiadas para este “baúl”?

María Elena Veronese
Carlos, gracias por colgar la foto de Raúl “El viejito Quaker” Donís (qepd). Fue tomada en enero de 1979. Guardo en mi poder la foto original.

Besos,
María Elena

Isabel Isea
¡Qué chévere saber de todos nuestros ex compañeros de IBM! Aunque, yo entré muy joven a IBM, recuerdo a muchas de estas personas que en algún momento fueron parte de mi vida.

Gracias a Carlos Padrón por transportarme a tan bella época como fue mi paso por IBM, y que siga deleitándonos con su “Baúl de los recuerdos”.

¡¡¡Un fuerte abrazo!!!!

José Manuel Ustoa
Hay un montón que recuerdo. Al que no había visto hasta ahora era a Rogelio Brito, y del que no me acuerdo es de Julián Larrea.

Tengo un recuerdo especial de Pedro López. Siempre tuve la impresión de que era una excelente persona, y cada vez que hablaba con él se confirmaba esa impresión.

Gracias por las fotos.

José Manuel

Horacio E. Malcervelli
Gran coletanea, Carlitos.

En la galería aparece Carlos Kasis, gran tipo y mejor compañero. Con Carlos alquilamos cuartos contiguos, en un departamento en una cortada detrás de IBM, en la Av. Urdaneta, recién llegados a Caracas y antes de llegar nuestras esposas. Y continuamos siendo vecinos, ya cada uno formalmente casado, en un edificio en las Colinas de Bello Monte.

Un pasaje común en nuestras vidas: decidimos comprar un aparato de sonido, en cómodas cuotas, para lo cual saldríamos uno como garantía del otro.

Pues bien, en aquella época argentino era sinónimo de malandrín y allá fuimos con Carlos a un comercio en la Calle Real de Sabana Grande, a comprar los sofisticados aparatos. Nos atendió un señor español que con un lenguaje muy castizo nos pidió nuestros datos. Cuando llegó la hora de mencionar la nacionalidad —argentino—, el vendedor levantó la cabeza y me miró por unos instantes, como reflexionando, pero el colmo del temor del vendedor fue cuando, en la garantía cruzada, fue informado de que el garante y deudor, también era argentino. En ese momento el hispánico largó la lapicera y exclamó: “¡Dios me coja confesado!”.

Por cierto que lo que hizo viable el crédito fue ¡que éramos empleados de IBM!

Aclaro que todo fue pagado religiosamente en día.

Lisset Riera
Yo entré en 1970, así que veo jovencitos a todos los que conocí.

Buenas fotos para el recuerdo.

Saludos,
Lisset

[*IBM}– El TP y sus comienzos en IBM / Leonardo Masina

PREÁMBULO

La transferencia o transmisión de información entre dos o más puntos fue uno de los primeros problemas que tuvo que enfrentar el hombre desde la Antigüedad.

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Cuando la humanidad empezó a “emanciparse”, los territorios y fronteras de los dominios se fueron expandiendo y las distancias empezaron a ser tan grandes que la voz no podía ser audible. Entonces se desarrollaron comunicaciones por señales que podían ser de humo,

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por tambores, o por otros sistemas de comunicación auditiva o visual.

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como se acostumbraba a hacer entre los barcos de una flota.

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Al distanciarse más los hombres, el envío de mensajes requirió la utilización de mensajeros. Luego, con el tiempo, cuando la necesidad de mandar información aumentó, sobre todo en lo militar, se empezaron a utilizar mensajeros a caballo,

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y luego los carruajes, por no hablar de los barcos que cruzaban mares y después océanos.

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Son legendarias las escenas de películas del Lejano Oeste en las que se veía el uso del Pony Express y las diligencias. Desde estos modestos comienzos, la necesidad de llevar información fue desarrollándose y avanzando hasta llegar al sistema postal.

Debido a la evolución y al desarrollo de la sociedad, el problema de llevar información a distancia era que el tiempo en hacer llegar una noticia podía ser de días, semanas y hasta meses.

LA TECNOLOGÍA

El invento del telégrafo de tecla y sonido, hecho por Morse en 1832, fue el primer paso, o la piedra miliar, para poder transferir mensajes en pocos minutos de un lugar a otro, por una serie de postes y una red cableada que se fue extendiendo primariamente a lo largo y amplio de los Estados Unidos.

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El sistema era muy primitivo, pero eficaz; ahora eso se llama protocolo y es automático. Sobre la misma línea,

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por una tecla y una señal auditiva —que más bien parecía al sonido de un relé— se enviaban las señales de llamado a la estación de destino.

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Todos los operadores podían escuchar el mensaje, pero sólo el operador de la estación destinataria contestaba que estaba listo para recibirlo, y la estación de emisión enviaba entonces el texto completo.

En otras palabras, inicialmente el operador del telégrafo era parte integral del sistema, ya que él tenía la capacidad de interpretar esas señales, basadas en lo que se denominó puntos y líneas (alfabeto Morse), tanto para poder transmitirlas como para recibirlas.

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Printing Telegraph, George Phelps, patent model, 1859, National Museum of American History, Smithsonian Institution, Washington, DC.

En 1876, Graham Bell patentó el teléfono, pero, defendiendo mi italianidad,

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quiero aclarar lo siguiente:

El 11 de junio de 2002, el Boletín Oficial de la Cámara de Representantes de los EE.UU. publica la Resolución Nº 269 por la que se honra la vida y el trabajo de Meucci, el inventor italoamericano. En la misma se reconoce que fue más bien Meucci, antes que Graham Bell, quien habría sido el inventor del teléfono. Reconoce además que Meucci demostró y publicó su invento en 1860, y concluye con un reconocimiento a su realización en dicha invención.

Fuente: Antonio Meucci

Pero ésa ya es cosa del pasado, una que añadió un peldaño más a la evolución y el desarrollo de las comunicaciones, o telecomunicaciones, hasta que unos 50 años más tarde Marconi inventó la radio con el consecuente desarrollo del telégrafo sin hilos.

Prácticamente el primer terminal para envío y recepción de información y datos fue el teletipo, o TTY, justo a

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Esto revolucionará nuestro sistema de comunicación

comienzos del siglo XX, para envío de información por la Asociated Press. Después de la Primera Guerra Mundial su uso fue extendiéndose llegando a ser muy común hasta los años 70s.

El teletipo, utilizando redes telegráficas o telefónicas, permitía enviar

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información que podía escribirse, o también perforarse en una cinta de papel.

Vamos a decir que eso fue el comienzo del teleproceso.

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Utilizando una cinta perforada de máximo 5 agujeros por línea se podía transmitir una combinación de 31 caracteres y comandos.

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Código Internacional del Teletipo

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ME TOO OR FOLLOW ME (= ¿Yo también, o sígueme)

ME TOO

Como ya he explicado, inicialmente, y por medio de la utilización de las redes de telefonía y telégrafo (incluyendo las radios), los teletipos fueron los precursores del teleproceso. Por ese motivo, IBM tuvo que “adaptarse” a ese medio, y creo que también a las circunstancias.

En 1941 (en plena Segunda Guerra Mundial) IBM puso en el mercado un par de máquinas que permitían convertir de cinta perforada a tarjetas perforadas de de 80 columnas, ya que ése era su estándar de intercambio de datos.

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Ejemplo código tarjetas perforadas IBM de 80 columnas.

La forma en que se hacía esa conversión no es algo que voy a describir; el hecho es que IBM lo hizo y funcionó.

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Modelo 040

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         Modelo 043                                    Modelos 046 y 047

clip_image026clip_image027

Modelo 063

Las que preceden son fotos de algunas máquinas de esa época. Una convertía cintas perforadas a tarjeta, y la otra hacía lo inverso: convertía de tarjeta a cinta perforada.

Por tanto, aunque IBM tuviera estas máquinas, continuaba habiendo una dependencia de los teletipos y otras tecnologías.

FOLLOW ME

Por supuesto, la estrecha colaboración de IBM con lo militar (desde antaño) le permitió luego desarrollar productos que después fueron utilizados también en lo civil y comercial.

No fue hasta 1954 cuando IBM introdujo la Data Transceiver, máquina que por primera vez hizo posible la transmisión directa de tarjeta perforada a tarjeta perforada.

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Esta máquina permitía conexión a 4 unidades que podían transmitir simultáneamente sobre el mismo par telefónico.

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La primera transmisión transatlántica hecha como test de una máquina Transceiver de IBM se efectuó en 1954, vía radio, desde el Marruecos francés hasta Washington D.C. Por supuesto, la hicieron militares estadounidenses.

Con esta máquina, IBM dio inicio realmente a lo que podemos llamar TELE-PROCESSING.

En marzo de 1960, IBM anunció la 7701, Magnetic Tape Transmission Terminal.

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Era una unidad de cinta magnética que se conectaba remotamente a otra igual y podía transmitir a 75 ó 150 caracteres por segundo.

A esta serie de máquinas siguieron la 357 Data Collector System, los terminales 1030 Data Collector System,

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Los 1050, terminal remoto:

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Terminal 1050

Y los 1060 Teller Machines, terminales bancarios:

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Terminales bancarios 1060

SABRE

En 1957, IBM y American Airlines firman un acuerdo formal y, con un equipo conjunto de 75 personas, inician "SABER Project" (Semi Automatic Business Evironment Research). En marzo de 1959 terminan la versión preliminar, versión beta, del programa para que trabajara en un sistema IBM 7090.

La versión final fue puesta en marcha en 1962 con un costo reportado de USD$30.000.000, con el nombre definitivo de SABRE y trabajando sobre dos supercomputadoras IBM-7090 en Briarcliff Manor, New York.

En 1972, en plena guerra fría, Sabre fue trasladado a una instalación subterránea en Tulsa, Oklahoma, y fue actualizado al nuevo sistema IBM-360 en un proceso sin precedentes que únicamente dejó a Sabre fuera de línea 15 minutos.

Inicialmente, Sabre fue diseñado para su uso exclusivo por American Airlines, pero posteriormente fue vendido a otras aerolíneas, agencias de viajes, compañías de alquiler de autos, y hoteles.

Con el paso de los años los servidores de Sabre fueron avanzando con el cambio de la tecnología, pero como todas las mejoras se daban en el servidor central, podía accederse a ellas desde las terminales IBM e ICOT, originales de los años 1960.

CONCLUSIÓN

Éste ha sido el inicio de un gran paso que a partir de finales de los años 60s llevó a IBM a ser líder tanto en computación o informática como en lo referente a TELEPROCESSING, pues la gran mayoría de los sistemas bancarios actuales partieron de estos cimientos.

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No hay que olvidar tampoco lo que ya en la mayoría de los hogares del mundo se ha vuelto como un electrodoméstico y es de uso común: la computadora personal, o PC, con su acceso a las ya famosas WWW de Internet.

[*IBM}– Anécdotas y personajes: Jesús Alonso, un personaje de leyenda / Juan Fermín Dorta

Juan Fermín Dorta

Sé que os voy a sorprender, pero ahí va mi leyenda (“Rimas y leyendas”- Gustavo Adolfo Bécquer)

***

Jesús Alonso, un personaje de leyenda

Jesús Alonso Bueno

Hubo un personaje en IBM que fue conocido por sus éxitos y por la forma relampagueante en que, ante una duda, veía la solución.

“Eso va por aquí”, decía, y acertaba; era expedito. Gracias a Dios que no le dio por el mal porque hubiera sido terrible; siempre tenía la chispa prendida. Para mí que el tío no descansaba, ni durmiendo. Y aquí viene una anécdota que lo retrata.

Hubo un grupito de IBMistas a quienes les dio por las motos y, como era de suponer, Jesús se metió en el rollo. Imagínense: ruido, velocidad, peligro, adelantar, saltar montículos, el polvo, mucho polvo, los gritos de moto a moto, el clímax,… gasolina extra para el personaje.

Cuentan que, en una de esas excursiones en moto, el prota vio un promontorio y, sin aviso ni protesto, aceleró a fondo y se lanzó como un tiro… estimando que del otro lado del montículo la altura sería la misma. Pero, ¡qué va!, había un talud.

Dicen que el hombre voló y se clavó de cabeza en la tierra, dejando marcado el casco en el barro. Fueron a auxiliarlo y estaba desmayado. “Chato, dale un boca a boca”, dijo uno. Pero el fallido, con un hilillo de voz, dijo: “¡NO!, prefiero a Fernando”.

«El Chato», su jefe, buscó un coñac, y cuando, después de levantarle la cabeza, intentó darle un sorbo, el resucitado, con voz entrecortada, dijo “¿De qué marca es este brandy?”. Ése era el personaje.

Otra vez, almorzando en un restaurante macrobiótico en La Florida, en su sopa afloró una chiripa. El personaje llamó al dueño, un pomposo austríaco, y le dijo:

No le reclamo por el insecto sino porque esto es proteína y me saldría de la dieta.

Con la cuchara puso al animalito en el borde del plato y siguió comiendo la sopa, ante el asco de los que le acompañábamos.

¡Díganme, el malvado de Fernando simulando las mediciones que Jesús tenía que hacer de la densidad, el API pues, de cada stronzone que expelía! Su estilo de vida macrobiótico así se lo imponía.

El hombrecito tenía una convicción a prueba de bombas.

En esa época había mucho tránsito por Sabana Grande, y una tarde nos dijo “Vamos para allá a echarnos una lisa”. Le argumentamos que sería imposible estacionar, pero insistió “Vamos, y ustedes verán”.

Justo al llegar al Gran Café, un carro se fue y Jesús estacionó. No nos dijo nada, sólo nos miró por encima del hombro mientras metía el freno de mano.

Hermanos, ¡les juro que ese hombre era mago! Pero, gracias a Dios, él no lo sabía. Era una mezcla de convencimiento, de autoestima, de no pensar en las consecuencias, de no ver para adelante,…

Díganme ustedes si ese tío hubiera estudiado metafísica, parapsicología o cosas por el estilo, ¡¡bueno, pues!! Era una especie de Merlín con un toque de Atila, con el mismo toque rápido usado para la pimienta, pero la negra.

Ojo, les recomiendo leerse el libro “La gerencia según Atila” por lo que este comentario no es nada despectivo.

Por esa época ya había yo comenzado mis pinitos en esos conocimientos, y hoy —créanme— estoy seguro de que él habría sido un «arretxísimo» gurú (vean el detallazo de evitar la palabra vulgar, escribiéndola en euskera).

Fui su profesor en la Universidad Católica, fui su compañero de trabajo, fue mi jefe en IBM, y hoy me culpo por no haberlo comprendido en su momento y faltarle al respeto llamándole JESÚS ALONSO “el BUENO… DE APELLIDO”, como le decía yo, con un poco —bastante— de mala leche.

JESÚS: QUE TENGAS MUCHA SALUD, QUE DIOS PROLONGUE NUESTRAS VIDAS, Y QUE NOS VEAMOS EN OTRA OCASIÓN QUE NO SEA COMO AQUÉLLA EN QUE ME ABRAZASTE DÁNDOME EL PÉSAME POR LA MUERTE DE MI HIJO

Te quiere y te respeta, JUAN FERMÍN.