[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1973 – HPC-Acapulco, y excursión a la Hacienda El Rodeo

Foto, cortesía de Luis Fernando Guerra, tomada durante el HPC 1973 en Acapulco.

clip_image002

En el sentido de las agujas del reloj, comenzando desde el vacío que hay al frente: 1, Gerardo Hernández;  2, Luis Fernando Guerra;  3, Carlos Salas;  4,  Juan López Quevedo;  5, Mario Stella †;  6, Cecilio Lecusay;  7, Néstor Esnaola †;  8, Jesús Alonso;  9,  Gabriel Terán;  10, Ricardo Castillo.

***

A finales de 1973, el Club IBM organizó una excursión a la Hacienda El Rodeo, en La Victoria (estado Aragua), y allá nos fuimos.

Con una cámara Súper 8 que entonces tenía yo, tomé película (muda, por supuesto), que en 1991 pasé a VHS y que ahora he pasado a DVD para tratar de no perder éste y otros valiosos recuerdos obtenidos de igual forma.

Clicando en los enlaces que siguen podrás bajar/ver esa película, que he divido en dos archivos porque uno solo pesaba mucho.

Tal vez encuentres en ella a personas que ya no están entre nosotros, muchachos/as que hoy ya tienen hijos, jóvenes que ya son abuelos/as, etc. ¡En 37 años suceden muchas cosas!

De seguro que encontrarás a Mario Esquivel con su corte de pelo a la moda; a Julián Mejías «posando» a través de un salvavidas mientras sus hijas se divierten de lo lindo; a Jaime Oliver haciendo de camarero para las damas; a Oscar del Barco, sin barba, jugando bolas criollas con Adolfo Fuenmayor, Carlos Pérez Requejo, Elías Duvén y otros cuyos nombres no recuerdo ahora, etc.

¡Que las disfrutes!

Vídeo EL RODEO – PARTE 1

Vídeo EL RODEO – PARTE 2

~~~

COMENTARIOS

Vicencio Díaz
diaz.vicencio@gmail.com
201.208.145.87

Hola, Antonio; un abrazo. Me alegra que estés “IN” y por aquí.

José R. Padrón aparece en FACEBOOK, y normalmente escribe ahí.

Pásalo bien,… como siempre.

Antonio Ródenas
Fui empleado de IBM de Venezuela en los años 1975 a 1992, y 1992 a 2000 (Cómputo) en la sucursal de Valencia, en la parte técnica.

El Sr José Padrón fue mi gerente de campo cuando trabajaba en dicha sucursal. Deseo saber, a través de este medio, si alguno de los que trabajaron con él sabe su número de celular y me lo pueden dar.

Creo que se encuentra en El Tigre, pero hasta la fecha no he sabido de él.

Mucho agradecería si me dan esta información.

Saludos.

Vicencio Diaz
José, anécdotas de hijos y de padres, así como de la oportuna intervención de compañeros que estuvieron en el lugar adecuado en el momento necesario.

Lo que acabo de leer me complace mucho por Iván, por ti y por “Foncho”.

Un abrazo

CMP
En respuesta a José Padrón (El Técnico).

Gracias, José, ya corregí el nombre de Terán.

La anécdota de tu hijo es de antología. Sospecho que era un muchacho voluntarioso que en vez de traumatizarse por su accidente en la piscina decidió superarlo metiéndose al agua hasta desenvolverse a placer en ella. Mis felicitaciones.

José Padrón (El Técnico)
El nombre de Terán (9) es Gabriel, representante de ventas de IBM-Valencia.

En el paseo a la Hacienda el Rodeo fue donde Ildefonso Del Moral rescató de la piscina a Iván, uno de mis hijos de apenas 7 años, que se lanzó a la piscina imaginando, según él mismo dijo, que podía estar de pie con la cabeza fuera del agua junto a los demás.

La anécdota y paradójico del caso es que, al crecer, Iván llego a ser campeón nacional de natación.

[*IBM}– Anécdotas y personajes: Fernando Lacoste y su concepto del sexo / Juan Fermín Dorta

13-09-10

Juan Fermín Dorta

Nunca supimos de alguna picardía de Don Fernando en esa área.

Sus pupilos, la media docena de aprendices italianitos que llegó a tener, y algunos vendedores que en un momento de debilidad alardeaban de esto o aquello, nunca lograron que Ferdinando participara en la conversación.

Hasta una vez, pues siempre hay una primera vez, y ésta fue la suya,… al menos en mi presencia.

Como él mismo mencionó, muchos mediodías ponía las fichas en el tablero —mejor el «cartonero», pues era de ese material— y arrancaban los mini-torneos de ajedrez mientras los mirones participaban bien opinando del juego o bien sobre los un mil y un temas.

Un día aparece el suscrito —ojos desorbitados, sudoroso— y exclama:

—No juegues, ¡lo que le termina de pasarle a un amigo!

Y continúa:

—Sabrán que este amigo, que tenía sospechas de una posible homo- —o, mejor dicho, muliere-sexualidad— de su mujer, ha aparecido de repente en su casa y la ha encontrado en la cama matrimonial en plena faena con el servicio. ¡Qué riñones!

Y de inmediato empiezan las opiniones entre los contertulios sobre qué hubieran hecho ellos. Yo opinaba que ese amigo las debió sacar a patadas de la casa.

Fernando, que no se aguanta, detiene el juego y, mirándome, exclama:

—¡Animal !Salvaje! Estos gallegos analfabetos sexuales. ¡No jo….bes!

—Y tú, ¿qué hubieras hecho?—, le pregunto.

—¡Bestia!, lo que hace un hombre normal—, me contesta y sigue. —Me quito el saco, me aflojo la corbata… ¡y suáquiti! me tiro en la cama a integrar el numerazo. ¡Gallego, analfabeto sexual!—, seguía diciéndome en un aparente ataque de hidrofobia—. Así están como están, ¡¡burros!!

Me quedo cortado, y lo único que se me ocurrió decirle fue:

—Coño, por lo menos quítate los zapatos,… ¡porque la colcha la compré en Margarita hace apenas 15 días!

[*IBM}— Del baúl de los recuerdos: 1973 – Revista «Políticas IBM». Va de secretarias

Fotos, cortesía de Ramón López, tomadas de un número de la revista "Políticas IBM".

Por orden alfabético de nombres, corresponden a parte del plantel de las buenas secretarias que tuvimos en 1973, y que asistieron a un seminario dado en agosto de ese año.

***oOo***

clip_image002

Aurora Núñez

***

clip_image004

Eva de Hoffman

***

clip_image006

Gladys Corothie

***

clip_image008

Margarita Cordovez

***

clip_image010

Maura de Lucena

***

clip_image012

Milagro Micó

***

clip_image014

Milagros Santaella

***

clip_image016

Mónica Mendoza

***

clip_image018

Sofía Jiménez

[*IBM}– Anécdotas y personajes: Fernando Lacoste ante el peligro / Juan Fermín Dorta

14-09-10

Juan Fermín Dorta

Como hemos resaltado en varias oportunidades, Fernando era un raro espécimen: introvertido, y en ocasiones con un gran sentido del humor. Siempre alejado, como a su aire, pero, ¡ojo!, sin descuidar sus deberes.

Hoy me imagino que entonces su mente funcionaba compartida, aunque todavía no se había inventado la multiprogramación y mucho menos la memoria virtual.

Transitaba entre ideas para resolver problemas, amargos recuerdos de su nativa Italia alternados con pícaros recuerdos de su amada Argentina y vivencias de Venezuela que, aunque en ese momento no valoraba, hoy reconoce que vivió en Venezuela en este país en los tiempos «cuando éramos felices y no lo sabíamos».

Bueno, al grano.

Terminado el Club (HPC) de Acapulco (sería allá por 1975) un grupito de IBMistas volamos Acapulco-Miami.  Recuerdo que en la fila de atrás, pasillo por medio, estaba el mentado Ferdinando.

Como a la media hora de vuelo comienza tremenda tempestad. Se oían truenos y las ventanillas se iluminaban muy seguido con relámpagos, mientras el avión hacía pequeños baches.

De los que estábamos hablando, muchos siguieron haciéndolo, pero yo presentí que la cosa era en serio y callé.

La tormenta seguía intermitente cuando ¡PATAPLÚM!: el supercoñazo (perdonen la palabrota, pero es que no hay en el amplio idioma español otra expresión más fuerte).

Se oye el trancazo del rayo contra el avión y éste que, valientemente, aguanta, al tiempo que se iluminaba todo su interior como si de un enorme flash se tratara.

¿Milagro? No sé, porque fue sólo hasta hace pocos años cuando incorporaron pararrayos a los aviones.

Se produce un silencio terrible, como premortal. Nadie habla. Yo, que siento la mano de Fernando en mi brazo, me vuelvo esperando una palabra de aliento y el tercio que me dice:

—¿T’as caga’o, carajito?

Aquello fue de una risa (¿nerviosa?) general. Me calenté por su inmutabilidad ante el peligro, y creo que lo tildé de inconsciente, algo que hoy, a décadas de distancia, me pareció una mariconada nerviosa de mi parte.

Yo, que me había perdido en una curiara en el Orinoco por día y medio; que haciendo pesca submarina en la playa de Oricao había sentido cómo un verraco tiburón me pasaba por encima; que al ver a un italiano ahogándose en Playa Verde lo voy a salvar y se quiere aferrar a mí; etc., no sé si porque todo eso me había pasado siendo yo más joven, pero en ese momento me pareció que Fernando no tenía sangre en las venas.

El tipo era siempre inmutable, y aún no estaban de moda el Lexotanil, el Litio y otras menudencias, y nunca supe si estaba en una secta tipo zen.

Si el jefe le quería cambiar sus prioridades, él alzaba sus ojos y, uniendo sus manitas —la mochita y la otra— clamaba al cielo.

¡Cuántas cosas debió vivir ese alma de Dios que nada le sacaba de su impasividad!

Nando: un fuerte abrazo. Lo que escribo lo hago de corazón. Ojalá podamos vernos algún día.

Nota: El blogmaster tiene mis teléfonos.

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Otra joya de 1960 – Curso de técnicos en Caracas, y detalles asociados

La única foto es cortesía de Roberto Alibardi y Leonardo Masina.

Fue tomada en julio de 1960 al terminar un curso iniciado por el instructor Ernesto Dusio en la escuela IBM que estaba en Los Ruices (Caracas), y la que aquí pongo se ve mal por falta de resolución, pero como no tuvieron éxito las gestiones que Leonardo Masina y yo hicimos para dar con quien tenga la foto original, aprovecho para pedir a los IBMistas que lean esto que nos ayuden a encontrarla.

clip_image002

De izquierda a derecha (no hago diferencia de filas porque todas las caras están visibles): 1, Amadeo Vázquez †; 2, X. Ascanio; 3, Ramón López; 4, Leoncio Romero †; 5, Joaquín Clavería; 6, Ildefonso del Moral; 7, Ángel Gil; 8, César Illeras; 9, José Padrón; 10, Juan Ruiz; 11, Antonio Ramírez; 12, X. Sánchez; 13, Fernando Rodríguez; 14, Vicencio Díaz; 15, Efraín Aponte; 16, Luis Gil; 17, Eduardo Romero †.

Los nombres me fueron dados, o ratificados, por el compañero exIBMista José Padrón, quien, además de hacer gala de excelente memoria —y no es la primera vez—, también me dio estas valiosas explicaciones.

Carlos, aquí van más datos.

  • El mismo día en que terminó el curso, X. Sánchez salió de la compañía para estudiar ingeniería.
  • Eduardo Romero †, era uno de los instructores junto a Ramón López.
  • X. Ascanio era el secretario de la escuela
  • Luis Gil se fue muy pronto, Antonio Ramírez salió un poco después, y Efraín Aponte algo más tarde.
  • César Illeras, Amadeo Vázquez, y Leoncio Romero —ya fallecidos los dos últimos— eran de IBM-Maracaibo.
  • Juan Ruiz, Ildefonso del Moral, y yo, José Padrón, éramos de IBM-Valencia, aunque al final los tres terminamos en IBM-Caracas.
  • El curso en cuestión fue el básico de Unit Record acerca de las máquinas, hoy día de museo, 077, 082, 421, 513, 519, 024, 056, y la 602ª, que era «El coco», y comenzó con operación, o sea, con el armado de tableros con cables que definían las acciones que realizaría cada máquina. Se inició con 30 estudiantes, y lo terminamos sólo los 14 de la foto (17 alumnos menos los dos instructores y el secretario), siendo Juan Ruiz el Nº 1.
  • Ernesto Dusio comenzó este curso como instructor pero debió regresar a Uruguay por el término de su asignación, así que Ramón López, que estaba recién transferido a Caracas procedente de Quiriquire, ayudado por X. Romero siguió con el curso, como instructor, hasta el final.

Había una lista de mérito que salía en la cartelera (¡Imagínate!). Se hacían exámenes por cada tipo de máquina, y el promedio de notas debía ser superior a 75/100. Por debajo de eso, estabas en la cuerda floja, y si no te recuperabas eras despedido. Estuvimos así por NUEVE (9) meses.

Lo de secretario y no secretaria puede que suene raro, pero es que una secretaria entre tanto «zamuro» joven era realmente un peligro. Hay que recordar que se trataba de la IBM de los años ’50s en la que los divorcios de IBMistas eran no muchos, notorios y nada bien visto,… por no mencionar los amoríos.

Al tal secretario —muy competente, por cierto— lo había escogido el instructor Ernesto Dusio para el curso anterior a éste, que fue en el que participaron Noel Ramírez, Fernando Frías, y otros.

Lo de los exámenes era realmente un karma: poco tiempo, sin libros, todo de memoria, con todas las trampas imaginables, etc. Los finales fueron catastróficos: sin tiempo para terminar y usando todos los manuales disponibles. Creo recordar que el de multiplicación con la IBM-602a empezó a las 10:00 de la mañana, y yo, que fui tercero, salí pasadas las 07:00 de la noche. ¡Y mejor no hablar del de división!

El lugar de Los Ruices donde estaba la escuela era para la época una verdadera zona industrial, y para dar una idea de cómo era la Caracas de entonces, basta con que diga que Juan Ruiz y yo, que vivíamos en San Agustín del Norte, salíamos para Los Ruices a las 07:00 —o máximo a las 07:10— de la mañana y llegábamos a tiempo para desayunar antes de entrar a las clases, que tenían el horario de de 08:00 a 12 y de 02:00 a 05:30. Era realmente otro tiempo.

DOS ANÉCDOTAS

Ésta es cruel.

En la primera parte del curso, después del segundo examen salieron 4 alumnos. El último en salir fue Patrick Bertou, a quien después de muchos años encontré como ingeniero investigador en el IVIC. Te imaginarás.

Y ésta, folclórica.

En algún momento durante el largo curso, entre maracuchos y valencianos alquilamos una casa en La Florida y vivimos en comunidad casi 6 meses, hasta terminar el curso…

Un abrazo, Carlos. Lo de la memoria sigue funcionando bastante bien. Aún me resisto a usar las calculadoras.

José Padrón (El Técnico)

~~~

COMENTARIOS

Milton Dusio
Gracias por la publicación de esas nuevas fotos. Aprovecho a saludar a todos los exalumnos de mi padre, con los estuve en contacto y con los que no, y a Carlos que siempre nos ayuda a conservar la memoria.

Saludos,
Milton Dusio

Vicencio Diaz
Si algo he de escribir entre estos baúles de recuerdos, siempre será en pasado, pues son cosas pasadas y las más de las veces será sobre personas que son las cosas que recuerdo.

De las máquinas, empresa, procedimientos y esas cosas, procuro no recordar nada, aunque muy a pesar mío me es imposible lograrlo; aún tengo pesadillas, y sueño que es un día laboral cualquiera de aquellos años en que la semana tenía 37.5 horas que debían de reportarse con error de 1 minuto, cosa que habitualmente hacía los domingos por la tarde o noche.

Viendo la foto me fijo en Ángel Gil, de quien recuerdo su don de buen compañero y leal amigo que siempre le identificó, a quien, después de separarse de IBM, le dio por instalarse como empresario de una empresa conocida como “Micro Macro Mundo” en el CCCT y que tuvo bastante éxito. Pasado el tiempo, se les unió Guillermo Padrón, ex técnico de IBM en el área de educación.

El caso es que, por alguna razón que nunca me interesó conocer, ya que ambos eran amigos míos, alguna dificultad tuvieron y Ángel le pidió a Guillermo que se retirara del cargo. Al día siguiente me llama a la IBM Ángel y me cuenta que el menor de los hijos de Guillermo está muy mal en La Clínica La Floresta, que vaya y que le acompañe y le supla, pues, después de lo que había ocurrido, él no se sentía animado, pero que no dejaba de tomar en cuenta la necesidad de quien seguía siendo su amigo.

De esa pasta estaba hecha aquella generación.

Jose Padron (El Tecnico)
En referencia al retiro de Sánchez es cierto lo señalado por Vicencio, Trabajó unos pocos días.

Lo del destornillador, es también rigurosamente cierto. Era muy común entre los miembros del grupo señalar: “¡Pásame el Sánchez!”.

José Padrón (El Técnico)
Lo de General Motors (GM) fue realmente anecdótico.

Al momento en que regresaba de la competencia a IBM y se instalaba una 158 en Antímano, tuve el honor de recibir una llamada del propio Salvador Covelo para decirme que era muy importante que GM amaneciera trabajando el lunes.

Como las Leyes de Murphy no fallan, resultó que la 3830 tenía una tarjeta mala, y de ésas no había en stock, pero era igual a las del ISC del Computing Center. Al llegar a la puerta para hacer la correspondiente substracción, Freddy Rodríguez y mi persona constatamos que no podíamos entrar porque la puerta estaba cerrada con llave y las tarjetas de acceso no funcionaban.

Lo salomónico: fuimos a la mezzanina, Freddy se introdujo en el ascensor de forma que bajara a la planta baja, sacó la tarjeta, me dio un grito y subí el ascensor. Resolvimos lo de General Motors, que arrancó perfecto.

Francisco Alcalde voló desde Puerto Ordaz con la tarjeta en la mano y el lunes a las 08:00 am estaba yo en el Computing Center, haciendo show, para esperar a Alcalde.

A las 10:00 am arrancó la máquina de IBM, pero no sé cómo el Sr. Covelo se enteró y, muy serio, me dijo: “Padrón, la integridad de los equipos propios es algo inviolable,… pero GM era realmente muy importante”. Y allí quedó todo.

Leonardo Masina
Reconozco que, en ciertas ocasiones, y debido a la falta de disponibilidad de motorizados, abusé de la confianza de algunos clientes para que fuesen a buscarme un repuesto, mientras yo iba desarmando una unidad y así se ahorraba tiempo.

Alguna vez era en realidad para ahorrarse tiempo, pero otras –muchas– para quitarme la presión de encima, pero siempre de buena fe.

Leonardo Masina
Alberto, con respecto a lo de “comprar una caja de bits o bytes” hay una vieja historia entre los técnicos de IBM.

Resulta que un par de técnicos estaban en un cliente con un problema de memoria, y era justamente uno de esos clientes FASTIDIOSOS que se te ponía encima preguntando a cada segundo qué pasaba y cómo iba, hasta que a uno de los técnicos se le ocurrió una idea, y le propuso lo siguiente:

—¿Nos podrías hacer el favor de ir al stock de IBM en la California Norte y pedirles de parte nuestra que te den un paquete de 1.000 bytes, que se nos ha perdido?

El cliente, muy contento de poder colaborar, salió mandado hacia La California mientras los técnicos pudieron tranquilamente terminar su labor, sin tener encima la presión del cliente.

Alberto Lema
Amigos, qué grato es leer estas historias de los pioneros. ¡Qué hermandad la de ustedes en aquellos tiempos¡

Yo, afortunadamente, los conocí a casi todos, y eso que entré en el ’77, cuando ya se podían comprar unas cajas de bits y bytes… de las de 80 columnas, y memorias de más de 250Kb con las IBM-360.

Vicencio Díaz
A Leoncio, ¡cómo que le gustaban las alturas! Recuerdo ratos en Maracaibo cuando me contaba de sus incursiones en la apicultura, allá por los montes de Perija,

Lo que más recuerdo de Leoncio es su matrimonio en Tía Juana, en la costa oriental del lago. Para ese entonces trabajaba yo en la refinería de Amuay y me parece que en esos días estaba Rogelio Edreira haciéndole las vacaciones a Gastone Baro. Lo cierto es que, recibida la invitación, me las arreglé para salir, después de avisar a los compañeros de Maracaibo que yo salía para allá. De Maracaibo salimos César Illeras y un servidor, en mi carro, y otros, como Amadeo Vásquez, por otros medios.

¿Por qué recuerdo tal evento? Aparte de las bondades de los anfitriones y de la abundancia de todo lo que podíamos desear, al regreso tuve la suerte de ser acompañado —en mi carro y manejando yo— por César Illeras quien, afortunadamente, se mantuvo despierto todo el tiempo, y cuando mi carro enfilaba, sin control, hacia el borde de la carretera, César le dio un golpe al volante y, gracias a él y a dios, me desperté y asumí la posición de conductor.

Me había quedado dormido después de tanto manejar; ¿O sería de tanto comer y beber? Dios lo sabe.

Vicencio Diaz
El abuelo del grupo era Joaquín Clavería, y, como se ve en la foto, el más alto. Por aquellos días tendría más de treinta años y, aparte de ello, ya tenía una familia establecida. Vivía por Catia y le era muy difícil estudiar, así que en algún momento tomó una decisión heroica y, poniéndose de acuerdo con Amadeo Vásquez, rentaron un alojamiento en las cercanías de La Estancia, que creo que así se llamaba el edificio.

Y es que Joaquín ya estaba entrenado en eso de la toma de decisiones, pues era un exvoluntario de la Legión Española que estaba en el Sáhara, era un exmarinero y era un ex- muchas cosas, pero lo que no podía aceptar era ser un ex-IBM prematuro, por lo que se puso de acuerdo con Doña Julia, con quien lo sigue haciendo, y la cambíó por IBM cinco días a la semana.

“Er Juaco” y su reina viven en Los Castores, y creo que se alegraría mucho si alguno de sus entrañables amigos que haya perdido su agenda le pudiese llamar; el teléfono 0212-371-0432.

CMP
En respuesta a Luis Salazar.

Gracias, Luis. Ya hice las correcciones.

Luis Salazar
Un saludo muy cordial Carlos.

En efecto, se trata de dos “Romero” en la foto. El de la izquierda es Leoncio, maracucho de la Suc. IBM-Maracaibo, y el de la extrema derecha es Eduardo, argentino, de IBM-Caracas, ambos fallecidos y exelentes personas.

CMP
En respuesta a Luis Salazar.

Gracias, Luis, por tu aclaratoria,… que me deja una duda.

¿Había en el curso dos personas de apellido Romero? Porque para un Romero que está en la foto, José Padrón me dio el nombre de Leoncio, y ahora tú me das el de Eduardo, que acabo de ponérselo al instructor fallecido, pero ignoro si el tal Leoncio es en realidad Eduardo.

Carlos Salas
Saludos a José Padrón. Eficiencia al 100 %. Si no lo creen, pregúntenselo a la General Motros cuando estaba en Antímano.

Historia antigua pero inolvidable.

Carlos Salas

Vicencio Diaz
Sánchez, quien aparece en la foto como participante de la ceremonia en el Hotel Ávila, no creo que se haya retirado el mismo día de cierre del curso, pues para el momento de la ceremonia ya teníamos algunos días de trabajo.

Esto lo recuerdo porque ese día fue uno de los más amargos de mi carrera con IBM, y hasta pensé en presentar la carta de renuncia el primer día de la semana. La razón: Todos contaban sus éxitos; uno que si la unidad de impresión de la 421, otro que había solucionado un problema de 602A, y un tercero una caja de velocidad… Yo, un fracasado, pues desde que había salido del curso fui asignado, con Américo Cristini, en EdC, y ahí me estaba esperando una 024 en la que estuve hasta el día de la ceremonia sin saber qué era lo que tenía.

No se por qué razón pidieron ayuda justamente a Romerito, asignado a ls Shell, para auxiliar a su discípulo. El resultado fue que Romerito pidió scrapping para aquella sencilla máquina, y creo que hasta ahí llegó mi intensión de renunciar.

Aquella noche de la ceremonia supe lo que es una furtiva lágrima.

También recuerdo que nuestra fiesta de fin de curso la hicimos justamente en casa de Sánchez, en Valle Abajo, donde la pasamos como nunca por las atenciones que recibimos de su familia. Particularmente recuerdo a la hermanita de Sánchez, un poco menor que él, y que, por supuesto, fue como nuestra hada madrina y nos hizo olvidar cualquier momento difícil que hubiésemos pasado.

Una última de Sánchez. Entre el maletín de herramientas que recibimos había uno gordito como de 2′ y paleta ancha; no sé por qué motivo cuando necesitábamos de uno similar, decíamos: “Pásame el Sánchez”, explicación que quizás se pueda encontrar mirando la foto de aquel recordado momento.

Horacio E. Malcervelli
Estimado Carlitos:

Varios conocidos, en particular o indicado como nro. 17 “X. Romero”. Creo que es Eduardo Romero, técnico argentino (no sabía yo que había fallecido). No puedo precisar a fecha de su ingreso en IBM.

Ramón López, simpático colega, vivía, de recién casado, en la Av. Beethoven frente al Edif. San Francisco (donde yo alquilaba un dpto.) en las colinas de Bello Monte. Oscar del Barco, con su notable memoria, me puede corregir si estoy errado.

Mis saludos a los que todavía están entre nosotros, y el eterno recuerdo a los que ya partieron.

Horacio “machete” Malcervelli.

Luis Salazar
X. Romero (qepd) era mi gran amigo Eduardo Romero, venido de Argentina.

¡Gratisimos recuerdos de Eduardo!

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1972 (2) – Premio a analistas de sistemas, y kick-off cierre 1972

Como ofrecí la semana pasada, aquí va la segunda entrega de las fotos hasta ahora «respigadas» para el año 1972,… o casi.

Lo de «casi» es porque las fotos de esta entrega están como mezcladas y me crean dudas, pues hay algunas que,

  • Por la cara de quienes aparecen en ellas hacen pensar que fueron tomadas años antes de 1972.
  • Otras parecen haber sido tomadas a comienzos de 1973, durante el kick-off en el que se entregaron los premios a los resultados de 1972.
  • Y otras sí que fueron tomadas durante 1972.

Las pondré aquí agrupadas por ese orden.

***oOo***

Que parecen tomadas antes de 1972, cosa que dudo. Cortesía de Leonardo Masina y Roberto Alibardi.

clip_image002

Jaime Trillas †

~~~

clip_image004

Jesús Pérez Pina.

~~~

clip_image006

José Luis Beltrán †

~~~

clip_image008

Juan Calvo.

~~~

clip_image010

Ramón Lander †

***

Tomadas en 1972. Cortesía de Lisset Riera.

clip_image012

clip_image014

De izq. a derecha, y sólo los que aparecen de frente:

1, Lisset Riera; 2, Rainer Barany; 3, Enrique Fuenmayor †; 4, Salvador Covelo †.

~~~

clip_image016

De izq. a derecha, y sólo los que aparecen de frente:

1, Mario Stella †; 2, Luis Fernando Guerra; 3, Lisset Riera; 4, Antonio Ramírez; 5, Eduardo Mitter.

P.D.: Y según Luis Fernando Guerra (y estoy de acuerdo con él), por la coronita incipiente y por la paradita, el que está de espaldas es Tomás Ruiz.

***

Tomadas en 02/02/1973 durante el kick-off. Cortesía de Roberto Alibardi y Leonardo Masina.

clip_image018

Aquí no es fácil reconocer a muchos. Puedo identificar, de izq. a derecha, a Claudio Fisinessi, Salvador Covelo (qepd), Symche Wacksol, Luis Maggioli †, Julián Mejías, María Virtudes Arozena, Cecilio Lecusay, Mario Stella †, y George Anderson.

Si alguien reconoce a más,….

~~~

clip_image020

José Avendaño, y Juan Llorens.

~~~

clip_image022

Luis Maggioli †, y Javier Palacios.

~~~

clip_image024

Raúl Figueroa.

~~~

COMENTARIOS

José Padrón (El Técnico)
Comparto la opinión de Luis Guerra: si no es Tomás Ruiz es alguien que se le parece mucho.

CMP
En respuesta a Oscar del Barco E..

Gracias, Oscar.

La confusión fue mía, pues fui yo quien supuso que el de lentes en el extremo derecho de la foto era Juan Calvo.

Ya hice la corrección que, supongo, sorprenderá a muchos al igual que me sorprendió a mí..

Oscar del Barco E.
Saludos, queridos amigos.

En la foto donde aparecen Mario Stella (qepd), Antonio Ramírez, Luis Fernando Guerra y supuestamente Tomás Ruiz (de espaldas), aseguro que confundieron a Eduardo Mitter con Juan Calvo, pues Juan no está en esta foto.

Eduardo Mitter, de origen cubano, trabajó en OPD como vendedor y llegó a algún cargo de gerencia. Dejó IBM y se fue a trabajar con Wang en el área de las procesadoras de palabra.

Abrazos y gracias por mantenernos informados.

Oscar.

CMP
En respuesta a Eduardo Garcia.

De Raúl Figueroa, aunque entró a IBM en el grupo en que entré yo, no he vuelto a saber desde que se fue a Hepta,…. ¡que ya es decir en términos de tiempo!

Eduardo Garcia
Carlos:
Está muy bueno; indica que recordar es vivir. Si puedes, envíame el e-mail del “Comisario” Raul Figueroa.
Saludos

Luis Fernando Guerra
Por la coronita incipiente y por la paradita, me parece que el que está de espaldas en la foto donde aparezco es Tomás Ruiz.

Jose Padrón (El Técnico)
Don Jaime Trillas, un personaje. Como catcher de los cocos, excelente; como amigo, el mejor.

CMP
En respuesta a Lisset.

Gracias, Lisset. Ya hice las modificaciones oportunas.

LILY TABOADA TRILLAS
Me da mucho gusto que se haya publicado una foto de Jaime. Creo que salio muy serio. Muchas personas todavia lo recuerdan con mucho carino a pesar del tiempo que ha pasado.
Gracias!

Lisset
Definitivamente, las del concurso de analistas son del 72, pues en el 73 ya no estaba uo en IBM.

Saludos.

[*IBM}– Anécdotas y personajes: Enrique Novella / Juan Fermín Dorta

23-09-10

Juan Fermín Dorta

El que conoció a Enrique Novella (Quique), analista de sistemas, recordará su mirada de medio lado; la mano izquierda siempre apartando un mechón rebelde; la peste del cigarrillo hecho del tabaco negro más fuerte que te imaginas, cigarrillo que blandía en la mano que tuviera libre; su afán desinteresado en ayudar, sin fecha en el calendario; y sus respuestas cortantes pero certeras.

Como analista, el «endevido» tenía entre sus clientes favoritos a uno que yo atendía como vendedor: un importante grupo financiero a cuyo jefe de computación daremos el nombre clave de 3M.

(Enrique Novella)

La «aneda» —pues por lo chusco no merece llamarse anécdota— arranca cuando Novella toma unas vacaciones y no se me ocurre sino enviarle a 3M otro analista lo más parecido a Enrique: fumón, fuerte acento hispano, vocabulario de carretero valenciano, algo tosco en los gestos, etc.

El mismo Quique contaba que cuando llegaba al cliente en moto —cosa rara para la época— tiraba el casco en el escritorio de 3M, prendía un apestoso cigarro negro y le espetaba algo así como un: «Bueno, ¿cuál es la vaina hoy?». Y así se entendieron ellos por años.

La cosa es que cuando el suplente —el de fuerte acento español, etc.— llega al cliente, 3M manda un SOS en que me dice: «Sácame a esta bestia grosera, pero ¡ya!».

Salgo corriendo, y apenas llegando le pregunto a 3M:

—Pero, ¿puedes decirme que pasó? El tipo es español como tú, etc.

—Sí, de acuerdo contigo: habla como Enrique, fuma como Enrique, se expresa como él, pero yo lo siento pasado de grosero—contesta 3M.

—Pero, ¿quién te entiende? Reconoces que hasta se parece a él…»—, le argumento, pero no me deja terminar.

—¡Pero es que a Enrique le queda bien!

—¡No me jorobes, 3M!

Y entre risas se acabó el problema.

Esta fue una anécdota que contamos, dramatizada y todo, delante del jefe de Enrique Novella y de otros personajes de la Sucursal Finanzas, y que se hizo famosa.

Enrique: no lo sabes, pero en los cursos de autoestima que doy, al llegar a temas de empatía y asertividad sale esta entrañable anécdota. Y me produce recuerdos de cuando éramos felices y no lo sabíamos (F. Lacoste dixit).

Juan Fermín Dorta

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1972 (1) – Desayuno en el hotel Tamanaco

El año 1972 me ha resultado prolífico en fotos, y de ahí el ‘(1)’, pues ésta es la primera de las dos entregas previstas hasta ahora.

Las fotos —tomadas durante un desayuno habido en el hotel Tamanaco (Caracas) para, por lo visto, entrega de premios ganados durante 1971— han sido cortesía de Roberto Alibardi o Leonardo Masina.

La resolución no es muy buena porque, excepto la última, fueron sacadas de una revista IBM de ese año cuya impresión tampoco es muy buena.

En todas las fotos, y como de costumbre, menciono los nombres de izquierda a derecha,… y ¡qué maravilla! ¡¡Esta vez no hay ‘?‘!! Sólo estaba la ‘X’ del nombre de quien creí de apellido Wong, pero ya José Padrón me dio el nombre completo y correcto: Wing Hung.

***oOo***

Foto 1. Un grupo de premiados durante el desayuno. Luego va en tres partes y con los nombres.

19720200=Desay. Tamanaco - Gpo. Leo Eladio Covelo Borges Sorando Almeida

~~~

Foto 1a.

clip_image004

Leonardo Masina, y Eladio Oliva.

~~~

Foto 1b.

clip_image006

Salvador Covelo (qepd), y Enrique Borges.

~~~

Foto 1c.

19720200=Manuel Sorando, Carlos Almeida-Desay. Tamanaco-Leo Manuel Sorando, y Carlos Almeida.

***

Foto 2.

19720200=Andrés Armas, Sergio Gil -Leo

Andrés Armas, y Sergio Gil.

***

Foto 3.

clip_image012

Carlos Domínguez, y Jaime Trillas (qepd).

***

Foto 4.

clip_image014

Ernesto Villamor, Jaime Trillas (qepd) , y Rogelio Edreira.

***

Foto 5.

clip_image016

Guillermo Fuenmayor, y Jaime Trillas (qepd).

***

Foto 6.

clip_image018

José Monque, y Manuel Peña.

***

Foto 7.

clip_image020

Juan Pablo Díaz, Jaime Trillas (qepd), y Rogelio Edreira.

***

Foto 8.

clip_image022

Juan Pablo Díaz, y Rolando García.

***

Foto 9.

clip_image024

Julio César Viera (qepd), y Rafael Colina.

***

Foto 10.

clip_image026

Marilyn Calvache.

***

Foto 11.

clip_image028

Rafael Mora, y Carlos Ocando.

***

Foto 12.

clip_image030

Rafael Mora, y José A. Díaz.

***

Foto 13.

clip_image032

Renzo Ragazzoni.

***

Foto 14.

clip_image034

Roberto Alibardi, y Jaime Trillas (qepd).

***

Foto 15.

clip_image036

Rolando García, Jaime Trillas (qepd), y Rogelio Edreira.

***

Foto 16.

clip_image038

Salvador Covelo (qepd), y Rebeca Perli.

***

Foto 17.

19720200(P)=Leo Masina, Wong, Régulo Pérez -Leo

Leonardo Masina, Wing Hung, y Régulo Pérez (qepd).

~~~

COMENTARIOS

Wilfredo Pérez
Hola. Soy el hijo de Régulo Pérez. Me gustaría tener más fotos de él, si las tienen. Gracias

Vicencio Diaz
Interesante observación; veo que te acercas a la verdad. El hombre no es hardware, tampoco software, sino ambas cosas, las cuales se deben de relacionar equilibradamente para que la vitalidad del conjunto se mantenga. Es el alma y el cuerpo, es el odre y el vino, es el espíritu y la carne.

Erradamente el hombre ha llegado a pensar que un pellejo sin vino puede durar, y es mentira, pero es lo que el hombre ve. Cuando por esas maravillas del tiempo al hardware humano se le conectó un cable por donde comulgar con otro ambiente, el hombre descubrió que no estaba solo; como una CPU rodeada de I/Os cuyo único destino es desgastarse irremisiblemente a pesar de todo el PM que le hagan. Pero a una CPU sola, sin vestido de ninguna especie, nadie la ve, estando viva está muerta, es pura pérdida. Es como un varón sin una hembra, es como un Xristo sin su iglesia, es como un dios sin su creación y sin hijos.

Leonardo Masina
Hola. Vicencio. Ya no me parezco tanto a esas fotos, pues después de años la carrocería no sigue siendo la misma, aunque el espíritu sí es el mismo, y eso es lo más importante. Además, doy gracias a Dios porque me sigue conservando una excelente memoria, y al leer y ver a todos estos amigos que se asoman al blog de Carlos siento como que el tiempo no hubiese pasado.

Muchísimos recuerdos y anécdotas han vuelto a mi mente, y eso me hace sentir joven, que es lo que más importa; la carrocería es lo de menos, lo importante es el motor. Sigo siendo como la 1130: los I/O, una mierda, pero la CPU una maravilla.

Vicencio Diaz
Ese cuento pasó para mi desapercibido a pesar de que fui testigo. Quien se encargó de ponerlo de manifiesto fue el mismo Antonio, quien debió ser impactado de tal manera que cada vez que se hablaba de Wing, contaba la historia.

En cuanto al porqué creo que era chino, es por aquello de callado, astuto y paciente. Fue mi compañero y creo que fui el motivo de su salida de IBM; no lo sé, pero espero que, según los comentarios que he escuchado, haya sido para su bien.

Por cierto, hablando de Antonio, luego de su retiro se instaló en Mérida, donde estar bien frente a “Las Cinco Águilas Blancas”, del otro lado del Albarregas, y me contaron, aunque no sé si fue un chiste, que, dentro de los límites amurallados de su casa, se puso a armar el velero de sus sueños. Me pregunto si terminó el velero y, en caso de que lo haya terminado, cómo lo bajó al lago, ¿por el Chama?

Yo sé que los técnicos que trabajaron en Maracaibo, allá por la década de los cincuenta, hacían cosas como desarmar las máquinas de la Shell, colocarlas en un camión y traerlas para Caracas, en un trayecto que a velocidad de burro tomaba casi una. Pienso que Antonio ha podido usar esa experiencia para bajar el velero, lo que doy como un hecho, pues, que yo sepa, todo lo que a ese hombre se le metió en la cabeza, lo logró. Creo que si aquel era chino, éste era andaluz.

CMP
En respuesta a Vicencio Diaz.

Vicencio, ¡te la comiste con este cuento de Parravano, Wing y la cadena de impresión!

Pero hay algo que me intriga, ¿cómo se te ocurre creer que Wing es chino? Smile

Vicencio Diaz
Simpática la foto, y así recuerdo a Leonardo. Espero que te sientas así.

De Régulo tengo muchos recuerdos. Cuando el cambio de frecuencia para la interconexión de las subestaciones nacionales con la red de EDC, él era técnico de CaFreCa.

De Wing Hung recuerdo muchas cosas, en particular mi primera TV a color, de 2X pulgadas, que fui a buscar a su casa. Callado, astuto, paciente. Creo que era chino.

De un curso de 2821 y 1403 que tomamos con Antonio Parravano recuerdo una anécdota que habla de esa sabiduría oriental que no tenemos. Armaba Antonio la cadena de impresión, con todo conocimiento y arte, cuando Wing le interrumpe:
—Sr. Antonio,…
—Espere un momento—, le contestó Antonio.
—Sr. Antonio—, insistió el chinito, con voz firme pero baja.
—Espere un momento—, le repitió Antonio.

El chino, paciente al fin, no siguió insistiendo y esperó el tiempo que le dijeron.

Terminada la operación del armado de la cadena, Antonio notó que no funcionaba bien como debía, y fue entonces cuando Wing Hung le mostró a Antonio una pieza, parte del ensamblaje, que Antonio no había usado.

Leonardo Masina
¡Correcto, José! Buena menoria; mejor que la mía.

CMP
En respuesta a José Padrón (El Técnico).

Gracias, José. Ya hice la corrección.

José Padrón (El Técnico)
Carlos, no es Wong, se trata de Wing Hung, quien ahora está en Margarita como comerciante.

Fue uno de los técnicos de la /360-50, y existen muuuchas anécdotas de su paso por IBM.

Lo vi hace un par de años; estuvimos conversando más de 4 horas y nos pareció un ratico.

CMP
En respuesta a Alexis González Viera.

Gracias, Alexis, por tan emotivo mensaje y tan buenos deseos hacia mí.

Hacer eso que alabas me resulta placentero precisamente por lo que dices: porque nos une, revive sentimientos por tiempo dormidos, y restablece relaciones que casi habíamos olvidado.

Lo que me motiva a hacerlo es lo que ya he escrito en el blog y que repito ahora aquí: «Hay hechos que, cuando hago retrospectiva, me producen una mezcla de desasosiego, amargura y frustración al caer en cuenta de que nunca más he sabido de las personas que en ellos pasaron fugazmente por mi existencia pero que, como si de objetos celestes lanzados a gran velocidad se tratara, me rozaron y desviaron mi trayectoria de forma drástica e irreversible. Me parece injusto el no contar con un medio que me permita volver a ver a esas personas, bien sea para darles las gracias o para hacerles saber cómo influyeron en el curso de mi vida».

Pues bien, éste del blog es el medio que he encontrado para hacer saber, agradecer y reunir.

Gracias de nuevo, y un abrazo.

Alexis González Viera
Realmente, Carlos, debo reconocer que esta labor que te has impuesto tú solo es de un gran significado para todos los que hemos formado parte de esta maravillosa familia de empleados de IBM de Venezuela.

Es posible que tú, a través de todo este mundo informático, seas el punto de unión de esa nuestra familia. Nos traes alegrías, tristezas, emociones,… en fin, todo lo que forma parte de nuestras vidas y, lo más importante, que mantiene vivos nuestros mejores momentos y nos hace saber que hay personas que hemos dejado de ver o frecuentar, y el ver sus fotos revive los sentimientos de cariño y amistad que están guardados en nuestros corazones.

Dios te dé siempre este espíritu de armonía y perseverancia y, sobre todo, mucha salud para mantener unida a esta gran familia.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Gracias, Loe. Ya lo corregí.

Me hubieras dicho “carajitos” y habríamos terminado antes. Smile

Leonardo Masina
Foto 13. El apellido correcto es Ragazzoni.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: La impresora IBM-632,… con elásticos / Sergio Stecca

23-10-10

Sergio Stecca

Antes de contar la anécdota que sigue se requiere de una breve descripción del equipo involucrado: una IBM-632 que, en su máxima configuración, estaba compuesta por estas tres unidades:

1) Lectora de tarjetas de 80 columnas

Aparentemente fue un cambio de ingeniería de la perforadora/verificadora de tarjetas de 80 columnas.

Esta máquina se programaba mediante una tarjeta perforada que se colocaba en un tambor y que circulaba en forma sincronizada con las tarjetas de datos que leía.

Entre otras cosas, el programa del tambor definía la ubicación de los campos a leer y el arranque o paso de control de la máquina de escribir o la perforadora de tarjetas.

2) Máquina de escribir IBM estándar

Contaba con un teclado auxiliar numérico, y se programaba mediante una cinta mylar, de plástico, que se desplazaba en orden inverso al carro de la máquina.

En tal cinta se hacían perforaciones que definían el comienzo de los campos, el tamaño y características de los mismos, los cálculos que se efectuaban entre las 8 memorias de 10 dígitos cada una, y que representaban la capacidad total de memoria de esta computadora. También había perforaciones que daban arranque a la lectora y a la perforadora.

3) Perforadora

(IBM-632)

Era una máquina de perforación o digitación de tarjetas de 80 columnas que, además, recibía instrucciones automáticas desde el programa de la impresora y la lectora, y también mediante una tarjeta perforada de programa que, al igual que la lectora, se colocaba en un tambor. Este programa definía el lugar de perforación de los datos, y las funciones de arranque de la lectora y de la máquina de escribir.

Vale la pena destacar que, aunque los programas de las tres máquinas estuvieran bien hechos, todas ellas podían trabarse si alguna no terminaba exitosamente alguna de sus funciones, o si alguno de los programas perdía la sincronización con otro. Obviamente, no existía compilador que permitiera averiguar la causa de la parada.

La anécdota

Fui a atender una llamada de un cliente que, si la memoria no me falla, se encontraba entre Maracay y Valencia, muy cerca de la autopista. Se trataba de una empresa que, entre otros subproductos, hacía papel toilette.

La llamada era porque hacía falta arreglar un programa que por algún motivo dejó de funcionar. Así que llegué con mi perforadora de cinta mylar, algunas cintas de repuesto, unos cuantos clips y una cajita de fósforos.

Estos dos últimos elementos tenían por objeto el reparar o tapar alguna perforación que erróneamente se le hubiera hecho a la cinta mylar. El procedimiento consistía en sacar desde la perforadora de cinta un pedacito de ella, resultado de perforaciones anteriores, ponerlo cuidadosamente en el huequito que se quería tapar, calentar el clip con un fósforo y, suavemente, derretir hasta fundir la cinta con el pedacito.

Este tipo de reparación estaba prohibida por el Departamento Técnico, y me costó algunas «conversaciones» con Csaba Barany, gerente técnico de AM (Accounting Machines) en ese tiempo.

Grande fue mi sorpresa al percatarme de que había un atado de ligas o elásticos que, por un lado, estaba amarrado al extremo derecho del carro de la impresora, y por el otro a un clavo que se encontraba en la pared más próxima.

Como ya expliqué, el sistema entero se trababa si alguna función no se completaba. En el caso que nos ocupa el carro era de 18 pulgadas; en su parte izquierda había una forma continua de facturas con varias copias, y en su parte derecha otro formulario continuo que era el diario de ventas. El programa debía escribir ambos formularios, a la maravillosa velocidad de 10 caracteres por segundo.

Hay que aclarar que en aquellas máquinas no se movía el cabezal de impresión sino el carro. El peso de los formularios continuos, colgando hasta su respetiva caja, impedía que el carro pudiera regresar adecuadamente cuando la máquina recibía la instrucción correspondiente, y lo que el atado de ligas hacía era colaborar con el espiral de acero flexible que la máquina tenía dentro para tal propósito y que, debido al peso de los formularios, ya tenía la máxima tensión posible.

El atado tendría unas 100 ligas de goma, y la tensión debía estar dentro de un cierto rango pues, de lo contrario, o el carro no regresaba al punto o, sencillamente, no avanzaba al escribir. Por tanto, la cinta mylar tampoco cumplía su función y, en consecuencia, las instrucciones de programa perdían la sincronización con las de las otras máquinas, y el sistema total se trancaba. Era como si en un trío musical dos de los músicos tocaran cumbia y al otro tocara joropo.

Como las ligas se iban estirando con el tiempo y, además, su tensión variaba con la temperatura, el operador tenía un atado de repuesto, pero como ajustarlo a diario le tomaba mucho tiempo, exigía una solución… inexistente.

Y aquí se me ocurrió la GRAN SOLUCIÓN: en lugar de agregar o eliminar ligas del atado, y hacer una gran cantidad de pruebas en las que se estropearían varias facturas, ¿por qué no colocar la Impresora más cerca o más lejos de la pared hasta lograr la tensión adecuada? Y así lo hice.

Aproximadamente un año después tuve que volver al mismo cliente para desarrollar un nuevo programa, y supe que el operador no había reclamado más por el problema técnico de la IBM-632 ya que éste había sido resuelto en forma exitosa y práctica.

Sergio Stecca Battistella