Era un catalán tan tacaño, pero tan tacaño, que se tomó una foto del cuello para abajo para que no le saliera cara.
Categoría: » HUMOR y LENGUA ESPAÑOLA
Capítulo que, como, su título indica, está dedicado al humor y a la lengua española.
[LE}– Epítome
15-12-12
A. de Miguel
Gabriel Ter-Sakarian señala que algunas personas se quedan muy satisfechas cuando dejan caer la palabra epítome como si fuera algo así como paradigma.
Quizá ignoran que se trata sólo de un añadido a un texto.
Añado que el epítome es más bien un texto resumido; es lo que ahora se llama «resumen ejecutivo». Se dice así porque los ejecutivos o directivos de empresas no leen textos de más de un par de páginas.
Fuente: Libertad Digital
[Hum}– Virgen hasta el matrimonio
Un muchacho, en su despedida de soltero, se emborrachó y perdió el control de tal manera que acabó casi fracturándose el pene con la puerta del baño. Los amigos lo llevaron de urgencia al hospital.
—Esto tiene mala pinta; hay que entablillar—, dijo el médico.
—Pero, ¿¡qué dice!? ¡Me caso mañana!—, replicó angustiado el novio.
—Usted decide: o entablillamos hoy, o amputamos pasado mañana—, contestó muy serio el médico.
—Bueno, si no hay más remedio, hágalo—, dijo, resignado, el muchacho.
Al día siguiente, llegada la noche de bodas, la pareja se fue a la cama, y ella le dice a él:
—Cariño, me mantuve virgen para ti hasta este momento.
A lo que él replicó:
—Pues mira: ¡está sin desembalar!
[LE}– ‘Vir bonus dicendi peritus’, ¡si Catón levantara cabeza!
2012-12-22
A. de Miguel
Me permito el titular con un famoso latinajo, por ser una maravilla de concisión. Es así como define Catón el Viejo la figura del hombre público: «Un hombre honrado diestro en el arte de hablar en público».
El hombre público de su tiempo era sobre todo el orador del foro; hoy lo sería el político o el sindicalista delante de una cámara de televisión o un micrófono. Si Catón levantara la cabeza se quedaría patidifuso.
Los ratios
El otro día, en una tertulia política de la televisión, un representante del Partido Socialista, encargado de los asuntos culturales, repitió con insistencia lo de «los ratios». Lo siento, compañero. Debe decirse «las ratios», y, mejor todavía, «las proporciones, los índices, las razones, los cocientes».
Los currículums
En otra tertulia un alto cargo del Ministerio de Educación repitió también lo de «los currículums». Con lo fácil que hubiera sido decir «los currículos» o «los currículum».
No sé cómo vamos a adiestrar a los mozalbetes si las autoridades educativas hablan tan mal.
Presuntamente inocente
Más grave fue la afirmación del oscense Josep Antoni Duran i Lleida (de soltero, José Antonio Durán y Lérida) cuando se refirió al diputado Santiago Cervera como «presuntamente inocente».
Esa calificación la he oído más veces en algunas tertulias; no es lógica. A ver si nos aclaramos.
La inocencia no se puede presumir porque no se puede probar. En los litigios penales, el encausado es declarado culpable o no culpable. Si se dice «inocente» se está falseando la lógica. Antes de la sentencia, los jueces, fiscales y abogados presumen que el acusado no es culpable.
Sólo así puede haber un juicio justo. Lo malo es que en la práctica a ese ejercicio se le llama «presunción de inocencia»; mal dicho. Por otro lado, esa presunción debe obligar sólo a los jueces, fiscales y abogados que intervienen en el proceso judicial. Los demás podemos opinar lo que nos dé la gana.
Finalidad que no tiene una finalidad
Tampoco es que los jueces sean claros en sus declaraciones. Hace poco, Joaquín Bosch, de la asociación Jueces para la Democracia, espetó ante el micrófono de la tele: «La finalidad de las reformas no tiene una finalidad…». En ese momento zapeé de canal.
Muy exhaustivo
Ya no me acuerdo quién dijo el otro día en la radio (era una autoridad) que no sé qué informe era «muy exhaustivo». Supongo que cabe la posibilidad de que hubiera sido poco exhaustivo o incluso nada exhaustivo.
Parámetros
Lo que me pone realmente enfermo es lo de los «parámetros».
Se trata de una figura matemática muy precisa, normalmente una constante que puede recibir distintos valores. Pero en boca de nuestros hombres públicos (y mujeres públicas, claro) puede equivaler a un abanico de significados: circunstancias, consideraciones, datos, mediciones, factores, etc.
Lo que pasa es que queda uno bien ante ese palabro. Es un ejemplo de lo que el otro día llamábamos aquí hipersemia o semiorrea. Es decir, significa tantas cosas distintas que acaba por no querer decir nada.
Cabrear
Hay un verbo coloquial muy expresivo que es cabrear, algo así como enfadar o poner de mal humor en grado superlativo. Lo curioso es que algunos remilgados añaden «perdón por el término».
No sé por qué hay que pedir perdón, pues no es una palabra malsonante; no se vincula a ninguna raíz de tipo sexual o escatológico. Aún así, si a usted le sigue sonando mal, diga «encocorar», que resulta más fino. Equivale al gesto de levantar el dedo meñique cuando se lleva uno a la boca una taza de café.
Varios
De la tradición romana nos queda la costumbre de introducir en el lenguaje de los hombres públicos multitud de términos jurídicos. Vayan éstos por delante para hacer boca: «Habida cuenta«, «de obligado cumplimiento«, «sin que sirva de precedente«, «considerando«. Puede que también sea una muletilla del foro esa de «dicho lo cual«, que con tanto cariño han acogido los tertulianos.
Fuente: Libertad Digital
Fuente: Libertad Digital
[Hum}– Propio de Argentina

[LE}– Melifluos eufemismos
18-12-12
Amando de Miguel
El eufemismo, en principio, es una buena cosa. Muchas palabras se alojan a lo largo de un continuo que va desde lo ponderativo o agradable a lo antipático o insultante.
Bien está evitar caer en ese polo de lo que pueda molestar al interlocutor, pero también se puede caer en el escrúpulo, en la hipocresía. De ahí los falsos eufemismos, los que no se emiten por cortesía sino por un estúpido temor a los tabúes.
Es algo muy común en la jerga de los hombres públicos, pero contagia a toda la población. Ahora ya no se debe decir «sexo» como principio clasificatorio para las personas, sino «género». Vaya por Dios; por cierto, Dios es masculino.
Ángel Javier se queja de que a los ciegos se les llame «invidentes». Tiene razón. La palabra ciego (= no ve con los ojos) es la correcta. Los ciegos pueden percibir muy bien la realidad a través de los otros sentidos.
Estamos ante el insoluble problema de cómo llamar a los que son diferentes del común por razones físicas. A muchos de ellos antes los llamaban genéricamente «inválidos» o, peor, «subnormales».
Todos los meses me reúno con un simpático grupo de personas afectadas en la médula ósea, de tal modo que tienen que trasladarse en silla de ruedas. Oficialmente son discapacitados, pero la verdad es que su diferencia hace que sean especialmente capaces. Después de todo, a mi edad uno se ve incapacitado para muchas tareas.
Uno de los indicadores más precisos para detectar el grado de civilización de una persona, o de un conjunto de ellas, es su capacidad para admitir diferencias en otras personas. La falta de esa sensibilidad es lo que llamamos prejuicio. Todos los tenemos, pero hay que ir eliminándolos.
Respecto a la tonta expresión de «asumir responsabilidades», don José María Navia-Osorio propone que digamos «asumir irresponsabilidades», que es lo que quiere decir.
A lo que iba. Enuncio simplemente algunos títulos de los cursos para funcionarios que dan en Asturias. Los llaman genéricamente «itinerarios formativos». Hay un «Curso básico de género» y otro, de especialización, sobre la «Construcción histórica del feminismo». Uno más técnico se llama «Dominio de ofimática», con una especialidad en «Alfabetización digital».
Me interesa mucho el «Manual de estilo sobre lenguaje no sexista», que desemboca en el curso de «Ortotipografía en la elaboración de escritos» y en el «Itinerario de comunicación en otras lenguas». Siempre es interesante que un funcionario en el exterior pueda decir en inglés que su sastre es rico.
Por último, el doctorado se alcanza con el curso sobre «Dominio sobre la Unión Europea». Me gustaría saber quién paga todo eso y qué piensan los alumnos de ese adoctrinamiento y del consiguiente baile de eufemismos. ¿Se repite la fórmula en todas las regiones? ¿Seré yo muy sexista? ¿Por qué mi sastre no es rico? Demasiadas preguntas.
Fuente: Libertad Digital
[Hum}– Cuestión fonética
A una farmacia de Londres entró un argentino y dijo:
—¿Hay ampoyas?
—Good morning, Mr. Poyas.
[LE}– ‘Recaer en una enfermedad’, no ‘recaer de una enfermedad’
19-12-12
El verbo recaer con el significado de ‘volver a caer, especialmente en una enfermedad o en un vicio’, se construye con la preposición <en>, tal como indican el Diccionario Panhispánico de Dudas, y el Diccionario del Español Actual, de Seco, Andrés y Ramos.
Sin embargo, en las informaciones sobre la enfermedad del entrenador del F. C. Barcelona, Tito Vilanova, se pueden ver frases en las que este verbo se construye inapropiadamente con la preposición de:
- «Tito Vilanova recae de su enfermedad»,
- «Tito Vilanova sufre una recaída del cáncer que le afectó hace un año»,
frases en las que lo adecuado habría sido emplear <en>.
Fuente: Fundéu
