[Hum}– Conversación de pareja en España

El marido le dice a su mujer:

—¿Jugamos a los médicos?

La mujer le contesta:

—Pero, ¿de la Seguridad Social o del privado?

El marido, sorprendido, pregunta a su vez:

—¿Y cuál es la diferencia?

A lo que su mujer responde:

—Si es de la Seguridad Social te doy cita para dentro de un año; si es por lo privado, son 300 euros. 

Cortesía de Natividad Recio

[LE}– ‘En sí mismo’, concordancia

22/01/2013

El adjetivo mismo, en la expresión en sí mismo/-a, concuerda en género y número con aquello a lo que hace referencia: «Las alternativas son insuficientes en sí mismas».

Sin embargo, muchas veces en los medios de comunicación aparece mismo como si fuera invariable:

  • «La declaración, en sí mismo, no resultó ser una clara acusación» o
  • «Las subidas de impuestos suponen en sí mismo una declaración de intenciones».

Dado que lo apropiado es establecer la concordancia, lo adecuado en los ejemplos anteriores habría sido escribir

  • «La declaración, en sí misma, no resultó ser una clara acusación» y
  • «Las subidas de impuestos suponen en sí mismas una declaración de intenciones».

Fuente: Fundéu

[Hum}– Beer vs. face cream

A husband and wife are shopping in their local supermarket. The husband picks up a case of Budweiser and puts it in their cart.

—What do you think you’re doing?—, asks the wife.

—They’re on sale, only $10 for 24 cans—, he replies.

—Put them back, we can’t afford them—, demands the wife.

And so they carry on shopping.

A few aisles further on along the woman picks up a $20 jar of face cream and puts it in the basket.

—What do you think you’re doing?—, asks the husband.

—It’s my face cream. It makes me look beautiful—, replies the wife.

Her husband retorts:

—So does 24 cans of Budweiser and it’s half the price.

Courtesy of Robert Meehan

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: El fin justifica los medios

10 enero 2013

Es habitual escuchar decir que «el fin justifica los medios».

Se usa cuando alguien ha conseguido algo por algún método no del todo ético, pero que el hecho de realizarlo de aquel modo ha valido la pena por el resultado conseguido; y se aplica, sobre todo, en el terreno de la política y los negocios especulativos.

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Muchos son los que erróneamente han atribuido esta frase al escritor, y relevante personaje de la Italia renacentista, Nicolás Maquiavelo, quien defendió a través de su obra literaria la manera más amoral y déspota de hacer política.

Incluso existen fuentes que indican que fue el propio Napoleón Bonaparte quien la dijo tras la lectura de ‘El Príncipe’, escrito por Maquiavelo.

En realidad, la famosa cita fue extraída del texto en latín Medulla theologiae moralis (1645) cuyo autor es el teólogo alemán Hermmann Busenbaum.

La frase que se encuentra en dicho texto, dice literalmente: Cum finis est licitus, etiam media sunt licita (Cuando el fin es lícito, también lo son los medios).

Fuentes: books.google y Wikimedia commons

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: El famoso saludo ‘Ciao’ (chao)

12/10/12

En un contexto informal, esta popular palabra —conocida y usada en muchos países, aunque en ellos no se hable italiano— se puede utilizar indistintamente tanto para decir “hola” como “adiós”.

De ella deriva la versión en español “chao” —que es como se pronuncia la voz italiana ciao—, y que en nuestro caso suele limitarse a las despedidas.

Muchos son los países de Latinoamérica que en los que, para despedirse, se utiliza esta palabra pronunciándola “chau”, lo que la hace aún más informal.

Entre las variantes de la palabra ciao que se usan en otros países, podemos encontrar que los alemanes dicen tschüß/tschau, los portugueses tchau, o lo checos ?au (pronunciado ‘chau’).

Entre los de habla inglesa alcanzó una gran popularidad a raíz del libro “Adiós a las armas”, de Ernest Hemingway, publicado en 1929, en el que el famoso escritor la utilizó debido a que la historia transcurre en el noroeste de Italia.

Pero, ¿cuál su origen?

Hay que retroceder unos cuantos siglos e irnos directamente al dialecto véneto, en el que s’ciavo (que pasó a ser s’ciao y finalmente ciao) significaba esclavo (en italiano schiavo) y era utilizado por los esclavos para dirigirse a sus señores con el significado de “soy su esclavo”, “servidor suyo”, o “a sus órdenes”.

Otra variante, sin embargo, explica que no puede atribuirse directamente a los esclavos pero sí a las personas que pretendían expresar una posición de inferioridad respecto a su interlocutor, mediante esta fórmula “schiavo vostro” también bastante utilizada en español en su símil “para servirle”, “servidor de usted” o “a su servicio”.

Fuente: 20 Minutos

Cortesía de Leo Masina

[LE}– El plural de ‘Tour’ es ‘Tours’

17/01/2013

El término Tour, que da nombre a la gran prueba ciclista francesa, se escribe con inicial mayúscula por tratarse de un nombre propio, y admite la forma plural añadiendo una ese final (los Tours), tal y como se indica en el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Sin embargo, en los medios de comunicación existe vacilación en la escritura de este nombre cuando se alude a varias ediciones de la prueba:

  • «Armstrong fue desposeído en 2012 de sus siete Tour» o
  • «Lance Armstrong confiesa en la entrevista con Oprah Winfrey que se dopó para ganar sus siete Tour de Francia».

Lo apropiado en estos casos habría sido escribir

  • «Armstrong fue desposeído en 2012 de sus siete Tours» o
  • «Lance Armstrong confiesa en la entrevista con Oprah Winfrey que se dopó para ganar sus siete Tours de Francia».

Fuente: Fundéu

[LE}– ‘Masticar’ y ‘mascar’. Diferencia

16/01/2013

Los verbos masticar y mascar, aunque de significados similares, no son sinónimos absolutos.

En efecto, el Diccionario Académico define masticar como ‘triturar la comida con los dientes u otros órganos bucales análogos’, y mascar como ‘partir y triturar con la dentadura’; es decir, que se mastica comida —como paso previo a tragarla—, pero se masca algo, no necesariamente comida (hojas de tabaco, chicle o coca), ‘por el placer en sí de extraer su jugo o sabor’, tal como señala el diccionario Vox.

Por tanto, aunque no se pueda decir que masticado de hojas de coca sea incorrecto, se recomienda escribir mascado, como en el siguiente ejemplo:

«Bolivia propone que la ONU permita el tradicional mascado de hojas de coca».

Fuente: Fundéu

[LE}– Elogio de la polisemia

2013-01-14

A. de Miguel

Algunas personas simples se quejan de que las palabras tengan varios significados, lo que supone una posible confusión en el proceso comunicativo.

La queja me parece infundada. Lejos de eso, la polisemia es una facultad estupenda para poder expresar todos los resortes del ánimo con el mínimo gasto. Si cada palabra tuviera un solo significado necesitaríamos millones de ellas para poder hablar o escribir.

No sólo eso. La identidad de cada palabra con un solo significado haría muy difícil la ironía, el humor, la gracia de la conversación y de los textos literarios. Así pues, bienvenida sea la posible confusión si nos permite más libertad y autenticidad.

La polisemia obedece también a que la lengua no se ha hecho de una vez; es una estructura en forma de estratos, según vayan siendo las aportaciones de uno u otro origen.

Hay muchos ejemplos en los que asoma la confusión. La voz versátil significa dos cosas casi contrarias:

a) caprichoso, inconstante

b) ágil de mente, adaptable.

La primera es más castiza; la segunda es una importación del inglés.

Otro ejemplo: deleznable. El primer significado es que se disgrega fácilmente, aplicado a una materia física; el segundo es tanto como vituperable, despreciable. El azúcar puede ser deleznable en los dos sentidos para un diabético.

José Cuevas aporta un asturianismo muy curioso: fañagüetu. Su primer significado es ‘coño’ (parte externa del aparato genital femenino). Pero también puede indicar una persona sin formalidad ni sentido, un niño mal vestido, y hasta la mazorca destinada a la comida del ganado.

No se entiende muy bien por qué algo tan valioso y apetecible asimila los otros dos sentidos despreciativos. En Chile la palabra ‘coño’ es una especie de gentilicio festivo para nombrar a los españoles. La razón es que en ellos la exclamación «¡coño!» es casi un signo de identidad de los españoles.

Pero la polisemia no ha hecho más que empezar, sobre todo si tenemos en cuenta los derivados: coñazo, coñón, coña, coñi y algunos más. No parece que éstos tengan mucha relación con el aparato genital femenino, así que van a tener razón los chilenos.

Los españoles podemos expresar muchos estados de ánimo con la dichosa palabra. En la mayor parte de los casos ha perdido la referencia a la sexualidad. El equivalente masculino ‘carajo’ no tiene tanta utilidad expresiva, aunque admita algunos ñoñismos como ‘caramba’, ‘cáspita’, ‘caray’, ‘caracoles’, entre otros. Son también exclamaciones de asombro, curiosidad o enfado, que equivalen a las de la interjección ‘¡coño!’.

La utilización de palabras en principio soeces se hace para llamar la atención, para dar al lenguaje una intención de firmeza.

En la antigua Grecia se utilizaba el juramento con esa misma intención. En nuestro pasado se trataba de palabras reservadas a los adultos varones y en circunstancias de cierta familiaridad. Las mujeres y los niños o mozalbetes podían acudir a los ñoñismos equivalentes.

Hoy se ha erosionado mucho ese tabú. Realmente ya no quedan palabras prohibidas. No sé si será una ventaja o un inconveniente para la comunicación y las relaciones personales. Lo que sí sé es que el repertorio de palabrotas en español es mucho más variado que en inglés. Es algo que se nota perfectamente en las películas con subtítulos.

Fuente: Libertad Digital