[LE}– ‘Adenda’, no ‘addenda’ ni ‘addendum’

24/12/2013

El término adenda, que alude a un añadido que se hace al final de un texto, se escribe sin duplicar ninguna d, pues es un término ya adaptado al español a partir de la voz latina addenda, forma que desaconseja la Ortografía Académica.

En las noticias se puede ver escrita esta palabra de modo inapropiado, como en los siguientes ejemplos:

  • «Se aprobó en la sesión plenaria la addenda al convenio» o
  • «El referido acuerdo ha sido objeto de modificaciones y addendas posteriores».

Tal como señala la Ortografía Académica, el sistema gráfico del español rechaza la duplicación de consonantes, por lo que en los préstamos de voces extranjeras se simplifican: brócoli, túnel, chóped, rali, dosier, etc. Éste es también el caso de adenda, por lo que en los ejemplos anteriores habría sido preferible haber escrito

  • «Se aprobó en la sesión plenaria la adenda al convenio» o
  • «El referido acuerdo ha sido objeto de modificaciones y adendas posteriores».

Al igual que ocurre con otras palabras de la lengua especializada, como bacteria, el vocablo adenda se ha incorporado al español con significación singular aunque en su origen latino sea plural, por lo que no hay necesidad de introducir la variante addendum, que probablemente se usa por influencia del inglés.

El plural de adenda es adendas.

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[Hum}– La triple boda

En aquellos tiempos —que hoy parecen prehistóricos y propios de ciencia-ficción— en que era norma que las mujeres llegaran vírgenes al matrimonio, tres jóvenes que vivían en una misma ciudad, que habían crecido juntos y eran amigos de toda su vida, se echaron novia, y las tres parejas llegaron a ser muy amigas.

Luego de un tiempo prudente de noviazgo, decidieron casarse y, como un reconocimiento a su larga amistad, los tres amigos acordaron que los tres matrimonios se celebrarían en la misma ceremonia, y la noche de bodas sería en el mejor hotel de la ciudad.

Una vez obtenida la aprobación de las novias, los tres amigos añadieron al acuerdo un punto más: a la mañana siguiente a la noche de bodas, los tres se reunirían en el bar del hotel para contarse sus experiencias.

Y así lo hicieron.

Pedro, el primero en llegar al bar, fue el más extrovertido de los tres, y, una vez que llegaron los otros dos, tomó la palabra y dijo:

—¡Soy un paciente artista! Como ustedes saben, Olga, mi ahora mujer, es muy tímida, así que no había forma de que se entregara. Que si tenía miedo, que si le daba vergüenza,… Con mucha paciencia, cariños y palabras suaves logré que se dejara hacer, y al fin lo hicimos cuando ya había amanecido. Luego ella, avergonzada, no quiso ni mirarme, se tapó hasta la coronilla con las sábanas y no dijo palabra, así que aproveché para bar al bar.

Pepe, el segundo dijo:

—Pues Remedios es también tímida, pero anoche sacó a relucir una característica que yo no le conocía: lo pragmática. Después de un rato de pretextos y evasivas, me miró y dijo: «Como esto hay que hacerlo tarde o temprano, cuando antes, mejor». Y lo hicimos.

Le tocaba el turno a Paco, pero éste permaneció en silencio y con la mirada fija en la taza de café. Después de unos minutos de silencio, Pedro le dijo:

—¿Qué pasó, Paco? ¿Metiste la pata?

—No—, contestó compungido Paco —, ¡pero cabía!

[LE}– 16 hermosas palabras del castellano que están en peligro de extinción

19/12/2013

El idioma es un organismo vivo que se encuentra en una situación constante de cambio y movimiento.

Gracias a esa enorme flexibilidad, el español es capaz de adaptarse rápidamente a los cambios que la sociedad impone en su uso. Esta característica, por desgracia, posee también una parte negativa, pues las palabras que caen en el desuso corren el riesgo de desaparecer con una rapidez cada vez mayor.

Por eso, cientos de sustantivos que eran de uso común hace apenas medio siglo, hoy se encuentran al borde de la desaparición.

Quizás con la intención de evitar que corran esa suerte, en «Yorokobu», web ganadora del Premio Especial del Jurado en los Bitácoras 2011, han elaborado una lista con 16 vocablos extraídos del libro “Palabras moribundas”, escrito por Pilar G. Mouton y Álex Grijelmo, que corren serio riesgo de extinción.

1.- Archiperres

Esta definición de trasto, cosa inútil, se emplea en la zona de Burgos y es frecuente en la zona de la Rioja Alavesa, mientras que la variante “achiperris” es más bien madrileña.

En Navalcán (Toledo), en cambio, se usa para referirse a los collares, pulseras y demás abalorios de alguien que va muy sobrecargado.

2.- Aviador

La definición de esta palabra —«Dícese de la persona que gobierna un aparato de aviación o que va en él»— ha cambiado muy poco desde su inclusión en el diccionario en 1914.

Posiblemente por, ello al escucharla, prácticamente todo el mundo piensa en un pionero con gafas de mosca, gorro y sus orejeras. Nada que ver con el mundo de la aviación en la actualidad.

3.- Cuchipanda

La RAE describe esta palabra como “comida que toman juntas y regocijadamente varias personas”.

El tono arcaico de esta definición deriva del hecho de que no ha cambiado desde que se introdujo en el diccionario, en 1884.

4.- Dandi

Aunque ésta designa a un «hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono», a diferencia de lo que ocurría a mitad del siglo XX, prácticamente nadie la emplea ya en la vida diaria.

Quizá el hecho de que su definición haya cambiado varias veces desde su inclusión en el Diccionario en 1950, tenga algo que ver con ello.

5.- Dulcería

Esta palabra que designa al “establecimiento donde los confiteros hacen y venden los dulces, y que a veces es también salón de té” es aún muy usada en Canarias y América.

En la península, en cambio, se ha sustituido por pastelería o confitería.

6.- Ganapán

Este término, de etimología transparente, significa “Hombre que se gana la vida llevando recados o transportando bultos de un punto a otro”.

7.- Lechería

Esta palabra se utilizaba cuando aún se compraba leche del día, en botella de cristal y se devolvía el casco.

El término se fue borrando a la vez que desaparecían los establecimientos a los que daba nombre.

8.- Niqui

El origen de este vocablo que da nombre a una prenda de punto se encuentra en el alemán. En España entró con una película de Nicholas Ray “Llamar a cualquier puerta”. En ella aparecía un niño llamado Nicky que vestía siempre una camiseta.

A diferencia de lo que ocurrió con Alfred Hitchcock y su “Rebeca”, la moda no cuajó y la palabra ha tenido una vida muy corta en los diccionarios de español.

9.- Pardiez

De amplio uso en el Siglo de Oro, este término hunde sus raíces en la expresión “Par Dios” y la fórmula de juramento “lo juro por Dios”, a las que se cambiaron la “s” por una “z” para evitar decir el nombre de Dios en vano.

En la actualidad su uso es prácticamente nulo.

10.- Parvulito

A pesar de que el DRAE da varios sentidos a esta palabra —”Dicho de un niño: De muy corta edad”, “Inocente, que sabe poco o es fácil de engañar”—, tal vez los que comenzaron sus estudios preescolares a finales de los años 70 o comienzos de los 80 hayan sido los últimos en utilizarla de forma habitual.

“Descocado”, “enagua”, “fetén”, “gallofero”, “pololos” o ”zorrocloco” son las otras palabras condenadas a desaparecer de los diccionarios que completan la curiosa lista elaborada por “Yorokobu”.

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[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Jalabolas

Diciembre 16, 2013

Si bien la mayor parte de los venezolanos utilizan esa expresión en un tono ligeramente ofensivo, su origen puede sorprender a más de uno, ya que en nada tiene relación con el significado que se le da en la actualidad.

Aunque la expresión no es un insulto ni una grosería, el venezolano suele utilizarla como un adjetivo peyorativo hacia otra persona, pues su significado puede indicar que una persona hace demasiados favores y es muy complaciente con otra, a veces sin ninguna retribución, y se utiliza como expresión vulgar de adular, halagar exageradamente a alguien o intentar persuadirlo de forma zalamera o insistente.

Pero ¿cuál es su origen?

El “jalabola” es quien ejecuta la acción. Contrario a lo que se cree, no tiene nada que ver con halar testículos, cosa que sería dolorosa.

Su origen data de las viejas cárceles venezolanas donde los presos usaban grilletes. Aquéllos con mayor poder económico o influencia tenían a su “jalabolas” particular que les ayudaba a cargar o arrimar las pesadas bolas de hierro que tenían aferradas a sus tobillos con cadenas.

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Cortesía de Ana María Padrón

[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Testificar

20-07-12

El origen de la palabra testificar es ciertamente confuso, ya que hay varias versiones y en ninguna hay acuerdo entre las respectivas fuentes.

Por un lado (y parece la más fiable) está la que dice que la palabra testificar proviene de testigo y ésta, a su vez, viene del antiguo ibero testiguar, el cual viene del latín testificare.

A su vez, testificare está compuesto de testis (testigo) y facere (hacer). No se sabe por qué el ibero no tomó testigo directamente de testis.

Por otro lado, testículo viene de testiculus compuesto de testis (testigo) y el sufijo culus que es usado para como diminutivo. Así que los testículos son los “pequeños testigos”.

Hablando de estos “pequeños testigos” otra versión del testificar dice que su procedencia corresponde a que, a falta de Biblia, los romanos juraban decir la verdad apretándose los testículos con la mano derecha, y que de esta costumbre romana procede la palabra testificar.

Y para rizar más el rizo una tercera vía de investigación indica que, después de cada Cónclave, cuando ya se había elegido al cardenal que sería investido como Papa, antes de que éste fuese nombrado definitivamente era sometido a una prueba, realizada por otro cardenal, que había pertenecido también al Cónclave, y que era nombrado para tal.

Esta prueba consistía en que éste último debía tocarle los genitales al futuro Papa, con la mano, para asegurarse y testificar luego a los demás que éste era masculino, evitando así el fraude de haber sido elegida una mujer, que se haría pasar por hombre.

Cortesía de Leonardo Masina

[Hum}– Todo es relativo

Al final de la tarde, un ginecólogo esperaba a su última paciente, que no llegó. Después de media hora de espera, supuso que ya no vendría y decidió tomarse un gin-tonic para relajarse antes de volver a casa.

Se instaló confortablemente en una poltrona, empezó a leer un periódico y, de pronto, sonó el timbre de la puerta: era la paciente que llega, toda sofocada, y pidió disculpas por el retraso.

—No tiene importancia—, le dijo el médico—. Yo estaba tomando un gin-tonic mientras la esperaba. ¿Quiere usted uno para relajarse un poco?

—Acepto con gusto—, respondió la paciente, aliviada.

El médico le sirvió el trago, se sentó frente a ella y comenzaron a conversar sobre temas banales.

De repente se oyó un ruido de llaves en la puerta del consultorio. El médico, sobresaltado, se levantó bruscamente y exclamó:

—¡Mi mujeeeeer! ¡Rápido, quítese la ropa y abra las piernas!

Moraleja: Einstein tenía razón: en la vida ¡todo es relativo!

[LE}– ‘Prosumidor’ en español, mejor que ‘prosumer’

13/12/2013

Prosumidor es un término bien formado en español a partir de productor (o profesional o proveedor) y consumidor, y que puede sustituir al anglicismo prosumer.

En economía se denomina prosumidor a quien consume un producto o servicio, pero que, además, participa en su producción, usualmente por tener un conocimiento de nivel especializado acerca de él, exigiendo además altos niveles de calidad.

Aunque la palabra aún no está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, está bien formada en español, tal como otras creadas mediante el mismo procedimiento de acronimia: docudrama (de documental y drama), ofimática (de oficina e informática), etc.

Por tanto, se recomienda emplear prosumidor en lugar del anglicismo prosumer en frases como

  • «Un adelanto de ello es que los jóvenes hoy son “prosumers”»,

donde lo adecuado hubiera sido:

  • «Un adelanto de ello es que los jóvenes hoy son prosumidores».

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