[Hum}– Clases de inglés en Venezuela

Por orden del gobierno, el Ministerio de Educación monta, en pleno barrio de Petare, una academia de inglés*. El primer día, el profesor, no sabiendo por dónde comenzar, se arma de valor y, sin más, dice:

—Good morning, pupils.

Los alumnos responden:

—Good morning, teacher.

El profesor piensa que, o está muy equivocado o aquellos alumnos no tienen un conocimiento de inglés tan básico como le dijeron en el Ministerio, y prosigue:

—The numbers are: one, two, three, four, five ….

Y repara entonces en una niñita que, masticando chicle como una chiva y arreglándose el pelo, no le está prestando atención alguna. El profesor se para frente a ella y le dice:

—Excuse me, are you learning?

La niñita responde:

—I am Yuleizi. YULERNING is behind me.

(*) Es sólo ficción, por supuesto

[LE}– El Diccionario nunca insulta

03 DIC 2014

Berna González Harbour

Hay quien usa las palabras, y hay quien, además, las destripa, las estudia, analiza sus constantes vitales y sella el diagnóstico que marcará su destino: viva, muerta o en desuso.

Lexicógrafos y académicos trabajan en los talleres del idioma buscando el aliento de antiguas palabras que nadie quiere jubilar si las usó Cervantes, por ejemplo, y escrutando, como a adolescentes, en falta términos ahora ya instalados, como birra o como blaugrana.

Y esa misión cumplida, ese nuevo Diccionario de la Lengua Española en el que han participado las 22 academias de la lengua española, se presentó este martes en la Feria del Libro de Guadalajara con dos mensajes de bandera:

  1. Es el mayor esfuerzo por mantener en vigor un español común compartido por 500 millones de hablantes; y
  2. La corrección política no es lo suyo.

“Ortega y Gasset ya dijo que el autor de un diccionario es el único que cuando escribe una palabra no la dice. Cuando el diccionario registra una palabra insultante no insulta —declaró Pedro Álvarez de Miranda, miembro de la Real Academia Española (RAE) y director de la vigésimo tercera edición de la obra—. Las palabras en el Diccionario no están dichas, sino pinchadas en una vitrina como la de un entomólogo”.

Palabras delicadas que pueden afectar a colectivos, etnias, minusvalías o enfermedades suscitan siempre protestas. Y el académico relató cómo algunas acepciones de gitano, judío o del cáncer generan cartas y debate.

Algunas sirven para modificar construcciones erróneas como la que definía sordomudo. “Podemos declarar una acepción en desuso, pero no podemos eliminarlas, por eso pedimos la comprensión de todos”, aseguró.

Juan Luis Cebrián, académico desde hace 17 años, se definió como “un soldado entre generales” y narró las discusiones “aceradas y atribuladas” que celebran los académicos antes de tomar las decisiones más controvertidas, tanto para eliminar como para incorporar un término.

“La palabra globalización nos llevó más de tres meses, y en esas discusiones Mario Vargas Llosa participó muy activamente. La influencia de Carlos Fuentes, por ejemplo, fue clave a la hora de establecer la palabra gobernanza y no gobernabilidad como término preferido”.

Cebrián recordó la definición que Roa Bastos hacía de diccionario como “un osario de palabras vacías” y defendió cómo, sin embargo, está cambiando gracias en buena parte al trabajo conjunto con las academias del español en todo el mundo, cuyo papel sólo debe ser creciente en una realidad que deja a los españoles en minoría frente a los mexicanos o los hispanohablantes de Estados Unidos, que en 2050 o 2060 superarán a los de México:

“Ha cambiado y debe cambiar todavía más, porque es un libro que lleva 300 años elaborándose por muchos autores, y los principales autores son los hablantes que van contribuyendo con su uso”.

La mesa de debate que sirvió de presentación al nuevo Diccionario fue un foro de anécdotas y ejemplos de cómo ese espíritu de lo políticamente correcto presiona a los académicos casi tanto como los neologismos que empujan y se abren paso gracias al nuevo universo digital.

Cebrián, por ejemplo, relató cómo hace años el término antofagasta como equivalente a “pesado” desató protestas de los vecinos de esta ciudad chilena, o cómo las definiciones de enfermeros, por ejemplo, suscitaron reacciones de los colegios profesionales afectados por las consecuencias legales que adquieren las acepciones en el diccionario.

La definición de enfermero aludía a su trabajo “bajo la vigilancia de los médicos” y el cruce de discusiones desembocó en la matización: “siguiendo pautas clínicas”.

Presiones, análisis meticulosos y convivencia de esos 500 millones de hispanohablantes marcaron así el debate de la mesa y de las academias. Porque, como dijo el director de la RAE, José Manuel Blecua, “El Diccionario se mueve entre la innovación y la renovación”.

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[LE}– ‘Lo más completos posible’, no ‘lo más completos posibles’

02/12/2014

El término posible se mantiene invariable en las construcciones lo más/lo menos + adjetivo + posible, aunque el adjetivo esté en plural.

Así, se dice lo más completos posible, y no lo más completos posibles.

En los medios de comunicación se ven con frecuencia frases como

  • «Enviaremos informes lo más completos posibles»,
  • «Pedimos que sean lo más explícitos posibles»,
  • «Su misión es que los fondos queden lo menos afectados posibles» o
  • «Las medidas serán lo menos traumáticas posibles».

El Diccionario Panhispánico de Dudas explica que, cuando este tipo de expresiones comienza por lo, la palabra posible ha de permanecer invariable: «Hicieron casas lo más baratas posible».

Por el contrario, si lo que aparece antes de más o menos es un sustantivo en plural, sin lo, se empleará posibles: «Hicieron las casas más baratas posibles», como señala la misma obra académica.

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «Enviaremos informes lo más completos posible»,
  • «Pedimos que sean lo más explícitos posible»,
  • «Su misión es que los fondos queden lo menos afectados posible» o
  • «Las medidas serán lo menos traumáticas posible».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Estar en la luna de Valencia

19-08-14

Aunque hay diversas versiones sobre su origen, la que tiene más posibilidades de ser real es la que lo vincula con las antiguas murallas de la ciudad, cuyas puertas cerraban al caer la noche.

Aquellos rezagados que llegaban tras el cierre no podían pasar al interior y, por lo tanto, no tenían posibilidad de ir a dormir a sus casas. Debían pasar el resto de la noche al raso, a la luna de Valencia.

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