[LE}– 33 palabras en español que los más de los extranjeros son incapaces de pronunciar

11 ENE 2017

Teresa Morales García

A ningún hispanohablante se nos ocurriría pensar que la palabra «despotricar» podría acarrear grandes dificultades en su pronunciación.

Aunque hay que reconocer que tampoco es de las más sencillas, pues esa sílaba –tri precedida de po– casi la convierte en un trabalenguas.

Sin embargo, para un japonés podría ser una trampa mortal. “En general, los japoneses suelen apoyar el sonido de una consonante con una vocal, aunque sea incluso en una combinación de dos consonantes, o una consonante al final de palabra. Por ejemplo, ‘carta’ la pronunciarían como caruta; ‘mesas’ como mesasu; ‘abierto’ como abieruto; y ‘Madrid’ como Madorido», explica Pablo Navarro, profesor de español en el Instituto Cervantes de Tokio. Y añade: «Despotricar’ sería para un nipón algo así como desupoturicar». Verdaderamente impensable para el mismísimo Cervantes.

Más allá de lo anecdótico, o precisamente por ello, se nos ocurrió averiguar si realmente el español es un idioma tan difícil para un extranjero como parece ser en ocasiones, y cuáles son esas palabras que podrían complicarle la vida a cualquiera. Sin mencionar «supercalifragilísticoespialidoso», a la que, incluso el castellano más puro, vocalizaría de forma pausada y pensándosela.

Nuestra sorpresa ha sido descubrir que incluso la palabra “armadillo” puede ser ardua, tal y como demuestra un simpático vídeo del portal de idiomas Babbel.

“Lo cierto es que, comparado con otros idiomas, el español no se considera particularmente difícil. Una de las razones principales es que es muy fonético. Es decir, en general, a una letra determinada corresponde consistentemente un sonido específico”, comenta la doctora en Literatura y Lengua Española, Rosario Torres, profesora asociada de español en la Penn State University (Estados Unidos).

Sin embargo, como en todos los idiomas, la dificultad, haberla hayla, y radica en el sencillo hecho de que ciertos fonemas no suelen formar parte de la lengua materna.

“Cuando aprendemos una segunda lengua, la fonética suele convertirse en una asignatura compleja por una razón sencilla: nos vemos ante la necesidad de modificar nuestros arraigados hábitos articulatorios. De pronto, nos enfrentamos con sonidos no presentes en nuestro idioma, lo que exige habituarse a puntos y modos de articulación que, para nosotros, resultan extraños”, afirma otra especialista en la materia, Cristina Pérez Múgica, doctora en Literatura Española e Hispanoamericana y profesora de español para extranjeros en la academia Letra Hispánica, de Salamanca.

Otro punto a tener en cuenta es la grafía, como bien dice esta experta: “Nos cuesta asumir el hecho de que una misma grafía pueda representar sonidos distintos en otras lenguas”. Por ejemplo, en español, a cada fonema vocálico le corresponde una sola grafía (con la sola excepción de la ‘i’), mientras que en inglés, una misma letra puede representar vocales distintas. “Esto provoca que, en ocasiones, los hablantes nativos de inglés experimenten una cierta confusión: por ejemplo, no es raro que cuando se encuentran con la grafía ‘e’ duden entre pronunciarla como /i/ o como /e/”, comenta la profesora Pérez Múgica.

La trampa de la doble ‘r’

 

¿Qué tienen en común estas palabras? Para cualquier extranjero la pronunciación fuerte de la letra ‘erre’, también denominada vibrante múltiple, es uno de los sonidos más complejos. En palabras como “perro”, “ubérrimo”, o “desarrolladores”, por ejemplo, notaremos que la mayoría pronunciarán pero, ubérimo y desarolladores.

Las palabras con ‘erre’ o con sonido de ‘erre’ al principio —como «carro», «rato», «rueda», «sonrojado» o «rito»—, son una mala pasada para todos, japoneses incluidos, quienes, como indica el profesor Pablo Navarro, “no las pronuncian de forma fuerte, sino suave, ya que ese sonido no existe en japonés”.

Por otra parte, la profesora Pérez Múgica matiza que “en toda China, salvo en la zona de Xinjiang, no existe ningún dialecto en el que aparezca el fonema de la ‘erre’ vibrante múltiple, ni tampoco en lenguas como el inglés, el alemán, el francés… Es lógico que cause problemas a un mayor y más variado grupo de estudiantes”, puntualiza. Ni mencionar, entonces, «coscorrón», ni mucho menos «ronronear» o, peor aún, «terrestre».

Cuando «hola» se convierte en «jola»

 

Exigir, ejercer, corregir. Son otros de los vocablos que, aunque parezcan inocentes, llevan trampa. La doctora Torres, de la Penn State University, anota que la ‘g’ delante de las vocales ‘i’ y ‘e’ (“exigir” o “refrigerador”) se convierte en un sonido muy complicado para los extranjeros de habla inglesa.

A éstas hay que sumarle nuestra ‘hache’, que para muchos es un quebradero de cabeza. “Esta letra es para nosotros una mera grafía, que no se materializa de ningún modo en el habla. Sin embargo, movidos por sus hábitos articulatorios propios a los que están acostumbrados, los anglohablantes pueden olvidar esta norma y pronunciar la ‘h’ de palabras como ‘hermano’, ‘hola’, ‘hablar”, explica Cristina Pérez. De ahí que sea muy habitual escuchar a un oriundo de Texas decir, con una aspiración suave, germano, jola o jablar.

Hasta los italianos se resbalan en nuestra ‘piscina’

 

Ascensor, piscina, consciente. Con estas comenzamos a rizar el rizo. Incluso son difíciles de pronunciar para los italianos que, a priori, son quienes tienen un idioma más similar al nuestro. Y es que no todas las grafías semejantes en ambos idiomas tienen el mismo sonido. “Los italianos experimentan dificultades cuando se encuentran con este grupo ‘sc’ en palabras españolas, como ‘piscina’ o ‘imprescindible”, comenta Cristina Pérez desde su experiencia. En italiano, estos dos sonidos agrupados se pronuncian de una manera diferente, más parecido a una “sh” inglés, el mismo sonido que usamos en español para imponer silencio (“shhhhh”), denominado fonéticamente como sonido palatal fricativo sordo.

Los rocambolescos caminos de la ‘j’

 

Jarrón, aguja, jamonero. Cualquier buen imitador de un anglohablante intentando hablar español se dará cuenta de su manera tan peculiar de pronunciar nuestra ‘jota’ fuerte. Más suave, casi como una hache aspirada.

Pues bien, en algunos idiomas, la cosa es aún más rocambolesca. El profesor Navarro del Instituto Cervantes en Tokio ha visto como allí las palabras con la letra ‘j’ a veces llegan a pronunciarse de manera inverosímil, convirtiendo esa consonante en una ‘f’: “Julio’ lo pronuncian como furio o ‘juego’ como fuego. En otras ocasiones, los nipones se inclinan por, simplemente, suavizarla, haciendo de ‘joyería’ (hoyería), de ‘ojos’ (ohosu) o de ‘jamón’ (hamón)”.

Un japonés no dice «zurcir», dice «surosiru»

 

Zapato, cerilla, zurcir. Para muchos extranjeros, el sonido de la ‘zeta’ no existe en sus idiomas maternos, por lo que su pronunciación exacta en español es imposible. ¿Qué les ocurre a los japoneses, por ejemplo?

“Las palabras con la letra ‘z’ o el sonido de la combinación ‘ce’ y ‘ci’ tampoco existe para ellos, y lo pronuncian como si fuera el sonido de la letra ‘s’. ‘Zumo’ será sumo; ‘arroz’, aros; ‘cerca’, serca, y ‘circo’, sirco”, dice el profesor Navarro. Cabe destacar que, por las anotaciones que señala el experto de español en Tokio, “zurcir” será algo así como surosiru. ¡Todo un reto también para nosotros!

¿Te quieres reír? Pídele a un esloveno que diga «limpiaúñas»

 

Zafarrancho, inexorable, bibliográfico. A todo lo dicho se suma, además, la dificultad de las palabras que tienen demasiadas sílabas. “Resultan más complicadas de articular por la mera cantidad de letras que las componen”, explica la profesora Rosario Torres. Y más todavía si todas esas letras conforman una sola sílaba.

“Para los eslovenos, por ejemplo, la pronunciación de diptongos, triptongos e hiatos puede acarrear dificultades por dos motivos: su lengua no cuenta con fenómenos que equivalgan exactamente a éstos y, además, el español presenta una gran variedad y abundancia de diptongos”, añade Cristina Pérez, de Letra Hispánica.

Pídele a un esloveno que diga «limpiaúñas», aunque sólo sea por probar. Y, si tienes más curiosidad por saber de qué manera un guiri lidia con nuestro idioma, échale un vistazo a este vídeo realizado por el portal Flama. Las risas, al menos, están aseguradas.

[LE}– ‘Baliza’, alternativa a ‘beacon’

29/06/2016

Las expresiones baliza o baliza electrónica son alternativas válidas en español para referirse a los dispositivos electrónicos que en inglés reciben el nombre de beacon.

En los medios de comunicación se encuentran frases como

  • «Un sensor hace que se encienda la luz cuando detecta un beacon, un pequeño dispositivo inalámbrico» o
  • «Recorrer un pasillo concreto puede provocar que un beacon interactúe con el móvil del cliente».

Un beacon es un aparato de comunicación de bajo consumo que emite una señal inalámbrica y que se usa sobre todo para transmitir publicidad, información, guías, etc., a los dispositivos móviles que se encuentran en su radio de acción.

El término español baliza (‘señal que sirve para indicar una dirección, un peligro o marcar una ruta’) o baliza electrónica, si se quiere ser más preciso, son alternativas al anglicismo beacon.

Así, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir

  • «Un sensor hace que se encienda la luz cuando detecta una baliza, un pequeño dispositivo inalámbrico» o
  • «Recorrer un pasillo concreto puede provocar que una baliza electrónica interactúe con el móvil del cliente».

Se recuerda, por último, que si se prefiere utilizar el término inglés beacon, lo aconsejable es escribirlo en cursiva, o entre comillas si no se dispone de ese tipo de letra.

Fuente

[Hum}– Hipo

Al consultorio del médico llegó desesperada una joven monja que padecía de un severo ataque de hipo. El médico la observó detenidamente, le hizo varios análisis, y al final, con tono solemne, le comunicó que estaba en estado.

La monjita salió en carrera hacia el convento, y al final de la tarde el médico, solo en su consultorio y a punto ya de cerrar, exclamó «¡Diablos, olvidé hacer la llamada!».

De inmediato levantó el teléfono, llamó a la Madre Superiora y le dijo que lo disculpara porque, por descuido, había posiblemente creado un problema, pues la monjita no estaba en estado, sino que él, a fin de quitarle el severo ataque de hipo, había decidido darle un susto diciéndole que estaba embarazada.

La Superiora le contestó que el susto había funcionado muy bien con la monjita, pues se le había sacado el hipo en cuanto reunió a todas las autoridades del convento y les anunció que estaba en estado, pero no así con el cura párroco porque al término de esa reunión se subió al campanario y se tiró de cabeza.

[LE}– ‘Oniomaníaco’ o ‘comprador compulsivo’, mejor que ‘shopaholic’

NotaCMP.- Lo de oniomanía y onomaniaco me gusta porque constan de una sola palabra y enriquecen el idioma, pero las otras opciones propuestas van contra la economía en el lenguaje.

~~~

28/06/2016

Tanto comprador compulsivo como adicto a las compras son alternativas en español para lo que en inglés se conoce como shopaholic.

En los medios de comunicación pueden encontrarse ejemplos del uso del anglicismo:

  • «Su chica, con pasta de shopaholic y ojo entrenado, liquidó la compra en lo que dura una ducha» o
  • «Esta avenida de Shanghái es lo más para un shopaholic».

El término inglés shopaholic está formado por shop (que significa ‘tienda’ o, como verbo, ‘comprar’) y alcoholic, y expresa la idea de la adicción a las compras; para referirnos a este mismo concepto en español puede emplearse comprador compulsivo. Para la actividad puede hablarse de compra compulsiva o adicción a las compras.

De este modo, en los ejemplos anteriores podría haberse escrito mejor

  • «Su chica, con pasta de compradora compulsiva y ojo entrenado, liquidó la compra en lo que dura una ducha» y
  • «Esta avenida de Shanghái es lo más para un adicto a las compras».

En psicología se emplea oniomanía, recogida en el diccionario de Alemany y Bolúfer, de 1917, con el significado de ‘impulso morboso que mueve a ciertos individuos a hacer compras sin necesidad alguna’.

En esta misma obra se incluye la variante oneomanía, del griego onéomai (‘comprar’) y el elemento manía. A partir de este término especializado se forman oniomaníaco u oniomaniaco (ambas acentuaciones son válidas) para referirse a la persona que sufre de oniomanía.

Dado que estas voces están bien formadas en español no necesitan destacarse con comillas ni cursiva.

Fuente

[Hum}– Milagro en el circo romano

En tiempos del Imperio Romano, un cristiano es arrojado a la arena del circo donde un hambriento león lo espera. El cristiano corre huyendo del animal que le sigue muy de cerca, pero, cansado de tanto correr, se agota, cae de rodillas, abre los brazos en cruz y dice:

—¡Señor, convierte a este león en un cristiano!

El león, de pronto, se detiene, se arrodilla, levanta su enorme cabeza al cielo y dice:

—¡Señor, bendice los alimentos que voy a tomar.

[LE}– ¿Torácico o toráxico?

23/06/2016

¿Qué es más correcto para hablar del tórax: torácico o toráxico?

La asentada en la lengua general es torácico, que es la única forma recogida en el Diccionario Académico.

No obstante, el Diccionario Panhispánico de Dudas señala que también es válida la forma toráxico, usada particularmente en el Cono Sur.

Fuente

[Hum}– Del ‘amor’ entre argentinos y gallegos: El gallego y la gorila

Un zoológico español había comprado un gorila hembra de una especie rara. Tras unas semanas, la gorila se volvió irritable y difícil de manejar.

Después de examinarla, el veterinario determinó que estaba en celo, lo cual era un gran problema ya que no había disponible ningún macho de esa especie.

Tras pensarlo detenidamente, el administrador del zoológico reparó en Paco, un gallego encargado de limpiar las jaulas. Paco tenía reputación de que, por lo bien dotado, podía satisfacer bien a cualquier mujer, y, como no parecía muy listo, tal vez podrían convencerlo de que le hiciera el favor a la gorila. Así que le propusieron:

—¿Aceptarías hacerlo con la gorila por 500 euros?

Paco dijo que podría interesarle, pero que necesitaba pensarlo un poco.
Al día siguiente,dijo que aceptaba, pero con tres condiciones:

—Primero, nada de besos. Segundo, no quiero saber nada de hijos.

—¡De acuerdo! —dijo de inmediato el administrador—. Pero, ¿cuál es la tercera?

—Bueno,… ¡que necesito por lo menos otra semana para juntar los 500 euros!