Están dos madres reunidas, hablando, y una le dice a la otra:
—Por favor, ¡dile a tu hijo que deje de imitarme!
—¡Niño! ¡Deja de hacer el idiota!
Capítulo que, como, su título indica, está dedicado al humor y a la lengua española.
Están dos madres reunidas, hablando, y una le dice a la otra:
—Por favor, ¡dile a tu hijo que deje de imitarme!
—¡Niño! ¡Deja de hacer el idiota!
—¿Qué tiene 2 ojos y 100 dientes?
—Un cocodrilo.
—¿Y 2 dientes y 100 ojos?
—Un autobús del Inserso(1)
(1): Instituto de la Tercera Edad.
Una mujer va al psicólogo:
–Doctor, ¡tengo complejo de fea!
–¿Esta segura de que es complejo solamente?
En el kinder de una escuela religiosa iba a haber una fiesta, y la madre superiora, quien era la directora del plantel, envió con los niños recaditos a todas las mamás con el nombre de algún personaje para que asistieran a la escuelita disfrazadas de ese personaje y así divirtieran a sus pequeños.
Llegado el día, se abrió el telón del teatrito y empezaron a desfilar todas las señoras con disfraces propios de la ocasión. Una iba de conejita, otra de ratoncita, alguna más de florecita, y así todas debidamente disfrazadas.
De pronto, y ante la sorpresa y consternación de todos los presentes, apareció una mamá disfrazada con una falda al muslo, blusa escotadísima, medias negras con liguero visible, malla con raya atrás, bolsa de lentejuelas, zapatos de tacón dorado y punta de lápiz, boa de plumas, y fumando con una larga boquilla.
Muy alterada, la madre superiora le recriminó a dicha señora, preguntándole de su vestimenta:
–¿¡Qué disfraz es ése, señora!?
La señora, sin pizca de vergüenza, le respondió muy tranquila a la religiosa:
–Pues vine con el disfraz que me pidieron en el recado que me enviaron con mi hijo: DE PUTA FINA.
A lo que la madre superiora respondió contrariada:
–¡¡¡¡De PITUFINA, señora, PI-TU-FI-NA!!!!
Dos conocidos se encuentran en la calle, y uno le dice al otro:
—Te veo muy triste, ¿qué te pasa?
—Pues nada, sólo que me parece que todas las mujeres son guapas menos la mía
A lo que el otro contesta:
—Pues tengo el mismo problema que tú: me parece que todas las mujeres son guapas…. menos la tuya.
¿Sabías que hay más aviones en el mar que submarinos en el cielo?
Cortesía de Manuel A. Gutiérrez
Cuatro amigos universitarios se fueron de juerga un fin de semana antes de los exámenes finales, y se lo pasaron del carajo. Después de tanta fiesta, durmieron la rasca todo el domingo y no volvieron a casa hasta el lunes por la mañana.
Como no habían podido estudiar, en lugar de entrar al examen final decidieron que, al terminar éste, hablarían con el profesor y le explicarían la razón por la cual no habían llegado a tiempo. Y acordaron decirle que los cuatro se habían ido de viaje en un solo carro el fin de semana con toda la buena intención de regresar para estudiar, pero que, desafortunadamente, se le había pinchado un caucho al carro, no tenían herramientas y nadie les había querido ayudar. En consecuencia, no habían llegado a tiempo al examen final.
El profesor pensó durante un rato y acordó que al día siguiente les haría el examen final sólo para ellos. Los cuatro amigos se quedaron felices, estudiaron toda la noche y se presentaron al examen a la mañana siguiente. El profesor los puso en aulas separadas y le entregó a cada uno la hoja de su examen.
Vieron el primer problema, valía 4 puntos y era muy fácil.
—¡Chévere—, pensó cada uno de ellos en su aula individual—. ¡Esto es pan comido!
Cada uno terminó ese primer problema, y al voltear la hoja encontraron que en la segunda página sólo había una pregunta:
“Por 6 puntos: ¿Qué caucho exactamente fue el que se les pinchó?».
Discutir con una mujer es como leer el contrato de licencia de software: al final, uno abandona el intento y clica en “Estoy de acuerdo”.
Cortesía de Manuel A. Gutiérrez
Un abogado neoyorkino representante de un coleccionista de arte millonario llamó a su cliente y le dijo:
—Saúl, te tengo una noticia buena y una mala.
El coleccionista respondió:
—Hoy he tenido un mal día, así que dame primero la buena noticia, por favor.
El abogado replicó:
—OK. Hoy me reuní con tu mujer y me dijo que había invertido 5.000 dólares en dos fotos que ella cree que podrían hacerle ganar entre 15 a 20 millones de dólares.
Entusiasmado, el coleccionista exclamó:
—Mi mujer siempre ha sido muy buena para los negocios. ¡Me has alegrado el día! ¿Y cuál es la mala noticia?
—Que las fotos son de ti y tu secretaria.
Courtesy of Bob Meehan