[*Otros}– El cambio climático altera la biodiversidad de las Islas Canarias

22/10/2010

El fenómeno de cambio climático que se registra en el ámbito global está ya produciendo impactos específicos en la flora y fauna terrestre y marina de las Islas Canarias, según se recoge en el documento elaborado a instancias de la Agencia Canaria de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático para determinar los efectos del aumento de la temperatura en nuestro Archipiélago.

En el caso concreto de la biodiversidad vegetal terrestre, los técnicos que han elaborado el estudio indican que el cambio climático afecta directamente a las especies, y también de forma indirecta, bien a través de la modificación de las interacciones entre plantas y animales o bien por las consecuencias sobre el suelo.

Así, se presumen alteraciones en el período de formación de las hojas, de las flores y de los frutos. A ello se añaden otras cuestiones, como la disminución de la productividad potencial debido al descenso en la disposición de agua.

Por lo que respecta a la biodiversidad vegetal marina, las especies más amenazadas son las que tienen su límite meridional de distribución en Canarias. De hecho, ya se pueden apreciar importantes regresiones en determinados lugares de las Islas.

Junto a ello también figuran casos de algas nativas que se ven favorecidas por el proceso de tropicalización, como ocurre con algunas de características termófilas.

En cuanto a la fauna, en lo relativo a la biodiversidad terrestre se constata que, ante un clima más cálido, las especies no pueden responder en los ecosistemas insulares de igual manera que en los continentes.

De esa forma, al no poder desplazarse hacia el norte intentan hacerlo en altura. Además, las variaciones en las condiciones climáticas pueden afectar a los ciclos reproductivos de los vertebrados y a sus posibilidades de alimentación y supervivencia.

Finalmente, en el caso de la fauna marina el aumento de la temperatura ha provocado la aparición de nuevas especies, el incremento poblacional de aquéllas nativas de origen tropical, y la disminución de otras de origen templado.

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[Col}> “Sueños de emigrantes”: Miguel Suárez Castellano / Estela Hernández Rodríguez

Estela

Miguel Suárez Castellano, un nativo de Fontanales (Moya, Las Palmas, Canarias) llegó a La Habana en el vapor “Niágara” cuando contaba sólo 9 años de edad, en noviembre de 1926, pocos días después del ciclón del veintiséis. 

«Por el paso del ciclón, en Cuba se veían aún árboles tirados y los destrozos propios de estos fenómenos», cuenta Miguel.

Su padre había venido tres años antes, y cuando se estableció en una cafetería en Aguiar y Peña Pobre, en La Habana Vieja, mandó a buscar a su esposa, Rosa Castellano Ojeda, y a sus tres hijos varones.

Su hermano era Juan Suárez, dueño de «La Lechera», una empresa láctea muy reconocida por aquellos tiempos. José Suárez era otro tío mío, dice Miguel, que como gustaba del trabajo en comercio, laboraba en la cafetería de su padre y estudiaba de noche en una academia.

Sobre la vida de su padre en La Habana me contó que al llegar éste a la capital había contratado a una viejita, de nombre Efigenia, que le cocinaba primero a él y luego a toda la familia.

El encuentro con su familia

Hace cuatro años, Miguel Suárez Castellano viajó a las Islas Canarias, y un sobrino suyo fue a verlo. Estuvieron una semana en Tenerife, y le sucedió como a otros: que casi no puede ver a su familia, lo cual le preocupó.

Me cuenta que «Estando ya en el aeropuerto, sentado en el autobús, preguntó un señor: «¿Quién se llama Miguel Suárez?», «Yo, yo soy Miguel Suárez». Entonces el señor me dijo: «Vamos, que te están esperando». Era mi familia. ¡Imagínese qué contento me puse, pues ya casi regresaba a Cuba y, en un momento, mi sueño de ver a mi gente se hizo realidad».

«Todos los días me llevaban a pasear, sobre todo al lugar que más me gustó visitar: la casa donde yo viví. Pero ya es un chalet. Claro, la casa vieja estaba detrás del chalet, y la tenían de desahogo de éste. Ocupaba una manzana completa».

Uno de los parientes que tuvo atenciones con Miguel —recuerda— era un accionista, o algo así, de la fábrica de chocolates Tirma, nombre que le habían dedicado en honor a una leyenda que tiene que ver con un luchador guanche.

Me interesó esa historia y pude conocer que se trataba del nombre de un rebelde isleño, Bentejuí, un temible jefe que, de montaña en montaña, huía de la persecución del ejército castellano que luchaba por conquistar la isla de Las Palmas.

Bentejuí y un compañero suyo no quisieron caer en las manos del enemigo y se precipitaron por un risco con el grito de «¡Atis Tirma!». De ahí el nombre de la fábrica.

Cuenta el isleño que Juana Rosa Vizcaíno Moreno, quien fuera su esposa, era cubana, mayor que él, y murió a los 90 años. Era viuda cuando él la conoció.

Su primer esposo era hijo de un isleño llamado Rafael Perdomo, que era telegrafista y que, huyendo de la huelga de Batista, se fue de Cuba con papeles de español, pero con tan mala suerte que la tripulación del barco en que viajaba fue detenida porque al registrarlo encontraron armas.

Se llevaron a todos presos, incluso a él, y en España el régimen de Franco los fusiló.

«Yo me casé con Juana Rosa cuando ya tenía mi propio café, en Vives y Carmen, en la capital cubana, mientras que ella trabajaba en perfumes “Astras”. En 1959, cuando la propiedad privada desapareció, me ofrecieron administrar un mercado en el que fui supervisor. Luego me incorporé a la zafra de los diez millones, que así le llamaban en el año 1970. Más tarde pasé a la empresa, y de noche estudiaba contabilidad en el Centro Asturiano de La Habana».

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre/2010

[*Otros}– El mar que abraza a Canarias, tan cerca y tan lejos de las islas,… hasta ahora

11/12/2010

Yaiza Perera

Canarias espera celebrar la llegada de 2011 con un nuevo mapa territorial que incluya el mar que une a sus islas, unas aguas que el Archipiélago siente como propias pero cuyo devenir ha transcurrido hasta el momento ajeno a sus intereses.

La Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso aprobó el pasado jueves, con el voto en contra del PP, la «Ley de aguas canarias», que dibuja un nuevo contorno perimetral para la CCAA. Éste se dibujará uniendo los puntos extremos más salientes de las islas o islotes —El Hierro, Fuerteventura, Las Palmas, La Gomera, Lanzarote, La Palma y Tenerife, así como los territorios insulares de La Graciosa, Alegranza, Lobos y Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste— y las aguas que queden encerradas en su interior, que pasarán a apellidarse «canarias», constituirán el «especial ámbito marítimo de la Comunidad Autónoma.

Canarias multiplicaría así por cinco su territorio (de 7.446,95 a 36.932. 910 km2) y, si se cumplen las expectativas del Gobierno regional, se incrementarían en consecuencia la financiación autonómica y las competencias, porque tendría en esas aguas, que pasarían a ser consideradas como interiores, los mismos derechos y responsabilidades que el estatuto y la Constitución le reconocen en tierra: energía, hidrocarburos y minas, transporte marítimo, espacios naturales protegidos.

Se podría incluso crear una policía para controlar la seguridad en ese espacio marítimo, labor que ahora realiza la Guardia Civil.

Una oleada de interrogantes

«Ya no va a haber discontinuidad territorial. Canarias se convierte en una unidad, una única tierra, un único pueblo», se felicita Fernando Ríos Rull, secretario de la Presidencia de Canarias.

La situación actual, la de siempre, «es surrealista, el mar forma parte de la vida cotidiana de los canarios», asegura mientras ‘ilustra’ sus palabras con un paisaje habitual para los isleños: cada mañana, al levantarse, ve desde la ventana de su vivienda, en la capital tinerfeña, la isla de Las Palmas.

Tan cerca y tan lejos. Ríos Rull —hijo de Victoriano Ríos, ex presidente del Parlamento de Canarias, y el primero que presentó, como senador, una proposición de Ley para la delimitación de las aguas en Canarias en 2003—, concibe este avance como una «cuestión simbólica», pero también como un asunto de importancia vital para Canarias.

Existen distintas lecturas sobre la posibilidad de que la delimitación viole la Convención del Mar de la ONU.

Y ¿cuál es esa situación actual de esas aguas interinsulares? Si hoy una persona toma un barco en el puerto de Santa Cruz de Tenerife con rumbo a Las Palmas —como desde cualquiera de las otras islas, salvo entre Tenerife-La Gomera o Fuerteventura-Lanzarote, que están unidas a efectos jurídicos por su cercanía— navegará durante 12 millas por el mar territorial (competencia del Estado) y luego, hasta llegar a las 12 millas más próximas a la costa de destino, se adentrará literalmente en un mar de dudas, pues ¿son éstas aguas internacionales?, ¿Zona Económica Exclusiva?

La respuesta depende de a quién se pregunte: Son «internacionales» para el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino; son «Zona Económica Exclusiva (ZEE)» para Julio Jorge Urbina, experto en Derecho Internacional; y ni lo uno ni lo otro para Ríos Rull, experto en Derecho Constitucional, quien dice: «No está del todo claro. Hay un debate abierto desde hace años». Y resume: «Digamos que el Estado tiene derecho preferente y actúa como si fuera ZEE».

Vieja reivindicación de las islas

En los últimos 30 años, los nacionalistas ya habían presentado, sin obtener resultado, hasta 40 iniciativas parlamentarias para delimitar las aguas interinsulares —la última había sido admitida a trámite por unanimidad el 4 de septiembre de 2009— y que el control de la seguridad, la protección medioambiental y los recursos pasasen a manos del Ejecutivo regional.

Se ‘completa’ así el mapa de Canarias con la última pieza del rompecabezas, una posibilidad que no es nueva, pues ya lo contemplaba desde 1978 la Ley de Zona Económica Exclusiva, pero había sido obviada por los sucesivos gobiernos, a pesar incluso del ‘recordatorio’ del Tribunal Supremo en dos sentencias, en 1992 y 2008, para que se desarrollasen los contenidos de dicha Ley.

España ha mantenido hasta este momento el trazado de líneas de base rectas entre las islas más cercanas —de Fuerteventura, Lanzarote, Alegranza, La Graciosa, Montaña Blanca y Lobos—, prevista en la Ley del 8 de abril de 1967. Otros países sí han delimitado las aguas interinsulares de sus archipiélagos. Es el caso de Portugal, las islas Azores y Madeira, Dinamarca con las islas Feroe, Noruega con las islas Spitsbergen, o Ecuador con las islas Galápagos.

¿Por qué España no lo ha hecho en 30 años? «No hay una respuesta rigurosa, monolítica», explica José Segura Clavell, diputado socialista por Santa Cruz de Tenerife y buen conocedor de la materia, mientras deja caer otra serie de interrogantes: «¿Cómo es posible que la Unión Europea tenga unas políticas comunes en materia agrícola, de industria, de telecomunicaciones, y una moneda única, pero no tenga una política marítima común?». El mar, dice a modo de reproche general, es para muchos diputados «un lugar al que se va en agosto».

Interpretaciones enfrentadas sobre la Convención del Mar

Pero las aguas del nuevo mapa territorial llegan jurídicamente revueltas. Julio Jorge Urbina, profesor titular de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Santiago de Compostela y autor del libro ‘Controversias marítimas, intereses estatales y Derecho Internacional’ (2005), advierte que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de Montego Bay (Jamaica) de 1982 establece que la delimitación de las aguas que plantea ahora Canarias sólo se puede aplicar en los archipiélagos que son Estado, no en los que forman parte de un Estado. España, recuerda, firmó en 1984 esta ‘carta magna’ sobre los derechos del mar y la ratificó en 1996 sin plantear «objeción».

Ahora podría aplicarlo como un «acto unilateral en uso de su soberanía», pero esto supondría una ampliación de su ZEE y podría plantear «problemas con Marruecos y Portugal», con quien ya trata de resolver desde hace décadas sus discrepancias sobre los límites de las respectivas ZEE.

Pero a este respecto hay otra lectura posible. La que hace el Gobierno de Canarias. «También es posible aplicar esa delimitación de las aguas en territorios con plena autonomía. No hay un perjuicio internacional o nacional, no hay ninguna consecuencia perniciosa», mantiene.

Segura, ponente del Grupo Socialista en el proceso de tramitación y aprobación de la ley, defiende también la legitimación del Estado para trazar estas líneas «conforme a la normativa interna e internacional». Y su planteamiento es claro: los archipiélagos de Estado (como Canarias) sufren una «clara discriminación» porque el «régimen jurídico de sus espacios marítimos se asimila al de las islas en general». «Si es parte o forma un Estado es un hecho intrascendente. Es un todo unitario y, como tal, tiene que ser tratado», declara Segura. A su juicio, «la convención no prohíbe expresamente» esa delimitación para los Archipiélagos de Estado; por tanto, concluye, se puede aplicar.

Y el Gobierno canario espera que así sea, y que el Archipiélago cuente, antes del 31 de diciembre, con una nueva ley que ayude a dejar enterrados en su fondo los interrogantes legales y que acerque a los canarios el mar que les rodea.

Ese mar del que hace gala su escudo y que podría comenzar, si pasa sin modificaciones relevantes su próximo trámite en el Senado, a ser, además de alma, motor del Archipiélago.

El Mundo

[Col}– Caracas, la Ciudad Elegida. Concentración cósmica / Vicencio Díaz

02-12-2010

Vicenzio Caracas, la ciudad elegida, y los lugares que le son vecinos, están en estos momentos soportando un cambio suave pero de magnitud grande en cuanto al cambio climático.

Es un cambio que ha coincidido con la reunión internacional de Cancún en la que se hablará de muchas cosas pero de nada de lo que ustedes puedan leer en Padronel, pues son cosas que no se van a encontrar en los titulares de la prensa ni en programas de televisión internacionales.

Ya después de estos comentarios, quizás no haya otros, pero hay mucho de qué hablar, y todo ello dependerá del giro que tomen los acontecimientos, pues es impredecible para mi razonamiento deducir lo que habrá de pasar sobre la Tierra, pero, a la luz de mis escasas observaciones, sí me es posible decirles lo que motivará esos acontecimientos.

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A fines de 1999, y como consecuencia del GRB del 23 de enero y posteriores, en “El Camino de Santiago” se da en el litoral venezolano un fenómeno que terminó llamándose “La Tragedia de Vargas”, única en su género pero que terminó siendo precursora de varias similares con cambios de los vientos, meteorización de las rocas, deslaves de la tierra, y las consecuencias que ya se conocen.

Algo similar está ahora ocurriendo desde el lugar donde tocó tierra Colón hace 500 años hasta la zona del lago de Maracaibo donde Américo Vespucio vio los palafitos y llamó a estos lugares Venezuela, o pequeña Venecia, por el parecido con aquella ciudad de Italia.

Alguien me ha dicho que la cantidad de agua caída sobre la ciudad es muy superior a la que cayó en 1999 sobre Vargas, y también me dijo que excede todas las estadísticas de precipitaciones conocidas en 120 años, lo cual no me extraña, pues tengo por cierto que no fue el agua lo que motivó tal tragedia, cosa que no vale la pena comentar como no sea en relación a lo que está actualmente ocurriendo.

Hace casi un mileno, hubo una concentración de todos los planetas alrededor del centro galáctico, o sea, a la altura de “El Camino de Santiago”, en que probablemente no estaba Plutón, aunque sí pudieron estar Neptuno y Urano, aún no conocidos por la astronomía de aquellos días, y tampoco dentro de los clásicos dioses que forman parte del ritual de las semanas, pues hasta esos momentos nunca se supo que asumieran tales calificativos otros mensajeros de fuera de éste mundo aparte del mayor de todos: Saturno, o Cronos según los griegos.

Previamente, en el año 33, aproximadamente, ocurrió otra concentración, pero no del lado del centro galáctico —de donde mana la mayor cantidad de energía que recibimos y cuyas radiaciones comprenden desde rayos ultravioletas hasta rayos gamma— sino del lado opuesto, del lado de las tinieblas, o sea, del lado contrario a la fuente de luz verdadera.

En estos días se acaba de gestar de nuevo una concentración en la parte del centro galáctico, o sea, como en el lado contrario de la balanza a aquél en el cual se concentraron en el año 33, siendo Mercurio el último planeta en entrar, hecho que ocurrió el 3 de octubre pasado, y que dio lugar a una situación que permanecerá hasta el 19 de enero del 2011, fecha el la cual el planeta Júpiter —también llamado Zeus, o THEOS, dentro del altar de los dioses de los griegos— saldrá de la constelación de Acuario.

Esta concentración afecta a la región entre Grecia y las zonas equinocciales de América, y marca un cambio de magnitudes cósmicas como el que se dio a principios de esta era, o aún mayores, como se espera, y todo esto comenzó a partir del 3 de octubre de 2010, delante de sus ojos,.. y es tan solo el comienzo.

Por al principio escribí que quizás este fuese mi último comentario, pues con la presencia de Urano en la constelación de Acuario en movimiento directo, cosa que ocurrirá en diciembre 07, es muy difícil para mí hacer algún razonamiento lógico, pero posiblemente los judíos sean afectados y, por supuesto, las otras religiones que sigan a los judíos.

Lo que vaya a ocurrir después dependerá de Neptuno, que entrará en Acuario pasado el 23 de enero, o sea, 12 años después, que vienen a ser 24 tiempos contando a partir de cuando, desde el Empíreo, El Supremo Autor infundió un PNEUMA AGION a este pueblo.

Al tomar textualmente del himno nacional de los venezolanos, lo hago para recalcar que ese pueblo al que se menciona es el de de Caracas.

Vicencio Díaz

[Col}> “Sueños de emigrantes”: Introducción / Estela Hernández Rodríguez

Estela

La emigración ha dejado siempre huellas en aquéllos que una vez buscaron otras rutas sin saber lo que les depararía el destino.

Quizás la desesperación de encontrar una vida mejor motivó a muchos Canarios a dejar el terruño que nunca olvidaron a pesar de haber encontrado en esta isla de Cuba un lugar que les ofreció amor.

Muchos años han pasado por estas personas que relatan sus vidas convertidas en historias que cuento en los artículos que siguen. En tales personas muy pocas veces existen momentos de alegría, pero sí la añoranza de sus islas, de su familia.

Para los emigrantes canarios no había otra solución, el exilio era el escape que tenían a la mano, y muchos países les dieron asilo; Cuba fue uno de ellos. Aquí llegaron y se asentaron; hicieron sus vidas; formaron su familia; siguieron sus costumbres; y dieron lo mejor de sí en el trabajo. El campo fue uno de los mayores testigos en las hojas verdes del tabaco.

Allí también se oyeron sus cantos convertidos en poesías, y con ellos sembraron la semilla de la décima que, traída desde sus islas, han hecho llegar hasta nuestros días.

Para los emigrantes, contar su historia es como volver a revivir el momento. Para ellos es una necesidad y, sobre todo, lo es hacer saber con ello que quieren a sus Islas, y que no porque las abandonaron han dejado de ser Canarios, o isleños como en Cuba se les dice.

Por ello es tan significativo escribir sobre sus historias, es importante que éstas no se queden dentro de sus corazones, para que todos sepan cómo le fue la vida de estas gentes.

Contar esos momentos es entrar en el pensamiento añejo de las mentes de cada uno de estos isleños y de sus descendientes, no importa de qué isla de las Canarias sean. Es como si por largos años hubieran dormido pero despiertos, y, por ello, estas sus historias que aquí contaré pudieran catalogarse como «Sueños de Emigrantes», título bajo el cual las agruparé todas.

Las historias de Cachita, la del dulcero y las de mi abuela Lola ya fueron publicadas en estos artículos:

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Las Islas Canarias tiene como antecedente el primer viaje de Cristóbal Colón, quien levó anclas desde La Gomera, una de las siete. Y es que Canarias fue el sitio escogido por los conquistadores para reparar sus naves y adquirir las provisiones necesarias para la travesía, así como especies de animales y plantas que fueron trasladados a América.

Desde entonces comenzó la emigración canaria, y Cuba fue uno de los puntos principales que dio abrigo a esos bien llamados isleños quienes influyeron en todos los aspectos de nuestra sociedad legando costumbres que han hecho historia a lo largo y ancho de nuestra nación.

En aquellos tiempos gobernaba en Cuba Don Luis de Las Casas, quien permitió la llegada de matrimonios para fundar los pueblos. No fueron pocos los lugares de asentamiento de los Canarios en Cuba, y es la bahía de Nipe la que por su bondad atrajo a un gran número de colonos, de igual forma que Guantánamo.

Asimismo, cientos de familias crearon poblaciones cerca de Matanzas. Tierras como realengos y grandes fincas fueron distribuidas a emigrantes Canarios que se dedicaron al tabaco y a la agricultura en general, aunque algunos trabajaron en ferrocarriles o comercios.

La robustez de los isleños hizo que sobrellevaran el clima tropical al que tuvieron que adaptarse, de igual forma que les permitía buena inclinación y disposición al trabajo hasta llegar a hacerse famosos por sus buenas cualidades en sus labores, sin dejar atrás su honestidad.

Así a través de los años fueron entretejiéndose leyendas alrededor de sus vidas, a partir de la añoranza que sentían por su terruño, la familia que habían dejado atrás y la necesidad de traerla; y los que no la tenían, de crearla.

Así comenzaron estas historias en Cuba, tierra que dio a los Canarios o isleños un abrigo y un lugar donde esparcieron sus semillas, las que a través de los años germinaron y crecieron, y hoy ellos pueden contar quienes son, de donde vinieron y cómo mantienen vivos sus sueños de emigrantes, aquí donde aún existen raíces para contarlos.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre/2010

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: D. José Curbelo y Ayala

Este distinguido ciudadano y estimado compatriota nació en 1836 en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, y el año 1854 llegó a la ciudad de Matanzas (Cuba), donde su hermano, D. Bernardo, se hallaba establecido.

Con la influencia de éste entró de meritorio en la acreditada casa impor­tadora de los Sres. Jenkes & Ximeno, pasando a los dos años a la de los Sres. C. S. Ponjand y Cia hasta el 31 de diciembre de 1860, cuando liquidó esta casa.

En febrero de ese año compró la imprenta periódico Aurora del Yumuri, en unión del inspirado poeta D. Rafael Otero, pero en el año 1864 quedó como único dueño y director de aquella acreditada pu­blicación que rayó entonces a la altura de los mejores de la Isla.

Hombre de gran actividad y de clara inteligencia, concibió la idea —y la llevó a cabo con extraordinaria habilidad y aplauso de todos, y muy especialmente de sus numerosos compatriotas— de las grandes fiestas del dos de febrero de 1872 que, establecida como una exposición agrícola-industrial, la primera en su clase en la ciudad de Matanzas, fue un verdadero certamen de ideas con el fin de unir bajo un solo y general pensamiento a todos los regionalistas, y llegar, más tarde y por ese medio armónico, al triunfo de la paz en Cuba, que ardía en desastrosa guerra intestina de hermanos contra hermanos y de padres contra hijos.

En ese mismo año de 1872 inició y logró realizar, en unión de otros comprovincianos de buena voluntad, la creación de is «Asociación Canaria de Beneficencia y Protección Agrícola» en La Habana, con cuyo motivo el digno patricio y entendido estadista D. Pablo Pérez Zamora, primer presidente de la benemérita institución, conocedor de la idea y de las grandes ventajas que el pensamiento había de proporcionar en su día al país en el desarrollo de su agricultura y fomento de poblaciones industriales y comerciales, consignó en su primera memoria —1873— con motivo de haber sido nombrado el señor Curbelo agente general de la asociación, lo siguiente:

«Que el importante cargo de agente general de esas asociación, cuyas atribuciones se ven detalladas en el artículo 32 de los Estatutos, hacía comprender que dependió de las condiciones de dicho agente el resultado de la institución en cuanto al segundo de sus fines era indispensable que ese cargo estuviera suficientemente remunerado, por lo mismo que para él se necesitaba una persona de circunstancias especiales».

Estas circunstancias, como dice muy bien el Sr. Pérez Zamora, las reunía sin duda el Sr. Curbelo, a cuyo entusiasmo se debe principalmente la creación de la Sociedad, y dispuesto estaba a aceptar aquel encargo si sus negocios particulares no le hubiesen obligado a regresar a su país.

Sin embargo, bastante hizo en los días inmediatos a su salida de la Isla, trasladándose a las cinco Villas con el carácter de agente interino de la corporación, preparando allí a la opinión pública para la creación de las Juntas auxiliares, que probablemente habrían dado buen resultado si hubiese continuado la acción entusiasta de una persona exclusivamente dedicada al adelanto de esa asociación.

Pero con la ausencia del Sr. Curbelo y la falta de recursos bastantes para reemplazarle con una persona que reuniera las circunstancias adecuadas de entusiasmo, inteligencia y creatividad, la asociación quedó casi limitada al primer fin de su institución, o sea, a la benevolencia.

Al regresar nuevamente a Cuba, el Sr. Curbelo emprendió con iguales bríos y fuerza de voluntad las tareas literarias, escribiendo muchos y notables artículos sobre inmigración y colonización agrícola que merecieron la atención de las personas doctas en tan importantísima materia.

Escribió un folleto en el que desarrolla, de una manera magistral y matemática, todas sus teorías y el medio de ponerlas en práctica para el más pronto y eficacísimo progreso de las colonial agrícolas.

Pasado este pequeño periodo de tiempo, fue nombrado administrador, y después director, del periódico titulado La Voz de Cuba, destino que desempeñó por tres años hasta que, suprimida la publicación por interés del partido político que la sostenía, salió a la luz el que lleva por nombre Unión Constitucional, pasando a desempeñar el cargo de administrador de este diario, en cuyo puesto estuvo cinco años.

En 1896 es el Sr. Curbelo propietario, director y administrador del periódico denominado Diario de la Familia, que goza de gran reputación en todo el país y fuera de él.

Es además, en una palabra, nuestro comprovinciano, jefe honorario superior de administración, y pertenece a varias corporaciones literarias y de beneficencia.

Mucho nos place felicitar al Sr. Curbelo por su actividad intelectual, porque, por este medio, felicitamos a la patria por contar en su seno con ciudadanos que saben honrarla, y colocar su nombre entre los pueblos que hoy marchan a la vanguardia del progreso.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Dr. Domingo Fernández de Cubas

 

Respecto a los méritos característicos que constituyen la personalidad de este eminente hijo de las Afortunadas, El Eco de las Canarias se encargara de describirlos:

«La popularidad es la nota saliente del Dr. Cubas», dice el mencionado semanario.

«A él lo conoce todo el mundo, y todo el mundo lo quiere bien».

«En su hogar es un padre tierno; en su bufete un médico amigo, consejero y confidente de su clientela; en el trato con los que dependen de él, amaba hasta la paternidad; en la cátedra, un colegial sabio; en todas partes enérgico en sus decisiones, claro y conciso para emitir su parecer, entusiasta, decidido, franco, leal, benévolo y enamorado por intuición de todas las ideas que van reformando el modo de ser de los pueblos y sirven de zapadores a la civilización y el progreso».

«Las líneas de su rostro denotan una complexión activa y enérgicamente valerosa.

Hombre de acción, debe a la naturaleza un raro equilibrio de condiciones inmejorables para luchar y salir triunfante».

«Poseyendo una inteligencia superior, dispone de una palabra elocuente, fácil, galana y vigorosa para emitir sus ideas, dándolas a luz vestidas de trajes simpáticos, cuando han de cautivar, o de corazas de acero cuando han de ser combatidas».

«Buen cuerpo, buena cabeza, buena alma y, en el carácter, grande aliento, generosas inspiraciones, tenacidad en los propósitos, constancia inquebrantable en la persecución de un fin. Tal es el Dr. Cubas».

«En la Villa de San Sebastián, capital de La Gomera, nació el tres de agosto de 1833 el hoy popular e ilustrado Dr. Domingo F. de Cubas. A los nueve años había terminado con éxito sus estudios de primera enseñanza. De esa misma edad ingresó en el Instituto de San Cristóbal de La Laguna, y en dicho establecimiento recibió el título de bachiller en Filosofía.

Entones era un joven de 21 años, ardiente, de pura sangre africana y ansioso, como buen hijo de una raza emprendedora, de surcar el piélago que continuamente bate sus rudos oleajes sobre las rocas Canarias.

Violentando la autoridad paterna, el joven bachiller se dio a la mar, y en el año 1854 pisó por primera vez los muelles de la ciudad de La Habana, e ingresó en la Universidad de La Habana matriculándose en la Facultad de Medicina.

El Dr. Domingo León y Mora fue uno de sus catedráticos al par que una de las inteligencias perspicaces que adivinaron lo mucho que podía esperarse de las valiosísimas dotes de inteligencia y de carácter de su joven compatriota. Más de una vez vaticinó que aquel escolar era uno de los hombres llamados a marchar en las primeras filas del ejército social.

Cubas estudio con fe, y trabajó cuanto fue necesario para coronar sus esfuerzos, que algo se vieron recompensados en 1863 cuando recibió el grado en la licenciatura y se le abrió con ese galardón el camino amplio de la ciencia para lograr un puesto predilecto.

Su inteligencia, su bello carácter, su laboriosidad y ese don especialísimo que posee don de vida y animación, le granjearon pronto una buena clientela.

En 1876 recibió la muceta del doctor y el nombramiento de catedrático y rector interino de la Universidad Literaria de Cuba. En 1877 fue nombrado en propiedad catedrático de Patología General.

En 1884 fue nombrado catedrático de la de ascenso, haciéndose estimar siempre de sus discípulos, a quienes trataba en la cátedra como amigos, en la calle como compañeros, y, en el fondo de su alma noble, como a sus propios hijos.

Ha sido director del Hospital San Felipe y Santiago, médico del Hospital Militar durante la nunca suficientemente llorada Guerra Civil que arruinó a este país, dejando a su paso peor huella que la del caballo de Atila.

Nuestro doctor ha sido también médico de Mazorra.

Es miembro de la Junta Superior de Beneficencia, de la Real Sociedad Económica, de la de Estudios Clínicos de la Antropológica, de la de Socorros Mutuos de Médicos, y, hasta hace poco, perteneció a la Junta de Gobierno del asilo La Misericordia.

La Sociedad de Beneficencia Canaria y Protección Agrícola se honra por tenerle por uno de sus socios más preeminentes, siendo uno de sus fundadores. Desde su inauguración —dos de marzo de 1872— viene formando parte de su directiva ya como vocal, secretario y presidente durante la larga serie de cinco años.

El doctor Cubas es presidente honorario a perpetuidad de tan respetable corporaci6n.

En una palabra: en las suscripciones, casi continuas, que se han promovido en este hospitalario país, este hijo de las Canarias ha dejado bien puesto su nombre demostrando sus sentimientos altamente caritativos.

Seria tarea interminable, como dice El Pilareño del seis de febrero de 1887, describir uno por uno los infinitos rasgos que colocan a nuestro eminente comprovinciano en primera línea, entre los que han sabido, a la par que honrar al país que tuvo la dicha de mecer su cuna, sacrificarse también en aras de la tierra de sus antecesores, que sería bastante menos infortunada si contara con muchos caracteres de tan noble temple y de sentimientos tan humanitarios como lo es el esforzado émulo a quien no nos cansaremos de citar como modelo de caballerosidad y de almas levantadas, como otro de nuestros comprovincianos, el nunca bien llorado Domingo de León y Mora.

Pero para cerrar estos apuntes históricos y biográficos del Dr. Cubas, diremos que donde más hemos notado su carácter enérgico, expansivo y eminentemente patriótico fue en las distintas comisiones que, en unión de sus apreciables compañeros de la Asociación Canaria, Dres. Gordillo, Valencia, Falangón y Martell, tuvo que desempeñar ante el Círculo de Hacendados de La Habana y ante el poderoso Conde de Casa Ibáñez, secundados por sus comprovincianos Miguel Castañeda, Guillermo Zamora y Salazar, Antonio Fernández, Nicolás Martorano, Francisco Pérez Delgado, Francisco Medina, Ramón Torrens, Leandro Díaz, Antonio Moreno, Santiago Milián, Vicente Moreno, Francisco Mallorquín, Enrique Martínez, Penichet, Falcón, Tiburcio Carvajal, Tomás Hernández, y tantos otros benemeritísimos comprovincianos que sería cansado enumerar aquí y de los cuales pensamos ocuparnos al tratar de la inmigración a Cuba y de la colonización agrícola en general. Pues jamás asociación alguna de colonización en América se ha colocado a tanta altura.

Igualmente diose a conocer la energía y carácter humanitario de nuestro biografiado Dr. Fernández de Cubas ante el Consejo Militar del 27 de noviembre de 1871 —cuando tuvieron lugar los graves y comprometidos sucesos de aquella luctuosa fecha— defendiendo la inocencia de nueve jóvenes estudiantes que iban a ser ejecutados, como efectivamente lo fueron en el campo de la Punta, acusados de haber cometido actos de sacrilegios en el Cementerio de Espada.

En ese memorable día que quisiéramos borrar de las páginas de la historia, el catedrático canario estuvo a punto de ser víctima de los perturbadores en el momento de salir del Consejo.

Aunque tarde, el tiempo ha venido a dar la razón al hijo de las Canarias, siendo ésta la mejor página que en su larga vida ostentará su hoja biográfica.

¡Qué remordimiento de conciencia, que rechinar de dientes no habrían sufrido aquéllos que en un momento de obcecación trataron de echar por tierra las glorias adquiridas, durante muchos años, por la nación ibérica, hidalga y generosa!… ésos que, mal aconsejados los unos y empujados los otros por la fuerza irresistible de un sentimiento secreto extraviado, pedían con desaforados gritos la última pena para unos inocentes jóvenes, y para el ilustrado y valiente hijo de las Afortunadas, Dr. Cubas, que, irrespetuosamente proclama ante el Tribunal Militar la inocencia de sus discípulos.

Se ha dicho y afirmado por algunas personas que el hecho de que nos ocupamos manchaba el uniforme del cuerpo de voluntarios de La Habana. ¡No! De ninguna manera. Puede sólo decirse que aquello fue un acontecimiento aislado, ¡pero de terribles consecuencias!

Nosotros hemos conocido a muchos conciudadanos, honrados padres de familia, que protestaban desde el seno del hogar contra semejante determinación. Mas, había cierta corriente subterránea, que no nos hemos podido explicar a ciencia cierta, que precipitó los sucesos, y el río se desbordó produciendo los efectos que se lamentan ahora, y quisieran, a costa de cualquier sacrificio, borrar de los anales de Cuba».