[Col}– Caracas, la Ciudad Elegida, y las Columnas de Hércules / Vicencio Díaz

05-01-11

Vicenzio

Algunas personas quizá hayan leído artículos anteriores sobre la ciudad elegida, y se habrán hecho preguntas que nunca llegaron a ser conocidas por mí; una de ellas tal vez sea «¿Va a ocurrir algo en Caracas? Si es así, ¿cuándo?».

La verdad es que para no someterles a una angustiosa espera les diré que lo más importante sobre la ciudad elegida, y para lo cual fue elegida, ya ocurrió. Eso fue un plan quizá elaborado antes del Diluvio, ya preparada la tierra ésta para los que iban a llegar hasta acá entre los descendiente de Noé para hacer de todas aquellas razas una sola, de tres naciones una nueva, sana de toda enfermedad, libre de contaminación de ideas falsas, y capaz de buscar la justicia y alcanzarla.

Sin embargo, las cosas tienen su tiempo, y el hombre no estuvo preparado para migrar sino después de muchas tribulaciones, y los de acá no estaban preparados para recibirles pues, en su aislamiento de otras culturas, habrían de acostumbrarse a soportarse unos a otros como hermanos, a la fuerza, sin conciencia de libertad, pues eran siervos unos de otros, así como los del otro lado del rio de la fraternidad, también lo eran.

Por alguna razón, siendo tres grupos étnicos separados por algo que no tiene visos de veracidad, pues no aparece mayor diferencia en el genoma, llegaron a repudiarse de tal manera que se vieron enfrentados en guerras contantes, y el cambio climático los forzaba a reunirse y a mezclarse, pero ellos siempre quisieron ser tres y se avergonzaban de los que por casualidad saltaban la talanquera y formaban parte del cuarto grupo: los bastardos.

Algo les dijo desde siempre «¡Hacia occidente!», y hacia occidente siempre fueron, dejando atrás los volcanes del cinturón de fuego, las zonas donde antes tuvieron sus templos y sus pastizales y ganados, y se fueron hasta encontrar el Rhin y sus hijos.

Se tomaron su tiempo, y tomaron sus hijas y se mezclaron, pero no mucho, sólo lo suficiente para tener siervos y siervas, pues eso creían ellos. Avanzaron, y en oleadas llegaron al despeñadero, la Spania de los romanos, el final según las leyendas, desde donde no podían continuar, pues las Columnas de Hércules era lo último, más allá de lo cual sólo se podía encontrar la muerte.

Las Columnas de Hércules no eran otra cosa que esos dos archipiélagos, Las Azores y Las Canarias, en medio del camino de los valientes, los atrevidos y audaces de los cuales debe de haber habido muchos que aprovechando los vientos de verano no se detuvieron ante el temor de NON PLUS ULTRA, sino que se tiraron al agua y dejaron a los demás godos detrás.

Pasado el tiempo y en llegando el señalado, uno de tantos atrevidos, quizás genovés, siguió el mismo camino, y después de distraerse en el mar del centro de la Tierra, siguió, como todos los que deseaban mejores pastos, aguas y vientos, y se lanzó en su búsqueda.

Alternó entre lusitanos e hispanos, y con todo lo que logró conseguir se tiró a buscar su destino no sin antes detenerse en las Columnas de Hércules quizá para coger aire, tomar agua y alimentos, aparte de para elevar sus oraciones al altísimo que hasta allí le había traído.

Sé que este lugar es el destino de todas las razas, y a este lugar han de venir a buscar aquello que les fue dado, y quizás tengan que detenerse en las Azores o en las Canarias como antes sus padres lo hicieron en la península, pero no se regresan sin terminar de cruzar el rio EÚFRATES y tomar lo suyo, aunque después vuelvan a su terruño.

A los que desde el tiempo no conocido fueron elegidos para habitar en estas tierras y ya están aquí; a los que han de venir a formar parte del mismo grupo; a los que deben de permanecer en su terruño, aunque periódicamente deban de venir a buscar su alimento a tiempo, les adjunto una gráfica satelital que quizá les ayude a entender lo importante que son su movimientos.

La Ciudad y la ruta de San Pablo

Al igual que las Columnas de Hércules no son el destino final, tampoco Caracas lo es, pero al igual que las Columnas de Hércules son la puerta de entrada a la Tierra de Gracia, o a la Galilea de los Gentiles, Caracas es la primera de la puertas abiertas para entrar en la Gran Ciudad de Jerusalén, donde se posará la futura ciudad santa.

¿Y de dónde viene esto, de la Galilea de los gentiles o de la Ciudad Santa? ¿Y qué tienen que ver en ello Las Azores y las Islas Canarias, o, más aún, la misma Spania?

Las respuestas tenemos que buscarlas 1.500 años atrás, antes de que se abriera el paso hacia las nuevas tierras, como aparece en el escudo de los Reyes Católicos —el que tiene las columnas que dicen PLUS ULTRA— o en el escudo del águila vidriera.

Cuando pasados tres años del reinado de Claudio un preso del César, de nombre Pablo, era llevado desde Jerusalén hasta Roma, la nave donde viajaban encalló en la isla de Malta.

Después de algún tiempo, los que iban en esa nave subieron hasta Roma donde Pablo permaneció dos años, y probablemente se entrevistó con Claudio, pues a él había apelado.

El caso es que, en una carta anterior de Pablo escrita a los romanos, les decía que le gustaría pasar por Roma, y que así esperaba hacerlo para que lo encaminaran hacia Spania. O sea, su objetivo no era permanecer en Roma, para entonces el lugar más importante del mundo conocido, sino ir a Spania. Pero ya sabemos que, para todos los que se movían hacia occidente, Spania era como un “Culo de botella” por las trabas que a los migrantes les ponían las famosas columnas.

Por aquellos días, y según las tradiciones, Santiago estuvo también en Spania, y a eso se refieren las peregrinaciones del Camino de Santiago que se detienen en Santiago de Compostela. Pero no era ése el destino de los creyentes en la doctrina de El Camino hacia la Galilea, de los gentiles, sino que el destino era PLUS ULTRA: las Columnas de Hércules.

Es el norte de España el origen de los migrantes que tienen por destino la esquina norte de la gran ciudad, y que a su paso dejan atrás la columna de la derecha, o sea, las Azores. Y es el sur de España el origen de los migrantes que, pasando por las Canarias, tienen por destino la esquina Este de la gran ciudad, entre cuyos lados media una distancia exacta de 12.000 estadios, que vienen a ser 1.200 millas.

Ahora bien, como si fuese la obra de un gran arquitecto, obra que requiere un fundamento y una orientación, así quien diseño esta Gran Ciudad tomó como piedra angular un lugar de los Altos Mirandinos —conocido por Google Earth como Los Dolores, con coordenadas 10º 20’ Norte y 66º 56’ Oeste—, alineado con el Camino de Santiago y con el sur de Caracas, que fue la ciudad escogida como piedra angular, de la misma manera que Las Canarias y Las Azores fueron escogidas como puerta de entrada, y como España fue escogida como puerto de partida.

Bienaventurados los migrantes que hayan recorrido el Camino que fue indicado por Jesús y Pablo a sus seguidores. Para ellos no hay indulgencias humanas sino el merecido galardón por la obediencia a los que, sin saberlo, optaron por seguir el Camino de los escogidos de dios.

Vicencio Díaz

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Miguel Jerónimo de Orihuela

Bachiller en Leyes de la Universidad de La Habana, y escritor jocoso, de costumbres y dramático, nació en la ciudad de Las Palmas.

Su juguete como «Los Portales del Gobierno» —1814— obtuvo un extraordinario éxito.

Según afirma Calcagno, solía escribir en algunos periódicos, y firmar con el pseudónimo «El duende de las Antillas».

[Col}> “Sueños de emigrantes”: Edelia González González / Estela Hernández Rodríguez

Estela

Esta descendiente herreña habla de Frontera.

Edelia González González es hermana de Juan González, quien contó la historia de su padre, natural de Frontera (El Hierro). Ahora la descendiente herreña cuenta sobre su madre, también oriunda de esa región.

Contó que su mamá había venido a Cuba con dos de sus hermanos, Antonio y Marcos. Este último vivía en Cabaiguán, en Sancti Spíritus. En El Hierro se habían quedado Juana, María y Petra.

Marcos enfermó, y cuando estuvo grave vino para La Habana y murió en un hospital al que abonaban los nativos Canarios, el llamado “Quinta Canaria”.

Recordaba cómo su mamá había muerto cuando ella era chica, y cuando ya fue algo mayor ya tenía que cuidar y atender a sus hermanos.

De su padre decía que, para ella, era el mejor papá del mundo, aunque no era muy comunicativo, pero era de corazón noble y bueno, recalcaba.

Su tío Antonio vivió mucho tiempo con ellos y les enseñaba canciones de su terruño, sobre todo folías. Empezaba cantando y bailando —decía— para que ella le siguiera, y entonces lo complacía.

Sobre la cocina recuerda cómo le enseñaron a hacer el mojo isleño, la especialidad de su mamá y ahora de ella. Así continuaba esa costumbre en la casa de los herreños, de igual forma que la utilización de las yerbas medicinales.

Edelia cuenta: «Mi hermano Juan siempre fue más inteligente que yo, y muy estudioso. Claro que yo tenía que atender a mis otros hermanos y a él, quien llegó a ser Doctor en Ciencias».

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre de 2010

[*Otros}– El cochino negro canario

Miguel Ángel Regalado Expósito – Rafael González Martín

El ganado porcino ha estado presente en las Islas Canarias desde épocas prehispánicas, tal y como lo corroboran los restos encontrados en yacimientos arqueológicos, y los escritos de los primeros cronistas llegados al archipiélago desde el siglo XIV (Robert et al., 2000).

Es de suponer que los cochinos, tal y como se denomina a los cerdos en las islas, fueron traídos por las distintas oleadas de pobladores que fueron arribando a las Canarias procedentes del norte del continente africano desde hace más de 2.500 años (Bethencourt, 1999).

Se cree que estos animales procedían de razas porcinas existentes en el continente, por lo que serían un reducto de los cerdos que con antelación a la expansión del Islam fueron criados en el norte de África, lo cual le confiere a esta raza una importancia genética indudable.

Los antiguos pobladores de Canarias, al tratarse de comunidades insulares enclavadas tecnológicamente en la Edad de Piedra, conseguían un gran aprovechamiento de todos los recursos a su alcance, no siendo el ganado porcino una excepción, utilizando, además de su carne y manteca, su piel para vestimentas y sus huesos para utensilios y adornos (Cuenca y Rivero, cit. por Robert et al., 2000).

Tras la conquista de las islas en el siglo XV, Canarias era escala obligada para los barcos españoles que viajaban hacia las Indias. El archipiélago se convirtió así en lugar de aprovisionamiento de los navíos y se hacía acopio de víveres y animales vivos para llevar al nuevo continente. De esta forma, animales domésticos de razas existentes en aquellos momentos en las islas fueron llevados hasta el Nuevo Mundo, siendo precursores de algunas de las razas criollas americanas (Delgado et al., 1998).

El cochino negro canario actual procedería de los animales existentes en las islas en el momento de la conquista, y habría recibido influencias de razas porcinas europeas, principalmente de razas de la Península Ibérica e inglesas (Barba et al., 2004).

Este animal está perfectamente adaptado a las condiciones ambientales de las islas y a sistemas de cría estabulada en pequeñas cochiqueras denominadas goros. Ha estado vinculado al medio rural y era frecuente la cría o cebado de uno o varios de estos animales en las casas para el autoconsumo.

El cochino se convertía de esta forma en el reciclador natural de la familia, aprovechando todos los restos orgánicos, como sobrantes de la alimentación humana, restos vegetales u otros subproductos como el suero de quesería, que constituían el fundamento de su dieta.

Aunque hace algunos años era muy difícil encontrar en el mercado los productos procedentes de estos animales, actualmente ya comienza a ser frecuente la presencia de carnes y embutidos, cuya calidad y sabor son muy apreciados por los consumidores isleños, en algunas carnicerías y restaurantes de las islas.

Oficialmente esta raza fue reconocida a nivel estatal mediante su incursión en los anexos del Real Decreto 1682/1997, de 7 de noviembre, por el que se actualiza el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España, catalogando el Cerdo Negro Canario con la categoría de Protección Especial, habida cuenta de su reducido número de ejemplares.

En los últimos años se ha producido un importante incremento del número de animales de esta raza gracias a distintas iniciativas de las administraciones locales (cabildos insulares) y al esfuerzo de un grupo de ganaderos que han continuado decantándose por estos suidos.

Con el objetivo de conservar la raza, el Cabildo Insular de Tenerife puso en marcha, hace algo más de una década, un núcleo de cochino negro canario al que fue llevado inicialmente un reducido número de animales que se comienza a criar hasta lograr en la actualidad un grupo de 25 reproductoras y 5 sementales.

A lo largo de este tiempo se han ido interesando numerosos ganaderos por el programa de recuperación de la raza en Tenerife, habiéndose incorporado en los últimos dos años alrededor de un centenar de animales reproductores en una veintena de explotaciones ganaderas de la isla.

Paralelamente se ha trabajando en la promoción y difusión de los productos procedentes del cochino negro canario, con la participación en ferias de promoción, la realización de distintas acciones publicitarias y, especialmente, a través del Plan de Gastronomía de Tenerife, proyecto encaminado a la promoción de productos locales entre los profesionales del sector hostelero y restauradores de la isla.

Los trabajos del Cabildo Insular de Tenerife se centran también en lograr un mayor conocimiento de esta raza, mediante la realización de estudios relacionados con aspectos productivos y de calidad de la carne del cochino negro canario, puesto que ello es fundamental para programar futuras líneas de trabajo, tal como es el caso de posibles programas de conservación, selección o mejora productiva, todo ello con el fin último de conservar la única raza porcina autóctona del archipiélago canario.

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Bibliografía

  • BARBA, C., et al. “El cerdo negro canario”. En: DELGADO BERMEJO, J.V. (ed.). Biodiversidad porcina iberoamericana: caracterización y uso sustentable. Córdoba: Universidad de Córdoba, 2004, pp. 231-237.
  • BETHENCOURT ALFONSO, J. Historia del pueblo guanche. Tomo I: su origen, caracteres etiológicos, históricos y lingüísticos. La Laguna: Francisco Lemus, 1999.
  • DELGADO, J.V., et al. “Origen e influencia del ovino canario”. Archivos de zootecnia, nº 47 (1998), pp. 511-516.
  • FRESNO, M., et al. “Repercusiones de la aplicación del R (CEE) Nº 2078/92 en la conservación de las razas autóctonas canarias en peligro de extinción”. Archivos de zootecnia, nº 47 (1998), pp. 381-386.
  • GARCÍA MARTÍN, M. y CAPOTE ÁLVAREZ, J.F. El cerdo negro canario (descrito en la isla de La Palma). Santa Cruz de La Palma: Cabildo Insular de La Palma, 1982.

Fuente: Rincones del Atlántico

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Cortesía de Antonio Pedro Dorta Martín

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Ilustrísimo Sr. D. Sebastián de Cubas y Fernández

El íntegro magistrado de la Audiencia de La Habana y presidente de la Sala de lo Civil de la misma, D. Sebastián de Cubas y Fernán­dez —a quien con la más alta satisfacción dedicamos estas líneas y de quien publicamos su retrato—, nació, al igual que Gomara, Ruiz de Padrón y tantos otros compatriotas ilustradísimos, en la Villa de San Sebastián de La Gomera, y desciende de una de las familias más distinguidas de ese hermoso y privilegiado suelo que se halla bañado, como sus hermanas las otras Islas, por las frescas brisas del Teide.

Su apreciable padre, D. José, a quien tuvimos el honor de tratar, hombre eminentemente estudioso y de una inteligencia poco común, conociendo las disposiciones de su hijo lo envió a cursar sus estu­dios a las universidades de la Península, siguiendo la carrera de abo­gado; asó como D. Gabriel, la de médico; D. Luis, la de militar (en la actualidad, teniente general de los ejércitos nacionales, y consejero del Tribunal Supremo de Guerra y Marina); D. Tomás, la de ingeniero agrónomo; y D. Diego, D. José y D. Juan, la del comercio, alcan­zando todos una ventajosísima posición social y un nombre que enaltece la memoria de sus honradísimos progenitores.

Pero demos la palabra al ilustrado periódico El Fígaro del 15 de abril de 1897, que tan acertadamente dirige el aventajado escritor Manuel S. Pi­chardo, quien, con motivo del ascenso de nuestro comprovinciano a la presidencia de la Excma. Audiencia Territorial de La Habana, se expresa en los siguientes términos:

«Por primera vez se publica entre nosotros el retrato del integé­rrimo magistrado que acaba de jurar el alto cargo de presidente de la Audiencia de La Habana.

Al mismo Sr. Cubas le sorprenderá esta oportuna exhibición de su persona, por no concebir que pudiéramos haber obtenido su fotografía. A medios hábiles debemos el poder presentar a los lectores de El Fígaro —mejor dicho, al público de la Isla— el retrato de la honorable personalidad que dirige hoy la administración de justicia.

Ésa era nuestra única misión, y queda cumplida. Si la efigie no, la historia jurídica del Sr. Cubas es sobradamente conocida de todos por el extenso y continuado periodo de tiempo durante el cual ha venido prestando sus eminentes servicios en la magistratura cubana, donde tiene un nombre prestigioso que abonan una inteligencia clarividente, una ilustración vasta y sólida, una rectitud siempre acompañada del mejor acierto, y una probidad acrisolada.

No a influencias de la política, ya que apartado de ella ha permaneci­do siempre, sino sólo a sus meritos ilustres obedece el encumbramiento de su carrera.

En el alto sitial que hoy ocupa, podrá nuestro respeta­ble y querido amigo hacer más brillantes los títulos que le han con­quistado la consideración».

Deber nuestro es, como historiadores, dejarlo así consignado para honra del país que lo vio hacer.

[Col}> “Sueños de emigrantes”: Juan González González / Estela Hernández Rodríguez

Estela

Un doctor en Ciencias cuenta sobre Frontera (El Hierro, Canarias).

Juan González González es descendiente de Frontera. Este isleño, ingeniero químico y doctor en Ciencias, tuvo aquí en Cuba una rica trayectoria laboral en el Instituto de Investigaciones de la Industria Alimenticia, Industria Láctea.

El isleño me contó que cuando su padre, Justo González Barrera, tenía 16 años, vino a Cuba con un hermano en 1883. En 1911, su esposa Juana tuvo a su primer hijo, la hermana de Juan. La pareja tuvo en total nueve hijos. Juan nació en 1931, y a los dos años de nacido su mamá enfermó y murió.

Justo, su padre, tuvo negocio de bodegas, y luego trabajó como pesador de caña de azúcar en una finca de un pariente, hasta que se jubiló. Esto fue en Villa Bermeja, en el Central “San Antonio”, en Matanzas.

Contaba Juan González que en 1940 recibieron de las Islas Canarias una carta de una prima suya, llamada Ortelia, pero que no supieron más de esos familiares hasta después de quince años.

De su visita a Canarias

En 2003, a Juan lo invitaron a visitar Canarias de igual forma que a su amigo Domingo y por el mismo proyecto. Estaba convencido de que no contactaría con sus familiares, pero el último día se le presentó una prima acompañada de su esposo. Para él fue una alegría, pues ya no tenía esperanzas de ver a sus parientes.

Un día de felicidad

Contaba Juan que nunca pensó que un día iría a Frontera y pudiera hablar con sus familiares, aunque no con todos pero si con una gran parte de ellos, ya que la familia de su mamá no pudo verla.

Un recuerdo que se trajo de ese terruño fue que lo llevaron allí a ver la casa de sus padres.

Cuenta que estaba destruida, abandonada, por los años, pero, aún así, pudo palpar el calor del lugar que un día los albergó a todos. Ahora los tiempos cambian y la vida moderna se impone, dijo.

Y Juan siguió contando: «Para mí el viaje era triste, durante cinco días no me divertía, pero en un solo día se me arregló. Pude ver a mi familia que me dio mucha atención, fueron amables conmigo».

Y termina contando sus anécdotas con una ligera sonrisa, como agradecido de ese momento de recordación, que más que recordar es vivir.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre de 2010

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Don José Curbelo y Ayala

Este distinguido ciudadano y estimado compatriota nació en 1836 en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

El año 1854 llegó a la ciudad de Matanzas, donde su hermano, D. Bernardo, se hallaba establecido.

Con la influencia de éste entró de meritorio en la acreditada casa importadora de los Sres. Jenkes & Ximeno, pasando a los dos años a la de los Sres. C. S. Ponjand hasta el 31 de diciembre de 1860 cuando esta casa fue liquidada.

En febrero de ese año compró la imprenta periódico Aurora del Yumuri, en unión del inspirado poeta D. Rafael Otero, pero en el año 1864 quedó como único dueño y director de aquella acreditada publicación que rayó entonces a la altura de los mejores de la Isla de Cuba.

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Gaspar de Contreras

El Ilustrísimo Sr. Gaspar de Contreras, intendente honorario, ex diputado a Cortes, ex inspector general de los hospitales militares de Cuba, y ex interventor-contador de la Real Lotería, nació en Santa Cruz de Tenerife.

Está vinculado este nuestro respetable compatriota con las principales familias de las islas de Tenerife y de Las Palmas, así como con los González Abreu, de Villa Calar.

Su hermano D. Santiago contrajo matrimonio con una hija de nuestro dignísimo compatriota Abreu, rico hacendado que fue de esa comarca y persona de alta y reconocida influencia.

[Col}> “Sueños de emigrantes”: Domingo Norberto Cabrera Morgadanes / Estela Hernández Rodríguez

Estela

Un hijo de Isora (Frontera, El Hierro) cuenta su historia de cómo en un solo día visitó la tierra de su padre.

Conocí a Domingo Norberto Cabrera Morgadanes —un hombre entrado en canas, de ojos azules brillantes como perlas de mar— cuando estaba contento porque podía contar la historia de su padre, del pueblo natal de éste, Isora (Frontera, isla de El Hierro), y de su descendencia.

Su padre nació en el año 1888. Se llamaba Domingo Cabrera Gutiérrez, y en 1902, cuando apenas tenía catorce años, vino a Cuba. Hasta entonces había pastoreado cabras en El Hierro, y leía si acaso malamente. Decía el isleño:

“Mi abuelo tenía cinco hijos, y pensó que antes de que a sus hijos los mataran en la guerra mejor era que vinieran para Cuba. Ya mi padre, al llegar a la tierra cubana, comenzó a trabajar en la Ciénaga de Zapata, ubicada en la provincia de Matanzas, el centro de la isla”,

Allí estuvo hasta que un pariente de buena posición económica, Ignacio Padrón, primo de su abuelo, colocara a su papá en un comercio; tenía fincas y era benefactor, pues hizo en su barrio una escuela. Domingo contaba:

«Mi padre se independizó y tuvo su primera bodega en Bermeja, Unión de Reyes, en la provincia de Matanzas, y fue ahí donde conoció a la que fuera luego mi mamá, Mercedes Morgadanes, también hija de isleña, de Tenerife, y de padre gallego, de Pontevedra. Cuando ya mi padre tenía dos hijos, ocurrió una desgracia con su hermano, que murió, y entonces mi abuelo le dijo: “Ya tienes dos hijos. Quiero irme de regreso a mi casa». Entonces le pagó el viaje y lo llevó. Mi padre estaba ya encaminado. y luego nacieron dos hijos más; fuimos cuatro hermanos en total».

Cuenta Domingo que su padre era un hombre muy humano, no podía ver miserias, y cuando alguien venía a su bodega comprar algo fiado porque no tenía dinero, le daba la mercancía. Fue por eso por lo que quebró la bodega de su propiedad. Luego llegó a vender hasta confituras en los comercios, pues era muy buscador de vida. Y decía el descendiente herreño.

«Yo crecí, y mi primer trabajo fue en un estorage vendiendo gasolina, en La Habana, y vivía con mi madre y mis hermanos. También me superé, pues pasé la escuela y en 1948 me gradué de Técnico en Farmacia en la Universidad de La Habana. Trabajé esa profesión hasta el año 1988, cuando me jubilé. Para entonces estaba en la farmacia de Santos Suárez, en La Habana, de Dolores Oharris. Y en 1957 estaba en la farmacia de los hospitales Clínico Quirúrgico, que coincidió con su inauguración, y conjuntamente realizaba otro trabajo en el hospital Calixto García, también en la propia ciudad».

En el año 2003, invitado por el gobierno de Canarias, pudo visitar la isla de Tenerife, lo cual —dijo— le dio una gran alegría. «Para mí fue un sueño convertido en realidad. El gran sueño que duró un solo día», recalcó Domingo.

Estando ya en Tenerife y en un hotel cinco estrellas, Domingo pensaba en la querida tierra de su padre, Isora, en El Hierro. Pero por muy cerca que estuviera, estaba muy lejos de ella, pues en estas salidas de turismo dirigido no se permite estar de un lado para otro solo, y durante los 9 días que duraría su permanencia le era difícil ponerse en contacto con sus familiares. Pero añoraba verlos, y sólo un milagro lo permitiría.

Ese mismo día un gran amigo, y compañero de la habitación de hotel, recibía a unos familiares y le dijo:

Domingo, vamos conmigo y así conoces a mi familia y te animas un poco.

Domingo accedió y bajó con su amigo.

Ya con los familiares de éste, lo presentaron a todos y conoció al esposo de la prima de su amigo, quien le dijo:

Señor, en mi casa yo tengo un retrato donde aparece usted.

Domingo quedó asombrado y, como cosas del destino o casuales, resultó que el esposo de la prima de su amigo era pariente lejano de él, otro Cabrera también.

Tal fue la alegría que inmediatamente este pariente llamó a la prima de Domingo, Nicolasa, y le dijo.

Aquí tengo frente a mí a un primo tuyo que quiere verte.

Nicolasa aceptó y esa noche salieron en barco para El Hierro. Allí, en el puerto, todos estaban esperándolo, y fue así como pudo visitar la tierra de su padre y cumplir con su deseo.

Una bonita experiencia

Todo fue precipitado para el descendiente de Isora, pero su vida cambió, pues ya no se iría de Canarias sin visitar la tierra de sus ancestros.

Allí conoció a cinco primos hermanos. Luego fue a ver la casa de su padre. Todo estaba igual.

Había 100 chivas que daban 100 litros de leche diarios. Luego vino la conversación y los análisis, a través de los años, de dos vidas diferentes.

Antes, su papá pastoreaba; ahora, con la modernidad, los animales se alimentaban con pienso, y entonces pudo ver un almacén con sacos de ese alimento. Luego, Domingo, volviendo a recordar a su padre comentó:

«El se superó, hasta estudió inglés, y siempre estuvo preocupado por la educación de sus hijos. Tenía la moral por principio. Murió a los 86 años. Todos estudiamos. Mi hermano mayor, Ramón, es contador, el tercero estuvo en Comercio Exterior, y mi hermana Reina es maestra».

A mi pregunta de qué había sentido en ese solo día, contestó, con brillo de lágrimas en sus ojos:

«En ese solo día aunque, fue tan corto el tiempo, recibí muchas muestras de cariño y tuve muchas emociones, todo por igual. Fue un día maravilloso».

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre/2010