[Col}> “Sueños de emigrantes”: Juan González González / Estela Hernández Rodríguez

Estela

Un doctor en Ciencias cuenta sobre Frontera (El Hierro, Canarias).

Juan González González es descendiente de Frontera. Este isleño, ingeniero químico y doctor en Ciencias, tuvo aquí en Cuba una rica trayectoria laboral en el Instituto de Investigaciones de la Industria Alimenticia, Industria Láctea.

El isleño me contó que cuando su padre, Justo González Barrera, tenía 16 años, vino a Cuba con un hermano en 1883. En 1911, su esposa Juana tuvo a su primer hijo, la hermana de Juan. La pareja tuvo en total nueve hijos. Juan nació en 1931, y a los dos años de nacido su mamá enfermó y murió.

Justo, su padre, tuvo negocio de bodegas, y luego trabajó como pesador de caña de azúcar en una finca de un pariente, hasta que se jubiló. Esto fue en Villa Bermeja, en el Central “San Antonio”, en Matanzas.

Contaba Juan González que en 1940 recibieron de las Islas Canarias una carta de una prima suya, llamada Ortelia, pero que no supieron más de esos familiares hasta después de quince años.

De su visita a Canarias

En 2003, a Juan lo invitaron a visitar Canarias de igual forma que a su amigo Domingo y por el mismo proyecto. Estaba convencido de que no contactaría con sus familiares, pero el último día se le presentó una prima acompañada de su esposo. Para él fue una alegría, pues ya no tenía esperanzas de ver a sus parientes.

Un día de felicidad

Contaba Juan que nunca pensó que un día iría a Frontera y pudiera hablar con sus familiares, aunque no con todos pero si con una gran parte de ellos, ya que la familia de su mamá no pudo verla.

Un recuerdo que se trajo de ese terruño fue que lo llevaron allí a ver la casa de sus padres.

Cuenta que estaba destruida, abandonada, por los años, pero, aún así, pudo palpar el calor del lugar que un día los albergó a todos. Ahora los tiempos cambian y la vida moderna se impone, dijo.

Y Juan siguió contando: «Para mí el viaje era triste, durante cinco días no me divertía, pero en un solo día se me arregló. Pude ver a mi familia que me dio mucha atención, fueron amables conmigo».

Y termina contando sus anécdotas con una ligera sonrisa, como agradecido de ese momento de recordación, que más que recordar es vivir.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre de 2010

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