[*Drog}– La Ciencia alerta contra el drogamor

Buenas noticias.

Cada vez son más las voces autorizadas que se hacen sentir contra el drogamor, y las buenas noticias al respecto, como las que traen los dos artículos que copio más abajo.

¿Qué otra cosa sino una droga o una enfermedad congénita, puede causar el surgimiento de fobias, causar trastornos de la personalidad y hasta ataques de pánico, un estado demencial, un estado obsesivo compulsivo que ocupa todas las neuronas y no se puede sino pensar en el ser amado, con, además de la enfermedad, la consiguiente pérdida de productividad y de libertad porque uno se vuelve dependiente de otra persona?

Por si algún día me animo a contar mis experiencias personales como víctima de esa droga, y sobre cómo me zafé de ella, anticipo que sé muy bien que es cierto eso de que el drogamor hace sentir, por lo menos, pérdida de productividad, palpitaciones, temblores, hormigueos o entumecimiento, dificultades gastrointestinales, sudoración, sensación de ahogo o de atragantamiento, dificultades en la concentración, atención y memoria, sensación de mareo, vértigo o inminente desmayo. Y que durante el periodo en que fui presa de él me enfermé más veces, y de afecciones más variadas, que en los 50 años precedentes.

Y también puedo dar fe de que es cierto que es imposible detenerlo inmediatamente, que los drogamorados no pueden jerarquizar adecuadamente cada uno de los niveles de importancia, es decir, la intensidad de la preocupación es la misma, independientemente de las causas que la originan.

Así de bueno es el drogamor. ¡No se lo pierda!

Pero, tal vez por ponerse a salvo de las críticas de las personas, sobre todo jóvenes, que aún creen que el drogamor no sólo no es malo sino que es lo mejor de la vida, remataron el artículo con esta contradictoria salida: “Hay que estar atentos para distinguir el simple y sano enamoramiento del cuadro de ansiedad, ya que, básicamente, las sensaciones corporales, en ambos casos, tienen el mismo origen fisiológico, y son completamente inofensivas para la salud”.

¿Cuál enamoramiento es simple y sano, si se sabe que, para empezar, todo enamorado se vuelve imbécil? Aeemás, si el desamor libera, cuando se está drogamorado no se es libre, ¿es eso sano?

Puede ser que si el drogamorado se entrega a las delicias del drogamor y tiene la mala suerte de ser correspondido, el asunto no pase de la sensación de caminar como entre las nubes. Pero cuando se acabe esa etapa, como de seguro ocurrirá —pues “el cerebro no podría resistir tanto desgaste si se mantuviera así constantemente”— vendrán los problemas serios. Y si la buena suerte de cobrar conciencia del hueco en que ha caído, y lucha para salir de él, tendrá que pasar el calvario arriba descrito, no tal vez con todas sus secuelas sino posiblemente con algunas más. Pero hayq eu tenr presente que

O sea, que de todas, todas, es una desgracia.

Carlos M. Padrón

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11.02.08

(PD/Agencias).- La romántica fantasía que el común de la gente suele tener por causa del enamoramiento ha sido puesta en duda por recientes estudios científicos, y es que el amor puede provocar daños a quienes sufren trastornos de ansiedad.

Así lo han afirmado médicos del Centro de Estudios Especialista en Trastornos de Ansiedad de Argentina, cuyos profesionales aseguraron que el enamoramiento puede causar el surgimiento de fobias, trastornos de la personalidad y hasta ataques de pánico.

“Estar enamorado, además de ser uno de los estados más deseados, es costoso, sobre todo para aquellas personas que sufren algún trastorno de ansiedad», indicaron desde el centro médico.

En el Centro de Estudios Especialista en Trastornos de Ansiedad (CEETA), aseguraron que “Muchas sensaciones corporales que se suscitan durante el enamoramiento coinciden con las sensaciones corporales aumentadas que padecen muchas personas que sufren de ciertos trastornos de ansiedad».

Por ello, la llegada de Cupido puede venir en algunos casos acompañada por “trastornos de pánico, trastornos por fobia social y trastornos por ansiedad generalizada», explicó Gabriela Martínez Castro, psicóloga especialista en trastornos de ansiedad y directora del CEETA.

Temores y sensaciones

Las sensaciones más frecuentes que sufren estas personas son palpitaciones, temblor, hormigueos o entumecimiento, dificultades gastrointestinales, sudoración, sensación de ahogo o de atragantamiento, suspiros, dificultades en la concentración, atención y memoria, sensación de mareo, vértigo o inminente desmayo, y la sensación de caminar como entre las nubes.

Para el caso de quienes sufren de ansiedad social, el temor más grande radica en ser rechazado o ser avergonzado en público, lo que puede elevar la ansiedad hasta alcanzar una crisis de pánico propiamente dicha.

“A aquéllos que padecen Trastorno por Ansiedad Generalizada, además de sensaciones corporales aumentadas, sensación de ahogo, mareos y otros síntomas, se les agrega la excesiva preocupación por todo tipo de posibles inconvenientes que pudieran ocurrir», indicó Martínez Castro.

Estos temores pueden ir desde “no ser correspondido por el ser elegido, pensar en la posibilidad de llegar un poco tarde a la cita, qué vestimenta usar para la misma, o temer padecer un accidente al dirigirse al lugar de encuentro».

Es que los ansiosos enamorados no pueden “jerarquizar adecuadamente cada uno de los niveles de importancia, es decir, la intensidad de la preocupación es la misma, independientemente de las causas que la originan», precisó la especialista.

En algunos casos puede llegarse al extremo de sufrir un trastorno de pánico, donde aparecen el temor a morir, a descontrolarse o a enloquecer, durante la aparición de una crisis.

En este sentido, la profesional aseguró que hay que estar atentos para distinguir el simple y sano enamoramiento del cuadro de ansiedad ya que, “básicamente, las sensaciones corporales, en ambos casos, tienen el mismo origen fisiológico, y son completamente inofensivas para la salud».

PD

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14.02.08

(PD/EFE).- El amor dura máximo cuatro años y se caracteriza por ser un “estado demencial temporal».

Puede que ya esté preparando una sorpresa a su pareja para celebrar San Valentín, que piense que nunca dejará de amar a esa persona, y que compartirá el resto de su vida con ella. No obstante, ha de saber que el amor dura máximo cuatro años y se caracteriza por ser un “estado demencial temporal».

Esto es lo que asegura un grupo de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la mayor universidad de Latinoamérica, que ha analizado las implicaciones neurológicas de este sentimiento.

El amor debe distinguirse del apego y del atractivo sexual, porque el enamoramiento activa sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede sino pensar en el ser amado, afirma en un comunicado Georgina Montemayor Flores, de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Montemayor, que dirige un grupo de investigación sobre el tema, explica que cuando un individuo se enamora “se accionan las zonas que controlan emociones, como el tálamo, la amígdala, el hipotálamo, el hipocampo, el giro singulado y las partes del sistema límbico».

Este estado físico químico también acaba, asegura la especialista.

“Suele durar un máximo de cuatro años o hasta que aparece otro ser que despierta esa pasión romántica, y sólo pervive el apego o la compañía hacia una persona», afirma.

En la medida en que piensa recurrentemente en la misma persona, la condición psicológica del enamorado puede ser comparable “con un estado obsesivo compulsivo», sostiene.

Ello lleva a Montemayor a concluir categóricamente que “sólo se puede estar enamorado de una persona a la vez», al contrario del apego o del deseo sexual.

En sus inicios, el amor deviene en una obsesión de tales dimensiones “que las personas dejan de ser productivas ( … ) de hecho las grandes obras de arte nunca se crearon cuando los autores estaban apasionados, sino después, en el proceso del desamor».

La especialista en anatomía precisa que las personas entran y salen de ese estado de enamoramiento porque el cerebro no podría resistir tanto desgaste si se mantuviera así constantemente.

“Lo asombroso es que el encéfalo se acostumbra a las sustancias liberadas, por lo que, en su caso, está a la espera de que otra persona inicie este proceso. Aunque ello no tiene sustento moral, le sucede a todos los humanos “, puntualizó.

Sin embargo, advierte que el amor romántico “es tan fuerte como el impulso de ingerir alimentos o tener sed, se puede controlar en las primeras etapas, pero una vez activado es imposible detenerlo inmediatamente, aunque es temporal».

En cambio, desenamorarse de una persona, según la investigadora mexicana, se explica en que el cerebro aumenta los niveles de oxitocina, la llamada hormona del apego, “incompatible con la pasión romántica, que se convierte en el cariño familiar», asegura.

Para la experta “el amor tiene un precio. Por principio, se pierde la libertad y también se vuelve dependiente de otra persona, por ello, se debe recordar que el desamor libera».

PD

[*Drog}– Entrevista a Samir Zeki: ‘El matrimonio tendría que ser un contrato renovable cada tres años’

18/12/2007

Naila Vázquez

¿Por qué sufrimos por amor? ¿Qué nos aporta el arte? Éstas son preguntas frecuentes contestadas desde muchos ámbitos pero que hallan su síntesis en algo muy concreto: el cerebro humano.

Acercando ciencia y arte, sentimiento y química, sociedad y biología, el neurobiólogo Samir Zeki intenta responderlas aunque el estudio de este complejo entramado que es el cerebro esté aún en pañales.

Samir Zeki durante su última visita a Barcelona

—¿El cerebro sigue siendo un gran desconocido?
—Sí, seguimos conociendo sólo el 10%. Hay muchas cosas que desconocemos, incluso de aquellas partes que hemos estudiado más, por ejemplo, el cerebro visual. Podríamos decir que el estudio del cerebro se encuentra aún en la infancia. Sabemos que las formas, los colores o el movimiento están regulados por distintas partes, pero no sabemos cómo se combina todo esto para que lo percibamos como una sola cosa. Tampoco sabemos qué es la conciencia. Decimos que somos seres conscientes pero no podemos determinar con exactitud qué es eso.

—¿Y si hablamos de sentimientos…?
—Estamos empezando a saber de ellos. La típica pregunta que se hace la gente, ¿por qué una pieza de música me emociona? Estamos empezando a saber la respuesta y, aunque aún no la tengamos, soy optimista, creo que la tendremos algún día.

—Usted ha estudiado cómo el arte afecta a nuestro cerebro. ¿Qué es lo que una pintura o una escultura nos pueden producir?
—La función básica del cerebro es obtener conocimiento sobre el mundo. Esto se lleva a cabo a través del lenguaje, del olfato, del oído… El arte es una extensión de esta función del cerebro, es decir, el arte nos da conocimiento sobre las cosas, porque en las grandes obras de arte, lo que el artista hace es incluir en una sola obra todas las posibilidades. Por ejemplo, el retrato de Velázquez de Juan de Pareja no es un retrato de Juan, ese mulato ayudante de Velázquez, sino de su carácter. El arte nos produce dos cosas: la primera, nos da conocimiento, y la segunda nos mueve, nos conmueve. De hecho, los sentimientos, las emociones son una forma de cocimiento, nos dan pautas para saber reaccionar. Por tanto, el arte nos da conocimiento y conocimiento emocional. Pero además tiene una tercera función: nos permite expresar nuestros conceptos. Cuando hago un retrato de una mujer, pinto mi concepto de esta mujer. Tiene pues un valor terapéutico en tanto que me permite vivir a través de él lo que no puedo vivir en la vida.

—Pero no todo el mundo es capaz de realizar un retrato…
—Sí, es cierto. No todo el mundo es capaz de realizar un retrato, por no tener las habilidades para hacerlo, pero incluso no todos los artistas pueden hacer un retrato. Michelangelo nunca pintaba retratos —lo hizo sólo de dos personas— y no lo hacía porque no se veía capaz de transformar la belleza en su cerebro. De todas formas, aunque mucha gente no tenga la habilidad para crear una obra de arte, sí la tiene para apreciarla. Apreciar una pintura es un proceso activo no pasivo.

—Usted comenta que los artistas son “neuropsicólogos intuitivos” ya que captan los conceptos del cerebro en su pintura. ¿El artista nace pero no se hace?
—Hay que tener el gusto o la sensibilidad, pero para ser un artista hay que aprender. Hay que pintar con el cerebro, claro, sin cerebro no se puede pintar, pero lo que quiero decir es que la pintura debe obedecer a las órdenes del cerebro. En este sentido, los artistas explotan el potencial de su cerebro.

—¿De alguna forma podemos decir que el arte nos hace mejores…?
—No, no lo creo, no creo que nos haga universalmente mejores. Creo que nos da sentimientos y conocimiento pero no tiene nada que ver. Gente con muy malos sentimientos ha apreciado el arte, son cosas compartimentadas.

—¿Por qué los humanos hemos usado siempre el arte, que, aunque nos aporta conocimiento, éste no es de tipo práctico como la medicina?
—Cierto. El arte, según en qué sentido, no nos da un conocimiento útil, pero a la vez es útil en el sentido que tipifica y clasifica cosas. Por ejemplo, nos ayuda a entender las formas. Mondrian decía que la clave está en las líneas rectas. De esto hace más de 50 años, y ahora algunos científicos han descubierto que el cerebro responde a líneas rectas, que son la arquitectura primaria para todas las formas.

—Mondrian, de hecho, fue pintor y teórico…
—Sí, sí lo fue. Estaba interesado en saber cuál era el constituyente de todas las formas, y encontró que era la línea recta. En breve publicaré un artículo acerca del tema.

—¡Vaya! No descubramos más por ahora. Usted también ha estudiado ampliamente el amor, y sostiene que nuestro cerebro tiene una idea abstracta de él y que se produce una confrontación con la experiencia real porque no se corresponden. ¿Estamos condenados a sufrir por amor?
—Sí, la idea y la experiencia no casan. Los conceptos cambian, pero hay unos abstractos en nuestras ideas, como lo que describía Platón; la diferencia es que no están en el exterior sino en nuestro cerebro, que permanecen. Con el amor hay un serio problema: si el amor real no satisface el concepto que tiene aquél que ama, hay un desastre. Y este desastre es tangible puesto que el 50 o 60% de los matrimonios acaban en divorcio. Y si unimos que un 50% no se divorcian por razones económicas o por los hijos, encontramos un número muy significativo de gente —no todo el mundo, claro— que es infeliz con el amor. Por muchas razones, pero entre ellas está el hecho de que nuestro sistema biológico tiene un concepto muy difícil de satisfacer: la unidad de los amantes, algo imposible ya que somos individuos. Si miramos a los grandes amantes de la historia de la literatura, la mayoría son infelices…

—O mueren. ¿Quizá nos hemos equivocado haciendo que nuestra sociedad se sustente en la pareja, en la familia tradicional?
—Yo mismo comenté hace unos años que deberíamos revisar el concepto de matrimonio, que debería ser un contrato renovable cada tres años, y así sucesivamente. De hecho, esto tiene sentido ya que si vemos cuánto divorcio y cuánta infelicidad hay… Creo que la sociedad no ha entendido bien nuestro sistema biológico. No obstante, sociedad y biología tienen en el fondo el mismo empeño: la biología tiende a crear más y más niños, y el empeño de la sociedad es proteger a esos niños. Son parecidos pero con distintos métodos. Y el método de la sociedad, tener una pareja para toda la vida, no responde a una realidad biológica.

—¡Buf! No parece muy optimista…
—(Ríe) Sí, soy optimista ya que si la sociedad logra entender esto, podrá cambiar y seremos más felices. Porque, desde luego, hay mucha gente infeliz en sus relaciones de pareja.

—Si partimos de la base de que todo depende de reacciones químicas y conceptos de nuestro cerebro, cuando nos enamoramos de alguien e intentamos enamorarle o que simplemente se fije en nosotros, ¿eso no está en nuestras manos?
—Locos, locos (en español) estamos cuando nos enamoramos puesto que nuestro lóbulo frontal está desactivado. Nos volvemos locos, no vemos lo negativo de estar enamorado de tal persona, vemos el resto de cosas —nuestro trabajo, una obra de arte— pero en lo que se refiere a juzgar a esta persona, en eso, no vemos nada. Cuántos padres dicen a sus hijos que no deben juntarse con tal persona, pero eso no funciona porque no somos razonables. Y querer que alguien se enamore de nosotros no está en nuestro control, igual que tampoco lo está decidir que no queremos enamorarnos de alguien. El problema ocurre cuando cambian nuestros conceptos del amor y pasan 5 años y nos preguntamos ¿ésta es la persona con la que me casé? (Ríe).

—¿Eso pasa porque al principio no éramos razonables, y luego lo somos?
—Sí, pero también porque hay cambios químicos en nuestro cerebro que nos hacen ver las cosas diferentes. La locura del amor se restringe a la primera fase pasional, después hay gente que sigue enamorada pero ya no es ese amor loco.

—Entonces, eso de la llama eterna del amor ¿es un cuento?
—Todo puede ocurrir en biología, incluso los extremos. Es decir, hay gente que sí conserva siempre esa llama pero, para la mayoría, se apaga.

La Vanguardia

NotaCMP.- Otro más que concuerda en que lo que llamo drogamor es una locura, por no decir una imbecilidad. Me llama mucho la atención su mención a que la sociedad debería hacer algo al respecto; tal vez estamos ya en camino de eso. Otro buen síntoma es que alguien ya dijo que el contrato de matrimonio debería durar siete años, y ahora este señor dice que tres.

[*Drog}– Erich Fromm y el drogamor

Es de extrañar que todo un Erich Fromm —autor del famoso best seller “The Art of Loving” (El arte de amar), publicado en 1956— crea que dos personas pueden estar “destinadas” a enamorarse, pero eso es lo que dicen en el fragmento, copiado a continuación, de su libro “El amor a la vida».

También me extraña que no haga distinción entre el amor y el drogamor. Por eso tampoco dice que la tal vitalidad es uno de los efectos del drogamor; es la euforia producida por la droga; y no es lo que causa el drogamor sino un efecto de éste, un efecto que se alimenta a sí mismo y crece en la medida en que tenga éxito, o sea, en la medida en amarre más a su víctima.

Es el último párrafo el que descubre que en realidad este extracto habla de drogamor y no de amor, pues ese párrafo final simplemente describe el ciclo del enamoramiento.

Por lo visto, hubo que esperar a que en 1978 M. Scott Peck estableciera la diferencia entre amor y enamoramiento en su magistral obra “The road less traveled” (La nueva psicología del amor).

Carlos M. Padrón

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Hoy la gente cree que es amada y atractiva si se colorea el rostro de esta o aquella manera, según determinadas reglas, o lo frunce de un modo especial o imita una cierta expresión que considera muy de moda o interesante. Y son muchos los que caen en eso, por lo común gente con poca personalidad.

En realidad hay sólo una cosa atractiva, y es la vitalidad. Se puede observar que dos personas destinadas a enamorarse se atraen mutuamente porque el deseo de agradar y de atraer hace que se muestren más vitales que de costumbre.

Y lo lamentable en muchos casos es que, luego de lograr su fin, cuando ya se “tienen», su deseo de parecer vitales disminuye mucho, y después, de golpe, cambian totalmente hasta que, por último y pasado un tiempo, dejan de amarse. Incluso ya no saben por qué se enamoraron, pues ya no son los mismos. El otro ya no es hermoso, porque ya no tiene la belleza que la vitalidad había impreso en su rostro.

Erich Fromm, “El amor a la vida».

[*Drog}– La pareja todavía se elige como en tiempos de los ‘neanderthales’

Esta atracción, fundamento del drogamor, es netamente biológica —o, como suelo decir, “instintual”— y, según cuenta el artículo que sigue, no ha cambiado desde la prehistoria.

¿Confiaría hoy la sociedad en algo que estuviera omnipresente pero que no hubiera evolucionado desde entonces? Me temo que no, y por eso resulta tan peligroso que no haga nada contra el drogamor.

Carlos M. Padrón

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4 de septiembre 2007

CHICAGO, EEUU (AFP) – Aunque las salidas en pareja pueden haber cambiado, las leyes de la atracción no lo han hecho desde la época del hombre de Neanderthal, indica un estudio difundido el lunes por una publicación científica estadounidense.

Pese a la revolución sexual femenina, los hombres siguen buscando mujeres atractivas, y las mujeres son atraídas por hombres que pueden asegurar un buen sustento. Así lo afirma un grupo de investigadores que observaron jóvenes solteros en Munich, Alemania, en una sesión que se conoce como ’speed-dating’, encuentros donde se conocen muchas personas por breves minutos para luego decidir con cuál salir en una cita.

Previo a la sesión de ’speed-dating’, los investigadores entregaron a los participantes cuestionarios, y luego observaron su comportamiento durante estas minicitas. “Hay una diferencia entre lo que la gente dice que quiere en una pareja y lo que termina eligiendo”, dijo Peter Todd, un científico cognitivo de la Universidad de Indiana en Bloomington.

Según Todd, los hombres buscan las mujeres más atractivas, mientras ellas buscan bienestar material y seguridad. Las mujeres son, además, más racionales y más selectivas: mientras los hombres querían salir con la mitad de las mujeres que conocieron en la sesión, las mujeres sólo querían volver a ver a un tercio de los hombres.

Para los científicos, los solteros modernos siguen basándose en los mismos criterios que sus ancestros: los hombres buscan el mejor espécimen para procrear, y la mujer una pareja de largo aliento. Para Todd la teoría de la evolución sugería que hombres y mujeres intercambiaban distintas cualidades con el otro, algo que, afirma, se ha mantenido hasta hoy.

“Los individuos ancestrales elegían sus parejas de esta manera: las mujeres negociaban su atractivo por un hombre de mejor calidad, y los hombres buscan cualquier mujer atractiva que los acepte para tener un mayor número de crías y, por tanto, una ventaja evolutiva”.

El estudio fue publicado en el diario Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias.

YN

[*Drog}– El (drog)amor altera el cerebro y el corazón

Otro estudio que establece una relación entre enamoramiento y droga, o sea, para simplificar, establece una relación de drogamoramiento como he dado en llamarla.

Dice también este estudio que el drogamoramiento hace “que el cerebro [del drogamorado] centre su atención en una sola persona [el objeto de su drogamor] dando la espalda a todas las demás”. ¿Es eso normal? ¿Es saludable? No, no lo es, pues también se dice que el drogamor causa trastornos obsesivos-compulsivos.

O sea, toda una amenaza; una situación instintual de la que la razón está totalmente ausente.

Además, no es cierto que la pasión tenga siempre un tope de hasta cuatro años y después sea reemplazada por “algo más estable”. No, eso sería, dentro de lo malo, lo menos malo, pero muchas veces ocurre que, cuando el drogamoramiento se extingue, el ex drogamorado se pregunta “¿Qué diablos le vi yo a esta persona para haber hecho por ella lo que hice, y haberme dejado hacer por ella lo que me hizo?”, y se aleja lo más que pueda, no sin cierto sentimiento de vergüenza y cierta lesión de su autoestima.

Carlos M. Padrón

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31.07.07

(PD/Agencias).- Un estudio realizado en Europa y Estados Unidos ha revelado que el amor produce reacciones químicas similares a las conductas adictivas que traen el alcohol y el tabaco. La pasión tiene un tope de hasta cuatro años, y después es reemplazada por “algo más estable”.

Según informa el portal infobae.com, en el año 2000, dos científicos de Londres seleccionaron a 70 personas que se encontraban en las primeras etapas de enamoramiento, y observaron sus cerebros a través de equipos de resonancia magnética. Así vieron que la sensación de estar enamorado es algo muy parecido a la adicción al alcohol o las drogas, según informó este martes el diario Clarín.

Todos los animales se aparean. El sistema más primitivo del cerebro, que tienen hasta los reptiles, sabe que necesita reproducirse. Las tortugas lo hacen pero ponen sus huevos en la arena y luego regresan al mar y nunca más vuelven a ver a su pareja. El cerebro humano es más complejo, ya que cuenta con sistemas nerviosos adicionales que buscan el romance mientras que otros buscan la comodidad y la compañía, y otros simplemente quieren algo temporal.

Con todo, la química entre dos personas no se reduce simplemente a una cuestión de moléculas que se mueven dentro del cerebro. La atracción también se ve condicionada por la historia personal.

Primero tiene lugar la atracción inicial, la “chispa”. Luego sobreviene el apasionamiento, el romance, esa magia única que hace que dos personas no puedan dejar de pensar en la otra. El cerebro recurre entonces a todo su arsenal químico para centrar su atención en una persona, dando la espalda a todas las demás.

“La pasión dura por lo menos algunos meses, con un tope de entre dos y cuatro años”, asegura el investigador Arthur Aron, psicólogo de la Universidad de Nueva York, en EE.UU. Cuando ésta desaparece, es reemplazada por algo más estable, lo que se conoce como compañerismo.

Según un estudio publicado en Psychological Medicine, la gente que acaba de enamorarse tiene niveles de serotonina 40% más bajos de lo normal, al igual que quienes sufren de trastornos obsesivo-compulsivos.

PD

[*Drog}– Un elixir que cura las penas de amor

Una noticia realmente buena: la Ciencia parece querer preocuparse por hacer algo para combatir el drogamor, y ya reconoce que drogamor y amor son diferentes: el primero es instintual y el segunda intelectual. Bien que lo dijo M. Scott Peck: “El amor NO es un sentimiento”.

Carlos M. Padrón

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26.07.07

(PD/EFE).- El tópico del elixir del amor para superar las penas del corazón podrá ser próximamente una realidad gracias a la ciencia que estudia los mecanismos bioquímicos del enamoramiento y el desamor.

Así lo afirma el médico y escritor Federico Ortiz Quezada, que acaba de publicar el libro “Amor y desamor». Ortiz, de 72 años, es médico cirujano de la Universidad Nacional Autónoma de México, con posgrado en Urología en la Universidad de Cornell de Nueva York, y es autor de 34 libros sobre diversos temas, entre ellos de sexualidad y tanatología.

“En un futuro se podrán resolver por medio de la química los problemas del amor y desamor», asegura el experto, quien afirma en su obra que “cuando dos personas se atraen sexualmente una cascada de neurotransmisores recorre su cerebro y su cuerpo. Tales agentes son oxitocina, fenilenetilamina, adrenalina, noradrenalina, serotonina, dopamina, vasopresina, endorfina, así como las hormonas sexuales testosterona y estrógenos».

Hormonas para la fidelidad

El especialista indicó que la ciencia ha comenzado a conocer los mecanismos biológicos del amor y del odio, y que relacionadas con el enamoramiento existe “Toda una serie de hormonas que están siendo investigadas, las cuales contribuyen a que determinado tipo de animales sean fieles. Entonces sí podría inducirse ese tipo de situaciones amorosas, y se podrían arreglar en el hombre; pero todavía falta mucho», afirmó Ortiz.

Para el experto, como ejemplo de que la química puede contribuir a solucionar problemas vinculados con la sexualidad, está el uso actual de los fármacos para solucionar los problemas de disfunción eréctil, “y, de la misma manera, muchos problemas de la menopausia, entre éstos la disminución del deseo sexual, son arreglados con testosterona».

“Puede haber un elixir del enamoramiento, de la atracción, pero el amor es algo más cerebral y apenas comenzamos a entenderlo», dijo el autor, y precisó que el amor se encuentra en el nivel de la conciencia humana.

Diferencias entre sexo y amor

El amor es una construcción intelectual por el que desarrollamos “toda nuestra capacidad multisensorial, todos nuestros sentidos, nuestra inteligencia y nuestra ética». Aseguró que la sexualidad y el amor son cosas diferentes, que la primera tiene una base biológica y el segundo es intelectual, está en la conciencia.

Ortiz explicó también que, por naturaleza, el ser humano es polígamo, pero que la cultura lo ha convertido en monógamo.

PD.

[*Drog}– Cinco claves básicas para entender a las mujeres

04.07.07

NotaCMP.- Lo que hay bajo cada punto y en negrilla es mío.

Existen cosas que los hombres ignoran o que intentan evitar. Ya es hora de que conozcan los deseos de sus parejas y que actúen en consecuencia.

Las mujeres saben lo que quieren, pero sus parejas no siempre lo comprenden. Para colaborar con el diálogo y revelar las verdades fundamentales para el trato de ellas, el portal Terra ha confeccionado una lista con las cuestiones más delicadas.

1).- No intentes entenderla, sólo amarla. Es bien sabido que las mujeres son inestables e incoherentes. Una semana al mes se vuelven indescifrables e inquietas. Hay que aceptar esta premisa y seguir adelante. El amor debe ir más allá que el entendimiento.
Con razón pintan ciego a cupido. Lo quieren decir es que el drogamor —no así el amor— es ciego.

2).- Verse bien es una obligación. No la apures ni le pidas puntualidad. Si los hombres adoran tener a una belleza en sus brazos, deben aprender a esperar que esa imagen se construya frente al espejo, con cremas y maquillaje.
O sea, hay que aceptar como si fueran naturalmente bellas a las mujeres RPM.

3).- Hay que vencer la tentación. Basta de justificar las infidelidades con la excusa de los “instintos masculinos». Ellas también tienen momentos de debilidad, pero luchan contra ellos.
… y también comenten infidelidades.

4).- No hay labores femeninas. La cocina no es territorio exclusivo de las mujeres. Ellas también trabajan y estudian, por lo que se merecen ayuda en las cuestiones hogareñas.
De acuerdo, sólo si realmente estudian y/o trabajan.

5).- Nada de nenes de mamá. No es justo que las madres siempre tengan la razón o cocinen mejor. Hay que aprender a escuchar a la pareja y probar sus platos originales. ¡Basta de comparaciones!
Éste sí lo compro.

PD.

La Nueva Psicología del Amor (7/7): Conclusiones

“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

CONCLUSIONES

• Ningún matrimonio puede juzgarse verdaderamente sano si marido y mujer no son cada uno los mejores críticos del otro. Lo mismo cabe decir de la amistad. No llamaría amigos a mis amigos si no tuvieran la honestidad de manifestarme su desaprobación en ciertas cosas, o su amoroso interés sobre la manera en que dirijo mi vida. ¿No puedo crecer más rápidamente con su ayuda que sin ella? Toda relación genuinamente amorosa es una relación de psicoterapia mutua.

• Si nuestra meta es evitar el dolor y eludir los sufrimientos, no sería aconsejable que tratáramos de llegar a niveles superiores de conciencia o de evolución espiritual.

• Si uno puede afirmar que ha constituido relaciones de genuino amor con su pareja y con sus hijos, ha logrado realizar más de lo que consigue realizar la mayor parte de la gente.

• El matrimonio es una institución cooperativa que exige contribuciones y cuidados mutuos, tiempo y energía, pero que existe con la finalidad primaria de promover el progreso de cada uno de los miembros de la pareja en su peregrinación personal hacia las cimas individuales del crecimiento espiritual.

• La primera obligación de una persona que ama genuinamente será siempre su relación conyugal y su relación parental.

• Procurar amar a alguien que no puede beneficiarse con nuestro amor desarrollándose espiritualmente es malgastar energías, sembrar en tierra árida.

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NotaCMP

M. Scott Peck es de origen judío y psiquiatra de profesión. A los quince años de ejercerla escribió “The Road Less Traveled” que de inmediato se ubicó en el grupo de los ‘best sellers’ del New York Times y ahí permaneció por muchos años.

En 1986 compré y leí por primera vez la versión original de este libro, y en 1987 la versión en español. Y desde entonces lo he recomendado a decenas de personas, algunas de las cuales, me consta, lo compraron y lo leyeron. De otras no estoy tan seguro.

Creo que el título de la edición en inglés,

es el correcto habida cuenta del contenido del libro. Y la única explicación que encuentro a que a la edición en español

no le hayan puesto el título de “La ruta menos transitada”, o “El camino menos transitado”, que serían traducción exacta del original “The Road Less Traveled”, es que —supongo— alguien creyó que si en el título aparecía la palabra ‘amor’ los hispanoparlantes nos sentiríamos más inclinados a comprar el libro.

La primera de las ediciones en español que llegó a mis manos tenía tapas verdes; a la segunda le pusieron un para mí ridículo color rosado, supongo —vuelvo a suponer— que por el mismo motivo del título, pues así podrían hacer creer —erróneamente, desde luego— que se trataba de algo romántico, tipo “novelita rosa”. Nada más lejos de la realidad.

La Nueva Psicología del Amor (6/7): Condiciones para el amor genuino

El que los miembros de la pareja se presten atención el uno al otro, según se menciona en el subcapítulo Escuchar, es parte fundamental del pilar que llamo comunicación. Y en el subcapítulo Individualidad se menciona otro de los pilares: el respeto. Y luego el compromiso y la disciplina.

La relación en que falten uno o más de estos pilares no tiene buen futuro.

La disciplina es algo que a un drogamorado le sonará a blasfemia, pues en el drogamor no hay que esforzarse para nada; todo es perfecto y se da con deliciosa espontaneidad.

Pero si el drogamorado tiene conciencia de la gravedad del hueco en que ha caído, sabrá que el drogamor es uno de los sentimientos que hay que someter a disciplina, porque, si no, abrirá la puerta a la catexia que es inherente a ese sentimiento —y que tiene que ver con que alguien se vuelva importante para nosotros, para lo cual la trampa de la Naturaleza hace que lo relativo a ese alguien, ya sea algo bueno, regular o malo, lo veamos e internalicemos como bueno, espectacular u óptimo—, y con ello sólo nos hundiremos más y más en el hueco, y estaremos así trabajando para que cuando el drogamoramiento se desvanezca, cosa que de seguro ocurrirá, nos sintamos mucho peor y quedemos más maltrechos que si hubiéramos luchado contra la catexia.

En la catexia se dan dos acciones contrarias entre sí: catectizar y decatectizar. Si cedo al impulso de la trampa de la Naturaleza y doy curso a la convicción de que el objeto de mi drogamor es perfecto, y todo lo suyo, ya sea algo bueno, regular o malo, lo internalizo como bueno, espectacular u óptimo, estoy catectizando al objeto de mi drogamor.

Pero sí, por el contrario, cobro conciencia de que caí en un hueco y comienzo a esforzarme por encontrar y hasta magnificar lo que de malo tiene ese objeto, estaré decatectizándolo. Ésta es una tarea que requiere disciplina y toma tiempo pero que, doy fe, funciona.

Detectar que se está drogamorado es fácil en cuanto se acepte la posibilidad de estarlo y la gravedad que ello implica.

Carlos M. Padrón

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“La Nueva Psicología del Amor”
M. Scott Peck

CONDICIONES PARA EL AMOR GENUINO

Somos incapaces de amar a otra persona si no nos amamos a nosotros mismos, así como somos incapaces de enseñar autodisciplina a nuestros hijos si nosotros mismos no somos disciplinados.

Escuchar

La dedicación significa que el terapeuta escucha al paciente, le guste o no le guste. Y en un matrimonio las cosas no son diferentes. En un matrimonio constructivo, los cónyuges deben, de un modo rutinario y programado, prestarse atención el uno al otro, y prestar atención a su relación. Como ya dijimos, las parejas, tarde o temprano, dejan de estar enamoradas, y es en ese memento cuando comienza a surgir la oportunidad de un verdadero amor.

El “amor” romántico no requiere esfuerzos, y las parejas con frecuencia se muestran reacias a realizar el esfuerzo y a someterse a la disciplina del amor verdadero, y escuchar.

El escuchar verdaderamente, y el concentrarse por entero en la otra persona, es siempre una manifestación de amor. [Por tanto], en ninguna parte resulta más apropiada que en el matrimonio.

Es imposible comprender realmente a otra persona sin darle cabida dentro de uno mismo. Este proceso, que supone ejercitar la disciplina de poner entre paréntesis [aislar] las propias preocupaciones, requiere una extensión del yo y, por tanto, un cambio de éste.

Ese poner entre paréntesis y esa extensión de nosotros mismos está implícita en el acto de escuchar a nuestros hijos. Para responder a sus sanas necesidades debemos cambiar nosotros mismos. Sólo cuando estamos dispuestos a sufrir el cambio podemos llegar a ser los padres que nuestros hijos necesitan. Y como los niños están en constante crecimiento y sus necesidades son cambiantes, estamos obligados a cambiar y a crecer con ellos.

Todo el mundo conoce, por ejemplo, a padres que obran eficazmente con sus hijos hasta que éstos son adolescentes, pero luego resultan padres totalmente ineficaces porque no son capaces de cambiar ni ajustarse a sus hijos, ahora mayores y diferentes.

Y sería incorrecto —como en otros casos de amor— considerar el sufrimiento y el cambio que exige una buena paternidad como una especie de autosacrificio o martirio; por el contrario, los padres tienen que ganar más que sus hijos de este proceso. Los padres que no quieren correr el riesgo de sufrir en virtud del cambio, el crecimiento y la enseñanza que pueden obtener de sus hijos, echan a andar por la senda de la senilidad, lo sepan a no lo sepan, y sus hijos y el mundo los dejarán atrás.

Aprender de los hijos es la mejor oportunidad que la gente tiene para asegurarse una edad madura con sentido. Es una lástima que la mayor parte de las personas no aprovechen esta oportunidad [que está ayudada por el hecho de que] la necesidad de ser escuchados por los padres nunca pasa con la edad.

Individualidad

Aceptar verdaderamente la individualidad de cada cual es la única base sobre la que puede fundarse un matrimonio maduro y puede crecer un verdadero amor.

Una característica importante del genuino amor es la de mantener y preservar la distinción entre uno mismo y el otro. El que ama genuinamente siempre percibe a la persona amada como alguien que posee una identidad enteramente separada. Además el que ama genuinamente siempre respeta y hasta alienta ese carácter separado y esa individualidad única de la personalidad.

La mujer liberada tiene razón al desconfiar del hombre que con afecto la llama “su gatita», [pues posiblemente sea] un hombre a quien le falte la capacidad de respetar la fuerza, la independencia y la individualidad [de esa mujer].

La gran mayoría de los padres no logra reconocer adecuadamente, o apreciar plenamente, la individualidad única de sus hijos, sino que los miran como extensiones de si mismos.

Lo que enriquece la unión es la individualidad separada de los miembros de la pareja. Los individuos que están asustados de su soledad y buscan por ello unirse con alguien para una vida en pareja no pueden construir grandes matrimonios. El genuino amor no sólo respeta la individualidad del otro sino que tiende a cultivarla, aún corriendo el riesgo de la separación o de la pérdida. La meta última de la vida es siempre el crecimiento espiritual del individuo, esa peregrinación solitaria hacia los picos a los que únicamente se puede llegar si uno está solo.

Compromiso

Sea o no superficial, el compromiso es el fundamento, la roca firme de toda relación genuina de amor. Comprometerse profundamente no garantiza el éxito de la relación, pero ayuda más que cualquier otro factor a asegurarlo.

Asumir compromisos es algo inherente a la genuina relación de amor. Quien está verdaderamente interesado en el crecimiento espiritual del otro sabe, consciente o instintivamente, que puede fomentar ese crecimiento sólo en virtud de una relación constante.

Los individuos con trastornos de carácter no comprenden de ninguna manera lo que es fundamentalmente un compromiso.

Disciplina

El amor no esta exento de esfuerzos, por el contrario supone esfuerzos.

La autodisciplina es generalmente amor traducido en acción. Quien ama genuinamente se comporta con autodisciplina; además, toda relación de genuina de amor es una relación disciplinada.

El hecho de que un sentimiento sea incontrolado no indica que sea más profundo que un sentimiento disciplinado. [Y] no debemos suponer que no es una persona apasionada aquélla cuyos sentimientos están modulados o controlados.

Si bien uno no debe ser esclavo de sus sentimientos, la autodiscipima no significa que debamos ahogarlos hasta el punto de anularlos, pues los sentimientos son nuestros esclavos, y el arte de la autodisciplina es como el arte de manejar a los esclavos.

El sentimiento amoroso es uno de los sentimientos que hay que someter a disciplina. Como ya dije, este sentimiento no es en sí mismo amor genuino sino que es el sentimiento que tiene que ver con hacer que alguien se vuelva importante para nosotros (catexia).

Libertad y disciplina son criadas que están a nuestro servicio; sin la disciplina del genuino amor, la libertad es invariablemente destructiva. Y el genuino amor, con toda la disciplina que requiere, es la única senda de esta vida que lleva a una alegría sustancial.

Crecimiento Espiritual

De los millares y acaso millones de riesgos que podemos correr en la vida, el mayor de todos es el de crecer. Crecer es el acto de pasar de la niñez a la edad adulta, [y, como todo] crecimiento en cualquier dirección, supone tanto dolor como alegría. Una vida plena estará colmada de dolor, pero la única alternativa es no vivir plenamente o no vivir en modo alguno.

El matrimonio es una institución cooperativa que exige contribuciones y cuidados mutuos, tiempo y energía, pero que existe con la finalidad primaria de promover el progreso de cada uno de los participantes en su peregrinación personal hacia las cimas individuales del crecimiento espiritual.

Una de las tesis de este libro es que el verdadero crecimiento espiritual puede alcanzarse sólo en virtud del persistente ejercicio del amor real.

El amor es tanto egoísta como altruista. No es el egoísmo ni el altruismo lo que distingue al amor del no amor, es su meta. En el caso del genuino amor, la meta es siempre el crecimiento espiritual; en el caso del no amor, la meta es siempre otra cosa.

[En un grupo conformado por seis parejas a quienes yo trataba, todos los miembros] estuvieron de acuerdo en que la finalidad y función de la mujer en el matrimonio era “mantener la casa en orden y al marido bien alimentado».

Todos definían la finalidad y funciones de sus maridos o mujeres con referencia a sí mismos; ninguno de ellos se daba cuenta de que su consorte podría tener una existencia fundamentalmente separada de la suya propia, o un destino aparte del de su matrimonio.

[Ante tal error les dije que no me sorprendía que todos ellos tuvieran dificultades en sus matrimonios. Se sintieron no sólo maltratados sino profundamente confundidos por mi declaración, y me pidieron que definiera la finalidad y función de mi mujer. «Es —respondí— desarrollarse y crecer lo más que pueda, no para provecho mío, sino para el de ella misma y para gloria de Dios».

[Asimismo,] la misión y finalidad de un padre es ser útil al hijo, y no usarlo para su satisfacción personal. La tarea de un padre es alentar al hijo por la senda de la independencia.