[*Drog}– Erich Fromm y el drogamor

Es de extrañar que todo un Erich Fromm —autor del famoso best seller “The Art of Loving” (El arte de amar), publicado en 1956— crea que dos personas pueden estar “destinadas” a enamorarse, pero eso es lo que dicen en el fragmento, copiado a continuación, de su libro “El amor a la vida”.

También me extraña que no haga distinción entre el amor y el drogamor. Por eso tampoco dice que la tal vitalidad es uno de los efectos del drogamor; es la euforia producida por la droga; y no es lo que causa el drogamor sino un efecto de éste, un efecto que se alimenta a sí mismo y crece en la medida en que tenga éxito, o sea, en la medida en amarre más a su víctima.

Es el último párrafo el que descubre que en realidad este extracto habla de drogamor y no de amor, pues ese párrafo final simplemente describe el ciclo del enamoramiento.

Por lo visto, hubo que esperar a que en 1978 M. Scott Peck estableciera la diferencia entre amor y enamoramiento en su magistral obra “The road less traveled” (La nueva psicología del amor).

Carlos M. Padrón

***

Hoy la gente cree que es amada y atractiva si se colorea el rostro de esta o aquella manera, según determinadas reglas, o lo frunce de un modo especial o imita una cierta expresión que considera muy de moda o interesante. Y son muchos los que caen en eso, por lo común gente con poca personalidad.

En realidad hay sólo una cosa atractiva, y es la vitalidad. Se puede observar que dos personas destinadas a enamorarse se atraen mutuamente porque el deseo de agradar y de atraer hace que se muestren más vitales que de costumbre.

Y lo lamentable en muchos casos es que, luego de lograr su fin, cuando ya se “tienen”, su deseo de parecer vitales disminuye mucho, y después, de golpe, cambian totalmente hasta que, por último y pasado un tiempo, dejan de amarse. Incluso ya no saben por qué se enamoraron, pues ya no son los mismos. El otro ya no es hermoso, porque ya no tiene la belleza que la vitalidad había impreso en su rostro.

Erich Fromm, “El amor a la vida”.

3 comentarios sobre “[*Drog}– Erich Fromm y el drogamor

  1. El último párrafo de Fromm confirma que el amor, o la felicidad, no es una meta donde uno llega y se establece sino que hay que construirla día a día. De esa forma se conserva la vitalidad inicial en forma perenne. Yo tuve la dicha de vivirlo durante 40 años. Mi nujer todos los días y todos los momentos tenía una sonrisa en la cara cuando su cara se encontraba con la mía. Eso me daba un continuo feed back que, supongo, a su vez, la retroalimentaba.

  2. Exactamente, ése es el punto: hay que contruirlo —o al menos no deteriorarlo— día a día, y eso implica trabajo, idea que está reñida con del drogamor, estado en el que sentimiento drogamoroso hace innecesario el trabajo ya que todo luce perfecto, caído del cielo color rosa, y no hay nada por qué trabajar.

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