[*ElPaso}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: Viejo molino de viento

VIEJO MOLINO DE VIENTO

Pobre molino, molido
por el viento huracanado,
que hoy, solo, mueves olvido
en tu moler angustiado.

Sin aspas, desmantelado,
ni la brisa te entretiene.
Estás del todo parado.
en el aire que va y viene.

Nos hablas con pesadumbre
de tus alas desguazadas,
por lo muñones de herrumbre
de que fueron arrancadas.

Ya no das vueltas, ni mueles;
nadie te viene a buscar;
fueron contigo crueles,
nadie te empuja a volar.

Ni la guapa molinera
que tuvo amores discretos,
ni el anciano Talavera
que gobernó tus secretos.

Ni Chu Nemesio “El Bendito”
viene a traerte en ofrenda,
con la exigencia de un rito
el costal de la molienda.

Gira que gira, molías
moliendo nuestro sustento,
gofio oloroso que hacías
dándole vueltas al viento.

Ni la comadre Fermina
con los talegos panzudos
viene ya a moler harina
para amasar los “etrudos”.

Que a lo voluble del aire
te entregabas raudo o lento
siempre con gracia y donaire,
siguiendo el ritmo del viento.

Mas todo pasó. Molino
tan sólo eres de nombre,
huye el viento en tu camino
y pasa de largo el hombre.

Y tú un fantasma pareces
de unas alas voladoras
que en ilusión nos ofreces
para moler muertas horas.

Viejo molino arruinado
en los caminos del viento:
en tu moler, torturado,
muele también mi tormento.

Que mis alas de ilusión
junto con tus aspas van
revueltas en la canción
que nos robó el huracán.

Y muele, pobre molino,
que tu destino es moler
hasta que muela el destino
polvo en que te has de volver.

Viejo molino de viento
sin canción y sin cantar,
¡en tu pesadumbre siento
todo un pasado, pasar!

1956

[*Opino}– Benedicto XVI: ‘El Infierno existe y no está vacío’

No sé si a otros les ocurrirá lo mismo, pero yo me sonrojo al leer declaraciones de este tipo.

Desde muy joven tuve problemas con algunos Curas —y pendiente de publicación tengo ya escrito algo al respecto— por negarme a tragar lo que me parecían “ruedas de molino”, y ésta del Infierno era una de ellas, además de la supuesta maldad de Judas, y la infalibilidad del Papa.

Ahora, para colmo, en el tema del Infierno —que no sé si es o no es de fe— un Papa contradice a su predecesor. Entonces, ¿son ambos infalibles o es que “allá arriba” hubo elecciones, cambio de gobierno y, como ocurre “aquí abajo”, los nuevos echaron por tierra lo hecho por los que gobernaron antes?

Repito, me sonrojo o, si he de expresarlo en palabras más comunes, siento vergüenza ajena; siento vergüenza por la Iglesia Católica, una institución secular que, en otros aspectos, merece respeto.

Y bajando ahora a un plano totalmente terrenal, como es el de la lengua, en el artículo que sigue he debido corregir todas las menciones al Infierno y al Cielo, pues esas palabras estaban escritas con minúscula cuando, por tratarse de nombres propios y para diferenciarlas de las otras acepciones que ambas tienen, deben escribirse con mayúscula.

En el propio artículo se dice que el Cielo “no es un lugar físico entre las nubes». Pues bien, el lugar físico entre nubes es el cielo (con minúscula), pero el otro, el también llamado Paraíso, es el Cielo (con mayúscula).

Purgatorio y Paraíso sí venían escritos con mayúscula.

Carlos M. Padrón

***

08.02.08

(PD).- Benedicto XVI contradice de nuevo a Juan Pablo II y afirma que el castigo eterno ocurre en un lugar físico y no “mental».

Benedicto XVI ha asegurado que el Infierno existe y no está vacío. No es anuncio nuevo, en 2007 ya mencionó la existencia del Infierno como lugar, algo que su antecesor en el Vaticano había rechazado.

El Papa, durante un encuentro mantenido con párrocos romanos con motivo del inicio de la Cuaresma, ha mandado un mensaje a los fieles: la salvación no es inmediata ni llegará para todos. Por eso ha querido destacar la posibilidad real de ir al Infierno.

Según informa el diario italiano La Repubblica, uno de los párrocos asistentes, el teólogo suizo Urs Von Baltasar que es buen amigo de Benedicto XVI, planteó la hipótesis de que el Infierno estuviese vacío. Pero el Papa fue categórico en su respuesta sobre el castigo eterno, “el Infierno existe».

“El Infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno», dijo el Pontífice romano el pasado abril de 2007. Una idea que es contraria a lo que defendió el anterior Papa, el polaco Juan Pablo II, durante su pontificado, pues Juan Pablo II corrigió el concepto tradicional del Infierno.

Fue en verano de 1999, cuando hubo cuatro audiencias para hablar sobre el Cielo , el Purgatorio, el Infierno y el Diablo. «El Cielo ─dijo entonces─ no es un lugar físico entre las nubes. El Infierno tampoco es “un lugar», sino “la situación de quien se aparta de Dios». El Purgatorio es un estado provisional de “purificación” que nada tiene que ver con ubicaciones terrenales. Y Satanás “está vencido: Jesús nos ha liberado de su temor».

Retomar viejas discusiones

Otro sacerdote le ha preguntado sobre la necesidad de la Iglesia de retomar discusiones sobe el pecado, el Infierno o la vida después de la muerte.

El Papa ha querido dejar claro sobre estos temas que la salvación no está garantizada. “No todos nos presentaremos iguales al banquete del Paraíso” por eso, ha dicho, serán muchos los que tengan que purificarse “para afrontar el Juicio Final».

El Papa ha pedido a los fieles no sólo ayuno de comida sino también de palabra, y de escuchar y ver medios de comunicación. “Se necesita un ayuno de imágenes y palabras. Tenemos la necesidad de un poco de silencio».

Benedicto XVI ha explicado que necesitaría “un semestre de teología” para responder a todas las preguntas que tenían los párrocos.

PD

[Opino}– El descubrimiento del siglo: ‘Hay muchos políticos que si trabajaran en una empresa, ya estarían en la calle’

Carlos M. Padrón

Así reza un titular aparecido en La Vanguardia (España) del 04/01/08. ¡Qué gran descubrimiento!

De las diferentes “presentaciones” de políticos, los primeros que deberían ir a la calle son los que integran la variante sindical, o sea, los sindicalista, pues además de que no hacen el trabajo que deberían hacer como empleados de la empresa —pero sí cobran como tales, claro—, entorpecen el de los otros empleados, y torpedean la productividad.

Para colmo de rampante falta de dignidad personal y de ética comercial, todo eso lo llevan a cabo usando recursos de la víctima de sus manejos: la empresa.

Los que conocí durante mis 44 años de vida laboral eran todos cortados por la misma tijera: mediocres incompetentes y holgazanes que, para obtener beneficios propios y evitar que los botaran, armaban un tinglado sindical bajo el que cobijar a otros inútiles e incompetentes que, por serlo —pues veían muy clara la diferencia entre ellos y los que sí trabajaban y producían— se veían obligados a hacer algo para minimizar el riesgo de despido.

A esa descripción correspondían los que conocí en Olivetti de Venezuela, que una vez convocaron una huelga que duró hasta que al cabecilla le dieron una franquicia de distribuidor.

En IBM de Venezuela, y al menos durante el tiempo que yo estuve en esa empresa, no tuvimos sindicatos, a Dios gracias, pero en IBM de España sí había uno que, para mi asombro y consiguiente calentera, usaba las copiadoras de la compañía para reproducir cientos de panfletos con un contenido que no era precisamente favorable a IBM.

En España imponen en verano lo que sarcásticamente llaman “jornada intensiva” —aunque de intensiva no tiene nada— que, según argumentan, se hace necesaria debido al mucho calor. Si por eso fuera, argumentaba yo, en países como Venezuela debería haber jornada intensiva todo el año.

En plena jornada intensiva, yo regresaba a mi oficina después de almorzar, y continuaba trabajando hasta las 5 ó 6 de la tarde. Y en una de esas tardes entró a mi oficina un tipo y me dijo que yo no podía trabajar en ese horario.

Como no sabía quién era el tipo ni entendí qué decía ni con qué autoridad se consideraba para decírmelo, lo miré extrañadísimo y le pedí explicaciones. Su respuesta fue que él era del sindicato, y que éste prohibía que los empleados de IBM de España trabajaran después de las 2 de la tarde.

Después de tragar en seco y contar hasta 10 para no contestarle mal, le dije que yo trabajaba para IBM de América Latina, parte del mundo donde precisamente a las 2 de la tarde, hora de España, recién habían abierto las oficinas para comenzar a trabajar, y que, por tanto, mi deber era estar al pie del cañón, y disponible, en el horario laboral de América Latina, no en el de España.

Como vio que no iba a salirse con la suya, dio media vuelta y, ya camino a la puerta, medio me gritó:

—Está bien, ¡pero conste que estás dando un mal ejemplo!

¡Qué riñones! ¿¡Trabajar es mal ejemplo!? Sólo una mente sindical puede pensar así.

[*FP}– De Carpádrez: Correspondencia a sentimientos

1997

Si yo pudiera vivir con ello, más me valdría aceptar la seguridad de la solidez y sinceridad de los sentimientos que una mujer que me interese tenga hacia mí, aunque yo no pueda corresponderlos totalmente, que aceptar que otra mujer que me interese más corresponda sólo a medias a los míos o simplemente los utilice o los ignore.

Carlos M. Padrón

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Ya no es posible

YA NO ES POSIBLE

Ya no es posible revivir las flores
que perfumaron el jardín de ayeres
y al abrirse encendieron sus colores
para embriagar de ensueño los placeres.

Sólo quedan recuerdos y rubores
que pugnan por la luz de amaneceres,
y no pasan de ser sino fulgores
que traen vaguedad de atardeceres.

Todo pasó en su sueño de inconsciencia
que pinta los caminos de esperanza
y nos infunde olvidos de inocencia.

Y nuevamente niños, siendo viejos,
buscamos la ilusión que nos alcanza
porque ya estamos en el tiempo lejos.

1959

[*Opino}– ¿Por qué no en una Red de Superordenación?

De Yahoo Noticias (España), del 27/01/08:

Valencia (España), 25 ene (TVEFE).- El superordenador “Tirant», integrado en la Red Española de Supercomputación (RES), es capaz de realizar 4,4 billones de cálculos por segundo y cuya capacidad es la de 512 ordenadores personales integrados juntos.

¿Por qué si la bendita máquina es un ‘ordenador’ no está integrada en la Red Española de Superordenación? Es que eso de ‘superordenación’ suena horrible, ¿verdad?

¿Por qué si el DRAE registra como correcta la palabra ‘computador’ se usa la de ‘ordenador’?

¿Por qué si una red de supercomputación está conformada por máquinas que computan, no se le da a éstas el nombre de computadores —o computadoras, que es lo lógico y además correcto— sino que se recurre al de ‘ordenadores’ que en nada refleja lo que tales máquinas hacen?

En España, como en Francia, la aversión hacia lo useño prima sobre el sentido común y hasta sobre la dignidad.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: El Gran Imperio

28-01-2008

Carlos M. Padrón

No era de El Paso; llegó sorpresivamente al pueblo, supuestamente como latonero, y la gente decía que no sabían de dónde.

Tomó como vivienda un pajar abandonado, muy cerca de la casa de Avelina (como se ve, lo de los ‘okupas’ no es tan reciente) y a falta de cama se dedicó a recorrer los caminos recogiendo estiércol —pues en esa época transitaba por esas vías mucho ganado caballar y vacuno, y alguno caprino (aún pasaba algún que otro cabrero con su rebaño vendiendo leche a domicilio)— con el que hizo una especie de gruesa plataforma sobre la cual dormía.

Decía que el calor de la fermentación del estiércol le reconfortaba en las noches de frío, a lo cual contribuía también la gruesa capa de mugre que cubría sus ropas y lo que se veía de su cuerpo. Era un ejemplo viviente del dicho “La cáscara guarda el palo”.

Como en el lugar donde vivía no tenía agua corriente, con un balde en cada mano se iba al abrevadero más cercano, y con ambos baldes llenos de agua potable regresaba a su casa. Eso mantenía ocupadas sus dos manos que no podía usar para evitar que con el andar y el viento se abriera la gabardina que llevaba puesta, única prenda que cubría su cuerpo, y eso dejara ver su desnudez y, para asombro de los muchachos que a veces lo seguían, también sus partes pudendas.

En este dibujo, mi amigo Wifredo lo plasmó muy bien, son su gabardina y sus dos baldes.

Para alimentarse pedía a los vecinos que le regalaran los animales domésticos —preferiblemente gallinas, cochinos, conejos, cabras o cabritos— que murieran por enfermedad. Y si los vecinos no lo complacían en esto, y él se enteraba de que el cuerpo de alguno de esos animales había sido enterrado, averiguaba dónde, y, armado de una pala o azada, desenterraba el cadáver y se lo llevaba a su “residencia” donde, luego de sacarle la piel o plumas, lo descuartizaba, y la carne la almacenaba en un barril —de los entonces usados en el pueblo para almacenar por todo un año el tocino de los cochinos— dentro del cual la organizaba por capas. Por ejemplo, una capa de carne de cabrito, otra de conejo, otra de gallina, otra de cochino, etc., y repetía luego la secuencia mientras tuviera “materia prima”.

Al menos, esto era lo que él decía a los vecinos, aunque muy pocos de ellos tuvieron ánimo u ocasión para comprobarlo.

Como combustible para cocinar sus “exquisitos manjares” usaba gomas de alpargatas o de cauchos (neumáticos) de autos, y los “aromas” de esa combustión decían a todos los vecinos en muchos metros a la redonda que El Gran Imperio estaba dado a sus tareas culinarias.

Un día cayó enferma de “tetera” (así llamaban a una enfermedad mortal que daba a vacas y cabras, que infectaba en hinchaba a reventar sus ubres) una de las cabras que había en mi casa. Murió pocos días después, y mi padre la enterró en una de las que llamábamos “huertas de atrás”.

El hecho llegó a oídos de El Gran Imperio quien, ni corto ni perezoso, armado de una azada, al día siguiente del deceso caprino se presentó ante mi padre, que se encontraba trabajando precisamente en esa huerta, y le preguntó que cómo se le había ocurrido enterrar la tal cabra en vez de avisarle a él, que vivía muy cerca, para que viniera a buscarla.

La respuesta de mi padre fue que la cabra había muerto de enfermedad grave, a lo cual El Gran Imperio contestó que el fuego lo curaba todo, y le pidió permiso a mi padre para efectuar la inmediata exhumación.

Concedido el permiso, ante los asombrados ojos de mi padre El Gran Imperio desenterró el cadáver de la cabra y se lo llevó a hombros, no sin antes tapar muy bien el hueco que había quedado.

Otro de nuestros vecinos —en realidad, vecina— lo sorprendió una vez en un huerto suyo desenterrando un conejo que ella había enterrado allí el día anterior, y al preguntarle qué diablos hacía, El Gran Imperio le contestó impasible que él sabía que allí había sido enterrado un conejo e iba a desenterrarlo para comérselo, porque no hacerlo sería un desperdicio.

Incrédula, la vecina exclamó:

—Pero, hombre de Dios, ¿¡usted va a comerse un conejo muerto!?

A lo que, siempre impasible, El Gran Imperio replicó:

—¿Y es que usted se los come vivos?

La única anécdota que en materia de socialización supe de él es que, sintiéndose solo, le pidió “arrejuntamiento” a su vecina Avelina, la tía de Fernando el de Avelina, pero, aunque parezca increíble, ésta declinó tan gran “honor”.

Los detalles de la romántica petición y consiguiente respuesta eran un verdadero sainete cuando los relataba la propia Avelina en alguna de las noches en que venía a mi casa a jugar ronda, brisca o lotería, y mi padre le tiraba de la lengua acusándola de haber dejado pasar la gran oportunidad de su vida al no haber aceptado la proposición de El Gran Imperio.