[*Opino}– Acerca de «La Onda Verde»

Quien escribió lo que copio más abajo, aunque seguramente es de mi generación, debe ser un citadino, pues olvidó destacar, entre otros, algunos ejemplos, como los que describo a continuación, tomados de la vida en El Paso de los años ’50s.

Para recoger el flujo de la menstruación, las mujeres no usaban modess ni tampones ni ningún otro objeto desechable, sino unos paños hechos con material de toallas que por medio de cintas se fijaban al lugar. Esos paños se lavaban, con agua que no se perdía, y eran reutilizables.

Las sobras, nunca muchas, de la comida, no iban a una triturado eléctrica sino que se reunían en un balde o tobo —al que llamábamos ‘balsa’—, y con ellas se alimentaba al cerdo —al que llamábamos ‘cochino’—, del que en cada casa había al menos uno. Por tanto, el nombre dado a ese balde era «la balsa del cochino».

De ese cochino —uno por año— se aprovechaba todo excepto los huesos y pezuñas, y con su tocino comíamos todo un año alimentos naturales —nada de enlatados ni conservantes— que en su mayoría cosechábamos en nuestras huertas y abonábamos con el más natural de los productos: el excremento del ganado vacuno, caballar y caprino.

A tal efecto, en los corrales de estos animales había que recoger a diario su excremento y acumularlo en el lugar llamado ‘estercolero’ desde el que, una vez fermentado, se distribuía en las huertas según la necesidad.

El excremento de las gallinas tenía un uso puntual, ya que no servía para lo mismo que el otro porque es muy fuerte, pero ésas se alimentaban también de productos naturales, como verduras en mal estado para consumo humano, maíz natural, cosechado en las huertas, y los gusanos que, al recoger la cosecha lograda en esas huertas —como la de papas— encontraban entre la tierra removida; ahí se daban las gallinas un verdadero festín.

Como resultado, los huevos que ponían eran A1, no como los que uno encuentra ahora a la venta, que no se sabe cuánto tiempo tienen de haber sido puestos, y qué comieron las gallinas que los pusieron.

Para lavar la ropa —ésa que luego se secaba al sol— no se usaban detergentes llenos de extraños y dañinos químicos sino jabón hecho con grasa animal (sí, la del cochino), y así el agua de las lavadas, incluida la de lavar las toallas sanitarias, no se desperdiciaba sino que se empleaba para regar las huertas en las que se cultivaban hortalizas, papas, maíz, etc.

Para defecar se usaban retretes o letrinas, o sea, un asiento con un orificio al centro por el que, a través de un ducto, caían los excrementos en un hueco subterráneo. Los llamábamos simplemente ‘retretes’ y, como se ve, no requerían desperdicio de agua.

Cuando ese hueco se llenaba, o había que vaciarlo (trabajo, llamado de «limpiarretretes», que muy pocos querían hacer, pero que había quienes lo hacían) o se montaba el retrete en otro lugar, pues, por supuesto, esos retretes estaban separados de la casa, no sólo por lo subterráneo del hueco que necesitaban sino por el mal olor que despedían.

Esa separación sirvió a veces para otras cosas, como ya conté AQUÍ.

El algunas casas había lo que llamábamos ‘cisterna’ que no era otra cosa que el recipiente que se usa sobre los llamados váteres (pocetas) que recoge agua que al ser descargada al interior de la poceta empuja hacia la cloaca el contenido de ésta.

En mi casa teníamos el dúo de cisterna y poceta, que mi padre había traído de Cuba.

Gracias a esta facilidad, él construyó el baño adosado a un extremo de la casa y excavó el trayecto hasta la cercana huerta con tan buena suerte que descubrió una especie de cueva, de inicio y fin desconocidos, en la que hizo desembocar el canal de desagüe de la poceta.

Por supuesto, desde entonces, y a pesar de los muchos años transcurridos, nunca en esa casa hemos tenido el problema de que el hueco antes mencionado se haya llenado.

Es importante mencionar que para limpiarse después de hacer una necesidad mayor no teníamos el hoy tan «imprescindible» papel higiénico. Para eso se usaban trozos de hojas de peridódicos o revistas, y hasta trozos del papel llamado ‘baso’ en el que envolvían en las tienda de comestibles los garbanzos, arroz, azúcar, etc. que allí se compraba.

Si esa necesidad ocurría en el campo, buenas resultaban las hojas de algunas plantas.

Como ir de noche al retrete no era cómodo, se imponía el uso de orinales, de los que había uno, generalmente de peltre, debajo de cada cama.

En ellos se defecaba y orinaba (o vomitaba, si era el caso), y a la mañana siguiente se vaciaba en el retrete el contenido de todos los orinales de la casa, se lavaban, y se ubicaban de nuevo debajo de cada cama.

Y para ir al retrete cuando llovía, o se mojaba uno o recurría a un paraguas.

Los aparatos eléctricos eran escasos. En mi casa, por ejemplo, sólo había un bombillo —y de pocos vatios— en cada habitación, y un radio de tubos al que cada cuatro meses más o menos se le fundía uno, y yo, cuando ya vivía en Tenerife, iba a comprarlo en una tienda llamada Padrón. Tantas veces fui que aún recuerdo el nombre del tal tubo: 35L6GT.

Para mitigar el calor del verano era raro que alguien tuviera un ventilador, y para hacer lo propio con el frío de las crudas noches invernales, mucha gente se llevaba a la cama una botella llena de agua caliente y se acostaba con ella puesta bajo las plantas de los pies,… mientras el frío orinal esperaba impasible debajo de la cama.

¿Alguien quiere una onda más verde que ésta?

Carlos M. Padrón

***

La Onda Verde

En la cola del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente.

La señora pidió disculpas y explicó:

—Es que en mis tiempos no había esta onda verde de ahora.

El empleado le contestó:

—Sí, y ése es nuestro problema ahora: que su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente.

Y tenía razón el cajero: nuestra generación no tenía esa onda verde en nuestros tiempos.

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos.

Subíamos y bajábamos escaleras normales porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos hasta la bodega o tienda de abastos en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos cuadras.

Pero tenía razón: no teníamos la onda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios; la energía solar y la eólica secaban muy bien nuestra ropa.

Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

Pero esa señora está en lo cierto: no teníamos una onda verde en nuestros días.

En ese entonces teníamos en la casa un televisor o un radio, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano porque no había máquinas eléctricas que lo hicieran todo por nosotros.

Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no esas láminas plásticas llenas de bolitas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad.
Pero ella está en lo cierto: no había en esos tiempos una onda verde.

Cuando teníamos sed bebíamos de una fuente, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.

Recargábamos las plumas con tinta en lugar de comprar una nueva, y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero no teníamos una onda verde por entonces.

En aquellos tiempos la gente tomaba el tranvía o el autobús, y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas.

Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos.

Y para encontrar la pizzería más próxima no necesitábamos un aparato electrónico para recibir por en el espacio señales de satélites orbitando al Tierra a kilómetros de altura.

¿No resulta lamentable que la actual generación esté lamentándose de cuán botarates éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?

Cortesía de Peter Matthes

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Mártir de la vida

MÁRTIR DE LA VIDA

¡Cuánto luchas, obrero!
¡Cuánto bien proporcionas en el mundo!
No obstante, buen bracero,
siempre has vivido mísero, errabundo.

Tan sólo es de riqueza
el trabajo que empleas diariamente;
mas, siempre en la pobreza perduras
ante el rico indiferente.

También obrero soy
y a tus masas encuéntrome afiliado.
Por eso ayer como hoy,
de los grandes me he visto despreciado…

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¡Cuánto luchas, obrero!
¡Cuánto bien proporcionas en el mundo!
No obstante, buen bracero,
¡desprecios lloras con dolor profundo!

[*Drog}– El matrimonio: un invento burgués (que hizo más peligroso el drogamor)

Carlos M. Padrón

El artículo que sigue descubre los orígenes del drogamor, y deja claro que éste no sirve como argumento para llegar al matrimonio, ni como pilar para mantenerlo.

Si eso que el drogamor insiste en hacer creer al drogamorado —que es posible combinar por siempre en una sola persona las emociones de amor, deseo y felicidad— es ilusoria ambición, el dejar que eso mismo nos arrastre a la cárcel del matrimonio es un suicidio y, cuando menos, un seguro de frustración antes de los tres años, pues la experiencia ha demostrado hasta la saciedad la poca duración de la coexistencia entre lo romántico, lo sexual y lo familiar.

Es falsa, por tanto, la creencia de que, con sólo la ayuda de la otra persona, puede uno satisfacer todas sus necesidades románticas, sexuales, de convivencia y de familia.

Y esto incluye no sólo descendientes sino también parentela.

Como muy bien se dice al final, el matrimonio feliz no sólo es un mito, es algo infinitamente más frustrante que eso: es una posibilidad bastante rara, pues las probabilidades de que ocurra son mínimas.

En mi opinión, Joseph Joubert merece un reconocimiento por este invalorable, saludable y más que acertado consejo:

Sólo debes escoger por esposa a la mujer que elegirías como amigo si ella fuese un hombre.

Un sutil faceta de tal consejo es que está dirigido al hombre porque es él quien, al final, resulta atrapado en las redes del matrimonio que le monta un ser que busca cumplir con el más poderoso de los instintos: el maternal.

Pero el Sr. Joubert no tomó en cuenta la metamorfosis que ocurre en la mujer a medida que se adentra en su rol de esposa.

***

El matrimonio: un invento burgués

31.07.11

Alain de Botton

Esperar del matrimonio amor, deseo y una familia feliz es casi pedir lo imposible.

Pero ésa es una expectativa moderna que nació de una realidad económica.

Ninguna de las emociones que esperamos encontrar en un matrimonio moderno son inusuales; aparecen bien descritas en el arte y la literatura de todas las culturas y eras. Lo que hace el matrimonio moderno extraordinario es la ilusoria ambición de que todas las emociones deben ser disfrutadas durante toda la vida con la misma persona.

Los trovadores de la Provenza del siglo XII tenían una percepción compleja del amor romántico que incluía el dolor generado por la visión de una elegante figura, el insomnio por la esperanza de un encuentro, y el poder de unas pocas palabras y de las miradas.

Pero estos cortesanos no tenían ninguna intención de combinar esas emociones con la realidad paralela de formar una familia, ni siquiera pretendían tener relaciones sexuales con aquéllos/as a quienes amaban apasionadamente.

Emociones subversivas

Por su parte, los libertinos de principios del siglo XVIII en París estaban muy familiarizados con el repertorio emocional del sexo: el placer de desabrochar por primera vez las prendas de otra persona, la emoción de explorarse el uno al otro a la luz de las velas, la emoción de seducir a alguien en secreto en una misa, etc.

Sin embargo, estos eróticos aventureros sabían que sus placeres tenían muy poco que ver con sentar las bases de un compañerismo, o con criar una tropa de niños.

Y el impulso de vivir en pequeños grupos familiares, en los que crezca la próxima generación, ha acompañado a la mayor parte de la Humanidad desde los primeros días en que caminamos sobre dos piernas en el Valle del Rift, en África Oriental.

No obstante, muy rara vez eso llevó a la gente a pensar que tal vez la tarea de criar una familia estaría incompleta sin el ardiente instinto sexual o el deseo frecuente de ver a la pareja.

La incompatibilidad de los lados romántico, sexual y familiar de la vida, se consideraba una característica sencilla y universal de la edad adulta, hasta que, a mediados del siglo XVIII, en los países más prósperos de Europa, un nuevo y extraordinario ideal comenzó a tomar forma en un sector particular de la sociedad: amarse, desearse y reproducirse con una sola persona.

Este ideal propuso que las personas casadas deberían no sólo tolerarse mutuamente por el bien de los niños, sino que, extraordinariamente, deberían también esforzarse en amar y desear profundamente a su pareja.

Debían manifestar en sus relaciones el mismo tipo de energía romántica que los trovadores habían mostrado por sus cortesanas, y el mismo entusiasmo sexual que el que había sido explorado por los eróticos conocedores de la Francia aristocrática.

El nuevo ideal le planteó al mundo la [falsa] noción de que uno podía satisfacer todas sus necesidades con sólo la ayuda de la otra persona.

Este ideal de matrimonio fue abrumadoramente creado y respaldado por una clase económica específica: la burguesía, que pretendía disfrutar de un equilibrio entre libertad y restricción.

Ni tan ricos, ni tan pobres

En una economía en plena expansión, gracias a la evolución tecnológica y comercial, esta nueva clase podía tener más que las limitadas expectativas de órdenes inferiores.

Con un poco de dinero ahorrado, los abogados de la burguesía y los comerciantes podrían elevar sus expectativas y esperar de una pareja algo más que simplemente compañía para sobrevivir el próximo invierno.

Al mismo tiempo, sus recursos no eran ilimitados. Ellos no tenían el infinito tiempo libre de los trovadores quienes, como heredaban fortunas, podían pasarse tres semanas escribiendo una carta para celebrar la belleza de la punta de la nariz de la amada, pues los burgueses tenían negocios y almacenes que dirigir.

Tampoco podía la burguesía permitirse la arrogancia social de los libertinos aristocráticos —cuyo poder y estatus les daba la confianza para romper corazones y destrozar familias—, ni tenía la riqueza necesaria para lidiar con las desagradables consecuencias de sus travesuras.

La burguesía estaba, por tanto, ni tan abatida como para no creer en el amor romántico ni tan liberada de la necesidad como para darse el lujo de enredos eróticos y emocionales sin límites.

La inversión en una sola persona, legal y eternamente contratada, representaba una frágil solución a su particular necesidad emocional y limitación práctica.

‘Salario significa esclavitud’

No pudo haber sido una coincidencia que una fisión similar de la necesidad y la libertad se hiciera evidente, justo en el mismo momento, en relación con ese segundo pilar de la felicidad moderna: el trabajo.

Durante siglos, la idea de que el trabajo podría algo diferente a sufrimiento había sido totalmente inadmisible.

Aristóteles afirmó que todo el trabajo realizado a cambio de un salario era sinónimo de esclavitud, una desoladora valoración a la que el Cristianismo había añadido la idea de que la dureza del trabajo era una penitencia por los pecados de Adán.

A pesar de todo, en el mismo momento en que el matrimonio estaba siendo replanteado, hubo voces que comenzaron a discutir que el trabajo era tal vez algo más que un valle de lágrimas por la supervivencia, y que, por el contrario, podría ser un camino hacia la autorrealización y la creatividad. Podría ser tan divertido como algo que uno hace sin que le paguen.

Las virtudes que, previamente, la aristocracia había asociado sólo con ocupaciones no remuneradas, empezaron a parecer posibles también en cierto tipo de empleos remunerados.

Tal vez se podía convertir un hobby en trabajo; tal vez uno podía hacer por dinero lo que habría querido hacer de todos modos.

¿El mito del matrimonio feliz?

El ideal burgués del trabajo, al igual que su equivalente matrimonial, era una encarnación de una posición intermedia.

Uno necesitaba trabajar por dinero, pero el trabajo podía ser agradable —al igual que el matrimonio no podía escapar de las cargas tradicionales asociadas a la crianza y educación de los hijos— y, aun así, no tenía que carecer de algunas de las delicias de una aventura amorosa y una obsesión sexual.

La visión burguesa del matrimonio convirtió en tabú una serie de conductas, conductas que previamente eran toleradas o, al menos, no habían sido vistas como una causa de la destrucción de uno mismo o de su familia, pues la idea de que se podía romper la familia por tener relaciones sexuales con alguien fuera de ella, habría sido ridícula para un libertino.

El ideal burgués no es una ilusión. Hay, por supuesto, matrimonios que fusionan perfectamente los tres elementos: romántico, erótico y familiar.

No podemos decir, como a veces los cínicos se siente tentados a hacer, que el matrimonio feliz es un mito, no, el matrimonio feliz es algo infinitamente más frustrante que eso: es una posibilidad bastante rara.

No hay ninguna razón metafísica por la que el matrimonio no colme nuestras expectativas, el problema es que las probabilidades de que eso ocurra son mínimas.

Fuente: BBC Mundo

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: La muerte

LA MUERTE

A la memoria de mi madre y de mi hija.
Oye, funesta emanación del caos,
del pecado de Adán el primer fruto.
(La Hija de las Selvas)

La muerte es un fantasma que vaga por el mundo.
cortando do los seres la efímera existencia.
La Muerte es un misterio arcano el más profundo.
Y al hombre ese anatema le dio la Omnipotencia.

Espectro que del caos desciende hasta el planeta,
sediento de las vidas que mata fieramente;
Monarca de los mundos, del Orbe fuerte atleta,
que cumple los decretos del Dios Omnipotente.

Adusta mensajera, de incógnita jornada,
que lleva a los hogares la angustia y el dolor.
Es fin, si en ella empiezan las sombras de la nada,
es vida a los que mueren, si han muerto en el Señor.

Gigante segadora que corta tenazmente
las mieses de ]a vida que da Naturaleza,
y siempre por la Tierra, sañuda y prepotente,
ansiosa de amarguras, difunde la tristeza.

Potente soberana de todo el Universo;
enigma misterioso del ser y del no ser;
emblema que en los mundos encuéntrase disperso
y causa que la Ciencia no llega a comprender.

¡Oh, Muerte miserable!
¡Oh, espíritu homicida!
¡Oh, fiera abominable,
verdugo de la Vida!

Si ojeo algunas veces el libro de tu historia,
yo siento el alma mía, sumida en el pesar,
y cuando algunos seres recuerda mi memoria,
entonces, ¡ay!, me siento con ansias de llorar.

Entonces en mi monte titila la razón,
y vuela hasta ultratumba mi inquieto pensamiento.
Entonces en mi pecho se agita el corazón,
henchido en la amargura que sangra mi tormento.

Pues surge a la memoria mi madre idolatrada,
mi tierna Carmencita, pedazo de mi ser,
y muchos otros seres a quienes la Ensañada,
del mundo a los sepulcros hiciera descender.

¡Oh, Muerte miserable!
¡Oh, espíritu homicida!
¡Oh, fiera abominable,
verdugo de la Vida!

No temo a tus enconos, ¡oh, Muerte despiadada!
No temo a tus guadañas, ¡oh, Muerte traicionera!
Yo cumplo mis deberes del mundo en la jornada,
y espero, pues, tranquilo, tu espíritu de fiera…

Mas, ¡ay! clemencia, ¡oh, cielos! que oscila mi razón.
La Muerte es un arcano que encierra tu sentencia.
¡Perdóname, Dios santo, y acoge mi oración!
¡¡Yo acato los decretos de tu alta Omnipotencia!!

Yo acato tus designios, ¡oh, Excelso Soberano!
y unido al Universo te rindo mi tributo.
Yo acato tus decretos: la Muerte… el gran arcano…
del mundo el anatema… ¡de Adán el triste fruto!

[*FP}– Respuesta a comentario hecho hoy en el post "El supuesto atractivo de las piernas largas"

Carlos M. Padrón

En el post El supuesto atractivo de las piernas largas, una visitante de nombre Marina me ha puesto un comentario.

Para mejor atender su petición, y según le ofrecí en mi respuesta a ese comentario, adjunto aquí fotos que ayuden a Marina a entender mi gusto en materia de piernas femeninas.

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Éstas son típicas de mujeres de baja estatura,… de ésas de las que suele decirse que «Vaca pequeña, siempre es novilla». Son, a veces, ventajas del tamaño.

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Bastante bien, pero algo torcidas. Se nota más en la de la derecha.

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Sin gracia. El tobillo es feo y la pierna casi carece de «barriga». A piernas como éstas las llamaban en mi pueblo «palitroquentas», o sea, que parecen que fueran de palo.

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Sin gracia y, además, torcidas. Para colmo, los muslos, en cuanto a grosor, son casi iguales a las piernas.

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Feas. Delgadas y torcidas. Y el mismo problema entre pierna y muslo que tienen las de la foto anterior.

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Caprinas donde las pongan. Y tanto, que, una vez más, el muslo es del mismo grosor de la pierna. Para mí, eso es un antiafrodisiaco.

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Bellas. Lo pongo en minúscula porque habría que verlas con la planta del pie pegada al piso.

El levantar la pierna de la forma que se ve en la foto es un truco al que suelen recurrir sus dueñas o los fotógrafos para disimular un tobillo feo o una «barriga» deficiente..

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BELLAS. Hay que fijarse en la derecha, pues la de la izquierda parece estar torcida, pero es por la posición del pie.

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BELLAS. Pero, claro, es una foto puesta en algo de corte publicitario, y bien saben los fotógrafos qué tipo de piernas hay que poner ahí: las que tienen una clara diferenciación entre muslo y pierna, y entre ésta y el tobillo, y. sobre todo, tienen una bien formada «barriga»; nada de torcido ni de cilíndrico ni de palo de escoba.

Es todo esto lo que hace que se las califique como «bien torneadas».

Lo de cómo en cine y TV engañan con las piernas femeninas debería ser penado. El último ejemplo que he visto es el de la serie Castle.

En la promoción de esa serie presentaban hace tiempo, y haciendo creer que se trataba de Stana Katic, protagonista femenina de Csastle, la imagen de una mujer, vista por detrás y de cintura abajo, mientras caminaba contoneándose sobre sus elegantes tacones,… y exhibiendo unas formidables piernas.

Como eso no me lo tragué porque creo que es muy difícil que una mujer tan alta y delgada como Stana pueda ser la dueña de unas piernas tan lindas, en cada capítulo esperaba yo encontrar una demostración clara, pero uno tras otro terminé frustrado porque los editores tuvieron buen cuidado de mostrar la mitad inferior de Stana sólo cuando viste pantalones, lo cual aumentó mis sospechas.

Pero un día pifiaron, y por un segundo mostraron a Stana vista por detrás, en falda y caminando sobre tacones. ¡Qué piernas tan feas!

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COMENTARIOS

 

CMP
En respuesta a Vicencio Diaz.

Paso, Vicencio, paso. No me queda desconsuelo alguno.

Vicencio Diaz
¡Uy, de lo que te habrás perdido!

CMP
¡Ja, ja!

Javier, ese taxista podrá decir misa, pero yo valoro el total antes de “apartar” una parte,… y valga la redundancia.

Si el total no da el puntaje requerido, no pasa.

Javier Palacios
Esta conversación me recordó que, en mi juventud, cuando la moda femenina era de faldas y no de pantalones, también me fijaba en las piernas, como CMP.

Y una vez, yendo en taxi a 5 Kmh por las estrechas calles del centro de Caracas, el taxista le lanzó un piropo a una mujer, y cuando yo comenté que no tenía bonitas piernas, me dijo “Es lo primero que se aparta”.

Leonardo Masina
Chencho, yo no soy siciliano, soy de Bologna, del norte de Italia… y MUCHÍSIMAS GRACIAS por lo de “adolescente”, sobre todo con 63 años. Claro que, comparado con ustedes, que ya están añejos, sí lo soy…

Y como aún no me falla la memoria, por tanto todavía recuerdo pa’ qué sirven ciertas partes del cuerpo.

Vicencio Diaz
Nada de eso; nadie te puede sacar de esta tierra de gracia cuyas puertas están abiertas desde hace mucho tiempo. El enclave geográfico de 120 estadios es la zona templaria y es el destino de los que buscan el Santo Grial cuyo origen fue a los pies de la cruz, y creo que tu casa se encuentra al norte de la Boyera que sigue la línea del Camino de Santiago.

Cuando me refiero a ‘hispano’ me refiero por naturaleza a Hispania y a su lengua. Es a los hispanoparlantes a quienes está dirigido el mensaje contenido en el himno nacional y por lo que tengo por cierto tanto lo de que las Azores como las Canarias son la última conexión entre un mundo sujeto a leyes antiguas y la primera conexión entre la gente que quiera entrar a un mundo nuevo.

El comentario que le hiciste a Leo sobre la pasarela me impactó de tal manera que tuve que apagar la computadora e irme de paseo, pues no podía contener la risa. Eso lo vamos a estar oyendo cada días con más frecuencia y es una de las cosas que más van a atribular a muchos.

Vicencio Diaz
Leonardo, tú lo ves con mucha naturalidad porque aún eres un adolescente, pero esto de estar hablando de piernas y su vecindario, no lo recuerdo. Y en eso, que son los recuerdos que más cultivo, no creo que “el alemán” haya hecho mucho daño.

Por eso, que un hispano calentadito con La Cumbre Vieja, un ítalo cercano al monte Etna y un hijo de esta tierra estén hablando de lo que es “fundamental”, quiere decir que nuestra temperatura también está cambiando, y eso es muy promisor de aventuras que harán que no nos preocupemos cuando truene o relampaguee, pues estaremos “no mirando”, sino totalmente imbuidos dentro de aquellas estructuras, las cuales no se derrumbarán sino que se edificarán.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Leo, hay un piropo —no sé si inventado o no por mi difunto hermano, muy a la espontaneidad en esta materia—, que dio lugar a la para mí más jocosa situación de relación que entre piropo y respuesta he conocido.

¿Recuerdas la pasarela que hay en Chuao entre el Edf. IBM y el CCCT?

Por ella subía un día mi hermano, desde el lado de IBM, cuando reparó en que bajando venía una mujer negra vestida con una licra que resaltaba de forma más que notoria su parte más íntima.

Al notar aquello, mi hermano se paró en seco con su vista puesta en el abultado punto crítico, y cuando la propietaria llegó cerca de él le dijo:

—¡Preciosa pecera!

Sin detener su marcha, la dama contestó:

—¡Pues hoy tiene el agua sucia, mi amol!

Vicencio Diaz
¡Buenísima!

Por lo menos se está hablando de lo que permanecerá, aunque con las dimensiones modificadas, actualizadas y “updateadas” pues son cosas que no se van a quemar, pero de lo que se quema, ¿para qué hablar de ello?

Por cierto, las piernas de ahora soportarán mejor cualquier agite bacterial, como el de la peste negra que se inició hace 666 años, 222 años antes de julio 25 de 1567 cuando se fundó la ciudad de Caracas que hoy cumple 44 años del sismo que hizo sacudir los fundamentos de muchas estructuras; las piernas, entre otras.

Leonardo Masina
Carlos, muy buena tu frase sobre “la verdad del tiempo”; no se me había ocurrido, pero ¡cuánta sabiduría hay en ella!

Hay que ver cuántas mujeres se han hecho “las estrechas” en sus tiempos mozos y, cuando se aflojaron, ya era demasiado tarde, porque ya las carnes también se les habían aflojado.

Yo conocí a muchas que en su tiempo estaban de muy buen ver, pero cuando empezaron a “socializar” ya se les había quemado el arroz.

Chencho, esto no es arder, es llamar a las cosas por su nombre, porque tanto las mujeres como los hombres —hablo siempre refiriéndome la sexo opuesto—, no dejan de alabar un buen trasero, ya que las mujeres no pierden la oportunidad cuando se trata de “reconocer” un buen culito masculino, cosa que, para los hombres, ya se da por descontado, pues el piropear unas buenas piernas, un buen trasero o una buena delantera femenina, es una cosa innata.

¿O no te recuerdas de como, cuando pasaba una buena “moza”, todos los hombres la seguíamos con la mirada, a veces hasta descaradamente? ¡E inclusive estando acompañados de nuestras respectivas!

CMP
¿Y eso es buena o mala señal?

Vicencio Diaz
Este blog está ardiendo….

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Leo, tu última observación me recuerda de nuevo mi preocupación por la percepción del tiempo.

Si a esas mujeres se la hubieran explicado, como propongo, en la educación que recibieron en su juventud, entenderían la verdad del principio “La mujer debe aprovechar lo que la da la madre Naturaleza,… antes de que se lo quite el padre Tiempo”.

Leonardo Masina
Por supuesto que hay excepciones. Plenamente de acuerdo con las piernas de Tina Turner, pero sólo las pierna, por supuesto…

También he visto algunos buenos traseros, pero el día que cambiaron pantalones por faldas, ¡a huir se ha dicho, compadre! ¡Vaya susto!

En IBM había algunas mujeres de las que uno se preguntaba por qué venían siempre en pantalones; el día en que se las pudo ver en falda se desmoronó la imagen de mujer que uno se había imaginado.

Fue sorpresa para mí una secretaria de GSD-GBG a la que uno siempre veía en pantalones y poco caso le hacía,… hasta que en uno de las Kick-off en Macuto se le ocurrió salir en hot pants y ahí cambió la historia. A partir de ese día estuvo siempre rodeada de “moscones#.

No entiendo ese vicio de algunas mujeres de ocultar sus bellezas naturales.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

No, Leo, no soy tan fácil de satisfacer. He visto excelentes pares de piernas que dan soporte a algo que provoca ganas de salir corriendo.

Por ejempo, las piernas de Tina Turner son, como ya dije, un dechado de perfección, pero de su dueña no quiero saber nada.

Leonardo Masina
Carlos, en respuesta a lo tuyo, tú vas con lo de “Pueden más dos tetas que una carreta”. Y en este caso serían “dos piernas”.

Leonardo Masina
Un anexo y reflexión: ¿No será por el tanto estilismo, retoques, etc. que se hacen las mujeres por lo que ahora hay tantos maricones?

Lo digo en el sentido de que ya muchos hombres no sienten atractivo por las mujeres, y es que, entre las siliconadas, retocadas con cirugía estética, anorexia, bulimia, bronceadas estilo carbón, piercings, tatuajes y peinados de colores espantosos, creo que le pasa a la mayoría de la gente que ya no se voltea cuando pasa la gran mayoría de las mujeres.

Recuerdo que, hace algunos años, al paso de casi cada mujer uno se volteaba y algunos las piropeaban. Ahora, uno más bien mira para otro lado… ¡es que han perdido feminidad y atractivo! (aparte de que son casi todas iguales).

Leonardo Masina
En China, cuando Mao, la población no tenía problemas con la moda en el vestir, todos tenían que vestir el uniforme que Mao les impuso y, de hecho, el mismo Mao lo utilizaba. Lo que quiero decir es que si la moda era ésa, todos estaban conformes con el dictamen del régimen.

Con las mujeres pasa otro tanto de lo mismo. Los hay que las prefieren rubias, otros morenas, unos con formas, otros “campeonas de natación” (nada por delante, nada por detrás) y así cada cual.

Recuerdo que en mi época de juventud, por los años ’60s, cuando la gran mayoría de los italianos se volvían locos con las turistas nórdicas, altas y rubias, yo, como de costumbre, las prefería mediterráneas, más bajas, morenas y formadas,… así que yo estaba feliz, ya que de lo que a mí me gustaba había en abundancia.

Un detalle referente a las piernas es que, si son bonitas, normalmente acaban en unas caderas y trasero (sobre todo este último) que da gusto mirarlo. Cuanto más se alargan las piernas, así le sigue el cuerpo, estilizándose, y va perdiendo esa silueta en la que uno ha idealizado su prototipo de mujer.

Yo voy por lo mediterráneo, aunque en Latinoamérica hay unas “criollitas” (mezcla de todo) de muy buen ver.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

De acuerdo en todo, Leo, menos que eso de que la raza humana se habría extinguido pues, por suerte o desgracia, es cierto que “Ojos que no ven, corazón que no siente”, y siempre uno se apegaría, de entres los tipos que ve, al ue más se acerque a su ideal.

Es el problema de nacer y criarse en un lugar pequeño, e irse a vivir, ya de mayor, a uno mucho más grande.

Leonardo Masina
Perdonen que me entremeta, pero soy de la opinión de que, para ser bello, todo el cuerpo tiene que estar proporcionado.

Puede que a la mayoría les gusten las piernas de Adriana Skleranikova (esposa del exjugador de footbal Karembeu) que dicen son las más largas del mundo; en mi opinión, unos palillos de dientes.

Como decía, lo proporcionado es lo más bello. De acuerdo en que las piernas son posiblemente uno de los mayores atractivos de la mujer y, como bien decían los romanos: De gustibus non est disputandum, que significa: “sobre gustos no se disputa”. Por tanto, si cada cabeza es un mundo, hay gustos para todo porque, de otra forma, si a todos nos gustase lo mismo, o sea, el mismo tipo de mujer, todos los hombres estaríamos peleándonos por ese “modelo de mujer”, pero luego hay que ver si a esas mujeres les gustaría ese tipo de hombre…

Utilizando este paradigma, prácticamente la raza humana ya se habría extinguido hace milenios. Esto significa que los humanos tenemos nuestros gustos y, gracias a Dios que los tenemos, porque así, hoy podemos estar discutiendo sobre algo muy bonito que son las piernas de una mujer.

Recuerdo que una persona que conocí hace años me decía que a él le gustaban las mujeres anoréxicas, prácticamente esqueléticas, y se quejaba de las pocas de ésas que conseguía. Yo le sugerí (chiste malo) que se acercase a algún hospital donde las trataban, y posiblemente le podría salvar la vida a alguna.

Marina
Al Sr. Díaz me gustaría decirle que ni mi presencia en la sección comentarios de este blog, ni el hecho de haber preguntado al Sr. Padrón algo que yo desconocía, obligaba a éste a darme una respuesta, aunque su caballerosidad se hizo tan patente que, además de simplemente hacerlo, disfrutó enriqueciendo su contestación con todo lujo de detalles, informándonos a todos de sus exclusivos gustos sobre la materia en cuestión.

Mis atributos, y menos los supuestamente hermosos, nunca me han preocupado ni ocasionado el más mínimo problema.

En cuanto a las temperaturas basales, menstruaciones y sanaciones femeninas, por lo menos, y en lo que a mí respecta, me gustaría creer más en el propio devenir natural de toda la vida que en cuestiones galácticas y climáticas.

Le agradezco, no obstante, su elocuente, brillante y futurible visión del desarrollo que nos espera a todos y, sobre todo, a “todas”.

Vicencio Diaz
Este tema, con el respeto que me merecen los acostumbrados participantes de tan leído blog, lo encuentro más interesante que el de los testículos —que se ve que es el mas leído—, las escaramuzas entre la OTAN y el norte del África por petróleo barato, o las tensiones de Obama con el congreso de EEUU.

Pienso que se debe a la presencia de Marina que, quizás por ser mujer y tener ciertos atributos que alguna vez le deben de haber preocupado, expresa su opinión en forma tan elegante que obliga a nuestro anfitrión a dar algunas explicaciones, situación que aprovecho para insinuar que los fundamentos de esta “conversa” —o sea pies, tobillos y pantorrillas— van a ser afectados, antes de cuatro años comerciales, de forma tal que serán recordados como lo ha sido el Almanaque de los Hermanos Rojas en nuestros días.

Ustedes no tienen que ver con las causas de este evento, pero su preocupación por algo que no será más, me llama la atención y, de alguna manera, yo se las quisiera evitar.

El caso es que la galaxia, durante siete días a partir del 28 de marzo, fue inseminada con chorros de algo nuevo que tiene en silencio a los de la NASA, pues atravesó la galaxia, el cinturón de castidad del sistema planetario, hasta nuestra cáscara, que es la magnetosfera, y fue detectado y fotografiado por el CHANDRA.

Esto traerá sus consecuencias sobre la estatura de los humanos, las vertebras lumbares y el funcionamiento de los órganos asociados. Cambiará LA TEMPERATURA basal de Marina y las demás féminas y, para tu preocupación, serán buenas para la natación —nada por delante— pues no les va a hacer falta.

O sea: cambiará el hardware, pero el software quedará a voluntad del usuario. También cambiaremos nosotros, y para bien, pero nuestra mente se debe de ir adecuando, como lo hicimos en el pasado, a cambios de todo tipo pero, en especial, los de ellas, pues ellas seguirán siendo ellas, excelentes para lo que han sido diseñadas, y ahora actualizadas y up to date, con reemplazo de las partes dañadas y limpieza total. Para que no te preocupes por la higiene,: NO VOLVERÁN A MENSTRUAR, por lo menos las que vayan siendo sanadas.

CMP
En respuesta a Marina.

El Sr. Vicencio y yo nos conocemos desde hace tiempo porque ambos trabajamos, por años, en la misma empresa. Así que puede estar usted tranquila porque entre él y yo no hay lugar para pugnas.

¡Ja, ja! ¡Qué bueno que hoy aprendí algo!: el chiste del búho. Muy apropiado al caso, y muy bueno, Lástima que quien lo cuenta, supongo que el tal Eugenio, parece, al menos en el vídeo, un empresario de pompas fúnebres. Pero el chiste, repito, es muy bueno.

Algo había escuchado, o leído, sobre esa Babia que hay en León, pero ya lo había olvidado. Gracias por recordármelo.

Lo que no se me olvida de León es el fantástico espectáculo de su catedral cuando en una clara noche de verano al acercarme a la ciudad por no recuerdo qué carretera —sólo sé que venía yo de Madrid—, al final de una subida apareció de pronto a lo lejos, toda iluminada como si fuera una construcción de otro planeta.

Gracias, Marina.

Marina
A ver.

En primer lugar, pensé, y puede que erróneamente, que mi participación en el tema “piernas” había dado origen a una supuesta pugna irónica entre el Sr. Vicencio y usted, que pintaba bien, porque parecía divertida, pero no me fiaba mucho de cómo sería el final. Entonces quise sacar “la patita” por si acaso la había metido.

En segundo lugar, el chiste de Eugenio. Se utiliza su final cuando algo parece irse complicando y, al tratar de arreglarlo, se complica más, entonces quien lo origina se bate en retirada.

En tercero, el chiste en cuestión: http://www.youtube.com/watch?v=NvqhMdnpsyE

Por cierto, no eran cuervos, eran búhos (lo de los animales no es lo mío, está visto).

Y, para terminar, mi estimado Padronel, la Babia no es mal sitio para estar, porque supongo que conoce que es una preciosa comarca de la provincia de León donde sus reyes buscaban reposo, y reposaban tanto que, al preguntar sus súbditos por ellos, se les respondía eso: Están en Babia.

En fin, abundo en ello, pero estoy segura de que ya lo sabía.

CMP
En respuesta a Vicencio Diaz.

Vamos a ver, “Nostrujillanus” moderno: yo no dije BLAGS sino BLAG; esa ‘S’ la has añadido tú sin respeto alguno por los derechos de autor y sin siquiera explicar qué significa. ¿Soltera? ¿Señorita? ¿Sinvergüenza? Nos debes (a los lectores y amí) una explicación.

Usando los días del año comercial, 1.440 son exactamente 4 años, y si dentro de 4 años me van a cambiar las reglas del juego de la “comunión”, como tú la llamas, ya estoy comenzando a preocuparme.

CMP
En respuesta a Marina.

Marina, si no me lo explican me quedo en Babia. Nunca escuché esa expresión ni ningún chiste del tal Eugenio.

Vicencio Diaz
La traducción de BLAGS la tomé de ti.

Y ese futuro depende de cómo se use el entendimiento.

Eso ya comenzó, y justamente en los días en que el personal de IBM se reunía en Il Forno, entre finales de marzo y principios de abril. Es algo que afectará en los próximos meses al tema que les preocupa a ustedes: la belleza de las piernas, por lo que me parece bien que lo tomen en consideración.

No sé por qué razón La NASA, que sabe de esta información. ocurrida entre el 28 de marzo y el 4 de abril, se ha abstenido de hacer comentarios; de otra manera, quizá las cosas se verían distintas, y a lo mejor no conviene que así sea.

Total, 1.440 días pasan muy rápido, y si lo que viene es para perfeccionar las piernas y los demás componentes del mejor objetivo para cualquier hombre, ¡bienvenido sea!

Marina
Pues creo que, llegados a este punto y por si mi intervención ha tenido responsabilidad en ello, sólo me queda añadir al tema lo del chiste de Eugenio, el de los cuervos: “Dije culo, hijo mío, dije culo”,… con perdón.

CMP
En respuesta a Vicencio Diaz.

Mi estimado, “pelado estais”.
• La B incluye una piel como la de las orientales: de porcelana.
• La L ratifica lo de la piel, llevánolo a todo el cuerpo, y la higiene personal. pues el olfato es clave para mí en en sexo.
• La A podríamos definirla como la antítesis de las “campeonas de natación”: Nada por delante y nada por detrás.
• La G porque, como, ya he dicho estos días, detesto las miniaturas,… incluyendo a las personas pequeñas, pues han sido responsables de los mayores desastres habidos en este mundo. Una mujer pequeña es un ser del que hay que huir, y cuanto más pequeña, más peleona, irritable, buscaproblemas, quisquillosa, intrigante, etc. Al igual que los perritos pequeños, viven a la defensiva porque creen que todo el mundo quiere atacarlas.

En cuanto a ese futuro tan “halagüeño” que pintas cada vez que tiene ocasión de hacerlo, no me preocupo mucho, pues para cuando supuestamente nos alcance ya no me interesarán ni las BLAG.

Vicencio Diaz
Ahora te voy conociendo; BLAG tiene que ver:
• B, con las razas
• L, con la cultura preferiblemente judaica o cristiano judaica
• A, con la fertilidad de la raza
• G, igual que la anterior.

O sea que naciste para ser un verdadero Padrón, o, mejor, padrote.

Entiendo que tú entiendes que cuando yo escribo, aunque sea sobre hielo, siempre se me cuela algo del cambio climático actual, que ya lleva 120 días, de los 1440 que – 120 que se va a llevar este asunto.

Ese cambio va a afectar con mayor tensión genética a personas como tú, pero como yo sé que tú entiendes, porque entiendo que tienes entendimiento y quieres ser de los entendidos, te lo digo abiertamente: Tu mundo se va a ampliar exageradamente pues en vez de B, vas a encontrar N, A, R, y de todos los colores y matices que van a querer hacerte el favor de bajarte la estatura, a no ser que prefieras que te den un palo por las pantorrillas.

Ellas se van a enterar de esto, porque su temperatura basal va a cambiar. Y todo culpa del cambio climático.

Al final de esto, una mujer BLAG dentro de cinco años será tan extraña como Goliat en tiempos de David.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Fratricida

FRATRICIDA

Desde el principio de la edad remota
en que Caín mató a su buen hermano,
el germen de su mal es un arcano
que de los pechos de los hombres brota.

Y marcha desde entonces por la Tierra,
el hombre en el gran mar de las pasiones;
por eso han provocado las naciones
el mar retrogradante de la guerra.

Ese fantasma, espectro de la muerte,
que se opone a las leyes de la vida.
Mientras impere, el hombre, por su suerte, será como el pasado: ¡¡fratricida!!

[El Paso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: La Caldera de Taburiente

LA CALDERA DE TABURIENTE

                       La Belleza es esencia de Dios mismo.

Cuando del caos de la nada, un día
surgieron con sus galas eternales,
los mundos que con leyes inmutables,
están dispersos en la esfera umbría;
cuando el Orbe en su rítmica armonía
presentó sus bellezas irradiables,
arcanos para el hombre inescrutables,
do se estrella su ardiente fantasía;
contempla el Hacedor la Creación,
y entonces, descendiendo desde el Cielo,
difunde las grandezas de mi suelo,
y pone por corona a mi peñón,
la patria de aquel rey noble y valiente:
¡La Caldera, sin par, de Taburiente!

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hernández y Castillo: Conflagración Mundial

CONFLAGRACIÓN MUNDIAL

Surgió la guerra europea
que tantos profetizaron;
los imperios se lanzaron
con denuedo a la pelea,
llevando la vil idea
de inmolar a sus hermanos.
Y cual tigres inhumanos,
de la guerra en el fragor,
llenan al mundo de horror
y maldice a los tiranos.

Guerra a muerte, en loco anhelo,
declaró el imperialismo
v luchó con barbarismo
y vesánico desvelo;
y ¡guerra! sonó en el suelo
fabril de ilustre nación,
y cuando vencidos son
sus hijos nobles y buenos,
a las hordas pone frenos,
junta, la pálida Albión.

Batalló la tropa inglesa
con valor y bizarría;
bregó con toda energía
la república francesa.
Rusia asociada a la empresa,
Italia, Estados Unidos
y aliados que decididos,
cuentan hombres por millones,
combaten con mil legiones…
¡Los germanos son vencidos!

De asombro se llenó el mundo
Y de uno en otro confín,
de guerra sonó el clarín
con voz de odio el más profundo.
Hubo lucha sin segundo,
guerra salvaje y cruel,
de exterminio, sin cuartel,
de aniquilamiento y duelo.
¡Se tiñó de sangre el suelo!
¡Fue el reinado de Luzbel!

Mas no bastaba la tierra
para tan atroz locura;
también se llevó a la altura
el negro horror de la guerra.
Surge el fiero avión que aterra
y causa pena y espanto;
y cuando se calma el llanto
de las urbes desoladas,
ven sus penas aumentadas
con otro nuevo quebranto.

De los mares al abismo
bajan monstruos acerados,
los submarinos llamados,
un germano mecanismo.
Y en el loco paroxismo
de la destrucción impía,
no dejan un solo día
sin destrozar buques ciento…
¡Periodo de gran tormento,
desesperante agonía!

¡Oh, cuántas inteligencias
en la guerra sucumbieron
que de Europa gloria fueron
en las Artes y las Ciencias!
¡Oh, irresponsables conciencias
las que el conflicto iniciaron,
pues por su causa expiraron
millones de criaturas
que al ir a sus sepulturas
maldiciones les lanzaron.

¡Maldita, maldita guerra!
decían también las mujeres
y los niños, esos seres
que encanto son de la Tierra.
¡Maldita causa que aterra
a los tímidos mortales!
¡Oh, malditos ideales!
¡Oh, malditas ilusiones
de someter las naciones
a los cetros imperiales!

A históricos monumentos
que el mundo pudo admirar,
han venido a sepultar
los destructores inventos,
¡sólo por los sentimientos
de un soberbio imperialismo!
¿No sabe ese pueblo mismo
que otras edades vendrían,
que a esas fechas llamarían
«épocas del barbarismo»?

Imperios que sucumbieron
con mortales exterminios,
reducidos sus dominios
por sus adversarios vieron.
Vencer la Entente creyeron
y del mundo ser los dueños
y, tras frustrados empeños,
hoy ven en su decadencia
que fue error de una creencia
engendrada en sus ensueños.

«Fue una guerra mercantil»,
exclama la Humanidad.
«Es guerra de libertad»,
predicó el genio viril.
Y entre tanto el pueblo hostil,
cuna del imperialismo,
se escuda en raro civismo
e invoca ferviente a Dios,
¡como si Éste fuera en pos
de tan grande barbarismo!

Es el recuerdo fatal,
en los ámbitos del mundo,
de esa guerra que iracundo
maldice todo mortal.
De Europa el pueblo brutal
que, por vencer o morir,
quiso airado recurrir
a la hazaña infamatoria,
por sus hechos, en la Historia
siempre le han de maldecir.

Las naciones que vencieron,
al fin, ¿qué es lo que han ganado?
¡Nada, cuando es comparado
con lo mucho que perdieron!
¡Cuántos hombres perecieron
después do tanto bregar!
¿Cómo es posible apreciar
de tantos hombres la muerte?
Aunque es grande, ¡triste suerte
la gloria del pelear!

¿Es que no tienen talentos
las naciones poderosas,
que solucionen las cosas
por otros procedimientos?
¡Hay que aplicar los inventos
de destrucción en campaña,
para así, con cierta maña,
sus dominios extender!
¡Qué dicha sentí yo al ver
neutral a mi noble España!

Aún se escucha en triste son
la campana funeral,
la plegaria maternal
pidiendo a Dios compasión.
Los ayes del corazón
que el fuerte enemigo hiere,
y sólo en el campo muere
lleno de pena y dolor.
¡Son tristes notas de amor!
¡son himnos de miserere!

Son efectos de la suerte,
consecuencias de la guerra;
son las ayes que en la Tierra
hace producir la muerte.
Son suspiros al que, inerte,
es pasto de los gusanos,
muerto por locos hermanos
sin conciencia, sin criterio;
ecos son de un cementerio
de recónditos arcanos.

¿Por qué en vez de los cañones
no esgrimen (¡sueño dorado!)
la pluma, el mazo, el arado,
como fuertes campeones?
¿Por qué en vez de las pasiones
por do van a la matanza,
no llegan a la balanza
de la gran fraternidad?
¡La de la Caridad
es del mundo la esperanza!

Surgió en Europa la guerra
por las más cultas naciones;
sus tristes evoluciones
ensangrentaron la Tierra.
Surgió el conflicto que encierra
la hecatombe más notoria
que recuerda la memoria
y sentir pueden los pechos.
¡La que manchó con sus hechos
las páginas de la Historia!