[*Opino}– Un paso más hacia ‘monitorear’ en vez de ‘monitorizar’

02-12-13

Carlos M. Padrón

En el artículo, de Fundéu, que copio abajo, al menos no han execrado monitorear.

Pero me llama la atención que el Diccionario Panhispánico de Dudas no haya reparado en las implicaciones del uso del sufijo -izar, tal como comenté en este post.

Y como ya dije en este otro,

Monitorizar. Lo sustituyo por monitorear. Entiendo que se diga profesionalidad (condición del profesional) en vez de profesionalismo, que suena a religión o enfermedad. Pero si de rastreo —que es casi lo que se hace con un monitor— tenemos rastrear y no rastrerizar, ¿por qué de monitor vamos a parar a monitorizar?

La desinencia ‘-izar’ suena a conversión, a modificación, a alteración (catequizar, ridiculizar, agilizar, pulverizar, etc.), pero la acción que se lleva a cabo con un monitor no conlleva nada de eso.

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02/12/2013

Monitorizar y monitorear, formas correctas en español

Tanto monitorizar como monitorear son formas adecuadas en español, y ambas tienen el sentido de ‘vigilar o seguir algo mediante un monitor’.

En las noticias es frecuente encontrar frases como

  • «Crean una plataforma para monitorizar los datos de incidencia de la gripe» o
  • «La compañía ha utilizado el software para monitorizar información personal de los usuarios».

Asimismo, son habituales oraciones como

  • «Los biólogos piden monitorear el agua de los regadíos para descartar metales pesados» o
  • «Seis servicios para monitorear una etiqueta en las redes sociales».

El Diccionario Panhispánico de Dudas señala que del sustantivo monitor se han creado en español dos verbos, monitorizar y monitorear, ambos con el sentido de ‘vigilar o seguir algo mediante un monitor’.

Esta obra señala también que monitorizar es más propio de España y que monitorear se emplea más en América. Por tanto, ambas formas se pueden considerar válidas, y los ejemplos antes señalados son, en consecuencia, adecuados.

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[*Opino}– Los ingleses (¿o inglesas?) han perdido interés en el sexo

26/11/2013

Carlos M. Padrón

Creo que en la lista de motivos que para esto aparecen en el artículo que copio abajo, falta uno importante (aunque tal vez esté «subliminalmente» señalado en la foto que acompaña al tal artículo): las inglesas negocian la cama; o sea, que acceden a tener sexo a cambio de que su pareja les conceda algo.

Esto lo supe por boca de dos australianos que en 1990 coincidieron conmigo en una reunión de negocios en Sydney (Australia).

Ambos vivían desde hacía muchos años en Inglaterra, estaban casados con inglesas, y me hicieron el comentario porque yo les conté sobre la grata impresión que me había causado lo my bien que se comportaban, al menos en público, las parejas australianas que yo había conocido tanto en Australia como en USA.

Si lo que esos australianos me dijeron es cierto, el pretexto de los smartphones o las tabletas les ha dado a las inglesas una mejor posición para esa negociación.

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26/11/2013

Ana Mellado

Los británicos prefieren jugar con el iPad antes que tener sexo

En UK, al sexo le ha salido un feroz rival.

Probablemente más de un británico haya notado que su vida sexual se apaga, y que sus parejas están menos receptivas. Tranquilos, no se trata de una infidelidad. Bueno, o quizá sí, pero con el iPad.

 

Desde que las nuevas tecnologías irrumpieron en el dormitorio conyugal, la frecuencia con la que los británicos mantienen relaciones sexuales ha disminuido sustancialmente.

Las personas de entre 16 a 44 años practican sexo menos de cinco veces al mes, un 2% menos con respecto a la estadísticas del año 2000, según se desprende de la tercera Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de vida (Natsal, según su siglas en inglés).

Y, al «buscar culpables» en esta merma, los expertos miran al iPad, pues durante la última década los ingleses han preferido entregarse a los caramelos del Candy Crush o a otros múltiples juegos, antes que a sus parejas.

«La gente está continuamente pendiente de las tablets y los teléfonos inteligentes, que están conquistando el dormitorio. El constante uso de Twitter y Facebook, y el responder a correos electrónicos a todas horas, está afectado mucho», señala Cath Mercer, del University College of London.

Además de esa infidelidad con las tablets o los smartphones, la maltrecha situación económica y la incertidumbre también han contribuido a apagar la libido de los británicos.

La autoestima de los parados se reduce, mientras que aquéllos que tienen empleo trabajan más duro. «La población está preocupada por sus empleos y por el dinero, y no se encuentran en el estado de ánimo para el sexo», prosigue.

Las entrevistas realizadas a más de 15.000 personas para elaborar el estudio, publicado en la revista The Lancet, se llevaron a cabo entre septiembre de 2010 y agosto de 2012 cuando Gran Bretaña luchaba por recuperarse de la caída en el PIB de 2008 y coqueteó con una recesión de doble caída.

Esta disminución también se explica en parte por el cambio demográfico, con una tasa menor de personas casadas o con pareja, dificultando la oportunidad de tener relaciones sexuales, aunque incluso entre las personas que viven con una pareja han disminuido también.

Los mayores no renuncian al sexo

Aunque los británicos hayan aminorado sus encuentros sexuales con sus parejas, en cambio, se mantienen sexualmente más activos durante más años.

El 60% de hombres y el 42% de mujeres de entre 65 y 74 años practicaron sexo al menos una vez en el último año. ¿Será quizá porque su generación no está tan enganchada a las tablets o los smartphones? Mercer señala otros motivos.

«A medida que los hombres y las mujeres viven más tiempo, tienen una vida más sana, y siguen teniendo relaciones sexuales más allá de sus años reproductivos. Tenemos que ver la salud sexual y el bienestar como una cuestión de importancia para toda la vida», señala Mercer.

La vida sexual se alarga no sólo porque la libido se mantenga despierta a medida que la población envejece sino también porque se empieza antes. Los británicos mantienen su primera relación sexual cada vez más temprano. El 31% de los hombres y el 29% de mujeres entre 16 a 24 años afirmaron haber tenido su primer coito antes de los 16 años.

Los resultados también arrojan otras interesantes conclusiones, como el carácter intrépido y atrevido de los británicos para experimentar con nuevas prácticas, o el carácter más intolerante de los hombres hacia las infidelidades de ellas, aumentando de un 45 a un 63% la proporción de hombres que no estaría dispuesto a perdonar un escarceo de su pareja.

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[*FP}– Mi extraña memoria para las fechas,… y los colores

19-11-13

Carlos M. Padrón

Por fin me entero de que tiene nombre la memoria mía, ésa que algunos alaban y otros maldicen: se llama «Memoria autobiográfica muy superior«.

Sin embargo, en la mía no encajan todos los detalles que sobre este tipo de memoria da el artículo que copio abajo, aunque sí es válida la pregunta de si por tenerla soy o no afortunado.

Por ejemplo, no puedo evitar que al ver o recordar una fecha en que ocurrió algo para mí significativo, me vengan a la memoria los hechos con ella relacionados, incluyendo, por ejemplo, sonidos, vestimenta, sentimientos, hora, etc. Y al revés: que al recordar el hecho, me venga ligado a él la fecha correspondiente.

Por tanto, y por lo muy personales que son esos recuerdos, no veo forma de que pueda comprobarse si están o no distorsionados.

Puede que la nitidez de los detalles asociados, como los ya mencionados, se haya desvaneciendo un poco con el tiempo, pero el vínculo automático y espontáneo entre fecha y hecho sigue intacto.

Mi memoria no es de las que sirven para «recordar con precisión incluso los detalles más triviales de su pasado lejano», pues no está al servicio de trivialidades sino, repito, de hechos que tuvieron gran importancia para mí. Tal vez por eso no sea «Memoria autobiográfica muy superior» sino «Memoria autobiográfica muy personal«.

Por ejemplo, si alguien menciona 12 de septiembre, o yo lo veo en un calendario, automáticamente recuerdo que en un día 12 de septiembre «dejé el nido», como decía mi padre; o sea, dejé mi casa natal y mi grupo familiar, y me fui a vivir por mi cuenta.

Si es el 13 de julio, veo de inmediato el día en que, junto con mis padres y hermanas, cerramos nuestra casa en El Paso para emprender la «aventura» de venir a Venezuela. Y recuerdo los sentimientos asociados a ese momento.

Si 26 de julio, recuerdo lo que sentí al ver desde el mar cómo lucía La Guaira, y el muelle repleto de gente esperando que atracara el barco que nos traía. Y también recuerdo el matrimonio civil de mi hija Alicia, y lo que, como padre, sentí mientras éste se celebraba en el entonces comedor de mi casa.

Si 16 de julio, recuerdo —y no sin miedo— que a poco de llegar yo a España para la asignación de trabajo que me dio IBM, una vidente me contó en 10 minutos el detalle de mis mayores tribulaciones, y recitó una lista de hechos, rasgos de carácter y valor que para mí tenían ciertas personas, y terminó diciéndome que yo había ido a España a divorciarme. A mi respuesta de que si acepté ir a España fue precisamente para lograr todo lo contrario, insistió con firmeza en que ése era mi destino y que no había vuelta de hoja; me hizo una apuesta, y la ganó.

Si 05 de septiembre, recuerdo claramente cuando en la Av. Urdaneta encontré a Carlos Pérez Requejo (q.e.p.d.), quien me dijo que volviera a tocar a las puertas de IBM porque estaban contratando gente.

Si 16 de abril, vuelvo a escuchar el extraño chirrido de frenos que sonó a mi izquierda, mientras yo, al volante de mi carro, esperaba en un semáforo el cambio de luz. Veo de nuevo, y por una fracción de segundo, una especie de bólido blanco que se me vino encima, y vuelvo a sentir el golpe seco que destrozó mi carro, me fracturó una costilla, y me dijo atrapado en un espacio mínimo entre el volante, que bajó; el piso del carro, que subió dejando por detrás los pedales; y la puerta, que se hundió hacia dentro.

Y así podría armar yo una larga lista de fechas que, me guste o no, me traen el vívido recuerdo de hechos vinculados a ellas; hechos que, si bien podrían parecer triviales a ojos ajenos, para mí no lo fueron.

Me gustaría mucho olvidar algunos de ellos, pero no puedo; no es algo volitivo, es casi un acto reflejo. Por eso me hacen gracia los chistes de parejas que se pelean porque él no recuerda la fecha en que se conocieron, el aniversario de bodas, etc. En mi caso, soy yo quien, para bien o para mal, recuerda todas esas fechas.

Hace poco vino a mi casa, con su esposa, el hijo de un buen amigo mío, y trajo una laptop para que yo le arreglara algo en ella. Cuando para poder entrar en el sistema operativo me dio como password (contraseña) un número de 6 dígitos, miré a mis dos visitantes y les dije: «¡Qué romántico!: la fecha en que ustedes se casaron».

Los dos se miraron extrañados, y al unísono me preguntaron por qué diablos recordaba yo eso. Les dije lo que ya he dicho: porque ese día, y en relación con esa boda, que se celebró en 1997, ocurrió un hecho significativo para mí.

Es ésta una cualidad de la que podría yo decir lo que, acerca de su prodigiosa memoria, decía el protagonista de «Monk», un programa de TV: «Es tanto una bendición como una maldición».

En mi caso, es algo bueno para quienes están urgidos de saber cuándo ocurrió algo para ellos importante, me preguntan por la fecha porque saben que yo estuve presente en ese algo, y yo, sin más, se las doy de inmediato.

Ésos me agradecen el dato al tiempo que alaban mi extraordinaria memoria.

Pero es malo para quienes olvidaron algo que no quisieran recordar, y yo se los recuerdo. En este caso, el comentario es «¡Tú y tu maldita memoria!».

Y para completar el cuadro, parece que, según explican en el artículo ¿Y si pudiéramos ver en la oscuridad?, también tengo un cierto grado de sinestesia, pues asocio con colores los nombres de los meses del año, pero sólo de algunos. Por lo visto, pertenezo en cierto grado al gripo de las personas hipertimésicas.

Para mí, enero y febrero son blancos, abril es gris claro, mayo es amarillo, junio es azul celeste, julio es azul marino, agosto es color garbanzo, y diciembre es gris oscuro.

Y la única explicación que a esto tengo es que el gris casi negro de diciembre se deba a que la mayor concentración de cosas malas que me han sucedido ocurrieron en un mes de diciembre, empezando por cuando a la edad de 4 meses me dio una neumonía y, mi atribulada madre me lloró por muerto por cuanto, dijo ella, yo ni respiraba. El arrojo de mi tía Nila (la esposa de mi tío-abuelo, Pedro Castillo), me devolvió a la vida.

Luego, en diciembre del próximo año, estuve de nuevo al borde de la muerte, o de una amputación, por tétanos.

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19/11/2013

Pilar Quijada

¿Podemos fiarnos de nuestra «buena» memoria?

Imagine que le preguntan qué hizo el 19 de octubre de 1987. La mayoría de nosotros, salvo que la fecha coincida con un acontecimiento muy señalado, seremos incapaces de responder. ¿Lo recuerda, o lo sigue viendo negro?

Si a pesar de la pista deslizada en las líneas anteriores no lo puede precisar, no se preocupe. Sólo algunas personas pueden responder sin esfuerzo ni vacilaciones: “Era lunes. Fue el día en que los mercados de valores se hundieron, y también el día de la muerte de la violonchelista Jacqueline Du Pre”.

Aún en días menos señalados que el denominado “lunes negro”, algunas personas pueden acceder al recuerdo de un día concreto con todo lujo de detalle, como el día de la semana en qué cayó o el tiempo que hizo. Y cuando esos detalles pueden ser verificados, su información es correcta en el 97% de los casos.

Esos ¿afortunados? tienen una capacidad muy especial conocida como “memoria autobiográfica muy superior”.

La memoria autobiográfica es el conjunto de recuerdos y conocimientos que poseemos sobre nosotros mismos. Las personas “hipertimésicas”, como también se las denomina, son capaces de recordar con todo lujo de detalles lo que ocurrió un día cualquiera a partir de los 6 o 7 años de edad, cuando empezamos a formar recuerdos estables. Algunos parece que llegan incluso más atrás. Pero a veces la fuerza con que se graban en su memoria puede ser angustiosa, y les gustaría no poseer esa habilidad. Sin embargo, en los detalles finos tal vez su memoria no difiera tanto de la del común de los mortales.

Una investigación publicada en el último número de “Proceedings of the National Academy of Sciences” (PNAS) sugiere que ni siquiera ellos se libran de las “falsas memorias”, o sea, de una distorsión de los recuerdos que ha hecho, por ejemplo, que muchos testigos oculares de un delito declaren cosas que en realidad nunca ocurrieron, con las implicaciones legales que esa distorsión no intencionada tiene.

Recuerdos transformados

Tal sesgo se debe a que lo que recordamos no es ni de lejos un fiel reflejo de lo que sucedió en el pasado. Al contrario, cada vez que traemos evocamos una escena del pasado se va “enriqueciendo” con detalles en ocasiones más que dudosos. Y, si no, hagan la prueba: pidan a un amigo que recuerde una experiencia común y comprueben cuánto coincide con la suya.

Y es que “desde el momento en que se forma un recuerdo, se embarca en un viaje dinámico durante el cual es consolidado, a menudo actualizado, y también a veces distorsionado hasta el punto de falsificar el pasado”, recordaba a principios de año un editorial de la revista “Nature Neuroscience”, que resaltaba la importancia de tenerlo en cuenta en los juicios a la hora de aceptar el testimonio de los testigos oculares.

En realidad, caer en esos errores involuntarios no es difícil. De hecho, hay muchas pruebas psicológicas diseñadas precisamente para demostrarnos que nuestros recuerdos, más que una fiel fotografía son un “montaje” de Photoshop.

Una de ellas es el denominado paradigma Deese/Roediger-McDermott. Se basa en una lista de palabras como cama, descanso, despertar, cansado, sueño, pijama, manta, despertador, almohada, insomnio, bata…

Si quiere probar, deje de mirar el texto e intente escribir en un papel las palabras que recuerde de esa serie. ¿Se ha olvidado de poner la palabra dormir tal vez? Si la ha puesto, perfecto. Ha seguido la pauta de un porcentaje muy alto de personas que han participado en este test, y que la incluyen a pesar de que no está entre las que leyó.

Sin embargo, todos los vocablos giran en torno a lo que se denomina “palabra crítica”, en este caso dormir, con la intención, precisamente, de manipular la memoria.

Recordar lo que no existe

La psicóloga y matemática Elizabeth Loftus, de la Universidad de California, que dirige el estudio de PNAS, conoce a fondo de este tema. Sus trabajos pioneros han hecho que se haya dejado de considerar la memoria como una reproducción precisa de las experiencias pasadas, para verla más bien como un proceso reconstructivo que a menudo se desvía de la realidad.

Y fue también de las primeras en demostrar que la gente sana e inteligente puede recordar hechos de forma “ligeramente” distinta a lo que realmente ocurrió, o que a veces ni siquiera tuvieron lugar, como demuestra un experimento llevado a cabo en 2006 en la Universidad de Maastricht.

Los investigadores preguntaron a 83 estudiantes de pregrado si habían visto el vídeo del asesinato del político holandés Pim Fortuyn, y les pedían además los detalles que pudieran recordar de la grabación.

El 63% de los estudiantes dijeron que lo habían visto, y el 23% fueron capaces de proporcionar detalles. Sólo había un pequeño problema: el vídeo en cuestión nunca existió. Según el estudio, los participantes con “memoria” de las imágenes inexistentes del vídeo del asesinato obtuvieron las puntuaciones más altas en su propensión a fantasear, que aquéllos que no podían “recordarlas”. Probablemente también crearon falsos recuerdos a partir de las noticias sobre el asesinato.

Experimentos como los mencionados subrayan lo moldeable que es nuestra memoria autobiográfica.

De hecho, Loftus, en una serie de experimentos ya clásicos, demostró que las “sugerencias” pueden también causar distorsiones en el recuerdo de un suceso. Pensemos en interrogatorios policiales o técnicas como la hipnosis o rebirthing, acusadas en ocasiones de inducir la formación de recuerdos falsos sobre sucesos que nunca ocurrieron en realidad, como abusos sufridos en la infancia, que tanto sufrimiento sin motivo han causado.

En el nuevo estudio que se publica en PNAS, Loftus y su equipo, para entender mejor la memoria superior y esas curiosas distorsiones, compararon la susceptibilidad para crear falsos recuerdos de 28 personas con recuerdos típicos, y 20 personas identificadas como excepcionalmente dotadas por su capacidad para recordar con precisión incluso los detalles más triviales de su pasado lejano.

Los resultados demuestran que tampoco las personas con una memoria autobiográfica muy superior a la media están libres de estas distorsiones, como comprobaron con pruebas parecidas a las mencionadas (listas de palabras y recuerdo detallado del vídeo “inexistente” de un accidente de avión).

Sus hallazgos sugieren que los mecanismos reconstructivos de la memoria que dan lugar a este tipo de distorsiones son básicos y están ampliamente extendidos en nuestra especie. La cuestión es por qué esta forma de recordar se ha conservado a lo largo de la evolución. ¿Quizá se relaciona con la fantasía y nos hace más creativos?

Cerebro diferente

Además, señalan los investigadores, probablemente nadie sea inmune a estas distorsiones. Ni siquiera personas como Solomon Shereshevsky, un periodista ruso estudiado por el neuropsicólogo Alexander Luria a partir de 1920 durante 30 años, y cuya experiencia plasmó en un libro titulado “The mind of a mnemonist: a little book about a vast memory”.

S., como se le conoció durante mucho tiempo, era capaz de recordar un discurso palabra por palabra sin tomar ni una sola nota, y es uno de los primeros casos de hipertimesia descritos.

En comparación con los controles de memoria normal, el cerebro de estas personas al parecer muestra diferencias en nueve estructuras cerebrales, algunas relacionadas con la memoria autobiográfica (como los giros temporales medio e inferior, la ínsula anterior, el polo temporal y el giro parahipocampal), y otras cuya función en este tipo de recuerdo se desconoce (núcleos caudado y lenticular), según un estudio en el que participaban varios de los integrantes de la investigación ahora publicada en PNAS.

Los investigadores sugieren que estas diferencias halladas en el cerebro de las personas con memoria biográfica muy superior podrían contribuir a hacer un uso más eficiente del hardware que comparten con la mayoría de la gente.

Pero, según esta última investigación, esa supuesta mayor eficiencia no les libra de los “errores de procesamiento” que nos afectan a todos.

Fuente

[*Opino}– Recalcitrantes en el uso de la lengua

18-11-13

Carlos M. Padrón

Titular en El País (España) del 18/11/13:

  • El móvil sexual resurge en el ‘caso Yéremi Vargas’

Caramba, no sabía yo que había teléfonos sexuales. Y que nadie se asombre de mi ignorancia porque en España llaman ‘móvil’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘celular’, o equivalente, ya que esos teléfonos funcionan gracias a la telefonía celular, o sea, una tecnología basada en células —o celdas— geográficas, o áreas de cobertura de sus antenas.

Por otra parte, ‘móvil’ fue siempre usado como el motivo para hacer algo, como cometer un crimen; o sea, que tiene varias acepciones, pero, como sustantivo, ‘celular’ sólo tiene una.

Esa costumbre española de aferrarse a sus usos, aunque en lengua se trate de términos confusos, me parece recalcitrante, y tal vez el mejor ejemplo sea el de empeñarse en llamar ‘ordenador’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘computador/a’, que, para colmo, es el nombre que en inglés le dieron sus creadores: computer.

En la prensa digital española usaron por años el término ‘supercomputador’ porque, sinceramente, lo de ‘superordenador’ sonaba raro ya que, supongo, hacía pensar en un tipo que, más que ordenado, era súper ordenado. Pero ya adoptaron el uso de ‘superordenador’.

Sin embargo, parece que han olvidado algo, pues ¿ha escuchado o visto alguien que en vez de ‘computarizado’, palabra muy usada en el mundo hispanohablante, se diga ‘ordenarizado’ u ‘ordenatizado’? No me extrañaría que un buen día se descolgaron en España con alguno de éstos.

[*Opino}– Trucos abusivos en prensa digital

06-11-13

Carlos M. Padrón

En el artículo El mal uso ­(o abuso) de internet destaqué los trucos a que recurren algunos medios digitales para conseguir más y más clics a costa del tiempo de los visitantes.

En ABC.es de hoy creo que se pasaron, pues con ese truco, en sólo el resumen de los 10 artículos más leídos, a los que ellos llaman «Lo último», que, en un casi remdo de los Top Ten gringos, son éstos:

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aparecen nada menos que SEIS (6), a saber:

  1. Los 10 errores más comunes de los hombres al vestirse
  2. Las diez portadas de discos más sexys de la historia del pop
  3. Diez hoteles rurales con encanto para una escapada en otoño
  4. Los diez coches más vendidos en 2013
  5. Marcas que fabrican coches para otras marcas: ¿sabemos realmente lo que compramos?
  6. Quince de los más bonitos pueblos de España
O sea, que si un lector quiere leer completos los seis tiene que clicar no seis veces sino ¡más de CINCUENTA (50)!
Con razón suben en el ranking. Se ve que, para esos medios, el fin justifica los medios.

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Y ahora ni siquiera usan títulos con palabras como «los diez», o cualquier otro número, sino que un título tan poco sospechoso como «Llegará el día en que tu nevera te avise de que te has quedado sin existencias» puede contener nada menos que ONCE entradas.

[*ElPaso}– Las infidelidades de La Reducida

14-11-2013

Carlos M. Padrón

Como ya conté en La sabiduría de dos madamas pasenses, Las Reducidas eran una de las familia cuyas féminas ofrecían sus servicios de forma bastante discreta y, para los estándares de la profesión, muy conservadora.

Una de sus «miembras» (¿no se dice así ahora?) se las arregló para engatusar a Alberto, un pasense con no mucha perspicacia que terminó casándose con ella.

Lo de la poca perspicacia poco le importó a La Reducida; le importaba más el hecho de que, al parecer, Alberto no lograba satisfacer las necesidades sexuales de ella, y tal vez por esto, porque tal vez era ninfómana, o porque no podía resistir la tentación de continuar con la práctica que de soltera había tenido, terminó cayendo en ella.

Comenzó cuando Alberto consiguió trabajo en otro pueblo bastante alejado de El Paso, y para cumplir con él debía ausentarse de su casa de lunes a viernes, ambos inclusive, y dejar sola a su mujer, circunstancia que ésta aprovechó para, con paciencia y mucho criterio gerencial —aplicando parámetros de seguridad y gusto personal—, ir buscándose cinco amantes, uno para cada uno de esos días.

Por eso de los buenos criterios de seguridad, prefirió hombres casados que se verían en problemas, sociales y de pareja, si sus mujeres descubrían infidelidades; y, a falta de éstos, hombres solteros pero discretos hacia los que ella se sintiera atraída.

Y así completó la colección de cinco que listo a continuación, la inicial de cuyos nombres, inventados ahora por mí, he hecho coincidir con la del día de la semana en que a cada uno le tocaba visitar a La Reducida.

  1. Lunes. Luis, casado, panzón, pero con dinero.
  2. Martes: Manuel. También casado, calvo, pero con más dinero que Luis
  3. Miércoles: Matías. Tenía poco dinero, y estaba casado con una mujer que, al igual que la de Manuel y la de Luis, creía que el débito conyugal —costumbre muy en boga en aquella época entre las damas «finas» y beatas—, era un castigo que la moral y las buenas costumbres obligaban a aceptar. (¡Lo que uno tenía que ver y callar en aquel entonces!).
  4. Jueves: Julio. Alto, soltero y cojo, pero buen mozo
  5. Viernes: Venancio. También soltero, más joven que Julio, pero menos atractivo.

Los cinco se conocían entre sí y se habían comprometido, por la cuenta que les tenía, a mantener el asunto tan en secreto como les fuera posible, cosa no muy fácil en un pueblo pequeño.

Un buen día, sin embargo, algo se filtró, el bueno de Alberto entró en sospechas, y un viernes se presentó de improviso en su casa y sorprendió a su mujer en la cama con Venancio.

Mientras Alberto fue a buscar un machete, Venancio alcanzó a medio vestirse y salió corriendo, a monte traviesa, perseguido por un energúmeno Alberto que, machete en ristre, le gritaba amenazas de muerte.

En su alocada carrera, Venancio pasó frente a la casa de Matías, quien, al verlo correr de aquella forma, se preguntó el motivo, pregunta que tuvo respuesta cuando pocos segundos después vio a pasar, también corriendo, al enfurecido Alberto.

Porque era más joven que Alberto, o por el miedo a ser alcanzado por éste, Venancio logró alejarse de su perseguidor y esconderse a buen recaudo fuera de su vista. Alberto, refunfuñando maldiciones, frustrado y, regresó sobre sus pasos.

Y cuando al fin Alberto estuvo bien lejos, Matías, que sospechaba dónde se había escondido Venancio, fue a buscarlo, lo encontró, y a la pregunta de qué había pasado, Venancio, aún jadeando por el cansancio de la forzada carrera, se limitó a decir:

¡Menos mal que hoy no es jueves!

[*Opino}— Se proponen demostrar que los aborígenes canarios sí sabían navegar

10-11-13

Carlos M. Padrón

Me temo que, en realidad, la aventura de que habla el artículo que copio abajo busca sólo notoriedad pues, hasta donde sé, todos los historiadores o investigadores del pasado de Canarias han dicho que los aborígenes canarios —no realmente los guanches, pues éstos eran los de Tenerife— no sabían navegar.

Aparte de que no se ha encontrado rastro de algo que sirviera para ese fin, no entiendo cómo el posible éxito de esa aventura serviría para demostrar lo de que los aborígenes canarios sí sabían navegar. Tal vez sí ponga de manifiesto que existen corrientes marinas, o vientos, que permiten llegar de una isla de Canarias oriental a una occidental. ¿Y?

Además, en la frase, no muy bien redactada, «No existe ninguna isla en el mundo donde se afirme que los habitantes originarios no fueran navegantes» yo cambiaría ‘isla’ por archipiélago, pues no creo que los habitantes aborígenes de una isla que esté tan lejos de tierra firme que ésta no sea visible desde la la tal isla, hayan tenido la ocurrencia de echarse a la mar.

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10/11/2013

Bernardo Sagastume

Una expedición se propone navegar como los guanches para unir Lanzarote con La Palma

Saben que se harán a la mar en Lanzarote el próximo domingo 24, pero no cuándo llegarán a La Palma. Ni siquiera saben si tocarán tierra en la «Isla Bonita», aunque lo desean fervientemente para probar —o, mejor, para «hacer pensar»— sobre la posibilidad de que los guanches tuvieran nociones de navegación desde mucho antes de que llegase el tiempo de la Conquista.

La tripulación del «Osa Menor», durante unas pruebas en aguas lanzaroteñas

«Creer que no lo hacían es una barbaridad. No existe ninguna isla en el mundo donde se afirme que los habitantes originarios no fueran navegantes»,

dice tajante y con autoridad Sergio Navío, un apellido con evocaciones marítimas suficientes como para ser la cara visible del proyecto «Osa Menor», que con la balsa homónima —construida por sus propias manos— surcará el mar sin otro interés que «llamar un poco la atención» sobre lo que creen es un error de la investigación sobre los aborígenes Canarios.

La embarcación que llevará a estos tres madrileños, dos gallegos y un valenciano, entre las Islas Afortunadas fue diseñada según los patrones comunes que Navío, un estudioso de la historia de la navegación, encontró en embarcaciones antiguas de todo el mundo.

«Hay un timón, un tipo de vela y de orza que se repite con gran similitud en distintas latitudes»,

explica.

La han bautizado «Osa Menor» en honor a un trabajo publicado en 2007 por dos historiadores tinerfeños, Rafael González Antón y María del Carmen del Arco Aguilar, «Los enamorados de la Osa Menor. Navegación y pesca en la Protohistoria de Canarias», texto donde se defiende la tesis de Navío: que en esa época ya existían en las islas los conocimientos náuticos suficientes para la navegación atlántica, basándose en la astronomía.

¿Y cómo se explica que exista a día de hoy ese consenso acerca de que los habitantes prehispánicos no navegaban ni se conocían entre sí?

Para Sergio Navío, a mediados del segundo milenio «el que dominaba el mar dominaba tierras y riquezas» y negar este conocimiento a los guanches «era parte de la Conquista», parte de la propaganda, en tiempos en que «lo que se transmitía desde aquí era hipercontrolado por el poder».

Pese a todo, Navío recuerda que muchas veces se soslayan las crónicas que daban cuenta de estas habilidades por parte de los guanches, entre ellas las de Torriani, que habla de tres rutas de navegación. Esta ocultación «también se repite en la Conquista de América», donde también se negó que los indígenas surcasen los mares antes de que llegaran los españoles.

La distancia entre Lanzarote, en el extremo oriental de Canarias, y La Palma, en el occidental, es de unas 250 millas en línea recta, pero la expedición da por hecho que su derrotero será en cierta medida zigzagueante: «Dependeremos de los vientos y el tiempo que nos toque», por lo que no se atreven todavía a vaticinar con exactitud es cuánto tiempo les llevará la aventura.

La rudimentaria vela, de algodón, lleva en su centro una ilustración, obra del artista lanzaroteño Manuel Perdomo, que representa una conocida pintadera Canaria, una espiral de las que abundan en el arte primitivo de las Islas.

Con la ilusión de que el viento sople por fin sobre el pequeño paño, estos seis hombres vivirán la experiencia marinera como si fueran auténticos guanches, pero en pleno siglo veintiuno.

Sin troncos de drago, vale la samba

La tesis de Navío es que los aborígenes utilizaban para sus balsas madera de drago, pero al encontrarse hoy protegido han recurrido a la samba, de similar flotabilidad.

Estos troncos, de más de 80 centímetros de diámetro, llegan a los 12 metros en el caso de los que conforman de punta a punta la eslora de la balsa, y alcanzan 10 en los que se ubican en los laterales.

Sobre la cubierta se yergue una pequeña caseta, hecha con hoja de palma por un artesano de Lanzarote, donde pondrán a cubierto los víveres con que se alimentarán y los equipos de radio con que se ajustarán a la normas actuales.

Todo ha sido hecho sin clavos, atando los troncos con cabos de pita y de forma absolutamente artesanal.

Fuente

Cortesía de Juan Llorens

[*Opino}– Los españoles, los empresarios y el vivir del cuento

10-11-13

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo me recuerda que César Vidal, entre muchos otros, ha dicho que el pecado capital de los españoles es la envidia, y además, la convicción generalizada de que el trabajo es algo que hay que evitar.

De ahí que, en general, detesten a los empresarios (a quienes suponen dueños de mucho dinero y, por ello, los consideran hijos de puta), y detesten el tener que trabajar.

Tal parece que lo que interesa es vivir bien sin dar golpe, o sea, un Estado de Bienestar a cargo totalmente del Estado. De dónde obtenga éste los reales para sufragarlo, no importa.

¿Capitalismo y economía de mercado? ¡Qué va! En los países donde impera eso come sólo el que trabaja, a menos que sea niño o anciano. ¡Que viva el funcionariato!

Seguramente creen que en países como Dinamarca, Finlandia, Suecia y Holanda se vive muy mal porque esa gente no sólo produce mucho sino que parece que les gusta hacerlo. ¡Esclavos!

¿Por qué el intervencionismo estatal no le aprieta las tuercas a los sindicatos?

¿Por qué no se preguntan estos españoles cómo van a echar hacia adelante si no quieren la empresa privada ni tampoco, por supuesto, el comunismo? ¿Tendrán respuestas a esto?

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2013-10-17

D. Soriano

¿Por qué los españoles no quieren a sus empresarios?

Nuestros conciudadanos no se fían de las compañías privadas ni perciben sus efectos beneficiosos en la economía.

Los empresarios españoles no tienen buena prensa. Y sus clientes, trabajadores y convecinos no les quieren. Al menos no tanto como daneses, finlandeses o estonios a los suyos.

El 43% de los españoles tienen una opinión negativa de la «influencia global de las empresas» en su país. Mientras, en Dinamarca, Suecia o Finlandia, este porcentaje no llega al 20%.

La Institución Futuro presentaba este miércoles su informe de octubre de 2013, «Apuntes sobre la aportación de las empresas a la economía», en el que recoge las conclusiones del Flash Eurobarometer que la Comisión Europea realizó en abril de este año.

En lo que respecta a España, las cifras concuerdan con las de otros estudios sobre las actitudes económicas y políticas conocidos este año: no nos fiamos del papel de los empresarios, y no valoramos su importancia en nuestra sociedad.

¿Capitalismo? No, gracias

Antes del verano, el BBVA presentaba el estudio internacional Values and Worldviews, realizado en diez grandes países europeos.

Según sus datos, los españoles eran los que menos nota daban a la pregunta de si se sentían «identificados con el capitalismo»; los segundos (tras los franceses) que más pedían la intervención del Estado en la economía; y los que menos apoyaban la frase «la economía de mercado es el sistema más conveniente para el país».

Y hace apenas un mes, la misma Fundación BBVA publicaba en español el informe de Tendencias Transatlánticas, en el que, de nuevo, los españoles aparecían a la cabeza en su rechazo al mercado libre y el apoyo al intervencionismo estatal: el 53% piensan que hay que seguir aumentando el gasto público. Es más, sólo el 32% apoyan la moneda única, y somos los europeos que menos aprecio le tenemos a Angela Merkel, dos respuestas en las que parece intuirse el rechazo hacia las decisiones de control de déficit público adoptadas por la UE en los últimos años.

El empresario

Con estos antecedentes, los resultados del informe de Futuro ya no son tan extraños.

De los 34 países en los que se hizo la encuesta de la CE, España es el 25º en la consideración del papel de las empresas: negativa en un 43% y positiva en un 50%.

Son unas cifras que contrastan, y mucho, con las habituales en otros países miembros de la UE, especialmente en el norte del continente. Por ejemplo, en Dinamarca, la opinión es negativa sólo para el 10% de la población, y positiva para el 85%; en Finlandia son 13% y 83%; en Estonia 16% y 70%; en Suecia 19% y 72%; y en Holanda, 20% y 74%.

No sólo eso, como puede verse en el siguiente gráfico, damos una puntuación peor que la media de la UE en todas las preguntas de la encuesta sobre los «efectos positivos» de los empresarios: creación de empleo, retorno a los inversores, desarrollo de productos innovadores,…

Es decir, los españoles no se acaban de creer que las compañías privadas sean beneficiosas para la sociedad. Por ejemplo, sólo el 27% creen que sean importantes para contribuir al «desarrollo económico del país».

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En realidad, viendo la siguiente pregunta, casi parecen lógicos estos resultados. España es el país de la UE en el que un mayor porcentaje de sus ciudadanos afirman que «no disponen de información» para conocer «qué hacen las empresas para comportarse responsablemente ante la sociedad».

Tampoco es extraño para quien conozca la realidad española.

De hecho, en los últimos años, la misma palabra empresario se utiliza en los medios casi en exclusiva en noticias negativas: de fraude fiscal, empleo negro o escándalos societarios. Incluso se ha sustituido el término por el de «emprendedor», para darle a éste (en realidad un empresario nuevo, que empieza) un tono positivo que se deriva del hecho de que lo pasa mal o incluso pierde dinero.

Un enfoque que es mucho más difícil encontrar en el caso de exitosos hombres de negocios que han levantado compañías con miles de empleados.

¿Qué aportan?

Para deshacer este equívoco, Futuro dedica la segunda parte de su informe a explicar «Qué aporta la empresa privada a la sociedad». Y en este apartado, junto a cuestiones como la formación de los empleados o su participación en actividades de patrocinio de actividades culturales, se explica una realidad que, aunque afecta a casi todos los trabajadores, es desconocida por buena parte de ellos: el costo del empleo.

En España, de cada 100 euros que paga un empresario, al trabajador le llegan apenas 58,6 euros. El resto se van en contribuciones a la Seguridad Social (28) y el pago del IRPF (13,5).

De esta manera, el empleado puede tener la percepción de que el neto que le llega a su cuenta del Banco es muy bajo; y al mismo tiempo su jefe puede pensar que le sale muy caro mantener ese puesto.

En todos los países de la OCDE estos costos asociados son muy importantes, pero no es baladí señalar que España supera la media, está muy cerca de países como Finlandia o Suecia (mucho más productivos y ricos) y por encima de otros como Dinamarca, Holanda o Noruega. España es el séptimo país de la OCDE con mayores contribuciones patronales sobre el salario bruto.

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Evidentemente, los impuestos que pagan las empresas españolas no se quedan ahí. El Impuesto de Sociedades efectivo es el quinto más alto de la UE, sólo por detrás de Alemania, Reino Unido, Italia y Holanda.

Y en cuanto al IVA, que normalmente estaba por debajo de la media europea y daba cierto margen al empresario nacional, ya se ha equiparado, tras las subidas de los últimos años, al nivel normal del resto de los socios comunitarios.

Fuente

[*Opino}– La música y la fecundación ‘in vitro’, un comunicado que suena a propaganda

06/11/2013

Carlos M. Padrón

De esto entiendo sólo algo.

Pero, por simple lógica, deduzco que si el sistema que explica el artículo que copio abajo sirve para reforzar la fecundación in vitro «aplicando microvibraciones musicales en las incubadoras de embriones donde permanecen los óvulos antes de ser fecundados y hasta el día en que son implantados en el útero de la mujer» y comienza entonces la gestación, ¿qué pinta la música que, según el artículo, «en las primeras semanas [de gestación] [el feto], empieza a percibir sonidos del exterior»?

¿Acaso existe en las incubadoras de embriones un feto que pueda escuchar música? ¿No es que se llama feto a lo que comienza a formarse después de que el óvulo, ya fecundado, es implantado en el útero de la mujer?

Entonces, ¿cómo va a haber ya un feto en las tales incubadoras?

Tal vez éste sea uno de esos artículos propagandísticos y, por ello, escrito por alguien que no sabe del tema.

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06/11/2013

Nacen en Barcelona los dos primeros bebés del mundo fecundados de forma artificial con vibraciones musicales

Los primeros bebés del mundo fecundados de forma artificial con vibraciones musicales han nacido en Barcelona, a través de una técnica desarrollada por el Institut Marquès, según ha informado la clínica en un comunicado.

Los padres de las pequeñas Laura y Marta recurrieron a la fecundación «in vitro» tras varios años de infertilidad y, como ellos, otras parejas españolas y de otros 16 países han conseguido ser padres mediante este nuevo avance.

Su nacimiento ha sido posible gracias a un programa pionero de I+D+i del instituto, presentado en julio en el congreso de la Sociedad Europea de Reproducción (ESHRE), que aplica microvibraciones musicales en las incubadoras de embriones donde permanecen los óvulos antes de ser fecundados y hasta el día en que son implantados en el útero de la mujer.

La jefa de Reproducción Asistida del Institut Marquès, y principal autora del estudio, Marisa López-Teijón, ha explicado que las vibraciones de música «remueven los medios de cultivo en los que se encuentra el ovocito, producen un reparto más homogéneo de los nutrientes que necesita, y evitan que se acumulen los productos tóxicos».

Todos estos factores mejoran un 5% la tasa de fecundación, o sea, las posibilidades de que el espermatozoide fecunde el ovocito. Según la doctora, el objetivo era reproducir a través de la música los movimientos peristálticos que se dan en las trompas y el útero, lo que hasta ahora algunos grupos de investigación han realizado aplicando vibraciones mecánicas.

Aunque la música se utiliza únicamente como fuente generadora, durante la gestación el oído del feto empieza a formarse en las primeras semanas, empieza a percibir sonidos del exterior, es capaz de identificar la voz de su madre, e incluso puede llegar a reconocer esos sonidos al nacer.

«Nos hizo mucha gracia enterarnos de que la música favoreció su fecundación, ya hemos observado lo mucho que le gusta a Laura desde que nació, y cómo Marta deja de jugar para escuchar mejor una canción, y la acompaña moviendo las caderas»,

han relatado sus padres.

Fuente