[*Opino}– La Naturaleza y el rechazo a lo distinto

09-12-13

Carlos M. Padrón

Después de leer el artículo que copio abajo (El apartheid de los simios), vuelvo a preguntarme por enésima vez por qué ese empeño en querer hacer igual lo que la Naturaleza —por no decir Dios— hizo diferente. ¿Será porque es «políticamente correcto»? Y ya se sabe lo que esa expresión significa.

Ser diferente no implica necesariamente ser mejor o peor, sino que existe una diferencia que, por simple lógica, no se debe, ni se puede, ignorar, porque desde el momento en que se note pero se ignore, se cae en la hipocresía, en un atentado moral.

  • Blanco, negro, oriental, indio, esquimal, mongol,…
  • Hombre, mujer, homosexual,…
  • Inglés, gringo, español, godo, gitano, sudaca, cubano……
  • ..·

… todos son diferentes.

Si a esto añadimos el respeto que en otros aspectos se tiene por los gustos personales, no se entiende la casi imposición de que en humanos hay que ignorar las diferencias y proceder como si de verdad no existieran. La percepción y consiguiente reacción a las diferencias es algo intrínseco a la naturaleza humana, y, por tanto, es tan inútil querer extirparlo, como inútil sería querer extirpar un instinto primario. En cuanto a razas, a veces el racismo entre negros es peor que el que pueda existir entre blancos y negros.

Si alguien no me gusta, sea por el motivo que fuere, no me gusta, y no hay vuelta atrás. De ningún modo es aceptable que por ese motivo quiera yo que se le maltrate, como tampoco lo es que se quiera que yo lo acepte como si me gustara.

¿Acaso no se acepta que «para gustos, colores», y se cacarea el respeto por la libertad de expresión y elección?

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07-12-13

Maria O’Connor

El apartheid de los simios

El jueves murió Nelson Mandela, símbolo de la caída de uno de los crímenes contra la Humanidad más abominables cometidos por la especie humana: el apartheid (‘separación’, en afrikáans).

Este sistema de segregación tuvo confinados en guetos a millones de sudafricanos por el simple hecho de pertenecer a una raza diferente; una distinción que algunos científicos dudan que exista.

El cruel sistema comenzó en 1950, y obligaba a las personas a identificarse nada más nacer en uno de las siguientes grupos raciales: blanco, bantú (negro africano), de color u otros. Mandela, primero desde el Congreso Nacional Africano y después desde la cárcel, luchó con energía y serenidad por acabar con el odio a lo diferente, tanto de los boers como de los africanos.

Sin llegar a los extremos patológicos del apartheid, el miedo a lo distinto es un rasgo universal entre los primates. La primatóloga Jane Goodall, averiguó en las selvas de Gombe (Tanzania) que por lo general los chimpancés temen lo diferente.

En 1966, una epidemia de polio afectó a varios individuos de la selva de Gombe. A consecuencia de la enfermedad, a tres miembros se les paralizó alguna de sus extremidades, impidiéndoles andar correctamente.

La extraña manera de moverse de los enfermos aterrorizó al grupo, el cual respondió primero con miedo y después con agresividad. Desafortunadamente, los humanos también poseemos estas tendencias. Casos como el apartheid, la exterminación de los judíos o el conflicto palestino-israelí lo evidencian.

La violencia dentro de los grupos o países se controla por varios medios, como por ejemplo el uso de normas y castigos. Pero fuera de ellos, cuando tratamos con desconocidos o personas de otros países, las cosas cambian.

En este tipo de sucesos, como sucede en las guerras, se produce lo que se denomina deshumanización del enemigo. Consiste en mirar a los rivales como si fueran de otra especie, lo que anula la posibilidad de empatía hacia las víctimas.

Entre los chimpancés, las peleas en el seno de la comunidad rara vez llegan a provocar heridas; pero en las que están involucradas grupos vecinos sí son graves y pueden acabar en muerte.

Acciones similares basadas en una doble moral también son empleadas por los países, como el caso de Estados Unidos creando las prisiones de Guantánamo y Abu-Graib, o Sudáfrica durante los más de 40 años que estuvieron vigentes las leyes del apartheid.

Prácticas que un Estado jamás se atrevería a emplear en territorio nacional o con sus súbditos, son usadas sin remordimiento en territorios lejanos con extranjeros. La agresividad es bastante común en la Naturaleza cuando se trata de interaccionar con grupos vecinos. Los chimpancés cooperan y son altruistas con sus compañeros, pero desconfían de extraños, o desean eliminar a rivales que habitan en los territorios limítrofes.

Debo aclarar que este tipo de conclusiones a las que llega la Ciencia no persiguen exculpar a los protagonistas de estos crímenes. El interés radica en su utilidad a la hora de diseñar políticas y programas educativos. Desde la negación de su existencia sólo escondemos debajo de la alfombra una verdad ancestral que puede convertirse en una bomba de relojería de un día para otro sin previo aviso.

Unos instintos tribales que todos poseemos y que Mandela supo gestionar a la perfección desde la presidencia. Jean Monnet, uno de los fundadores de la Unión Europea, también recurrió a la estrategia de recuperar el instinto tribal de los europeos para centrar sus sentimientos de «nosotros frente a ellos» en los no europeos, en lugar de en las tradicionales rivalidades continentales.

Pero, una vez más, los bonobos nos demuestran cuál es la mejor estrategia en estos casos. Esta especie, tan cercana genéticamente a nosotros como lo están los chimpancés, cuando se acerca un extranjero, en vez de reaccionar con agresividad lo invitan a comer. Así acaban de un plumazo con las malas intenciones: un estilo y legado similares que Mandela ha dejado a la Humanidad. Al igual que los bonobos, Mandela nos demostró que es posible otra manera de relacionarnos con el odio.

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[*Opino}—¿Prodigio del piano sin haber ido a clase? ¿Y qué dice la Ciencia?

04-12-13

Carlos M. Padrón

Ante lo que cuenta el artículo que copio abajo, me pregunto con más insistencia por qué entre los centenares de científicos, y grupos de ellos, que se dedican a hacer estudios de todo, hasta del sexo de los insectos, no hay —que yo sepa— al menos un grupo que se haya dedicado a hacer un estudio serio, prolongado, profundo y libre de prejuicios, de fenómenos como éste a los que, a falta de una explicación mejor, sólo puedo darles la de reencarnación.

Los ‘sintecho’ —o homeless (= sin casa, sin hogar), como se les llama en inglés, al menos en USA— son personas que, como ese nombre indica, viven en las calles, duermen al aire libre, bajo un puente, bajo el banco de un parque, o donde mejor consigan, y dependen de la caridad ajena y de establecimentos oficiales o de Caritas que les ofrecen comida.

Si una investigación seria descubriera que, efectivamente, este hombre no recibió nunca lecciones de piano o de música, lo que muestra el vídeo que acompaña al artículo es —al menos para mí— sencillamente espeluznante.

Aertículos relacionados:

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04/12/2013

Un «sintecho», prodigio del piano sin haber ido a clase

David Allen Welsh es un «sintecho» de 50 años que vive en la ciudad de Vancouver, en el Estado de Whashington.

Walech, antes de aterrizar en esta ciudad estuvo viviendo en los refugios para indigentes entre los Estados americanos de Iowa, Dakota del norte y del sur, y durmiendo en los trenes de cualquier ciudad.

 

Este hombre, quien lleva en la calle desde los seis años cuando su familia perdió la casa en la que vivían, ha aprendido a tocar el piano de manera autodidacta, y ahora exhibe su espectáculo de manera habitual en un local de Vancouver.

En este bar, los apasionados de la música clásica se quedan con la boca abierta ya que David toca de manera magistral, aunque no sea capaz de leer ni una nota musical.

Ver VIDEO.

En ABC News, que es donde han entrevistado a Welsh, éste cuenta lo siguiente:

«A veces no sé ni cuáles teclas estoy pulsando. Mis ojos están cerrados y me dejo transportar por la música».

Welsh practica siempre que quiere. Tras instalarse en el noroeste del Pacífico, hace diez años, ha estado visitando a menudo una tienda de artículos de segunda mano para tocar un piano que allí tienen.

Fuente

[*Drog}– Más acerca de divorcios o rupturas de pareja

06-11-13

Carlos M. Padrón

En tema relacionado con el artículo que comenté en Acerca de divorcios o rupturas de pareja, encontré hoy otro, que copio abajo, de cuya lectura deduzco que aún existen psicólogos y psiquiatras que creen que el amor es un sentimiento, o sea, que creen que es amor lo que hay siempre asociado al enamoramiento.

Comento a continuación, y siguiendo el orden en que aparecen en el tal artículo, los puntos de él con los que no estoy de acuerdo.

Eso de comprometerse «con toda firmeza y certeza» parece ignorar que en el verdadero amor podrá existir la firmeza, pero no la certeza, pues ésta implica dar por sentado que ya se ha logrado lo que se quiere —dar por granted, como se dice en inlés—, y tal certeza va contra la regla de que el amor hay que trabajarlo día a día.

Cuando uno de los miembros de la pareja «da por granted» que ya tiene al otro «en el saco» —o sea, bien asegurado—, deja de trabajar, y ahí comienza la ruina de la relación.

¿Y cuáles son los detalles que no aportan nada? No necesariamente son los mismos para los dos miembros de la pareja. ¿Y qué tal si uno realmente ama y el otro no?

Que me perdone Mila Cahue cuando propone «Describir lo que ocurre con los sentimientos», pues el amor NO es un sentimiento; el drogamor sí que lo es. Entonces, ¿a cuál de los dos se refiere ella?

Por último, también dice Cahue que se puede llegar a ser amigo de la expareja.

Vuelvo a pedir perdón, pero, como ya expliqué en el artículo Más acerca de la hipotética amistad entre hombre y mujer, y aporté opiniones muy autorizadas, “Donde haya tensión sexual no puede haber amistad químicamente pura”.

Por tanto, en los más de los casos no es posible la amistad entre hombre y mujer. Y es altamente probable que tal tensión exista, o despierte, entre quienes fueron pareja.

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06/11/2013

M. J. Pérez-Barco

¿Cómo decir a tu pareja «ya no te quiero»?

A cualquier pareja le puede ocurrir que un buen día uno de los dos se dé cuenta de que está desenamorado. Sí, que ya no quiere a la persona con la que comparte un proyecto de vida, con la que se había comprometido, o con la que había decidido, con toda firmeza y certeza, que fuera el compañero/a para el resto de la vida. A veces se deja de amar.

Es un episodio muy doloroso en la vida, tanto para el que lo siente —y, por honestidad, lo tiene que comunicar a su pareja—, como para la pareja que recibe esa noticia lamentable y probablemente inesperada.

No es tan fácil decir «ya no te quiero». Antes debe haber existido una reflexión calmada, una meditación que ha llevado a esa persona a darse cuenta de que la relación se vive con cierta angustia; que los valores, proyectos y metas no son compartidos; que existe cierta sensación de saturación…

Desde luego, nunca es buen momento para hacérselo llegar al otro, pero se trata de ser responsable y honesto en lo que empezó como una relación feliz y con quien se ha querido.

¿Qué actitud mantener?

«A la hora de comunicar tan dolorosa noticia «es muy importante mantener una actitud sincera, firme y de escucha activa, tratando de que la conversación se realice cara a cara y sin rodeos. Eso denota respeto hacia ambas partes», aconseja María Beatriz Pereira, psicóloga clínica de adultos de Isep Clínic Barcelona.

Tres son los ingredientes que no deben faltar en esa conversación que no deja de ser una triste sorpresa para el otro miembro de la pareja.

Mila Cahue, piscóloga de pareja del Centro de Psicología Álava Reyes, los enumera:

«El primero, convencimiento, para transmitir seguridad y reflexión en lo que se está diciendo. El segundo, empatía para saber ponerse en el lugar de la otra persona que está recibiendo una noticia desagradable. Y el tercero, escuchar, sin personalizar, todo lo que se pueda oír».

No hay que caer ante los posibles reproches o críticas que plantee la pareja al conocer la noticia.

«Hay que dejar que hable y escucharle, pero manteniendo la decisión tomada», dice Pereira.

No se debe entrar en contestar ni defenderse de ninguno de esos reproches; en cierto modo hasta hay que comprenderlos con cierta humildad.

Si el otro miembro de la pareja no acepta la situación, es imprescindible mantener la decisión inicial, sin caer en chantajes emocionales o en dar una última oportunidad. Por eso, es tan importante meditar muy bien la decisión.

¿Qué lenguaje utilizar?

Un tono de voz firme, y la postura erguida ayudan a transmitir el mensaje y hacen entender al otro miembro de la pareja que no hay esperanzas.

«Es necesario ser honesto con el otro, amable y comprensivo Por tanto, la decisión se debe dar de manera clara y precisa, omitiendo los detalles que no aportan nada»,

explica la psicóloga Pereira.

Mila Cahue aconseja aplicar las tres reglas de la comunicación:

  1. Describir lo que ocurre con los sentimientos;
  2. Decir, de forma amable, lo que uno piensa y siente, y expresa sus deseos.
  3. No prolongar mucho la conversación, y las dos, tres o cuatro horas que llevan este tipo de mensajes aplazarlas para otro momento en el que ambos estén más calmados.

«Un par de días después se puede retomar la conversación, mejor por la mañana, para que no haya prisas, y durante un fin de semana».

recomienda.

Cahue no recomienda las cenas porque hay menos tiempo y ambos están más cansados. Tampoco dos conversaciones sobre el mismo asunto.

¿Cómo enviar el mensaje?

No ofrecer comentarios con esperanzas, sino neutros («no te quiero como pareja, pero el camino recorrido contigo ha enriquecido mi vida en muchos aspectos»). Según Beatriz Pereira, «no hay que sacar clichés del tipo «no eres tú, soy yo». Tampoco echarle la culpa al otro ni herirlo con insultos».

¿Se puede ser amigos tras la ruptura?

Ambas psicólogas coinciden: con el paso del tiempo, se puede ser amigo de la expareja, pero no de forma inmediata tras la ruptura. Cada uno debe realizar su duelo por separado. Debe ser una decisión compartida por los dos.

Hay que entender que quien recibe la desagradable noticia todavía puede sentirse pareja «y no ha templado sus sentimientos hasta que esté en la distancia que requiere la amistad», explica Cahue.

¿Cuándo es momento de solucionar asuntos compartidos?

La custodia de los hijos, quién se queda con la casa o con el coche… son cuestiones importantísimas en la pareja que acaba de romper.

Sin duda, en el momento de la conversación para decir al otro que no se le quiere no conviene entrar en estos asuntos. Sin embargo, por cuestiones legales, emocionales y morales con los hijos, hay que ponerse en marcha cuanto antes para resolverlo. «Lo mejor es resolverlo de mutuo acuerdo», aconseja Beatriz Pereira.

«Y por partes. Primero, la situación real de la pareja: en este caso, que ha dejado de existir como tal. Cuando se haya podido asumir, entonces se hablará de cada paso en su momento, pero no todos a la vez»,

dice Mila Cahue.

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[*Opino}– Un paso más hacia ‘monitorear’ en vez de ‘monitorizar’

02-12-13

Carlos M. Padrón

En el artículo, de Fundéu, que copio abajo, al menos no han execrado monitorear.

Pero me llama la atención que el Diccionario Panhispánico de Dudas no haya reparado en las implicaciones del uso del sufijo -izar, tal como comenté en este post.

Y como ya dije en este otro,

Monitorizar. Lo sustituyo por monitorear. Entiendo que se diga profesionalidad (condición del profesional) en vez de profesionalismo, que suena a religión o enfermedad. Pero si de rastreo —que es casi lo que se hace con un monitor— tenemos rastrear y no rastrerizar, ¿por qué de monitor vamos a parar a monitorizar?

La desinencia ‘-izar’ suena a conversión, a modificación, a alteración (catequizar, ridiculizar, agilizar, pulverizar, etc.), pero la acción que se lleva a cabo con un monitor no conlleva nada de eso.

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02/12/2013

Monitorizar y monitorear, formas correctas en español

Tanto monitorizar como monitorear son formas adecuadas en español, y ambas tienen el sentido de ‘vigilar o seguir algo mediante un monitor’.

En las noticias es frecuente encontrar frases como

  • «Crean una plataforma para monitorizar los datos de incidencia de la gripe» o
  • «La compañía ha utilizado el software para monitorizar información personal de los usuarios».

Asimismo, son habituales oraciones como

  • «Los biólogos piden monitorear el agua de los regadíos para descartar metales pesados» o
  • «Seis servicios para monitorear una etiqueta en las redes sociales».

El Diccionario Panhispánico de Dudas señala que del sustantivo monitor se han creado en español dos verbos, monitorizar y monitorear, ambos con el sentido de ‘vigilar o seguir algo mediante un monitor’.

Esta obra señala también que monitorizar es más propio de España y que monitorear se emplea más en América. Por tanto, ambas formas se pueden considerar válidas, y los ejemplos antes señalados son, en consecuencia, adecuados.

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[*Opino}– Los ingleses (¿o inglesas?) han perdido interés en el sexo

26/11/2013

Carlos M. Padrón

Creo que en la lista de motivos que para esto aparecen en el artículo que copio abajo, falta uno importante (aunque tal vez esté «subliminalmente» señalado en la foto que acompaña al tal artículo): las inglesas negocian la cama; o sea, que acceden a tener sexo a cambio de que su pareja les conceda algo.

Esto lo supe por boca de dos australianos que en 1990 coincidieron conmigo en una reunión de negocios en Sydney (Australia).

Ambos vivían desde hacía muchos años en Inglaterra, estaban casados con inglesas, y me hicieron el comentario porque yo les conté sobre la grata impresión que me había causado lo my bien que se comportaban, al menos en público, las parejas australianas que yo había conocido tanto en Australia como en USA.

Si lo que esos australianos me dijeron es cierto, el pretexto de los smartphones o las tabletas les ha dado a las inglesas una mejor posición para esa negociación.

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26/11/2013

Ana Mellado

Los británicos prefieren jugar con el iPad antes que tener sexo

En UK, al sexo le ha salido un feroz rival.

Probablemente más de un británico haya notado que su vida sexual se apaga, y que sus parejas están menos receptivas. Tranquilos, no se trata de una infidelidad. Bueno, o quizá sí, pero con el iPad.

 

Desde que las nuevas tecnologías irrumpieron en el dormitorio conyugal, la frecuencia con la que los británicos mantienen relaciones sexuales ha disminuido sustancialmente.

Las personas de entre 16 a 44 años practican sexo menos de cinco veces al mes, un 2% menos con respecto a la estadísticas del año 2000, según se desprende de la tercera Encuesta Nacional de Actitudes Sexuales y Estilos de vida (Natsal, según su siglas en inglés).

Y, al «buscar culpables» en esta merma, los expertos miran al iPad, pues durante la última década los ingleses han preferido entregarse a los caramelos del Candy Crush o a otros múltiples juegos, antes que a sus parejas.

«La gente está continuamente pendiente de las tablets y los teléfonos inteligentes, que están conquistando el dormitorio. El constante uso de Twitter y Facebook, y el responder a correos electrónicos a todas horas, está afectado mucho», señala Cath Mercer, del University College of London.

Además de esa infidelidad con las tablets o los smartphones, la maltrecha situación económica y la incertidumbre también han contribuido a apagar la libido de los británicos.

La autoestima de los parados se reduce, mientras que aquéllos que tienen empleo trabajan más duro. «La población está preocupada por sus empleos y por el dinero, y no se encuentran en el estado de ánimo para el sexo», prosigue.

Las entrevistas realizadas a más de 15.000 personas para elaborar el estudio, publicado en la revista The Lancet, se llevaron a cabo entre septiembre de 2010 y agosto de 2012 cuando Gran Bretaña luchaba por recuperarse de la caída en el PIB de 2008 y coqueteó con una recesión de doble caída.

Esta disminución también se explica en parte por el cambio demográfico, con una tasa menor de personas casadas o con pareja, dificultando la oportunidad de tener relaciones sexuales, aunque incluso entre las personas que viven con una pareja han disminuido también.

Los mayores no renuncian al sexo

Aunque los británicos hayan aminorado sus encuentros sexuales con sus parejas, en cambio, se mantienen sexualmente más activos durante más años.

El 60% de hombres y el 42% de mujeres de entre 65 y 74 años practicaron sexo al menos una vez en el último año. ¿Será quizá porque su generación no está tan enganchada a las tablets o los smartphones? Mercer señala otros motivos.

«A medida que los hombres y las mujeres viven más tiempo, tienen una vida más sana, y siguen teniendo relaciones sexuales más allá de sus años reproductivos. Tenemos que ver la salud sexual y el bienestar como una cuestión de importancia para toda la vida», señala Mercer.

La vida sexual se alarga no sólo porque la libido se mantenga despierta a medida que la población envejece sino también porque se empieza antes. Los británicos mantienen su primera relación sexual cada vez más temprano. El 31% de los hombres y el 29% de mujeres entre 16 a 24 años afirmaron haber tenido su primer coito antes de los 16 años.

Los resultados también arrojan otras interesantes conclusiones, como el carácter intrépido y atrevido de los británicos para experimentar con nuevas prácticas, o el carácter más intolerante de los hombres hacia las infidelidades de ellas, aumentando de un 45 a un 63% la proporción de hombres que no estaría dispuesto a perdonar un escarceo de su pareja.

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[*FP}– Mi extraña memoria para las fechas,… y los colores

19-11-13

Carlos M. Padrón

Por fin me entero de que tiene nombre la memoria mía, ésa que algunos alaban y otros maldicen: se llama «Memoria autobiográfica muy superior«.

Sin embargo, en la mía no encajan todos los detalles que sobre este tipo de memoria da el artículo que copio abajo, aunque sí es válida la pregunta de si por tenerla soy o no afortunado.

Por ejemplo, no puedo evitar que al ver o recordar una fecha en que ocurrió algo para mí significativo, me vengan a la memoria los hechos con ella relacionados, incluyendo, por ejemplo, sonidos, vestimenta, sentimientos, hora, etc. Y al revés: que al recordar el hecho, me venga ligado a él la fecha correspondiente.

Por tanto, y por lo muy personales que son esos recuerdos, no veo forma de que pueda comprobarse si están o no distorsionados.

Puede que la nitidez de los detalles asociados, como los ya mencionados, se haya desvaneciendo un poco con el tiempo, pero el vínculo automático y espontáneo entre fecha y hecho sigue intacto.

Mi memoria no es de las que sirven para «recordar con precisión incluso los detalles más triviales de su pasado lejano», pues no está al servicio de trivialidades sino, repito, de hechos que tuvieron gran importancia para mí. Tal vez por eso no sea «Memoria autobiográfica muy superior» sino «Memoria autobiográfica muy personal«.

Por ejemplo, si alguien menciona 12 de septiembre, o yo lo veo en un calendario, automáticamente recuerdo que en un día 12 de septiembre «dejé el nido», como decía mi padre; o sea, dejé mi casa natal y mi grupo familiar, y me fui a vivir por mi cuenta.

Si es el 13 de julio, veo de inmediato el día en que, junto con mis padres y hermanas, cerramos nuestra casa en El Paso para emprender la «aventura» de venir a Venezuela. Y recuerdo los sentimientos asociados a ese momento.

Si 26 de julio, recuerdo lo que sentí al ver desde el mar cómo lucía La Guaira, y el muelle repleto de gente esperando que atracara el barco que nos traía. Y también recuerdo el matrimonio civil de mi hija Alicia, y lo que, como padre, sentí mientras éste se celebraba en el entonces comedor de mi casa.

Si 16 de julio, recuerdo —y no sin miedo— que a poco de llegar yo a España para la asignación de trabajo que me dio IBM, una vidente me contó en 10 minutos el detalle de mis mayores tribulaciones, y recitó una lista de hechos, rasgos de carácter y valor que para mí tenían ciertas personas, y terminó diciéndome que yo había ido a España a divorciarme. A mi respuesta de que si acepté ir a España fue precisamente para lograr todo lo contrario, insistió con firmeza en que ése era mi destino y que no había vuelta de hoja; me hizo una apuesta, y la ganó.

Si 05 de septiembre, recuerdo claramente cuando en la Av. Urdaneta encontré a Carlos Pérez Requejo (q.e.p.d.), quien me dijo que volviera a tocar a las puertas de IBM porque estaban contratando gente.

Si 16 de abril, vuelvo a escuchar el extraño chirrido de frenos que sonó a mi izquierda, mientras yo, al volante de mi carro, esperaba en un semáforo el cambio de luz. Veo de nuevo, y por una fracción de segundo, una especie de bólido blanco que se me vino encima, y vuelvo a sentir el golpe seco que destrozó mi carro, me fracturó una costilla, y me dijo atrapado en un espacio mínimo entre el volante, que bajó; el piso del carro, que subió dejando por detrás los pedales; y la puerta, que se hundió hacia dentro.

Y así podría armar yo una larga lista de fechas que, me guste o no, me traen el vívido recuerdo de hechos vinculados a ellas; hechos que, si bien podrían parecer triviales a ojos ajenos, para mí no lo fueron.

Me gustaría mucho olvidar algunos de ellos, pero no puedo; no es algo volitivo, es casi un acto reflejo. Por eso me hacen gracia los chistes de parejas que se pelean porque él no recuerda la fecha en que se conocieron, el aniversario de bodas, etc. En mi caso, soy yo quien, para bien o para mal, recuerda todas esas fechas.

Hace poco vino a mi casa, con su esposa, el hijo de un buen amigo mío, y trajo una laptop para que yo le arreglara algo en ella. Cuando para poder entrar en el sistema operativo me dio como password (contraseña) un número de 6 dígitos, miré a mis dos visitantes y les dije: «¡Qué romántico!: la fecha en que ustedes se casaron».

Los dos se miraron extrañados, y al unísono me preguntaron por qué diablos recordaba yo eso. Les dije lo que ya he dicho: porque ese día, y en relación con esa boda, que se celebró en 1997, ocurrió un hecho significativo para mí.

Es ésta una cualidad de la que podría yo decir lo que, acerca de su prodigiosa memoria, decía el protagonista de «Monk», un programa de TV: «Es tanto una bendición como una maldición».

En mi caso, es algo bueno para quienes están urgidos de saber cuándo ocurrió algo para ellos importante, me preguntan por la fecha porque saben que yo estuve presente en ese algo, y yo, sin más, se las doy de inmediato.

Ésos me agradecen el dato al tiempo que alaban mi extraordinaria memoria.

Pero es malo para quienes olvidaron algo que no quisieran recordar, y yo se los recuerdo. En este caso, el comentario es «¡Tú y tu maldita memoria!».

Y para completar el cuadro, parece que, según explican en el artículo ¿Y si pudiéramos ver en la oscuridad?, también tengo un cierto grado de sinestesia, pues asocio con colores los nombres de los meses del año, pero sólo de algunos. Por lo visto, pertenezo en cierto grado al gripo de las personas hipertimésicas.

Para mí, enero y febrero son blancos, abril es gris claro, mayo es amarillo, junio es azul celeste, julio es azul marino, agosto es color garbanzo, y diciembre es gris oscuro.

Y la única explicación que a esto tengo es que el gris casi negro de diciembre se deba a que la mayor concentración de cosas malas que me han sucedido ocurrieron en un mes de diciembre, empezando por cuando a la edad de 4 meses me dio una neumonía y, mi atribulada madre me lloró por muerto por cuanto, dijo ella, yo ni respiraba. El arrojo de mi tía Nila (la esposa de mi tío-abuelo, Pedro Castillo), me devolvió a la vida.

Luego, en diciembre del próximo año, estuve de nuevo al borde de la muerte, o de una amputación, por tétanos.

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19/11/2013

Pilar Quijada

¿Podemos fiarnos de nuestra «buena» memoria?

Imagine que le preguntan qué hizo el 19 de octubre de 1987. La mayoría de nosotros, salvo que la fecha coincida con un acontecimiento muy señalado, seremos incapaces de responder. ¿Lo recuerda, o lo sigue viendo negro?

Si a pesar de la pista deslizada en las líneas anteriores no lo puede precisar, no se preocupe. Sólo algunas personas pueden responder sin esfuerzo ni vacilaciones: “Era lunes. Fue el día en que los mercados de valores se hundieron, y también el día de la muerte de la violonchelista Jacqueline Du Pre”.

Aún en días menos señalados que el denominado “lunes negro”, algunas personas pueden acceder al recuerdo de un día concreto con todo lujo de detalle, como el día de la semana en qué cayó o el tiempo que hizo. Y cuando esos detalles pueden ser verificados, su información es correcta en el 97% de los casos.

Esos ¿afortunados? tienen una capacidad muy especial conocida como “memoria autobiográfica muy superior”.

La memoria autobiográfica es el conjunto de recuerdos y conocimientos que poseemos sobre nosotros mismos. Las personas “hipertimésicas”, como también se las denomina, son capaces de recordar con todo lujo de detalles lo que ocurrió un día cualquiera a partir de los 6 o 7 años de edad, cuando empezamos a formar recuerdos estables. Algunos parece que llegan incluso más atrás. Pero a veces la fuerza con que se graban en su memoria puede ser angustiosa, y les gustaría no poseer esa habilidad. Sin embargo, en los detalles finos tal vez su memoria no difiera tanto de la del común de los mortales.

Una investigación publicada en el último número de “Proceedings of the National Academy of Sciences” (PNAS) sugiere que ni siquiera ellos se libran de las “falsas memorias”, o sea, de una distorsión de los recuerdos que ha hecho, por ejemplo, que muchos testigos oculares de un delito declaren cosas que en realidad nunca ocurrieron, con las implicaciones legales que esa distorsión no intencionada tiene.

Recuerdos transformados

Tal sesgo se debe a que lo que recordamos no es ni de lejos un fiel reflejo de lo que sucedió en el pasado. Al contrario, cada vez que traemos evocamos una escena del pasado se va “enriqueciendo” con detalles en ocasiones más que dudosos. Y, si no, hagan la prueba: pidan a un amigo que recuerde una experiencia común y comprueben cuánto coincide con la suya.

Y es que “desde el momento en que se forma un recuerdo, se embarca en un viaje dinámico durante el cual es consolidado, a menudo actualizado, y también a veces distorsionado hasta el punto de falsificar el pasado”, recordaba a principios de año un editorial de la revista “Nature Neuroscience”, que resaltaba la importancia de tenerlo en cuenta en los juicios a la hora de aceptar el testimonio de los testigos oculares.

En realidad, caer en esos errores involuntarios no es difícil. De hecho, hay muchas pruebas psicológicas diseñadas precisamente para demostrarnos que nuestros recuerdos, más que una fiel fotografía son un “montaje” de Photoshop.

Una de ellas es el denominado paradigma Deese/Roediger-McDermott. Se basa en una lista de palabras como cama, descanso, despertar, cansado, sueño, pijama, manta, despertador, almohada, insomnio, bata…

Si quiere probar, deje de mirar el texto e intente escribir en un papel las palabras que recuerde de esa serie. ¿Se ha olvidado de poner la palabra dormir tal vez? Si la ha puesto, perfecto. Ha seguido la pauta de un porcentaje muy alto de personas que han participado en este test, y que la incluyen a pesar de que no está entre las que leyó.

Sin embargo, todos los vocablos giran en torno a lo que se denomina “palabra crítica”, en este caso dormir, con la intención, precisamente, de manipular la memoria.

Recordar lo que no existe

La psicóloga y matemática Elizabeth Loftus, de la Universidad de California, que dirige el estudio de PNAS, conoce a fondo de este tema. Sus trabajos pioneros han hecho que se haya dejado de considerar la memoria como una reproducción precisa de las experiencias pasadas, para verla más bien como un proceso reconstructivo que a menudo se desvía de la realidad.

Y fue también de las primeras en demostrar que la gente sana e inteligente puede recordar hechos de forma “ligeramente” distinta a lo que realmente ocurrió, o que a veces ni siquiera tuvieron lugar, como demuestra un experimento llevado a cabo en 2006 en la Universidad de Maastricht.

Los investigadores preguntaron a 83 estudiantes de pregrado si habían visto el vídeo del asesinato del político holandés Pim Fortuyn, y les pedían además los detalles que pudieran recordar de la grabación.

El 63% de los estudiantes dijeron que lo habían visto, y el 23% fueron capaces de proporcionar detalles. Sólo había un pequeño problema: el vídeo en cuestión nunca existió. Según el estudio, los participantes con “memoria” de las imágenes inexistentes del vídeo del asesinato obtuvieron las puntuaciones más altas en su propensión a fantasear, que aquéllos que no podían “recordarlas”. Probablemente también crearon falsos recuerdos a partir de las noticias sobre el asesinato.

Experimentos como los mencionados subrayan lo moldeable que es nuestra memoria autobiográfica.

De hecho, Loftus, en una serie de experimentos ya clásicos, demostró que las “sugerencias” pueden también causar distorsiones en el recuerdo de un suceso. Pensemos en interrogatorios policiales o técnicas como la hipnosis o rebirthing, acusadas en ocasiones de inducir la formación de recuerdos falsos sobre sucesos que nunca ocurrieron en realidad, como abusos sufridos en la infancia, que tanto sufrimiento sin motivo han causado.

En el nuevo estudio que se publica en PNAS, Loftus y su equipo, para entender mejor la memoria superior y esas curiosas distorsiones, compararon la susceptibilidad para crear falsos recuerdos de 28 personas con recuerdos típicos, y 20 personas identificadas como excepcionalmente dotadas por su capacidad para recordar con precisión incluso los detalles más triviales de su pasado lejano.

Los resultados demuestran que tampoco las personas con una memoria autobiográfica muy superior a la media están libres de estas distorsiones, como comprobaron con pruebas parecidas a las mencionadas (listas de palabras y recuerdo detallado del vídeo “inexistente” de un accidente de avión).

Sus hallazgos sugieren que los mecanismos reconstructivos de la memoria que dan lugar a este tipo de distorsiones son básicos y están ampliamente extendidos en nuestra especie. La cuestión es por qué esta forma de recordar se ha conservado a lo largo de la evolución. ¿Quizá se relaciona con la fantasía y nos hace más creativos?

Cerebro diferente

Además, señalan los investigadores, probablemente nadie sea inmune a estas distorsiones. Ni siquiera personas como Solomon Shereshevsky, un periodista ruso estudiado por el neuropsicólogo Alexander Luria a partir de 1920 durante 30 años, y cuya experiencia plasmó en un libro titulado “The mind of a mnemonist: a little book about a vast memory”.

S., como se le conoció durante mucho tiempo, era capaz de recordar un discurso palabra por palabra sin tomar ni una sola nota, y es uno de los primeros casos de hipertimesia descritos.

En comparación con los controles de memoria normal, el cerebro de estas personas al parecer muestra diferencias en nueve estructuras cerebrales, algunas relacionadas con la memoria autobiográfica (como los giros temporales medio e inferior, la ínsula anterior, el polo temporal y el giro parahipocampal), y otras cuya función en este tipo de recuerdo se desconoce (núcleos caudado y lenticular), según un estudio en el que participaban varios de los integrantes de la investigación ahora publicada en PNAS.

Los investigadores sugieren que estas diferencias halladas en el cerebro de las personas con memoria biográfica muy superior podrían contribuir a hacer un uso más eficiente del hardware que comparten con la mayoría de la gente.

Pero, según esta última investigación, esa supuesta mayor eficiencia no les libra de los “errores de procesamiento” que nos afectan a todos.

Fuente

[*Opino}– Recalcitrantes en el uso de la lengua

18-11-13

Carlos M. Padrón

Titular en El País (España) del 18/11/13:

  • El móvil sexual resurge en el ‘caso Yéremi Vargas’

Caramba, no sabía yo que había teléfonos sexuales. Y que nadie se asombre de mi ignorancia porque en España llaman ‘móvil’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘celular’, o equivalente, ya que esos teléfonos funcionan gracias a la telefonía celular, o sea, una tecnología basada en células —o celdas— geográficas, o áreas de cobertura de sus antenas.

Por otra parte, ‘móvil’ fue siempre usado como el motivo para hacer algo, como cometer un crimen; o sea, que tiene varias acepciones, pero, como sustantivo, ‘celular’ sólo tiene una.

Esa costumbre española de aferrarse a sus usos, aunque en lengua se trate de términos confusos, me parece recalcitrante, y tal vez el mejor ejemplo sea el de empeñarse en llamar ‘ordenador’ a lo que en otras latitudes se conoce como ‘computador/a’, que, para colmo, es el nombre que en inglés le dieron sus creadores: computer.

En la prensa digital española usaron por años el término ‘supercomputador’ porque, sinceramente, lo de ‘superordenador’ sonaba raro ya que, supongo, hacía pensar en un tipo que, más que ordenado, era súper ordenado. Pero ya adoptaron el uso de ‘superordenador’.

Sin embargo, parece que han olvidado algo, pues ¿ha escuchado o visto alguien que en vez de ‘computarizado’, palabra muy usada en el mundo hispanohablante, se diga ‘ordenarizado’ u ‘ordenatizado’? No me extrañaría que un buen día se descolgaron en España con alguno de éstos.

[*Opino}– Trucos abusivos en prensa digital

06-11-13

Carlos M. Padrón

En el artículo El mal uso ­(o abuso) de internet destaqué los trucos a que recurren algunos medios digitales para conseguir más y más clics a costa del tiempo de los visitantes.

En ABC.es de hoy creo que se pasaron, pues con ese truco, en sólo el resumen de los 10 artículos más leídos, a los que ellos llaman «Lo último», que, en un casi remdo de los Top Ten gringos, son éstos:

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aparecen nada menos que SEIS (6), a saber:

  1. Los 10 errores más comunes de los hombres al vestirse
  2. Las diez portadas de discos más sexys de la historia del pop
  3. Diez hoteles rurales con encanto para una escapada en otoño
  4. Los diez coches más vendidos en 2013
  5. Marcas que fabrican coches para otras marcas: ¿sabemos realmente lo que compramos?
  6. Quince de los más bonitos pueblos de España
O sea, que si un lector quiere leer completos los seis tiene que clicar no seis veces sino ¡más de CINCUENTA (50)!
Con razón suben en el ranking. Se ve que, para esos medios, el fin justifica los medios.

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Y ahora ni siquiera usan títulos con palabras como «los diez», o cualquier otro número, sino que un título tan poco sospechoso como «Llegará el día en que tu nevera te avise de que te has quedado sin existencias» puede contener nada menos que ONCE entradas.

[*ElPaso}– Las infidelidades de La Reducida

14-11-2013

Carlos M. Padrón

Como ya conté en La sabiduría de dos madamas pasenses, Las Reducidas eran una de las familia cuyas féminas ofrecían sus servicios de forma bastante discreta y, para los estándares de la profesión, muy conservadora.

Una de sus «miembras» (¿no se dice así ahora?) se las arregló para engatusar a Alberto, un pasense con no mucha perspicacia que terminó casándose con ella.

Lo de la poca perspicacia poco le importó a La Reducida; le importaba más el hecho de que, al parecer, Alberto no lograba satisfacer las necesidades sexuales de ella, y tal vez por esto, porque tal vez era ninfómana, o porque no podía resistir la tentación de continuar con la práctica que de soltera había tenido, terminó cayendo en ella.

Comenzó cuando Alberto consiguió trabajo en otro pueblo bastante alejado de El Paso, y para cumplir con él debía ausentarse de su casa de lunes a viernes, ambos inclusive, y dejar sola a su mujer, circunstancia que ésta aprovechó para, con paciencia y mucho criterio gerencial —aplicando parámetros de seguridad y gusto personal—, ir buscándose cinco amantes, uno para cada uno de esos días.

Por eso de los buenos criterios de seguridad, prefirió hombres casados que se verían en problemas, sociales y de pareja, si sus mujeres descubrían infidelidades; y, a falta de éstos, hombres solteros pero discretos hacia los que ella se sintiera atraída.

Y así completó la colección de cinco que listo a continuación, la inicial de cuyos nombres, inventados ahora por mí, he hecho coincidir con la del día de la semana en que a cada uno le tocaba visitar a La Reducida.

  1. Lunes. Luis, casado, panzón, pero con dinero.
  2. Martes: Manuel. También casado, calvo, pero con más dinero que Luis
  3. Miércoles: Matías. Tenía poco dinero, y estaba casado con una mujer que, al igual que la de Manuel y la de Luis, creía que el débito conyugal —costumbre muy en boga en aquella época entre las damas «finas» y beatas—, era un castigo que la moral y las buenas costumbres obligaban a aceptar. (¡Lo que uno tenía que ver y callar en aquel entonces!).
  4. Jueves: Julio. Alto, soltero y cojo, pero buen mozo
  5. Viernes: Venancio. También soltero, más joven que Julio, pero menos atractivo.

Los cinco se conocían entre sí y se habían comprometido, por la cuenta que les tenía, a mantener el asunto tan en secreto como les fuera posible, cosa no muy fácil en un pueblo pequeño.

Un buen día, sin embargo, algo se filtró, el bueno de Alberto entró en sospechas, y un viernes se presentó de improviso en su casa y sorprendió a su mujer en la cama con Venancio.

Mientras Alberto fue a buscar un machete, Venancio alcanzó a medio vestirse y salió corriendo, a monte traviesa, perseguido por un energúmeno Alberto que, machete en ristre, le gritaba amenazas de muerte.

En su alocada carrera, Venancio pasó frente a la casa de Matías, quien, al verlo correr de aquella forma, se preguntó el motivo, pregunta que tuvo respuesta cuando pocos segundos después vio a pasar, también corriendo, al enfurecido Alberto.

Porque era más joven que Alberto, o por el miedo a ser alcanzado por éste, Venancio logró alejarse de su perseguidor y esconderse a buen recaudo fuera de su vista. Alberto, refunfuñando maldiciones, frustrado y, regresó sobre sus pasos.

Y cuando al fin Alberto estuvo bien lejos, Matías, que sospechaba dónde se había escondido Venancio, fue a buscarlo, lo encontró, y a la pregunta de qué había pasado, Venancio, aún jadeando por el cansancio de la forzada carrera, se limitó a decir:

¡Menos mal que hoy no es jueves!