[*Opino}– Acerca de estilos que, según don Amando de Miguel, son plagas en el idioma español

29-08-14

Carlos M. Padrón.

Don Amando de Miguel trató este tema en dos entregas, una del 20-08-2014 y otra de hoy. Me he tomado la libertad de reunirlas en un solo artículo que copio abajo, y hago aquí mis comentarios a él.

2. La conjunción copulativa ‘y’ resulta imprescindible

Me extraña que no mencione lo de la errónea obligatoriedad de poner siempre coma después de esa conjunción.

4. El castellano aborrece los periodos largos

Es una opinión personal que no siempre puede resultar la mejor opción; también habló de ella en el punto 10. Me extraña que, en cambio, haga gala de una pobreza en signos de puntuación, como en estos párrafos:

«Ha quedado el número siete para las famosas plagas que asolaron a Egipto, quizá porque en hebreo el siete significa ‘mucho’. La Biblia enumera diez plagas. Es igual. A título práctico, resumo aquí diez desvíos sistemáticos en los escritos contemporáneos, para empezar, en los míos. Se trata de corregirlos todo lo que se pueda, al menos tenerlos en cuenta».

«Un extraño principio de la corrección de textos. Uno mismo detecta mal los errores. Es mejor que la operación la haga otra persona. El método óptimo es que el texto sea leído en voz alta por el corrector y el autor. Lleva tiempo, pero compensa. La corrección automática del computador suele ser pobre, insuficiente e incluso equivocada. No he logrado entender por qué el corrector automático aborrece ciertas voces perfectamente incorporadas a nuestro idioma».

que parecen emular a quienes, no sabiendo qué signo usar, usan sólo puntos suspensivos, pues don Amando usa sólo punto y seguido. Y también parecen ratificar, entre otras cosas, lo que el mismo don Amando dijo una vez: que el punto y coma está en vías de extinción. Que yo sepa, no sólo tiene vigencia, sino utilidad, además de contribuir a romper la monotonía, vicio que don Amando condena.

8. La plaga de los demostrativos (este, ese, aquel, etc.)

Pues dígalo quien lo diga, yo seguiré poniendo acento (o sea, poniendo tilde) en esos pronombres, así como también en los adverbios cómo, aún, y sólo cuando, según la norma antigua, deban llevarlo.

Según las referencias autorizadas de nuestra lengua, entre las que se cuenta el DRAE, estos pronombres no llevan tilde, pero don Amando escribió estragante, y esa palabra no aparece en el DRAE.

9. La cuestión del leísmo

Que me perdone don Amando, pero sí lo que él propone incluye que digamos la di de comer en vez de le di de comer, no estoy de acuerdo con él.

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29-08-14

Amando de Miguel

Las diez plagas de Egipto

Ha quedado el número siete para las famosas plagas que asolaron a Egipto, quizá porque en hebreo el siete significa mucho. La Biblia enumera diez plagas. Es igual. A título práctico, resumo aquí diez desvíos sistemáticos en los escritos contemporáneos, para empezar, en los míos. Se trata de corregirlos todo lo que se pueda, al menos tenerlos en cuenta.

Las expongo sucintamente, por si pudiera servir de aviso para escritores y lectores.

A título práctico, resumo aquí diez desvíos sistemáticos en los escritos contemporáneos, para empezar, en los míos. Se trata de corregirlos todo lo que se pueda; al menos tenerlos en cuenta.

1. El idioma español presenta la desventaja de la monotonía

Hay que cuidar mucho las repeticiones, reiteraciones de ciertas palabras, que se convierten en comodines. Por ejemplo, la preposición ‘en‘, necesaria pero sobreabundante. Hay que tratar de sustituirla a veces por otras: de, a través de, etc. Nuestra desgracia es que con esa preposición empieza el Quijote. «En un lugar de La Mancha…». La rima más odiosa es la de las voces terminadas en –ón. No hay soneto que la resista.

2. La conjunción copulativa ‘y’ resulta imprescindible

Pero a veces choca un poco, sobre todo al principio de la frase. Resulta un horror la serie de noticias de los telediarios cuando comienzan sistemáticamente con la dichosa y, sin venir a cuento. La y al comienzo de una oración da buen resultado en la lírica, pero la prosa la rechaza.

Ahora nos invade la moda de la pregunta: «¿Y?». Hay que ser argentino para dominarla.

3. Los artículos determinados o indeterminados son necesarios

Pero, una vez más, molesta su uso reiterativo. Ajústese el oído a cada caso. Por ejemplo, suena fatal «subir a dirección», «bajar a planta» o «chutar a portería».

A mí me gusta decir «los Estados Unidos», «la India», «el Japón», «el Perú», «la Argentina», etc., pero reconozco que puede resultar pesadito. Naturalmente, cabe decir “la España contemporánea” o “la Inglaterra victoriana”, al llevar un adjetivo.

4. Al ser una lengua monótona, el castellano aborrece los periodos largos

Yo me he impuesto la norma de que las frases no excedan de 30 palabras, los párrafos de 30 líneas, y los capítulos de 30 páginas. La reducción a esos límites siempre mejora el texto. Lo he comprobado mil veces.

5. Los neutros son muy peligrosos: aquello, esto, eso, lo, lo que, etc.

En mis escritos constituyen una plaga. Trataré de reducir su presencia.

6. Otro fallo de mis textos es el abuso de los adverbios

Sobre todo los terminados en –mente, y las expresiones adverbiales, por ejemplo, esto es, la verdad es que, con todo, por lo menos, etc.

No hay que llegar a la tontería de García Márquez, quien suprimió bonitamente todos los adverbios en –mente. Sin embargo, tengamos cuidado con su abundancia. Cuando se juntan dos -mente en la misma frase, la rima se hace odiosa.

7. Los verbos auxiliares (ser, estar, haber, tener) son utilísimos

Pero, una vez más, su exceso puede adormecer al lector. Es fácil sustituir el es por consiste en, aunque ya hemos introducido la maldita preposición en. Es cosa sabida, al corregir un error, se cuela otro.

Un extraño principio de la corrección de textos. Uno mismo detecta mal los errores. Es mejor que la operación la haga otra persona. El método óptimo es que el texto sea leído en voz alta por el corrector y el autor. Lleva tiempo, pero compensa. La corrección automática del computador suele ser pobre, insuficiente e incluso equivocada. No he logrado entender por qué el corrector automático aborrece ciertas voces perfectamente incorporadas a nuestro idioma.

8. La plaga de los demostrativos (este, ese, aquel, etc.) nos cerca por todas partes

Claro que son útiles para no tener que repetir nombres, pero muchas veces despistan. La diferencia entre ellos depende de la posición del observador o del que emite la información. Es evidente que por ahí se llega a continuas indeterminaciones.

El más peligroso —una especie de ébola gramatical— es el pronombre aquel. Debe huirse de él. Cabe sólo apelar a esa indeterminación cuando se desee transmitir un sentido de soledad y nostalgia.

Recuérdense los famosos versos de Bécquer sobre las golondrinas: Pero aquellas que el vuelo refrenaban / tu hermosura y mi dicha al contemplar, / aquellas que aprendieron nuestros nombres…/ esas… ¡no volverán! 

Por cierto, ningún pronombre demostrativo lleva ya tilde. Me parece maravillosa la expresión tener su aquel, pero aquí no es demostrativo sino sustantivo. Equivale a encanto, ángel, espíritu.

9. Está la cuestión del leísmo

No afectaba mucho cuando se reducía en España a una franja geográfica a ambos lados de la carretera o el ferrocarril de Madrid a Irún. Pero ahora se ha generalizado, por influencia, quizá, de los modos iberoamericanos.

No tiene mayor importancia. Acabaremos todos siendo leístas: la preferencia por le en lugar de la o lo como complemento directo de cosas o personas. Digamos que se trata de una plaga benigna, algo así como una gripe común.

10. La plaga más general es el natural barroquismo de la tradición española en tantos aspectos de la vida

Llega a ser estragante cuando se abusa de tal recurso. Me he acostumbrado a no soportar frases de más de 30 palabras, aunque las hay de más de ciento.

Una concesión barroca que me encanta es la sucesión de tres adjetivos, nombres o verbos, siempre que se precise la triada. Por ejemplo: «Bueno, bonito y barato». No debe abusarse de un recurso, en principio tan elegante.

Un virus reciente es el del verbo poder por influencia estadounidense. No sé si los gramáticos lo consideran un verbo auxiliar, pero así me lo parece en numerosas ocasiones.

En sí mismo no dice mucho, a no ser que le añadamos la acción principal. Podemos hacer el inri o podemos ser más imaginativos. Si no le agregamos la acción principal, el verbo poder adquiere una connotación de fuerza, mando, voluntad, autoridad, presión, dominación, imposición, victoria.

Es evidente la conexión de esas voces con los frentes o movimientos fascistas de toda laya, en definitiva, con ansias totalitarias. Recordemos el viejo juego infantil a ver quién puede más. Nótese que el dichoso verbo poder no admite la construcción pasiva. En inglés resulta todavía más defectivo. Se conjuga en presente (I can, we can), pero no admite el futuro. En tal caso hay que recurrir a una perífrasis: I will be able (= seré capaz).

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[*Opino}– Descubrimientos que no son tales

29-08-14

Carlos M. Padrón

De nuevo, algún estudio o «descubrimiento» ha logrado asombrarme, y no por lo novedoso de sus resultados, sino porque éstos han sido sabidos desde hace muchos años.

El «descubrimiento» que revela el artículo que copio abajo es un truco que me enseñaron antes de que, en 1949, me pusieran las primeras gafas; un «descubrimiento» que desde entonces he usado y he contado a muchas personas, así que para mí, y para muchas personas más, no se trata de ninguna novedad.

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29/08/2014

El increíble truco que te permitirá ver sin usar gafas graduadas

Mirar a través de un pequeño agujero permite al ojo enfocar las imágenes distorsionadas.

La rotura de las gafas es una de las peores pesadillas de todas aquellas personas que necesitan llevar lentes correctoras para poder desenvolverse con normalidad en su día a día.

Sólo quienes alguna vez se han visto obligados a usar gafas saben que existen pocas cosas tan frustrantes como intentar leer un documento y no poder descifrar las palabras que lo componen, o tratar de identificar a una persona que se dirige hacia nosotros y no ser capaces de ver más que un bulto borroso.

Por eso, estamos seguros de que el sencillo truco que hemos encontrado en el blog «Meridianos» será de gran utilidad para miles de personas, siempre que no les importe pasar un poco de vergüenza cuando no tengan sus gafas cerca.

El truco consiste en formar un pequeño círculo con los dedos, o practicar un agujero en un papel, y mirar a través de él. Tal y como demuestra un vídeo elaborado por el canal de vídeos educativos de YouTube «MinutePhysics», casi por arte de magia la imagen, hasta entonces borrosa, se volverá nítida casi por completo. No importa lo borrosa que sea la visión, el truco siempre funciona.

Sin embargo, no se trata de magia. Tal y como explica el vídeo, que ya roza los cinco millones de visualizaciones en su versión subtitulada al español, la explicación de este curioso fenómeno se encuentra en el ámbito de la Física y tiene relación con la forma en la que el cristalino del ojo actúa para dejar pasar más o menos luz y concentrarla en la retina.

Al igual que ocurre con los obturadores de una cámara fotográfica, cuanto menor sea la abertura, menos luz entrará en el ojo, lo que hará que se refleje en un área menor, permitiendo al cerebro formar una imagen nítida.

Sin duda, usar gafas o lentes de contacto es, además de más cómodo, mucho más práctico. Sin embargo, este asombroso truco puede sacarnos de más de un apuro en esos embarazosos momentos en los que no tenemos las gafas a mano.

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[*Drog}– Ejemplo de humillante estupidez masculina

26-08-14

Carlos M. Padrón

Según la prensa inglesa,

 «Un helicóptero policial que buscaba un coche robado en Londres fue testigo la noche del sábado 23 de una original propuesta de matrimonio hecha en Gladstone Park (Dollis Hill). Los agentes vieron a un hombre arrodillado frente a una mujer, y al lado un gran mensaje que decía ‘¿Quieres casarte conmigo?’. Los agentes creen que las velas habían sido encendidas para que la luz destacara contra el cielo nocturno esta petición de matrimonio».

Jamás entenderé cómo un hombre, en sus cabales, pueda llegar a estos humillantes y ridículos extremos. Y no me refiero sólo al letrero hecho con velas, sino a arrodillarse frente a una mujer para pedirle matrimonio como si con eso ella le hiciera un gran favor, o él necesitara de una gerente que dirigiera su vida, cosa que, lamentablemente, ocurre en demasiados casos.

Tal vez la explicación, en bromenserio, sea ésta en la que el corazón, roto por el fracaso al que lo llevó el drogamor, dialoga con el cerebro al que el drogamor logró anular.

Para colmo, estas humillantes peticiones de matrimonio parecen ser comunes en otros países , como USA, donde en el matrimonio la mujer es la dueña y señora de, por ejemplo, la casa donde ambos vivan, y por eso, en caso de pleito, ella puede permitirse el lujo de decirle a su marido «¡Fuera de MI casa!».

 

[*Opino}– Benito Pérez Galdós y el potaje Canario

25-08-14

Carlos M. Padrón

En el artículo que copio abajo lo llaman puchero, nombre que nunca oí que le dieran en Canarias; para nosotros se llamaba potaje.

Como los más de los ingredientes que lleva los cosechábamos en mi casa natal, en El Paso, el potaje era el segundo plato fijo, y casi durante todo el año, en almuerzo y cena. El primero era el gofio escaldado.

Y lo de ‘casi todo el año’ lo digo porque sólo en ocasiones especiales (como matazón del cochino o cabrito, Navidad, o llegada de algún huésped, mi madre preparaba otros platos «extraordinarios» como, por ejemplo, arroz blanco con huevos fritos. Y así fue mi dieta durante 18 años.

Al autor del mencionado artículo le faltó indicar cuál es la relación entre Pérez Galdós y el potaje Canario, y enfatizar que la col ha de ser de la variedad llamada «abierta», y es el ingrediente que realmente define el sabor del plato. Un potaje sin abundantes hojas enteras de col abierta, no es para mí un potaje.

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25/08/2014

Cristino Álvarez

Hoy, cuando bate records de venta la llamada novela histórica, sería bueno recordar a esa enorme figura de nuestras letras que fue don Benito Pérez Galdós.

Porque, para novela histórica, nada como los «Episodios Nacionales», desde Carlos IV hasta la regencia de María Cristina de Habsburgo. Es difícil de superar la brillantez de esta obra fundamental, que trasciende de lo novelístico para convertirse en una referencia necesaria para conocer el siglo XIX español.

 

Galdós nació en la isla de Las Palmas (Canarias), donde se formó. Llegó a Madrid con veinte años, y se impregnó del ambiente de la capital, que tan bien supo reflejar en novelas como «Fortunata y Jacinta» o «Misericordia».

Pero tocó muchos palos, muchos argumentos. Incluso tradujo a Dickens; en mi biblioteca está su excelente versión de «Los papeles póstumos del Club Pickwick».

Soltero recalcitrante, tuvo una larga relación sentimental con Emilia Pardo Bazán. Fue diputado a Cortes (nada menos que por Puerto Rico) y candidato, en 1912, al Premio Nobel de Literatura. Murió en Madrid, en 1920.

Madrid y Canarias… Es inevitable la referencia al plato que sirve de nexo entre dos climas tan distantes, que no es otro que el cocido, en la versión madrileña y, por supuesto, en la isleña: el magnífico potaje Canario. Un potaje adaptado a una tierra y a un clima, que hace hincapié en lo vegetal y que, sin duda, es el más atractivo desde el punto de vista cromático: es una paleta de pintor.

Potaje Canario, vegetal y colorido

El potaje Canario lleva carnes: de ternera, de cerdo, tocino, chorizo, gallina… Pero lo vegetal manda: papas, batatas, garbanzos, calabaza, mazorcas de maíz («piñas de millo»), zanahorias, judías verdes, col, bubangos (deliciosa variedad de calabacín), chayota….

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[*Opino}– Si esto es cierto, estoy jodido

19/08/2014

Carlos M. Padrón

Si es cierto lo que acerca de la tal guindilla, que no es más que chile o ají, se dice en el artículo que copio abajo, estoy jodido porque de comida picante no quiero saber absolutamente nada.

Hasta en dosis pequeñas me anestesia el paladar y, además de la molestia y el ardor, pierdo por horas el sentido del gusto.

Repito: si es cierto lo que acerca de la tal guindilla se dice en el artículo que copio abajo, los mexicanos no debería sufrir de las afecciones abajo listadas, en especial del cáncer, pues las cantidades de chile que comen son asombrosas, y el picante que contiene su chile es de espanto.

Y, ¿cómo es eso que según los franceses la guindilla es buena contra las hemorroides, pero al final del artículo se dice que está contraindicada para quienes padece de ellas? Tal vez lo más acertado de todo lo abajo descrito es que «en torno a la guindilla hay un enorme movimiento comercial».

Y tal vez sea cierto que, por aquello de que «lo causado por un clavo, cono otro clavo se quita», la guindilla sea buena para hacer desaparece el dolor ya que, al menos a mí, me insensibiliza.

Lo de que es buena para la próstata me resulta paradójico, pues a mi hermano mayor (q.e.p.d.) se le ocurrió una vez comenzar a ponerle salsa picante (basada en ají o chile) a casi todo lo que comía. A medida que se acostumbraba al picante, le ponía más, y un día fue tal el dolor que le dio en la parte baja del abdomen que recurrió a un urólogo, y cuando éste descubrió lo que mi hermano había estado haciendo con la tal salsa, le llamó loco y le ordenó suspender de inmediato esa práctica y olvidarse del picante.

Así que acerca de la guindilla podrán hacer todo el marketing que quieran, pero yo «no compro».

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19/08/2014

Ángel Gómez

La guindilla, un aliado de la salud global

Desde el cáncer y enfermedades cardiovasculares, a la depresión, pasando por la artritis, en numerosas enfermedades el pimiento picante puede demostrar sus extraordinarias cualidades.

Es el oro rojo de la mesa. Cuenta con millones de consumidores habituales en el mundo, y hunde sus raíces en siglos pasados, con testimonios que se remontan a más de siete mil años.

Hablamos de la guindilla (también llamada chile, ají y pimiento picante), uno de los alimentos más conocidos y amados en el mundo, descubierto por Cristóbal Colón y difundido después por los españoles.

A este producto, y al planeta que le rodea, dedica Rieti, ciudad de 48.000 habitantes en el centro de Italia, una feria internacional, desde el 28 al 31 de agosto, con la participación de más de 100 expositores de todo el mundo que presentan 400 variedades de peperoncino (guindilla) procedentes de cada ángulo del planeta, desde los más comunes a los más raros y exóticos. Numerosos serán los encuentros, exposiciones y conferencias, como «La guindilla… qué pasión», o «La salud y la guindilla».

«La guindilla es una filosofía de vida»

Uno de los grandes chef italianos, Fabio Campoli, que ha publicado libros, con más de 70 recetas picantes (para aperitivos, primeros y segundos platos, y postres), hace este elogio del pimiento picante: «La guindilla es una filosofía de vida, no un simple ingrediente. Sus colores, la forma y su picante son sinónimos de alegría de vivir, sabor, carácter, emoción… Un mundo que conviene descubrir y que está hecho no solo de preciosas notas de gusto, sino también de ciencia y cultura».

Sobre este enorme fenómeno que es la guindilla, el artífice del éxito de la Feria de Rieti, que llega a su cuarta edición, Guglielmo Rositani, destaca su gran importancia para la salud, porque es un alimento rico en vitaminas, y su relevancia comercial: «Se trata de un alimento que es consumido por el 60% (más de 4 mil millones de habitantes) de la población mundial. En torno al peperoncino hay un enorme movimiento comercial.

Según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), los principales exportadores son México, España y Holanda, mientras los más grandes importadores son Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia», destaca Guglielmo Rositani, socio fundador de la Academia Italiana del Peperoncino.

La guindilla y la salud

La riqueza en vitaminas (especialmente A, E, C, además de hierro) es uno de los puntos que hace del pimiento picante un alimento muy a tener en cuenta para la salud. Además, la guindilla contiene capsaicina, que es la responsable de la sensación de ardor en la boca. Es una sustancia antioxidante, que se usa también como medicamento para hacer desaparecer el dolor.

La citada Academia Italiana del Peperoncino ha examinado las cualidades extraordinarias de este vegetal en numerosas enfermedades resumiéndolas así, de la A a la Z:

Arteriosclerosis

Las propiedades vasodilatoras y anticolectorol del pimiento picante son reconocidas por todos. A ellas se une la acción de la vitamina PP, que hace elásticos los capilares, y de la vitamina E, que aumenta la oxigenación de la sangre.

Artristis, reumatismos

Usado sobre el cuerpo, externamente, la guindilla tiene un efecto revulsivo, es decir, dilata los capilares y calienta.

Afrodisíaco

Algunas teorías defienden que la comida picante es afrodisíaca por su alto contenido en vitamina C (que estimula la producción de endorfinas). Tiziana Valpiana, en su libro, «Il peperone» (El pimiento), escribe: «La característica fundamental de la guindilla es sin duda la de ser una planta vital, en grado de estimular las funciones vitales de nuestro organismo. ¿Y cuál es más vital que la pulsión sexual?».

Cáncer

Estudios fiables han demostrado que la capsaicina reduce el crecimiento de las células cancerosas. El famoso oncólogo Giulio Tarro afirma que las sustancias presentes en la capsaicina refuerzan las defensas inmunológicas frente a los tumores.

La importancia y el papel de la vitamina C en la lucha contra los tumores ha sido subrayada por muchos investigadores. La vitamina C está presente en el pimiento picante en cantidad elevada.

Depresión

En China, el pimiento picante rojo se utiliza contra la depresión. También en la India, donde la Medicina tradicional ayurvédica, nacida hace 6.000 años, sostiene que la guindilla «estimula el espíritu y la sangre».

Enfermedades cardiovasculares

La guindilla se aconseja en la curación preventiva del infarto y enfermedades cardiovasculares.

Fermentaciones intestinales

En el intestino el pimiento picante desarrolla una acción antiputrefacción y antifermentativa; impide que las toxinas pasen a la sangre.

Hemorroides

Muchos renuncian al picante porque temen las consecuencias de las hemorroides. Se trata de viejos prejuicios y desinformación. En el 1857 la Academia médica francesa decretaba oficialmente la validez del pimiento picante contra todo tipo de hemorroides. Una cosa es segura: en pocas semanas desaparecen congestión y dolor. La acción terapéutica es debida a la vitamina K2, que es antihemorrágica.

Insuficiencia hepática

Las cocinas orientales usan abundantemente el pimiento picante y superan así el problema del hígado y vesícula biliar.

Laringitis

La guindilla funciona bien como descongestionante y antiinflamatorio contra la laringitis, ronquera y toses espasmódicas.

Prostatitis

La Medicina popular china prescribe caldo de pollo a la guindilla para estimular la emisión de orina de las personas que sufren de inflamación de la próstata.

Venas varicosas

Muchos testimonios documentan la curación de personas con varices. La mejora viene determinada por la disminución del colesterol en la sangre y por un mayor equilibrio en la presión que se obtienen con una dieta con guindilla.

La guindilla, un aliado en el verano

El pimiento picante es uno de los alimentos más indicados para favorecer y mejorar el bronceado de la piel, gracias al elevado contenido de la vitamina A, la «vitamina de la piel».

Por otro lado, según un estudio publicado por la Purdue University de Indianápolis, el comer pimiento picante ayuda en las dietas para adelgazar, al lograr reducir el apetito.

La guindilla y la belleza

Antiguas tradiciones populares y moderna investigación científica constituyen también el binomio guindilla-belleza. Cremas y jabones que contienen guindilla favorecen una acción antibactérica para mantener la piel sana y eliminar las impurezas. Se usan, por ejemplo, para el acné.

Otros productos con guindilla se utilizan para el pelo, porque adquiere fuerza y vigor . Las cualidades de la capsaicina, en fin, se utilizan también para la celulitis, y en curas para adelgazar, porque acentúa el consumo de calorías hasta un 15%.

Quiénes no pueden comerlo

El pimiento picante debe ser usado con equilibrio y moderación.

No deben abusar de él quienes sufren de acidez de estómago, de úlcera, de hepatitis y hemorroides. El exceso puede provocar irritaciones en las mucosas intestinales. Pero tomado en dosis terapéuticas, puede ser útil para curar algunas de las enfermedades mencionadas.

No hay que olvidar que la guindilla es un antifermentativo y, por tanto, útil para la digestión y las prevención de infecciones intestinales. En todo caso, el consumo de la guindilla no debe ser nunca excesivo, y debe ser determinado por la tolerancia personal.

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[*Opino}– Una posible explicación a por qué me prohibieron jugar ajedrez

18-08-14

Carlos M. Padrón

Tenía yo 14 años cuando descubrí la importancia del ajedrez y, decidido a aprender a jugarlo, como ya conté en Recuerdos de la década de los ’50s eché mano de la enciclopedia Espasa-Calpe que en su biblioteca tenía don Juan Fernández, médico de El Paso casado con una tía mía, aprendí lo básico, que luego enseñé al amigo Teudis (q.e.p.d.), y entre los dos jugábamos casi a diario una o dos partidas, y yo iba incorporando en ellas, y explicándoselo a Teudis, lo que aprendía a través de otros libros encontrados en esa biblioteca.

El resultado, como conté en el arriba referido artículo, fue que recaí de forma grave de una afección que me había mantenido en cama por varios días, y que luego de saber don Juan Fernández que apenas dejar la cama me di a jugar ajedrez, me prohibió de plano que siguiera en eso.

Le hice caso, y nunca más jugué ése que luego fue calificado como deporte y que, según el artículo que copio abajo, puede ser de alto riesgo.

No pretendo siquiera insinuar que mi relación con el ajedrez era ni parecida a la de los jugadores profesionales, pero habida cuenta de cómo yo me había obsesionado con ese juego, tal vez el esfuerzo que hacía por aprender más de él, y el que luego hacía en cada partida, afectaban seriamente mi salud, y es ahora, más de medio siglo después, cuando entiendo que tal vez don Juan Fernández hizo bien en prohibírmelo, y que lo que de ajedrez aprendí y nada es lo mismo.

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17 AGO 2014

El ajedrez como deporte de riesgo

La pregunta de siempre: ¿es el ajedrez un deporte? La de los últimos cuatro días: ¿es un deporte de riesgo?

Ese salto del blanco al negro se debe a dos jugadores muertos en la Olimpiada de Tromso (Noruega). Lo único cristalino es que el ajedrez de alta competición es mucho más extenuante de lo que parece, aunque no tanto como para atribuir ambos fallecimientos sólo a eso.

Es casi seguro que las arterias coronarias de Kurt Meier, de 67 años, ya estaban muy mal cuando viajó a Tromso con la selección de Seychelles. Una emoción muy fuerte podía bastar para sufrir un infarto, como la que sintió el jueves, durante la última ronda de la Olimpiada de Ajedrez, frente a Ruanda: Meier creía que su posición era ganadora, cuando su rival encontró de pronto una combinación de tablas; entonces se desplomó en la silla, y dio con su cabeza contra el tablero.

Intentaron reanimarlo durante más de media hora, pero fue inútil.

Del otro caso se sabe muy poco: el uzbeko Alisher Anarkúlov, de 46 años, que jugaba con el equipo especial de la Asociación Internacional de Sordos (ICCD), fue encontrado muerto en su habitación esa misma noche, y la Policía noruega aseguró que las causas fueron “naturales”.

Desde que Felipe II patrocinara torneos con los mejores ajedrecistas del mundo en el siglo XVI se conocen poquísimas tragedias similares. Además, ni Seychelles ni la ICCD son selecciones sometidas a una alta tensión porque están por la parte de abajo de una clasificación con 177 equipos; sus integrantes son aficionados, sin una preparación rigurosa.

Desde la estadística, que dos de los 1.500 participantes mueran durante una competición de dos semanas no tiene por qué ser relevante. Pero sí es probable que la tensión acumulada durante once rondas, aunque mucho menor que la de los jugadores profesionales, fuera el detonante de ambas muertes.

Correr de vez en cuando por un parque o playa sólo requiere un mínimo de condición física; ser profesional de la maratón implica unos genes especiales y un entrenamiento durísimo. Para jugar al ajedrez como pasatiempo no se necesita nada: ni salud ni un mínimo nivel de inteligencia.

Ahora bien, el ajedrez profesional de hoy es otro mundo muy distinto: las partidas duran entre cuatro y seis horas, y producen un desgaste enorme; y los entrenamientos pueden pasar de ocho horas diarias. En general, los ajedrecistas duermen varias horas más de lo normal, cuidan mucho su preparación física y su alimentación, y pierden kilos de peso en los torneos largos. Entre los 50 mejores del mundo sólo hay cinco mayores de 40 años.

Diversos estudios científicos indican que los ajedrecistas utilizan mucho algunas partes del cerebro poco ejercitadas por el resto de la gente, y también que usan ambos hemisferios a la vez, coordinadamente.

Juan Antonio Samaranch explicó en 1998 por qué iba a proponer a la siguiente Asamblea General del Comité Olímpico Internacional que se aceptara como miembro a la Federación Internacional de Ajedrez: “En nuestros archivos no tenemos una definición oficial de lo que es deporte. El ajedrez es el deporte mental por excelencia, y está organizado como tal en todo el mundo. Encaja perfectamente con el lema Mens sana in corpore sano y nos dará una imagen ligada a la inteligencia”.

Sobre su mesa estaba un informe de varios cientos de folios que contenía un experimento médico de la Universidad de Lovaina (Bélgica) en el que se demuestra que el desgaste físico (nervioso, hormonal y cardiovascular, principalmente) de un ajedrecista de alta competición no es inferior al de varios deportes olímpicos. La Asamblea aprobó la moción.

El deporte de alta competición tiene mucho de insano, porque consiste en llevar el cuerpo a sus límites. Jugar al ajedrez a un nivel alto requiere exprimir la máxima capacidad del cerebro.

Todo indica que Meier y Anarkúlov ya estaban enfermos cuando volaron hasta la costa del Ártico. Ambos murieron como a muchos ajedrecistas les gustaría: practicando su gran pasión. Y ambos han sido titulares destacados en medios que jamás prestaban atención al ajedrez, pero que ahora aseguran que es un deporte de riesgo.

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[*Opino}– El detestable infinitivo ‘a pelo’ o ‘tarzánico’

31-07-14

Carlos M. Padrón

El calificativo de tarzánico le viene muy bien a ese horrible, vulgar y mutilado uso del infinito.

En el ejemplo que se pone en el artículo que copio abajo cabe preguntarse qué se quiso decir con ‘citar’. ¿Conviene citar? ¿vale la pena citar? ¿hay que citar? ¿quiero citar?

Se deja a la imaginación del lector, algo que detesto porque, como ya he dicho, en el lenguaje escrito hay que cumplir, tanto como se pueda y por simple respeto a uno mismo y al lector, el principio de evitarle a éste cualquier género de dudas, no obligarlo a adivinar ni releer, …. a menos que deliberadamente se quiera crear confusión, como haría, por ejemplo, un abogado.

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2014-07-30

Amando de Miguel

Palabras engañosas, palabras vitandas

Álvaro de la Cueva observa que la terrible moda del «infinitivo a pelo» aparece ya en un texto legal. Se dice en él: «Por último, entre otras modificaciones (…), citar la introducción (…)».

Estamos apañados; yo lo llamaría infinitivo perezoso. Es una epidemia del politiqués. Aterra oír las intervenciones públicas que empiezan así.

Manuela Mansas Enrique se refiere al asunto del infinitivo a pelo, el que abre una frase solemne. Dice ella que también se llama «introductorio, solitario, enunciativo o radiofónico», y propone una nueva denominación: tarzánico.

Recuerda a los escasos parlamentos de Tarzán, o también a los de los indios en las películas del Oeste. En ese último caso, sucedía a veces que en la versión original los indios hablaban español. La forma de traducir era algo así como «Rostro pálido venir a las montañas».

Ignacio Frías añade otra propuesta para esa forma de hablar: «infinitivo viudo». Habría que dar una explicación de por qué se utiliza tanto en el politiqués. Se me ocurre que, de esa forma, al eludir el verbo principal se eliminan también muchas responsabilidades.

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