[*ElPaso}– Menos mal que Nicolasa no supo esto acerca de los besos en la boca

18-11-14

Carlos M. Padrón

Allá por la década de los 50 del siglo pasado, conocí en El Paso a Nicolasa, una mujer a quien el solo pensamiento de besos en la boca le provocaba náuseas.

El mayor deseo de su novio, mientras fue tal, era que Nicolasa le diera un beso, pero cada vez que él le pedía eso, ella amenazaba con poner fin a la relación, así que, si hemos de hacer caso a lo que la propia Nicolasa contaba, su matrimonio se consumó y «funcionó» por muchos años sin que en los virginales labios de ella se posaran jamás los de un varón.

Esto no obstante tuvo dos hijos, y un día, cuando frente a una pareja joven y vecina de ella proclamaba con ánimo aleccionador lo asqueroso que era el beso, esta pareja quiso jugarle una mala pasada y, sin más, se dieron un beso en la boca, ante lo cual Nicolasa emitió un horrible grito de asco y corrió hacia el baño a vomitar, después de lo cual regresó junto a la pareja y les prodigó una sarta de insultos que iban desde cochinos a degenerados y, maldiciendo aún, puso rumbo a su casa hecha una furia.

Años después, cuando Nicolasa había alcanzado la tercera edad y la viudedad, confesó que el último deseo que, ya en su lecho de muerte, le formuló su marido, fue que le diera un beso en la boca, pero, según las confesiones de Nicolasa, el pobre hombre se fue al otro mundo sin haber conseguido ése su más caro anhelo.

Tal vez Nicolasa era simplemente anormal o, lo que es más probable, fue una víctima más, aunque muy destacada, de la educación maldita —oscurantista, interesada, manipuladora, antinatural, sectaria y aberrante— que por años nos impuso el dúo franquismo-Iglesia, y que dañó de forma permanente, y en mayor o menor grado, la vida social y matrimonial de miles de jóvenes, una maldición que alcanzó a las generaciones descendientes de parejas aberradas que impusieron a sus hijos este nefasto modelo empaquetado en fanatismo religioso.

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18/11/2014

José Manuel Nieves

Ochenta millones de bacterias pasan de boca a boca en un solo beso

Ése es el precio que hay que pagar por un simple beso de diez segundos. Durante ese breve lapso de tiempo, en efecto, se produce una transferencia masiva de microorganismos entre los dos enamorados. El estudio, recién publicado en la revista Microbiome, también ha descubierto que las parejas que se besen un mínimo de nueve veces al día terminan teniendo en sus bocas el mismo tipo de comunidades bacterianas.

Un enorme y complejo ecosistema de cerca de 100 billones de microorganismos (una comunidad que recibe el nombre de microbioma) vive normalmente en el interior del cuerpo de cada ser humano. Y resulta, además, esencial para que podamos, por ejemplo, digerir los alimentos, sintetizar los nutrientes o prevenir un buen número de enfermedades.

Pero no todas las personas tienen el mismo microbioma. Su composición, es decir, el tipo de microorganismos que lo forman, se modela en cada uno de forma ligeramente diferente, y esas diferencias dependen tanto de la genética de cada individuo como de su alimentación o de su edad. Y también, por supuesto, del tipo de personas con las que se relacione.

Una de las zonas del cuerpo en las que esas diferencias resultan más evidentes es, sin duda, la boca. En ella, en efecto, pueden vivir hasta 700 variedades distintas de bacterias, y más que en ninguna otra parte de nuestro organismo esa variedad depende, también, de las personas con las que pasamos más tiempo.

Los autores de la investigación, con sede en Holanda, estudiaron a 21 parejas, a las que pidieron que rellenaran un cuestionario sobre su comportamiento afectivo, especialmente en lo referente a los besos, para saber con qué frecuencia, de media, unían sus bocas en ese gesto de cariño.

Después de lo cual tomaron muestras de sus bocas para investigar la composición exacta de las comunidades bacterianas, o microbiota, de cada uno, especialmente las de la lengua y la saliva.

Los resultados mostraron, sin lugar a dudas, que las parejas que se besaban con mayor frecuencia tenían comunidades bacterianas muy similares. Y esta «compenetración bacteriana» se acentuaba en aquellas parejas que se besaban, de media, nueve o más veces al día.

Remco Kort, investigador principal del estudio, afirma que «los besos más íntimos implican un contacto pleno de las lenguas y un intercambio de saliva que constituye un comportamiento único en la naturaleza y que resulta común en el 90% de las culturas conocidas. Las explicaciones habituales de la función que desempeñan los besos entre los humanos asignan, normalmente, un papel muy importante al microbiota presente en la cavidad oral, aunque los efectos exactos de esos besos nunca habían sido estudiados. Nosotros queríamos averiguar hasta qué punto las parejas comparten su microbiota oral. Y resulta que, cuanto más se bese una pareja, más similares serán sus comunidades bacterianas».

Los investigadores pidieron a las 21 parejas que se dieran también una serie de «besos experimentales controlados» para cuantificar con la mayor exactitud la transferencia de bacterias. Para ello, uno de los miembros de cada una de las parejas tomó una bebida probiótica que contenía diversas variedades específicas de bacterias, entre ellas, Lactobacillus y Bifidobacteria. Y los investigadores hallaron que, después de cada beso íntimo, la cantidad de total de esas bacterias que se transferían al receptor rondaba los 80 millones en un beso de diez segundos de duración.

El estudio también sugiere un importante papel para otros mecanismos capaces de afectar al microbiota oral y que son la consecuencia de un estilo de vida compartido, de los hábitos de alimentación y de higiene.

Un detalle curioso sobre el experimento: los investigadores pudieron comprobar, y aplicar a sus resultados para que las cifras no se falsearan, que hasta el 74% de los varones encuestados declaraban besar a sus parejas justo el doble de lo que decían ellas.

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[*Opino}– Va de gatos y perros

16-11-14

Carlos M. Padrón

Como nací y me crié en un medio agropecuario, conviví con gatos hasta que, a los 18 años, dejé El Paso, mi pueblo natal, y me mudé a un medio urbano.

Durante esos 18 años, tanto para mí como para todos en el pueblo, un gato era un animal utilitario que se tenía para cazar ratones, cosa que hacían mejor las gatas, pero presentaban el problema de que parían a cada rato y uno se enfrentaba a la necesidad de matar las crías o correr el riesgo de verse invadido por una legión de gatos que, al no disfrutar, por ser tantos, del roce directo con el ser humano, pasaban a actuar como lo que son: fieras.

Fue lo que le ocurrió a un vecino que se declaró enemigo de sacrificar las crías y en cosa de pocos meses comenzó a sufrir las constantes invasiones de decenas de gatos que vivían escondidos en un banco de tuneras (así llamábamos a la planta que da tunos, o higos picos; AQUÍ puede verse la imagen de una) cercano a la casa, y a diario se metían en ésta, y en las de los vecinos, a robar comida. Por si eso fuera poco, en las noches montaban unos escándalos que mantenían desvelado al vecindario.

Todos los intentos por conseguir domesticarlos fueron en vano, y no quedó otra opción que darles caza a tiros, pues los venenos, además de resultar peligrosos para otros animales, raramente funcionan con los gatos, que los detectan y no los comen.

Aunque en casa hubo un perro hasta cuando tuve unos 4 años, mi padre lo sacrificó porque un día mordió a un niño, y el padre de éste cino a presentarle al mío el correspondiente reclamo. Desde entonces, nunca más hubo perros en casa, y tal vez por eso viví con el desconsuelo de tener uno.

La pasión que por los perros mostró desde niña mi hija Alicia me llevó a traer a casa el primero, y desde entonces he convivido con ellos casi de forma ininterrumpida, y he aprendido lo que dice el artículo que copio abajo: el gato es una fiera disimulada; el perro es el mejor amigo del hombre.

También he aprendido que las más de las personas que no gustan de los perros no son muy fiables que se diga, como tampoco lo son los gatos.

Los amantes de ellos podrán decir misa, pero deberían leer bien el artículo que sigue.

Artículo(s) relacionado(s):

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16/11/2014

Por qué no deberías confiar en tu gato

Los gatos son pasivo-agresivos, inabordables emocionalmente, y son conocidos por su independencia. Aún así, son una de las mascotas más populares.

Hay una relación evolutiva para esta tensa relación. Los gatos, al fin y al cabo, siguen siendo salvajes en muchos sentidos. «A diferencia de los perros, los gatos en realidad sólo están semidomesticados», cuenta a Wes Warren, profesor de genética de la Universidad de Washington y coautor del primer mapa completo de los felinos domésticos, según recoge «The Atlantic».

Comparando las diferencias de ADN entre los felinos domésticos y los salvajes, Warren y sus colegas encontraron que las mayores diferencias están en los patrones de pelaje y en la docilidad. Y, los que menos, en los que influyen en el comportamiento, como la respuesta al miedo o la búsqueda de recompensas.

El origen de esta divergencia comenzó hace 9.000 años, cuando los humanos comenzaron a cultivar la agricultura. Los gatos salvajes comenzaron a acercarse a los humanos, que, como veían que ahuyentaban a los roedores, empezaron a recompensarlos con comida. Según la hipótesis de los investigadores, esos primeros agricultores tenían interés de que los pequeños felinos estuvieran a su alrededor.

Acostumbrados a los humanos

«La docilidad viene como resultado de haberse acostumbrado a recibir de los humanos comida como premio», según los investigadores. La pregunta es por qué no se han hecho más amistosos en estos nueve mil años.

Los gatos están más cerca de los carnívoros: son capaces de detectar el movimiento de su presa, tiene visión nocturna, una dieta rica en grasas y proteínas. Esto significa que, a diferencia de los perros, sus genes no han evolucionado para hacerse más dependientes de la comida de los humanos.

Esto demuestra la escasa influencia de la domesticación en la genética de los gatos, en comparación con el caso de los perros, según los investigadores. De hecho, según una reciente investigación sobre el genoma canino, los perros ya eran el mejor amigo del hombre cuando éramos cazadores, hace entre 11.000 y 16.000 años. Su dieta omnívora se desarrolló en paralelo a la evolución de los humanos al estilo de vida agrario.

¿Por qué los gatos siguieron siendo salvajes? La teoría de los investigadores es que las comunidades de gatos continuaron conviviendo con otros gatos salvajes, a pesar de rondar a los humanos. La verdadera moda de los humanos de convivir con ello no tiene mucho más de dos siglos.

Vinieron por los ratones, se quedaron por los restos de comida, y rondaron cerca de los graneros. No sólo es que los gatos sean salvajes en mayor parte, sino que queda mucho para domesticarlos.

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[*Opino}– Aceptable decir EREs, pero no escribirlo. Anglofobia pura y dura

14-11-14

Carlos M. Padrón

Otra vez la anglofobia aunque se haga el ridículo.

En el artículo que copio abajo se dice que no es aceptable añadir una s al final de unas siglas cuando éstas se usan en plural —por ejemplo, EREs— porque con ello se recurriría a un uso anglosajón ajeno al sistema ortográfico del español. ¡Qué argumento tan brillante!

Sin embargo, sí se acepta que esa s se añada en el lenguaje oral.

Si escribir EREs es la exacta representación gráfica de la forma hablada, ¿qué importa que su origen sea inglés? Es un uso lógico y útil, y aceptar algo así, aunque venga del vulcano, enriquece el idioma…. a menos que venga del inglés, claro está, pues en ese caso aceptarlo sería humillante, degradante, de mal gusto, un gesto servil, antipatriota y, por tanto, condenable.

Además, el sistema ortográfico del español parece estar blindado, salvo cuando se relaja para aceptar casos como que el adverbio sólo, los pronombres demostrativos, etc. puedan escribirse sin tilde, y varios otros que buscan la salida con el mínimo esfuerzo educativo aunque sea a costa de la calidad de la educación.

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14/11/2014

Los ERE o los eres, pero no los ERES ni los EREs

En la lengua escrita, a la sigla ERE (‘expediente de regulación de empleo’) no se le añade una s para formar el plural, a no ser que se le dé la consideración de sustantivo, es decir, que se lexicalice: el ere, los eres.

Sin embargo, en los medios de comunicación se encuentran en ocasiones frases como las siguientes:

  • «Creada la plataforma de los afectados por EREs» o
  • «Empleo dice que los EREs de extinción han pasado del 21 % al 15,9 % en un año».

Aunque en la lengua oral las siglas pluralizan con toda normalidad, la Ortografía Académica no considera oportuno marcar su plural gráficamente, ya que, si se hace en mayúscula, ERES, puede parecer que la s forma parte de la sigla; y si se usa la minúscula, EREs, se recurre a un uso anglosajón ajeno al sistema ortográfico del español.

La misma obra también precisa que muchas siglas que, como ERE, son pronunciables como palabras, acaban por convertirse en vocablos plenos (como uci, mir, pyme, etc.) y, como tales, pueden llevar una s para marcar el plural: ere, plural eres.

De este modo, se recomienda escribir en plural las palabras que acompañan a ERE (los ERE, algunos ERE, etc.) si se mantiene como una sigla, escrita en mayúsculas, o añadir una s cuando la palabra se escriba en minúsculas, entendiendo así que se trata de una forma lexicalizada (eres).

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[*Opino}– La chikungunya y las armas biológicas no letales

12/11/2014

Carlos M. Padrón

Justo hoy, cuando en la prensa digital ha aparecido el artículo que copio abajo, creo haber superado la etapa crítica de la chikungunya, también llamada chikunguña.

Sus efectos me tienen aún asombrado porque, como no soy ni médico ni biólogo, no logro entender que algo que inocule un mosquito pueda ser tan selectivo como para atacar, con tan alta precisión y efectividad, a las articulaciones de las cuatro extremidades, incluidas las de los dedos de manos y pies, consiguiendo así inmovilizar casi totalmente a un ser humano.

A efectos prácticos, así es, porque los dolores en esas articulaciones son tales que —al menos en mi caso y en el de muchas otras víctimas de las que he sabido— no podía cepillarme los dientes, no podía levantarme si estaba en una posición en que las rodillas quedaran más altas que las caderas, no podía llevarme un cubierto a la boca, no podía caminar con seguridad —porque de pronto el dolor extremo en un pie dejaba flácida la pierna correspondiente y yo me venía al suelo, no siendo de gran ayuda que tuviera de qué agarrarme porque mis brazos carecían de fuerza para que el agarre resultara efectivo—, no podía incorporarme de la cama, no podía vestirme ni calzarme,….. En fin, que durante un par de días fui como un prisionero en mi propio cuerpo.

Ante algo así se me ocurre que, debidamente perfeccionado —como para que, por ejemplo, inmovilice por más tiempo— este virus podría ser —¿o ya está en vías de serlo?— el arma biológica ideal para paralizar, de forma masiva y sin causar la muerte, a sus víctimas, a menos que éstas no tomaran los cuidados pertinentes.

Los miembros de un ejército que en el campo de batalla padecieran los síntomas que describí, no podrían sostener un arma, disparar con puntería, lanzar una granada, atisbar por unos prismáticos, manejar un tanque, un radar o una computadora, pilotar un helicóptero, escapar de un peligro, etc. Sólo serían espectadores impotentes de lo que ante ellos ocurriera.

Quien diga que no es impresionante es porque no ha «disfrutado» de la chikungunya.

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12/11/2014

Gonzalo López Sánchez

Armas biológicas de destrucción masiva: silenciosas y letales

Los microorganismos que causan la peste, el ébola, el carbunco o la viruela, pueden ser usados como armas, y muchos países ya cuentan con medidas de defensa frente a ellos.

12 de marzo de 2009. Una investigadora alemana trabaja en el Instituto Bernard Nocht de Medicina Tropical, en Hamburgo. Manipula muestras con virus ébola activo para inyectárselas a animales de experimentación y, por ello, está protegida con una escafandra de nivel 4 de bioseguridad, que impide que ninguna parte de su cuerpo, ni tan siquiera el aire que respira, entre en contacto con el resto del laboratorio.

Pero entonces, una de las agujas con que trabaja atraviesa la goma de su guante y se clava en su piel. En un instante, puede haberse inyectado millones de partículas virales capaces de multiplicarse y atacar sus capilares, su sistema inmune y su hígado. Saltan todas las alarmas, y un equipo internacional decide inyectarle con urgencia una vacuna experimental.

La doctora sufre una ligera subida de fiebre horas después, pero finalmente se salva, quizás gracias a la vacuna, o quizás porque tuvo suerte y no se inyectó suficiente cantidad de virus. En 2004 un científico ruso no tuvo tanta suerte.

En la fecha en que esta investigadora tuvo aquel accidente, se cumplían alrededor de 30 años de investigación en el temible virus ébola, un microorganismo muy letal pero que apenas había causado 2.000 infecciones, gracias a su escasa capacidad de contagio. ¿Por qué se estaba investigando entonces, a costa de la inversión de millones y millones de dólares y en las condiciones más estrictas de seguridad?

El motivo fundamental es que se le consideraba como uno de los microorganismos más peligrosos para el ser humano, y que además podía ser usado como arma biológica en una acción de bioterrorismo.

¿Qué es el bioterrorismo?

«Consiste en el uso intencionado de un patógeno o producto biológico para producir daño a personas, animales, plantas u otros organismos, para influir sobre la conducta de los gobiernos o intimidar a la población civil», según el «Model State Emergency Health Powers Act», un informe elaborado por dos importantes universidades estadounidenses con el objetivo de ayudar en la elaboración de leyes y respuestas a epidemias y ataques de bioterrorismo en Estados Unidos.

¿Qué son las armas biológicas?

«Se trata de virus, bacterias u otros gérmenes que normalmente se encuentran en la Naturaleza pero que en ocasiones han sido modificados en laboratorio para aumentar su capacidad de dispersión, de resistir los tratamientos médicos o ser más dañinos», según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el CDC, un organismo a la vanguardia mundial en la lucha contra epidemias y en salud pública.

Los expertos consideran que las armas biológicas son fáciles de desarrollar, que son más letales y más baratas que las químicas y más difíciles de detectar que las nucleares. Además, se pueden dispersar a través del aire, del agua, de la comida o entre personas. Pueden resultar difíciles de detectar, y causar la enfermedad después de tiempos de incubación muy variables.

¿Cuáles son las más peligrosas?

El CDC clasifica las armas biológicas en tres categorías, de la A a la C. Las más peligrosas son de la categoría A, y todas ellas tienen alguna de estas características:

  • Ser fácilmente diseminables o transmisibles entre personas.
  • Tener elevadas dosis de mortalidad y un fuerte impacto en la salud pública.
  • Provocar pánico colectivo y afectar a la estabilidad social.
  • Requieren una respuesta y una preparación especiales por parte de las autoridades sanitarias.

Dentro de la categoría A, se encuentran los microorganismos que causan las siguientes enfermedades:

Fiebres hemorrágicas

Causadas por filovirus (ébola y marburgo) y arenavirus. Provocan fallos multiorgánicos y hemorragias al atacar al sistema circulatorio. Los filovirus resultan especialmente peligrosos debido a sus elevadas tasas de mortalidad y al hecho de que no se conozca con exactitud cuál es el animal que actúa como reservorio de estos microorganismos. Por su parte, los arenavirus están divididos en dos grupos, los del Viejo Mundo y los del Nuevo Mundo, y provocan enfermedades como la fiebre de Lassa o la fiebre de Argentina.

Carbunco (en inglés, «Anthrax»)

Se trata de una seria enfermedad que puede llevar a la muerte y que está causada por una bacteria llamada Bacillus anthracis, que puede estar presente en el suelo o en animales. La infección se produce cuando se ingieren esporas presentes en suelos, pasto o agua contaminada, o bien cuando estas llegan a la piel o al pelo y luego se ingieren, por lo que el contagio entre personas es complicado.

Sin embargo, es uno de los mejores candidatos a arma biológica porque sus esporas se encuentran fácilmente en la Naturaleza en muchos lugares, pueden resistir durante mucho tiempo en el medio ambiente, y pueden ser liberadas a través de comida, agua o sprays sin llamar la atención.

En 2001, 5 personas murieron en Estados Unidos a causa de un ataque con esta bacteria a través de cartas.

Peste neumónica

Aparece cuando la bacteria Yersinia pestis es inhalada y llega a los pulmones. Los síntomas (fiebre, debilidad, dolor de cabeza, neumonía, producción de esputos sanguinolentos y fallo pulmonar) aparecen entre uno y seis días después del contagio, y pueden llevar a la muerte si no se suministran antibióticos en un plazo de un día después de la aparición de los síntomas.

Se trata de una peligrosa arma porque la bacteria está presente en la Naturaleza y se puede producir en el laboratorio, y las personas pueden portarla durante varios días sin experimentar síntomas, con lo que la dispersión de la enfermedad puede aumentar considerablemente.

Cuando esta bacteria es transmitida a través de la picadura de pulgas, se produce la llamada peste bubónica (que asoló Europa en el siglo XIV durante el episodio de la peste negra). Produce bubones (hinchazón de ganglios linfáticos), gangrena (manchas negras en la piel por muerte de tejidos) y septicemia (infección generalizada).

Esta última no es contagiosa entre humanos si no es a través de las pulgas, pero puede infectar a los pulmones y convertirse en la variedad neumónica, que sí es contagiosa.

Botulismo

Es una enfermedad que paraliza los músculos y que puede llevar a la muerte por fallo respiratorio. Es producida por una bacteria llamada Clostridium botulinum, que puede transmitirse a través de la comida, el agua o el aire.

Viruela

Es una enfermedad grave y muy contagiosa que puede llevar a la muerte de los pacientes. Ha acompañado al ser humano durante miles de años, pero el último enfermo de viruela se diagnosticó en 1977 y se considera que está erradicada desde 1980 gracias a una extensa campaña de vacunación. Sin embargo, existen reservas con este virus en dos instalaciones de alta seguridad para futuras investigaciones, puesto que se cree que podría haber muestras de este microorganismo en manos de terroristas.

Hay una variante de la enfermedad más grave, que alcanza una letalidad del 30%, y otra menor, que apenas llega al 1%. Provoca fiebre, dolor, vómitos, sarpullidos, la aparición de pústulas y a veces ceguera.

Tularemia

Es una enfermedad muy contagiosa causada por una bacteria llamada Francisella tularensis. Se encuentra en la Naturaleza y podría ser usada como arma biológica al aplicarla en forma de aerosol. Se transmite por vía aérea y provoca una grave neumonía y una infección sistémica.

¿Se han usado alguna vez?

Las armas biológicas comenzaron a investigarse durante la Gran Guerra y sufrieron un desarrollo importante durante la Segunda Guerra Mundial (se estima que 10.000 prisioneros murieron en campos de concentración japoneses a causa de las pruebas que realizaron con ellos).

Entre 1950 y 1970, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética produjeron importantes arsenales de armas biológicas, el primero produjo municiones con al menos siete tipo de agentes biológicos, pero a partir de entonces ambas naciones ratificaron acuerdos para evitar su proliferación y destruir sus reservas.

Con todo, hasta 1999 se registraron 100 incidentes relacionados con armas biológicas, con un total de 990 muertes. Desde entonces, se han producido desde intentos de contaminar los alimentos de un buffé de ensaladas (en el que se infectaron 750 personas) a un ataque con la bacteria causante del carbunco en Estados Unidos («Anthrax» en inglés), que en 2001 infectó a 22 personas y mató a 5 a través de las cartas enviadas por el servicio postal.

En Japón, el ya extinto grupo terrorista «Aum Shinrikyo», que perpetró un ataque con gas sarín en las ciudades de Tokio y Matsumoto (Japón), también intentó realizar varios ataques con las bacterias del carbunco y del botulismo, e incluso viajó a Zaire para conseguir muestras de virus ébola.

¿Hay que temer un ataque bioterrorista?

«No es necesario vivir con un constante temor por un ataque bioterrorista. Basta con permanecer vigilante y preparado», explica Joanne Cono, portavoz del CDC, en un vídeo institucional. El grado de preparación varía entre los países, pero pasa por acumular antibióticos, antivirales y vacunas, si los hay, preparar planes de respuesta o incluso mensajes para ser enviados a través de radio y otros medios de comunicación en caso de emergencia.

Aunque muchos de los agentes biológicos que pueden ser usados como armas son fáciles de conseguir, lo más difícil es producirlos en elevadas cantidades y después liberarlos de forma efectiva en el suministro de agua o en forma de aerosol.

Mientras que harían falta varias toneladas de toxinas para hacer un ataque a través del viento, bastaría con un kilogramo de Bacillus anthracis para cubrir una zona de 100 kilómetros cuadrados y provocar una letalidad del 50%, según el Instituto de Investigación Médica de Enfermedades Infecciosas del Ejército de los Estados Unidos.

Los microbios más letales

Los virus y las bacterias son esenciales para la vida en la Tierra, tal y como la conocemos, (son los seres vivos más numerosos, responsables de la aparición de organismos superiores y los que oxigenaron la atmósfera, entre otras cosas). Muy lejos de las humildes cifras cosechadas por las armas biológicas, los microbios son asesinos temibles para el ser humano en su entorno natural.

Por ejemplo, la viruela, los resfriados, la peste y la gripe mataron al 95% de la población nativa americana, desde la colonización española, la peste negra mató a alrededor de un cuarto de la población europea en el siglo XIV, y la pandemia de la gripe española mató a un número de personas comprendido entre los 20 y los 50 millones después de la Primera Guerra Mundial.

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[*Opino}– El ‘double ckeck’ azul de WhatsApp, ¿interfiere con la privacidad o con la hipocresía y el engaño?

12-11-14

Carlos M. Padrón

Desde que fue creado, el concepto de correo implica correspondencia, y al llegar el correo electrónico —o sea, el e-mail— ese concepto no se desvirtuó, por lo cual sigo creyendo que es por lo menos un deber de simple cortesía el responder a quien me escriba, o sea, el corresponder.

De ahí que cuando pasa el tiempo y no recibo respuestas de algún destinatario a quien le envío mensajes con frecuencia, voy a la lista de distribución y elimino de ella la dirección de ese destinatario porque, al esconderse tras un constante silencio, me hace creer que mis envíos le molestan.

Ahora resulta que tal vez muchos de los furibundos adeptos de las redes sociales, muchos de ésos que pueden incluir a uno en un grupo de WhatsApp y someterlo así a ser acribillado por una interminable sucesión de mensajitos que uno no ha pedido, se quejan de que el tal double check azul es una intromisión en su privacidad. ¡Por favor! Les molesta porque no les permite engañar, no les permite ser comodones y tener que contestar con un simple «Más tarde te respondo».

Como el remitente de un mensaje de WhatsApp sí puede saber si el mensaje llegó al equipo al que estaba destinado, esta queja pone de manifiesto que lo que los quejicas quieren es tener la libertad de alegar que no contestaron porque no tuvieron tiempo de leer o, en realidad, porque no les dio la gana de hacerlo. O sea, que no quieren asumir la responsabilidad de la correspondencia. Gustan de contar con un medio de comunicación rapidísimo, pero no quieren sentirse obligados a responder rápidamente a lo que por tal medio les llegue.

Es una actitud que me recuerda el abuso y la insolencia de los conductores que usan la vía para pasear, sin mostrar consideración alguna por quienes tienen prisa. El automóvil es un medio de transporte rápido y, por tanto, requiere que se lo use con rapidez; de ser posible, con la máxima que permita la Ley.

En el caso que nos ocupa, la respuesta a un mensaje debe ser dada con la máxima rapidez que permita la ley de la consideración hacia los demás, de la simple cortesía y educación, de la CORRESPONDENCIA.

WhatsApp es la única app de mensajería instantánea que uso, y celebro la llegada del double check, que ya apareció en mi celular y que dejaré activo.

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12.11.2014

Marta Juste

Cómo desactivar el doble chec azul de Whatsapp

El revuelo que ha levantado la aplicación de mensajería Whatsapp con la incorporación del doble chec azul que permite saber si han leído o no los mensajes, ya ha tenido las primeras repercusiones. WhatsApp reculará y permitirá elegir el activar o no esta función.

Los dos tics azules se han convertido en unos días en una queja prácticamente generalizada entre todos los usuarios de WhatsApp. El hecho de saber si la persona con la que se habla ha leído o no el mensaje enviado, y poder controlar de esta forma si no ha contestado porque no ha querido, puede suponer una importante intromisión en la privacidad del usuario, por lo que las críticas no han cesado.

Aunque no ha sido anunciado de forma oficial, Whatsapp lo ha comunicado mediante Whatsapp Translation, una aplicación que utiliza la aplicación y en la que ha estado preguntando los últimos días qué hacer con el doble chec azul.

Finalmente, la nueva actualización de la app incorporará la opción de desactivar estos dos tics que tantos problemas prometen dar. El procedimiento será similar al de la hora de la última conexión, que actualmente todos los dispositivos pueden mostrar o eliminar.

Al igual que con esta función, la persona que desactive el doble chec azul no permitirá que los usuarios con los que hable sepan si han leído o no sus mensajes, pero ella tampoco podrá hacer uso de esta función.

¿Qué hacer mientras no se actualiza la app? El mundo de las aplicaciones es muy amplio, pero todo aquél que se niegue a utilizar otras apps de mensajería instantánea que no sean WhatsApp, ya tiene la posibilidad de evitar los dos tics azules sin necesidad de esperar a la actualización.

Para ello es necesario descargarse la app Shh, ocultar doble chec azul. Esta aplicación permite leer los mensajes sin que aparezcan como leídos porque saca las conversaciones de la conocida aplicación de mensajería. De esta forma, al recibir un mensaje llegarán dos notificaciones, una de WhatsApp y otra de Shh. Si se utiliza Shh no aparecerá el doble chec azul porque no se entra a WhatsApp, es decir, se pueden ver las notificaciones de conversaciones individuales o de grupo, y poder ignorar las que se quieran sin que se vean los dos tics azules. Eso sí, si se quiere contestar, es necesario entrar a Whatsapp.

Esta app se une a los métodos que hace unos días ya circulaban por internet para evitar el doble chec azul. Una opción es activar el modo avión justo antes de entrar a Whatsapp. De esta forma, el usuario podrá ver los últimos mensajes recibidos pero, al estar desconectado, no mandará la señal de leído.

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[*Opino}– ¿Qué hay de malo en adoptar la grafía ‘postit’?

06-11-14

Carlos M. Padrón

Otra decisión que me cuesta entender.

Según el artículo que copio abajo, el término inglés post-it pasa a tomar en español la grafía posit. ¿En qué les molesta la <t> de post? ¿Qué hay de malo en adoptar postit, que tendría igual grafía que la forma inglesa y no crearía confusión entre quienes ya usan esa forma?

Ya sé: el motivo es precisamente ése, lo de igual grafía, pues iría contra el ‘mandamiento’ de que hay que cambiar todo lo que venga de afuera, especialmente si es de origen sajón. Triste, pero cierto.

Por otra parte, me temo que la gran mayoría de quienes opten por usar posit, al momento de pronunciar el plural de esa palabreja dirán «posis», pues la <ts> no les resultará de fácil pronunciación.

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06/11/2014

Pósit, adaptación adecuada al español

La adaptación pósit, a partir de la marca registrada Post-it®, es válida para referirse a cualquier ‘hoja pequeña de papel, empleada generalmente para escribir notas, con una franja autoadhesiva en el reverso, que permite pegarla y despegarla con facilidad’, tal como indica la vigesimotercera edición del Diccionario Académico.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como

«Se han colocado en el local más de tres post-it para que los ciudadanos escriban en ellos»,

«Un post-it para recordar que hoy es el Día del Alzhéimer» o

«Postits con números para evitar que la gente se cuele».

Formado a partir de Post-it®, el término pósit se ha convertido en un sustantivo común con el que se hace referencia no sólo a las pequeñas láminas autoadhesivas de esta marca concreta, sino a cualquiera de características similares. Se trata de un proceso semejante al experimentado —entre otras— por palabras como wasap, licra o rímel.

El plural de este sustantivo es pósits, terminado en ese y con tilde en la <o> por tratarse de una palabra llana acabada en grupo consonántico.

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

«Se han colocado en el local más de tres pósits para que los ciudadanos escriban en ellos»,

«Un pósit para recordar que hoy es el Día del Alzhéimer» y

«Pósits con números para evitar que la gente se cuele».

Cuando se haga referencia específica a esta marca, no obstante, lo adecuado es respetar su grafía original:

«La empresa 3M, fabricante de las notas Post-it®, lanzó una aplicación para digitalizar las anotaciones».

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[*Opino}– Ver para creer: palabrejas que ahora acepta el DRAE

29-10-14

Carlos M. Padrón

Después de leer lo que copio abajo no me extrañaría que en la próxima edición del DRAE recibieran su bendición «tamién», en vez de también, «perfeto» en vez de perfecto, «esato» en vez de exacto, «adatar» en vez de adaptar (ya lo hacen con la palabra Mapfre que todos pronuncian «mafre»),… y cualquier otro vocablo cuya pronunciación conlleve cierta dificultad para el aparato fonador de los españoles, ése que, según Amando de Miguel, no está preparado para, por ejemplo, pronunciar la S líquida de la palabra «stop».

Esto de la RAE ya tiene visos de relajo y de invitación a que no se haga esfuerzo por aprender a hablar y escribir correctamente nuestro idioma, así que no me extrañaría que hasta se metieran con los signos de puntuación y aceptaran que en vez de coma, punto, y punto y coma se usaran puntos suspensivos, como se ve cada vez más en la Red.

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29/10/2014

Elena Mengual

22 palabras que nunca imaginarías que están admitidas por el DRAE

Este octubre (u otubre) ha llegado a las librerías la nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española, que incorpora, entre otras novedades, palabras como amigovio (sí, lo que en España se conoce como «follamigos», término que la RAE no descarta incorporar próximamente ), papichulo o bótox. A cambio, salen otras por no emplearse desde hace siglos.

Y luego están esas palabras que, cuando las oyes, frunces el ceño presa de la duda mientras desarrollas el siguiente diálogo interior: «¿Arremangarse existe? Bueno, si lo dice la vicepresidenta, que es una mujer muy cultivada, tiene que existir, claro. Entonces… ¿Pasará lo mismo con ‘arrascarse’? Porque a mí me suena igual de mal».

Son esas palabras que originan polémica en las reuniones de amigos (si bien ahora con san Google en el ‘smartphone’ todas esas discusiones bizantinas son prácticamente cosa del pasado).

Recopilamos algunos de esos términos que,. hasta que no los ves en el DRAE, no te los crees:

Palabro

La palabra palabro parece un palabro. Pero no, es el término para referirse a una «palabra mal dicha o estrambótica».

Almóndiga

Tú te reías cuando oías a tu vecina de patio desde su cocina decir que iba a hacer «almóndigas». Pues resulta que la buena mujer usa un término recogido por el DRAE, si bien el propio diccionario señala que está «en desuso» y es un vulgarismo. También puede que la hayas oído decir que ella las cocina «asín» . Ay, amigo, tu compañera de descansillo no es ninguna erudita, pero en ninguno de los dos casos ha cometido incorrección. ¿»Cocretas»? Vale, ahí sí la has pillado. El DRAE sólo admite como forma correcta croquetas. Todo se andará.

Apechusques

En La Mancha, Andalucía y Murcia se utiliza este término para hacer referencia a los trastos, utensilios o cachivaches. No obstante, en la comarca de La Manchuela, «apechusque» se utiliza también para referirse a una «enfermedad repentina de la cual no se sabe muy bien la causa», tal y como recoge ‘El Bienhablao’.

Culamen y pompis

Culamen es una incorporación reciente al Diccionario de la RAE para referirse al culo. Una palabra que ya tiene unos cuantos sinónimos: trasero, pandero, posaderas, nalgas, pompis… Todas ellas recogidas en el DRAE. Sí, también pompis.

Otubre, conceto

Tanto reírnos de Manuel Manquiña y su «conceto» en ‘Airbag’, y resulta que está admitido. Eso sí, como forma «en desuso». Lo mismo sucede con otubre para hacer referencia al décimo mes del año.

Descambiar

En contra de lo que mucha gente piensa, descambiar es correcto. Según el DRAE, es sinónimo de destrocar, esto es: deshacer el trueque o cambio. También es válido su uso, frecuente en la lengua coloquial, con el sentido de «devolver una compra», ya que, tal y como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas, «en definitiva, se trata de deshacer un cambio previo realizado en el momento de la adquisición, al entregar dinero a cambio del artículo

Uebos

Sí, sí, lo que leen. Procede del latín opus, y el DRAE lo define como «necesidad, cosa necesaria». De hecho, la expresión «Manda huevos» —que tan célebre hizo Federico Trillo cuando era presidente del Congreso— es en realidad una distorsión de «¡Manda uebos!», del latín ‘¡Mandat opus!’, es decir, ‘¡La necesidad obliga!’ Lo correcto sería sin h y con b.

Arremangarse

Cierto es que en muchas regiones, como en Andalucía, no suena extraña esta forma, si bien remangarse está más extendida. No sucede lo mismo con «arrascarse», que es un vulgarismo muy extendido y que no está admitido.

Ño. Norabuena

Apócope de señor. Es tan correcto como norabuena para decir enhorabuena. Y si dices: «Norabuena, ño», cierras el círculo.

Ño es además una interjección muy recurrente en Canarias. Tanto que un supermercado lanzó una campaña cuyo lema era: «¡Ño! ¡Qué precios!».

Albericoque

Pues sí, al albaricoque también se le puede decir albericoque. No da licencia esto para pensar que todo el campo es orégano: ni «molocotón» ni «mondarina» están admitidos.

Jonrón

Aunque en España suena raro, el término jonrón (de «home run«) no resulta tan extraño en países donde el béisbol es un deporte popular, como Venezuela o Cuba. ¿El plural? Jonrones, con perdón.

Abracadabrante

Si se te agotan los sinónimos de sorprendente o desconcertante, siempre puedes sacar abracadabrante de la chistera.

Toballa

Cuando tenías tres años y te referías a la tela con la que te secabas como toballa, en realidad lo estabas diciendo bien. Toballa está admitida.

Bluyín y yin

Al reparar en que en buena parte de Hispanoamérica nadie habla de pantalones vaqueros, sino de «blue jeans«, la RAE decidió incorporar el término, pero, eso sí, adaptando la grafía al español. Y ése es el resultado: blueyín.

Güisqui

He aquí otro caso similar al del bluyín. Nos permitimos fantasear con el momento de su inclusión:

Capuzar, chapuzar

Si nos lee desde el levante sur español, probablemente esta palabra le resulte de lo más normal. Del latín caput (cabeza) y *putere (sumergir), capuzar quiere decir exactamente eso: sumergir la cabeza en el agua. Y la acción y efecto de capuzar es un capuzón.

Agibílibus o agílibus

No es el nombre de la empresa de autobuses más rápidos de la zona. Agílibus hace referencia a la habilidad, el ingenio, a veces pícaro, para desenvolverse en la vida. Algo parecido a la «Inteligencia Emocional» que con tanto éxito acuñó Daniel Goleman.

Pinchaúvas

Si alguna vez te metes en una máquina del tiempo, viajas cuatro siglos atrás y te llaman pinchaúvas, que sepas que no te están diciendo precisamente «bonito», sino más bien «hombre despreciable», tal y como recoge la segunda acepción del DRAE. La primera, más literal, se refiere al «pillo que en los mercados comía la granuja, picándola con un alfiler, palillo u otro instrumento».

Apartotel

Ni «apartahotel», ni «aparthotel». La forma correcta para referirse a un hotel de apartamentos es apartotel. Es un anglicismo que se ha adoptado tal cual.

Quitaipón

Quitaipón o quitapón es «el adorno, generalmente de lana de colores y con borlas, que suele ponerse en la testera de las cabezadas del ganado mular y de carga». No confundir con «de quita y pon».

Papahuevos

Papahuevos es el papanatas de toda la vida. También conocido como pazguato, cándido o bobalicón.

Zangolotear, zangolotino

Zangolotear hace referencia a un movimiento continuo y violento, de una parte a otra, sin concierto ni propósito. Niño zangolotino, tal y como recoge el DRAE, es el «muchacho que quiere o a quien se quiere hacer pasar por niño».

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[*Opino}– El estigma de ser portugués en España

20-10-14

Carlos M. Padrón

En los artículos José Mourinho me ha dado la razón y El Real Madrid, Mourinho, los jugadores portugueses, y la prensa española dije que los problemas de Mourinho en el Madrid —así como los que su hijo tenía en el colegio— venían de que eran portugueses.

Eso de que Mourinho era arrogante, jactancioso y demás eran pretextos para ocultar el verdadero motivo de la inquina que se le tenía, pues a él se le escogió para hacer ganar al Madrid, no para ganar un concurso de popularidad.

Y, ¡por fin!, en el artículo que copio abajo, su autor —que de fútbol, de la Liga BBVA, de España y demás, sabe mucho más que yo— pone el dedo en la llaga al denunciar textualmente «un ambiente hostil que al final degeneró en xenofobia pura y dura hacia todo lo que viniera desde Portugal».

No andaba yo muy descaminado en el origen de esa xenofobia, como tampoco en lamentar la ida de Mourinho, quien —simpático o no, arrogante o no— ya tiene a su equipo, el Chelsea, liderando la tabla de posiciones de la Premier League.

Otro asunto que va resultando cierto es que el Barcelona no tiene a Messi, sino que Messi tiene al Barcelona. Otra prueba de esto es lo que, al final, dice el artículo que sigue y que, en opinión de su autor, merece el calificativo de messidictadura.

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20 de Octubre de 2014

Juan Manuel Rodríguezclip_image001

Cristianodependencia y messidictadura

Cuando llegó Mourinho al Real Madrid todo el mundo daba por hecho que el Barcelona ganaría de calle las siguientes diez Ligas, ocho Copas y cinco Champions. Y si Mou tuvo tantos problemas en España fue, entre otras cosas, porque el portugués osó discutir uno de los recientes mandamientos instaurados por el periodismo deportivo español: «El Barça ha sido, es y será el mejor equipo de todos los tiempos».

Una cosa llevó a la otra y, al final, los rivales se apartaban de los jugadores azulgrana, ni se atrevían siquiera a mirarles, y la superioridad acabó siendo también moral y hasta estética.

Cuántas idioteces hemos tenido que escuchar a lo largo de estos últimos años, ¿a que sí?… Los Messi, Xavi, Iniesta y compañía retozaban sobre el césped con absoluta libertad como si en vez de competir estuvieran disfrutando de un soleado domingo de picnic en la campiña. Mourinho —que lo que quiere es ganar y que, como ha declarado recientemente, no cree en los modelos— demostró que a aquel Barcelona se le podía derrotar jugando de otro modo: aquello fue su perdición.

Cristiano Ronaldo llegó un año antes que Mourinho y, a la situación general de la rivalidad existente entre Real Madrid y Barcelona, sumó la suya particular. Como el club azulgrana, Messi también había sido, era y sería en el futuro el mejor jugador de la historia. Y si Messi era mejor que Di Stéfano, Pelé y Maradona, ¿cómo podía pensar Cristiano, siquiera ni por un minuto, que él podía darle la vuelta a la situación?

Pero, como Mou, Cristiano, a quien insultaron personalmente y trataron de hacer la vida imposible oponiendo su prepotente figura a la angelical del humilde Leo, ha demostrado que ahora mismo es mejor futbolista que Messi, más decisivo para su equipo. Cristiano no se dejó intimidar por un ambiente hostil que al final degeneró en xenofobia pura y dura hacia todo lo que viniera desde Portugal.

Claro que existe la Cristianodependencia, pero , y a las pruebas de lo sucedido en el último partido del Barça en Liga me remito, a la dependencia de Leo añaden en el club catalán la Messidictadura. Luis Enrique ha quedado definitivamente retratado después de lo sucedido en el partido contra el Éibar.

El asturiano se atreve con Piqué, pone en su sitio a Xavi y le da una patada en el trasero a Deulofeu… pero cuando se trata de sustituir a Messi tan sólo unos minutos se convierte en el Botones Sacarino. Eso fue el sábado Luis Enrique, el botones de Messi, su empleado, el ayuda de cámara, un mero comparsa.

Cuando Leo se canse de él le enseñará el camino de salida como hizo con Guardiola, Martino, Ibrahimovic o Villa. Es cuestión de tiempo y también de resultados pero, al final, Sacarino se irá y Messi seguirá aquí. Pero de esta dictadura no hablarán en TV3.

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[*Opino}– Usos de las palabras ‘cultura’ y ‘bizarro’

13-10-14

Carlos M. Padrón

Como ya dije en Más sobre la cultura,

«El mejor ejemplo de lo que me enseñaron que era cultura y civilización es el de dos libros: uno elegantemente impreso y encuadernado, con papel de primera calidad y brillantes ilustraciones a color, que trata sobre el desarrollo de una corrida de toros; y otro con pobre encuadernación, peor papel y muy malas ilustraciones, que es la novela “La guerra y la paz”, de león Tolstoi. El primero es ejemplo de civilización; el segundo lo es de cultura»

Y es esto lo que recoge la acepción número 2 que, según el artículo que copio abajo, da el DRAE a la palabra cultura: «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico».

Sin embargo, y como cuenta el referido artículo, hoy cultura se usa para todo, incluso para algo que es lo opuesto a esa acepción 2, y creo que ese relajo viene por influencia del inglés, idioma en el que hasta la barbarie del Estado Islámico se considera como una manifestación cultural.

En cuanto a bizarro, al menos en los países hispanoamericanos que conozco siempre la han usado, y por indudable influencia del inglés bizarre, con el significado de estrafalario, raro o estrambótico.

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10 OCT 2014

Rut de Las Heras Bretín

¿Por qué ‘cultura’ es la palabra más buscada?

¿A qué nos referimos cuando usamos la palabra cultura? Esta pregunta se la han repetido 51.085 veces durante el pasado mes de septiembre los 15.085 usuarios que la han buscado en la edición digital del diccionario de la Real Academia Española (DRAE), de lo que se deduce que algunos la han buscado más de una vez.

Un resultado sorprendente, al que no se encuentra una explicación evidente. Al propio director de la 23ª edición del Diccionario de la Lengua, Pedro Álvarez de Miranda, le resulta «chocante» y no halla una respuesta. No sabe qué lleva a los usuarios a buscar tantas veces esa palabra, y confirma que los que, como él, conocen las interioridades del Diccionario no dan con el motivo.

Coincide con la académica Soledad Puértolas en que se ha podido trivializar el significado de cultura. «A veces la usamos y no significa nada. En algunos contextos, como el político, lo hacen porque queda bien», explica Puértolas, que se teme que haya quedado como una palabra comodín, recurrente, un concepto vago que se aplica a todo.

Ambos académicos coinciden en que es una palabra muy amplia, con gran peso semántico (el mismo caso que amor, que ocupa el número seis en este ranking del DRAE). Tratan de imaginar si ése puede ser el motivo de tantas consultas, que el usuario quiera cerciorarse o acotar el significado. Pero mantienen que son hipótesis muy difíciles de comprobar porque no responden a ningún hecho concreto.

También es destacable que cultura no sólo sea la palabra más buscada el pasado mes de septiembre, sino que lo es desde que en 2012 la Real Academia Española (RAE) comenzó a usar Google Analytics para examinar los resultados de sus búsquedas en Internet. Solamente ha sido desbancada de ese primer puesto en momentos puntuales, como en junio de 2014, cuando abdicar y puto ocuparon las primeras posiciones.

La primera está directamente vinculada con el anuncio y la posterior abdicación de Juan Carlos I. La mayoría de las búsquedas de puto se realizaron desde México, ya que la FIFA amenazó con sancionar a su Federación de fútbol durante la celebración del Mundial de Brasil por la connotación homófoba de este insulto, usado por los aficionados mexicanos en los partidos contra Camerún y Brasil.

Darío Villanueva, secretario de la RAE, concluye que, aunque sin saber el motivo, lo que muestran los resultados es que cultura es el término por el que los hispanohablantes sienten más curiosidad, y se plantea: «¿Qué significa cultura hoy día? Se habla de cultura de la droga, cultura del crimen, cultura de la muerte, cultura de la tapa…». Se ha ampliado el concepto.

Villanueva explica que las palabras se arraigan cuando son muy usadas, y si este uso se confirma, se crea una nueva acepción y comienzan a tener significados adicionales. Los actuales de cultura son:

  1. Cultivo.
  2. Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
  3. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social…

No es un defecto que acusen a la Academia de ir por detrás de la sociedad. «Es cierto e inevitable, lo que va por delante es el uso de la lengua, en eso consiste su dinamismo», comenta Villanueva, que explica cómo las nuevas herramientas de análisis ayudan a «tomarle el pulso a la lengua».

El número de consultas que han tenido las palabras bizarro y procrastinar es fruto de esta fluctuación del uso del idioma. Bizarro ocupa el segundo lugar con 35.172 búsquedas de 21.645 usuarios. Este número indica que realmente ha sido buscada con menos frecuencia, pero por más personas, que cultura, consultada por poco más de 15.000 personas —lo que Google Analytics denomina «usuarios únicos»—.

La utilización de la palabra bizarro, como procrastinar (diferir, aplazar), responde a modas —estaban en desuso—. Entre los académicos surge la duda de si se le estará dando el uso correcto: valiente, generoso, lucido, espléndido. Álvarez de Miranda se teme que se haya recuperado por la influencia del inglés y se esté utilizando como estrafalario, raro, estrambótico, lo que responde a la traducción de la palabra inglesa bizarre.

Una observación a tener en cuenta es que todas estas palabras aparecen en el diccionario. Hay otro listado en el que figuran las que se buscan, pero no están admitidas por la RAE; éste lo encabezan los nombres Facebook y Google, el que, por cierto, da 642 millones de resultados cuando se introduce cultura como término a localizar.

A pesar de las modas, cultura es la palabra que se mantiene en la parte más alta de la lista de las más buscadas, quizá, como dice el ensayista argentino José Emilio Burucúa, «porque vemos en ella nuestra tabla de salvación».

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