[*Opino}– Del acceso a internet usando smartphone

18-12-2015

Carlos M. Padrón

Pues me temo que en esa tercera parte no estaré yo, ya que, si bien podría usar el celular para consultar algo en la Red, mientras pueda evitarlo no lo usaré para entrar en una cuenta bancaria ni para hacer una compra con tarjeta de crédito.

El motivo —además de que, como ya he dicho varias veces, detesto las miniaturas— es seguridad. Son ya varios los artículos que aquí he publicado que advierten sobre cómo las apps para móviles instalan troyanos y otro malware en celulares y tabletas, y lo peor es que lo hacen con el consentimiento del usuario porque éste, al instalar esas apps, acepta las condiciones que ellas traen.

Algo así no he visto en las PCs, ni de escritorio ni laptops; y si alguna gratuita solicita permiso para instalar algo, como el buscador Ask —que es una plaga— u otros peores, basta con destildar la opción correspondiente. Además, en las PCs tengo sistemas de seguridad muy superiores a los que hasta ahora he visto que haya disponibles para smartphones.

Si una buena suite, como lo es ESET Smart Security 9, tiene módulos especiales para mayor protección cuando el usuario se conecta a una red que le es extraña, como una red pública, o para añadir una capa extra de seguridad cuando el usuario entra a un Banco, por algo será. Hasta ahora no he visto que haya algo similar para usar en dispositivos móviles.

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18/12/2015

J. M. S.

El planeta, en 2016: una tercera parte accede a internet móvil

Internet es cada vez más móvil. El acceso al conocimiento es también móvil. Teniendo en cuenta que el teléfono celular inteligente, o smartphone, es uno de los productos electrónicos más importantes de la Historia, no sorprende que el próximo año unas 3.200 millones de personas tendrán acceso a internet, de los cuales más de 2.000 millones lo harán desde dispositivos móviles (celulares o tablets).

Estos datos representan al 44% de la población mundial, según se desprende del último informe de la firma de análisis de mercado International Data Corporation (IDC), que vaticina que el número de usuario de internet móvil aumentará a un ritmo del 2% cada año en cuatro años.

Los expertos consideran que el acceso a internet está creciendo en todas las regiones, aunque destacan que en determinados países, como China, India o Indonesia, lo hacen de una forma más rápida que en el resto; así, entre estos tres países acumularán casi la mitad de los accesos en los próximos cinco años. «La combinación de dispositivos y redes inalámbricas de bajo costo está haciendo más fácil el acceso en países con poblaciones que antes no podían pagarlos», destaca en un comunicado Scott Strawn, Director del Servicio de Asesoramiento Estratégico.

En el caso de los que acceden exclusivamente a través del celular, se espera un crecimiento anual del 25% durante los próximos cinco años. «Este cambio en la forma en la que accedemos a internet está alimentando un explosivo crecimiento en lo relativo al comercio electrónico y a la publicidad móvil», subraya.

Firmas globales, como Google, SpaceX y Facebook, entre otras, han puesto en marcha diferentes iniciativas en los últimos años para llevar internet al resto de 4.000 millones de personas que, por diversas circunstancias socioeconómicas, no se benefician actualmente.

Lo han hecho a través de proyectos como flotas de drones a gran altura, globos aerostáticos o satélites. Sin embargo, «aún no está claro lo exitosos que serán estos esfuerzos», agrega este experto.

Otro aspecto a tener en cuenta es el incipiente hábito, cada vez mayor, de realizar pagos móviles y a través de plataformas de internet. Actualmente, se calcula que más de mil millones de personas realizan operaciones bancarias de manera «online», mientras que más de dos mil millones consultan sus buzones de correo electrónico o consultan medios digitales.

Pero el comercio electrónico se asienta, según destacan los expertos, quienes aseguran que este año los internautas se han gastado más de 100.000 millones de dólares en la compra de billetes de avión, libros, música o descarga de aplicaciones.

[*Opino}– Hay ERE y hay ERRE

11-12-2015

Carlos M. Padrón

Del artículo que copio abajo destaco dos puntos: el de los acentos y el del nombre de R o RR.

L de los acentos no me sorprende, pues ya me acostumbré a que en la presna digital españols —supongo que también en la escrita—aparezca todo tipo de barrabasadas que hacen pensan que quies las escriben no tienen ni idea acerca del idioma que usan para hacerlo.

Y en cuanto a eso de que la palabra farmacorresistente se escribe sin tilde y con erre doble, discrepo, pues si acerca de ERE dice esto el DRAE:

  • ere Nombre de la letra r en su sonido suave; p. ej., en ara, arena.

es porque la letra R se llama ERE, y la doble R se llama ERRE, y, por tanto, lo de doble erre es incorrecto. Y creo que así lo comnfirma el DRAE:

  • erre. Nombre de la letra r, especialmente en la modalidad múltiple del fonema vibrante al que corresponde.

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10/12/2015

Acentuación de palabras compuestas

Las palabras compuestas se someten a las reglas habituales de acentuación ortográfica, con independencia de cómo se acentúen por separado las voces simples que constituyen el compuesto: tío + vivo > tiovivo, veinte + y + dos > veintidós…

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases en las que el primer componente de la palabra compuesta se tilda:

  • «El físicoculturista Matt Kroc decide mostrar su verdadera personalidad» o
  • «La epilepsia fármacorresistente afectaría a unas 100 000 personas en España».

Tal como indica la Ortografía de la Lengua Española, las palabras compuestas pierden el acento de todos los elementos tónicos menos el último: así, el sustantivo tío lleva tilde de forma aislada, pero tiovivo no la lleva por ser palabra llana terminada en vocal; por otra parte, el monosílabo dos no lleva tilde, mientras que veintidós sí necesita acento ortográfico al convertirse en una palabra aguda terminada en s.

Teniendo en cuenta esta norma, en los ejemplos iniciales, en vez de físicoculturista y fármacorresistente, lo apropiado habría sido escribir fisicoculturista y farmacorresistente, sin tilde (y, en el último caso, con erre doble).

Se recuerda que este mismo criterio se aplica a las voces con prefijos o elementos compositivos, de modo que, en vez de

  • «Un eclipse de súperluna tendrá lugar en la próxima madrugada»,

lo adecuado habría sido superluna, pues se trata de una palabra llana acabada en vocal.

[*Opino}– Acerca de ‘test’: equivalentes, verbos y plural

10-12-20156

Carlos M. Padrón

Abajo copio dos artículos que tratan de lo que he puesto en el asunto de este post.

Por el primero debo felicitar a quienquiera que haya tenido el valor de reconocer públicamente que en España el plural de test es también test, y no tests por la dificultad que para los hispanohablantes —entiéndase que son los de España, pues del otro lado del charco hay también muchos hispanohablantes, pero pocos que tengan este problema— representa el pronunciar las tres últimas consonantes que, por lógica, lleva el plural de test, o sea, tests. ¡Felicidades! (por acá decimos felicitaciones)

Eso también ocurre con muchas otras palabras —como Mapfre, donde la pobre P es olvidada; o Internet, donde la olvidado es la T; o WhatsApp, que no sólo pronuncian wasa o guasa, sino que, por supuesto, olvidan la P final— y no he visto que acerca de ellas hayan reconocido lo mismo

Por otra parte, si testar tiene varias acepciones, y testear tiene sólo un (según el DRAE, testear es someter algo a un control o prueba), ¿por qué no aceptar sólo testear y poner fin a las dudas? ¿No será porque testear lo usan sudacas?

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28/10/2015

El test, plural los test

La voz de origen inglés test permanece invariable al formar el plural: los test.

Las normas generales indican que las palabras terminadas en más de una consonante —procedentes todas ellas de otros idiomas— forman su plural añadiendo una ese. Conforme a este criterio, el plural regular de test sería, al igual que en inglés, tests.

Sin embargo, la dificultad que supone para el hablante hispano articular esas tres consonantes finales hace preferible, según explica la Nueva Gramática, mantener invariable el plural en español: los test.

Así, en frases como

  • «El caso Volkswagen abre la veda contra el trucaje de los tests de las emisiones»,
  • «Coe anuncia tests antidopaje ‘más rápidos’ para proteger a los atletas» o
  • «Empezarán a usarse tests de sangre para mejorar los tratamientos»,

habría sido preferible emplear la forma invariable test.

Cabe recordar que el Diccionario Académico define test únicamente como ‘prueba destinada a evaluar conocimientos o aptitudes, en la cual hay que elegir la respuesta correcta entre varias opciones previamente fijadas’ o, en el ámbito de la psicología, ‘prueba psicológica para estudiar alguna función’.

No obstante, de acuerdo con lo recogido por diccionarios como el Clave, el Diccionario del Español Actual o el Diccionario del Estudiante, test ha dejado de designar únicamente una evaluación psicológica para pasar a referirse a cualquier tipo de prueba, como demuestran los famosos test de embarazo o test de alcoholemia.

Por último, aunque la palabra test aparece recogida en los principales diccionarios del español, conviene recordar que existen otras alternativas de sentido similar, como prueba, cuestionario, examen, análisis (en el ámbito médico) o control.

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10/12/2015

Testar y testear es ‘someter (algo) a una prueba’

Los verbos testar y testear son adecuados para la acción de ‘someter algo a una prueba o control’.

El Diccionario de la Lengua Española recoge esa acepción del verbo testar junto a las de ‘hacer testamento’, ‘tachar, borrar’, ‘atestar’ (‘dar con la cabeza’) y la desusada ‘declarar o afirmar algo como testigo’.

Además, incluye con ese mismo significado de ‘someter a prueba o control’ la variante testear, que se usa sobre todo en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

Si se prefiere evitar ese verbo, que en esta acepción viene del inglés to test, se recuerda que hay otros que pueden expresar la misma idea en distintos contextos: examinar, controlar, analizar, probar, comprobar, experimentar, ensayar…, así como construcciones como someter a control, someter a prueba, hacer un ensayo…

En todo caso, frases como

  • «Los ingenieros han testado estructuras similares a las usadas en los edificios californianos» o
  • «Los medicamentos se testean durante años antes de salir al mercado»

pueden considerarse correctas.

[*ElPaso}– Tres excelentes fotos

Tomada desde el sur (cercanías de el Refugio y Llano de los Jables) hacia el norte, donde se ve Bejenado y al fono la Cumbre de Los Andenes. En la siguiente hay una aproximación a La Cumbrecita, una de las entradas a La Caldera.

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Tomada desde el sur (Cumbre Vieja) hacia el norte (La Caldera)

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Tomada desde el norte (Los Andenes) hacia el sur (Cumbre Vieja y Virigoyo)

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Ignoro quién las tomó, pero lo felicito. Me llegaron por cortesía de Roberto González Rodríguez

[*Opino}– Acerca de lo que los ‘expertos’ dicen que debe hacerse con el vino

02-12-2015

Carlos M. Padrón

Del artículo que copio abajo, y que se titula “23 errores garrafales que se cometen con el vino”, voy a señalar algunas afirmaciones que, en mi opinión muy personal, son pendejadas.

Lo de expertos lo puse entre comillas porque considero que lo contado abajo es una realidad, y he de añadir que nací y viví en Canarias, tierra de buenos vinos, hasta los casi 22 años

Y sí, sobre las opiniones que expongo a continuación aceptaré las críticas de muchos porque no soy para nada hedonista y por eso creo que todo ese ritual en torno al vino es parte de una ostentación social que las más de las veces cae en lo ridículo, igual que cae ahí la norma de tener para la carne cubiertos distintos a los usados para el pescado, o el orden en que deben colocarse los cubiertos con respecto al plato, o lo de que la cuchara normal no debe usarse para el postre, etc. Allá voy.

— “Combinar el vino con comidas con las que no cuadra”, o “Combinar una comida con el vino idóneo, lo que se conoce como maridaje”. Para mí —y lo he dicho aquí varias veces— el vino ha de ser, por definición, antonomasia y hasta tradición bíblica, TINTO. Los de otros colores y sus derivados son simples adulteraciones, siendo la peor la champaña. Por tanto, no importa lo que yo como, si he de tomar vino será tinto.

— “Mover la copa para sacar más expresión al vino”. ¿Qué carajo es la expresión del vino?

— “Hay un vino que te tomas mientras estás haciendo la comida, y otro que puedes beber cuando llegas a casa después del trabajo, cansado, malhumorado”. No veo tal diferencia. Si el vino me gusta, me gusta en todo momento, con o sin comida. Por tal motivo, eso de que “El vino es una bebida de momentos” me parece otra ridiculez.

— “El color de un plato nos puede inducir a qué tipo de vino enfocarlo”. ¡Ésta sí que es una real pendejada!

— “Guardar el vino que me sobró hace una semana. Aunque lo haya guardado en la nevera, mejor destínelo a aderezar una salsa”. No, lo tomaré y es casi seguro que lo disfrutaré tanto como hace una semana.

Para varias, una buena:

— “En Francia, los vinos en garrafas de cinco litros son muy, muy habituales para el vino cotidiano”. Como excepción y rareza, en este caso estoy de acuerdo con los franceses.

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30 NOV 2015

Miguel Ángel Bargueño

23 errores garrafales con el vino

Beber vino es un placer; y con moderación, incluso saludable. Pero a veces también puede ser un poco complicado, sobre todo para aquéllos que se inician en su consumo o aficionados esporádicos.

Servirlo a una temperatura inadecuada, emplear copas no reglamentarias o combinarlo con comidas con las que no cuadra son errores que se cometen con frecuencia.

Tres reconocidos expertos nacionales nos dicen qué no debemos hacer (y cómo obrar correctamente) para disfrutar plenamente de la experiencia vinícola. Los presentamos:

· Guillermo Cruz, sumiller de Mugaritz, en Rentería, Guipúzcoa (dos estrellas Michelin y sexto mejor restaurante del mundo en 2015) y Mejor Sumiller de España 2014

· Iván Martínez, sumiller y Nariz de Oro 2014; y

· Alicia Estrada, autora del libro “Los 100 mejores vinos por menos de 10 €” (Ed. GeoPlaneta, 2015).

Error nº 1: Un vino más caro siempre es mejor

Lo desmiente Alicia Estrada: “Hay vinos caros excepcionales y vinos por debajo de 10 euros también excepcionales. Mucha gente me dice que ha probado uno de los caros y le ha decepcionado, y era excepcional. Creo que tenemos que comprar los vinos que podemos y sabemos disfrutar. Los caros a veces son difíciles, son cerrados, necesitan una cierta preparación sensorial, un cierto conocimiento, una experiencia…”.

La especialista, además, subraya que el concepto de “mejor” es relativo: “El vino es una bebida de momentos. No es lo mismo uno de domingo, de paella que te tomas con tu familia, que uno de una noche romántica, que uno que te tomas con unos clientes en una cena de trabajo”.

Error nº 2: Siempre abro la botella media hora antes

No le estarás haciendo ningún mal a su contenido, pero tampoco le aportará beneficios. Si sospechas que el vino necesita abrirse, descórchalo con varias horas de antelación o somételo a un decantado o un jarreo (un decantado vigoroso). “El porcentaje de oxígeno que influye en la capacidad de esa botella de 75 cl es muy reducido”, explica el sumiller Iván Martínez.

“Si queremos oxigenar el vino porque está cerrado, por ser uno viejo que necesita respirar, o de ciertas variedades de uva que necesitan más oxígeno, tiene más sentido hacer un jarreado o decantarlo. Simplemente con eso vamos a evitar tener que abrirlo una hora antes o dos. Eso le hará algo, pero muy poco; le hará más, si realmente lo necesita, jarrearlo o decantarlo”, señala Martínez.

Error nº 3: Si mi vino está caliente, ¡le echo un cubito!

Lo hemos visto, sobre todo en blancos y rosados; sacrilegio sólo comparable a la atrocidad de mezclar un reserva con refresco de cola. “Es una pena, porque al echar el hielo estamos mezclando vino con agua”, se lamenta Guillermo Cruz, Mejor Sumiller de España 2014.

“Hay que pensar que detrás de cada botella hay un trabajo maravilloso, una filosofía, alguien que está todo el año esperando a hacer esa vendimia para que al final su emoción se convierta en una botella. Casi es preferible aguantar cinco minutos más el vino en la nevera que echarle un cubito de hielo. Pierdes el equilibrio del vino”.

Error nº 4: Lleno la copa hasta arriba

¡Somos espléndidos! Que no les falte de nada a nuestros invitados: igual que atiborramos sus platos, llenamos sus copas a rebosar… Y, aunque con buena intención, estamos quedando fatal.

El sumiller Iván Martínez, Nariz de Oro 2014, recomienda llenarlas “siempre menos de la mitad. Por muchos motivos: porque el vino se calienta en exceso; porque si la llenas hasta arriba no puedes mover la copa para sacar más expresión al vino… Nos va a restar al vino. Además, a la hora de ingerirlo se dosifica mejor y no te llena tanto la boca. A mí me parece un poco ofensivo cuando te echan tanta cantidad”.

Error nº 5: Lo sirvo en vaso

Puede que beber agua en una copa bordelesa resulte muy chic; hacerlo al revés —ingerir vino en un vaso de agua— denota bisoñez. Utilices un vaso normal o uno de los achatados tipo zurito, te estarás perdiendo grandes cosas. “Una copa de vino con cierta altura y que el balón tenga un diámetro es vital para que el vino al moverlo se oxigene y volatilicen todos sus aromas”, aconseja Iván Martínez.

El tallo de la copa permite cogerla sin tener que poner los dedos a la altura del vino, calentándolo. Guillermo Cruz, de Mugaritz, coincide: “En una copa, el vino siempre se crece. Pero en el fondo lo importante es consumirlo, que sea algo de todos los días, porque es parte de nuestra cultura; el resto es secundario”.

Error nº 6: Un reserva siempre es mejor que un vino joven

“Dependerá”, puntualiza Alicia Estrada. “Un reserva lo único que te dice es que ha pasado bastantes meses de barrica, y por tanto va a tener unas condiciones de durabilidad mayores. Lo puedes guardar más tiempo. No es un aval de calidad”. La barrica aporta sabores y aromas, de los que los vinos jóvenes carecen, pero muchos de estos ofrecen, a cambio, frutosidad, frescura y un toque más moderno. Si se les aplica el proceso de maceración carbónica, pueden ganar en intensidad de sabor y color.

Error nº 7: Sólo compro vinos de Rioja o Ribera; son mejores

Pues no sabes lo que te pierdes. “En España tenemos unas zonas que en los últimos años están demostrando todo su potencial, como El Bierzo o Ribeira Sacra, que es la Borgoña española, o los de la comunidad valenciana, o los de Aragón…”, describe Guillermo Cruz, de Mugaritz. “A día de hoy el consumidor tiene un abanico de opciones impresionante que ya no se limita a Rioja o Ribera, sino que hay muchísimo más y su calidad es por supuesto equiparable a la de estas zonas más conocidas”.

Ya sabe: arriesgue y vencerá. El pasado junio, por ejemplo, un vino de la D. O. Calatayud (Señorío de Ayud) obtuvo la máxima puntuación histórica en el certamen Bioweinpreis (Alemania).

Error nº 8: Sólo bebo vino en las comidas

Llegas a casa del trabajo, exhausto, y te abres una cerveza fresquita…¿Puede haber algo mejor? Mejor no, pero el vino puede cumplir la misma misión sanadora con idéntica solvencia. “Yo lo llamo los momentos del vino”, dice Alicia Estrada. “Hay un vino que te tomas mientras estás haciendo la comida, y otro que puedes beber cuando llegas a casa después del trabajo, cansado, malhumorado… Los franceses lo llaman ‘vinos desalterantes’: te hacen pasar de un estado anímico a otro. Te llevan a un estado de relax y te preparan para disfrutar del final del día con tu pareja o tu familia”.

Error nº 9: Decanto todos los vinos: para eso está el decantador, ¿no?

Esa especie de jarra grande de curvas voluptuosas queda divina en tu vitrina, pero úsala con precaución. “Sólo cuando sea estrictamente necesario”, previene Guillermo Cruz. “El vino es algo natural, y tiene sus procesos. Y el momento desde que sale de la botella hasta que cae en la copa, percibiendo esos aromas de reducción, cuando está un poquito cerrado, hasta que poco a poco empieza a exhibirse y mostrarnos todo lo que tiene, es precioso y no hay que perderlo. Si tenemos tiempo hay que disfrutar de ese momento tan bonito”.

Error nº 10: ¡Tengo todos los accesorios que existen!

Bravo. Esas cajas que parecen llenas de instrumental quirúrgico son muy bonitas, y el típico regalo que uno recibe por Navidad en cuanto en su círculo detectan su creciente afición por el vino. Pero no todo su contenido es estrictamente necesario. “Esto es como empezar un deporte: no sé si lo importante es hacer bicicleta o comprarse toda la equipación”, compara Alicia Estrada. “Personalmente hay dos cosas básicas: un buen sacacorchos y un decantador, para los vinos viejos. A partir de ahí… ¿un termómetro? Puede formar parte de la magia del vino, pero no es imprescindible”.

Error nº 11: Los climatizadores de vino son una pijada y no sirven para nada

Bueno, si realmente quiere convertirse en un aficionado serio y empezar a comprar botellas de cierta calidad, estos acondicionadores de temperatura, también llamados vinotecas —con capacidad a partir de seis botellas— pueden ser un estupendo regalo para ponerlo en la carta a los Reyes.

“Están bien porque son cámaras que te mantienen una temperatura y una humedad constantes, y las botellas están muy bien conservadas”, dice Guillermo Cruz. “Por ejemplo, en mi casa tengo un par de ellas grandes, de 140 botellas, y es como guardo el vino. Pero un climatizador de seis botellas también está bien: si el consumo no es muy grande, ahí tienes tus seis botellitas que sabes que están bien guardadas y bien custodiadas”.

Error nº 12: Si se rompe el corcho, lo empujo hacia dentro

Además de antiestético, un corcho desmenuzado nadando en el vino condena a éste a un sinfín de incómodas partículas. “Hay que intentar sacarlo como sea”, advierte Alicia Estrada. “En vinos muy viejos, el corcho se ha podido degradar por el paso del tiempo. También puede indicar que el vino está también degradado. Si cae en la botella corremos el riesgo de que se desmenuce dentro… Y luego habría que servirlo con un colador para que no pasaran esas partículas. Si no queremos llevar el colador a la mesa, que queda un poco feo, habría que decantarlo con él previamente”.

Error nº 13: Sólo bebo vino tinto (o blanco), independientemente de lo que coma

Hay devotos del tinto que desprecian la ligereza del blanco; también quienes no se salen de un blanco fresquito (muy apreciado por el público femenino). Combinar una comida con el vino idóneo (lo que se conoce como maridaje) no sólo es algo que agradecen nuestras papilas gustativas, sino que mejora la comida y el vino.

“Básicamente, los blancos siempre cuadran mejor con los pescados, mariscos y entrantes más ligeros porque no tienen taninos, son más acidez, más frescos, más fáciles de beber…; y los tintos se adaptan muy bien a las carnes porque un maridaje que siempre funciona es el de taninos y proteína. Aquí nunca fallamos. Es una norma quizá demasiado general pero siempre funciona”, dice Guillermo Cruz.

Error nº 14: Me pierdo con eso del maridaje

Vaaale, he aquí unas pistas: “Los vinos de una zona suelen maridar muy bien con las comidas tradicionales de esa región”, argumenta el sumiller Iván Martínez. Por ejemplo, un albariño funcionará siempre bien con un plato de marisco gallego. “Otra pista son los colores. El color de un plato nos puede inducir a qué tipo de vino enfocarlo: los blancos suelen armonizar bien con platos de tonos claros: pescados blancos, carnes blancas…; los tintos, con carnes rojas, salsas oscuras… Aunque siempre hay matices”.

Error nº 15: El tinto, siempre del tiempo

Es un mandamiento que conviene matizar: no es lo mismo el tiempo en agosto que en enero. Guillermo Cruz, el premiado sumiller de Mugaritz, opina que “para disfrutar más del vino, una temperatura perfecta son 15 grados. Tapa esa puntita de más de alcohol que tienen algunos vinos, se enmascara un poco sobre todo en la primera copa, y ya se pondrá a 18 grados en copa. Pero si lo servimos a 18 grados o del tiempo, que son 20, pues imagínate cómo acaba esa copa”.

Error nº 16: Sirvo el vino en una copa húmeda

Los maestros cerveceros recomiendan una jarra húmeda para que el líquido se deslice mejor; no así los expertos en vino. Para ellos, una copa limpia y seca, basta. “Si son copas que se utilizan una vez al mes conviene pasarles un paño para quitarles el polvo, que a veces distorsiona los matices del vino. Lo mejor es secarlas, si se puede, con un trapo que sólo sea de copas”, dice Guillermo Cruz.

Como indica Iván Martínez, “del agua siempre van a quedar gotas que, aunque en un tanto por ciento mínimo, van a diluirse y van a restar al vino”.

Error nº 17: Cambio de un vino a otro en la misma copa

Genial, pero antes de verter el nuevo no olvides efectuar lo que se conoce como envinado: enjuagar la copa con unas gotas del vino que nos vamos a servir. “Si se va a utilizar la misma copa para tomar varios vinos hay que envinar: quita los restos del vino anterior y permite continuar con el siguiente”, explica Guillermo Cruz. Obviamente no te bebas esa pequeña cantidad: descártala y estarás listo para disfrutar del siguiente caldo.

Error nº 18: El vino en garrafa es un asco

No siempre. “En Francia esos contenedores de cinco litros son muy, muy habituales para el vino cotidiano. Y están bien vistos. Es simplemente una forma de tener mejor conservado el vino que te vas a tomar en quince días”, nos ilustra Alicia Estrada. “En España no están nada bien vistos. La razón, creo, es que tendemos a consumir cada vez menos pero de mayor calidad. Ese tipo de envases se asocian a un perfil de consumo más básico y cotidiano, y eso precisamente es lo que estamos perdiendo en este país: el vino de todos los días en la mesa. Su calidad puede ser la misma que la de uno joven, por ejemplo”.

Error nº 19: Opino que un vino con más grados es mejor

Los vinos considerados “modernos” tienen una graduación alcohólica mayor, llegando a los 14,5 grados (la graduación estándar es de 12º o 13º en el tinto, y algo menos en el blanco, unos 11º). Pero eso no tiene relación alguna con la calidad.

“En los últimos años se buscan vinos con más concentración, más taninos, más madera… y para lograrlo necesitas en el momento de la madurez ir un poco más al límite, y eso incrementa el grado alcohólico”, explica Guillermo Cruz. “A día de hoy, hay como dos estilos: los más clásicos, con menor grado alcohólico, más elegantes, con un poquito más de acidez; y los más modernos, con más concentración, más estructura, mayor grado alcohólico… Lo bueno de este mundo es que hay vinos para satisfacer a todo tipo de personas”, añade Cruz.

Error nº 20: Me voy a tomar el vino que me sobró hace una semana

No se moleste: aunque lo haya guardado en el frigorífico, mejor destínelo a aderezar una salsa. “Aquí hay un principio básico y esencial: cuando una botella se descorcha entra oxígeno y empieza un proceso de oxidación”, alerta Iván Martínez. “En perfectas condiciones, y si lo guardamos con el mismo corcho, aguanta un par de días”, dice Guillermo Cruz. Hay algo mejor aún que su propio corcho, que son los tapones de extracción de aire, que pueden mantener en condiciones la botella unos cuatro o cinco días. “Eso es fantástico porque cada vez que bebes bombeas el aire de dentro, y otra vez en perfectas condiciones”, añade Cruz.

Error nº 21: Guardo desde hace 20 años una botella en un armario

Pregúntese: ¿es un vino preparado para perdurar? Y, sobre todo, ¿lo conserva en las condiciones óptimas? Una despensa afectada por cambios de temperatura o cercana a un radiador hará que se lleve un chasco cuando descorche esa botella.

Guillermo Cruz pone un ejemplo: “El domingo por la noche abrimos un gran reserva Rioja del 64 y estaba impresionante. Era pletórico. Y tenía cincuenta y tantos años. Pero había estado bien conservado, a una temperatura constante, en un calado [cueva subterránea]…

El problema de la caducidad de los vinos es la conservación. Si una botella está constantemente con oscilaciones de temperatura, en verano a 40 grados, en invierno a -5, al final el vino se destroza, porque es un ser vivo. Así como lo trates mientras duerma, así despertará después”.

Error nº 22: Lo que me sobra, lo conservo a temperatura ambiente

A veces sucede que abrimos una botella y no nos la bebemos entera; en serio: a veces sucede. Si tenemos pensado consumirla en uno o dos días, mejor guardemos la botella en el frigorífico. “Desde luego va a estar mejor conservada”, afirma Guillermo Cruz, “Eso sí, acordémonos de sacarla con tiempo para que no esté fría cuando la vayamos a servir. De todos modos, aunque las temperaturas son importantes, mejor pecar de fresco que de caliente. Una vez en copa se irá calentando, pero si el vino se sirve demasiado caliente las percepciones del alcohol siempre son mucho más altas y es un poco más desagradable”.

Error nº 23: Siempre mancho el mantel

“Las manchas en el mantel son un sufrimiento”, dice Alicia Estrada. “Para evitarlas, está el truco de girar ligeramente la botella cuando está cayendo la última gota, mientras la devolvemos a su posición vertical. Muchas veces ayuda tener una servilleta en la otra mano.

Cuando vas a un restaurante está bien observar cómo el sumiller te sirve el vino, pues es bonito también aprender a servirlo”. Y si la gota finalmente aterriza en el mantel, la leyenda dice que un puñado de sal gorda, o un remojo posterior en leche, evitarán que la mancha pase a la posteridad.

[*Opino}– La cerveza, el vino y la salud

23/11/15

Carlos M. Padrón

El artículo que copio abajo deja muy claro que si el vino es bueno para la salud es por los polifenoles que contiene, y que el tinto contiene más polifenoles que el blanco, lo cual me reafirma en mi creencia de que, por definición, antonomasia y tradición bíblica, el vino ha de ser tinto. Los de otros colores y sus derivados son simples adulteraciones, siendo la peor la champaña.

Y lo de que con pescado ha de beberse vino blanco es uno esos inventos idiotas como que para el pescado debe usarse un cuchillo diferente al que su usa para la carne, que los cubiertos van en determinado lado del plato y en determinado orden y otras estupideces.

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23/11/2015

¿Vino o cerveza? ¿Qué es mejor para la salud?

¿Eres más de vino o de cerveza? Al margen de dejarnos llevar por el gusto que ambas le dan al paladar, consumir estas bebidas lleva aparejado unos efectos intrínsecos en la salud.

Preguntas como ¿cuál de las dos engorda más? o ¿qué nivel de resaca tendré al día siguiente con cada una de ellas? son algunas de las preguntas a las que ha tratado de dar respuesta Mack Mitchell, del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern con un estudio en el que pidió a un grupo de 15 hombres que tomaran ciertas bebidas en diferentes días.

El investigador se aseguró de que el contenido alcohólico fuera proporcional al peso corporal de cada uno de ellos y que bebieran al mismo ritmo durante 20 minutos. Los resultados revelan algunos datos interesantes que no está de más que se tengan en cuenta a la hora elegir la bebida que vaya a acompañar a la comida.

Los licores entraron al torrente sanguíneo más rápidamente, seguido del vino que lo hizo 54 minutos después y de la cerveza que hizo su efecto en sangre a los 62 minutos tras terminar de beberla.

Otro dato curioso es cómo afectan ambas a la ganancia de peso.

Los autores del estudio revisaron varios trabajos en torno a este tema concluyendo que cuando, se consume de forma moderada, la diferencia en este sentido parece ser mínima además de no producirse una ganancia de peso a corto plazo.

Sin embargo, los autores notaron que el período más largo en el cual se había valorado este aspecto había sido de diez semanas, razón por la que no se haya notado una ganancia de peso notable. En cualquier caso, los investigadores aseguran que incluso en ese período la ganancia de peso de un kilo se hubiera traducido en una barriga cervecera de 25 kg en cinco años.

En cuanto al tema de la resaca los investigadores no han llegado a ninguna conclusión, un tema que interesa, y mucho, a la mayoría de consumidores. Al parecer, los congéneres, unas moléculas orgánicas que le dan a cada bebida su sabor y aroma únicos, son las responsables del efecto «resaca» provocando dolores de cabeza y náuseas que suelen aparecer al día siguiente.

En general, se cree que las bebidas oscuras tienen más concentración de estas moléculas, pero hasta el momento no hay datos que puedan establecer una diferencia clara. En cuanto al vino y la cerveza los efectos son muy parecidos.

¿Cuál es mejor para la salud?

A la pregunta de cuál es mejor para la salud, la respuesta radica en los polifenoles, sustancia que se encuentra en gran concentración en el vino tinto y que tiene efectos beneficiosos para la salud cardiovascular.

La cerveza contiene polifenoles, pero en concentraciones menores y más parecidas a las del vino blanco. En este sentido, el vino tinto se lleva el premio al más saludable.

Si comparamos todos los datos recogidos podríamos concluir que el vino ofrece beneficios más destacados para la salud en general.

[*Opino}– Del riesgo, uso y abuso del teléfono celular, y la consiguiente adicción a él

12-11-2015

Carlos M. Padrón

Sobre lo que denuncian los dos artículos que copio abajo —»Encerrados con el juguete de la ansiedad» y «Android e iOS comparten con terceros tu información personal y privada»— podría yo escribir mucho y decir cosas que en los más de los lectores provocarían desde extrañeza en incomprensión hasta repudio hacia mí, pero es que sigo creyendo que la principal función de un celular —y para eso lo uso— es servir como teléfono y, si es smart, servir también de instrumento para el uso de medios de comunicación como WhatsApp.

Y lo de WhatsApp lo acepto por necesidad, porque también lo usan las personas más allegadas a mí, pero aunque algunas de éstas son miembros de grupos, hasta eso no llego porque me niego a que mi celular esté repicando a cada rato porque alguno de esos miembros publicó una pendejada que, como le pareció graciosa, cree que también lo será para los demás.

El tiempo es el menos renovable de los recursos que tenemos, y no estoy dispuesto ni a que me lo roben ni a que me lo hagan perder con frivolidades o con asuntos que bien podrían esperar. Ni tampoco estoy dispuesto, si puedo evitarlo o al menos minimizarlo, a que mis datos personales sean puestos, sin mi autorización, en manos de terceros.

Además de como teléfono y para WhatsApp, uso mi smartphone —que, aunque tiene pantalla de 5.5 pulgadas me cae gordo porque detesto las miniaturas— para que mediante alarma sonora me avise de algo; para saber qué hora es en lugares importantes para mí, como donde viven mis hijas; para recibir SMSs de aviso de transacciones bancarias; para guardar la imagen de algún documento cuyo uso pudiera necesitarse de urgencia; como calculadora o linterna; o para hacer algún vídeo o tomar fotos que necesito enviar vía WhatsApp, pues para hacer los vídeos o tomar las fotos que quiero guardar uso una cámara digital que para eso da mejores resultados que la cámara de cualquier celular que yo haya conocido.

Jamás he usado un celular, ni pienso hacerlo, para juegos: los borro todos apenas recibo el aparato. Y ni siquiera lo uso para e-mail —a ese fin tengo una PC con teclado para manos de adulto— ni tampoco para acceder a una cuenta bancaria. Según se dice abajo, los datos de los e-mails son de los más vendidos, y los de transacciones bancarias tienen alto riesgo de correr igual destino. A veces, tal vez una al mes, uso internet para buscar algo.

Y precisamente por todo esto me niego a pagar por un smartphone más de lo que me costó mi PC de escritorio o mi mierdaptop — llamo así a mi laptop porque cae en el rango de miniatura— que me llevo cuando viajo, pues me va bien con mi TRITON NOTE, uno de origen chino, que parece un Samsung S3, con Android 4.1.1 y desbloqueado, por supuesto, que tengo desde mediados de 2013 y por el que pagué $124 cuando el tal Samsung S3, bloqueado, costaba en España 650€ (~$750).

Aunque ese TRITON NOTE, con su procesador dual core y sus apenas 512 MB de RAM y 4 GB de ROM, me ha servido bien hasta ahora, tanto en Venezuela como en USA y en la UE, el recurso que emplea el mercado para llevar a los usuarios a comprar smartphones nuevos —recurso que consiste en generar, para las aplicaciones existentes, actualizaciones que sólo pueden instalarse en las nuevas versiones del sistema operativo—, ha hecho que las actualizaciones de algunas aplicaciones que uso, como Google Play, no puedan instalarse en la versión 4.1.1, razón por la cual he decidido comprar un smartphone más potente y desbloqueado que también será chino y no de marca altisonante, pues las apariencias nunca han sido mi debilidad.

Si ese TRITON NOTE de $124 lleva ya sirviéndome dos años y medio, el que compre ahora debería durarme mucho más, y haré lo posible por que así ocurra, pues además de contar con Android 5.0, tiene procesador opta core, 2 GB de RAM y 16 de ROM. Su precio es la mitad o menos de lo que, con iguales especificaciones, cuestan smartphones de las marcas conocidas, pero éste, también desbloqueado —requisito sine qua non—, será también chino y no de marca altisonante, pues las apariencias nunca han sido mi debilidad.

Un ejemplo muy común del abuso, que ya puede considerarse adicción, mencionado en el título es que si en casa tenemos una visita y repica el teléfono fijo, es lógico que uno se disculpe y atienda esa llamada, pero no es lógico que, en la propia cara del visitante, se esté haciendo uso frecuente y a veces constante del celular para consultar o escribir algo.

Eso es, simple y llanamente, mala educación, y motivo suficiente y justificado para que el visitante dé por terminada la visita y se vaya, no precisamente complacido. Pero, así son las adicciones.

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13 NOV 2015

Juan Cruz

Encerrados con el juguete de la ansiedad

Gente harta de depender del teléfono y de sus distintos juguetes ansiosos, se están bajando de ese tren.

Al tamagochi, que duró lo que un caramelo a la puerta de un colegio, le han seguido otros juguetes que han colmado el deseo de ansiedad y abismo. Despreciamos la ansiedad como un mal, pero, a juzgar por los elementos de los que nos adornamos para sostenerla como una amada pesadilla, nos gusta como los caramelos que, aunque son caramelos envenenados, como moscas caemos en ellos.

Ahora tenemos en nuestras manos el celular, que nos permite comunicar con todo el mundo y va a hacer posible lo que decía José Ortega Spottorno acerca del fin del mundo: llegará cuando todos los teléfonos comuniquen, decía el fundador de EL PAÍS.

Ahora ya se sabe qué pasa con los celulares: lo contienen todo, desde el ocio al insulto, y en medio estamos nosotros, embobados. Dentro de este rectángulo generalmente oscuro están ahora los periódicos, con sus noticias y con sus entretenimientos, los cotilleos, con sus noticias tan entretenidas, los concursos, las llamadas y los mensajes, las fotos, los correos electrónicos, la pornografía posible, los avisos de las distintas redes sociales, el tiempo y la pérdida de tiempo, la ansiedad calmada y la ansiedad furiosa.

Y por fuera del rectángulo, pero también dentro de él, estamos nosotros, víctimas suculentas del festín que nosotros mismos les damos a multinacionales del cambalache.

Hace unos días, mirando cualquiera de esos nutrientes que están en el celular, estuve a punto de ser atropellado por un autobús. Cuando se produjeron los frenazos decidí dejar para siempre de usar el celular; lo que estuvo a punto de matarme era, pensé en ese instante, el efecto de la ansiedad por saber, por ejemplo, qué decía el compañero que me esperaba en la esquina siguiente.

La prisa por tardar, que escribió Gil Calvo. La decisión de abandonar el tamagochi del siglo XXI me duró precisamente hasta esa esquina. Hace falta mucha voluntad, y alguna medicina, para descender de esta adicción que ahora domina a seres humanos que creen estar libres de la manía mientras la ejercen —la ejercemos— gustosos.

Ahora se está produciendo un fenómeno interesante, previo quizá a la consideración de esta adicción como una de las enfermedades tenues que se van haciendo oscuras. Gente harta de depender, como quien esto escribe, del teléfono y de sus distintos juguetes ansiosos, se están bajando de ese tren que conduce, mal usado, a un choque infernal entre la realidad que uno vive y lo que está emitiendo el aparato.

Uno de los que ha decidido bajarse decía ayer en EL PAÍS que su felicidad dependía de los likes que obtenía con su Facebook, y que ya estaba bien. Hasta decir eso hay que caminar un largo trecho, tan largo como el que hay que seguir hasta entender que en las redes sociales del preperiodismo nos están vendiendo mercancía averiada que compramos con regusto porque habla mal de nuestros adversarios e incluso de nuestros amigos, a los que no queremos tanto como dice Facebook.

El día en que dejemos esta ansiedad por otra cosa, alguien hará comercio también de la ansiedad nueva.

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15/11/2015

Android e iOS comparten tu información personal y privada con terceros

¿Te has preguntado alguna vez hasta qué punto las aplicaciones que instalas en tu «smartphone» acceden a tu información personal?

Basta con fijarse en los permisos que otorgas cuando te descargas cualquiera de la App Store o Play Store. Pero, ¿para qué quieren esa información? Muy sencillo: para espiarnos.

Un equipo de investigadores, capitaneados por Jinyan Zang, analista de la Comisión Federal de Comercio de EE.UU., ha comprobado cómo el 73% de las aplicaciones de Android comparten con terceros información personal del usuario, sobre todo el nombre y dirección de correo electrónico, mientras que el 47% de las «apps» de iOS comparten la geolocalización de cualquier persona.

Pero eso no es todo. El estudio revela también que el 93% de las aplicaciones del sistema operativo de Google se conectan a un dominio misterioso, safemovedm.com, del que nada se conoce. Sin embargo, él sí lo sabe todo de ti.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo eligió un total de 110 aplicaciones populares gratuitas de un total de nueve categorías diferentes que manipulasen datos potencialmente sensibles acerca de los usuarios, incluyendo la información del trabajo, datos médicos y la ubicación. Entonces, los investigadores se dedicaron a registrar el comportamiento de cada una de ellas, cruzando datos.

Los resultados obtenidos han sido alarmantes: Android envía un promedio de datos potencialmente sensibles a 3,1 dominios de terceros, mientras que iOS también, aunque en menor medida (2.6 dominios).

Con respecto al envío de información personal, si bien es verdad que el 73% de las aplicaciones de Android lo hacen, en iOS la cifra se reduce de forma notable: 33%. Sin embargo, el sistema operativo de Apple supera al de Google en cuanto a la difusión con desconocidos de los datos de localización de los usuarios: 47% frente a 33%.

Por último, los investigadores han comprobado que los dominios de terceros que reciben información confidencial provienen en mayor parte de las aplicaciones de Google.com (36%), seguidas de Googleapis.com (18%), Apple.com (17%) y Facebook.com (14%).

«Nuestros resultados muestran que muchas de las aplicaciones móviles comparten con terceros datos de usuario potencialmente sensibles», asegura el equipo de investigación, que considera, además, que los sistemas operativos y las tiendas de aplicaciones deben encaminarse, en el futuro, hacia una mayor protección de la información sensible del usuario.

[*Opino}– Acerca de las rupturas de matrimonios

04-11-2015

Carlos M. Padrón

Ya en junio de 2007 publique en De Carpádrez: Los hijos y la pareja mi opinión personal sobre lo que en el artículo que copio abajo atañe a los hijos como causa de ruptura de matrimonios.

Añado ahora que el desvío de la relación afectiva hacia el otro cónyuge se debe, en la gran mayoría de los casos, al instinto maternal, ése que va haciendo que, desde el matrimonio, la importancia que la mujer concede a su marido vaya decreciendo, mientras aumenta la que concede a sus hijos.

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03/11/2015

Laura Peraita

Las causas por las que en España cada cinco minutos se rompe un matrimonio

Las estadísticas lo advierten: en España cada vez se casan menos personas: se ha pasado de 216.451 matrimonios en el año 2000 a 158.425 en 2014, lo que supone un 27% menos.

Tal es la situación que el último informe «Nupcialidad y ruptura en España 2015», elaborado por el Instituto de Política Familiar (IPF), habla de «desmoronamiento» en el número de matrimonios, una caída que hubiera sido mucho mayor aún si no hubiera sido por la inyección que suponen los matrimonios internacionales (25.840 el año pasado).

La situación «es muy preocupante», señala Eduardo Hertfelder, presidente de IPF, porque España se encuentra en este aspecto a la cola de Europa. En su opinión, son varias las razones de este acusado descenso de nupcialidad, pero destaca en primer lugar el motivo económico.

«Bien es cierto que estamos saliendo de la crisis, pero aún hay muchas personas en paro, otras con sueldos basura o con contratos temporales que les impiden plantearse un proyecto de vida estable a largo plazo, por lo que deciden posponer su matrimonio o no celebrarlo».

De hecho, el estudio señala que los españoles se casan cada vez más tarde, a los 35,3 años de media.

También explica que hay otros motivos culturales, puesto que en la sociedad actual «se ha creado un ambiente favorable a la infidelidad y a la falta de esfuerzo en querer solucionar una relación matrimonial, en el caso de que no funcione adecuadamente. La opción más fácil que se proclama es la de romper, en vez de la de luchar por recuperar el amor de la pareja».

Edades a las que se rompe la pareja

Según el presidente del IPF, los matrimonios que más se rompen lo hacen cuando cumplen los 15,8 años de media. También hay otra franja en la que suelen separarse, que es la que comprende entre los 5 y los 10 años de duración de convivencia. «En este caso es porque durante este periodo las parejas suelen tener hijos y la relación afectiva hacia el otro cónyuge se desvía a los hijos. Además, se cae en la rutina, muchas veces estresante, y la comunicación se limita mucho».

A partir de los 15,8 años y hasta los 20 años de convivencia, también se rompen muchos matrimonios «porque los hijos ya se han hecho mayores, se van de casa y de repente se encuentran los dos cónyuges solos en el hogar como auténticos desconocidos y con una nula afectividad», matiza Hertfelder.

Falta de compromiso

Además, tal y como matiza el estudio del IPF, uno de cada siete hogares de parejas está formado por parejas de hecho. Se ha pasado de 563.785 parejas de hecho en el año 2001 a 1.602.900 en el 2014 , lo que ha supuesto un incremento de más de un millón de parejas de hecho; es decir, un 184% más.

«Este crecimiento se produce precisamente —matiza Educardo Hertfelder— porque en nuestra sociedad se ha creado una conciencia generalizada de falta de compromiso. Las personas no creen en la estabilidad futura y, por eso, optan por fórmulas y uniones de caracter temporal. El matrimonio les asusta porque les supone un mayor compromiso».

Rupturas familiares

Mientras el índice de personas que deciden no casarse cae estrepitosamente, el panorama de los matrimonios tampoco es nada alentador, tal y como se advierte en este estudio del Instituto de Política Familiar, el tercero de los cinco estudios que presentarán hasta el próximo 20 de diciembre.

En 2014 se produjeron 168.556 matrimonios y 110.764 rupturas familiares, lo que supone que, por cada diez matrimonios que se celebraron en un año, se rompieron siete. España esm junto a Portugal, Dinamarca y Luxemburgo el país de la UE con la mayor tasa de ruptura por matrimonio.

Según las cifras, en nuestro país se rompe un matrimonio cada cinco minutos; o, lo que es lo mismo, 12 matrimonios cada hora, 290 rupturas cada día, convirtiéndose en uno de los principales problemas de las familias españolas. Del total de rupturas, la inmensa mayoría son divorcios (100.746, el 95,1%), mientras que tan sólo hay 5.034 separaciones (el 4,8%) y 113 nulidades (el 0,1%).

Una Ley de Familia

Para el presidente del IPF, las causas de este aumento de las rupturas son muy claras. «En España no existe una protección jurídica a la familia, no hay una ley de familia —como sí la hay del tabaco, por ejemplo—. La ley del divorcio exprés por la que una pareja puede romper su relación de forma unilateral, de manera inmediata y sin alegar motivo alguno, ha hecho mucho daño», lamenta.

Concretamente, con la entrada de la ley del divorcio exprés, los divorcios se han incrementado en 49.772 al año (periodo 2004-2014), lo que ha supuesto un incremento del 98%, pasando de 50.000 divorcios en el 2004 a más de 100.000 en 2014.

Añade que, al margen de la legislación, en los matrimonios se está produciendo un gran problema, y es la falta de comunicación, un problema paulatino y creciente. «Los horarios laborales extensos y la falta de conciliación hacen que las personas tengan menos tiempo para dedicar a su cónyuge e hijos. Todo ello lleva a una dejación de responsabilidades en la pareja que conduce a que cada uno se centre en sí mismo, en su propia satisfacción personal y no en la entrega hacia la pareja. Estamos inmersos en una sociedad cada vez más egocéntrica».

El informe también hace especial mención a que la ruptura familiar afecta sobre todo a los matrimonios con hijos: 6 de cada 10 matrimonios que se rompen (separación o divorcio) tenían hijos, siendo los hijos menores los más afectados por la ruptura. Mientras la estabilidad conyugal trae consigo un mejor desarrollo personal e integral, tanto para los cónyuges como para los hijos, la ruptura familiar provoca dramas, fracasos personales y familiares que afectan a todos: padres e hijos.

Llamamiento a los partidos políticos

Eduardo Hertfelder señala que, concretamente, afecta a 10.000 hijos al año, de los que 85.000 son menores de edad. «Los psicólogos aseguran que los niños son los grandes perjudicados de la separación de sus padres porque, en un primer momento, los niños consideran que ellos son los culpables de la separación de sus progenitores, dos personas que siempre se han querido».

Además, señala que les produce un tremendo daño porque la vida de los pequeños cambia de forma considerable y ya no pueden convivir con las dos personas a las que quieren y con las que se sienten seguros y en equilibrio en su desarrollo personal. «El hecho de que los hijos vean que sus padres dejan de quererse y que no son capaces de mantener un compromiso, les condicionará para el resto de su vida y en sus futuras relaciones», concluye Hertfelder.

Por todos estos motivos, «queremos hacer un serio llamamiento a las administraciones públicas y a los partidos políticos para que tomen nota de la situación que viven las familias en la actualidad con el objetivo de que incluyan de manera urgente en sus agendas electorales la promoción y protección al matrimonio y a las familias para lograr el mantenimiento de una sociedad fuerte y estable».

Entre las principales demandas que realiza el Instituto de Política Familiar, destacan las siguientes:

Nivel legislativo

· Promover una mayor protección jurídica de la familia.

· Desarrollo de una Ley de Prevención y Mediación Familiar para promover su estabilidad .

· Derogación de la ley del «divorcio exprés».

· Reformar la ley de protección de las familias numerosas.

Nivel de sensibilización social

· Creación de una Mesa de Expertos con asociaciones familiares, agentes sociales y administraciones para abordar la nupcialidad y la ruptura familiar y proponer soluciones.

· Campañas de sensibilización de la importancia del matrimonio y fomento de la conciliación.

Nivel preventivo

· Impulso de medidas para superar la conflictividad y las crisis familiares según las recomendaciones del Consejo de Europa.

· Promoción de los Centros de Orientación Familiar (COF) para ayudar a los casados a superar sus crisis y conflictos.

· Impulsar escuelas de padres.

· Creación del «préstamo matrimonial» para jóvenes que vayan a contraer matrimonio y cuyas rentas sean inferiores a los 35.000 euros anuales.

Nivel correctivo

· Promoción de la custodia compartida y el interés prevalente de los hijos.

· Protección de los cónyuges e hijos ante una ruptura definitiva.

Fuente

[*Opino}– Acerca de la maternidad y sus efectos sobre las mujeres

23-10-2015

Carlos M. Padrón

Sobre el riesgo que implica el instinto maternal y sus peligrosos efectos, ya he hablado en varios artículos, siendo éstos los tres más recientes:

Por eso me ha gustado tanto lo que en el artículo de fecha 14 de este mes ha escrito nada menos que una mujer: Eliane Brum. Una mujer que, por lo que veo, ha sabido analizar muy bien lo que hay tras la maternidad y el instinto a ella asociado, ése que anula la razón.

De lo escrito por Eliane Braum, destaco esto:

«Es necesario confrontar el mito de la maternidad, que aplasta a las mujeres desde hace tantos siglos. La idea de que ser madre es la realización suprema de cualquier mujer, y eso de que nos convertimos en mujeres más completas al vivir la experiencia de la maternidad es una trampa en la que algunas de nosotras caemos alegremente; otras incluso se tiran a ella.

Aún hoy en día las mujeres que no tienen hijos son vistas por muchas de sus contemporáneas como una especie de seres por la mitad; ora histéricas, ora frustradas, y para siempre incompletas. En el mismo sentido, es necesario combatir la idea de que la maternidad es feliz. Es feliz incluso cuando es triste, el clásico “ser madre es padecer en el paraíso”».