[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Tú siempre

NotaCMP.- Poema dedicado a la Virgen de El Pino, al igual que estos otros, que ya he publicado:

Madre de los emigrantes

No estás sola

A la Madre del Pino

lo cual demuestra la devoción que el poeta sentía hacia esta advocación de la Virgen María.

TÚ SIEMPRE

Desde Nambroque a la abismal Caldera
volcanes en cadena te llamaron,
y los montes erguidos en espera
a tu trono celeste aguzaron.

Y por ser nuestra Madre verdadera,
las madres de este valle te aclamaron:
te ven sobre esta inmensa cordillera
sonriendo a los hijos que te amaron.

Tú siempre descendiendo y descendida
en las nubes del cielo volanderas
de los duelos del mundo conmovida.

Tú siempre entre volcanes, ígneo amor
que abre rosas a eternas primaveras
nacidas entre espinas de dolor.

Tú siempre en el pino de los pinos
que compendia el pinar de los pinares,
en los bosques que bajan a los mares
y en la cumbre de todos los caminos.

Tú siempre intercesora en los destinos
infundiendo consuelo a los pesares.
Tú siempre en oraciones y cantares
que brotan de los labios peregrinos.

Tú siempre en verdes altos de esperanza
llamando a las alturas tu Pureza
con la fe viva que hasta Dios alcanza.

Tú siempre en nuestra noche desolada
presente en las angustias del que reza
para mandar al Cielo su llamada.

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Puerto de Tazacorte

PUERTO DE TAZACORTE

I

Triangulo en el mar sentado
bajo el abrazo del Time
donde el barranco te oprime
descarnando tu costado.

Por las olas azotado
con agua el mar te redime
mientras tu pasado gime
glorias de El Puerto olvidado.

El muelle es nuevo, y ya en ruinas:
rompen las marinas
el escollo a su corriente,

mientras las cuevas colgadas
están arriba asomadas
sobre la roca saliente.

II

Casas pobres, asombradas
por el Time dominante,
que en amenaza insultante
está lanzando pedradas.

Casas al mar entregadas
en una ofrenda constante
sobre el barranco inquietante
con sus aguas despeñadas.

Te constriñen amarguras.
triangulares desventuras
sepultan tus flores mustias.

A lo alto miras y esperas,
y ves entre plataneras
la Virgen de las Angustias

III

En ti acaba la Caldera
que se vacía en el mar,
en ti la vida es espera
que se ha marchado a pescar.

Cada nueva primavera
te besa para soñar.
¡No sé por qué en tu rivera
yo me quisiera embarcar!

Por el sueño que viví,
partir muy lejos de aquí
en una frágil barquilla.

y traerte la ilusión
que se fue a San Borondón
sobre la encantada quilla

1955

[ElPaso}– ‘Dándole vueltas al viento’ / Poemas de Antonio Pino Pérez: Del desierto a la selva

En del complejo montañosos llamado Cumbre Vieja destaca el pico Bidigoyo —también llamado por algunos Birigoyo, Virigoyo, etc.. Personalmente, y después de consultas al respecto, he optado por Birigoyo—: la montaña arenosa, desértica y cónica que se ve en esta foto.

En su base está el llamado Llano de los Jables, en el que las leyendas de antaño situaban danzas de brujas y oscuros aquelarres, y que por eso algunos llamaban también Llano de las Brujas. Hoy día, y gracias a la reforestación a que alude el bello poema que sigue, en esa zona, por años desértica, hay un bosque de pinos al que se ha dado en llamar El Refugio —o también, y tiempo atrás, La Repoblación— parte del cual se ve en esta otra foto tomada, según parece, desde el Birigoyo.

Carlos M. Padrón.

***

DEL DESIERTO A LA SELVA

A D. José Miralbés Marco, con afecto y gratitud

I

Arriba, donde el cielo se confunde
con el gris de la tierra desolada,
y Bidigoyo entre las nubes hunde
su cabeza volcánica apagada.

Donde posan las nieblas compasivas
arropando desnudos arenales,
donde vuelan las aves fugitivas
huyendo de los duelos invernales.

Arriba, en las alturas ambiciosas,
en los caminos de la Eternidad,
junto a humeantes ruinas silenciosas
y en el imperio de la soledad…

Arriba, en el desierto encubridor
de graznidos de cuervos y corujas
que vieron en las noches con pavor
el medroso aquelarre de las brujas.

En lo más alto de la Cumbre Vieja,
que era paso obligado de viajeros,
donde aún se escucha la inmortal conseja
que dictaron los viejos agoreros.

Arriba, entre ruinosos matorrales,
lava revuelta y piedra calcinada.
Arriba, entre los mustios helechales
por la mano del hombre fue plantada

en jornada febril y agotadora
la selva, la oración de los pinares,
por donde un pueblo que es creyente, implora
y sube a las regiones estelares.

II

Allí sólo crecía el pobre helecho
sobre un oasis de la arena obscura,
y algún brezo luchaba contrahecho
robándole consuelos de verdura.

Caminos polvorientos, arenales
atormentados bajo un sol de alturas,
que ciega con sus luces las visuales
y acaricia con rojas quemaduras.

Allí es donde unos hombres concibieron
fecundar los estériles eriales,
y con la tierra negra se fundieron
para arrancarle gritos forestales.

La lucha fue tenaz y fue porfiada,
pero allí estaban hombres de tesón,
que nunca han vuelto atrás con la mirada
ni jamás traicionaron su misión.

Firmes estaban los héroes sin nombre
en lucha con la tierra virginal
que se entregó al quehacer del hombre
abriéndole su entraña maternal.

III

Calor o frío. Las arenas muertas,
la brisa juguetona, el huracán.
Planicies desoladas y desiertas,
y la fe en lo más alto del volcán.

Se arrojaron semillas por el suelo.
Los pinos se trajeron y plantaron.
No quiso darles su favor el cielo,
y el estío y los vientos los secaron.

Pero no cede el hombre, no claudica.
Tiene temple y firmeza y tozudez:
El cetro de la tierra no se abdica;
los pinos vestirán su desnudez.

Y a la lucha de nuevo con más brío,
a sembrar y plantar con fe creciente:
contra el viento y el sol y contra el frío
arrojaba en los yermos la simiente.

Los grajos devoraban los sembrados,
sepultan las arenas arbolitos.
Otros murieron bajo el sol quemados,
y algunos por el viento están marchitos.

Pero no importa: “Sembraré incansable”,
la voz del sembrador gritaba alerta.
“Yo sueño con un bosque impenetrable
sobre esta tierra desolada y muerta”.

Y con el alma estremecida, inquieta,
nuevos procedimientos se idearon
hasta el hallazgo del hoyo poceta,
la cuna en que los pinos se salvaron.

¡Adelante! Si abajo desconfían
y dudan y murmuran y critican,
los de aquí arriba, porque en Dios confían,
estas muertas arenas resucitan.

Y a la fuerza de trabajo y de constancia,
el pinar en la tierra está arraigado.
Ya se percibe la sutil fragancia
del primer arbolito perfumado

IV

Ya crecen por doquier de mil maneras.
Continúa la ruda plantación,
y saludan las nuevas primaveras
sus verdes de esperanza y redención.

Y pueblan ya las aves de alegría
la espesura gozosa de los pinos,
deshaciendo en raudales de armonía
la dulce melodía de sus trinos.

Ya está logrado el forestal empeño,
la prodigiosa, la soñada selva
de la que el hombre fue su autor y es dueño
hasta que Dios en su poder resuelva

el final providente que le espera.
Si sepultó en desiertos arenales
la selva natural que aquí existiera
con el poder febril de sus volcanes,

puede algún día devorar con fuego,
la victoriosa gloria forestal,
por Bidigoyo, ese gigante ciego,
indiferente y mudo al bien y al mal.

Y anota en tu memoria, caminante:
Siempre la tierra se ha entregado al fuerte,
y por ser madre, con amor gigante
engendra vida de su propia muerte.

(Composición escrita en 1948, en El Refugio de la Cumbre Vieja, con motivo de haberse realizado una importante repoblación forestal).

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Se fue Domingo

SE FUE DOMINGO

En la muerte del poeta Domingo Acosta Guión.

De ritmos y armonías todo lleno,
la hora se cumplió de su partida,
y se marchó soñando, y hondo y bueno,
sin la caricia de una despedida.

Silencioso de afanes y sereno,
buscando siempre la inmortal medida
pasaba deshojando dulce y pleno
el dolor indecible de su vida.

Domingo, el gran cronista de La Palma,
festivo como el día de su nombre,
se nos dio todo entero en cuerpo y alma.

Y al no poder decir lo más sentido,
amargo y torturado y triste, el hombre
se fue a cantarlo en lo desconocido.

1959

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Silencio

SILENCIO

Nunca tuve palabras con que amarte,
ni promesas, ni risas, ni canciones,
pues sólo tuve un mundo de emociones
y un placer infinito al recordarte.

Yo sentía en el alma, al contemplarte,
la tristeza angustiosa de no verte,
de dormirme en la noche, de perderte
sin haber acabado de mirarte.

Y un día nos perdimos, sin saberlo
en el tiempo,… no supe conocerlo…
¡deshojaba el olvido mis dolores!

Hoy, recordando lo que nunca llega,
mi alma en la noche misteriosa ruega
y llora en soledad muertos amores.

[*ElPaso]– La fiebre de las camas de hierro

23-10-2007

Carlos M. Padrón

Creo que fue allá por los años 80, época en que el facilismo comenzaba a hacerse notar en Canarias, cuando a algunos esnobs de El Paso les dio por la moda de las camas antiguas, de ésas hechas de hierro forjado que se habían usado muchos años atrás y que al momento, ya desarmadas e incompletas —cabeceras por un lado, pies por otros, etc.— servían como improvisadas puertas en el corral de algunos animales domésticos o simplemente yacían abandonadas y oxidadas en algún rincón olvidado.

La fiebre de este esnobismo se hizo contagiosa y, en particular las parejas que iban a casarse, recorrían la isla de La Palma buscando camas de hierro para, luego de restaurarlas, instalarlas en el que sería su dormitorio conyugal.

Recuerdo que siendo yo adolescente había en mi casa una de esas camas, que yo detestaba porque se movía en todas direcciones creando la sensación de que se desarmaría en cualquier momento y que quien en ella estuviera acostado iría a dar con sus huesos en el suelo.

En esa época, ya fueran de hierro o de madera, a las camas se les ponían colchones artesanales, hechos en casa, que se rellenaban con pinillo (aguja de pino seca) o con paja de trigo o cebada, y, en este último caso, el relleno se hacía en el verano, luego de la trilla del cereal que proporcionara la paja.

Lo que salía del colchón cuando se lo vaciaba era una masa formada por el relleno puesto el año anterior que con el uso diario se había compactado como por efecto de una prensa hidráulica. Pero una vez lavada la funda del colchón y llenada ésta con la paja fresca, el colchón adquiría un grosor varias veces mayor al que tenía antes del vaciado. Y cuando uno se echaba en él, se hundía arrullado por el característico chasquido de la paja al ser oprimida por el peso del cuerpo. Eso sí, cada día se hundía un poco menos hasta que la paja se asentaba para luego pasar a la etapa de compactación.

Pero si el relleno era de pinillo, la cosa tenía otro cariz, pues el nombre de “aguja de pino” no era gratuito ya que se trataba de verdaderas agujas vegetales que atravesaban el forro del colchón y la “sábana de abajo”, y se clavaban en el cuerpo del durmiente. La solución era poner, entre sábana de abajo y colchón, una manta bastante gruesa o una pieza de tela dura, como el dril, que no permitiera el paso de las agujas de pino. Cuando el pinillo por fin se asentaba, ya podía prescindirse de esa protección, aunque de vez en cuando el durmiente recibía un sorpresivo y poco agradable pinchazo al darse vuelta en la cama.

En el pueblo había algunos llamados “viejos”, que no lo eran tanto por la edad como por el sentido común y la chispa sarcástica que tenían para expresarlo cada vez que se les presentaba la oportunidad, y a casa de uno de éstos —que estaba más que fastidiado por la bendita manía de resucitar algo que, como las camas de hierro, había sido dejado de lado tiempo atrás por lo caro, incómodo y poco práctico— llegó un día una de estas parejas de tórtolos a punto de casarse, y ante todos los de la casa —el “viejo”, su esposa e hijas— se lamentaron de que estaban desesperados porque llevaban semanas buscando sin éxito una vieja cama de hierro, y luego pasaron a preguntar si sabían de alguien que tuviera una y quisiera venderla si no regalarla.

El “viejo”, que en silencio había escuchado todo sentado en un rincón fumando su cachimba, se levantó, y mientras en un gesto de clara molestia caminaba hacia la puerta de salida, comentó con tono de airado sarcasmo:

«Ya me tienen cansado con la moda de “las cosas de antes”. Ahora, camas de hierro pa’rriba y camas de hierro pa’bajo, ¡pero todavía no he visto, coño, que le hayan puesto un colchón de pinillo a ninguna!»

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Luz en la sombra

LUZ EN LA SOMBRA

A Manuel R. Quintero, amigo mío.

Aquel rayo de sol desvanecido
que alumbra tus ansias y desvelos,
penetró en los rincones del olvido
para traerte, con su luz, consuelos.

No estaba tan secreto y escondido
el hallazgo del Arte a tus anhelos,
pues pudo al fin el objetivo herido
del gran enigma desgarrar los velos.

Siempre la luz en la lucha con la sombra
te va mostrando con temblor incierto
el oscuro rincón que nadie nombra,

pues tú, que sabes escalar alturas,
sobre la noche que te apaga el puerto
navegas superando las negruras.

1955

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Recuerdo mío

RECUERDO MÍO

Tengo un recuerdo escondido
que no lo cambio por nada,
y es de tu risa alocada
aquel encanto perdido.

Aquel perfume de ayeres
que ya no puedo volver,
aquel reír sin querer
que se llevó mis quereres.

Tu dulce inocencia buena
que perfumó mi ternura,
tu risa tan clara y pura
que de luz tuya me llena.

Las palabras de confianza
que en el viento se perdieron,
las inconstancias que fueron
un firme pacto de alianza.

Transparencia de alegría
que en los nublados me asiste.
Juego infantil, que persiste
para jugar todavía.

Travesuras que tenías
y con tu experiencia huyeron.
¡Risas blancas que murieron
y en el recuerdo son mías!

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Camino

CAMINO

Camino, llévame al puerto
de donde vienes o vas.
Camino, camino abierto
que en todas partes estás.

Tendido al futuro incierto
tan alargado hacia atrás,
camino viejo y desierto,
¿adónde me llevarás?

Siempre nos dices ¡jamás!
siempre llevando o trayendo,
siempre pasando y volviendo,
siempre adelante y atrás…

Y sólo anhelas llegar
para volver a partir,
y sólo sabes seguir
para volver a pasar.

Camino viejo, el destino
te empuja, vienes o vas.
Y en todas partes estás,
de todas partes camino.

Huellas de generaciones
grabadas en tu andadura
pregonan su desventura
en polvo de humillaciones.

Y es tu andar y desandar
como una cinta sin fin
que en su impasible trajín
sólo le importa llegar.

Triunfal o fatal destino,
tú siempre vienes o vas
y en todas partes estás,
de todas partes camino.