[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Josefita

24-12-2007

Carlos M. Padrón

La conocí como una viejita solterona, que vivía en el Camino Viejo y siempre vestía de negro y portaba una pequeña caja metálica en la que llevaba tabaco en polvo, pues su vicio era “fullar” (= inhalar) ese producto (como se ve, lo de inhalar coca tampoco es tan nuevo) y siempre tenía la nariz impregnada de él.

No era una pordiosera ni pedía limosna. Su rasgo folclórico consistía en que si alguien que la encontrara en la calle le pedía que cantara, ella contestaba que no podía porque andaba con prisas. Pero esto no pasaba de ser una excusa para hacerse de rogar, y a la segunda o tercera petición, guardaba en un bolsillo la cajita metálica, se acercaba a una pared y poniendo sobre ella los sarmentosos dedos de sus arrugadas manos comenzaba a accionar como si tocara el piano al tiempo que cantaba “Canta, pajarito, canta; canta al son del piano. Cai, cai”, como muy bien la representa Wifredo Ramos en este dibujo,

Y ahí finalizaba el concierto.

Al parecer, alguien desconsiderado, que no faltaba quien abusara de estas gentes, la tomó una vez por su cabellera y la introdujo por la boca de una aljibe como si fuera a soltarla para que cayera el fondo y se ahogara, y por eso cuando le preguntaban si creía en las brujas contestaba:

—Sí creo porque a mí me agarró una por los pelos y quería botarme en la aljibe.

Esther Padrón me recuerda algo que me dejé en el tintero: cuando a Josefita le preguntaban cuántos años tenía, su respuesta —muy femenina, por cierto— era siempre la misma:

—¡Veinticinco virando pa’quince!

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Brisa en la cumbre

De nuevo es la brisa el tema de otro hermoso poema de este autor. A uno publicado antes, Mensajera la brisa, adjunté una fotos de nuestra muy típica brisa; a éste adjunto otra, cortesía de Roberto González, tomada desde lo alto del Bidigoyo en el momento en que la bruma corona la Cumbre Nueva, y antes de comenzar a “caer” hacia el Llano de las Cuevas, extremo Este y más alto del Valle de Aridane.

Carlos M. Padrón

***

BRISA EN LA CUMBRE

Para A. Gómez Felipe, cordialmente.

En la quieta molicie de la tarde infinita
me llamaron las rosas de las nubes volantes,
la cascada de bruma de los vientos reinantes
que regaron la tierra con la lluvia bendita.

Bidigoyo y Behenauno, los eternos puntales,
Limitaron el río de la brisa impetuosa,
Que por toda la cumbre —mar de nubes— rebosa,
Cual la comba de gloria de los arcos triunfales.

Va cayendo en vellones de blancura celeste
con la gracia increíble de promesas aladas.
Tiene todo el encanto de las cimas nevadas,
Trae todas las furias de los vientos del Este.

Va cayendo y no cae… en riada incesante,
llega en lenguas de nubes al Santuario del Pino,
y lo besa y lo envuelve en fugaz torbellino
que se eleva a los cielos en la tarde inquietante.

Cataratas de espuma de los mares del cielo
perfumadas de lluvia y alocadas al viento,
os lleváis el mensaje del mejor pensamiento
y pasáis como sombras en el triunfo del vuelo.

Alumbráis con ensueños de blancura indecible,
como rayos de luna de las fuentes astrales,
y caéis con fulgores de luces siderales
en sonrisa de brumas de belleza increíble.

En la brisa despierta, que amanece en las vidas,
—agitada, revuelta, cantarina, soñada—
la hemos visto en las flores del almendro cuajada
y en las blancas mejillas de rubor encendidas.

Yo la he visto en las noches de mi vida andariega
luminosa cayendo sobre el Valle dormido,
y cantar en los árboles el vibrante alarido
de una fuerza sin nombre que de lejos nos llega.

Bienhechora del Valle, curandera de alturas
que en los mares ahogas impurezas de males.
¡Yo quisiera embarcarme en tus fuerzas vitales
y embrujar en tus nieblas mis soñadas locuras!

Y sentir la caricia de tus plumas ligeras
y el concierto solemne de tus músicas rudas
que llevaron las hojas de tus ramas desnudas
y los pétalos muertos de las rosas postreras.

1949

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: El manto de la Virgen

EL MANTO DE LA VIRGEN

La reina de los pinares
tiene un manto de esperanza
extendido hacia los mares
que hasta los cielos alcanza.
¡La virgen de los pinares!

Lo bordaron angelitos
con hilos de luz y estrellas,
y en sus pliegues infinitos
recrearon rosas bellas
sus colores inmarchitos.

La Madre buena del monte,
en el milagro del Pino
que domina el horizonte,
está guardando el camino
la Virgen santa del monte.

María de las Alturas,
envuélvenos en tu manto,
arriba en las espesuras
del monte, retablo santo,
pregón de eternas venturas.

¡Madre de los Campesinos!
¡Señora de leñadores!
alumbra en los verdes pinos
con incendiados amores
nuestros inciertos caminos.

Llévanos a tus altares,
a tus alturas benditas,
y esconde nuestros pesares
en ese manto que agitas
entre los verdes pinares.

1948

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Domingo el Bobo

10-12-2007

Carlos M. Padrón

Era un mendigo de uno de los barrios de la parte baja al oeste del pueblo, creo que de El Paso de Abajo, que, dado su aparente admiración por los arrieros, llevaba casi siempre consigo lo que allá llamábamos un zurriago, o sea, un látigo hecho con una vara de almendro, a guisa de mango, a uno de cuyos extremos va ataba una larga trenza de cuero, con la que se inflige castigo.

Al igual que Cuncún no usaba calzado, y sus enormes pies exhibían unos dedos ajados, con uñas melladas, moradas o ausentes, y unas plantas que recordaban la madera, no sólo por el color de las callosidades sino por la dura consistencia que parecían tener.

Para molestarlo o motivarlo, los muchachos solían decirle:

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y, con tono lastimero, contestaba,

—No pue’o, ‘toy enfermo.

De nuevo,

—Domingo, ¡vete a trabajar!

Y ya el tono de la respuesta era más iracundo que lastimero:

—¡Que no pue’o, coño! ¡‘toy enfermo!’

Y, a la tercera:

—Domingo, ¡a trabajar con los ingleses!

Y, por motivos que al menos yo ignoro y Wifredo también, la mención a los ingleses hacía que Domingo montara en cólera y, agitando con fuerza su látigo ponía en fuga a los muchachos. Pero Wifredo, sabedor de otros detalles acerca de Domingo, lo plasmó así en este dibujo:

Sabemos que los ingleses fueron quienes iniciaron en La Palma el cultivo del plátano, pero no qué tenía Domingo contra ellos.

Lo de que estaba enfermo no era difícil de creer porque de sus dos fosas nasales fluían constantemente unos torniquetes de mucosidad verdiamarilla que él no se molestaba en limpiar. Parecía como si tuviera un catarro permanente, pero, aunque dijera que estaba enfermo —eso se le tomaba como pretexto— no daba muestras de sentirse mal.

Ante esto, una señora que no salía de una afección gripal para entrar en otra, le preguntó molesta a don Juan Fernández, el médico del pueblo, por qué gente como ella, que se cuidaba bien, vivía siempre enferma y, en cambio, un Domingo el Bobo, que en nada se cuidaba, nunca se enfermaba. A lo que don Juan Respondió: «No es así, señora. No es que Domingo el Bobo nunca se enferme, es que nunca ha estado sano».

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Juan el Bobo

Carlos M. Padrón

De entre los que, según recuerdo, recibían el ‘apellido’ de Bobo, éste, también mendigo, era el menos bobo de todos; era bastante pícaro y hasta se aprovechaba de Cuncún cuando nadie los veía,… o él creía eso.

Usaba sombrero y bastón, como aparece en este dibujo de Wifredo Ramos,

y era dicharachero. No recuerdo dónde vivía ni quién era su familia, pero sí recuerdo muy bien que nunca faltó a ningún entierro, y era de los primeros entre los acompañantes del cortejo fúnebre de cualquiera que hubiera muerto en el pueblo.

Sé que Juan el Bobo y algunos otros de su condición mental y social fueron llevados a una especie de hospicio en Tenerife, donde murieron y nunca más supe de ellos. Pero no creo equivocarme al asegurar que si Juan el Bobo hubiera muerto en El Paso, habría dado lugar al entierro más multitudinario en la historia de nuestro pueblo.

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Del recuerdo

DEL RECUERDO

No ves que ya no cantan alegrías
alondras a la luz madrugadoras.
No le pidas al arpa sinfonías
que vuelvan del pasado que hoy añoras.

Lo pasado pasó, y están vacías
de ilusiones, de amor, mis largas horas.
No brotan sino triste melodías
del silencioso corazón que adoras.

Un manto de quietudes nos envuelve
para la espera lenta y angustiosa
que al porvenir eterno nos devuelve.

No cantes inconsciencias recordadas
en esta tarde inmensa y ambiciosa
en que andamos las últimas jornadas.

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Pobreza

POBREZA

Puerto de la puerta abierta
cansado ya de esperar,
ni siquiera estás alerta:
toda tu prisa es bogar.

Está la mar tan desierta
que sólo sabes llorar,
y por esa mar despierta
nadie te viene a buscar.

Marineros pescadores
pescados por la pobreza,
pescan del mar sus rigores,
y en un rincón olvidado
flota un halo de tristeza
sobre un velamen arriado.

[*ElPaso}– El Alma de Tacande sí vagó

NotaCMP.- Para mejor entender lo que sigue, recomiendo leer antes,

La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (1/4): Introducción y contexto geográfico

La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (2/4): El lugar de los hechos

La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (3/4): Historia del “Alma de Tacande”

La leyenda del “Alma de Tacande” / José Pérez Vidal (4/4): Cantares del “Alma de Tacande”

***

14/11/2007

Esther R. Medina

La misteriosa leyenda de Tacande tiene personajes reales. La investigadora María Victoria Hernández ha demostrado documentalmente que los protagonistas de los extraños sucesos que acaecieron en un caserío de El Paso (La Palma) en 1628 existieron.

Cuenta la leyenda de El Alma de Tacande que lo ocurrido el 30 de enero de 1628 en una vivienda rural de El Paso es «un hecho que al orbe pasma». En esa fecha, una mujer regresó del más allá y protagonizó una serie de fenómenos extraños que se prolongaron durante 87 días. A lo largo de ese tiempo, los moradores de la casa escucharon, cuando caía la noche, una voz femenina arrullando a un niño que lloraba, dulces cantos y sonidos de castañuelas. También comprobaron cómo la cuna en la que dormía el pequeño de la vivienda se mecía sola.

María Victoria Hernández muestra los documentos sobre la leyenda de El Alma de Tacande.

Después de 87 angustiosas noches, el ente invisible habló y dijo que era Ana González, una mujer de la familia que había muerto en 1625 en el parto de su hijo Salvador, criatura que sí logró sobrevivir. Estos inexplicables acontecimientos dieron cuerpo en La Palma a la “Leyenda de El alma de Tacande”, que ahora, casi 400 años después, con los hallazgos documentales, se convierte en historia.

Investigación

María Victoria Hernández, abogada, investigadora y cronista oficial de Los Llanos de Aridane, ha logrado documentar a los personajes de una de las leyendas palmeras más famosas. La semana pasada localizó en el Archivo Lorenzo Mendoza un índice bautismal en el que estaba incluido el pequeño Salvador, hijo, según el documento, de Ana González y Juan Pérez.

El niño fue bautizado el 12 de septiembre de 1625. En la iglesia de Los Remedios, Hernández encontró el asiento original del documento bautismal de Salvador y la partida de matrimonio de su madre, que se casó el 14 de septiembre de 1611 con Juan Pérez.

“Siempre he creído que algo extraño ocurrió”

El alma de Ana González, según la tradición popular, estuvo vagando por la casa de Tacande durante 87 días, hasta que por fin descargó y pidió a sus familiares que cuidaran de su hijo Salvador y que cumplieran las promesas que ella había dejado pendientes. Ana falleció en 1625 y su alma en pena se presentó tres años después de su muerte.

María Victoria Hernández ha descubierto que Ana tuvo, además de Salvador, otros hijos bautizados con los nombres de Juan, Luis, María y Beatriz. Y por primera vez se tiene constancia de que contrajo matrimonio.

«Llegué a pensar que era madre soltera, porque en la leyenda no se cita nunca al marido», señaló ayer María Victoria Hernández en la presentación pública de los documentos.

Según dijo, el suceso de Tacande trascendió las fronteras insulares, pues «El sobrino de Ana, Andrés, fue trasladado a Las Palmas de Gran Canaria para ser interrogado por el obispo Cámara y Murga, y en el famoso sínodo de 1629 se pidió a todos los sacerdotes de Canarias que dieran misas por el descanso del alma de Tacande», y «Siempre he creído que algo extraño pasó en la casa», sostiene la investigadora palmera.

Los documentos hallados, dijo, no matarán la leyenda; muy al contrario, «seguirá corriendo, y más gente querrá conocerla». Ayer adelantó que sigue investigando sobre la familia de Ana González y que escribirá un libro sobre la estremecedora historia.

Canarias 7

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Introducción

En los varios artículos que bajo el título común de “Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados:…” me propongo publicar, daré detalles de algunos que en la década de los ’50, que es la que más recuerdo de mi pueblo de El Paso, eran tenidos por bobos. Personajes con cuya casi diaria presencia crecimos en El Paso los de mi generación. Personajes con retraso mental, síndrome de Down, y sabe Dios qué otras afecciones, que les ganaron el epíteto común de bobos pero a los que recuerdo con afecto como parte que fueron de la cotidianeidad de mi infancia y adolescencia, y de la formación que en el pueblo y del pueblo recibí.

Y es que los más de esos llamados bobos, y víctimas de otras taras, jugaron un buen papel en la educación de los niños y muchachos de entonces, al menos en la mía y en la de otros varios, pues nuestros padres no hicieron nunca escarnio de ellos, y nos prohibían terminantemente que lo hiciéramos nosotros porque, nos decían, esos desgraciados disminuidos no tenían culpa de ser como eran, y antes que burla merecían compasión y que se les tomara como ejemplo para que apreciáramos más el valor de la inteligencia, de los estudios, de la decencia, de ser digno de respeto, y de una buena educación.

De haber contado yo entonces con una cámara fotográfica les habría tomado fotos a todos los que en próximos artículos mencionaré. Serían fotos de mala calidad, pero al menos servirían para ilustrar algo del físico y la personalidad de ellos. Pero mi primera cámara fotográfica la compré en 1958, cuando ya no residía yo en El Paso.

Pero Wifredo Ramos —el artista, escultor, tallista, Cronista Oficial de la Ciudad de El Paso, etc., pero quien, por sobre todo eso, es para mí el gran y querido amigo—, se encargó de hacer dibujos que ponen de manifiesto los rasgos más característicos de algunos de estos personajes; dibujos que incluiré en el artículo correspondiente, y así, y gracias a Wifredo Ramos, algo de de los personajes en cuestión traerá recuerdos a algunos pasenses y fijará un recuerdo en otros, haciendo que su paso por la vida perdure un poco más, se “inmortalice” un tanto en el tiempo.

Si es cierto que la inmortalidad es la condición mediante la cual perduramos en el recuerdo de otras personas, al menos gracias al mío serán inmortales estos personajes —unos más que otros— mientras yo viva. Y, paradójicamente, a veces caigo en cuenta de que han pasado años y más años sin que yo haya recordado para nada a otros a quienes la gente tenía, y ellos se tenían a sí mismos, como muy importantes y distinguidos.