[*El Paso}– Acto de presentación del libro «Dándole vueltas al viento», y resumen curricular de su autor, Antonio Pino Pérez

El acto de presentación de “Dándoles vueltas al viento», libro de poesías de Antonio Pino Pérez, tuvo lugar en el Teatro Monterrey, de El Paso, el 26 de agosto de 1982.

Intervinieron,
• Rosario Pino Capote, hija del autor.
• Miguel Ángel Pérez Taño, abogado y amigo del autor. Actor en la representación de una obra suya.
• Luis Cobiella Cuevas, poeta, escritor y amigo. Licenciado en Química.
• Braulio Martín, profesor de EGB y amigo del autor.

cuyas intervenciones serán oportunamente publicadas en este blog.

También intervinieron:
• Francisco Viñas, poeta palmero que colaboró en la edición del libro con el Centro de Cultura Popular Canaria, del que era miembro.
• María Angustias Capote Díaz, quien recitó ”Desde Nambroque a la abismal Caldera”, uno de los poemas del autor.
• Antonio Abdo, dramaturgo, que recitó tres poemas, también del autor: “Soy”, “Viejo molino de viento”, y “Camino”

Finalmente, Juan Antonio Pino Capote, hijo del poeta, dirigió unas breves palabras de agradecimiento.

Sigue la aportación biográfica hecha por él:

Juan Antonio Pino Capote

Resumen curricular de Antonio Pino Pérez.

• Nació en la ciudad de El Paso, isla de La Palma (Canarias), el 16 de julio de 1904.

• Estudió el Bachillerato en el Instituto Cabrera Pinto, de La Laguna, Tenerife (Canarias).

• Comenzó los estudios de Medicina en Madrid y, sin terminarlos.

• Marchó a Cuba en 1928, regresando en 1932. En la Habana se distinguió como periodista, colaborando en la importante revista “Tierra Canaria”, formando parte de su cuerpo de redacción. Tuvo una actuación destacada en la Quinta Canaria, asociación que prestaba grandes beneficios a los residentes canarios en dicha isla.

• Regresó a Madrid, terminó la carrera de odontología y volvió a Santa Cruz de La Palma para ejercerla.

• Fue teniente de Alcalde de Santa Cruz de La Palma, y consejero de su Cabildo Insular.

• En 1937 volvió a su pueblo como odontólogo.

• Como alcalde sirvió también a su pueblo durante dos períodos, y, como concejal, ininterrumpidamente hasta su muerte. Merece especial atención el hecho de que resultó elegido varias veces concejal por el tercio de cabezas de familia, lo que demuestra su arraigo popular.

• Durante la erupción del volcán de Nambroque —junio de 1949 a febrero de 1950— su labor fue tan meritoria y destacada en la atención a los damnificados —buscándoles alojamiento, alimentación y, en fin, resolviéndoles cuantos problemas se presentaban a esta pobre gente en tan difícil situación— que el 9 de febrero de 1950 le fue concedida por el Ministro de la Gobernación la Cruz de Beneficencia con distintivo blanco. Con este motivo, el Ministro de la Gobernación visitó la Ciudad de El Paso.

• El aspecto más importante y destacado de su labor, tanto al frente de la Alcaldía como de concejal, estuvo centrado en la defensa del patrimonio municipal, llegando al sacrificio personal y económico de sus intereses en beneficio de su pueblo.

• Fue corresponsal del Diario de Avisos.

• En 1970 fue nombrado Hijo predilecto de la ciudad de El Paso, su pueblo natal.

• En colaboración con el Centro de la Cultura Popular Canaria, sus hijos editaron el libro titulado “Dándole vueltas al viento” que recoge una selección de sus mejores poesías.

• En la década de los 40 y 50 escribió la letra y guión de unos a modo de autos sacramentales en la calle, que se celebraban en la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, y posteriormente en las “bajadas de la Virgen del Pino”. La versión infantil del que lleva el nombre de “La Nave de la Esperanza” obtuvo premio en un certamen que se realizó posteriormente en Galicia.

Un comentarista ha dicho de él que “fue un escritor destacado no sólo al servicio de su pueblo sino de todos los problemas trascendentes de la isla de La Palma, siendo sus artículos publicados en distintos periódicos de la provincia. Poeta inspirado, fecundo, y realista, cantó los más diversos temas, figurando en una reciente Antología de Canarios”.

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Morir

Dos tres días despúes que a don Antonio Pino Pérez le fuera diagnosticado cáncer de próstata, sin decir palabra le entregó a su hijo, Juan Antonio Pino Capote, un papel que contenía los poemas Epifanía y el que sigue, MORIR, que es, por tanto, el último que compusiera este gran poeta cuya muerte ocurrió el mismo día en que se dio el injusto fallo judicial sobre el pleito que, en su calidad de alcalde —cargo que detentó dos veces— libraba él, según palabras de su hijo [1], en “una heroica y bella lucha por el agua” en defensa del patrimonio de su pueblo natal por el que sentía un amor que dejó bien patente en sus poemas.

Así fue Antonio Pino Pérez, Hijo Predilecto de la Ciudad de El Paso, Cruz de Beneficencia, dentista, escritor y poeta, que agobiado por intensos dolores de su enfermedad se durmió para siempre, soñando con una justicia que nunca llegó a ver [1], en brazos de la resignación que él tan magistralmente había descrito:

Mas, soy tan pobre, Señor,
que de nada al fin soy dueño,
porque hasta tuyo es el sueño
que mitiga mi dolor.

Con MORIR, su poema final, termino la publicación del contenido del libro “Dándole vueltas al viento”, y con vergüenza declaro mi gran admiración por la obra poética de don Antonio Pino —así se le llamaba en el pueblo—, pues, tal vez por lo de que nadie es profeta en su tierra, yo ignoraba la existencia de tan importante obra. Al menos al publicarla en mi blog he tenido la oportunidad de apreciarla y, repito, avergonzarme por no haberla conocido antes, y dar las gracias a mi amigo Juan Antono Pino Capote por habérmela hecho llegar en formato digital.

Continuaré, en esta misma sección, con la reseña de lo expuesto en el acto de presentación de dicho libro.

Carlos M. Padrón

[1]: “Ni el rencor los nombra

***

                       MORIR

Prepárate a morir. Llegó tu hora,
el tiempo inexorable de partir.
Tu prueba transitoria acaba ahora,
tu libertad suprema de vivir.

Ordena tu equipaje espiritual,
cuanto puedas llevar en tu partida;
sólo el obrar, hacer el bien o el mal,
tiene consistencia de alta vida.

La vanidad del mundo material,
los bienes que te duele abandonar,
no pasan al gran reino celestial:
tuyos no son, no los podrás llevar.

Examina paciente cuanto hiciste,
cuanto no hiciste y qué pudiste hacer,
y mesúrate bien en lo que fuiste
porque hacia atrás ya no podrás volver.

Prepárate a morir. Muere sin pena
si tu deber has cumplido al pasar,
y de entrega y amores está llena
esa vida fugaz que va a expirar.

1970

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Epifanía

EPIFANÍA

La vida es sólo un acto de servicio:
se comienza al nacer la servidumbre
y se vive en ofrenda y sacrificio
hasta que arde la postrera lumbre.

Al quemar energías en servir,
el potencial de fuerzas se nos va.
Lo importante es saberlas invertir
sin malgastar el bien que se nos da.

Saber que nada al fin nos pertenece
porque enteros a Dios pertenecemos.
Y aceptar lo consciente que nos mece
como gracia que a Dios devolveremos.

Administrar la viva luz que existe,
la palabra de vida que nos llena,
este goce de amor que nos asiste,
este alentar viviendo vida ajena.

Saber que nada somos nada siendo,
y cargar con la cruz que nos cargaron,
alegres por las cuestas y subiendo
hasta llevarla donde nos crearon.

Esta misión de hormiga del trabajo,
esta misión de abeja, buscar mieles,
y cumplir como el negro escarabajo,
y ser con cuanto late siempre fieles
que una misión nos dieron aquí abajo:
obediencia obediente hasta la muerte,
entrega sin reserva de energía,
constante renacer, honrado y fuerte,
en la fe de la santa EPIFANÍA.

1970

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Este dolor

ESTE DOLOR

Este dolor, Señor, que me circunda
con sombras de siniestro desaliento,
le roba la quietud al pensamiento
y de medrosa soledad me inunda.

Crece la incertidumbre que fecunda
agranda en los reinos del tormento,
en la voz quejumbrosa de un lamento
al hacerse la herida más profunda.

El llanto y la tristeza de agonía
invaden esta carne pecadora
más lejos del placer ya cada día.

Esperando, Señor, con fe creciente
que me lleve la gran liberadora
a encontrar la esperanza del creyente.

[*ElPaso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Esta plaza

Ésta es la plaza a la que se refiere el poema que sigue:

Es la llamada del Dr. Santos Abreu, y está en Los Llanos de Aridane, pueblo vecino a El Paso.

En ella se colocó esta placa,

con los versos iniciales del bello poema de Don Antonio Pino Pérez. Un hermoso y más que merecido reconocimiento al poeta.

Carlos M. Padrón

***

ESTA PLAZA

A Gabriel Lorenzo Duque,
por motivos ya viejos.

Esta plaza silenciosa,
recogida y expectante,
parece que está dormida
en un ayer inquietante.

Tiene esta plaza una fuente
donde el agua se lamenta,
y unos bancos olvidados
donde ya nadie se sienta.

A unas flores bien cuidadas
le dan unas palmas sombra,
y teniendo tanta historia,
ya ni el recuerdo la nombra.

Casitas bajas, bajitas,
no cierran sus horizontes,
que a través de ellas se admira
subir al cielo los montes,

ayer de ayeres… Pasó
en su piedra consagrada.
¡Reloj de vidas!.. Paró
y está en el tiempo parada.

¡Que nadie turbe su calma
alrededor de la fuente!
Por la piedra levantada
transmite un mensaje, ¡y siente!

Esta plaza silenciosa,
recogida y expectante,
al alma le habla y le cuenta
todo su dolor distante.

[*ElPaso}– Ermita de la Virgen de El Pino, y la bajada trienal – Retazos históricos / José Guillermo Rodríguez Escudero

VIRGEN DE EL PINO (EL PASO) – SU BAJADA TRIENAL, SU PINO Y SU ERMITA

La ermita de la Virgen de El Pino, en el término municipal de El Paso, aún se cobija bajo la sombra de un inmenso pino canariensis, considerado el ejemplar más alto de Canarias y catalogado como uno de los mejores del archipiélago. Para algunos investigadores y estudiosos ha quedado demostrado que según estudios científicos este magnífico árbol ya se encontraba en aquel mismo lugar desde los tiempos de la conquista de la Isla. Hay otros reacios a creer tal aseveración, como veremos más adelante.

El histórico pino y el costado sur de la ermita.

El pequeño oratorio se erigió junto al transitado camino real de la Cumbre Vieja, la vía más conocida y usada por viajeros, caminantes y arrieros desde el siglo XVI de entre todos los senderos que recorrían toda la Isla de La Palma ya que unía las comarcas del Oeste y del Este, en el llamado “Paso de la Cumbre”.

Es curiosa la descripción que el viajero portugués Gaspar Frutuoso en el siglo XVI hace en su obra: “Hay de este barranco a Los Llanos menos de media legua, y del mismo a la Ciudad tres, si se va por la Cumbre por el camino recto que pasa por el Pino de Vacía Borrachas, bajo cuya sombra hacen los sedientos caminantes esta necesidad que le dio tal nombre; desde el pino a la Ciudad hay dos leguas fáciles de transitar hasta la Cumbre, que por esta parte no es muy alta…”.

Vacía borrachas es un tipo de pino canario, y el autor intenta explicar este nombre en portugués: ‘borracha’ es bota, y su traducción, vacía botas. Podría referirse a vaciar las botas de agua o de vino. El árbol al que hace referencia, por su posición, podría ser el Pino de la Virgen que nos ocupa. No cita la ermita porque aún no estaba construida.

Muchas leyendas se han tejido en torno a esta zona y a esta advocación. Verneau, por ejemplo, cuenta que uno de los soldados que acompañaban al Adelantado Alonso Fernández de Lugo en la conquista de la Isla en el siglo XV encontró la estatua diminuta de la Virgen entre las frondosas ramas de un pino. Un prodigio, según opinaron unánimemente las huestes españolas.

Una análoga historia se cuenta a propósito de la Virgen de El Pino de Teror (Gran Canaria).

Continúa el viajero diciendo que: “El domicilio que ella había elegido no pareció a estos hombres piadosos digno de la Madre de Dios. Se pusieron manos a la obra para construirle una vivienda más confortable, y muy pronto una pequeña capilla se elevó al lado del pino. Se transportó con gran pompa a la Virgen a su nuevo local, un cura la colocó en el altar con todas las señales del más profundo respeto y, cuando se preparaba para oficiar la misa, ante la estupefacción de todos los asistentes, la Virgen cayó a tierra. Vueltos de su estupor, los fieles pensaron que podían haberla sujetado mal. Fue alzada piadosamente y colocada en el sitio que le habían asignado. Esta vez, todas las precauciones habían sido tomadas. Cuando cada uno se preparaba a oír misa, de nuevo la milagrosa estatua se precipitó al suelo. Una tercera y cuarta tentativas no dieron mejor resultado. Había que rendirse a la evidencia: el lugar no convenía. Puesta de nuevo en el árbol, no se cayó más. Expresaba con demasiada claridad su voluntad para que nadie pudiera confundirse. Sin embargo, los españoles no se dieron por vencidos. Habían decidido no dejar a la Virgen expuesta a las inclemencias del tiempo, y se les ocurrió hacer, en el mismo tronco del pino, un nicho que fuera capaz de recibirla. La operación tuvo un éxito maravilloso, la estatua quedó tranquila y el árbol resistió la mutilación. Allí pude ver, en 1878, la milagrosa Virgen, que está lejos de ser una obra de arte…”.

Verneau prosigue su narración de cómo se había colocado una alcancía al lado de la diminuta efigie para recibir las dádivas de los fieles, y a unos metros, las ruinas de la pequeña capilla. Sigue diciendo que “Me han afirmado hace pocos meses que ya no queda nada de todo esto. Un bárbaro, para poner aquellos terrenos en cultivo, descargó sobre el pino su hacha sacrílega…”.

Así, un precioso paraje emblemático de la isla fue el elegido más tarde para levantar la ermita y la plaza, junto al majestuoso pino (original o no) que sobresale desde lejos a los pies de la subida del Reventón de la Caldera de Taburiente.

Otras historias y leyendas cuentan cómo a través de los tiempos estos incansables viajeros y lugareños encontraban cobijo y tranquilidad bajo la inmensa sombra del gigantesco árbol. Allí se contaban numerosas crónicas y relatos, envueltos en la devoción y la leyenda que el propio lugar inspiraba. Se contaba cómo en el tronco del árbol se hallaba una pequeña talla de la Virgen, alumbrada con un farol, que iluminaba al perdido y agotado caminante como un faro hacía con los bajeles en noches de tormenta. Agradecido, éste invocaba a la Virgen con una oración y depositaba dádivas y exvotos en prueba de su devoción.

En numerosos grabados y láminas se conservan reproducciones de este mítico lugar, en los aledaños del antiguamente conocido como “Pino Santo”. Un encantador paisaje, paso de romerías y de gentes que comerciaban, paso de animales y paso desde la “banda” del Oeste a la del Este. De ahí el nombre de El Paso.

En 1876 se construyó una pequeña capilla de mampostería dedicada a esta advocación mariana (sin embargo, recordemos que Verneau decía que en 1878 había visto tan sólo ruinas de la antigua capilla). Fue la materialización de la profunda devoción de doña María Magdalena Rodríguez Pérez, conocida por ello como Magdalena del Pino y que llegó a ser durante mucho tiempo la ermitaña de la capilla.

En 1927 se colocó la primera piedra del pequeño santuario que hoy conocemos. Las autoridades religiosas y civiles estuvieron presentes en la ceremonia, al igual que una gran cantidad de vecinos. Muchos de estos hijos de El Paso donaron sus terrenos para lograr que el sueño fuera una realidad. La comisión creada para esta fundación dio sus frutos y se recaudaron muchos fondos. El 30 de agosto de 1930 se bendijo la nueva imagen de la Virgen de El Pino, que también fue adquirida por suscripción popular.

Fueron padrinos los hermanos Luis y Mercedes Sotomayor y Vandewalle, hijos ambos de don Tomás Sotomayor y Pinto, Gentilhombre de Su Majestad.

La solemne ceremonia, que tuvo lugar en la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, fue presidida por el párroco don Carlos González Estarriol. Al día siguiente se procedió a la bendición de la ermita del monte y se llevó en procesión a la actual imagen.

La solemne función religiosa fue concelebrada, y uno de los sacerdotes fue el párroco de la Concepción de La Laguna, don Maximiliano Montesinos, quien pronunció la homilía. Se hallaban presentes, entre otros ínclitos personajes, los padrinos del nuevo altar: el alcalde don Antonio Cordovez y doña Adelina Fernández, también el vicepresidente del Cabildo, así como otras autoridades

La talla original, de menos de 30 cm. fue custodiada en la sacristía donde aún se encuentra, dentro de una urna de cristal y arropada por un pequeño manto de terciopelo verde. El paso del tiempo ha hecho mella en esta efigie y también se ha deteriorado por los constantes repintes a los que ha sido sometida. Se cree que se trata de la antigua imagen que visitaba las casas particulares de aquellos feligreses que así lo solicitaban.

La actual escultura, de inspiración clásica y de aproximadamente 90 cm. de altura, fue comprada en Valencia en los años 30 del siglo XX. Porta al Niño Jesús en su mano izquierda, mientras que en la derecha sostiene una rama de pino verde recién cortada. Una vez seca es entregada a los devotos, que la guardan con respeto y veneración en sus domicilios como si de una reliquia se tratase. El Niño sostiene una piña en la mano izquierda, atributo de la advocación mariana.

La imagen comienza a salir procesionalmente y de forma regular al núcleo poblacional de El Paso en 1955, aunque ya lo había hecho en alguna ocasión anterior. Ésta es la fecha que viene marcando su descenso trienal hasta el casco urbano. Una bajada que se recuerda fue la de 1951 en la que hubo numerosos festejos recogidos por la prensa insular, como “bailes típicos, parrandas y comparsas”.

El primer domingo de septiembre ya se celebraba, con anterioridad a 1955, la fiesta de la Virgen, con misa y procesión. Poco a poco se le fue añadiendo una comida de romeros, carrera de caballos (que llegó a ser considerada como una de las mejores de la Isla), un recital de versadores (que se perdió y luego se recuperó en 1975), etc.

Numerosos romeros llegados desde todos los puntos de la geografía insular se dan cita en estas fiestas. Tradicionalmente es a mediodía (sobre la una y media o las dos de la tarde) del último domingo de agosto cuando da comienzo la bajada de la sagrada efigie, acompañada por una multitud de devotos y romeros, por todo el itinerario tradicional de aproximadamente seis kilómetros hasta su llegada a la iglesia de Nuestra Señora de Bonanza, en el casco urbano de El Paso.

La romería trienal —la más importante fiesta del municipio pasense— es presidida por la Virgen, y detrás del trono, cargado a hombros de cuatro romeros, comienzan a andar los grupos folklóricos y parrandas que bailan y cantan, y numerosas carrozas y carretas. Con éstas están representados los barrios del municipio y asociaciones de vecinos, o simplemente amigos que se reúnen a pasar una alegre jornada.

Esta romería trienal transcurre por hermosos caminos flanqueados por pequeñas casas tradicionales que se pintan y embellecen para la ocasión.

***
BIBLIOGRAFÍA

HERNÁNDEZ PÉREZ, María Victoria. La Isla de La Palma. Las Fiestas y Tradiciones, C.C.P.C., Litografía Romero, Tenerife, 2001.
FRUTOSO, Gaspar. “Descripción de las Islas Canarias” de Saudades da Terra, C.C.P.C. , 2004.
VERNEAU, R. Cinco años de estancia en las Islas Canarias, La Laguna, 1981.

Artículo cortesía de su autor, José Guillermo Rodríguez Escudero

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Al borde del abismo

Poesía inspirada en una foto del artista Manuel Rodríguez Quintero titulada “Senderos sobre el abismo».

AL BORDE DEL ABISMO

No ves que somos muy poquita cosa.
Empezando a morir cuando nacemos,
en polvo y en olvido nos perdemos
bajo la tierra negra y silenciosa.

Sólo un soplo de luz, luz misteriosa,
que es luz de Dios, que a Dios le devolvemos,
quedará en nosotros. Esperemos
en la Esperanza alegre y milagrosa.

Envueltos en las sombras circundantes
que cierran los caminos inquietantes
con movibles fantasmas y espejismos,

en esta noche y por la noche vamos
al puerto del mañana que buscamos
por senderos que van sobre el abismo.

1961

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Señor

SEÑOR

Aquí me tienes a tus pies rendido
sin merecer siquiera ni adorarte.
De todo mi pasado arrepentido,
sólo encuentro el consuelo de buscarte.

Tú sabes cuántas veces me he perdido
por huirte, Señor, y traicionarte,
y tú sabes también que en el olvido
intentó mi extravío sepultarte.

Sabes mi poquedad, mi nadería,
mi claudicante fe, mi desvarío,
mi caminar sin norte de alegría,

porque todo los sabes santamente;
y también sabes que me mata el frío
si tú no alumbras mi dolor creciente.

1959

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Laureles de la plaza

LAURELES DE LA PLAZA

A mi buen amigo Enrique Mederos Lorenzo.

Laureles de la plaza centenaria
que proyectáis una tupida sombra,
y en la noche, profunda y solitaria,
arrulláis un misterio en vuestra fronda.

Porque evocáis la estirpe legendaria
de un pasado feliz que nadie nombra,
porque rezáis una inmortal plegaria,
por vuestra verde plenitud redonda.

Porque os perfuma un hálito de historia,
despreciando las miserias vanas
buscáis la luz, que es alcanzar la gloria,
yo os bendigo, laureles de Los Llanos,
conmovidos por voces de campanas
y entrelazados con amor de hermanos.

Laureles victoriosos, impasibles,
de la añorada selva trasplantados
para esparcir alientos indecibles
sobre la urbana paz de los tejados.

Quitasoles lujosos, increíbles,
en un verde perenne consagrados,
para inspirar ensueños imposibles
y acallar el pesar de los hastiados.

Me llama la esperanza alentadora
de vuestras copas anchamente erguidas
a evocar en su sombra protectora
los recuerdos que el viento se llevó,
el secreto fugaz de tantas vidas
que la muerte implacable deshojó.

Laureles de la Plaza de Los Llanos,
atrio del templo, vegetal, abierto
a la comba de todos los arcanos
en el encanto de un refugio cierto.

Recortados laureles ciudadanos
en esta plaza, que es hogar y huerto.
Laureles compasivos, casi humanos
donde siempre arribamos como a un puerto.

Decidle a la Virgen, mi Señora,
que hoy venimos a verla penitentes,
a implorarle perdón para el que llora,
y a buscar, en la fiebre de un anhelo,
laureles que circunden nuestras frentes
con la aureola de un jirón de cielo.

1948