[*ElPaso}– De la juventud y carácter de mi hermano Raúl (Corregido)

Nota.- Reedito este artículo, publicado inicialmente el 30 de marzo de 2007, para incluir la corrección que he puesto al final, y que ha llegado más de 60 años después del hecho al que se refiere.
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Carlos M. Padrón

Cuando yo tenía 17 años hacía pasar por mía alguna foto que Raúl se había tomado cuando tuvo también 17. Nuestro parecido iba más allá, sin embargo él era muy popular (carismático), extrovertido, sociable, exclusivista y un tanto hedonista, pero yo —pareciéndome más en esto a Tomás, mi otro hermano— poco tengo de popular, y soy más bien introvertido, poco dado a alternar en sociedad, más bien estoico, y antes que una boutique prefiero JCPenny.

Raúl amaba el mar, que yo detesto, y yo amo la montaña, que él detestaba; y tanto la detestaba que si por algún motivo la noche le sorprendía estando en montaña, se deprimía. Él gustaba de las flores, y yo, al igual que mi hermano Tomás, de los animales; las flores sólo me gustan si no me estorban.

Fueron notables las dotes que en su juventud exhibió Raúl para la música y el dibujo. Lo de la música se debió tal vez a la proximidad, familiar y física, con tío Pedro Castillo, pues su casa y la nuestra (la casa en la que Raúl vivió desde los 7 a los 21 años, y la misma en la que nací y viví hasta los 18) estaban una al lado de la otra, formando ángulo recto. Esa proximidad facilitó el que recibiera del tío Pedro clases de música.

Como músico, Raúl fue por años el trompeta titular de la Orquesta Power, la única que había en el pueblo de El Paso, y formando parte de ella puede vérsele en esta foto que fue tomada, según creo, en 1945:

De izquierda a derecha.

Fila delantera:  1,  José Salazar;  2,  José Agustín Toledo (Cheo Ventura);  3, Raúl Padrón;  4,  Antonio Afonso (Antonio Canón);  5,  Eliseo Calero.

Fila trasera:  1,  Ismael de Paz;  2,  Juan Díaz Díaz;   3, Vicente González (Berto el de la botica).

Y como trompeta de la Orquesta Power visitó muchas veces varios pueblos de la isla en los que esa orquesta había sido contratada para amenizar bailes, verbenas y fiesta populares. De ahí que media isla lo conociera, y que cuando tiempo después me veían a mí, que soy 14 años menor que Raúl, me decían: ”Tú eres familia de Raúl Padrón”.

Como dibujante “a mano alzada” hizo varios retratos/dibujos de los cuales sólo han llegado a mí tres, a saber:

1) Tío Pedro, el mencionado más arriba, tocando el cornetín.

Esto le granjeó a Raúl las iras del tío Pedro que no le vio la gracia al dibujito.

2) Éste, de Pilar Primo de Rivera,…. según creo recordar.

que hizo Raúl en una especie de concurso celebrado en un campamento del Frente de Juventudes, al que asistió medio obligado; un episodio que no le gustaba mucho recordar.

3) Su “opera prima”, por la que aún es recordado, que se la inspiró una carrera de caballos, deporte hacia el que siempre hubo, y hay, en La Palma mucha afición, y que suele ser el plato fuerte de las fiestas patronales. Estas carreras eran, y siguen siendo, sólo entre dos bestias (caballares o mulares), de ahí que me sorprendiera mucho ver en el cine, donde la vi por primera vez, una carrera entre varios caballos.

En la isla de La Palma, esas carreras eran de fondo, o sea, de largo recorrido y por caminos muy cuesta arriba las más de las veces, y los jinetes tenían que saber dosificar las energías de su cabalgadura. Para ello, y durante algunas semanas antes de la carrera, las corrían —entrenaban— dos o tres días cada semana por la misma vía por la que transcurriría la carrera oficial, y muchos vecinos salían a presenciar esos entrenamientos, a medir el largo de las zancadas del animal, cronometrar los tiempos que hacía entre un punto y otro, si el jinete lo llevaba o no frenado, etc.

Es el caso que en la primera mitad de los años 40 había en Los llanos de Aridane un caballo de nombre El Rancho Grande que estaba invicto en toda la Isla, y su jinete oficial era conocido por el apodo de El Cambao —tal vez porque por un defecto físico andaba como la Torre de Pisa— y, como casi todos los jinetes, era pequeño de estatura.

Para una fiesta a celebrarse en La Breña o en Mazo —no he conseguido averiguar con certeza en cuál de los dos, pero ambos pueblos están al Este de la Isla— se había pactado una carrera entre El Rancho Grande y otro caballo que, hasta donde sé, no tenía nombre propio.

El día de la carrera, cuya meta estaba en la Montaña de La Breña, la expectación fue total, pero casi a la mitad del trayecto y cuando El Rancho Grande iba punteando, en una extraña contorsión que hizo botó a El Cambao y, para asombro de todos, siguió corriendo sin jinete y mirando a ratos hacia atrás como para percatarse de cuán cerca le seguía su contendor que sufría fuerte castigo de su jinete ya que para éste era vergonzoso que no pudiera ganarle a un caballo que corría solo y, teóricamente, fuera de control.

Pero lo de “teóricamente” se quedó en eso, y no pasó a reales porque El Rancho Grande siguió corriendo por su cuenta, sin desviarse ni distraerse, todo el trayecto que le faltaba hasta la meta; traspasó ésta antes que su rival, ganando así la carrera, y sólo entonces se detuvo. Fue algo como una demostración de que perder, con o sin jinete, no era para El Rancho Grande una opción aceptable.

Las discusiones acerca de si esa victoria había sido válida o no fueron por meses el tema número uno en los bares y otros lugares públicos de media Isla, y mi hermano Raúl, inspirado sólo en lo que al respecto escuchaba de unos y otros —pues él no había presenciado la anecdótica y controversial carrera—, y a falta de testimonios gráficos (no creo exagerado afirmar que entonces no eran muchos los que en La Palma tenían cámaras fotográficas) hizo —a mano alzada, como siempre— el dibujo que sigue, que refleja con bastante exactitud el principal y anecdótico incidente de la carrera en cuestión: a todo galope, El Rancho Grande, sin jinete y sueltas sus riendas, mira hacía atrás como calculando la distancia que le separa de su competidor, que recibe castigo de su montura para que corra más rápido.

Como tampoco había entonces fotocopiadoras, todos pedían ver el dibujo de marras, y un día Mediometro, el único fotógrafo de El Paso, a quien ya mencioné en Por qué vine a Venezuela tuvo la viveza de pedirle prestado el dibujo a Raúl, y éste tuvo la falta de viveza de prestárselo sin ponerle condiciones. Mediometro fotografió el dibujo, hizo cientos de copias de la foto resultante, y las vendió a buen precio por toda la Isla,… sin darle a Raúl ni un céntimo de la ganancia así obtenida.

Un par de veces, hace muchos años y después de que Raúl había emigrado ya a América, algunos vecinos del pueblo me mostraron la foto del dibujo, todavía popular, de la famosa carrera, pero nunca había visto yo el original, hasta ahora que, a la muerte de mi hermano, me fue obsequiado, y es el que reproduzco hoy aquí. El tiempo y los dobleces han hecho estragos en él, pero aún se ve bastante bien.

***

Una de las canciones preferidas de Raúl era “My way” (A mi manera), en la voz de Frank Sinatra. La escuchaba con deleite una y otra vez aunque no entendía al detalle la letra pero sí su sentido.

Un día de lulio de 2005 recibí un PPS con la música y la letra original de “My way” cantada por Frank Sinatra. De la letra hice la traducción menos literal que pude, la intercalé en el PPS con la letra en ingles (la original), y un día que Raúl vino a mi casa lo senté frente a mi PC y mientras absorto escuchaba a Sinatra cantando “My way” iba leyendo en el monitor la traducción al español que yo había hecho para él.

Cuando terminó el PPS se levantó, y con lágrimas en los ojos y una gran determinación en su voz, quebrada por la emoción, me dijo: “Sí señor, ¡a mi manera!”.

Y a su manera vivió mi hermano Raúl hasta que al final del camino enfrentó la ‘bajada del telón’ que menciona esta canción que hoy, al cumplirse tres meses de su muerte, la he escuchado una vez más como un tributo póstumo a su memoria, deseando, más que esperando, que dondequiera que esté, esté en paz y no tenga nada de que arrepentirse por haberlo hecho,… a su manera.

***

Tal parece que lo que aquí relaté acerca de la carrera que dio pie al dibujo de mi hermano es lo que ahora llaman una “leyenda urbana”, pues mi primo Pedro Bravo Padrón, coetáneo de mi hermano Raúl y persona que me merece total crédito, leyó la versión original de este artículo, y con fecha 20/11/2008 me contó lo siguiente:

Carlos, la carrera fue entre un mulo y el caballo Rancho Grande. La presencié personalmente, y puedo atestiguar que comenzó en Bajamar (después de la salida del túnel en dirección Santa Cruz de La Palma ? Las Breñas), y se desarrolló por la carretera hasta la montaña de La Breña, pasando por San Antonio de Breña Baja hasta llegar a la confluencia de la carretera que viene de San Pedro (Breña Alta).

Yo, que sólo presencié la llegada, estaba situado como a doscientos metros de la meta y vi que el mulo sí llegó, pero el caballo no apareció.

El jinete del mulo era Pedro Batista, compañero mío de primero y segundo año de Bachillerato, e hijo del dueño del mulo, quien era también dueño de un negocio que estaba justo en la unión de las carreteras de las dos Breñas.

Las informaciones posteriores fueron que el caballo tumbó al jinete, y que lograron detenerlo. Después hubo conversaciones, comentarios y discusiones en uno y otro sentido, y no sé cuál fue el final, pero de lo que si puedes estar seguro es de que el caballo no llegó a la meta, ni solo ni con jinete.

[*ElPaso}– Auxilio para el Pino de la Virgen, un pino aborigen

02 Agosto 2008

Maikel Chacón

El Paso (EL DÍA) – El Paso ha diseñado, con apoyo de biólogos, una actuación que pretende frenar el deterioro del Pino de la Virgen, de gran valor científico y cultural, al que se le calculan 800 años. Se eliminará parte de la plaza que cubre el tronco.

El delicado estado de salud del Pino de la Virgen viene preocupando a la Administración de El Paso desde hace algunos años, y los estudios que se han realizado han terminado por confirmar que el árbol más conocido de la Isla, y uno de los más emblemáticos de Canarias por la historia que encierra, necesita de una intervención urgente que evite el incremento de los daños que se están produciendo en su estructura, conformada a lo largo de los 800 años (según las dataciones científicas realizadas en 1994 que lo sitúan como el más viejo que se ha estudiado) que tiene este monumento natural, que ya permanecía erguido durante la época prehispánica.

El valor cultural de este ejemplar de pino canario no se basa sólo en su antigüedad. Bajo su sombra, en el interior de una pequeña ermita (construida en 1927, con una previa capilla de mampostería de 1876), reposa la imagen del manto verde que custodia el monte pasense, la Virgen de El Pino que, según cuenta la leyenda, apareció en el majestuoso tronco de este árbol en tiempos de la conquista, protagonizando multitud de historias posteriores.

Tras la realización de varios estudios científicos, el último recientemente concluido por parte de los doctores Carmelo Prendes y Raimundo Cabrera, del departamento de Biología Vegetal de la de la Universidad de La Laguna, el Ayuntamiento de El Paso ha decidido intervenir con un plan de auxilio que permitirá salvar este emblemático y gigantesco ejemplar de pino canario, en el que el paso de los años y la mano del hombre han hecho mella.

Evaluación de daños

Durante una inspección realizada antes de finalizar el verano se hizo una nueva evaluación fitopatológica del pino, lo que permitió confirmar la presencia, décadas después del primer informe, de las zonas putrefactas localizadas bajo la corteza, a algo más de dos metros de altura de su cuello de raíz, unida a cierta pérdida de follaje. El gigantesco pino canario está perdiendo volumen a un ritmo considerable (teniendo en cuenta su longevidad).

El problema podría encontrarse en los efectos negativos de la impermeabilización de una parte importante de su espacio vital. Varios metros de su tronco están sepultados por la urbanización de la plaza circundante de la Ermita de El Pino, una construcción ejecutada hace muchos años, así como a las posteriores actuaciones de asfalto, ampliación de plaza y su adoquinado.

El árbol quedó incluido dentro de la edificación y emerge a través de un pequeño parterre que se creó. La impresión que se obtiene observando esta construcción es que las raíces del pino, que debieron extenderse alrededor de su tronco, han quedado sepultadas por un lado, por la losa de la plaza y, por el otro, por el asfalto de la carretera.

Eliminar parte de la plaza

Ante estos datos, la actuación que han aconsejado los expertos se basa, principalmente, en la eliminación de la esquina de la plaza, restituyendo el nivel original del suelo alrededor del tronco. Esta actuación implicaría también sustituir el asfalto de la carretera por otro sistema de pavimento. Ésta, según los estudios, sería la actuación más beneficiosa para la salud de este emblemático árbol, siempre dependiendo del estado de la parte del tronco que ha quedado enterrada.

Además, se debe remodelar el alcorque que rodea la base del pino construyendo un muro o una verja que impida el libre acceso al tronco por parte del público, así como un saneamiento general del pino, eliminando con mucho cuidado la madera descompuesta.

Los estudios que se han publicado sobre este ejemplar de pino canario son varios y destacados. Quizás, el que más, por su contenido, es el de los profesores María del Mar Génova, Carlos Santana y Ernesto Martín que, bajo el título «Longevidad y anillos de crecimiento en el Pino de la Virgen» forma parte de un proyecto de investigación del cambio climático a lo largo del último milenio a partir de la información contenida en los anillos de crecimiento de este antiguo pino.

Dicho proyecto de investigación está avalado por la sección de Historia de la Universidad de Las Palmas. María del Mar Génova, como técnico del CIFOR (Centro Internacional de Investigación Forestal), dirigió en 1996 un estudio de datación del emblemático árbol por iniciativa del Ayuntamiento de El Paso, en el que dictaminó su edad en torno a los 800 años.

Estos trabajos son la base de otro posterior que consta en las actas de la Real Sociedad de Historia Natural, año 1998, «Cambio climático y anillos de crecimiento».

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Cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote.

[*El Paso}– Con Voz Propia – Entrevista al Dr. Juan Antonio Pino Capote

Publicada en “Acta Médica de Tenerife” de octubre 2008.

Eladio Frías Tejera

jantpinoJuan Antonio Pino Capote, palmero de El Paso —donde nació, como un regalo navideño, el 26 de diciembre de 1937— cursó el bachillerato en el Instituto de Enseñanza Media de Santa Cruz de La Palma, y el curso selectivo de Medicina en La Laguna, y concluyó en Sevilla la Licenciatura. Años después, en 1977, se doctoró en nuestra Universidad de La Laguna con sobresaliente cum laude.

Antes había realizado la especialidad de Anestesiología y Reanimación en el Hospital General de Nottingham (Inglaterra), 1964-1965, con el grado de Senior House Officer. Trabajó también el Hospital General de Asturias (1966-67) y recuerda sus inicios en Tenerife en 1968, con el Dr. Pinto Grote y los practicantes Mauro Carrillo y Francisco Santana en el viejo Hospital Civil Nuestra Señora de los Desamparados. “La necesidad de anestesiólogos era muy grande” —(“34 años después lo sigue siendo, Juan Antonio”.)—.

Desde 1969 se incorpora a la Residencia Sanitaria de Nuestra Señora de La Candelaria de Santa Cruz de Tenerife, en principio como jefe de sección interino y luego como titular.

Ha sido Profesor ayudante de Farmacología en nuestra Facultad de Medicina (1969-70), especialista de la Educación Física y del Deporte, profesor de Ética profesional en la Escuela de Enfermería del Hospital de la Candelaria (1976-78), Director Médico del Hospital de la Candelaria (1980-81), académico de la Real de Medicina y Cirugía de Santa Cruz de Tenerife, desde 1978, y Secretario Perpetuo desde 1966 hasta 2005.

Becado por el Consejo de Europa para asistir a la Unidad del Dolor del Walton Hospital de Liverpool, en 1984

Jefe de Servicio, por oposición, de Anestesiología y Reanimación del Hospital de la Candelaria, desde 1986 hasta su jubilación en el año 2007.

Multitud de publicaciones, desde 1969 hasta prácticamente su jubilación, en revistas regionales, nacionales e internacionales, de las que destacamos especialmente las Guías I, II y III de Preanestesia, editadas en los años 1984, 2000 y 2008, respectivamente.

Organizador y ponente de numerosos eventos de su especialidad, locales, nacionales e internacionales, como el “I Seminario Internacional”, 1969, y ponente en las XX Jornadas Médicas das Ilhas Atlánticas (Madeira-Canarias-Azores) con el tema “Monitorizaçâo actual em anestesiologia” en Funchal (junio de 1995) y el X Congreso Luso-Espanhol de Anestesiología en Coimbra, en mayo de 1995.

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¿En tu primera época simultaneabas la asistencia pública y la privada?

Durante poco tiempo. En cuanto se estabilizó medianamente la economía familiar me dediqué casi en exclusiva a la asistencia pública. Trabajé especialmente en la Clínica Capote, y en la Colina. Curiosamente los neurocirujanos solicitaban mis servicios porque disponía de un respirador mecánico, importado por mi, imprescindible para mantener la presión intracraneal en niveles óptimos para la cirugía endocraneal.

Fuiste pionero en determinadas técnicas en la medicina pública,…

Diseñé aparatos para la administración del tipo de anestesia más adecuada en Oftalmología (cataratas), Otorrinolaringología (microcirugía de laringe, introducción de la fibrolaringoscopia para intubación traqueal).

En las intervenciones de cataratas se precisaba mantener baja la presión intraocular, además de un soporte para fijar la cabeza y, al mismo tiempo, oxigenar. Diseñé un cóctel para ello. Luego comprobé que el Diazepan era el factor que más bajaba la presión intraocular, y en un experimento en gatos descerebrados, o anestesiados con ketamina, con miras a mi tesis doctoral, se demostró dicho efecto a nivel del propio ojo, lo que me permitió presumir la existencia de receptores diacepínicos en las estructuras oculares, cuando aún se hablaba poco de estos receptores cuya existencia se demostró posteriormente.

Creo que también “ejerciste” como diseñador, inventor, artesano,…

Te estás refiriendo al transporte interno de pacientes anestesiado o en estado crítico. Dada la compleja estructura del edificio de la antigua Residencia —(“Cada día más compleja, Juan Antonio, si nos atenemos a los veinte años que lleva en interminables obras”.)—, diseñé una camilla móvil, totalmente monitorizada y con un respirador incluido, que realizó el personal de mantenimiento y que posteriormente fue reemplazada por otras que salieron al mercado ya fabricadas en serie. Aún conservo fotos de dichos artilugios.

¿Te sientes especialmente satisfecho de algo a lo que hayas contribuido de forma destacada en tu especialidad?

La preanestesia ha sido uno de mis mayores logros. Me satisface puntualizar que fuimos pioneros en España. Hoy ya se ha generalizado e incluido en el libro blanco de la especialidad bajo el epígrafe de “Policlínicas de anestesia”. Comenzamos actuaciones de ‘calidad’ antes de que se hablara del Movimiento de Calidad.

Ya jubilado, Juan Antonio, ¿te aburres o sabes ocupar tu tiempo en otras aficiones?

Sigo con las mismas aficiones ya que para mí la Medicina era una afición; sólo que ahora no es una prioridad, es más un hobby para disfrutar con los progresos y el cambio de conocimientos de cuando estudiamos hasta la actualidad. Contemplar la bella panorámica de la perspectiva. Ahora lo primero son la familia y las personas. Antes me ocupaban más los pacientes; ahora procuro otro tipo de relaciones con los demás, aunque muchos me siguen haciendo consultas.

Tras una actividad diaria de más de 40 años lidiando con gestores, compañeros, pacientes,… ¿con quiénes te ha sido más fácil o difícil entenderte?

Siempre me ha sido más fácil entenderme con las compañeras que con los compañeros —(“Curioso, Juan Antonio, a mi también me ha pasado lo mismo ¿por qué será? jajajá…”.)—. Las mujeres en general se identifican más fácilmente con nuestra forma de pensar, tienen una visión más amplia y práctica de las cosas con soluciones sencillas, a veces sorprendentes, y son más sensibles. Creo que aún, a pesar de los movimientos feministas, no se sienten tan rivales como los hombres; no sé entre ellas.

Cierto que a los que vengan detrás no les quedará otro remedio puesto que la feminización de la Medicina, en la sociedad toda, es abrumadora. Pero tranquilos, que estaremos en buenas manos y lo sabrán hacer mejor que nosotros.

Me he relacionado con muchos gestores. Los bienintencionados, ilusos y colaboradores han durado poco. No quiero decir que los otros fueran malintencionados sino que iban a lo suyo y a quedar bien, importándoles menos la realidad asistencial. Pero hay que saber lo que se puede conseguir de cada cual. A esto lo llamo coyunturalismo u oportunismo. A un gerente le parece un disparate concederte una cosa, y para otro el disparate es que no te la hayan dado antes.

Nuestra Unidad de Reanimación se consiguió con un gerente bastante cicatero y economicista que un buen día se lamentó, como queriendo culparnos, de las largas listas de espera que había para determinados procesos que en el postoperatorio requerían cuidados críticos. De golpe le espeté que eso yo se lo podía resolver en menos de un mes. Debió pensar que tenía alguna carta importante que jugar ya que me preguntó cómo lo haría, y le contesté que nos montara una Unidad de Reanimación de 24 al Servicio de Anestesia. Y así se hizo en un tiempo récord.

Con los pacientes me he entendido muy bien, sin discriminación de género; nunca han sido mi problema sino mi debilidad. Son personas atribuladas, bajo una gran dependencia, que buscan en el médico solución, alivio o consuelo. Nada más gratificante que ver en sus ojos una luz de esperanza, y arrancarles una sonrisa de agradecimiento, cuando antes todo era ansiedad y angustia. Algunos expresan literalmente esta gratitud y alivio. Otros sólo dicen: “¡Que Dios lo ayude mucho!”.

Juan Antonio Pino ha hecho sus “pinitos” (disculpen el chiste fácil y malo) en el cine a través de un vídeo informativo para los paciente de Preanestesia, que alcanzó una nominación para premio en Videomédica 2000 en Badajoz, y fue también nominado, para premio especial a la mejor película de la Especialidad, en 2001 en Santiago de Compostela.

Curioso e infatigable, como lo demuestra su asistencia a los dos últimos congresos mundiales, el Dr. Pino Capote, médico y humanista de los de antes, ha sabido adaptarse perfectamente al vertiginoso desarrollo asistencial y tecnológico de nuestra carrera: ha sido y sigue siendo ejemplo de profesionalidad y humildad para varias generaciones de anestesistas que se han formado a su sombra y que, siguiendo su estela y sus directrices, y aplicando sus métodos con rigor, conforman un Servicio puntero en nuestra Sanidad.

Eladio Frías Tejera , Adjunto a la Dirección.

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«Resulta gratificante, heroico, y es una verdadera lección de humanidades, celebrar homenajes a personas vivas. Reconocer los méritos sin el valor añadido de la muerte. Decir las cosas exactas y buenas en la presencia, y no cuando la ausencia ha sepultado el mayor pecado del hombre: la envidia de los demás. En la sepultura entierran el cuerpo de uno y la envidia de los otros; el que muere se lleva a la tumba los recelos ajenos. Entonces, resulta fácil y cómodo hablar de él y exaltar sus méritos, como si la objetividad necesitara de la distancia para expresarse«.

ENRIQUE GONZÁLEZ en una conferencia.

[ElPaso}— El Dr. Taño Pino: Habitó entre nosotros / Juan Antonio Pino Capote

 Juan Antonio Pino Capote

Como una estrella fugaz pasó ante nosotros con brillante luz propia incandescente y dejando tras su marcha una estela de bondades.

clip_image001Dr. Francisco Taño Pino. Foto cortesía del Dr. Juan Antonio Pino Capote, autor de este artículo.

Su pragmatismo sincero y sencillo, y su trato, siempre afable y directo, hicieron que su estancia entre nosotros despertara nobles sentimientos de cariño, respeto y admiración, sin entrar en detalles de su gran valía profesional.

Seguí con interés especial la trayectoria profesional de Taño, por ser de mi pueblo natal, El Paso, en La Palma, aunque con dieciséis años menos que yo. Hizo la especialidad en el mismo hospital en que yo trabajaba, el de La Candelaria. Así pude contemplar, con orgullo de paisano, sus rápidos progresos y sus cualidades humanas.

Aquel niño de El Paso se convirtió pronto en alguien de quien yo tenía que aprender más que Medicina. Fue mi médico y cirujano, pero además me enseñó otras cosas, como su fibra poética y su capacidad literaria. Como los grandes poetas, no le importaba a donde iban sus poemas.

Una mañana que me lo encontré en el área quirúrgica, hablamos de mi salud y de la suya, que ya empezaba a no ser buena. Tuve la impresión de que no quería inquietarme y me contestó un escueto “Estoy bien”.

Una cosa es estar bien y la otra es sentirse bien. Súbitamente se puso a escribir en el reverso de un sobre que yo llevaba en la mano, me lo devolvió y desapareció como diciendo: “Ahí queda eso”. Era un poema que además contenía referencia a los signos de identidad de nuestro querido pueblo natal, el pino y la brisa.

Mi desconcierto y mis sentimientos me dejaron anonadado. Lo bueno de la poesía es que cada cual la interpreta como quiere. La debida lealtad me obliga a compartir esto para que el lector lo interprete como quiera:

clip_image002No puedo precisar bien la fecha pero sí que fue unos meses antes de que él enfermara grave y definitivamente. La trascripción que hago es la siguiente:

Habitaré en el corazón
de un pino verde quebrado,
por la brisa maltratado
hasta perder su razón.

Me tendrás en la estación
entre la tierra y el cielo
para que se rompa el hielo
cuando tus ansias me llamen
y el corazón se derrame
hasta sentir el consuelo.

                                        Taño

La elegancia del pensamiento hace estas cosas…

(Artículo publicado en la revista Acta Médica de Tenerife de septiembre/2008).

***

NotaCMP.- Los restos del Dr. Francisco Taño —con quien me une un parentesco lejano por cuanto compartimos tatarabuelo— fueron cremados en Santa Cruz de Tenerife, donde murió, y las cenizas llevadas a su querido pueblo natal, El Paso, y esparcidas, por su manifiesta voluntad, en torno al pino donde jugaba cuando era niño. Creo que a ese pino se refiere su bello poema.

[*ElPaso}– Acto de presentación de «Memorias al viento», poesías de Antonio Pino Pérez: Intervención de su hija, Rosario Pino

El Paso, 26 de agosto de 1982

Rosario Pino Pérez

Mi presencia aquí, y mis palabras, sólo se justifican por razones afectivas. Este acto de presentación del libro de poesías de Antonio Pino tendría un carácter muy distinto en cualquier otro contexto; pero en esta Isla, en su Pueblo y con todos nosotros aquí, se torna un acto, sobre todo, entrañable, cordial.

Lo que yo pueda decir no pretende ser un retrato cabal de Antonio Pino, sobre todo porque me faltaría el distanciamiento crítico necesario para tomar la perspectiva adecuada. Tampoco quiero que sea una exaltación de su persona, a la que naturalmente me sentiría inclinada por la admiración que tuve siempre por mi padre y que se acrecienta al paso del tiempo, por esa dinámica del “optimismo del recuerdo” de que hablara Bergson. Y, por supuesto, sobraría en este contexto una nota biográfica que, por otra parte, está incluida en la solapa del libro objeto de presentación. Únicamente intentaré poner de relieve algunas de las que, a mi parecer, eran líneas dinamizadores de su persona, ideas básicas, con las que intentó ser coherente en sus actuaciones.

Para los que le conocieron, y creo que son la mayoría de ustedes, no aportaré nada nuevo porque —y ésta es una de las primeras cosas que debo subrayar— él era, según sus propias palabras, “de esos hombres abiertos, derramados…”. No hacía falta tener un contacto diario ni demasiado íntimo con él, para conocerlo, para saber de sus ocupaciones y preocupaciones, de su forma de sentir la tierra y, en general de su talante.

“De esos hombres abiertos, derramados, que dicen con rudeza cuanto sienten…” pero que también callaba por fidelidad a los secretos que se le confiaban o por elemental prudencia. Y decía, no sólo con rudeza, también con ironía unas veces y con exquisita delicadeza otras, como cuando nos recitaba sus propios verso o los versos de sus poetas preferidos, que guardaba en su envidiable (al menos para mi) memoria.
Entre esos muchos poetas preferidos figuraban León Felipe y Antonio Machado. Yo diría que se sentía muy identificado con el poema “Romero” del primero y con el “Autorretrato” del segundo, al menos en gran parte de este.

De Felipe:

“Ser en la vida romero,
romero solo que cruza
siempre por caminos nuevos,
pasar por todo una vez,
una vez solo y ligero.
Que no se acostumbre el pie
a pisar el mismo suelo”.

Creo que le molestaba la vida rutinaria y monótona, y así, en su trabajo profesional, muchas veces mecánico, encontraba la novedad diaria que le ofrecía el trato cercano y cordial con los pacientes que asistían a su consulta.

“Ligero siempre ligero”… Trató de no tener lo que el llamaba “impedimenta”, refiriéndose a todas aquellas cosas que dificultan nuestra andadura en la vida, distrayéndonos de lo fundamental. Se sentía con las raíces bien hundidas en la tierra, pero quería seguir creciendo, como los pinos que tantas veces contempló y de los que tanto le gustaba oír el suave murmullo en el diálogo con la brisa cuando los besa y acaricia.

Como Machado, acudió a su trabajo mientras pudo, para ganar el sustento”el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho donde yago”. No se creó falsas necesidades ni se afanó en acumular riquezas, y así, según su deseo, lo encontró la muerte: “ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar” del poema machadiano.

Creo que tuvo una obsesión en su vida: buscar la verdad. La buscó en los libros —lector incansable— pero, sobre todo, la buscó en la vida . Era muy frecuente encontrarlo ensimismado repensando los acontecimientos, los encuentros… Cuando descubrió metas, a su parecer valiosas, se puso todo entero a luchar por conseguirlas, intentando ser fiel a lo que le parecía justo. Pues, como dice en su poema “Epifanía”, en la vida tenemos que cumplir una misión, y lo que importa es ser fieles y abnegados en la lucha. La vida “es sólo un acto de servicio”, son sus palabras, y vale la pena el empeño por servir sin escatimar energías. Dice en su autorretrato:

                                 SOY

“De los que viven y se dan confiados,
y en alegría su dolor convierten,
ni la traición ni el desamor advierten
a sus propios amores consagrados

De los que alcanzan luz entre las sombras
y, cuando pasan, ni el rencor los nombra
porque en la vida fueron generosos”.

Pero, como dije al comienzo, no pretendo hacer ni un retrato completo ni un panegírico. Termino, pues, recordando aquellos últimos días de septiembre de 1970, en que se fue de entre nosotros. Me sobrecogió saber que, el día que nos dejaba, los pinos de la Cubre Nueva se incendiaron como en un postrero adiós al que tanto empeño había tenido en darles vida. Y ya en el cementerio, entre el olor a romero, corre la noticia de un pequeño accidente ocurrido al sepulturero. Le dan sepultura sus amigos, como para hacer que se cumplieran aquellas palabras del poema “Romero” que tanto a él le gustaba:

“No sabiendo los oficios
los hacemos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos,
cualquiera sirve,
cualquiera,
menos el sepulturero”.

[*El Paso}– Acto de presentación de «Memorias al viento», poesías de Antonio Pino Pérez: Intervención de Miguel Ángel Pérez Taño

El Paso, 26 de agosto de 1982

Miguel Ángel Pérez Taño
(Abogado y amigo del autor. Actor en la representación de una obra suya).

Yo no soy la persona idónea para tomar parte en este acto, pues la gran categoría humanística de Pino requiere un mayor conocimiento de su vida y de su obra que el que tengo yo y, por supuesto, mayores dotes de exposición.

Sin embargo, hay una circunstancia que hace que yo esté aquí en este momento, y ella es que hace treinta y pico años recité una poesía en aquella representación alegórica que en este pueblo se conoce en el nombre de “El Carro”. Es decir, que a los organizadores de este acto les ha valido esta circunstancia como para que yo venga aquí nuevamente a recitar esa misma poesía. Pero esta vez, además de leer la poesía, voy a hacer un simple análisis de ella; es tan simple que podría decirse en poco, pero comencemos por leer la poesía:

Soy un pobre campesino;
no tengo palabras bellas
para contar mis querellas
a tu corazón divino.

Pero hacia Ti me encamino
con una oración ferviente,
cual un viejo penitente
que, aunque de torpes maneras,
sabe bien que tú lo esperas;
esperanza del creyente.

Tú me diste paz, consuelo,
un hogar sin inquietudes
y perfumadas virtudes
que embalsamaron mi anhelo.

Cuando contemplé ese cielo
siempre admiré tu grandeza
y bendije mi pobreza
obedeciendo tus leyes.
Fui más grande que los reyes
sintiendo Tu Realeza

Luchando con alegría
tuve fe, Señor clemente,
cuando arrojé la simiente
que por tu amor brotaría.

Y en un milagro nacía,
y en otro en frutos cuajaba,
y agradecido rezaba
a tu bondad infinita
por la cosecha bendita
que mis esfuerzos premiaba.

Cuando herido de traiciones
sentí sangrar mis heridas,
cuando en las horas temidas
me acosaron las pasiones,
recordé las oraciones
que mi madre me inculcó

y de nuevo a Ti volvió
mi espiritual sencillez
con esa grave honradez
que esta tierra me enseñó.

Sobre la tierra curvado
—profunda interrogación—
yo escribí tu religión
con los surcos de mi arado.

Y sepulté mi pecado,
mal cizaña en mí nacida
junto a simiente escogida
que con mi sudor regaba,
y con dolor enterraba
porque eran mi propia vida.

Señor, yo quisiera darte,
—ya que a mi pueblo le das
tu nombre que vale más
que cuanto pueda ofrendarte—
algo que pueda agradarte,
como una inmensa oración

donde te implore perdón
fundido en eterno abrazo
todo este pueblo de El Paso
del Sagrado Corazón.

Mas, soy tan pobre, Señor,
que de nada al fin soy dueño
porque hasta tuyo es el sueño
que mitiga mi dolor.

Tuyo el prodigio de amor
que en mis noches amanece,
y el milagro que florece
luz de tus ojos abiertos
en los almendros despiertos
donde tu luz esclarece.

Nada tengo que ofrecerte
como no sea obediencia
ante el temor de ofenderte,
servirte y obedecerte
para tu gracia esperar
y, mientras viva, rezar,
pedirte a voces perdón
y entregarte el corazón;
lo más que te puedo dar.

Ésta es la poesía escrita en el año 1949, y que para mí es el diálogo del campesino con Dios. Es el único diálogo que el campesino podía hacer en 1949. Y, por Dios, quiero decir que esto no es un juicio valorativo. No, no me estoy metiendo en eso; pero en 1949 el campesino o dialogaba con Dios o no dialogaba. Es un diálogo, y aunque el parlamento del campesino tiene mucho de confesión y de plegaria, cuando se presenta y dice que es un pobre campesino, que no tiene palabras bellas, que tiene torpes maneras, en definitiva, que no sabe expresarse, dice más adelante que su fe es inmensa cuando se desprende de la simiente y esa simiente brota y germina y le produce una gran cosecha.

También aparece la palabra de Dios en la poesía ésta, que me limito solamente a comentar, porque en esta poesía hay pobreza, hay honradez, hay sencillez, hay humildad. Y, a pesar de todo, hay optimismo, hay fe, hay esperanza; ésta también es la palabra de Dios. Cuando un hombre es pobre, es sencillo, cuando está curvado sobre la tierra por los esfuerzos del trabajo, y, encima, ese hombre tiene fe y tiene esperanza… para mí ahí también está la palabra de Dios.

Dentro de este dialogo posible —vuelvo a repetir que no es un juicio valorativo— que el poeta hizo para poner al campesino a hablar con Dios, y siendo esta poesía una inmensa declaración de fe religiosa, a pesar de eso, en la poesía se encuentran las características típicas que han acompañado al campesino durante toda su vida, que son la honradez, la pobreza, la sencillez y el trabajo.

Esto no son palabras que yo estoy inventando; son palabras que están aquí en la poesía, y que ustedes habrán oído; por ejemplo, hay una figura que es magistral, sobre todo cuando dice: “Sobre la tierra curvado / yo escribí tu religión / con los surcos de mi arado”. Esta frase es toda una imagen de un campesino. Pero dentro de esta poesía de total contexto religioso, aparece una frase, dos frases: “Cuando herido de traiciones / sentí sangrar mis heridas…” y a continuación dice: “Cuando en las horas temidas /…”. Es decir, que dentro de todo este contexto religioso de la poesía aparecen dos frases que no son religiosas: “Cuando herido de traiciones…”.

Yo he leído esto veinte veces y he llegado a la conclusión de que se trata de un alarido oficial. Se trata de que el campesino de aquella época puso en boca del poeta un alarido posible.

Hemos hablado del diálogo posible, y ahora podríamos añadir el ALARIDO POSIBLE dentro del DIALOGO POSIBLE. El poeta —y yo no soy la persona más idónea, como dije antes, para hablar de poesía y de este tema—, el poeta es el hombre que con su poesía nos habla de todo lo que tiene a su alrededor, incluido lo bueno y lo malo que le pasa al hombre; pero incluido lo bueno que le debería pasar al hombre. Es decir, que el poeta es algo así como un profeta, pero es mucho más. El poeta es más que el escultor, pues el escultor moldea el barro pero el poeta moldea al hombre, moldea las decisiones del hombre, presentes y futuras. Es el oficio más maravilloso del hombre.

Puede ser que esta poesía, “Plegaria del Campesino”, en cierta forma haya sido una prenda que al trascurso de los tiempos haya producido, o esté produciendo, sus efectos. En mi caso concreto, y por haber sido yo la primera persona que en público recitó esta poesía —y recuerdo bien que fue en una noche calurosa de junio, cuando el volcán de San Juan estaba desatado—, podría ser que entre poeta y actor se hubiese producido una simbiosis que al cabo del tiempo germinara en mi ese anhelo por la defensa de los derechos del campesino. Yo no sé si esto habrá sido así, pero yo desearía que así fuera.

Buenas noches.

[*El Paso}– Acto de presentación de «Memorias al viento», poesías de Antonio Pino Pérez: Intervención de Luis Cobiella Cuevas

El Paso, 26 de agosto de 1982

Luis Cobiella Cuevas

(Poeta, escritor y amigo. Licenciado en Química)

Entre el árbol, la piedra y la leyenda

(Coloquio con Antonio Pino)

Tú sabes —y ahora lo sabes de una manera definitiva, como quien desde el interior de una catedral contempla columnas, bóvedas y, al mismo tiempo, fachadas exteriores; como adviertes qué sencillo era el secreto de un enlace electrónico; como reparas en que el misterio de la Trinidad era un balbuciente intento de explicar el amor—-, tú sabes que, en estas circunstancias, es posible la trampa; posible y tentador, la trampa, sobre todo cuando intervienen los afectos.

Puede llorarse con “El Embargo” o con la última página de “El Principito”. En el primer caso son nuestros buenos sentimientos los explotados por Gabriel y Galán; en el segundo, la muerte de un niño maravilloso creado por Saint Exupery hace que lloren todos los niños del mundo encerrados dentro de cada hombre; sólo en este segundo caso las lágrimas provienen de arte ajeno; sin “El Embargo” sucede un compungimiento propio hábilmente provocado. El dolor ante la muerte es nobilísimo sentimiento que no implica valor poético alguno.

Tú no necesitas que ponga estos ejemplos para advertir que, cuando median los propios sentimientos, es posible que se disfracen de arte los afectos. Esta sala está llena de personas que te quieren, y corremos el riesgo de ensalzar tus versos, no por buenos sino por tuyos.

No hemos caído en la trampa. Para la edición se previno una ascética perspectiva. Si fue el afecto quien dio a luz la idea, los poemas fueron seleccionados desoyendo la simpatía y obedeciendo criterios suficientemente despegados de la carne; la elección se hizo cerca del arte y lejos de ti. Túlo sabes, pero nosotros necesitábamos saberlo de esta forma inequívoca que es decirlo.

Y necesitamos decirlo porque queremos proclamar la bondad de tus versos desde el afecto, contemplar su belleza con el corazón. También tú contemplas ahora, oyes tus versos, los abarcas definitivamente como aquella catedral mirada al mismo tiempo desde afuera y desde adentro, compruebas que ellos te ataron con más fuerza que la de los enlaces electrónicos. Entiende ya , ya sin balbucir, que el amor otorga eternidad (1).

Te equivocabas, pues. Creías que eras tú menos importante que el árbol, la piedra o la leyenda, cuando nos enseñaste a querer los caminos de El Paso. Frente a ellos te excluías. Tú mirabas afuera y nosotros contigo. Hoy sabes que también estabas contemplando entonces, al mismo tiempo que el entorno, un paisaje interior. El árbol, la piedra o la leyenda nos conmovían (2), eran también aspectos de tu corazón; y ello en tal forma que, ante el paisaje y tu recuerdo, hoy no sabemos quién es quién (3).

Hoy, sin haber muerto aún, te entiendo casi definitivamente. Es bien sencillo: tus versos pertenecen al árbol, a la piedra y a la leyenda, y con ellos y entre ellos, curan más que tu cuerpo porque durante (4) tu cuerpo, el árbol, la piedra y la leyenda pertenecieron a tu corazón.

Ahora, de una manera singular, árbol, piedra y leyenda te suscitan “desde Nambroque a la abismal Caldera” en un (5) libro cuyo acierto logran la cálida coherencia que con tus palabras alcanzaron los criterios de edición (papel, tipos, cortes, colores); la belleza tan hermana de los dibujos de Leal y Luis Capote; y esa tremenda suscitación de ti que hace Pedro Hernández en el prólogo, tú allí resucitado por su madura sabiduría, su elegancia sencilla, su amistad hecha cuidado delicado y cariñoso.

Todas las criaturas de tu libro —letras, dibujos, formas— en tu nombre transitan hacia la gracia y la inocencia “y se aligeran para alzar el vuelo” (6), mientras tú estás ahí, y puedo hablar contigo; tú en segunda persona, yo en primera, y en tercera este espíritu que, hecho carne, se llamó El Paso.

Que puedo hablar contigo. No otra cosa es lo que quería decirle, hace unos días, a Rosario

***

(1). El amor que, padre, pusiste en tus poemas hijos, les otorga el espíritu de eternidad.

(2) Nos conmovían, sí, nos movían juntos

(3) ”Sus versos… nos llevaban a las atinadas palabras del erudito crítico Pérez Minik, cuando, al ofrecer una sesión panorámica de nuestra poesía, dice que parece inclinarse ‘hacia una inteligibilidad de la Naturaleza y del hombre como paisaje; y este paisaje lo mismo da que sea exterior que interior. Pues a este paisaje y a este hombre quiso acercarnos con sus poemas Antonio Pino, y también Pedro Hernández en el prologo

(4) ‘durante, participio presente de durar, juntamente con su función adverbial común. La expresión ‘durante tu cuerpo’ tiene también valor de ablativo absoluto.

(5). Poema ‘Tú siempre’ Pág. 63

(6) Poema ‘Soy’, Pág. 79.

[*ElPaso}– Fiesta del Sagrado 2008 – Arte del pueblo pasense

Carlos M. Padrón

El pasado domingo, 1 de junio, se celebró en El Paso la fiesta del Sagrado Corazón, pero, a diferencia del año pasado, éste no estuve presente.

Sin embargo, Roberto González Rodríguez tuvo la cortesía de enviarme por e-mail varias fotos de los “enrames” (que así se les llaman en el pueblo) hechos por algunos barrios. Y María del Pilar Simón Martín, y Mari Carmen Taño Padrón —ambas de mi familia, la primera por parte de mi madre y la segunda por parte de mi padre— me dieron la lista de los principales materiales usados para realizar tales enrames. Vaya mi agradecimiento para los tres.

MATERIALES

• Arvejas
• Arroz molido (para humanos y para perros)
• Brezo
• Cáscara de huevo molida y teñida
• Flores de vinagrera
• Flores de pino
• Flores secas, de camelias y esterlizias
• Habas
• Judías (alubias, caraotas) negras y blancas
• Lentejas peladas
• Linaza
• Maíz (corriente y de cotufas)
• Mijo
• Pipas de calabaza, bubango y girasol
• Siemprevivas
• Trigo

Al ver las fotos que siguen, que muestran algunas de las CREACIONES DE LOS BARRIOS, téngase presente, por favor, que lo que muestran fue hecho con varios de estos materiales, con gran creatividad y mayor amor por el pueblo de El Paso.

Barrio PASO DE ABAJO

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Barrio LA ROSA

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Me gustaría saber qué pintan las geishas en este lugar y con este motivo. No les veo relación alguna con la Fiesta del Sagrado, ni con la historia, la tradición y la cultura de nuestro pueblo..

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Barrio CAMINO VIEJO

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Barrio EL BARRIAL

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Barrio TENERRA

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Barrio FÁTIMA

Por el barrio de Fátima, Santiago González presentó, en el espacio que por años le ha sido asiganado a Fátima

y con la maestría que le es característica, ilustraciones de Fe, Esperanza, y Caridad, Resurrección, un tríptico, y el escudo de El Paso.

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[*ElPaso}– Acto de presentación de ‘Memorias al viento’, poesías de Antonio Pino Pérez: Intervención de Braulio Martín

Braulio Martín
(Profesor de EGB y amigo del autor)

Sólo unas palabras, pocas, muy pocas; palabras que más bien van a ser dictadas por mi corazón que por el cerebro; palabras que quiero pronunciar en recuerdo y homenaje, sentido, sincero y emocionado, no sólo del poeta Antonio Pino, sino más bien del Antonio Pino humano y del Antonio Pino patriota, de quien aprendí a amar a nuestro pueblo.

Permitidme que rememore aquellos encuentros domingueros que nosotros teníamos, precisamente aquí, en el Monterrey, donde Antonio Pino me hablaba de sus problemas, de los problemas de su pueblo, de la historia de su pueblo; donde me leía y recitaba en primicia muchos de los versos que figuran en el libro que se ha de presentar esta tarde. Otras veces también me deleitaba recitando poemas como los de Guillén, poeta que él conoció en la Habana; de Chamizo a quién solía llamar el tinajero de Camus; pero, sobre todo y como ya ha dicho su hija, los poemas de sus poetas predilectos, Antonio Machado, y yo voy a añadir otro: Tomás Morales.

Recuerdo un día en que yo le contaba que cuando vi en Londres la estatua de Horacio Nelson, lo que me llamó la atención fue ver aquélla estatua tan alta, sobre un pedestal enorme, que posiblemente alcanza el medio centenar de metros, y pregunté: “¿Por qué esto es tan alto?”. Me contestaron: “Porque Nelson, aún después de muerto, tiene que estar viendo el mar”. Y entonces Antonio me comentó, con ese temperamento fogoso que él tenía: “¡Parece hasta mentira lo que han hecho con Tomás Morales!. Esos ingleses sí que tienen sentido. ¿Tú has visto la estatua, que la tienen de espaldas al mar?”.

Pues bien, esto me indica y abro un interrogante ¿Serían sus poetas preferidos Machado y Tomás Morales? Dejo sin contestar este interrogante porque yo quiero destacar, yo quiero decir unas palabras de este hombre que dedicó plenamente su profesión al servicio de todos sus semejantes pero, sobre todo, al servicio de los humildes y débiles económicamente.

Me consta, porque se lo oí decir un día en que le hablaba y le decía: “Antonio, tú estás cobrando unos honorarios irrisorios; esto tienes que aumentarlo”. Y me contesta: “Mira, Braulio, cuando me vienen a pagar los trabajos que realizo, y cuando yo veo que el dinero que me traen está en distintas monedas de cien pesetas, de veinticinco pesetas —voy a decirlo con las frases de él—, siento que ese dinero me quema las manos. ¿Sabes por que? ¡PORQUE HABÍAN RASPADO LA JARRA!”.

Pero, sobre todo, no solamente es esta dimensión humana, la de Antonio, sino la dimensión cívica, el cariño que Antonio tuvo por su isla, pero sobre todo por su pueblo. A mi me consta —y todos vosotros lo sabéis, pues no es ningún secret—, que los últimos años de su vida se los pasó luchando por recuperar el PATRIMONIO de NUESTRO PUEBLO que, por ignorancia de unos y por habilidades de otros, se había perdido.

La última vez que hablé con Antonio fue en la Clínica, en Santa Cruz de Tenerife; ya él físicamente derrumbado pero con su mente lúcida. Con voz débil, que nos pasamos todo el tiempo haciendo un esfuerzo, no hacía sino hablarme de aquel problema por el que luchó de esa forma tan leal y con una entrega enorme, como hizo durante todos los años de su vida.

Y voy a terminar; voy a terminar lanzando una idea, y esta idea es que a nuestro hijo predilecto, que ya ha dado nombre a una calle por acuerdo de nuestro Ilustre Ayuntamiento, se le haga una estatua o algo parecido, pero que sea por suscripción popular. Que no sea por entidades oficiales, y que se coloque en el sitio que sea, pero con una condición. que sería la que a él le habría gustado: ¡MIRANDO HACIA EL NORTE!. Y nada más.