[Hum}— Sorpresas que da la vida

Una noche, un señor muy bien vestido paró un taxi y le pidió pide al chofer lo llevara a su casa.  Al pasar por la zona rosa de la ciudad, reparó en una mujer muy llamativa, ataviada con un vestido rojo, muy descotado, muy corto y muy ajustado, que entraba un night club

Como la mujer le pareció familiar, le pidió al taxista que aminorara la marcha y pasara cerca de la entrada del local. Una vez hecho esto, el señor le pidió entonces que diera la vuelta a la manzana y se detuviera frente al local, y metiendo la mano en su bolsillo sacó un billete y le dijo al taxista:

—Mire, amigo, aquí hay quinientos euros. Son suyos si saca a la mujer vestida de rojo que acaba de entrar ahí. Pero, eso sí, la saca a patada limpia, ¡¡sin contemplaciones!!, pues esa desgraciada es mi mujer.

El taxista, que jamás había visto tanto dinero junto, aceptó de inmediato y entró en el night club. A los diez minutos salió gritándole toda clase de improperios a una mujer que sangraba profusamente mientras él la arrastraba por los pelos.

El señor que esperaba en el taxi le echó una ojeada a la mujer y, al reparar en que estaba vestida de verde, se bajó enseguida del taxi para evitar que la confusión ocurrida le causara más daño a una inocente. Así que corrió hasta el taxista gritándole:

—¡Señor, señor! ¡¡Deténgase que ésa no es!! ¡¡Ésa no es mi mujer!!

Jadeando y echando fuego por los ojos, el taxista le respondió: 

—Tranquilo, amigo, que ésta es la mía. ¡Ahora voy por la suya!

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