Arce y Rojas: el mártir palmero de la película ‘La misión’
Nació en Santa Cruz de La Palma en 1651 y se convirtió en un infatigable misionero por toda Hispanoamérica que prestó ayuda a los más necesitados durante casi cuarenta años.
Arce y Rojas: el mártir palmero de la película ‘La misión’
Nació en Santa Cruz de La Palma en 1651 y se convirtió en un infatigable misionero por toda Hispanoamérica que prestó ayuda a los más necesitados durante casi cuarenta años.
Con motivo de las elecciones autonómicas celebradas este 4 de mayo en la Comunidad de Madrid (España), se recuerda que las formas 4-M y 4M son válidas para abreviar la fecha.
En los medios
Aunque en combinaciones de cifras y letras ha sido tradicional la inserción de un guion, la tendencia actual es suprimirlo en las fechas: 4M. La ortografía académica dice al respecto: «En las siglas formadas por letras mayúsculas y elementos no alfabéticos (que pueden presentarse también intercalados), es cada vez más frecuente, y resulta admisible, prescindir del guion sin dejar espacio».
En este caso concreto de las fechas, no obstante, hay que tener en cuenta las posibles confusiones que se puedan derivar del uso de la O para octubre, pues 21O es muy similar en su forma al número 210 (doscientos diez); en este caso quedaría mucho más claro mantener el guion: 21-O
De este modo, los ejemplos mencionados son válidos, si bien, según la tendencia actual, en los dos últimos se podría haber prescindido del guion.
Cualquiera que sea el criterio adoptado para abreviar las fechas (con guion o sin él) conviene aplicarlo de modo uniforme.
Tres hombres llegaron, casi al mismo tiempo, a la puerta del cielo. San Pedro salió a recibirlos y les dijo:
—Tengo malas noticias para dos de ustedes. Estamos confrontando problemas en nuestra área de admisiones, y esta semana sólo puedo dejar entrar a uno de los tres. Los otros dos bajarán al Infierno, donde tendrán que sufrir atroces torturas durante unos días hasta que solucionemos nuestro problema de admisión. Lamentablemente, no puedo hacer otra cos, así que aquél de ustedes que cuente la mejor historia acerca de cómo murió será el que pueda entrar en el Cielo hoy.
Los tres hombres aceptaron, y San Pedro los hizo pasar a su oficina, pero de uno en uno, para que los otros no escucharan la historia que ese uno contara, y mejoraran entonces la propia con algún adorno. El primer hombre pasó y empezó a relatar su historia:
—Yo sabía que mi mujer me estaba engañando, así que me dirigí a mi casa a media mañana; subí por la escalera, para no hacer ruido con el ascensor, los 25 pisos del edificio; abrí de golpe la puerta de mi apartamento, y allí estaba ella, la muy desgraciada, totalmente desnuda y tirada en el suelo. Yo sabía que la había pillado in fraganti, estaba seguro, así que recorrí todo el apartamento en busca de su amante. Miré arriba, abajo, debajo de la cama, en todos los armarios, pero ¡nada! Estaba ya a punto de pedirle disculpas a mi mujer por ser tan mal pensado, cuando, mientras ella me decía que siempre hacía gimnasia desnuda, oí unos extraños ruidos en la ventana: ¡scratch, scratch, scratch! Abrí la ventana y allí estaba el desgraciado, colgando agarrado al marco. Agarré mi bate de béisbol y le di en la cabeza. Vi como caía al vacío, pero tuvo suerte y aterrizó sobre un montón de maleza, y ¡comenzó a moverse! Desesperado porque se me escapaba, cogí la nevera y la arrastré hasta la ventana. Con gran esfuerzo la monté sobre el marco y, al empujarla para que cayera sobre el maldito tipo y terminarla de matarlo, se me enganchó en ella la camisa, caí arrastrado por su peso, y así encontré mi muerte. Pero al menos estoy feliz porque también acabé con el amante de mi mujer.
San Pedro no podía ni siquiera imaginar una historia más increíble. Asombrado aún, hizo pasar al segundo hombre quien contó la siguiente historia:
—Bueno, yo era limpiador de ventanas, y estaba haciendo tranquilamente mi trabajo en un piso alto cuando una de las cuerdas se rompió repentinamente. Me agarré de la plataforma, pero se me fueron resbalando mis manos hasta que caí al vacío. Levanté las manos pensando en mi muerte y esperando que Dios me recogiera. Afortunadamente logré agarrarme al marco de una de las ventanas del edificio, y pensé “¡¡¡ME SALVÉ!!!” mientras daba gracias a Dios por ello y, para que la gente que estaba dentro del edificio me salvara definitivamente, empecé a arañar en la ventana cuando un hombre la abrió y ¡¡¡con un bate de béisbol me pegó un tremendo golpe en la cabeza!!! Sin poder evitarlo caí al vacío maldiciendo a esa mala persona, pero mi ángel de la guarda me permitió seguir viviendo porque me hizo caer sobre un montón de maleza. Cuando conseguí abrir los ojos para dar gracias por tanta fortuna, vi que una nevera se me venía encima. Sin duda, ése era mi destino y así encontré la muerte.
San Pedro, en el colmo de la estupefacción, hizo pasar al tercero y último hombre y le dijo:
—Hijo, más vale que tengas una muy buena historia porque las dos anteriores ¡¡son realmente son increíbles!!
Sin inmutarse, el hombre respondió:
—OK, imagínate la situación de esto que voy a contarte. Yo, en pelotas y muerto de frío, estaba escondido en una nevera……