[LE}– Elogio y descrédito de la cortesía: piropo, cumplido, halago

2014-11-18

Amando de Miguel 

Los contactos efímeros entre conocidos se tornan cada vez más bruscos. Hasta el escueto gracias se hace cada vez más raro.

Una de las alteraciones más llamativas en el lenguaje coloquial es la progresiva eliminación de las fórmulas de cortesía que indican respeto al prójimo. Incluso se definen como «cumplidos» poco menos que hipócritas.

De tal suerte que los contactos efímeros entre conocidos se tornan cada vez más bruscos. Hasta el escueto ‘gracias’ se hace cada vez más raro. Tiende a sustituirse por el hasta luego, aunque no quede claro ese inmediato tiempo futuro en el que vayan a coincidir otra vez los interlocutores.

Resulta hoy impensable repetir el cruce de halagos que se decían nuestros bisabuelos bien educados, preferentemente entre una mujer y un hombre:

?Muchas gracias, señor.
?Las que usted tiene, señorita.

La contestación anterior equivale a la fórmula del «piropo» (en griego, fuego artificial), que hoy más bien repugna por haber perdurado como grosería.

Han quedado arrumbadas otras fórmulas de saludo lisonjero. Por ejemplo, «dichosos los ojos» (que te ven), «el gusto es mío» (como respuesta a «tanto gusto»), «a la paz de Dios» (traducción del árabe y el hebreo). Todas esas fórmulas, y otras aún más adornadas, se ven sustituidas por el incoloro «hola», que a nada compromete.

La actual tendencia a reducir la afectividad del saludo lleva a esta progresión: (1) «Buenos días nos dé Dios». (2) «Buenos días». (3) «Buenas».

Por influencia del inglés o del catalán, ahora pasamos en castellano a desear «buen día», en singular. Parece una cominería.

La gran innovación coloquial de nuestro tiempo es el «¿vale?» interrogativo que se añade a cualquier frase para lograr la aquiescencia del interlocutor.

No equivale al magnífico vale latino, que se traduce por «cuídate». Es una pregunta obsesiva que no espera contestación y que sirve para seguir en el uso de la palabra. Cumple asimismo esa función el reiterativo «¿sabes?».

Se emplea especialmente por teléfono para poder seguir hablando. Otra variante es «¿no?». Son preguntas retóricas que no esperan contestación. Puede que ni siquiera se oigan.

La gran novedad del lenguaje coloquial de hoy es la introducción de palabras gruesas en el diálogo, incluso por parte de mujeres y niños. Al reiterarse tanto los tacos, pierden un poco su significación grosera para convertirse en meras exclamaciones.

En tal caso sirven para que el hablante sea más enfático y persuasivo. El uso reiterado de lo que antes eran palabrotas, desprendido ya del tabú, sirve para que la conversación se desenvuelva en un tono amistoso, afectivo.

Es un propósito que a los españoles nos preocupa mucho, quizá por un paradójico temor al conflicto en las relaciones personales.

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[*ElPaso}– Menos mal que Nicolasa no supo esto acerca de los besos en la boca

18-11-14

Carlos M. Padrón

Allá por la década de los 50 del siglo pasado, conocí en El Paso a Nicolasa, una mujer a quien el solo pensamiento de besos en la boca le provocaba náuseas.

El mayor deseo de su novio, mientras fue tal, era que Nicolasa le diera un beso, pero cada vez que él le pedía eso, ella amenazaba con poner fin a la relación, así que, si hemos de hacer caso a lo que la propia Nicolasa contaba, su matrimonio se consumó y «funcionó» por muchos años sin que en los virginales labios de ella se posaran jamás los de un varón.

Esto no obstante tuvo dos hijos, y un día, cuando frente a una pareja joven y vecina de ella proclamaba con ánimo aleccionador lo asqueroso que era el beso, esta pareja quiso jugarle una mala pasada y, sin más, se dieron un beso en la boca, ante lo cual Nicolasa emitió un horrible grito de asco y corrió hacia el baño a vomitar, después de lo cual regresó junto a la pareja y les prodigó una sarta de insultos que iban desde cochinos a degenerados y, maldiciendo aún, puso rumbo a su casa hecha una furia.

Años después, cuando Nicolasa había alcanzado la tercera edad y la viudedad, confesó que el último deseo que, ya en su lecho de muerte, le formuló su marido, fue que le diera un beso en la boca, pero, según las confesiones de Nicolasa, el pobre hombre se fue al otro mundo sin haber conseguido ése su más caro anhelo.

Tal vez Nicolasa era simplemente anormal o, lo que es más probable, fue una víctima más, aunque muy destacada, de la educación maldita —oscurantista, interesada, manipuladora, antinatural, sectaria y aberrante— que por años nos impuso el dúo franquismo-Iglesia, y que dañó de forma permanente, y en mayor o menor grado, la vida social y matrimonial de miles de jóvenes, una maldición que alcanzó a las generaciones descendientes de parejas aberradas que impusieron a sus hijos este nefasto modelo empaquetado en fanatismo religioso.

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18/11/2014

José Manuel Nieves

Ochenta millones de bacterias pasan de boca a boca en un solo beso

Ése es el precio que hay que pagar por un simple beso de diez segundos. Durante ese breve lapso de tiempo, en efecto, se produce una transferencia masiva de microorganismos entre los dos enamorados. El estudio, recién publicado en la revista Microbiome, también ha descubierto que las parejas que se besen un mínimo de nueve veces al día terminan teniendo en sus bocas el mismo tipo de comunidades bacterianas.

Un enorme y complejo ecosistema de cerca de 100 billones de microorganismos (una comunidad que recibe el nombre de microbioma) vive normalmente en el interior del cuerpo de cada ser humano. Y resulta, además, esencial para que podamos, por ejemplo, digerir los alimentos, sintetizar los nutrientes o prevenir un buen número de enfermedades.

Pero no todas las personas tienen el mismo microbioma. Su composición, es decir, el tipo de microorganismos que lo forman, se modela en cada uno de forma ligeramente diferente, y esas diferencias dependen tanto de la genética de cada individuo como de su alimentación o de su edad. Y también, por supuesto, del tipo de personas con las que se relacione.

Una de las zonas del cuerpo en las que esas diferencias resultan más evidentes es, sin duda, la boca. En ella, en efecto, pueden vivir hasta 700 variedades distintas de bacterias, y más que en ninguna otra parte de nuestro organismo esa variedad depende, también, de las personas con las que pasamos más tiempo.

Los autores de la investigación, con sede en Holanda, estudiaron a 21 parejas, a las que pidieron que rellenaran un cuestionario sobre su comportamiento afectivo, especialmente en lo referente a los besos, para saber con qué frecuencia, de media, unían sus bocas en ese gesto de cariño.

Después de lo cual tomaron muestras de sus bocas para investigar la composición exacta de las comunidades bacterianas, o microbiota, de cada uno, especialmente las de la lengua y la saliva.

Los resultados mostraron, sin lugar a dudas, que las parejas que se besaban con mayor frecuencia tenían comunidades bacterianas muy similares. Y esta «compenetración bacteriana» se acentuaba en aquellas parejas que se besaban, de media, nueve o más veces al día.

Remco Kort, investigador principal del estudio, afirma que «los besos más íntimos implican un contacto pleno de las lenguas y un intercambio de saliva que constituye un comportamiento único en la naturaleza y que resulta común en el 90% de las culturas conocidas. Las explicaciones habituales de la función que desempeñan los besos entre los humanos asignan, normalmente, un papel muy importante al microbiota presente en la cavidad oral, aunque los efectos exactos de esos besos nunca habían sido estudiados. Nosotros queríamos averiguar hasta qué punto las parejas comparten su microbiota oral. Y resulta que, cuanto más se bese una pareja, más similares serán sus comunidades bacterianas».

Los investigadores pidieron a las 21 parejas que se dieran también una serie de «besos experimentales controlados» para cuantificar con la mayor exactitud la transferencia de bacterias. Para ello, uno de los miembros de cada una de las parejas tomó una bebida probiótica que contenía diversas variedades específicas de bacterias, entre ellas, Lactobacillus y Bifidobacteria. Y los investigadores hallaron que, después de cada beso íntimo, la cantidad de total de esas bacterias que se transferían al receptor rondaba los 80 millones en un beso de diez segundos de duración.

El estudio también sugiere un importante papel para otros mecanismos capaces de afectar al microbiota oral y que son la consecuencia de un estilo de vida compartido, de los hábitos de alimentación y de higiene.

Un detalle curioso sobre el experimento: los investigadores pudieron comprobar, y aplicar a sus resultados para que las cifras no se falsearan, que hasta el 74% de los varones encuestados declaraban besar a sus parejas justo el doble de lo que decían ellas.

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[*Opino}– Va de gatos y perros

16-11-14

Carlos M. Padrón

Como nací y me crié en un medio agropecuario, conviví con gatos hasta que, a los 18 años, dejé El Paso, mi pueblo natal, y me mudé a un medio urbano.

Durante esos 18 años, tanto para mí como para todos en el pueblo, un gato era un animal utilitario que se tenía para cazar ratones, cosa que hacían mejor las gatas, pero presentaban el problema de que parían a cada rato y uno se enfrentaba a la necesidad de matar las crías o correr el riesgo de verse invadido por una legión de gatos que, al no disfrutar, por ser tantos, del roce directo con el ser humano, pasaban a actuar como lo que son: fieras.

Fue lo que le ocurrió a un vecino que se declaró enemigo de sacrificar las crías y en cosa de pocos meses comenzó a sufrir las constantes invasiones de decenas de gatos que vivían escondidos en un banco de tuneras (así llamábamos a la planta que da tunos, o higos picos; AQUÍ puede verse la imagen de una) cercano a la casa, y a diario se metían en ésta, y en las de los vecinos, a robar comida. Por si eso fuera poco, en las noches montaban unos escándalos que mantenían desvelado al vecindario.

Todos los intentos por conseguir domesticarlos fueron en vano, y no quedó otra opción que darles caza a tiros, pues los venenos, además de resultar peligrosos para otros animales, raramente funcionan con los gatos, que los detectan y no los comen.

Aunque en casa hubo un perro hasta cuando tuve unos 4 años, mi padre lo sacrificó porque un día mordió a un niño, y el padre de éste cino a presentarle al mío el correspondiente reclamo. Desde entonces, nunca más hubo perros en casa, y tal vez por eso viví con el desconsuelo de tener uno.

La pasión que por los perros mostró desde niña mi hija Alicia me llevó a traer a casa el primero, y desde entonces he convivido con ellos casi de forma ininterrumpida, y he aprendido lo que dice el artículo que copio abajo: el gato es una fiera disimulada; el perro es el mejor amigo del hombre.

También he aprendido que las más de las personas que no gustan de los perros no son muy fiables que se diga, como tampoco lo son los gatos.

Los amantes de ellos podrán decir misa, pero deberían leer bien el artículo que sigue.

Artículo(s) relacionado(s):

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16/11/2014

Por qué no deberías confiar en tu gato

Los gatos son pasivo-agresivos, inabordables emocionalmente, y son conocidos por su independencia. Aún así, son una de las mascotas más populares.

Hay una relación evolutiva para esta tensa relación. Los gatos, al fin y al cabo, siguen siendo salvajes en muchos sentidos. «A diferencia de los perros, los gatos en realidad sólo están semidomesticados», cuenta a Wes Warren, profesor de genética de la Universidad de Washington y coautor del primer mapa completo de los felinos domésticos, según recoge «The Atlantic».

Comparando las diferencias de ADN entre los felinos domésticos y los salvajes, Warren y sus colegas encontraron que las mayores diferencias están en los patrones de pelaje y en la docilidad. Y, los que menos, en los que influyen en el comportamiento, como la respuesta al miedo o la búsqueda de recompensas.

El origen de esta divergencia comenzó hace 9.000 años, cuando los humanos comenzaron a cultivar la agricultura. Los gatos salvajes comenzaron a acercarse a los humanos, que, como veían que ahuyentaban a los roedores, empezaron a recompensarlos con comida. Según la hipótesis de los investigadores, esos primeros agricultores tenían interés de que los pequeños felinos estuvieran a su alrededor.

Acostumbrados a los humanos

«La docilidad viene como resultado de haberse acostumbrado a recibir de los humanos comida como premio», según los investigadores. La pregunta es por qué no se han hecho más amistosos en estos nueve mil años.

Los gatos están más cerca de los carnívoros: son capaces de detectar el movimiento de su presa, tiene visión nocturna, una dieta rica en grasas y proteínas. Esto significa que, a diferencia de los perros, sus genes no han evolucionado para hacerse más dependientes de la comida de los humanos.

Esto demuestra la escasa influencia de la domesticación en la genética de los gatos, en comparación con el caso de los perros, según los investigadores. De hecho, según una reciente investigación sobre el genoma canino, los perros ya eran el mejor amigo del hombre cuando éramos cazadores, hace entre 11.000 y 16.000 años. Su dieta omnívora se desarrolló en paralelo a la evolución de los humanos al estilo de vida agrario.

¿Por qué los gatos siguieron siendo salvajes? La teoría de los investigadores es que las comunidades de gatos continuaron conviviendo con otros gatos salvajes, a pesar de rondar a los humanos. La verdadera moda de los humanos de convivir con ello no tiene mucho más de dos siglos.

Vinieron por los ratones, se quedaron por los restos de comida, y rondaron cerca de los graneros. No sólo es que los gatos sean salvajes en mayor parte, sino que queda mucho para domesticarlos.

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[LE}– Es ‘duelo’ si sólo entre dos

17/11/2014

El término duelo se refiere a la pelea o al combate únicamente entre dos, ya sean dos personas o dos grupos.

Por tanto, resulta inadecuado utilizarlo para enfrentamientos entre más de dos adversarios.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como 

  • «El duelo de las cuatro actrices nominadas se resolverá este domingo en la gala» o
  • «El motorista español venció en el duelo que mantuvo con los otros dos pilotos aspirantes al título».

La palabra duelo, tal y como está recogida en el Diccionario de la Lengua Española, tiene el significado de ‘combate, pelea o enfrentamiento entre dos personas o entre dos grupos’. Por lo tanto, si existen más de dos rivales, se recomienda utilizar alternativas como enfrentamiento, combate, pelea, desafío o competición.

Así, en los ejemplos anteriores, en los que se hace alusión a más de dos contendientes, habría sido preferible escribir

  • «La competición de las cuatro actrices nominadas se resolverá este domingo en la gala» y
  • «El motorista español venció en el enfrentamiento que mantuvo con los otros dos pilotos aspirantes al título en la última carrera del campeonato».

En cambio, sí son válidos frases como 

  • «La NBA abre la temporada con un duelo entre los dos equipos tejanos» y
  • «El duelo entre el presidente y el líder de la oposición se retransmitirá el jueves».

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