[LE}– Singularidades de la palabra española ‘coño’

17/02/2014

A. F. Vergara / I. G. Peña

Pese a los intentos, y los logros, de Camilo José Cela para incluir la palabra «coño» en el DRAE (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española), su pronunciación en el Congreso, en público, y en la tribuna, demuestra que su «especial sonoridad» hace que esté lejos de considerarse una palabra «refinada», aunque sí es de uso habitual.

Sólo tenemos que recordar que el presidente del Congreso, Jesús Posada, pidió disculpas el pasado miércoles 12 de febrero, y reconoció que debería haber tenido «más control» de sus propias palabras cuando se le escapó la palabra «coño» en el momento en el que trataba de imponer el orden en un rifirrafe del debate.

«Estas cosas ocurren. Realmente yo tenía que haber tenido más control de mis propias palabras, pero, en fin, pronuncié alguna interjección que no debía», decía Posada.

En el Congreso no es la primera vez que se oye esta palabra. El «¡Se sienten, coño!» de Antonio Tejero durante el fallido intento de Golpe de Estado del 23-F se hizo tan famoso que, tanto en películas, series y en conversaciones entre amigos, se ha reproducido hasta la saciedad.

Oda al órgano femenino

Buscando referencias sobre esta palabra en nuestra literatura, uno de los primeros autores que nos encontramos es Camilo José Cela, quien empleaba este término de forma muy habitual.

Es más, una de sus biografías, escrita por Gaspar Sánchez Salas, lleva por título «El coño de Don Camilo y otras anécdotas inéditas», lo que da cuenta de lo habitual que era en su vocabulario.

Precisamente fue el escritor gallego quien consiguió que la palabra «coño» se incluyera en el DRAE. Ya en el año 1968, en el preámbulo de su «Diccionario secreto», Cela se lamentaba porque el DRAE «ignora por ejemplo, la voz «coño» y no registra ningún cultismo que designe el concepto a que se refiere la palabra proscrita, con lo que se da el despropósito de que el aparato reproductor externo de la mujer no tiene nombre oficial en castellano».

Pero si seguimos con nuestro recorrido literario, no podemos dejar de hacer referencia a Juan Manuel de Prada, que publicaba «Coños» en el año 1994. Un libro de varios capítulos cortos, en cada uno de los cuales el autor describe la vagina de una mujer diferente. Un libro muy elogiado, por otra parte, por Francisco Umbral, otro de los autores de nuestra literatura que han contado en numerosas ocasiones con esta palabra entre sus expresiones más habituales.

¿Un término «sexista»?

Según el DRAE, la primera de las acepciones de la palabra «coño» hace referencia a la «parte externa del aparato genital de la hembra», y como interjección se utiliza para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado*.

En Chile, según este mismo diccionario, el término se puede traducir por «Español», y, tanto en este país como en Ecuador, puede ser un adjetivo con el significado de «miserable o tacaño».

Su origen es la palabra latina «cunnum», según explican Alberto Buitrago y Agustín Torijano en su «Diccionario del origen de las palabras (Espasa, 1998)», y, en este sentido, hace alusión a «cuño» que se forma en la zona pélvica de la mujer, entre las ingles.

En España, el término «coño» tiene unas connotaciones un tanto «sexistas». Cuando algo nos molesta, nos fastidia profundamente, usamos la palabra coño, en una referencia vulgar al órgano femenino. Lo mismo ocurre cuando nos aburrimos: «Vaya coñazo». Sin embargo, cuando un evento nos entusiasma exclamamos que «Es cojonudo», en este caso en referencia al órgano masculino.

En Italia la historia es al revés. Nuestros vecinos mediterráneos utilizan el joder —el «cazzo»— en una clara alusión a las partes íntimas del hombre, al igual que para señalar que una cosa es una tontería o gilipollez: «Che cazzata». Por el contrario, cuando una cosa encanta o sorprende, utilizan una palabra que menciona el miembro femenino, la «figa»: «Che figata», que se traduciría en un «Qué chulada».

Fuente

 

(*) NotaCMP.- Y a mí me extraña que nose mecione su uso para expresar sorpresa con, con tinte peyorativo, como en «¿Qué coño es eso?», dicho ante algo que nos choca.

[LE}– Siglas, acrónimos, y diferencias entre ellos

13/01/2013

A continuación se enumera una lista de claves para escribir adecuadamente las siglas y los acrónimos.

1. De acuerdo con la Ortografía de la Lengua Española, una sigla es un «signo lingüístico formado generalmente con las letras iniciales de cada uno de los términos que integran una expresión compleja»: BCE y ONU son siglas respectivas de Banco Central Europeo y Organización de las Naciones Unidas.

Para facilitar su pronunciación, muchas siglas incluyen más letras del comienzo de alguno de los términos, incorporan las preposiciones o conjunciones, o prescinden de la inicial de alguna palabra: Mercosur, Conacyt y Muface se desarrollan respectivamente Mercado Común del Sur, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y Mutualidad General de Funcionarios de la Administración Civil del Estado.

2. También se llama sigla a cada una de las letras que conforman esta clase de signos lingüísticos, de modo que puede afirmarse que BCE y ONU son siglas formadas a su vez por tres siglas cada una y puede hablarse de «la sigla BCE» o «las siglas BCE».

3. En concreto, se llama acrónimo a aquel tipo de sigla que puede leerse con naturalidad en español sílaba a sílaba: ONU es sigla y acrónimo, pues se lee /ó-nu/, a diferencia de la sigla BCE, que es sigla, pero no acrónimo, pues se lee deletreando: /bé-cé-é/.

En rigor, todo término formado por elementos de dos o más palabras es un acrónimo, con independencia de que forme sigla o no: docudrama, por ejemplo, es también acrónimo, a partir de documental y dramático.

4. Salvo que sea sobradamente conocida, la primera vez que se emplee una sigla se recomienda acompañarla de su desarrollo: en minúscula si este corresponde a un nombre común (IRPF se desarrolla impuesto sobre la renta de las personas físicas), y en mayúscula en el caso de los nombres propios (ONU se desarrolla como Organización de las Naciones Unidas).

5. Las siglas se escriben sin puntos abreviativos (ONU, en vez de O. N. U.), mientras que las abreviaturas sí los llevan: pág., Sr. o M.ª.

6. El plural de las siglas no se marca gráficamente con las que sí es correcto pronunciar en el lenguaje oral, de modo que lo apropiado es escribir las ONG, no las ONGs ni las ONG’s, aunque luego se lea /oenejés/.

7. Las siglas se escriben con todas las letras en mayúsculas y sin acentos (CIA, BCE, PC, OPV), salvo los acrónimos que son nombres propios y tienen más de cuatro letras, en los que sólo se escribe en mayúscula la inicial y se pone tilde o no en función de las normas habituales al respecto: Fundéu o Sareb.

8. Los acrónimos incorporados a la lengua como nombres comunes se escriben en minúscula, se acentúan gráficamente conforme a las normas habituales (euríbor, opa, pyme, sida, radar) y forman el plural de modo regular: opas, pymes, radares.

9. Se recomienda traducir las siglas extranjeras (UNO, de United Nations Organization, se transforma en ONU, de Organización de las Naciones Unidas), salvo que se trate de siglas que ya estén asentadas en el uso, correspondan a nombres comerciales, o presenten dificultades de traducción: IBM, de International Business Machines, permanece en inglés.

10. Las siglas y acrónimos que, por los motivos recién indicados, no se traducen, cuyo desarrollo corresponde por tanto a expresiones en otro idioma, se escriben en redonda, sin cursiva ni entre comillas: «Las grandes operaciones de la CIA, al descubierto».

11. Las siglas no se acentúan gráficamente (CIA, no CÍA), salvo en el caso de los acrónimos de más de cuatro letras que son nombres propios, que siguen las normas habituales del sistema de acentuación en español: Fundéu, Fitur.

12. Las siglas alfanuméricas, por ejemplo las de fechas señaladas, pueden escribirse con guion o, más habitual en la actualidad, sin guion: G20 y G-20.

13. Con siglas que empiezan por /a/ tónica, se emplea el artículo la cuando el núcleo de la expresión abreviada es un sustantivo femenino que en su forma desarrollada no comienza por /a/ tónica (la AMPA, de asociación de madres y padres de alumnos, pues asociación no empieza por /a/ tónica); mientras que se escribe el artículo el cuando dicho núcleo corresponde en su desarrollo a un sustantivo que sí comienza por /a/ tónica: el ALCA, de Área de Libre Comercio de las Américas, pues Área sí empieza por /a/ tónica.

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