[*Opino}– «La ciencia de los milagros», por Gregg Braden. Para meditar. (Reedición con texto completo)

Carlos M. Padrón

El vídeo que AQUÍ puede verse —pero, lamentablemente, no bajarse— dura una hora, está hablado en inglés y tiene subtítulos en español, aunque con bastantes errores, muchos de ortografía y algunos de traducción, que he corregido en esta reedición.

Sin embargo, el mensaje que quiere transmitir se entiende y, a pesar de que es largo, creo que vale la pena verlo, con mucha atención y más de una vez, hasta entenderlo bien.

Se podrá creer, o no, todo o parte de lo que en él se dice, pero a mí me dio una posible explicación a los hechos reales que me ocurrieron y que conté en los artículos Una experiencia ESP personal y Las Palomas de la Virgen, lo cual es ya bastante.

Apenas unos años atrás habría resultado menos creíble lo que en ese vídeo dice Gregg Braden, por lo que sospecho y deseo que, pasados otros pocos años, resultará más creíble todavía, aunque tal vez con algunos cambios y matices.

Ni nuestros ancestros eran idiotas ni nuestros científicos entienden y pueden explicar todo lo que nos ocurre. De ahí que conviene adoptar una posición de crítica apertura y no de negación a priori.

Cortesía de Elsa Padrón

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NotaCMP en relación a la reedición

En vista de lo entrecortado  y un tanto errático de los subtítulos en español que tiene el vídeo en referencia, la misma persona que me envió el link al vídeo me ha enviado una recopilación de sus subtítulos, que he corregido y editado en el texto que sigue, cuya lectura no debe ser motivo para dejar de ver el vídeo, sin duda parte importantísima y clave de este tema.

De una reciente entrevista hecha a un premio Nobel me llamó la atención que éste haya dicho que “Si algo hemos aprendido los físicos es que en la Naturaleza está todo conectado”.

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LA CIENCIA DE LOS MILAGROS

por Gregg Braden

Prólogo

Casi todos los textos universales y antiguos de las tradiciones espirituales sugieren que todo en nuestro mundo está conectado en formas, como campos de energía, que quizás recién estamos comenzando a entender.

De hecho, estos campos de energía, y algunos otros, ya han sido descritos por los científicos occidentales como una malla, o una red, que forman lo que llamamos la tela subyacente a toda la Creación. Han estado aquí desde el comienzo, son inteligentes y responden profundamente a las emociones humanas.

Si nos concentrarnos en sentir como si nuestras plegarias ya hubieran sido atendidas, en ese sentir nos comunicamos con las fuerzas de la Creación, permitiéndole al mundo que nos responda, permitiéndole a uno de esos, a ese holograma cuántico o mente de Dios campos —tal vez el campo principal o el que reúne a todos—, que nos responda en concordancia con lo que sentimos en nuestros corazones.

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El lenguaje cuántico de sanación, de paz, de sentir y creer.

¿Cómo sería descubrir que en cada momento de nuestras vidas hay una conversación, un constante dialogo con el Universo que nos rodea, y que si todo lo que en ellas nos ocurre, desde la cura de nuestros cuerpos hasta nuestros romances, nuestros divorcios, etc., todas las cosas que vemos en nuestra vida y que percibimos cada día, son reflejos de esta inteligencia, del campo de energía que los antiguos describieron en sus propios lenguajes, y que la Ciencia occidental está empezando a describir en un lenguaje que podemos reconocer?

Hay una creciente evidencia científica que sugiere que así es precisamente como funciona nuestro mundo.

El mundo es, en esencia, nada más y nada menos que el reflejo de nuestras emociones y pensamientos, de nuestras creencias y oraciones.

El físico Jhon Wheeler sugiere precisamente este concepto en una reciente entrevista. Lo que dijo es que vivimos en lo que él llamó un “Universo participatorio”.

En vez de pensar que el Universo es algo que ya estaba creado y que nosotros caímos en medio de él para vivir nuestras experiencias, lo que el Dr. Wheeler sugiere es que el universo es el resultado de lo que nosotros hacemos en nuestras vidas. Dice que somos pequeños parches del Universo que se miran a sí mismos y que se crean a sí mismos a lo largo del tiempo.

Éste es un concepto radical porque sugiere que, mientras buscamos dentro del mundo del átomo cuántico lo que conocemos como la partícula definitiva, puede que nunca la encontremos porque, cada vez que miramos, el acto de observar con nuestra conciencia se ejecuta, y crea y construye algo más que lo que buscamos, al más que podamos ver.

Y cuando miramos en el vasto y extenso espacio de Universo buscando el límite de la Creación misma, nunca lo encontraremos porque la acción de la conciencia que busca es la fuerza creadora que pone algo en el lugar en que buscamos.

Hay cada vez más evidencia científica que sugiere que es así precisamente como funciona nuestro mundo, y lo que descubrimos mediante estos experimentos recientes del siglo XX es que los antiguos han estado muy acertados al describir con precisión, en su propio lenguaje y tiempo, el funcionamiento del mundo.

Entre 1993 y 2000 se realizaron varios experimentos en instituciones académicas y científicas acreditadas que dan soporte a los conceptos que los antiguos tan claramente manifestaron en el lenguaje de su tiempo.

Tres de estos experimentos sacuden las bases fundamentales de todo lo que creíamos saber sobre la Física y el funcionamiento del mundo, y todos sugieren que estamos conectados a través de un campo de energía.

La idea de que hay tal vez una esencia permeable que lo conecta todo, realmente no es tan nueva en el mundo científico.

A fines de 1800 una tremenda revolución espiritual recorrió la Tierra, y en ese entonces tuvo lugar un gran debate sobre la existencia o no de este campo, al que en ese tiempo se le llamaba “Campo etéreo”.

En 1887 se realizó un famoso experimento para demostrar la existencia o no de tal campo, y, basándose en el resultado, la Ciencia occidental, específicamente la Física occidental, empezó a creer que todo lo que pasa en nuestro mundo es discrecional, no relacionado y aislado, y que las cosas que parecen ocurrir al mismo tiempo serían simples coincidencias.

Un experimento, muy famoso, de Michael Saemorlie, que es equivalente al que se realizó en ese entonces, se basa en lo siguiente: “Si sales a la calle ahora y levantas un dedo, y en ese momento no sientes el viento contra tu dedo, podrías concluir que no existe aire a tu alrededor”. Ése es el basamento equivalente al del experimento que se llevó a cabo en 1887.

Entonces creían que si este campo existía debía tener movimiento, y cuando no encontraron movimiento concluyeron que el campo no existía.

Desde 1887 hasta inicios de 1990 toda la Ciencia occidental se basaba en el principio de que lo que ocurre en un lugar no tiene efecto sobre lo que ocurre en otro. Y ahora sabemos que esto es incorrecto.

Paso a relatar los tres experimentos que estremecieron absolutamente las supuestas bases fundacionales de la Física occidental.

Primero

Fue llevado a cabo, a comienzos de los ‘90s, por el físico Vladimir Poponin, quien se trasladó a EEUU para concluir la serie de experimentos.

Poponin quería investigar la relación entre el ADN humano y las cosas que conforman nuestro mundo: estos paquetes de energía a los que llamamos fotones o pequeñas partículas de luz, si desean imaginarlas de esa manera.

El experimento consistía en vaciar completamente un tubo de vidrio, sacando todo el aire de él hasta crear lo que, en teoría, llamamos el vacío, o sea, hasta dejar el tubo sin ningún contenido.

Algo que es relativo porque sabemos que dentro de él quedarán las pequeñas partículas de luz (fotones).

Poponin analizó cómo estaban distribuidos los fotones dentro del tubo, si flotaban por todo el interior de él, dónde se acumulaban, o qué pasaba en realidad con ellos.

El resultado de esta etapa del experimento no presentó sorpresas, porque las pequeñas partículas, los fotones, se comportaron de manera aleatoria dentro del tubo, como era de esperarse.

Pero la siguiente etapa fue realmente muy interesante. Poponin colocó ADN humano dentro del tubo, y, cuando volvieron a medir los fotones, éstos aparecían alineados con la cadena de ADN humano, como si el ADN tuviera efecto sobre las partículas que componen nuestro mundo.

Esto es exactamente lo que el espíritu de las tradiciones antiguas nos dice. Algo dentro de nosotros tiene efecto en el mundo que nos rodea, y el experimento de Poponin verificaba esto por primera vez en un laboratorio.

La siguiente etapa del experimento fue más interesante aún porque, cuando sacaron el ADN del tubo, esperaban que los fotones volvieran a esparcirse aleatoriamente de la manera en que estuvieron antes. Pero esto no pasó; lo que ocurrió es que, aunque el ADN no estuvo más en el tubo, los fotones permanecieron alineados como cuando el ADN estuvo allí.

La pregunta es: ¿Por qué? ¿Qué causa ese efecto? Nada conocido en nuestra Física occidental explica por qué estos fotones mantuvieron la posición en la que estaban cuando el ADN que causó su alineamiento no estaba ya dentro del tubo.

A éste se le llamó el experimento del “ADN fantasma” porque los efectos duraron aún cuando el ADN no estaba presente.

Y lo que este experimento nos dice, en primer lugar, es que el ADN humano se comunica con las partículas que conforman nuestro mundo.

Estos paquetes de energía que subyacen a toda la materia se comunican por medio del campo que previamente no habíamos reconocido y al que Ciencia llama “Campo nuevo” aunque siempre estuvo ahí pero no teníamos forma de comprobarlo.

Llamamos a esto una forma de energía previa no reconocida.

Segundo

Fue un experimento militar fascinante.

Lo que se hizo fue tomar ADN humano de un trocito de piel de la boca de un donante y ponerlo en un dispositivo que permitía medir los efectos desde una habitación del edificio, mientras el donante del ADN usado estaba en otra habitación del mismo edificio.

Así que tenemos el ADN del donante en una habitación, y el donante en otra habitación diferente y separada de la primera.

Luego los científicos expusieron al donante a estimulación emocional para que tuviera genuinas emociones de alegría, tristeza, miedo, ira, etc., e inmediatamente analizaron el registro del ADN para ver si éste había sido afectado por las emociones del donante.

¿Por qué habría de serlo? La Física occidental sugiere que no hay nada que conecte este ADN con el donante, pero el resultado de este experimento fue exactamente lo opuesto.

Lo que los científicos encontraron fue que, mientras el monitor conectado al donante registraba los picos y valles emocionales de éste, en el otro monitor, ubicado en la otra habitación, se veía cómo el ADN mostraba los mismos valores y al mismo tiempo.

En este tipo de experimentos pensamos que la energía se transmite desde un punto A a un punto B, y si la energía se traslada de un punto a otro uno espera que haya un pequeño retraso de tiempo entre el donante que tiene estas emociones y el ADN que responde. Pero eso no es lo que sucedió.

Lo que sucedió en estos experimentos —y ésa es la clave para entender el verdadero poder de la plegaria— es que el efecto es simultáneo, sin retraso de tiempo. En el mismo instante en que el donante experimentaba una emoción, el ADN respondía como si no hubiese un tiempo de transición entre donante y ADN, entre una habitación y la otra.

Este experimento se realizó por primera vez teniendo, entre el ADN y el donante, una separación de 4,57 metros. Luego se realizó con una separación de cientos de kilómetros, ¡cientos!

Conocí al Dr. Clive Baxter, el diseñador de uno de estos experimentos, y me comentó que en uno de ellos el donante estaba en Los Ángeles, mientras que su ADN estaba en Phoenix, Arizona, a 700 km de distancia, y el efecto fue el mismo, fue instantáneo.

Esto abre una puerta a toda clase de posibilidades sobre cómo el ADN permanece conectado a su donante, y lo que esto nos dice es, de nuevo, que estamos conectados con nuestro ADN a través de nuestras emociones, y el efecto es igual tanto si ese ADN está en nuestro cuerpo como si está separado de él por cientos de kilómetros,

A esto se le llama “Energía no-local”, o que está presente en todo momento y lugar, porque esta energía no tiene que viajar del punto A al B.

Tercero

Lo realizaron a principio de los ‘90s científicos del Instituto Heartmath, una organización localizada en California.

Analizaron el corazón humano como algo más que una simple bomba física que impulsa la sangre por nuestro cuerpo. Exploraron lo que nuestros corazones hacen en el área emocional, que es quizá lo más importante que hacen, y descubrieron que el corazón humano es el campo magnético más grande del cuerpo, y el campo electromagnético que produce se extiende más allá de nuestro cuerpo físico.

Anteriormente habían descubierto que alrededor de cada corazón humano hay un campo energético con forma de tubo llamado “tubo toro” que se extiende entre 180 y 240 cm fuera de ese órgano.

La pregunta es si en este cuerpo ya conocido podría haber otra forma de energía que es llevada por este campo más allá de nuestro cuerpo, e hicieron un experimento para probar esta posibilidad.

Tomaron ADN humano, lo aislaron, y solicitaron a sus dueños, que fueron voluntariamente entrenados, que expresaran lo que se denomina emociones humanas coherentes —o sea, emociones muy claras de amor, odio, compasión, desprecio, etc.— que generasen esos sentimientos.

En este proceso se medía el ADN para ver cómo respondía, y encontraron que, frente a emociones de amor, aprecio, compasión, o perdón, el ADN se volvía muy “relajado” o “expandido”, y lo que sabemos por otros experimentos es que este estado de relajación del ADN fortalece nuestro sistema inmunológico.

Cuando se preguntó a entendidos por qué estos sentimientos de amor y compasión nos dan una mejor respuesta inmunitaria, respondieron que tal vez eso puede explicar por qué, ya que, al estar relajado, el ADN permite que se activen más secciones de él —como si fueran “interruptores”, si se quiere imaginarlo así—, y éstas se vuelven capaces de conectarse.

Y ocurre lo opuesto en presencia de sentimientos como odio, temor, celos, etc.: cuando el ADN se “comprime”, al no permitir nuestro cuerpo que estos “interruptores” se fortalezcan, se debilita el sistema inmunológico.

Ya hoy sabemos que cuando las personas viven en un estado de celos, ira, u odio, se debilitan esas zonas de sus cuerpos, y que ocurre lo opuesto con un estado de amor, perdón, o compasión, que son emociones que mejoran al cuerpo inmunológicamente.

Ahora, tal vez por primera vez, estos experimentos nos puedan ayudar a entender por qué el efecto de las emociones humanas produce en nuestros cuerpos lo que se llama la conformación de la silueta del ADN.

Lo que los experimentos nos demuestran en los resultados de laboratorio publicados y descritos es que hay una clase muy específica de emociones humanas que tienen el poder de cambiar la forma del ADN en nuestro cuerpo, lo cual es algo asombroso porque nos dice que, por nuestra voluntad, cuando nos concentramos en prestar atención a una muy específica clase de estados emocionales dentro de nuestro cuerpo adquirimos el poder para modificar el funcionamiento del ADN que hay en él, nuestro ADN.

Esto es el principio de una tecnología interna, probablemente muy antigua, que fue descrita en los lenguajes del pasado y que ahora comenzamos a entender.

Algo interesante de estos tres experimentos es que ninguno de los científicos investigadores sabía que los otros experimentos se estaban llevando a cabo en otros laboratorios.

Y estos tres sólo son algunos de los efectuados en la misma área y que, en líneas generales, han dado los mismos resultados finales.

Aunque hayan sido experimentos aislados, al juntarlos todos es interesante cómo comienzan a contarnos una historia, una que dice algo así:

  • El primero, el de Lionel Poppe, nos dice que el ADN de nuestros cuerpos tiene, a un nivel energético, un efecto directo en nuestro mundo, en los objetos físicos que lo componen.
  • El tercero nos demuestra que las emociones humanas tienen la capacidad de cambiar nuestro ADN, afectando así al mundo que nos rodea. Y,
  • El segundo, que fue conducido por la armada de USA, nos muestra que, aunque estemos en el mismo edificio o a 700 Km, los resultados son los mismos. No estamos atados por el tiempo y el espacio. Y no sólo eso, también enseña que los resultados de los experimentos son tan contundentes que permiten afirmar que tú y yo tenemos un poder en nuestros cuerpos que no está sujeto a las leyes de la Física en la forma en que las entendemos en la actualidad, sino que algo dentro de nosotros —como nuestras emociones, pensamientos, creencias y plegarias— trascienden los límites del tiempo y el espacio, tal como hoy los conocemos.

Sabiduría ancestral

Todas las tradiciones ancestrales nos cuentan en sus antiguas lenguas que estamos conectados al mundo que nos rodea, tal como actualmente lo está demostrando la Ciencia occidental.

Nuestros ancestros nos invitan a dar un paso adelante y nos dicen: así es cómo deben proceder en sus vidas. Nos dejaron instrucciones muy, pero muy claras de cómo debemos utilizar este poder, esta tecnología interior, para cambiar el mundo, para curar nuestro cuerpo, y para agruparte a ti, a tu familia, y tu comunidad colectivamente.

Cuantas más personas adopten estos principios, más personas trabajarán en paz, y esa paz se extenderá a todas las naciones.

Quiero compartir con Uds. un estudio que hemos realizado y que describe precisamente cómo comenzó esto a trabajar.

Una de las preguntas que con más frecuencia nos hacemos es si existe esta relación, y, si realmente existe, por qué no es del conocimiento público.

¿Por qué la Ciencia occidental no comprende estos principios? ¿Por qué estamos recién descubriéndolos?

La respuesta a esas preguntas empieza por aceptar que la forma en la que vemos el mundo hoy, nuestro conocimiento actual de él, es parte de un compendio de sabiduría integral que nos conecta con nuestro pasado. Y sabemos que esta cadena, este lazo que nos ataba con el conocimiento anterior, se ha roto al menos en dos momentos en nuestra historia oficial.

Algo pasó dos veces en la historia reciente cuando ocurrieron eventos en los que perdimos información del conocimiento antiguo, y parte de ese conocimiento tiene que ver con lo que estamos debatiendo ahora mismo.

El primero de esos episodios fue la quema de la Biblioteca de Alejandría, en el siglo IV. Aunque no sabemos exactamente lo que había dentro de esa biblioteca sí sabemos que existían volúmenes y más volúmenes de información almacenados en rollos que fueron escritos en esa época.

El historiador romano Calamatro, por ejemplo, catalogó más de 536.000 rollos en Alejandría antes de la quema, y muchos de ellos eran ya antiguos en el siglo IV.

Y sabemos que había rollos que contenían algunos de los más antiguos documentos sobre las antiguas tradiciones hebreas, sobre el conocimiento astronómico de los Egipcios, sobre conocimientos médicos, o sobre mucha de la sabiduría que había sido reunida por miles de años y que describía las relaciones humanas con nuestro mundo y con otros, o tal vez con algo más grande.

Sí, es cierto: cuando esta biblioteca fue quemada tenía una valiosa y grandísima cantidad de información.

El segundo acontecimiento está relacionado con la edición de los primeros textos bíblicos en su versión occidental, allá por en el siglo IV, año 329 d.C., en los primeros años del Cristianismo.

Por esta época, Constantino convocó un concilio. Entonces no había un texto bíblico compilado, como lo hay hoy en día, sino que había varios escritos, algunos con mucha simbología y otros muy pobres, y muy poca gente tenía acceso a ellos.

Así que Constantino, en un esfuerzo por hacerlos más accesibles al público en general, convocó ese concilio con la Iglesia, y pidió a ésta algunas recomendaciones sobre qué libros dejar, cuáles sacar, qué se debía modificar en ellos, etc.

El resultado es lo que actualmente llamamos la Biblia occidental, la tradición bíblica.

Sabemos que al menos 20 libros fueron removidos completamente, y que otros 20 ó 25, que tenían textos preciosamente editados, lo fueron en parte, pues fueron condensados y reorganizado su contenido hasta quedar tal cual los conocemos hoy día como nuestro texto bíblico.

Así que, por buena que sea nuestra Biblia de hoy, en su mejor versión, abierta y libremente admitida, sigue siendo incompleta. Y lo sabemos porque hemos encontrado estos documentos en lugares como la biblioteca de los rollos del Mar Muerto que, por este motivo, son tan controversiales.

Cuando encontramos los rollos del Mar Muerto pudimos ver algunos textos en su forma original. Algunos de los rollos tenían más de 1.700 años, y lo más interesante es que muchos de sus textos, que fueron reeditados o eliminados en su totalidad, son exactamente los documentos que describen nuestra relación con el Universo y con las creaciones a nuestro alrededor, mediante el poder de nuestras emociones humanas.

Pensamientos, sentimientos, emociones y creencias

La Ciencia está ahora comenzando a decirnos, en su lenguaje, lo que las antiguas tradiciones espirituales nos mostraron a su manera, inclusive en textos y documentos que tomamos como referencia para conocer cómo funcionan estos principios.

La pregunta es cómo aplicarlos en nuestras vidas, y cómo volverlos funcionales en la relación que dentro de nuestros cuerpos existe entre pensamientos, sentimientos y emociones, y lo que sucede en el mundo a nuestro alrededor.

Tal vez deberíamos empezar definiendo qué son los pensamientos, emociones y sentimientos.

Recuerdo haber tenido muchas veces una conversación con mi madre en la que ella siempre me decía que creía que emociones y sentimientos eran la misma cosa. Pero aunque estén muy relacionados entre sí, hay una diferencia.

Si miramos una lámina antigua que ilustre los centros de energía en nuestros cuerpos —los chacras—, vemos que los tres centros inferiores están asociados a lo que llamamos el poder de las emociones humanas, y en la Antigüedad decían que sólo podemos percibir dos emociones primarias, que son el amor y lo que creamos que es su opuesto, cualquiera que éste sea; pensamos que puede ser el miedo o el odio.

Y cuando seguimos investigando en las tradiciones encontramos que, en realidad, éstas son los dos polos de una misma fuerza.

Así que en estos centros inferiores del poder de la emoción tenemos dos experiencias primarias: el amor y lo que creamos que es lo opuesto al amor.

El poder de las emociones es una fuerza que nos guía, que derriba las barreras y los muros que existen entre nosotros y los asuntos presentes en nuestras vidas.

Sin embargo, las emociones deben ser controladas y enfocadas. Si optamos por adoptar el poder que motiva a la gente cuando vive estrictamente de sus emociones, nuestras vidas podrían ser ligeramente caóticas.

Las emociones necesitan ser controladas, y ahí es cuando el poder del pensamiento lógico aparece, asociado a los centros energéticos superiores del cuerpo, pues el pensamiento es el que enfoca o da dirección a las emociones.

Por ejemplo, tenemos un pensamiento sobre algo, como un día lluvioso, y en ese pensamiento volcamos, sentimos, el poder de la emoción, ya sea de amor por ese día lluvioso o de miedo a lo que la lluvia pueda traer.

Y al conectar el poder de la emoción con la dirección del pensamiento, virtualmente creamos un sentimiento. Por tanto, un sentimiento es, por definición, la unión entre la emoción y el pensamiento.

Un centro energético lo suficientemente interesante, al que no hemos hecho referencia dentro de todos los otros sistemas, y que ha permanecido sin uso en estos sistemas antiguos, es el centro del corazón. Un centro dedicado al poder del sentimiento, pues sentimos en nuestros corazones.

Lo que sentimos en nuestro corazón es el lenguaje que le habla al campo al que nos hemos referido desde principio. Un lenguaje que la Ciencia occidental está comenzando a comprender mediante estos experimentos. Es el poder del sentimiento humano que se convierte en el lenguaje que abre la puerta a las posibilidades de lo que creamos en nuestro mundo.

Los científicos de nuestros días piensan que este campo es tan nuevo, que la idea de él es tan nueva, que no se ponen de acuerdo en usar un único nombre. Algunos lo llaman “El holograma cuántico”, otros “La mente de la Naturaleza” como lo nombró el Dr. Ed Mitchel, astronauta de la NASA, que pisó la Luna.

Científicos como Stephen Hopkings lo llaman “La mente de Dios”, y por más variados que parecieran ser los nombres, todos hablan del mismo campo, al que describen como una red que existe y subyace en la tela del Universo y conecta toda la existencia.

Y desde esa tela, desde esa red, nos comunicamos mediante sentimientos en nuestros cuerpos y mediante los sentimientos en nuestros corazones.

Existen tradiciones antiguas que no sólo reconocen esta relación sino que van un paso más allá y nos dejan instrucciones precisas acerca de cómo aplicar este conocimiento en nuestras vidas.

A finales de los ‘80s yo era un ingeniero que trabajaba en defensa para una corporación aeroespacial, y, como ingeniero, comencé a explorar en estos conceptos por la vía de mirar al mundo que me rodeaba para comprender la historia de los que nos precedieron.

Esta búsqueda me llevó a los más fantásticos viajes. Me llevó a varios de los lugares más maravillosos del mundo, desde los templos de Egipto a los Andes Bolivianos, por Perú, India, Nepal, Tíbet, la China Central, y a todos los desiertos del suroeste norteamericano, buscando información que me ayudara a entender cómo nos relacionamos con el mundo, cómo podemos usar este poder de los sentimientos para comunicarnos en este lenguaje con el mundo que nos rodea.

Entonces, y siempre como ingeniero, comencé a estudiar a los principales antecesores, la información que ellos dejaron y que nos dice cómo entender nuestra relación con el mundo que nos rodea.

Me refiero a una “tecnología antigua” que hoy llamamos plegarias o rezos.

Mi creencia fue que esta clase de información se preservó mejor en los lugares menos perturbados por la civilización occidental, y esto me llevó a una travesía, por primera vez en 1998, a las alturas de la China Central, al Tíbet, donde tuve la oportunidad de visitar doce monasterios y de poder hablar, mediante un traductor, con aquéllos que actualmente viven allí sus vidas mediante estos principios.

Esto es lo valioso de ir al Tíbet, una cultura viviente. Podemos ir a los templos en Egipto o a los templos mayas, y, por fascinantes que sean, las culturas que dejaron esa información ya no están allí físicamente, lo que nos lleva a especular sobre lo que nos querían decir con la información que dejaron.

Pero al ir a un monasterio en Tíbet podemos hablar con la gente que está allí, podemos preguntarles qué ocurre dentro de ellos cuando exteriorizan sus plegarias, qué pasa en su cuerpo, qué sienten, qué piensan, qué notan,..

Fue en el Tíbet donde, en particular, fui a uno de los templos y, mediante un traductor, le pregunté a un abate de un monasterio lo mismo que le había preguntado a todos los monjes. Sus respuestas fueron muy claras.

Pregunté:

—Cuando veo tus plegarias durante 12, 14, 16 horas diarias, cuando exteriormente te veo hacer estos mudras y mantras, tocar el gong y las campanas, y cantar tus oraciones durante tanto tiempo, ¿qué haces en tu interior? ¿qué pasa dentro de ti?

El abate me miró, y me gustaría pensar que se reía conmigo y no de mí, porque me contestó, usando de nuevo al traductor:

—Nunca ves nuestro rezo porque las plegarias no pueden observarse. Lo que ves son las cosas que nosotros hacemos para crear el sentimiento en nuestros cuerpos, y el sentimiento es la plegaria.

Entonces me preguntó:

—¿Cómo lo hacen en tu cultura?

Y me puse a pensar sobre la forma de nuestras plegarias hoy día.

Perdimos los textos que describen cómo el poder de las emociones y de los sentimientos es realmente el lenguaje que nos conecta con el Universo y con la Creación que nos rodea.

Hemos creído que las palabras eran las plegarias, que si repetimos las palabras correctas, el número correcto de veces, el día correcto del año, el momento justo del día, estamos rezando,.. aunque sin tener en cuenta la intención que debería haber en la plegaria.

Pero ahora sabemos que hay una modalidad en la plegaria que está más allá de la mera y simple ofrenda de palabras que repetimos.

Las cinco formas de la plegaria

Los investigadores de la plegaria occidental en nuestros días han identificado cuatro modalidades de oración. Dicen que, en occidente, cuando oramos usamos una o más combinaciones de estos cuatro modos de oración:

  1. El primero es llamado “Oración coloquial o informal”. Tengo un amigo en el área de la Bahía de San Francisco que cada viernes, en la ruta de vuelta a casa desde su trabajo, dice una oración informal: “Amado Dios, si me dejas llegar a la estación de servicio antes de que se me acabe la gasolina, nunca más dejaré que mi tanque se vacíe”. Esto sería una plegaria informal para Dios.
  2. El segundo modo de rezar es el llamado “Oración peticionaria”, en la que efectuamos un pedido a los poderes, una petición a Dios o a los Ángeles: ”Querido Dios, te pido el derecho de sanar y ser sanado, ahora y en cualquier manifestación en el presente, pasado o futuro”. Ésa sería una clase de oración peticionaria.
  3. El tercer modo de oración es la “Oración ritualista”, llena de alabanzas: ”Dios es grande, Dios es bueno…”.
  4. Y el cuarto es la oración en la que no hay palabras, sólo una meditación en la que tomamos conciencia del momento presente y del silencio.

Algunos disienten sobre si éste, el cuarto, es o no un modo típico de oración, y si los investigadores occidentales piensan que ésta es una plegaria típica en el mundo de hoy.

Si bien estos cuatro métodos definen casi todas nuestros métodos de oración, hay otro, un quinto, que no está incluido en la lista anterior y que es precisamente el método que el abate me describió en el Tíbet.

Es el modo de oración basado en el sentimiento, un modo en el que debemos “sentir el sentimiento” como si la oración ya hubiera sido respondida, y en ese sentimiento le hablamos a las fuerzas de la Creación permitiéndole al mundo respondernos, permitiéndole a este campo holográfico, a esta mente de Dios, respondernos en sintonía con el sentimiento que hay en nuestros corazones.

Este modo de oración, a diferencia de una petición donde nos sentimos impotentes en una situación —“Por favor, Dios, danos paz en el mundo”— nos invita a que nos sintamos como si participásemos de esa paz, tal como lo sugiriera John Wheeler: si somos parte de lo que vemos, si sentimos paz en nuestro mundo o salud en nuestros seres queridos, estamos dándole poder al sentimiento para que nos responda como un espejo, dando vida a esos cambios en nuestras vidas y en nuestro mundo.

Esto es precisamente lo que el abate me dijo en el monasterio del Tíbet.

A principio de los ‘90s tuve la oportunidad de presenciar este modo de orar, este modo de oración basado en el sentir.

Compartir con Uds. esta historia tal vez sea la mejor forma de describir y aclarar este concepto nebuloso que explica precisamente cómo funciona en nuestras vidas la oración basada en los sentimientos.

Durante los ‘90s, el desierto al suroeste de EEUU sufrió la mayor sequia de su historia, y un nativo americano, amigo mío, me invitó a que lo acompañara a un lugar en el desierto alto, cerca de Nuevo México, para compartir con él una plegaria destinada a que lloviera.

No tuvo que pedírmelo dos veces, pues le dije que me encantaría participar y ver de qué se trataban esas plegarias.

Así que nos encontramos en una zona de más de 40.500 bellísimas hectáreas en las montañas del desierto, y de ahí fuimos a un lugar tan antiguo que los habitantes de hoy día no saben quien lo construyó.

Era esencialmente un círculo de piedras donde cada una de ellas parecía haber estado allí desde los orígenes, puestas por las manos de los ancestros de hace muchísimo tiempo.

En ese lugar comenzó mi amigo su plegaria, y lo que hizo fue sacarse los zapatos, entrar en el círculo con los pies descalzos, y comenzar a llamar a todos sus ancestros: “A todos mis ancestros,… a todos mis ancestros…”, decía, voceando hacia los cuatro puntos cardinales.

Luego, durante unos pocos segundos me dio la espalda manteniendo sus manos en pose de oración, y, volviéndose luego hacía mí, me dijo:

—Tengo hambre, vamos a comer algo.

Le respondí:

—Creí que íbamos a compartir esta plegaria, que íbamos a rezar para que lloviera.

Me miró y me dijo:

—No, porque si rezamos PARA que llueva, no va a llover, porque en el momento en que rezas PARA que algo ocurra, estás manifestando tu creencia de que ese algo no existe.

Me quedé pensando en eso porque tuvo mucho sentido. Si yo digo “Dios, que haya paz en el mundo” lo que estoy sintiendo es que en ese momento la paz no está ahí, y lo que estoy haciendo es proyectando justo lo contrario a lo que mi plegaria trata de cambiar.

Así que le pregunté a mi amigo:

—Si no pediste por lluvia, ¿qué fue lo que hiciste? ¿Qué ocurrió cuando cerraste los ojos?

Me miró por unos segundos y me respondió:

—Cuando cierro los ojos comienzo a evocar ese sentimiento de cómo se siente la lluvia en nuestro pueblo, y recuerdo cómo huele, recuerdo el olor del aire, de la tierra mojada en las paredes de nuestras casas, y logro sentir cómo mis pies se mojan y se entierran en el lodo, pues hay mucho lodo porque está lloviendo mucho. De esa manera abro la puerta a la posibilidad de traer lluvia a nuestro mundo.

Me quedé pensando mucho en el mecanismo de esta plegaria, y esa tarde ocurrió algo increíble.

Yo estaba mirando el pronóstico meteorológico que había permanecido sin nubes por mucho tiempo y, de pronto, éste cambió.

Vi que los sistemas de alta presión se movían por Utah y, repentinamente, una depresión por Colorado y el norte de Nuevo México giró en U para volver a subir, y esa noche comenzó una lluvia que siguió por varios días, así que llamé a mi amigo y le dije:

—Ha llovido un montón y los ríos están desbordados y los caminos anegados, ¿qué ocurrió?

Él guardó silencio por un segundo y me contestó:

—Eso es parte de la plegaria. No puedo explicar con certeza qué es lo que sucede.

Así que no tengo manera de validar científicamente que mi amigo o su plegaria tuvieran que ver con la lluvia, pero la correlación es muy alta, y hemos visto tantas veces esta correlación que sabemos que hay un efecto.

En 1972, en 24 ciudades de EEUU se condujo un experimento en el que las personas fueron entrenadas para, de manera muy específica y en lugares estratégicos de estas ciudades, con población de unos 10.000 cada una, evocar un sentimiento de paz.

Esto quedó documentado en varios estudios registrados y bien conocidos a principio de los ‘70s.

Lo que ocurrió es que, durante el tiempo en que esta gente se encontraba experimentando sentimientos de paz, en la misma ciudad y más allá del edificio donde se efectuaba el experimento, empezó a dar un descenso en la cantidad de delitos cometidos en la comunidad, en crímenes violentos y en accidentes de tráfico. En algunas ciudades, como Chicago, el mercado de acciones subió cuando se realizaba este experimento.

En el momento en que se detuvieron las plegarias todas las estadísticas se revirtieron.

Realizaron este experimento una y otra vez, a tal punto que el efecto pudo ser medido y aplicado en otros experimentos mayores documentados en el “Journal Conflict Resolution” en 1988.

Hubo otro experimento llamado el “Proyecto Internacional de Paz en Medio Oriente”.

Durante la guerra entre Israel y el Líbano, a principio de los ‘80s, como resultado de estos estudios previos se entrenó a personas para que, en diferentes localidades de esos dos países, experimentaran ese sentimiento de paz durante el tiempo que los investigadores llamaron “La Ventana”, que era la ventana de la plegaria.

Mientras estas personas evocaban en sus corazones ese sentimiento de paz, las actividades terroristas bajaron a cero, los crímenes contra otras personas bajaron, y la actividad en los hospitales también bajó.

Realizaron este experimento en diferentes momentos del día, y en diferentes días de la semana, para asegurarse de que no se debía a un factor de determinada semana, a los fines de semana, o a los días festivos.

Incluso lo hicieron en diferentes días del mes y en diferentes meses para verificar que no tuviera que ver con el ciclo lunar.

Y cuando culminó la serie de experimentos —aunque los científicos no supieran precisamente por qué ocurrió o la forma en que ocurrió— se supo que las correlaciones eran tan altas, pero tan altas, que quedó claro que cuando un cierto número de personas comienzan a sentir esta paz, o el sentimiento de sanación en sus cuerpos, el efecto se desplaza dentro de la comunidad más allá del lugar físico donde se encuentran estas personas.

Y es tan preciso lo que sabemos que las estadísticas nos ayudaron a determinar el número exacto de personas que se requiere para disparar esta clase de efecto y que se ponga en movimiento.

Diré la fórmula obtenida y describiré su significado.

El efecto se comienza a notar cuando un cierto número de gente participa, y la cantidad mínima de personas que se requiere es la raíz cuadrada del 1% del total de la comunidad.

O sea, sii se tiene una ciudad de un millón de habitantes, se calcula el 1% de un millón, se calcula la raíz cuadrada de ese 1%, y el resultado nos dirá cuántas personas se necesitan para generar el efecto.

Obviamente, cuanto mayor sea el número de tales personas, el número de participantes, mayor será el efecto.

Para una ciudad de un millón de habitantes la cantidad mínima es de sólo 100.

En un mundo de 6.000 millones de habitantes, el resultado de la raíz cuadrada del 1% es sólo 8.000 personas.

De acuerdo con estos estudios, 8.000 personas son las que hace falta que experimenten simultáneamente este sentimiento de paz en sus corazones para generar o disparar ese movimiento de conciencia simultánea dentro de este campo como lo conocemos hoy en día, para que así, a través de él, la paz se sienta en todo el mundo.

El lenguaje cuántico de la sanación, paz y milagros

Generalmente, las discusiones en base a este modo de oración basada en el sentimiento de la plegaria se tornan en polémicas más que académicas, hasta el momento en que podemos aplicarlas en nuestras vidas.

En los primeros años de los ‘90s tuve la oportunidad de ver un testimonio que documenté: la curación, usando estas técnicas que estamos discutiendo, de un caso de vida o muerte por un severo tumor maligno en el cuerpo de una mujer.

Para mí fue este tipo de información lo que, más allá de los debates académicos, me llevó al tema de este tipo de plegarias, para mostrar que es algo muy real que podemos aplicar en nuestras vidas.

En esa época tuve la oportunidad de ver un vídeo sobre la sanación de un cáncer de 7 cm de diámetro que estaba dentro de la vejiga de una mujer, cáncer que los médicos occidentales habían diagnosticado como inoperable.

El llamado Qi Gong es un empleado en hospitales medicinales en Beijing (China) y es en estos hospitales donde los Qi Gong comienzan a dirigir al paciente afirmaciones con el mensaje de que puede cambiar su forma de vida, enseñándole a respirar, y a nutrir su cuerpo con movimientos especiales para estimular los centros energéticos del cuerpo.

Mientras hacen eso para fortalecer el cuerpo paciente, este punto adquiere sentido para poder llevar a cabo el proceso.

Comparto esto con ustedes porque lo que sigue es un gran ejemplo de cómo el sentimiento dentro de nosotros tiene un impacto directo —y, en este caso, muy gráfico— en nuestras vidas.

En el film se ve a la paciente recostada en la habitación del hospital, completamente despierta y consciente, y se sabe que ella cree en el proceso que tendrá lugar de inmediato.

Delante de ella está el técnico que hace, sobre el bajo vientre de la paciente, el ultrasonido que puede verse en el monitor dividido en dos partes.

En la parte izquierda del monitor se congela la imagen de este ultrasonido para tenerla como referencia, o sea, para poder ver cuál era en ese momento la condición del tumor canceroso.

Y en la parte derecha puede verse, en movimiento, el vídeo del ultrasonido en tiempo real, mientras tres participantes se colocan detrás de la paciente y trabajan con la energía de su cuerpo, y con sus propios sentimientos en sus propios cuerpos.

Lo que hacen es comenzar a pronunciar palabras destinadas a realimentar el sentimiento que refuerza dentro de ellos la convicción de que ella ya está curada.

El canto dice esencialmente “Ya está curada, ya está hecho”, y mientras ellos dicen estas palabras y experimentan este sentimiento, en la parte derecha de la pantalla de TV puede verse, en tiempo real, cómo el tumor canceroso desaparece en menos de 3 minutos, también de tiempo real.

En esta proyección la desaparición ocurre en 30 segundos porque se aceleró la velocidad, pero en realidad ocurrió en menos de 3 minutos.

El cuerpo de la paciente respondió a los sentimientos que los practicantes estaban entrenados a crear para esa clase de curación, y todo lo que ellos experimentaban era el sentimiento asociado a estar en presencia de una mujer que está completamente sana y totalmente rehabilitada en todas sus capacidades. Ellos no la ven como una mujer enferma ni ven el cáncer yéndose de ella.

Ésta es una manera muy distinta de pensar, y es precisamente un ejemplo muy grafico de cómo funciona este principio.

Tuve la oportunidad de hablar con el Sr. Lu Cheng, que fue quien realizó la filmación, y le pregunté qué habría ocurrido si los tres practicantes no hubieran estado allí. ¿No se hubiera logrado lo que se logró? ¿Cualquiera de nosotros lo lograría?

Su respuesta fue que había una gran probabilidad de que ella lo hubiera logrado por sus propios medios; sin embargo, hay una particularidad en el ser humano, y es que nos sentimos muy poderosos y fuertes cuando vos vemos apoyados por otros en cualquier cosa en la que creamos, y en cualquier meta que nos propongamos alcanzar.

Así que, probablemente, la paciente mantuvo este sentimiento y se curó a sí misma con la ayuda de los tres practicantes que proporcionaron el empuje energético para que su cuerpo respondiera.

Lo que los participantes hicieron fue mantener y reforzar el sentimiento de que la paciente ya estaba sana, y en menos de tres minutos el cuerpo de ella respondió.

La Física occidental nos dice que el campo, o energía, que permitió que se curase esta mujer es el mismo que dirige la paz entre las naciones; a diferente escala, pero el mismo principio.

Estuve involucrado en otro experimento en el que cientos de miles de personas se juntaron a través de internet.

Se coordinó, para un determinado día y hora, una pequeña ventana de tiempo durante la cual los participantes, que habían sido previamente entrenados para mantener un sentimiento de paz interior en sus cuerpos, pusieron manos a la obra.

Cuando hicimos esto, lo que sucedía estadísticamente en eventos en el mundo era que había varios conflictos bélicos en el planeta —como áreas a ser bombardeadas en Irak— cuya programación resultó postergada como resultado del lapso de tiempo que duró esta plegaria, y los crímenes se redujeron, al igual que las emergencias en los hospitales.

Un proyecto de investigación con computadoras hecho en la Universidad de Princeton pudo documentar el campo de conciencia a nivel global mientras estas plegarias se efectuaban, y los investigadores vieron en la pantalla un pico que indicaba que esta conciencia estaba respondiendo a los sentimientos de paz experimentados por cientos de miles de personas en ese instante.

Esto nos dice que la actividad de este campo puede ser medida y registrada en la pantalla de la computadora, lo cual fue parte del proyecto de la Universidad de Princeton llamado ”Proyecto conciencia global”.

Así que el campo es real, está aquí, y nos responde en modos que recién comenzamos a comprender.

Aún más. Recientemente se ha realizado una investigación a cargo de Masaru Emoto acerca de la relación entre las emociones humanas y las gotas de agua, la cual logró demostrar muy puntualmente esta relación.

Lo que la investigación descubrió es que las gotas de agua —el elemento que conforma el 70% de nuestro mundo y el 70 % de nuestros cuerpos— respondían a las emociones humanas en los casos en que una persona expresaba un sentimiento directamente hacia el agua al colocar etiquetas a los envases que la contenían, etiquetas en las que se impregnaron las emociones que sentía el investigador en el momento de escribirlas.

Los frascos en los que se colocaban las etiquetas eran luego congelados por un específico período de tiempo. Después los extraían del freezer y allí veían la cristalización del agua, que es lo que nos cuenta cómo responde el agua a las diferentes emociones.

Por ejemplo, de uno de los lugares más contaminados del centro de Japón se tomó agua muy contaminada. Esta agua nunca llegó a cristalizarse; al mirarla por el microscopio se alcanzaba a ver una forma nebulosa sin simetría, sin estructuras de cristales, que es la imagen del agua antes de que se le proyectaran emociones.

Pero después de que las emociones se hicieron presentes —por ejemplo, después de que 500 personas rezaron sobre esta misma agua contaminada— pudo compararse la fotografía del agua anterior, que la muestra en su estado tóxico, con la fotografía posterior de la misma que muestra una cristalización muy hermosa y en perfecta simetría, cristalización que se genera por la simple interacción entre las emociones humanas y el agua.

Otras investigaciones muestran a familias en las que los niños y sus padres rodean un recipiente con agua en una habitación, agua que no llegaba a cristalizarse porque estaba altamente contaminada.

Lo que hicieron fue jugar un juego en el que los niños transmitían amor al agua, diciéndole algo así como: “Te amamos, agua. Gracias por todo lo que brindas a nuestras vidas”.

Con su inocencia, los niños expresaban un genuino estado emocional, y fue así cómo los investigadores notaron que el agua recibió la energía de esta familia a través de las emociones de sus miembros, en la forma que los antiguos llamaban plegaria, y que el agua comenzó a cristalizarse en hermosas figuras simétricas muy claras.

Aquí volvemos a ver otro efecto directo entre los sentimientos en nuestro cuerpo y lo que sucede más allá de él, en el mundo que nos rodea.

Un ejemplo bellísimo y muy puntual de cómo cada uno de nosotros tiene la oportunidad de participar —no de controlar o manipular, sino de participar— en los eventos de nuestro mundo, de nuestras vidas, de las de nuestras familias, y de nuestros cuerpos, a través del campo que conecta todo en la creación.

El campo como un holograma

Uno de los principios más poderosos que se deducen del comportamiento de este campo es el hecho de que parece ser de naturaleza holográfica.

Un holograma es, por definición, un patrón que, no importa cuánto se divida, el todo sigue estando contenido en las partes por más pequeñas que éstas sean.

Por ejemplo, hace algunos años había unas tarjetas que cuando uno las miraba a la luz se veía la imagen de una rosa, de la Virgen María o de delfines saltando de una pirámide.

Estas imágenes eran hologramas, y cuando uno cortaba la tarjeta en varios y diferentes pedazos y miraba el más pequeño de ellos, o volvía a cortar ése y lo miraba magnificado, el patrón entero —la rosa, la Virgen, el delfín, etc.— se veía completo en todos y cada uno de los pedazos, incluso en el más pequeño.

Comparto este principio con ustedes porque parece ser que la conciencia, a través del campo, funciona de la misma manera, lo cual significa que todos nosotros, como pequeñas partes de un patrón más grande, estamos conectados, y que, inclusive, las más pequeñas cosas que hacemos a diario —la forma en que nos hablamos unos a otros, las cenas familiares, lo que sentimos cuando vemos el noticiero, la forma en que le contestamos al taxista que nos bloqueó la salida de la autopista, etc.— en cada aparentemente insignificante momento de nuestras vidas, tenemos una comunicación directa con este campo, con este holograma cuántico o la mente de Dios, individualmente.

Y cuando ponemos juntas todas nuestras conversaciones, éstas se convierten en nuestra respuesta colectiva, en nuestro espejo retrovisor, en nuestro amor colectivo, en nuestro afecto colectivo o ingratitud, nuestro odio colectivo, nuestro miedo y temor, etc.

Así que cuando observamos los eventos de nuestras vidas y nuestro mundo, y nos preguntamos cómo y por qué suceden estas cosas en la forma en que las vemos, quizá deberíamos mantener presentes estos principios, y preguntarnos si de verdad creemos, cuando vemos cómo éstos se desarrollan en el mundo de nuestro alrededor, que el principio trabaja tanto en una dirección como en la otra.

Cuando experimentemos los sentimientos de las vivencias que elijamos tener en nuestra vida y en nuestro mundo, por definición el holograma nos va a reflejar eso en nuestra vida real.

He escuchado a mucha gente decir que cuando ofrecemos una plegaria desde nuestros cuerpos, ésta debe ser enviada al destinatario de nuestro ruego.

Por ejemplo, si queremos enviar una plegaria a Medio Oriente debemos enviar energía allí, o si elevamos una plegaria para curar a otra persona, de algún modo debemos transmitirla desde nuestro cuerpo a donde esté físicamente esa otra persona.

Pero lo que sabemos por estos principios y las intenciones a ellos asociadas, es que el holograma nos dice que no debemos enviar o transmitir nada a ningún lado.

Nos dice que cuando experimentamos el sentimiento dentro de nuestro cuerpo, éste ya existe en todos lados, porque somos parte del todo.

Así como el patrón holográfico esta completo sin importar cuán pequeños sean los pedazos de la tarjeta, nosotros somos pequeños pedazos de este holograma, de esta conciencia, y por la virtud de simplemente sentir y usar esta energía para crear lo que elijamos desde nuestro interior, el efecto ya existe en todos lados, todo el tiempo.

¿Nunca ha tomado usted el teléfono para llamar a alguien con quien tiene afinidad, y apenas levantar el auricular ese alguien está al otro lado de la línea?

Mi madre y yo hemos tenido esta experiencia porque yo la llamo al menos una vez a la semana, desde dondequiera que yo esté.

No es inusual para mí levantar el teléfono y encontrar que ella ya está allí, o que la línea me da ocupada porque ella me está llamando al mismo tiempo.

¿Qué ocurre en esos casos? ¿Cómo es que la información viaja de donde estoy yo a donde está ella si la conexión es simultánea?

A casi todo el mundo le ha pasado esto alguna vez, y el holograma cuántico, y tal vez el principio holográfico, sea la respuesta a esta pregunta, porque cuando sentimos algo en un lugar, en cierto grado ese sentimiento está existiendo al mismo tiempo en todos lados y, en cierto grado, podemos enfocar estos sentimientos y adquirir la habilidad de experimentarlos claramente en nuestro corazones y hacernos conscientes de ellos y que no sean sólo pensamientos en nuestras mentes.

Y en ese grado tendremos la oportunidad de realizar curaciones como las que vemos en los hospitales, y los efectos que sintamos dentro de nosotros se proyectaran más allá de nosotros mismos y del mundo a nuestro alrededor.

¿Qué nos dice esta información acerca de la forma en la que vivimos nuestras vidas y sobre lo que está ocurriendo en nuestro mundo?

Bueno, al menos nos dice que hay algo ahí afuera, que hay un campo, una inteligencia viva que conecta todo en la Creación sin excluir nada.

Cualquier cosa que veamos en nuestro mundo, o lo que sea que le ocurra a nuestro cuerpo, sabemos, por virtud de este principio, que es parte de todo lo demás.

Sabemos que estamos conectados a este campo a través de lo que llamamos los sentimientos, las emociones y, específicamente, lo que sentimos en nuestros corazones es el lenguaje que le habla al campo, y es el lenguaje que el campo reconoce.

El campo puede no reconocer el idioma de los procesos mentales cuando decimos “Dios, que haya paz en el mundo”. Sin embargo, el campo definitivamente reconoce el lenguaje de los sentimientos, y cuando experimentamos la paz dentro de nuestros corazones es como si esa paz ya estuviera allí.

Éstos son algunos de los más sutiles y poderosos principios que nos dejaron los antiguos en el lenguaje de su tiempo.

Hoy, a 400 años del nacimiento de la Ciencia occidental, recién estamos comenzando a entender estos mismos principios, y aunque no lleguemos a comprender totalmente todo lo que les concierne, de donde viene el campo o por qué está ahí, sabemos lo suficiente como para poder aplicar a nuestras vidas los principios que vimos funcionar en condiciones de laboratorio y que los antiguos nos dejaron como legado.

Desde mi perspectiva, ésta es una fuerza muy poderosa porque toma la idea de la plegaria, la lleva más allá de cualquier religión o tradición espiritual, y la hace una tecnología interior disponible para todo el mundo más allá de nuestras creencias, más allá de nuestro estilo de vida, de nuestro linaje o de cómo o donde elijamos vivir nuestras vidas.

En cada momento de nuestras vidas estamos experimentando un sentimiento, y por virtud del mismo nos comunicamos con el mundo que nos rodea.

Así que, en vez de ver la plegaria como algo que hacemos de vez en cuando con la intención de cambiar nuestro mundo por un momento, detengamos la plegaria, levantémonos y caminemos.

Tal vez podríamos redefinir la plegaria como la forma en que sentimos en nuestra vida, y la forma en que, en todo momento, expresamos sentimientos en ella. Entonces nuestra vida se convertiría en una plegaria, en una plegaria viviente.

Siempre podemos mantener en nuestros corazones el sentimiento de paz. Ya sea que estemos manejando o estudiando en una clase o en el aeropuerto o en un centro comercial, en cierto grado podemos mantener ese sentimiento de paz y así la vida se convierte en una plegaria.

Hoy día podemos notar cambios acelerados en muchas personas en todo el mundo.

Algunos sienten que su mundo está fuera de control y que no tienen el poder de hacer nada al respecto.

Pero estos principios nos recuerdan que somos parte de todo lo que vemos, que el mundo que nos rodea es, nada más y nada menos, que un reflejo de aquello en que nos hemos convertido internamente.

Y en el lenguaje de quienes nos precedieron y a los que recordamos, debemos convertirnos en las experiencias que elegimos vivir en nuestras vidas. Debemos volvernos a la paz, curación, cooperación, compasión, amor, cuidado. Debemos elegir experimentar estos sentimientos en nuestras vidas, convertirnos en esas cosas para que el campo pueda reflejarlas hacia nosotros.

De esta manera obtendremos una guía que nos puede ayudar a convertirnos en mejores personas.

Al menos eso espero, porque al ser mejores personas formaremos un mundo mejor.

4 comentarios sobre “[*Opino}– «La ciencia de los milagros», por Gregg Braden. Para meditar. (Reedición con texto completo)

  1. Magnífico y esperanzador vídeo Carlos. Una vez más, gracias. Ya conoces mi inquietud por estos temas.

    En «MARCELO» decía que Julio Verne, cuando predijo el viaje a la Luna, tenía menos bases científicas que las que tiene él en la actualidad para imaginar el previsible más allá. Ya habla del holograma cuántico y de la energía cuántica en el agua de unos microtúbulos de ciertas neuronas.

    El conferenciante del vídeo habla también de la importancia del agua para estos fenómenos. Sin embargo cuando dice que nos estamos comunicando continuamente con el mundo cuántico, en MARCELO se habla del 5º espacio, o campo Psi. Eso es lo de menos. Lo más importante y trascendente son los experimentos iniciales a los que hace referencia al principio.

    Aunque dura 1 hora lo vi de una sentada sin pestañear.

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  2. Ok. muy bien. Te felicito por tu trabajo de editar los subtítulos de ese fabuloso video. Lo necesita la Humanidad ya que vivimos tiempos de violencia, pero es paz y amor lo que debe de reinar en la Tierra.

    Que tengas un buen día.

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