[Col}> “Sueños de emigrantes”: Teresa Cejas Valdés / Estela Hernández Rodríguez

Estela

En 1917, y cuando sólo contaba 16 años de edad, Juan Cejas Padrón vino a Cuba. El motivo que lo trajo hasta aquí fue el mismo que movió a casi todos los varones que emigraron de las Islas Canarias: La guerra, el servicio militar —muy duro en aquellos tiempos—, y la pobreza que imperaba en las Islas.

La hija que me contó su historia se llama Teresa Cejas Valdés, una anciana de 77 años, muy simpática y agradable, que no porque peine canas deja de ser jovial, y muy risueña y entusiasta a la hora de hablar acerca de los parientes de allá (Canarias) y de aquí (Cuba).

Dijo Teresa:

«Juan,   mi  padre,  vino   con   otro  hermano, quien luego regresó a Canarias. Eran oriundos de Valverde, El Hierro. Desde que mi padre llegó a Cuba comenzó a trabajar en los ferrocarriles de Ciénaga, Ciudad de La Habana. Luego se fue a San Cristóbal, provincia de Pinar del Río, donde existe un asentamiento de Canarios. Entonces se dedicó a la caña, renglón fundamental por aquellos tiempos en la economía del país. Fue fundador del Central de San Cristóbal, hoy nombrado “José Martí”. Él fue mecánico de ese central y, como tal, hacía varios trabajos».

El isleño, como también le decían sus amigos de la región, trabajaba todo el año. Para él no hubo tiempo muerto, pues ésa era costumbre en las zafras azucareras. También fue un hombre muy inteligente, por lo que llegó a jefe de reparaciones. No tenía miedo a las alturas, por lo cual a veces lo veían encaramado encima de aquellos molinos de viento para repararlos, o pintando uno de esos grandes tanques que utilizaban para el agua.

(Teresa Cejas Valdés, una Canaria de Valverde, El Hierro)

Entre sus preferencias, le gustaba montar a caballo. Dice Teresa que era buen jinete y que le contaba que cuando chico iba al campo a trabajar con su padre y llevaban queso y vino para merendar.

Cuando se mudó para San Cristóbal, conoció allí a la que fue su esposa, Inés Valdés Miranda, con la que tuvo 5 hijos. Más tarde enviudó y entonces tuvo 2 hijos en ese su segundo matrimonio.

Momentos de recordación

Teresa era la mayor de las hijas de Juan. Me contó que en el año 2003 visitó la Isla de El Hierro, y allí, en Valverde —la capital de esa Isla, la más pequeña del archipiélago canario—, con su familia, primos, y los hijos de éstos, y con otros familiares, pudo compartir momentos maravillosos.

Teresa contaba de su familia con tanta alegría que era como si quisiera que se conociera todo a la vez. De pronto fue muy presta a buscar las fotos, que se le habían quedado en su cartera, y en instantes volvió con su pequeño álbum y comenzó a mostrármelo. Ese álbum lo lleva siempre consigo, me dijo.

Pasó luego a contarme de lo bien que la había pasado en esa región de Canarias, en el terruño de su padre; de cómo, desde las alturas por la carretera y dentro del auto, veía aquellas casas del tamaño de una hormiga; y de lo cariñosa y amable que fue su familia con ella.

Para Teresa fue una experiencia inolvidable, y sus ojos denotaban lo que expresaba: el brillo húmedo que se notaba en ellos descubría ese sentimiento de amor por los suyos.

Así conocí por fotos a Guillermina, Julián, Dolores, José Francisco —que, me dijo Teresa, que trabaja en el aeropuerto— y a Edelia. En una palabra, los Sánchez Cejas de Valverde y, sobre todo, la casa de su padre, foto que mostró con mucho orgullo: una casa rústica pero con toda la belleza de recuerdos que para Teresa encierra, allí, en aquel pedacito de Valverde.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre/2010

[*ElPaso}– El más breve discurso político dado en El Paso

05-01-11

Carlos M. Padrón

Para cuando comencé a tener lo que llaman «uso de razón», ya estaba entronizado el franquismo, de forma que en mi niñez y adolescencia casi que no escuché hablar de política.

Sin embargo, sí se contaban algunas anécdotas de cuando esa actividad despertaba pasiones en muchos pasenses, entre los cuales no estaba mi padre que siempre fue refractario a ella y tal parece que, por suerte, me contagió ese rechazo.

De tales anécdotas sólo recuerdo la protagonizada por un pasense de apellido Galeno, hombre ya muy viejo cuando lo conocí, que, como los más de los campesinos del pueblo, era pragmático, contundente y parco en sus expresiones, y tal vez por la primera de estas características no quería saber nada de comunismo, ideología que tuvo cierta efervescencia en La Palma antes de 1936, cuando eran frecuentes los mítines en todos o al menos en algunos pueblos de la Isla.

En uno de tales mítines en el que participaron oradores de diferentes partidos, luego de que por el bando comunista hicieran uso de la palabra varios de sus líderes, Galeno, hastiado de lo que éstos dijeron, tomó su turno en el estrado y, sin otros preámbulos y en voz bien alta para que todos lo oyeran, redujo su discurso a esta sabia expresión:

«Comunistas, ¡sois cabras y ovejas sueltas en el campo de la poca vergüenza!»

Una metáfora que, tal vez por lo acertada, aún se recuerda —y lo demuestra este escrito— después de 75 años.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hdez. y Castillo: A Colón

A COLÓN

Colón, Colón, al meditar tu historia,
admiro de tu ingenio la agudeza;
porque del mar cruzaste la grandeza,
allende del que hallaste la victoria.

Y muéstranme tus páginas de gloria,
tu valor, tu constancia, tu nobleza;
igual quo de Occidente la riqueza
que diste a España, tierra meritoria.

No hay duda que fue grande tu talento,
acaso de tu siglo el más fecundo,
porque hallaste tu gran descubrimiento,
porque diste a mi patria un Nuevo Mundo.
Pero exclamo al pensar tu triste muerte:
¡¡Colón, Colón, que adversa fue tu suerte!!

[Col}> “Sueños de emigrantes”: Elvira Quintero Hernández / Estela Hernández Rodríguez

Estela

Una herreña que, sin querer, se convirtió en emigrante.

Esta historia sucedió en El Pinar, en El Hierro, y trata de los momentos vividos por una niña llamada Elvira Quintero Hernández que nació en ese lugar, en 1913 y en un hogar humilde y pobre.

Fue a los diecisiete días de nacida cuando la bautizaron, y su madrina, María Toledo, era muy cariñosa con ella. María era una herreña que a menudo viajaba a Cuba, donde tenía su casa, aunque residía en El Hierro. Tenía tres hijos varones, y siempre quiso tener una hembra, según contó Elvira.

Mientras, en el hogar de la pequeña herreña transcurría la vida cotidiana. Sus padres tenían como costumbre hacer queso, y su mamá a otros lugares para canjearlo por otros productos; así era por aquella región. Me contaba Elvira que, por esos años, en su terruño no había ni agua que tomar, todo estaba acabado, ni calles.

Recuerda cómo ella se preocupaba porque no llovía, pues a su padre, Gabriel Quintero, le hacía falta el agua para su escaso ganado.

Entonces, y por esta situación, su madrina a veces la llevaba para su casa y la tenía por momentos. Luego se quedaba un día con ella, y después varios. También su madrina le compraba uno que otro juguete, algo que sus padres no podían hacer.

Así fue creciendo, y cuando ya tenía once años, María Toledo le pidió a su comadre que dejara ir a Elvira con ella a Cuba para que conociera esa Isla. Para ello tuvo que pedir un permiso, y a la niña, le gustara o no la idea, tenía que aceptarla, pues en aquel tiempo los menores no tenían voz ni voto; lo que decidieran los mayores tenían que aceptarlo.

A Elvira la acompañaron sus padres al embarcadero. Vino a Cuba en el barco francés “La Salle”, en el que toda la tripulación era francesa.

«Yo, era la única niña que venía en el barco, y los marinos me daban la mano y me llevaban a comprar caramelos en la bodega del barco», decía Elvira con tristeza.

Una nueva vida

A su llegada a Cuba, recuerda cómo, luego de desembarcar, se trasladaron hasta la casa en un fotingo al que había que darle cranque para que caminara, pues era de los autos que en aquella época arrancaban de esa forma.

Dos de los hijos de María Toledo eran comerciantes, y otro trabajaba en un Banco. Elvira estudió sólo la primaria, y nunca más su madrina la llevó a Canarias.

Pasó el tiempo, y un día Elvira supo de una mala noticia: cuando El Hierro su madre y hermana se dirigían al canje de productos, a causa de un deslave en el terreno cayeron por un barranco y fueron arrastradas por un arroyo.

Su madrina aprovechó ese incidente y le dijo a Elvira que toda su familia había perecido en el deslave. Fue muy triste para la niña, que quedó traumatizada. Lloraba mucho porque también pensaba mucho en su familia.

Lo único bueno que tenía el estar bajo la tutela de su madrina era que nunca pasó hambre ni necesidades, pero esa mujer la había separado de sus seres queridos, algo muy importante para Elvira.

Recuerda cuando iba al cine, al que una hermana de su madrina la llevaba. Contaba que le decían «La llorona» porque lloraba por cualquier cosa que le sucediera, algo que era lógico porque su dolor lo llevaba por dentro, según me dijo.

Tres años después murió la madrina, y entonces su hermana, Juana, se hace cargo de Elvira. En 1935, se trasladaron a La Habana y fue cuando ella comenzó a trabajar. Por el año 1947 se casó, pero el matrimonio no le fue bien, y a los dos años se divorció. Luego comenzó a trabajar de oficinista, y contrajo nuevamente matrimonio.

La verdad toca a las puertas de Elvira

Pasó el tiempo y, casualmente y en gestiones con la isla de El hierro para solicitar una inscripción de nacimiento, sin esperarlo descubrió a una sobrina y, por ella, supo luego de otros parientes, y así se enteró de que el día del accidente en el barranco sólo habían muerto su madre y una de sus hermanas.

Por las fotos que de El Hierro le enviaron dos de sus hermanas pudo ver a su familia más cercan, y también a sus sobrinas y primos, entre otros, y conocer su verdadera historia.

No todos habían muerto, tenía una familia y no lo sabía. Pudo más el sentimiento que hacia ella tuvo su madrina, a quien no le importó hacerle tan tremendo daño.

Estela Hernández Rodríguez
La Habana (Cuba). Noviembre/2010

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Dr. Miguel Gordillo y Almeida

Este distinguido hijo de las Afortunadas nació en la ciudad de Guía (Las Palmas) y vino a Cuba muy joven, después de concluir sus estudios de pilotaje con notable aprovechamiento.

Pero no gustándole las penurias del marino, ingresó en la Universidad Literaria de La Habana donde concluyó sus estudios de Medicina y alcanzó, a fuerza de constancia, una buena posición social, dedicándose también a la enseñanza, en la que ha dado muestras de notable geógrafo.

En la actualidad es el Dr. Gordillo y Almeida propietario de uno de los mejores establecimientos hidroterápicos de La Habana, dotado de eficacísimos baños artificiales.

Fue uno de los socios fundadores de la Asociación Canaria y Protección Agrícola de La Habana, y miembro de su directiva durante muchos años.

El Dr. Gordillo y Almeida fue colaborador del antiguo periódico El Mencey, y uno de sus más decididos y ardientes protectores.

Ha escrito un compendio de geografía en verso de la isla de Cuba, que ha sido declarado de texto para los colegios de primera enseñanza.

En la ruidosa cuestión de las contratas de emigrantes canarios —1877-1879— no sólo combatió con calor, en el seno de la directiva de dicha asociación y a la par de sus compañeros, ese inicuo y malhadado sistema de colonización, sino que contribuyó con gruesas sumas para librar a sus comprovincianos de la disimulada esclavitud en la que, bajo la apariencia humanitaria, quería envolvérseles.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Fotos de 1974

Pasada ya la vorágine navideña y la panteísta del año nuevo, y llegados a los días en que yo quisiera despertar de mi cura de sueño si pudiera cumplir mi deseo de entrar en ella todo 1 de diciembre, retomo el pulso del baúl, manteniéndome apegado en lo posible al orden cronológico, y voy hoy con fotos del año 1974.

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Foto 1.

Kick off del 18-01-1974. Foto cortesía de Luis Fernando Guerra.

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De izq. a derecha:  1, Miguel Cabrera;  2, Erwin Kment;  3, Fernando Lacoste;  4, Luis Fernando Guerra.

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Foto 2.

Kick off del 18-01-1974. Foto de mi archivo.

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En el sentido de las agujas del reloj:  1, Manuel Alberto Gutiérrrez (casi de espaldas);  2, Hans Barany (se le ve sólo la frente);  3, Carlos M. Padrón (con bigote, ¡cosas de juventud!);  4, Antonio Carracedo; 5, Jesús Alonso (el de barba);  6, Jaime Trillas

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Foto 3.

HPC (Hundred Percent Club, o Club del 100%), 21-02-1974. Foto de mi archivo.

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En el sentido de las agujas del reloj:  1, Carlos M. Padrón (aún con bigote);  2, Gianni Marzorati (con bigote y barbita de mosquetero);  3, Gilbert Jones;  4, Rainer Barany.

El nombre del 3 me fue dado por Antonio Ramírez quien, además de asegurar, al igual que Jaime Viilalta, que el 4 es Rainer Barany (ya he puesto ambos nombres) me dice algo, para mí asombroso, que copio textualmente: «En la misma foto pero en la mesa de atrás se pueden reconocer, de izquierda a derecha, a Julio Carrillo, Henry Bullones, Alberto Rando, y Carlos Salas. El que está de espaldas pudiera ser Ricardo Castillo». ¡Gracias, Antonio!

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Foto 4.

Marzo de 1974. Foto cortesía de Mayca Larrea.

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De espaldas, Salvador Covelo ;  De frente, Julián Larrea ;  En la esquina inferior derecha, Rolando García Lago.

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Foto 5.

CLAB (Congreso Latinoamericano de Automatización Bancaria), en Lima (Perú). Noviembre de 1974. Foto extraída de una película tomada por mí.

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Francisco Urvina, y su entonces esposa, Idania Martín.

[*ElPaso}– «Espejo de la Vida» / Poesías de Pedro Martín Hdez. y Castillo: Alemania

ALEMANIA

Los hombres más preclaros predijeron
que en Europa una guerra surgiría,
que de España a los hombres llenaría,
y sus tristes augurios se cumplieron.

En esa guerra los prusianos fueron
en valor, en constancia, en hidalguía,
acaso los más fuertes, desde el día
que el tremendo conflicto promovieron.

No obstante, decayó el militarismo,
vencido por los pueblos de civismo…
Volvió la paz, la libertad empieza.

Más, aunque fue vencida en esa guerra
por las grandes potencias de la Tierra,
de Alemania se admira la grandeza.

[Col}– Caracas, la Ciudad Elegida, y las Columnas de Hércules / Vicencio Díaz

05-01-11

Vicenzio

Algunas personas quizá hayan leído artículos anteriores sobre la ciudad elegida, y se habrán hecho preguntas que nunca llegaron a ser conocidas por mí; una de ellas tal vez sea «¿Va a ocurrir algo en Caracas? Si es así, ¿cuándo?».

La verdad es que para no someterles a una angustiosa espera les diré que lo más importante sobre la ciudad elegida, y para lo cual fue elegida, ya ocurrió. Eso fue un plan quizá elaborado antes del Diluvio, ya preparada la tierra ésta para los que iban a llegar hasta acá entre los descendiente de Noé para hacer de todas aquellas razas una sola, de tres naciones una nueva, sana de toda enfermedad, libre de contaminación de ideas falsas, y capaz de buscar la justicia y alcanzarla.

Sin embargo, las cosas tienen su tiempo, y el hombre no estuvo preparado para migrar sino después de muchas tribulaciones, y los de acá no estaban preparados para recibirles pues, en su aislamiento de otras culturas, habrían de acostumbrarse a soportarse unos a otros como hermanos, a la fuerza, sin conciencia de libertad, pues eran siervos unos de otros, así como los del otro lado del rio de la fraternidad, también lo eran.

Por alguna razón, siendo tres grupos étnicos separados por algo que no tiene visos de veracidad, pues no aparece mayor diferencia en el genoma, llegaron a repudiarse de tal manera que se vieron enfrentados en guerras contantes, y el cambio climático los forzaba a reunirse y a mezclarse, pero ellos siempre quisieron ser tres y se avergonzaban de los que por casualidad saltaban la talanquera y formaban parte del cuarto grupo: los bastardos.

Algo les dijo desde siempre «¡Hacia occidente!», y hacia occidente siempre fueron, dejando atrás los volcanes del cinturón de fuego, las zonas donde antes tuvieron sus templos y sus pastizales y ganados, y se fueron hasta encontrar el Rhin y sus hijos.

Se tomaron su tiempo, y tomaron sus hijas y se mezclaron, pero no mucho, sólo lo suficiente para tener siervos y siervas, pues eso creían ellos. Avanzaron, y en oleadas llegaron al despeñadero, la Spania de los romanos, el final según las leyendas, desde donde no podían continuar, pues las Columnas de Hércules era lo último, más allá de lo cual sólo se podía encontrar la muerte.

Las Columnas de Hércules no eran otra cosa que esos dos archipiélagos, Las Azores y Las Canarias, en medio del camino de los valientes, los atrevidos y audaces de los cuales debe de haber habido muchos que aprovechando los vientos de verano no se detuvieron ante el temor de NON PLUS ULTRA, sino que se tiraron al agua y dejaron a los demás godos detrás.

Pasado el tiempo y en llegando el señalado, uno de tantos atrevidos, quizás genovés, siguió el mismo camino, y después de distraerse en el mar del centro de la Tierra, siguió, como todos los que deseaban mejores pastos, aguas y vientos, y se lanzó en su búsqueda.

Alternó entre lusitanos e hispanos, y con todo lo que logró conseguir se tiró a buscar su destino no sin antes detenerse en las Columnas de Hércules quizá para coger aire, tomar agua y alimentos, aparte de para elevar sus oraciones al altísimo que hasta allí le había traído.

Sé que este lugar es el destino de todas las razas, y a este lugar han de venir a buscar aquello que les fue dado, y quizás tengan que detenerse en las Azores o en las Canarias como antes sus padres lo hicieron en la península, pero no se regresan sin terminar de cruzar el rio EÚFRATES y tomar lo suyo, aunque después vuelvan a su terruño.

A los que desde el tiempo no conocido fueron elegidos para habitar en estas tierras y ya están aquí; a los que han de venir a formar parte del mismo grupo; a los que deben de permanecer en su terruño, aunque periódicamente deban de venir a buscar su alimento a tiempo, les adjunto una gráfica satelital que quizá les ayude a entender lo importante que son su movimientos.

La Ciudad y la ruta de San Pablo

Al igual que las Columnas de Hércules no son el destino final, tampoco Caracas lo es, pero al igual que las Columnas de Hércules son la puerta de entrada a la Tierra de Gracia, o a la Galilea de los Gentiles, Caracas es la primera de la puertas abiertas para entrar en la Gran Ciudad de Jerusalén, donde se posará la futura ciudad santa.

¿Y de dónde viene esto, de la Galilea de los gentiles o de la Ciudad Santa? ¿Y qué tienen que ver en ello Las Azores y las Islas Canarias, o, más aún, la misma Spania?

Las respuestas tenemos que buscarlas 1.500 años atrás, antes de que se abriera el paso hacia las nuevas tierras, como aparece en el escudo de los Reyes Católicos —el que tiene las columnas que dicen PLUS ULTRA— o en el escudo del águila vidriera.

Cuando pasados tres años del reinado de Claudio un preso del César, de nombre Pablo, era llevado desde Jerusalén hasta Roma, la nave donde viajaban encalló en la isla de Malta.

Después de algún tiempo, los que iban en esa nave subieron hasta Roma donde Pablo permaneció dos años, y probablemente se entrevistó con Claudio, pues a él había apelado.

El caso es que, en una carta anterior de Pablo escrita a los romanos, les decía que le gustaría pasar por Roma, y que así esperaba hacerlo para que lo encaminaran hacia Spania. O sea, su objetivo no era permanecer en Roma, para entonces el lugar más importante del mundo conocido, sino ir a Spania. Pero ya sabemos que, para todos los que se movían hacia occidente, Spania era como un “Culo de botella” por las trabas que a los migrantes les ponían las famosas columnas.

Por aquellos días, y según las tradiciones, Santiago estuvo también en Spania, y a eso se refieren las peregrinaciones del Camino de Santiago que se detienen en Santiago de Compostela. Pero no era ése el destino de los creyentes en la doctrina de El Camino hacia la Galilea, de los gentiles, sino que el destino era PLUS ULTRA: las Columnas de Hércules.

Es el norte de España el origen de los migrantes que tienen por destino la esquina norte de la gran ciudad, y que a su paso dejan atrás la columna de la derecha, o sea, las Azores. Y es el sur de España el origen de los migrantes que, pasando por las Canarias, tienen por destino la esquina Este de la gran ciudad, entre cuyos lados media una distancia exacta de 12.000 estadios, que vienen a ser 1.200 millas.

Ahora bien, como si fuese la obra de un gran arquitecto, obra que requiere un fundamento y una orientación, así quien diseño esta Gran Ciudad tomó como piedra angular un lugar de los Altos Mirandinos —conocido por Google Earth como Los Dolores, con coordenadas 10º 20’ Norte y 66º 56’ Oeste—, alineado con el Camino de Santiago y con el sur de Caracas, que fue la ciudad escogida como piedra angular, de la misma manera que Las Canarias y Las Azores fueron escogidas como puerta de entrada, y como España fue escogida como puerto de partida.

Bienaventurados los migrantes que hayan recorrido el Camino que fue indicado por Jesús y Pablo a sus seguidores. Para ellos no hay indulgencias humanas sino el merecido galardón por la obediencia a los que, sin saberlo, optaron por seguir el Camino de los escogidos de dios.

Vicencio Díaz

[*Otros}– Los Canarios en América / José Antonio Pérez Carrión: Miguel Jerónimo de Orihuela

Bachiller en Leyes de la Universidad de La Habana, y escritor jocoso, de costumbres y dramático, nació en la ciudad de Las Palmas.

Su juguete como «Los Portales del Gobierno» —1814— obtuvo un extraordinario éxito.

Según afirma Calcagno, solía escribir en algunos periódicos, y firmar con el pseudónimo «El duende de las Antillas».