[*Otros}– La Laguna (Tenerife). Origen de su nombre

7 Abril, 2008

Melchor Padilla

Todos sabemos que la ciudad de La Laguna recibe su nombre del antiguo pequeño lago (en adelante, laguna) en cuyas orillas se fundó, pero pocos conocen dónde estuvo, cómo era y cómo sería la ciudad si aún existiera esa laguna.

Todavía hoy, algún turista despistado que visita la ciudad pregunta dónde está la tal laguna, pero ésa ya no existe, aunque sabemos por los documentos históricos cuáles fueron su ubicación y sus características.

Los aborígenes la llamaron Aguere (a-garaw: gran superficie de agua), pero la primera referencia histórica nos la da el ingeniero cremonés Leonardo Torriani, enviado por el rey Felipe II para analizar y mejorar en lo posible las fortificaciones de las islas Canarias.

Torriani escribió “Descripción e historia del reino de las Islas Canarias” (1588), una fuente fundamental en la que describe las islas, sus principales poblaciones y su historia, además de aportar datos y planos para sus fortificaciones. En su obra aporta el único plano de la ciudad en el que aparece la laguna. La describe así:

«Se forma por la reunión de las aguas de los montes circunvecinos, se llena por medio de un riachuelo que viene desde el norte, y se desagua por otro que corre en dirección del levante. Tiene poco fondo, y durante el verano a menudo se seca completamente. Es muy útil para el ganado que pasta en su alrededor, en número infinito. Para los que tiran el arcabuz es un verdadero deleite, por la diversidad de pájaros y animales que viven en ella; tanto más, que está muy cerca de las casas, de modo que resulta útil y agradable, sin cansar y exigir mucho camino».

Nos dice, además, que su perímetro era de unos 1.880 metros (2.700 pasos andantes).

El profesor Criado, de la Universidad de La Laguna, en su interesante “Breve e incompleta historia del antiguo lago de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, publicada en 2002 y hasta ahora el trabajo más completo sobre el tema, establece la profundidad máxima de la laguna en torno a los 0,80 metros. A finales del siglo XVI, el viajero inglés Sir Edmund Scory nos dice que la ciudad «toma su nombre de un gran lago o pantano que tiene cerca, hacia el oeste, en el cual se hallan de ordinario gran número de pájaros de río de diferentes especies».

A partir del siglo XVII los distintos autores que describen esa laguna —Núñez de La Peña, Castillo, o Glas— insisten ya en que se secaba en verano, por lo que debemos suponer que se trataría de un pantano o humedal cuyo volumen de agua dependería no de los aportes de los nacientes del monte de Las Mercedes, sino exclusivamente de las lluvias invernales.

Paulatinamente fue desapareciendo, y en el plano del teniente coronel Amat de Tortosa, que copia en 1779 el marino francés M. le Chevalier Isle, ya no aparece ninguna superficie de agua. En 1837, ingenieros militares drenan y nivelan el llano, lo que supone la desaparición de la laguna como tal.

 

Saber donde estuvo es todavía sencillo. Desde las montañas que circundan la ciudad puede apreciarse una mancha de vegetación que ocupa el lugar de nuestra laguna. Su perímetro viene marcado por las calles Silverio Alonso, Lucas Vega, Marcos Redondo, Paseo Oramas hasta el Estadio de La Manzanilla, Alfredo Kraus y Concepción Salazar hasta el Camino Largo. Una de las calles que iban a dar al lago, Rodríguez Moure, recibe todavía el nombre popular de calle Remojo, evidentemente por las inundaciones que provocaban las subidas de nivel del agua de la laguna.

Una reconstrucción infográfica nos permite situar la laguna en una fotografía aérea, y ver cómo sería la ciudad si todavía existiese la desaparecida laguna.

Sólo en el siglo XX, en 1922, 1950 y en 1977, lluvias torrenciales ocasionaron que por unos pocos días volviera del pasado el recuerdo de la laguna que dio nombre a la ciudad. Las obras emprendidas por el primer ayuntamiento de la democracia, que presidió el pintor Pedro González, sirvieron para sanear la red de evacuación de aguas por los barrancos de la ciudad, por lo que el peligro de inundaciones ha disminuido mucho. Pero la Naturaleza es persistente.

Nota de la redacción: El vecino reportero autor de esta información expresa su agradecimiento a Adrián Alemán de Armas por facilitarle la fotografía de la inundación de La Laguna en 1977.

Fuente: Lo que pasa en Tenerife

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Cortesía de Roberto González Rodríguez

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