[*Drog]– El amor, ¿tan sólo una droga?

Al menos para eso que llamo drogamor empezó bien 2009, pues parece que, ¡por fin!, la Ciencia comienza a entender y a aceptar que tanto el enamoramiento como el amor, hasta en su manifestación maternal, son una droga, como he venido diciendo desde hace años.

Tan droga es que, según el artículo que sigue, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y este otro párrafo “A aquéllos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado. Incluso se podría llegar a realizar un ‘test del amor’ para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz”, que deja claro qque uno puede enamorarse de quien no debe, me crea la esperanza de que ya comienza a pensarse en hacer algo contra esa droga, como crear un antídoto, y un medio de prevención para minimizar sus malas consecuencias.

La enfermiza sentencia “El corazón tiene razones que la razón no comprende”, que desde pequeños escuchamos todos, parece perder su encanto ante la aseveración de que eso de que el amor es algo que va más allá del entendimiento es una maldición, pues realmente lo es.

Casi que me siento halagado con la aseveración de que el drogaor proviene del mundo animal, pues he sostenido que constituye un algo instintual que está reñido con la razón.

Incluso el científico que expresa un cierto grado de desacuerdo, habla de que, a fin de controlar el drogamor, en el futuro podrían llegar a utilizarse fármacos para mitigar el sufrimiento innecesario. Queda claro que eso es lo que el drogamor termina produciendo: sufrimiento innecesario.

¿Viviré lo suficiente para ver una reacción social destinada a combatir la maldición del drogamor, educando para que se le reconozca como droga, combatiendo su drogadicción, y minimizando los efectos de ésta cuando no pudo evitarse?

Carlos M. Padrón

***

8 de enero de 2009

Pallab Ghosh

Se suele decir que el amor es una droga pero ¿es tan sólo eso?

El profesor Larry Young, de la Universidad Emory de Atlanta, en Estados Unidos, cree que sí.

En un artículo que ha publicado recientemente en la prestigiosa revista Nature, el profesor Young afirma que el amor puede explicarse a través de una serie de procesos neuroquímicos que suceden en áreas específicas del cerebro.

Si ello fuera cierto, afirma Young, no tendríamos que depender más de las ostras o del chocolate como afrodisíacos. En vez de eso, sería posible que los científicos desarrollaran afrodisíacos químicos que harían que nos enamorásemos de la primera persona con la que nos cruzáramos.

Y a aquéllos que se enamoran de quien no deben, se les podría dar un antídoto contra un amor inadecuado. Incluso se podría llegar a realizar un “test del amor” para saber si dos personas están predispuestas a tener una vida en común feliz.

Sin poseía

A lo largo de los siglos los poetas nos han hecho creer que el amor es algo que va más allá del entendimiento, pero esta idea es una maldición para el doctor Young.

“No sé si seremos capaces de entenderlo totalmente, pero creo que nuestras emociones han evolucionado de comportamientos y emociones que provienen del reino animal. No creo que la manera en que una madre quiere a un hijo sea tan diferente del amor que una madre chimpancé siente por sus crías, o incluso una rata”, asegura el científico.

En los animales, los científicos han descubierto que una sustancia química, la oxitocina, es la responsable de desarrollar el vínculo entre la madre y su hijo.

El profesor Young cree que es muy posible que el mismo proceso suceda en los humanos.

“Lo que pasa es que cuando experimentamos esas emociones, son tan intensas que no podemos imaginar que se trata tan sólo de una serie de procesos químicos”, asegura el científico.

Pero incluso si ello fuera verdad en el caso del amor maternal, ¿sucede lo mismo en el caso del amor? El profesor Young cree que sí.

Los investigadores han descubierto que la oxitocina es la responsable de vincular a los ratones de campo, que como los humanos crean un fuerte vínculo entre ellos que dura por un largo tiempo.

También se han realizado estudios en humanos que muestran que la oxitocina incrementa la confianza y la habilidad de comprender las emociones en los otros. Así que Young asegura que tiene sentido pensar que el mismo tipo de molécula está involucrada en fortalecer los vínculos entre las personas.

Otras sustancias

El científico cree que también hay otras sustancias químicas responsables de fortalecer ese vínculo, así que tan sólo se debe investigar para averiguar cuáles son.

“Estoy seguro de que esto es sólo el principio. Hay cientos de moléculas de señalización que actúan en áreas diferentes del cerebro. Creo que algún día entenderemos mejor cómo interactúan todas esas sustancias químicas en áreas especificas del cerebro que tienen la función de hacer surgir esas emociones complejas”, asegura y explica Young.

Habiendo dejado las cosas claras a los poetas, el profesor Young tendrá que discutir con los científicos que no están de acuerdo con su teoría de que el amor depende tan sólo de sustancias químicas.

¿No tendrán algo que ver también la educación y la psicología?

“La educación juega un papel importante, pero la manera en que la educación funciona es mediante la alteración neuroquímica”, reconoce Young.

Según el científico, se sabe por estudios realizados con humanos que “Las mujeres que han experimentado abuso o negligencia al inicio de su vida tienen unos menores niveles de oxitocina en el cerebro, así que estoy totalmente de acuerdo en que las vivencias tienen un impacto importante en nuestra habilidad para las relaciones, aunque ese impacto ocurre a través de cambios en la neuroquímica y en la expresión genética”.

Manipulación

Así que, si el amor es tan sólo una complicada reacción química, ¿podría la más poderosa de las emociones humanas ser manipulada? El profesor Young cree que sí.

“La oxitocina agudiza la visión y aumenta nuestra habilidad de reconocer emociones en otros. Podría mejorar nuestra habilidad para formar relaciones, así que existe la posibilidad de que la oxitocina sea usada, junto con terapias matrimoniales, para devolver la chispa a una relación”, explica.

En el mercado ya existen perfumes que contienen oxitocina, aunque el profesor Young cree que los niveles de esta sustancia que esos perfumes contienen son demasiado bajos como para que realmente funcionen como afrodisíacos.

“Creo que en el futuro podremos desarrollar fármacos que afectarán ciertas áreas del cerebro para estimular el amor”.

Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, no está totalmente de acuerdo con la teoría de Young.

“Es interesante explorar las bases neuroquímicas del vínculo amoroso, pero no podemos pensar que esta teoría por sí sola nos proporciona una compresión total de lo que es realmente el amor. También están involucrados factores evolutivos, psicológicos y sociológicos, además de perspectivas humanistas que ofrecen puntos de vista interesantes”, asegura Bostrom.

Sin embargo, cree que en un futuro será posible modular los mecanismos neurológicos que juegan un papel en el vínculo amoroso.

“Utilizando sabiamente este tipo de fármacos se podría mejorar la experiencia humana y mitigar el sufrimiento innecesario. En cualquier caso, este tipo de manipulación planteará una serie de cuestiones éticas y culturales, que deberán ser exploradas cuidadosamente”, explica Bostrom.

Fuente: BBC Mundo

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