[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (2/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

El 19 de abril de 1810 fue arrestado Fierro, en su casa, por el doctor Vicente Tejera quien cumplía órdenes del Cabildo, y le fue dejada una guardia mandada por el capitán Galindo.

A las dos y media de la tarde fue conducido Fierro desde su casa hasta la Sala Capitular, y después lo encerraron en un cuarto del mismo Cabildo con el jefe del campo volante, teniente coronel Lorenzo Fernández de la Hoz. A las seis se les permitió regresar a sus respectivas casas, acompañado cada uno de ellos de dos diputados, a Emparan y demás funcionarios, pero se hizo excepción de Fierro y Fernández de la Hoz, quienes quedaron presos en la sala concejal, y a las nueve de la noche fueron trasladados desde el Cabildo al cuartel veterano, situado entonces entre las actuales esquinas caraqueñas de Panteón y Dos Pilitas.

Como es sabido, al formarse la Junta Suprema, el 19 de abril de 1810, una de sus primeras medidas fue la expulsión de las autoridades depuestas:

• don Vicente Emparan, Capitán General de la Provincia;
• don Felipe Martínez de Aragón, oidor decano de la Real Audiencia;
• don Antonio Julián Álvarez y don José Gutiérrez de Rivero, oidores de la Real Audiencia:
• el brigadier don Agustín García de Carragliedo, comandante genera de Artillería;
• don Vicente Basadre, intendente general:
• el comandante licenciado don José Vicente de Anca, teniente gobernador y auditor de guerra;
• Fierro,
• Fernández de la Hoz, y
• el tenientes coronel don Joaquín Osorno, comandante del cuerpo volante.

El 21 a las cinco de la mañana salieron a caballo, bajo guardia de honor, del Cuartel Veterano camino a La Guaira y escoltado cada uno de ellos por un oficial y seis soldados de caballería: Fierro, Basadre, Martínez de Aragón, García de Carrasquedo, Osorno, y Fernández de la Hoz; y en el camino, un cuarto de hora después, se les unió Emparan, quien venía de su casa con igual escolta.

Además acompañaron en este viaje a las últimas autoridades del régimen colonial “cuarenta o cincuenta paisanos, nobles y empleados” (dice Basadre) “todos a caballo con armas blancas o de fuego».

A las once de la mañana llegaron a Maiquetía, desayunaron en la casa del Corregidor, y montaron nuevamente a las tres de la tarde, y al cuarto de hora arribaban al puerto de La Guaira, donde fueron embarcados el día 27 en el bergantín “Nuestra Señora del Pilar», escoltados por un paquebot del corso al mando de Juan Valenzuela, y rumbo hacia los Estados Unidos de América, excepto Gutiérrez de Rivero, que, a causa de hallarse su consorte con nueve meses cumplidos de embarazo, se le permitió quedarse en Caracas hasta el 1° de mayo, pero viendo el Cabildo que no había resultado alguno se le obligó a partir para La Guaira ese día, con todos los miramientos que necesitaba la señora, escoltada por un piquete de caballería.

También Basadre y Anca fueron dejados en La Guaira con sus correspondientes familias y en compañía de Fierro que había sido desembarcado y pasado al castillo del Zamuro. La guardia de Basadre, Anca y Fierro, compuesta de caballeros mantuanos de Caracas, se relevaba todos los días a las diez de la mañana, y la comida que le suministraban procedía de la fonda y era pagada del tesoro público.

El 5 de mayo se dieron a la vela, en la fragata “Fortuna», mandada por el capitán Pablo Domenec, Fierro, Basadre, Anca, y Gutiérrez de Rivero, estos tres últimos con sus familias. Eran por todo cuatro familias que hacían un total de 28 personas: 10 mujeres, 10 niños y 8 hombres con los criados. La “Fortuna” había salido con rumbo a Cádiz, pero los pasajeros rogaron al capitán del buque que los condujera a Puerto Rico, librándose así de ser víctimas de una epidemia de que se tenia noticias se sufría allá.

Accedió aquél, y el viernes, 11 de mayo, dieron fondo en el puerto de la Aguadilla, en la costa de Puerto Rico. Aquí, según opinión de Basadre, debería uno de los cuatro, seguir viaje a Cádiz para informar al Supremo Consejo de la Regencia de lo ocurrido en Caracas. Los otros tres manifestaron que se quedarían en Puerto Rico, resolviéndose que Basadre siguiera solo a la Metrópolis a pesar de la persuasión que le hacían su mujer, su suegra, y el llanto de sus pequeños hijos.

El 13 de mayo se hizo a la mar Basadre, llegando a Cádiz, a bordo de la corbeta “Fortuna», el 4 de julio de 1810.

Fierro y Gutiérrez de Rivero siguieron a San Juan para ponerse bajo la protección del gobernador de la isla, don Salvador Meléndez; y Anca se quedó con su familia en la Aguadilla, desde donde dirigió al Supremo Consejo de la Regencia, con fecha 15 de mayo, una interesante relación de los sucesos ocurridos en Caracas el 19 de abril anterior.

El 29 de abril de 1810, el Consejo de Regencia de Cádiz nombró al Mariscal de Campo don Femando Miyares y González, que a la sazón era Gobernador de la Provincia de Maracaibo, para sustituir al Gobernador de la Provincia de Caracas, Mariscal de Campo don Vicente Emparan.

Y para dar mayor vigor a la autoridad de Miyares, encargó al Comisionado Regio para la pacificación de Venezuela, don Antonio Ignacio de Cortavarria, para que le diese sus instrucciones; se circularon órdenes al Virrey de México, y a los Capitanes Generales de Cuba y Puerto Rico, para que le protegieran con toda clase de socorros, y a fin de que las operaciones militares tuvieran todo el éxito que se esperaba, le nombraron por consultores al brigadier don Juan Manuel Cagigal y al coronel don Francisco Carabaño, y le recomendaron para su colocación en el ejército a Fierro y a los tenientes coroneles Fernández de la Hoz y Emeterio Ureña.

El 23 de mayo de 1812, Fierro fue nombrado Brigadier de Infantería de los Reales Ejércitos. El 22 de julio de 1812, llegó Fierro a Puerto Cabello acompañando a Miyares, en unión de los demás oficiales que habían salido de Puerto Rico destinados a Venezuela; y el 29 del mismo mes fue comisionado por Miyares, para salir al encuentro del Comandante de las Tropas, don Domingo de Monteverde, con objeto de que ajustase con él las peligrosas diferencias que ocurrían, en razón de no haberle éste querido entregar el mando de la Provincia al repetido Miyares.

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Del recuerdo

DEL RECUERDO

No ves que ya no cantan alegrías
alondras a la luz madrugadoras.
No le pidas al arpa sinfonías
que vuelvan del pasado que hoy añoras.

Lo pasado pasó, y están vacías
de ilusiones, de amor, mis largas horas.
No brotan sino triste melodías
del silencioso corazón que adoras.

Un manto de quietudes nos envuelve
para la espera lenta y angustiosa
que al porvenir eterno nos devuelve.

No cantes inconsciencias recordadas
en esta tarde inmensa y ambiciosa
en que andamos las últimas jornadas.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: Cuncún

26-11-2007

Carlos M. Padrón

Todos lo llamaban Cuncún, aunque su nombre era Antonio, y es el humano menos homo sapiens que he conocido en mi vida, y el único que, que yo sepa, se comía su propio excremento.

Cubierta su cabeza por un viejo y raído sombrero de paño, y vestido casi de harapos  —con sólo lo que podría llamarse una camisa y un mal remendado pantalón sujeto a la cintura con una soga y sin nada debajo—, Cuncún deambulaba descalzo por todo el pueblo recogiendo “charamuscos” (varas secas y totalmente peladas, las más de un arbusto llamado tagasaste) y hierba, que al atardecer llevaba a la casa donde vivía, que estaba cerca del cementerio nuevo.

Recogía también, y se fumaba, cuanta colilla encontrara a su paso, y si alguien le decía que echara humo, y él estaba de “humor” en ese momento, se tapaba con una mano una de las orejas y, cerrando la boca, forzaba una salida de aire, como cuando por efecto de la presión se le obstruyen a uno los oídos y quiere normalizarlos,… y, decían algunos —yo entre ellos— que, en efecto, por la oreja no cubierta le salía humo.

Como no usaba calzado, no importando el tiempo que hiciera, la planta de sus pies era una verdadera suela formada por duros callos. Caminaba silenciosa y lentamente, arrastrando sus pies. Si al llegar a una casa encontraba abierta la puerta, entraba sin más, buscaba la cocina, destapaba los calderos y, si en ellos había comida, estuviera ésta fría o caliente, él metía en el caldero su mano sucia de todo lo imaginable, incluido su excremento, y se comía lo que sacaba.

Más de una vez encontró en alguna casa el recipiente, especie de pequeña palangana en que algunas familias mantenían en agua un hongo que con el tiempo alcanzaba un considerable tamaño —pues se decía que ese agua era buena contra no recuerdo qué enfermedad, creo que contra el cáncer— y más de una vez Cuncún se bebió y comió todo lo que había en la palangana: el agua y también el hongo.

Mi madre tenía tanto miedo de que Cuncún se metiera en la cocina de nuestra casa, que cuando ella hubo que guardar cama porque la atacó la enfermedad que, por la alta fiebre que causaba, llamaban “Las fiebres”, en su delirio febril pedía a gritos que echáramos a Cuncún de la casa porque ella escuchaba el deslizar de sus pies por el pasillo rumbo a la cocina.

Si los ojos son el espejo del alma, Cuncún no tenía alma. Su mirada era apagada, plana, sin profundidad, como la de un ciego; nada trascendía de ella. Podría decirse, además, que no hablaba sino que emitía algo como mugidos. Sin embargo, cuando se le incitaba a que dijera lo que sabía, recitaba —guturalmente, que era su forma de “hablar”— una especie de vieja tonada popular que al principio uno no entendía, pero que sí resultaba medio inteligible una vez que en boca de otra persona se escuchaban los cuatro versos que la componían:

Éste que viste levita,
éste que viste “leloj”,
éste que viste tan bien,
anda lo mismo que yo.

Según me cuenta mi amigo Juan Antonio Pino, fue su padre, don Antonio Pino, quien enseñó a Cuncún esta tonada, que a veces hasta la bailaba dando vueltas sobre sí mismo, y que es lo único que, además del mugido, escuché salir de su boca. Y también el enseñó esta “larga” serie de preguntas y respuestas:

—Don Antonio: “¿Cuántos perritos tiene el agua?».
—Cuncún: “Veintiuno quemados”.
—Don Antonio: “¿Quién los quemó?”.
—Cuncún: “El perrito traidor. ¡Piérdula, piérdula por ser baladrón”.

A veces, llevando sujeto bajo su brazo izquierdo el manojo de hierba o charamuscos, detenía su deambular y. alzando la mano derecha, señalaba con el índice hacia el horizonte mientras fijaba esa mirada vacía en algún punto perdido que sólo él conocía.

Así lo plasmó mi amigo Wifredo Ramos en este dibujo que viene a ser el único recuerdo gráfico que de Cuncún tengo.

En el dibujo, Wifredo incluyó el detalle de una mancha oscura en el antebrazo derecho de Cuncún, mancha que en la realidad era una abultada cicatriz sangrante porque a veces algunos gamberros del pueblo —especie que, lamentablemente, nunca falta— lo mortificaban tirándole de la camisa e impidiéndole caminar, y cuando el pobre Cuncún montaba en cólera por la impotencia para defenderse, mordía desesperado su antebrazo derecho hasta hacerse sangre. Como los gamberros no lo dejaban tranquilo, la herida de esas mordidas nunca cicatrizaba.

Se decía que la condición infrahumana de Cuncún fue consecuencia de que, siendo él niño, su madre —madre soltera a quien no conocí—, teniendo que ganarse la vida haciendo tareas de limpieza en casas de familia, cuando en la mañana salía para el trabajo dejaba a Cuncún, aún niño, encerrado en una habitación de la casa en la que criaban gusanos de seda, y que el niño, viéndose solo y con hambre, se comía los gusanos. No sé si es cierto o es lo que hoy llaman una leyenda urbana.

Mi amigo Luis Herrera —pasense como yo, pero que, como siempre ha vivido en El Paso, tiene acerca de estos personajes más información de la que tengo o recuerdo—, me cuenta, y copio textualmente su relato:

«Cuncún deambulaba por caminos y veredas con su sombrero de paño acartonado por la mugre y bien enterrado hasta las orejas; tal parecía que para portar ese mugriento y raído sombrero era para lo único que servia su desamueblada cabeza. Pero, no obstante su condición de subnormal profundo, alguna chispa de pillo le saltaba de vez en cuando.

Doña Maria Pestana, vecina de Tenerra, tenía, al igual que los más de los vecinos del pueblo, varias cabras a las que, además de con otros pastos, alimentaba también con pencas.

Eran tiempos difíciles de postguerra, pero, aún así, esta mujer socorría en lo posible a los indigentes que tocaban a su puerta, y Cuncún, que era un habitual de aquella casa, algunas veces conseguía en ella algo que llevar a su boca.

Un día, doña Maria estaba barriendo pencas —o sea, sacándoles las púas o picos que las pencas tienen por ambas caras— cuando llegó Cuncún, y a ella se le ocurrió encomendarle esa tediosa labor.

No fue tarea fácil, pero consiguió que el menesteroso aprendiera a despojar de picos las pencas que luego servirían de alimento a las cabras, labor que, a partir de aquel día, se convirtió en moneda de cambio para compensar las limosnas recibidas.

Era de suponer que el cociente intelectual del protagonista de esta historia no le permitiera evaluar el precio del favor recibido, y menos aún establecer comparación entre el esfuerzo titánico que para él suponía ponerse a barrer pencas a cambio de lo que, sabe Dios qué, recibiría por esa tarea.

Pues no, señor. Pasados algunos días, de debajo de aquel mugriento sombrero surgió la ocurrencia, que no idea, de, al llegar a casa de doña María, antes de entrar a mendigar alguna mísera papa dura y fría sobrante del día anterior, asomarse primero para cerciorarse de si había pencas que barrer.

Y a partir de ese día siempre hubo pencas, y, en consecuencia, y nunca tanto como antes, Cuncún volvió a comer papas frías de ayer en la casa de doña Maria.

Como dice un amigo mío, “No era tan coño»,… ni podía resistirse a un buen par de alpargatas nuevas, y si quien las calzaba se lo permitía, se postraba a sus pies y comenzaba a prodigar caricias a las bigoteras, cordones y talones de ese entonces popular calzado, hasta alcanzar una erección “cuncúnea” que ponía de manifiesto el placer que él derivaba de acariciar algo nuevo y que, en su opinión, era también sexy, aunque se tratara de unas alpargatas».

Ante esto último que cuenta Luis Herrera, se me ocurre que la Ciencia bien podría bautizar como “Fetichismo Cuncún” el basado en alcanzar la excitación sexual manoseando unas alpargatas.

[Opino}– Crítica a un escrito mío, y mi respuesta

Carlos M. Padrón

El pasado día 22/11/07 recibí, en relación con el artículo “Gazapo del día: Cucarachas y no moléculas” este comentario, que copio textualmente:

22/11/2007 @ 02:12 • Email: juanmmi@gmail.com • IP: 80.58.205.97 • No Spam Karma

En respuesta a: [*Gaz}– Gazapo del día: Cucarachas y no moléculas
Comentario de: Juanmi [Visitante]

Estimado señor:

Habiendo leido sus comentarios sobre el correcto uso de la lengua española, quisiera exponerle lo siguiente:
1.- Su “primera prioridad” es totalmente inadmisible por redundante. “Prioridad” se refiere a la anterioridad o preferencia de algo con respecto a otra cosa.
2.- Su “segunda prioridad” es inapropiada por absurda, pues lo segundo carece de la característica prioritaria. Algo prioritario no sería segundo.
3.- Usted escribe: “contribuir… a que DE SU PASADO no se pierda lo que yo aún recuerdo». ¿No está usted cayendo en el error que precisamente intenta señalar?
4.- “Todo contado en artículos…, Y que también se ocupan…». ¿Y? ¿Por qué esa conjunción ahí?.
5.- En el segundo párrafo abusa del verbo “recoger». Estoy seguro de que a eso usted le daría un nombre.
6.- “Opiniones personales relativas a…” ¿Quizá pretendía usted escribir “referidas a»? Una opinión no guarda relación con algo; se refiere a algo.
7.- En el tercer párrafo, su uso del punto y coma es alarmante, especialmente cuando lo emplea en lugar de dos puntos. “…esotéricos o insolitos; (!)…”
8.- ¿E-mail? ¿Se refiere usted a “correo electrónico»? Quizá sea más largo, pero no creo que eso le preocupe.

Sin otro particular, esperando que sea de su interés, le saluda

Juanmi

Por fin, este fin de semana, que tuve más tiempo porque los fines de semana no posteo nada en el blog, caí en cuenta de que el comentario se refiere a la columna de presentación de mi blog, la que aparece a la derecha, inmediatamente debajo de mi fotografía.

Como creo que a Juanmi, el autor, le debo una respuesta por cuanto se tomó la molestia de analizar párrafo por párrafo la mencionanada columna, y, como creo que no tiene sentido dar tal respuesta bajo el artículo de las cucarachas, aunque ahí esté ya el comentario de Juanmi, hago del caso —comentario de Juanmi y respuesta mía— este artículo que, por su índole, pondré en esta sección de Opino.

~~~

Sr. Juanmi:

Después de darle curso a su comentario pero seguir sin verle relación alguna con las cucarachas de que trata el artículo en el que usted lo puso, caí en cuenta de que se refiere a la columna de presentación de mi blog aunque en él diga usted que se refiere a mis también comentarios sobre el correcto uso de la lengua española, algo que, repito, nada tiene que ver con las cucarachas.

Pero le tomo la palabra, le anticipo las gracias —por haber leído mi blog, por el comentario y por el tiempo que le tomó armarlo— y respondo a sus observaciones usando para mis respuestas el mismo orden usado por usted para sus planteamientos.

1.- Su “primera prioridad” es totalmente inadmisible por redundante. “Prioridad” se refiere a la anterioridad o preferencia de algo con respecto a otra cosa.

2.- Su “segunda prioridad” es inapropiada por absurda, pues lo segundo carece de la característica prioritaria. Algo prioritario no sería segundo.

No sé dónde viva usted, pero, generalmente, al lado oeste del charco, donde vivo yo, con ‘prioridad’ ha ocurrido como con ‘alternativa’, que inicialmente sólo podía ser una (= la otra opción) pero que desde hace tiempo se usa con el significado de ‘opción’, y así como puede haber varias opciones puede también haber varias alternativas.

Tal parece que el diccionario ya se hizo eco de ese uso, como debe ser, y acerca de ‘prioridad’ dice (las negrillas las puse yo):

— Anterioridad en orden o en el tiempo de una cosa respecto de otra: su vida privada tiene prioridad absoluta.

— Precedencia o superioridad de una cosa respecto de otra: el organigrama establece la prioridad de los componentes.

Es lógico que si existe una prioridad absoluta es porque puede también existir una relativa. Y si el organigrama establece prioridades, en plural, es porque hay varias, y, por supuesto, con jerarquías, unas más importantes —o más prioritarias, valga la redundancia— que otras. Por tanto, no veo nada malo en hablar de una primera prioridad, una segunda, una tercera, etc.

3.- Usted escribe: “contribuir… a que DE SU PASADO no se pierda lo que yo aún recuerdo». ¿No está usted cayendo en el error que precisamente intenta señalar?

No entiendo su planteamiento. Lo que dije, y repito, es que quiero que del pasado de mi pueblo no se pierda lo que yo aún recuerdo, pues si yo no lo escribiera tal vez se perdería, mientras que si lo escribo, que es lo que hago, aumentan las probabilidades de que no se pierda.

4.- “Todo contado en artículos…, Y que también se ocupan…». ¿Y? ¿Por qué esa conjunción ahí?.

En este caso, el párrafo al que usted se refiere dice “Todo contado en artículos de mi cosecha, o escritos por otras personas —a veces con comentarios míos—, y que también se ocupan de eventos o personajes del presente”.

Si antes hablé de asuntos del pasado, aquí destaco que, también y además, pienso hacerlo de asuntos del presente. esto no obstante, su observación me ha hecho caer en cuenta de que el guión largo me permite prescindir de la coma, así que ya la he sacado, y aproveché para añadir lo de vigencia en el tiempo.

5.- En el segundo párrafo abusa del verbo “recoger». Estoy seguro de que a eso usted le daría un nombre.

No creo que si en un párrafo de 84 palabras uso dos veces ‘recoger’ pueda decirse que abuso de ese término, máxime cuando, precisamente para mejor justificar la segunda mención, concluyo con punto y coma la primera parte, la que contiene el primer ‘recoger’, e inicio la segunda con “; y recoger además”. No trato de evitar el ‘recoger’ sino que lo enfatizo.

6.- “Opiniones personales relativas a…” ¿Quizá pretendía usted escribir “referidas a»? Una opinión no guarda relación con algo; se refiere a algo.

Puede que tenga usted razón, pero en esta parte del mundo ‘referido/a’ se reserva para otras acepciones, como para referirse a alguien, dar referencias de algo o alguien, sustituto de ‘mencionado/a’, etc. Además, el diccionario dice:

— Relativo: Que guarda relación con alguien o con algo.

Yo dije que en mi blog “… o reflejan opiniones personales relativas a temas de mi interés”, o sea, opiniones que guardan relación con temas de mi interés. Tal vez, repito, el término ‘referidas’ podría ser más apropiado, pero, al menos para este uso, suena mal a mi oído y, seguro estoy, también al de muchos de mis lectores.

7.- En el tercer párrafo, su uso del punto y coma es alarmante, especialmente cuando lo emplea en lugar de dos puntos. “…esotéricos o insolitos; (!)…”

Como ese tercer párrafo menciona, uno tras otro, el contenido de algunas secciones del blog, me habría gustado formatearlo por puntos (= ‘bullets’ en inglés; no encuentro ahora el término en español), o sea, una línea para cada concepto (como haré ahora, más abajo), pero eso habría alargado la columna.

Para ahorrar espacio vertical, usé el punto y coma como signo divisor del conjunto de elementos dentro de cada sección. Si usted observa bien, entre un punto y coma y el próximo, todo se refiere a una sección en particular, así:

• «hechos curiosos, esotéricos o insólitos;» se refiere a la sección “Esotérico”, conformada por temas curiosos, esotéricos o insólitos, por lo cual no hay lugar para dos puntos antes de ‘esotéricos, pues se trata de tres temas diferentes’.

• «frases, reflexiones y anécdotas (de historia, ciencia, personajes, efemérides, etc.);» se refiere a la sección “Anécdotas, personajes y frases memorables”.

• «información sobre el correcto uso de nuestra lengua española;» se refiere a la sección “Lengua española”.

• «humor,» se refiere, por supuesto, a “Humor”.

• «y arte (en fotos o sonido).» se refiere a la sección “ArtyMundo”.

Para facilitarle la vida al lector, y evitarle posibles confusiones o dudas mientras lee, tengo por costumbre personal usar líneas bullets cuando debo dar una serie de elementos, ideas, conceptos, etc. que conforman una especie de lista.

Si no lo hago por bullets (como en el caso de las cinco líneas de arriba, que comienzan todas con un punto), recurro a la coma para separar los elementos integrantes de la lista. Pero si dentro de la explicación de uno o más de esos elementos se impone el uso de coma, entonces para separar los elementos uso el punto y coma. Y éste es el caso del tercer párrafo que usted cita.

8.- ¿E-mail? ¿Se refiere usted a “correo electrónico»? Quizá sea más largo, pero no creo que eso le preocupe.

Sí, tiene usted razón: por E-mail me refiero a correo electrónico; y sí, me preocupa usar ‘correo electrónico’ en vez de ‘e-mail’ porque, como ya he dicho en varios artículos, prefiero la economía, la claridad, la brevedad y la menor posibilidad de confusión.

E-mail es más corto, claro y conciso que ‘correo electrónico’. Y si bien puede que en España (40 millones de habitantes) se diga correo electrónico’ o el “graciosísimo” emilio, aunque entienden muy bien e-mail, en Hispanoamérica (365 millones de habitantes) se dice e-mail. Y el 80% de los lectores de mi blog están en Hispanoamérica.

El idioma de la informática es el inglés, aunque a algunos no les guste, y usar términos como “ventana emergente” en vez de ‘pop-up’, “correo no deseado” en vez se ‘spam’, “bitácora” en vez de ‘blog’, “compaginador de vinculación” en vez de ‘linkage-editor’, etc. me parece, más que manifestación de cursilería, de rencorosa rebeldía ante términos dela lengua inglesa, aunque luego se usen otros, y mal usados, como ‘puenting’, que no existe en lengua inglesa pero que en España viste bien, supongo.

Me imagino la angustia (¿o rabia?) que tendrán algunos al verse obligados a transigir con ‘hacker’ y otros términos que, precisamente por no ser equívocos pero sí precisos, van imponiéndose cada día.

Además de reiterarle mi agradecimiento por su interés, me permito enfatizar  que, precisamente por cuidar el idioma —y, en particular y sobre todo, por respeto al lector—, antes de publicar en mi blog algo escrito por mí, lo leo y releo muchísimas veces para tratar de mejorarlo, buscar los términos más apropiados, usar los signos de puntuación que contribuyan a que el lector no tenga problemas al leerlo, etc.

Esto, por supuesto, no es garantía de que yo no comenta errores, pero por lo menos trato de no cometerlos, y por eso agradezco comentarios como el suyo.

[*Otros}– Palmeros en América / David W. Fernández: (1/8) Manuel Fierro Sotomayor, y la independencia de Venezuela

MANUEL FIERRO SOTOMAYOR
(1752-1828)

Don Manuel del Sacramento Fierro y Sotomayor nació en Santa Cruz de La Palma (Canarias), el 28 de octubre de 1752.

Por el tronco de su pomposo árbol genealógico circula entremezclada la savia de los más ilustres linajes de la isla de La Palma. Es hijo de don Santiago Fierro de Torres y Santa Cruz, y de su legítima esposa y prima doña María Josefa Sotomayor y Topete. Es nieto por línea paterna de don Francisco Ignacio Fierro de Espinosa y Boot —Sargento Mayor de la isla de La Palma por el Rey, Regidor Perpetuo y Familiar del Santo Oficio— y de su señora esposa doña Luisa Antonia de Torres Santa Cruz y Silva. Y es nieto por línea materna del Capitán don Pedro José de Sotomayor Topete, Alguacil Mayor de La Palma, y de su legítima esposa y prima doña Catalina Cecilia de Sotomayor Topete.

A los ocho días de nacido fue bautizado en la Parroquia Matriz de El Salvador de aquella ciudad, por el beneficiado Fray Cristóbal Tinateas, Maestro en Sagrada Teología, del Orden de Predicadores; y fue apadrinado por su tío, don Pedro de Sotomayor.

En su infancia fue alumno de las escuelas que sostenían los conventos franciscano y dominico, en su ciudad natal.

A los doce años de edad, ingresa en las Milicias Provinciales de La Palma en clase de Cadete, por Real Orden de 8 de enero de 1764. Obtiene el grado de Subteniente de Milicias el 10 de junio de 1764, y el de Teniente de Milicias el 15 de mayo de 1765.

El 13 de enero de 1772, el Cabildo de La Palma le dio el título de Castellano del Fuerte de San Carlos de Bajamar, en dicha isla. En ese mismo año lloró Fierro la muerte de su padre, ocurrida en alta mar en viaje de La Guaira a Santa Cruz de La Palma, a bordo de la fragata “La Paloma Isleña», de la cual era dueño y capitán, quedando con ello, nuestro biografiado y sus siete hermanos, sumidos en la orfandad.

Al ser organizado y reformado el Regimiento de Milicias, por el Inspector de ellas, don Nicolás María Dávalos, fue nombrado Fierro Segundo Ayudante Mayor de las mismas, con fecha 8 de agosto de 1772.

Hallándose suprimido el empleo de Sargento Mayor ejerció sus funciones por espacio de dos años, manifestando aptitud e inteligencia, tanto en el orden y arreglo de papeles como en la disciplina e instrucción nuevamente creada.

Desde 1779 hasta 1782 fue Gobernador del Fuerte de San Carlos de Bajamar, por nombramiento del Mariscal de Campo don Miguel López Fernández de Heredia. En este tiempo tuvo a su cargo la Compañía mandada formar para la defensa de las fortalezas de La Palma, cuya comisión
desempeñó on toda exactitud, como también la formación del plan de defensa de Puerto Naos y otros puertos de la costa sur de dicha isla, por donde amenazaba ser atacada aquella, lo que concluyo con general aprobación.

Habiendo solicitado pasar al bloqueo de Gibraltar, en la guerra de 1782 con los ingleses, se le suspendió de esta gracia por el señor Comandante General, Marqués de la Cañada, eligiéndole Ayudante Mayor del Batallón Fijo de Santa Cruz de Tenerife. Por Real Despacho de I I de enero de 1784 fue ascendido a Capitán de infantería, y con igual fecha se le dio nombramiento de Castellano del Fuerte de San Francisco del Risco, en Las Palmas de Gran Canaria, vacante por fallecimiento del Teniente Coronel don Nicolás de la Santa, y con sueldo de cincuenta escudos de vellón mensuales.

Este cargo y otros de consideración le merecieron el aprecio de los jefes principales de Canarias, los Marqueses de Tabalosos, de la Cañada y de Branciforte, recomendándole muy particularmente al Rey.

Fue socio fundador de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, de Santa Cruz de La Palma, y más tarde de la de Las Palmas de Gran Canaria. Fue ascendido a Teniente Coronel el 14 de junio de 1749, y a Coronel el 3 de diciembre de 1795.

Previas las informaciones de nobleza, fue admitido en la Orden de Caballeros del Hábito de Santiago, ingresando en clase de novicio el 4 de diciembre de 1792. No pudiendo pasar al Real Convento de Santiago de Vélez para hacer su profesión por hallarse ocupado en el servicio militar, obtuvo una Real Orden expedida en Cádiz a 4 de marzo de 1796, facultándole, sin que esto sentase jurisprudencia, para que hiciera la profesión en donde pudiese. En consecuencia, la hizo solemnemente en la Iglesia del Real Convento de Señoras Comendadoras de Santiago, en Madrid, en manos de don Francisco Rodríguez Campomanes, el 4 de enero de 1797.

Estuvo empleado en la plaza de Cádiz todo el tiempo del bloqueo, hallándose en el bombardeo y ataque de los enemigos el 3 y 5 de mayo de 1797.
Los segundones de la familia Fierro habían tenido siempre predilección por América, en donde procuraron establecerse.

Entre los parientes de Fierro que se habían trasladado a América están sus tíos paternos don José Gabriel Fierro, —Caballero de la Orden de Calatrava, que fue Alcalde de primer voto de Caracas, y Sargento Mayor de sus Milicias—, y el doctor don Cristóbal Fierro, que fue Inquisidor Decano
de México.

Su hermano, don Cristóbal Fierro, fue nombrado Canónigo de la Catedral de Caracas, a cuya dignidad renunció por quedarse en Canarias acompañando a su hermana, doña Luisa, que había quedado viuda. También su tatarabuelo. el Maestre de Campo don Tomás de Torres y Ayala, había sido Gobernador, Justicia Mayor y Capitán Genera] de la Provincia de Mérida y La Grita y ciudad del Espíritu Santo de Maracaibo.

Así, no es de extraña, que Fierro, segundón también, tratara de establecerse en América, y el 17 de diciembre de 1795 fue nombrado Agregado al Estado Mayor de Caracas.

Fierro fue vocal de la Junta Central de la Vacuna que, con motivo de la expedición de Balmis, se instaló en Caracas el 28 de abril de 1804, y en la cual, con su extraordinaria actividad, logró un resultado eficiente en la campaña inicial de la vacunación antivariólica en Venezuela.

Fierro y el Capitán de Infantería don Francisco Antonio Rodríguez de Cosgaya, yerno del licenciado don Miguel José Sanz Marvez, denunciaron a don Vicente Emparan, Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela, la conjura de 1808 del Marques del Toro, don Francisco Rodríguez del Toro, en los valles de Aragua para expulsar a los españoles y canarios de Venezuela, y formar luego una Junta Suprema Gubernativa en Caracas, el mismo año, y proclamar la independencia.

Emparan le hizo saber a Simón Bolívar, el Libertador, y al Marqués del Toro, esta denuncia, por lo que ambos pasaron por la casa de Fierro y luego por la del capitán Rodríguez de Cosgaya, desafiándolos para batirse, y violando e irrespetando sus hogares.

[*El Paso}– “Dándole vueltas al viento” / Poemas de Antonio Pino Pérez: Pobreza

POBREZA

Puerto de la puerta abierta
cansado ya de esperar,
ni siquiera estás alerta:
toda tu prisa es bogar.

Está la mar tan desierta
que sólo sabes llorar,
y por esa mar despierta
nadie te viene a buscar.

Marineros pescadores
pescados por la pobreza,
pescan del mar sus rigores,
y en un rincón olvidado
flota un halo de tristeza
sobre un velamen arriado.

[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: La Tejera

19-11-2007

Carlos M. Padrón

Según contaba mi madre, a mediados del pasado siglo XX vivió en El Paso una señora, de nombre Josefa, a quien apodaban La Tejera y a quien todos consideraban boba.

Practicaba la mendicidad, y, entonado el mismo “tarararí”, deambulaba de casa en casa pidiendo comida y, sobre todo, vino. Del que fuera, de cualquier color, cosecha o condición; no importando cómo estuviera el vino, ella se lo bebía, por lo que cabe suponer que estaría alcoholizada y en permanente estado de ebriedad. De ahí tal vez la constante cantaleta del “tarararí”.

Un día llegó a la casa de una vecina justo en el momento en que la familia estaba almorzando. Como era obvio que esperaba que le dieran de comer, a guisa de pretexto la señora de la familia le dijo:

—De haber llegado un poco antes habría podido darte algo, pero, como ves, ya todos nos servimos y no quedó nada en la olla.

A lo que La Tejera contestó de inmediato:

—Si se saca un poquito de cada plato se puede hacer uno para mí.

Otro día llegó a mi casa y le pidió vino a mi madre. Nunca tuvimos buen vino, y en aquel momento el que había servía sólo como vinagre suave, y así se lo hizo saber mi madre a La Tejera, pero ésta contestó que bebería cualquier cosa que se pareciera a vino aunque fuera vinagre puro. Horrorizada, mi madre exclamó:

—¡Jesús! ¡Dios nos dé cabeza!

A lo que, sin ni siquiera pensarlo, La Tejera contestó:

—No, que Dios nos dé juicio, porque cabeza todos tenemos.

Ante estas dos anécdotas suyas cabe preguntarse qué tan boba era La Tejera, a quien mi amigo Wifredo plasmó, emitiendo su “tarararí”, en este dibujo,

que lleva como por lema el “Dios nos dé juicio, porque cabeza todos tenemos”, expresión que La Tejera hizo famosa en El Paso.

Un domingo, en plena celebración de una misa en la Iglesia Nueva, La Tejera entró en el templo y, sin titubeos, se dirigió al púlpito.

La feligresía en pleno contuvo la respiración temiendo que, una vez sobre ese respetado lugar, se disparara con algún discurso adobado con sus “filosóficos” dichos. Pero no, llegó sobre el púlpito, paseó su mirada por toda la iglesia, bajó y se fue tan en silencio como había entrado.

Cuando, allá por los tiempos de antes de la Guerra Civil Española, el Ayuntamiento de El Paso estaba en un inmueble adosado al lado norte de la Iglesia Vieja, uno de los recintos en los bajos de ese inmueble fungía como cárcel municipal, y como a pesar de ello estaba abierto la mayor parte del tiempo, La Tejera lo usaba para pernoctar. Luego, a guisa de pícara justificación, comentaba que la gente de El Paso era tan buena que las puertas de la cárcel de ese pueblo permanecían abiertas.

Mi amigo Juan Antonio Pino Capote me cuenta que recuerda a La Tejera con su pamela —en su opinión, más ancha que la del dibujo—, y rodeada de tocas y toquillas de colores. Y que otros dichos de La Tejera, además del “Dios nos dé juicio, que cabeza todos tenemos”, eran: “Obligada estoy a decir la verdad y no a que me crean», “La razón no quiere fuerza»; y “A las pruebas me remisiono».

Hay quien atribuye este último a Josefita, otro de los personajes que incluiré en esta serie.