[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: La Tejera

19-11-2007

Carlos M. Padrón

Según contaba mi madre, a mediados del pasado siglo XX vivió en El Paso una señora, de nombre Josefa, a quien apodaban La Tejera y a quien todos consideraban boba.

Practicaba la mendicidad, y, entonado el mismo “tarararí”, deambulaba de casa en casa pidiendo comida y, sobre todo, vino. Del que fuera, de cualquier color, cosecha o condición; no importando cómo estuviera el vino, ella se lo bebía, por lo que cabe suponer que estaría alcoholizada y en permanente estado de ebriedad. De ahí tal vez la constante cantaleta del “tarararí”.

Un día llegó a la casa de una vecina justo en el momento en que la familia estaba almorzando. Como era obvio que esperaba que le dieran de comer, a guisa de pretexto la señora de la familia le dijo:

—De haber llegado un poco antes habría podido darte algo, pero, como ves, ya todos nos servimos y no quedó nada en la olla.

A lo que La Tejera contestó de inmediato:

—Si se saca un poquito de cada plato se puede hacer uno para mí.

Otro día llegó a mi casa y le pidió vino a mi madre. Nunca tuvimos buen vino, y en aquel momento el que había servía sólo como vinagre suave, y así se lo hizo saber mi madre a La Tejera, pero ésta contestó que bebería cualquier cosa que se pareciera a vino aunque fuera vinagre puro. Horrorizada, mi madre exclamó:

—¡Jesús! ¡Dios nos dé cabeza!

A lo que, sin ni siquiera pensarlo, La Tejera contestó:

—No, que Dios nos dé juicio, porque cabeza todos tenemos.

Ante estas dos anécdotas suyas cabe preguntarse qué tan boba era La Tejera, a quien mi amigo Wifredo plasmó, emitiendo su “tarararí”, en este dibujo,

que lleva como por lema el “Dios nos dé juicio, porque cabeza todos tenemos”, expresión que La Tejera hizo famosa en El Paso.

Un domingo, en plena celebración de una misa en la Iglesia Nueva, La Tejera entró en el templo y, sin titubeos, se dirigió al púlpito.

La feligresía en pleno contuvo la respiración temiendo que, una vez sobre ese respetado lugar, se disparara con algún discurso adobado con sus “filosóficos” dichos. Pero no, llegó sobre el púlpito, paseó su mirada por toda la iglesia, bajó y se fue tan en silencio como había entrado.

Cuando, allá por los tiempos de antes de la Guerra Civil Española, el Ayuntamiento de El Paso estaba en un inmueble adosado al lado norte de la Iglesia Vieja, uno de los recintos en los bajos de ese inmueble fungía como cárcel municipal, y como a pesar de ello estaba abierto la mayor parte del tiempo, La Tejera lo usaba para pernoctar. Luego, a guisa de pícara justificación, comentaba que la gente de El Paso era tan buena que las puertas de la cárcel de ese pueblo permanecían abiertas.

Mi amigo Juan Antonio Pino Capote me cuenta que recuerda a La Tejera con su pamela —en su opinión, más ancha que la del dibujo—, y rodeada de tocas y toquillas de colores. Y que otros dichos de La Tejera, además del “Dios nos dé juicio, que cabeza todos tenemos”, eran: “Obligada estoy a decir la verdad y no a que me crean”, “La razón no quiere fuerza”; y “A las pruebas me remisiono”.

Hay quien atribuye este último a Josefita, otro de los personajes que incluiré en esta serie.

Un comentario sobre “[*ElPaso}– Personajes de mi pueblo, disminuidos pero no olvidados: La Tejera

  1. La verdad que de siempre había oído decir por aquí por El Paso de la mujer que va mal vestida eso de: “pareces La Tejera”. Ahora se de donde viene la cosa.
    Me gusta mucho esta de serie sobre personajes “especiales”.
    Felicidades y ánimo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s