[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1987 – Cumpleaños de un IBMista de entonces

Carlos M. Padrón

Vuelvo a 1987

Foto cortesía de Jorge Merchán, quien también me dio los nombres de quienes aparecen en la foto.

El que está en segundo plano parece no ser IBMista.

clip_image002

De izquierda a derecha:  1, Carmen Godard;  2, Betsabé Molina;  3? (Mesa de atrás);  4, Iván Tosta

~~~

COMENTARIOS

 

Frank Lewis
Por los manteles y las hieleras se ve que era el cumpleaños de un “IBMista de entonces”, pues un IBMista de ahora no puede armar tremendo sarao por su cumpleaños.

¿Quién sería el afortunado?

Ahí les dejo esa misión.

[*FP}– Del baúl de los recuerdos de IBM: 1972 – Curso "Marketing in the ’70s"

Carlos M. Padrón

De nuevo, echo unos años hacia atrás en la cronología seguida hasta ahora, que ya iba, si no me equivoco, por 1985.

***

Como siempre,

  1. Si en una foto aparece más de una persona, las mencionaré de izquierda a derecha.
  2. Si no sé ni el nombre ni el apellido de alguna de las personas en la foto, pondré un signo ‘?’ después del número.
  3. Si no sé el nombre o no sé el apellido, pondré una ‘X’ en el lugar en que éstos deberían ir

Con gracias anticipadas, espero que alguien me «despeje» las ‘?’ y las ‘X’.

***oOo***

Foto cortesía de Cecilio Lecusay, tomada en agosto de 1972 durante uno de los cursos de Marketing in the ’70s.

Marketing_in_the_70s

La divido en dos mitades para que se vean mejor las caras.

~~~

Foto 1a. Mitad izquierda.

Mktg_in_the_70s=Der

De delante hacia atrás y de izquierda a derecha.

  • Fila delantera:  1, Julio Carrillo;  2, Juan López Quevedo;  3, Gabor Simon;  4, Ramón Garcés 
  • Fila del medio:  1, Rafael Padra;  2, Julián Mejías;  3, Jon Gómez;  4, Symche Wakszol
  • Fila trasera:  1, César Herrera;  2, Ulises Boom Gómez (Gte. Vtas. IBM-Dominicana)*;  3?;  4, Hans Barany;  5, Miguel Olmeta

~~~

Foto 1b. Mitad derecha.

Mktg_in_the_70s=Izq

 De delante hacia atrás y de izquierda a derecha.

  • Fila delantera:  1, Cecilio Lecusay;  2, José Antonio Díaz Arvezú (Rep. Vtas. IBM-Dominicana)*;  3, Rafael Oldenburg ;  4, Luis Godoy
  • Fila del medio:  1, Antonio Ramírez;  2, Tomás Ramírez;  3, Javier Umaran;  4, Carlos Salas
  • Fila trasera:  1?;  2, José Luis Mercader;  3, José Rubén Avendaño

***

(*) Nota del 14/11/11: Gracias a Roberto Robles, exIBMista de Rep, Dominicana, que ha proporcionado estos nombres y terminado así con el debate acerca de ellos.

~~~

COMENTARIOS

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Yo me hacía a Ramón Garcés un tipo más bien menudo, pero si ya son dos los que dicen que se trata de él, así será.

Leonardo Masina
Estoy de acuerdo con Sergio, que, de paso, está desaparecido.

Yo asociaba la cara del tal Garcés con alguien que trabajó con Sergio en el Centro de Soporte de Capriles, cuando ahí también había tabuladoras, pero de su nombre no me acordaba. Ahora que Sergio lo ha nombrado, puedo también confirmarlo.

CMP
En respuesta a Sergio Stecca.

Gracias, Sergio, ¡y bienvenido! Pues estabas desaparecido.

Recuerdo al personaje, y la verdad es que el que dices que es él no se me parece nada con el Ramón Garcés que recuerdo.

Pero, como más vale algo que nada, ya puse ese nombre. Si nadie protesta, corrige u objeta con motivos razonables,así se quedará.

Sergio Stecca
Foto 1a, Fila delantera, #4, creo que es Ramón Garcés, que reportó a mí en el primer Centro de Soporte en la Plaza Venezuela

CMP
En respuesta a Roberto Robles.

Gracias, Roberto. Con estos valiosos datos acabaste con las dudas acerca de la identidad de estas dos personas,… y Antonio Ramírez “la pegó” de nuevo :-).

Roberto Robles
Carlos, en efecto,

FOTO 1a, fila trasera, #2 es Ulises Boom Gómez, quien fuera Gerente de Ventas de IBM Dominicana.

FOTO 1b, fila delantera, #2 (en traje claro), es José Antonio Díaz Arvezú, Representante de Ventas de IBM Dominicana.

CMP
En respuesta a Manuel Alberto Gutiérrez.

Gracias, Manny.

Manuel Alberto Gutiérrez
Carlos y Leo: es Ulises Boom. Carlos dio en el blanco.

Saludos.

CMP
En respuesta a Leonardo Masina.

Ya le pregunté a Roberto, Leo.

Leonardo Masina
Manuel y Carlos, creo que tienen razón los dos.

La cara me era familiar, pero no la ubicaba en ese “entorno”.

Ahora que Manuel ha mencionado su “posible origen” dando un nombre, y Carlos un apellido, tengo que confirmar que todos ellos me suenan, pero, voy a corroborarlo con el amigo Roberto Robles a ver si él me lo puede confirmar.

CMP
En respuesta a Antonio Ramirez.

Perro, ¡me siento ampliamente halagado de que mi blog haya sido comparado con la Teoría de la Relatividad!

En el caso que nos ocupa voy a echar mano de la Teoría de la Susceptibilidad, o sea, si el de la foto NO es Rainer, espero que la susceptibilidad humana dé dos posibles resultados,
1) Que Rainer proteste
2) Que proteste quien de verdad es el de la foto.

Tiempo al tiempo. ¡Optimista que soy!

Antonio Ramirez
La democracia nunca tuvo que ver con la ciencia, la cual se basa en los hechos observados y su interpretación.

Si la ciencia hubiera sido democrática, La Relatividad, por ejemplo, no existiría, y así otras muchas cosas.

No es Rainer. El curso es, en efecto, Marketing in the 70s. La foto fue tomada en la escalera lateral de la mezzanina 2 de la Torre Capriles. Detrás de esta escalera estaba la Embajada de Argentina.

El curso se dio en Torre Capriles. Yo estaba alli y aún gozo de buena memoria.

CMP
En respuesta a Manuel Alberto Gutiérrez.

Creo que tienes razón Manny. El apellido era algo así como Boom. Tal vez Leo Masina lo recuerde porque iba mucho a Dominicana.

Manuel Alberto Gutiérrez
Foto 1a (mitad izquierda), fila trasera.- el 2 el que está un paso por delante de los otros tres), era entonces Gerente de Ventas en Republica Dominicana y se llamaba Ulises X (olvido el apellido).

Vicencio Díaz
No confío en mi memoria, pero demasiado gordo para ser Rainer, y no se parece en nada.

Tampoco a Gerard Ruby. Creo que jamás le vi.

CMP
En respuesta a Jose Padron (el Tecnico).

Pues, José, en vista de que la votación está 3 a 1 a favor de que el gigantón es Rainer, ya le puse de nuevo ese nombre, en honor a la democracia y con el perdón (espero) de Antonio Ramírez.

Jose Padron (el Tecnico)
Voy a meter mi cuchara, no sé si con precision, pero a mí me parece que el Gordo de Blanco es Rainer Barany.

Rainer, bastante alto, fijense que al lado de Magioli le saca un palmo.. Aunque Antonio Ramírez no piensa igual.

CMP
En respuesta a Javier Palacios.

No, Javier, no es Subero †.

Yo a ese tipo lo he visto pero no logro dar con su nombre. Creo que ya apareció en una foto publicada antes. Por la melena rubia y ensortijada se me pareció a Pedro Pablo Puky, pero Antonio Ramírez dice que no, que no es PPP.

Javier Palacios
Foto 1a. Fila 3, #2 (el de un paso delante de César Herrera), ¿no es Antonio Subero?

Leonardo Masina
Ésta es la clásica escalinata de Capriles.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Más anécdotas de técnicos de IBM / Roberto Alibardi

02-11-2011

Roberto Alibardi

Viendo la publicidad reciente de “I go to Washington, too” vinieron a mi memoria muchas anécdotas —varias de ellas contadas por sus protagonistas, entre cerveza y cerveza— de las vivencias y penurias de muchos de mis compañeros de trabajo al tener que lidiar con el idioma Inglés (y con otros) en sus viajes de entrenamiento.

A los protagonistas los mencionaré sólo por un nombre.

***

Por no pasar trabajos al momento de ir a comer, Alejandro buscaba siempre un fast food, donde lo único que había que hacer era señalar con el dedo y decir: “This”.

Un día, en algún lugar texano o similar donde todo es spicy, Alejandro decidió comer pollo y, señalando un menú, dijo el consabido “This”.

La pregunta inmediata de la persona tras el mostrador fue: “Do you want it hot?”.

La respuesta de Alejandro fue más inmediata aún: “Yes, yes, very hot!”. Y para sus adentros comentaba “¿Es que éste se cree que en Caracas comemos pollo frío?”.

Pues ese día Alejandro NO comió pollo.

~~~

Con lo poco que de inglés había aprendió Helmer en la academia, había creado su propia chuleta, y a toda frase o pregunta confusa contestaba con un “Yes, man. Yeah, man!”.

Contaba el propio Helmer que, al llegar en USA a un puesto de control de inmigración y presentar su pasaporte, el agente de que lo atendió, un tipo de sonrisa amplia, le fue haciendo las típicas preguntas del dónde, cuándo, cómo, por qué, etc.

Helmer, también con una amplia sonrisa, respondía con su ”Yes, man. Yeah, man! ”…. “Yeah, man” y más “Yeah, man!”.

De repente, el agente se puso muy serio y exclamó: “WHAT!?».

Esta vez, lo único que a Helmer se le ocurrió responder fue “NO MAN, NO MAN!”.

~~~

Esta anécdota la viví personalmente.

Coincidí con Pedro (un maracucho) en un curso en Toronto.

Él no se despegaba de mí alegando que entendía muy bien el inglés pero que le costaba un poco hablarlo.

En clase teníamos, en cada escritorio, una pantalla y un teclado que emulaban consolas de sistema de algún mainframe.

Al pasar de la teoría a la práctica, el instructor empezó a dictarnos algunos comandos para practicar.

De repente, el instructor, al percatarse de que Pedro no tecleaba nada, le dijo:

—Press di ei.

Y Pedro,… nada.

—Press di ei ki—, le insistía el profe.

Pero Pedro no hacía nada.

—¡QUE PISES LA TECLA ‘A’!—, le grité desde el fondo del salón.

Sorry, maybe my English is not so good—, comentó enseguida el profe.

Y así continuamos el aprendizaje (¿?).

~~~

Ésta la escuché en Campina (Brasil) de boca de un joven de nombre Joao.

Lo enviaron a un curso en Alemania a la planta de S/38.

Los IBMistas de allá, conscientes de las falencias de Joao con el idioma alemán, lo buscaron en el aeropuerto, lo ayudaron con el alquiler de carro, y lo acompañaron al hotel.

Cuenta Joao que, al despertar al día siguiente, que era domingo, desayunó y se lanzó a la calle con su carro para “orientarse”.

Después de muchas vueltas decidió volver al hotel,… pero no había forma de que encontrara cómo regresar.

Al llegar a un cruce le pareció muy familiar el nombre de la calle; es más, estaba convencido de que era el mismo nombre de la calle del hotel: “Einbahnstrasse”.

Anduvo un par de calles más y, de repente, vio un cruce a la derecha con el cartel “Einbahnstrasse”, así que cruzó a la derecha y siguió.

Después de varios cruces más para tomar la calle “Einbahnstrasse”, no le quedó más remedio que darse por perdido.

Más tarde, ese mismo día, aprendió que “Einbahnstrasse” quiere decir «un solo sentido», o sea, «One way«.

~~~

Ésta es la historia de Antonio, quien en su primera salida de Venezuela para ir a un curso, aterrizó en New York, pero, aunque viajaba solo, no pudo bajar del avión solo,… pues dos funcionarios del FBI lo fueron a buscar a la cabina.

¿Qué había pasado?

El FBI tenía en sus registros, y andaba buscando, a una persona con los mismos nombres y apellidos de Antonio, y la misma fecha (día, mes y año) de nacimiento.

Así Antonio tuvo que hacer gala de su mejor inglés desde el primer día.

[*FP}– Del baúl de los recuerdos: También yo tuve mi aventura con una perforista

31-10-2011

Carlos M. Padrón

Al leer lo que en estos dos posts,

  1. Del baúl de los recuerdos de IBM: Perfovericadoras (máquinas y mujeres) – Rel. 1 / L. Masina, M. A. Gutiérrez, y A. Lalaguna

  2. Del baúl de los recuerdos de IBM: Perfovericadoras (máquinas y clientes) – Rel. 2 / Alberto López, y Leonardo Masina

lo que acerca de las máquinas perfoverificadoras y de las damas que las operaban —comúnmente llamadas perforistas— han escrito para este «baúl» varios exIBMistas, me ha venido a la memoria la «aventura» que viví junto a una perforista.

En 1971, mi primer año en ventas en IBM de Venezuela, a los vendedores nos asignaron cuota de data center, lo cual era un verdadero dolor de cabeza, por decir lo menos, no sólo por lo difícil de vender sino por lo difícil de conseguir que el Data Center, que operaba en el Edf. Mene Grande (o Edf. 360) y cuyo gerente era Adolfo Fuenmayor, cumpliera con las fechas de entrega de los trabajos.

Yo confiaba en hacer mi cuota con un contrato de servicio que le había vendido al Banco de los Trabajadores de Venezuela (BTV), que para entonces estaba en el centro de Caracas, cerca de la catedral.

Pero entre las demoras del Banco en entregar los datos, la inconsistencia de éstos y los retrasos del Data Center, la relación BTV-IBM era cada vez peor, y yo veía cada vez más lejos mis posibilidades de hacer la cuota.

Así las cosas, en una reunión que con un tal Sr. Huizi, del BTV, sostuvimos Agustín Mogollón (q.e.p.d.) y yo, el Sr. Huizi, que se negaba a reconocer culpa alguna por parte del Banco, nos emplazó a entregar para el día siguiente un cierto trabajo y, si no lo hacíamos, cancelaría el contrato.

Mogollón aceptó y me dejó el muerto a mí.

Terminada la reunión salí en carrera al Mene Grande a hablar con Adolfo Fuenmayor.

Le conté los detalles del caso, y él se comprometió a hacer todo lo posible para sacar el trabajo para el día siguiente, pero a condición de que las cuatro damas perforistas que para eso se necesitaban se quedaran a trabajar esa noche.

Conseguí la autorización de sobretiempo y se la llevé a Mene Grande como a las 4:00 pm.

Cuando se la entregué a Fuenmayor, éste me dio la mala noticia de que el trabajo no saldría a tiempo porque una de las perforistas que había dicho que sí se quedaría, no podría hacerlo porque la persona con quien ella contaba para que viniera a buscarla en la noche, no podría venir.

Ante esto, salí de asomado y dije que yo la llevaría, así que, cuando terminé esa tarde en IBM-Capriles me fui para Mene Grande y me fajé a trabajar ordenando los documentos que las perforistas debían transcribir, y supervisando y revisando todo, pues allí sólo estábamos ellas, Adolfo Fuenmayor y yo.

El trabajo de perforación terminó a las 02:30 de la madrugada, así que a esa hora me dispuse a llevar a su casa a la dama perforista, según lo prometido.

Ya los dos en mi carro —un Ford Fairlane 1966— le pregunté dónde vivía. Me miró de una forma bastante rara y me dijo:

—Si le explico, seguro que usted no va a saber, pero tome hacia la Av. San Martín que yo lo guío.

Así que tomé ese rumbo, que me venía bien porque yo vivía en Vista Alegre, también al oeste de la ciudad.

Cuando llegamos como a mitad de la Av. San Martín, la muchacha me dijo que doblara a la derecha, y comenzamos una subida serpenteante que cada vez era más pronunciada y más estrecha.

Después de ‘n’ curvas yo ya no sabía dónde estaba, pero sí reparé en que la ciudad iba quedando cada vez más abajo, y cada vez se divisaba más y más de ella.

Como la noche estaba despejada, la vista era impresionante, pero mi ánimo no estaba para esos deleites porque, a medida que subíamos como por una trocha bastante estrecha e irregular, nos íbamos acercando, en un silencio total, a una especie de barrio de sólo ranchos, y, apenas entrar a él, de la nada salieron dos tipos blandiendo machetes y se pararon delante de mi carro.

Frené en seco y pensé: “¡Bueno, hasta aquí me trajo el río! ¡¿Qué será de mi hija de cuatro años?!”.

La reacción de la muchacha fue inmediata. Sacando la cabeza por la ventanilla gritó un nombre que no recuerdo: “Fulano, ¡soy yo!”.

Mientras uno de los tipos se quedó en todo el centro de la vía, frente a mi carro y con el machete en ristre, el otro, el «Fulano», se acercó a la muchacha.

Ella le explicó lo que había pasado, y que yo le estaba haciendo el favor de darle la cola, y le pidió que “avisara” para cuando siguiéramos subiendo los dos, y para cuando luego bajara yo solo.

Al escuchar eso de la bajada solo, un escalofrío me recorrió la espalda.

El tipo metió la cabeza dentro del carro y me dedicó una mirada que a las claras fue para ver de cerca al loco que hacía lo que yo estaba haciendo.

Se retiró, le dijo algo al que estaba parado frente al carro, que arrancó a correr hacia arriba, y, echándose a un lado, me hizo señas de que continuara.

Todavía no entiendo cómo conservé la calma, porque por dentro estaba que reventaba.

Sin decir palabra seguí subiendo en continuo zigzag hasta que llegamos como al punto más alto de una colina desde donde vi una Caracas que jamás he vuelto a ver.

La muchacha me dijo que la dejara allí y que avanzara un poco más para que pudiera dar la vuelta, que ella me esperaría.

Así lo hice, la saludé con la mano al pasar, me gritó las gracias, y comencé a descender,… absolutamente agarrotado de miedo y preguntándome si yo podría llegar con vida a la Av. San Martín, y por qué vía, pues no estaba seguro de no perderme.

Dado lo estrecho de la trocha tenía que ir a paso de entierro, rogando que no viniera un carro en sentido contrario, y cuidando de no rozar siquiera alguno de los ranchos, porque, de hacerlo, seguro que le causaría daño y los dueños o inquilinos me lincharían.

La poca velocidad me permitió darme cuenta de que casi cada 50 metros había un tipo escondido en algún callejoncito transversal, pero ninguno se movió ni hizo amago sospechoso alguno.

A medida que yo bajaba había menos ranchos y la vía era menos estrecha, hasta que, de pronto, después de una eternidad y al doblar una curva, vi abajo la Av. San Martín.

Aunque sentí ganas de pisar el acelerador, me contuve porque había muchos huecos en la vía y corría el riesgo de quedarme accidentado si caía en uno de ellos, así que, poco a poco, con el corazón que se me salía por la boca, alcancé la bendita avenida.

Nunca, ni antes ni después, me ha parecido tan bella la Av. San Martín. Apenas entrar en ella y doblar a la derecha, pisé a fondo el acelerador y llegué a mi casa en tiempo récord.

La sensación de alivio que me invadió cuando cerré tras de mí la puerta de mi apartamento es de las que tampoco se olvidan.

Por años traté de no revivir ese mal trago, hasta que la curiosidad pudo más, y un domingo, acompañado por un amigo, decidí averiguar dónde había estado yo aquella memorable noche.

No lo conseguí, pues o no logré dar con la entrada donde se originaba la subida al cerro, o ya ésta había sido totalmente cambiada o clausurada. Y claro, para esa fecha ya nadie sabía de la perforista, pues ella sí habría podido dar detalles.

Sólo sé que, acompañando a una mujer que yo no conocía y que nunca más volví a ver, estuve a las 3:00 de la madrugada al norte de la Av. San Martín, en la parte más alta de un cerro lleno de ranchos, y con mi vida a merced de unos tipos armados con machetes.

Como dije en un relato anterior, éste es uno de esos casos de personas que se cruzan fugazmente en la vida de uno y pueden cambiarla.

Esta perforista se cruzó en mi vida y estuvo a punto de hacérmela perder.

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Perfovericadoras (máquinas y clientes) – Rel. 2 / Alberto López, y Leonardo Masina

Carlos M. Padrón

Lo que sigue son e-mails cruzados el año 2003 entre exIBMistas, uno de los cuales fue el amigo Alberto López Tabares quien murió en Madrid el 28/05/2010. Q.e.p.d.

***oOo***

25-09-2003

Alberto López Tabares

Allá en el año 1966, cuando uno terminaba el curso básico era asignado a técnicos veteranos con el objetivo de aplicar supuestamente los conocimientos que habíamos adquirido en el curso y recibir lo que se llamaba el entrenamiento en el campo.

En realidad, los veteranos también se aprovechaban de uno como novato para que hiciéramos los mantenimientos mensuales preventivos que ellos no habían realizado en su debido momento y así cumplir mejor ellos con el trabajo asignado.

En aquel entonces fui asignado a José Ángel Pirona quien siempre me llevaba a la CREOLE donde había unas 300 máquinas con contrato de mantenimiento. Prácticamente todo el entrenamiento de campo lo hice en ese cliente.

Una mañana, Pirona me dijo que fuera a un piso determinado donde había un pool secretarial como de unas 25 máquinas que había generado dos llamadas, y que aprovechara para hacerle mantenimiento a las otras.

Eso sí, me comentó que tuviera mucho cuidado ya que casi todas las secretarias eran unas «jodedoras» y que, por supuesto, se darían cuenta de que yo era un novato; o sea, que estuviera «mosca», como dirían ahora, y que no les diera mucha confianza.

Bueno, me dirigí al bendito pool, y cuando iba caminando por aquel pasillo largo y siempre pulido con bastante cera, como era la costumbre en aquel edificio, para mi desgracia llevaba yo puestos unos zapatos de aquella época, que tenían casquillos para no desgastar los tacones, y me he dado un resbalón de tal magnitud que el maletín se me escapó de la mano, empezó a deslizarse por aquel pasillo, se detuvo justo en toda la puerta del pool,.. ¡y detrás de él aterricé yo!

Por supuesto, todas aquellas cuaimas se levantaron de sus sillas a ver lo que había sucedido.

Yo, como pude, me levanté todo sonrojado, les di las buenas tardes y les informé que yo era el técnico de IBM.

Desde ese día me conocieron como “el técnico que primero suelta el maletín y después aterriza en el pasillo”.

Nunca pude quitarme esa mamadera de gallo porque, por supuesto, se lo contaron a Pirona y se enteró todo el Departamento Técnico de IBM.

Pero no sólo nosotros, los técnicos, éramos los bromistas, pues también los clientes se prestaban a ello.

Recuerdo que una vez Antonio Varela, un técnico muy capacitado y no sólo reconocido en el Dpto. Técnico OP sino también en los clientes, solicitó la asistencia del especialista ya que un cliente de su zona (un bufete de abogados ubicado en el Pasaje Zing) tenía aproximadamente dos semanas reportando que, en una de las máquinas, de vez en cuando no funcionaba correctamente la barra espaciadora.

Fui asignado para asistirlo y ver cuál era el problema y solucionarlo.

Nos dirigimos al cliente, y en el camino Varela me fue explicando lo que reportaba el cliente y todos los pasos que él había dado para detectar la falla «que en ningún momento se le había presentado a él», y destacó que todos los ajustes de la máquina estaban dentro de los parámetros requeridos para un buen funcionamiento.

Llegamos al cliente y comencé la revisión de la máquina para tratar de detectar cuál era la falla.

Después de casi una hora y media de revisiones y pruebas llegué a la conclusión de que todo estaba perfecto, pero siempre había ese “pero” que a uno le quedaba de que el cliente decía la verdad y que, por supuesto, la maquina debía tener algo y por eso fallaba.

Ante esto, tomamos la decisión de enviarla a los talleres en La California para poder revisarla más a fondo y solucionar la bendita falla.

Así que al abogado que nos había atendido, y que estaba pendiente de nuestra actuación, le informamos la decisión que habíamos tomado de enviar la máquina al taller,… ¡Y ahí empezó el calvario!

El hombre comenzó a tartamudear y a no saber qué decir, lo cual me indicó que allí pasaba algo raro y que, en realidad, la máquina no fallaba.

El hombre se fue para otra oficina a consultar con un colega abogado, y tardó como cinco minutos en salir con ese otro abogado quien, con una voz muy ronca, dijo:

“Dr. Aníbal González, hemos llegado a la conclusión de que la máquina falla sólo cuando usted la utiliza,… ya que a usted le falta el dedo gordo de su mano derecha”.

A Antonio Varela se le puso la cara roja por no poder decir nada en ese momento, y por darse cuenta de que le habían estado mamando gallo todo ese tiempo,

Yo tiré un capotazo mejor de los que daba Manolete y empecé a reírme y a reírme de la ocurrencia de los jodedores del bufete y, por supuesto, todos empezaron a reírse de la broma hecha, tanto al técnico como al Dr. González.

Inmediatamente nos pidieron disculpas y preguntaron si había necesidad de informar del caso a nuestros superiores, ya que pensaron en ese momento que podrían haber estado perjudicando a Antonio Varela por las constantes llamadas reportando una falla que no existía.

Por eso digo que todos en su momento se involucraban en estar jodiendo la paciencia al prójimo.

***

28-09-2003

Leonardo Masina

Visitando clientes ha tenido uno la oportunidad de asombrarse viendo reliquias IBM: piezas del pasado expuestas casi en forma de museo.

Pero donde mi asombro con esto llegó al colmo fue en Santo Domingo.

Una vez que reemplacé a Ramón López en eso de ir a dar soporte, ya era una rutina normal para los dominicanos llamarme cada 2 ó 3 meses para que yo fuera a resolverles problemas.

No sé si se acuerdan de cuando en Venezuela el hipódromo instaló las lectoras ópticas 1287 para automatizar el escrutinio de los formularios del «5 y 6». Pues bien, en Santo Domingo eso de las apuestas tipo «5 y 6» lo habían implementado mucho antes utilizando tarjetas perforadas IBM de 80 columnas, pero el real descubrimiento fue la forma cómo lo hicieron.

El formulario para la apuesta eran tres de esas tarjetas superpuestas, o sea, que el espesor del conjunto era, por supuesto, mayor que el de una sola tarjeta.

El exceso de espesor lo resolvieron utilizando tarjetas menos gruesas, pero, de todas formas, el grosor de las tres tarjetas de ellos era equivalente al de dos tarjetas normales.

De esas tarjetas delgadas, una se la quedaba el apostador, otra la utilizaban para leerla, y la tercera era guardada por seguridad.

Antes de las carreras, todas las tarjetas eran leídas por una 2501, y su contenido almacenado en un disco.

La 1130 que tenía instalada el hipódromo de allá es la única 1130 que conocí que tenía dos 2501 como lectoras.

Siendo las tarjetas más delgadas y menos resistentes, las lectoras tenían que trabajar con la precisión de un buen reloj para evitar errores de lectura o estropear las tarjetas.

La forma de sellado era muy original.

Se sabe que a comienzos de los años ’70s Santo Domingo no era lo que se pueda decir un país desarrollado —pues, por ejemplo, faltaba la corriente eléctrica prácticamente en el 80% del territorio—, pero lo de las apuestas a los caballos estaba muy difundido, e inclusive se jugaba dos veces por semana.

Para perforar los formularios (o sea, las tres tarjetas superpuestas) se rebuscaron por medio mundo las prehistóricas perforadoras IBM modelo 010 y 011, y tuvieron que modificarlas para que manejaran el espesor de las tres tarjetas.

La modelo 010 era manual, o sea, el punzón perforaba por presión directa del dedo; pero a la 011, que era eléctrica, al no tener su bobina la suficiente fuerza para traspasar el grosor de las tres tarjetas y perforarlas, tuvieron que modificarla para aumentarle la fuerza de perforación. Por supuesto, la máquina se quemaba cada dos por tres.

El sellador de las apuestas era el dueño de la perforadora, y la cuidaba como una joya ya que, si se le estropeaba, ese día no tendría apuestas, lo cual era para él un problema muy grave.

En IBM Santo Domingo vi cómo las reparaban y les hacían mantenimiento.   

Otro engendro raro que nunca supe para qué servía era una máquina de escribir, de las antiguas pero no la Selectric, conectada a una perforadora del tipo 024, si no más antigua, mediante una interfaz que estaba en un cajón bastante grande lleno de tubos.

En uno de los viajes me pusieron a arreglar también una de esas interfaces que presentaba un problema intermitente. Y no sé cómo lo hice, pero la arreglé.

La causa del problema estaba en un par de tubos, y no lo resolví por lógica sino que, apagando las luces, me di cuenta de que esos dos tubos despedían mucha menos luz que los otros; al cambiarlos, la máquina empezó a funcionar bien.

¿Milagros de la ciencia o leche que tiene uno?

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: La fuente de Fuen-mayor

26-10-2011

El artículo que sigue lo envié por e-mail a varios exIBMistas en septiembre de 2003, cuando aún no existía el blog Padronel.

Uno de estos exIBMistas fue el amigo Alberto López Tabares quien murió en Madrid el 28/05/2010. Q.e.p.d.

Al ahora poner este artículo en blog hago constar que no hay por mi parte ninguna intención peyorativa hacia el exIBMista Enrique Fuenmayor quien, dada su afección cardíaca y la edad que tenía a comienzos de los ’70s, supongo que ya murió. Si es así, que en paz descanse.

Al respecto de esta fuente publiqué ya en Padronel el articulo Anécdotas y personajes de IBM: La fuente de Fuenmayor, escrito por Juan Fermín Dorta.

La lectura del texto y los varios comentarios complementa, documenta y amplía lo que relato a continuación.

***

09-09-2003

Carlos M. Padrón

Enrique Fuenmayor era ya eso, “mayor”, cuando yo entré a IBM. Usaba peluquín, y como había sufrido un infarto, se lo pasaba haciendo ejercicio.

Para él, los ascensores eran “descensores” pues sólo los utilizaba para bajar porque siempre subía por las escaleras.

A los del Entry Level nos dijeron que había sido vendedor en los tiempos de los equipos de registro unitario (unit record), y que luego, tal vez por el infarto, lo pusieron a remodelar oficinas, y parece que se tomó lo del acondicionamiento de IBM-Capriles como su “opera prima”.

Fuenmayor

(Izq.: Enrique Fuenmayor)

Antes de mudarnos allá, Enrique Fuenmayor nos dio una especie de presentación durante la cual dijo que todo el mobiliario y tabiquería de las dependencias de IBM-Capriles los había hecho en blanco porque con eso se había propuesto conseguir que la gente que allí trabajara y usara lentes correctivos terminara por desecharlos porque ese color blanco a todo su alrededor les corregiría los defectos de la vista.

Por cierto que conmigo sufrió un gran fiasco porque me conoció siendo yo usuario de lentes (me los puse cuando yo tenía apenas 10 años de edad) y un buen día, en 1971, me vio sin ellos y comentó alborozado que ya su idea había dado resultado. Pero su alegría se tornó en desilusión cuando le dije que me había puesto lentes de contacto.

Así como la Sucursal Finanzas tenía su salón en IBM-Capriles, a su lado norte lo tenía la Sucursal Gobierno, y a su lado sur el Dpto. Técnico y creo que también OP.

A los tres se accedía por un largo pasillo que nacía en la recepción, doblaba a la izquierda y, en dirección norte-sur, tenía por su lado derecho las entradas a Sucursal Gobierno y Sucursal Finanzas, y al final las del Dpto. Técnico y OP. Y por su lado izquierdo tenía una pared lisa cuya monotonía era rota a la mitad por una especie de nicho o hueco rectangular, como de dos metros de alto por dos de ancho y uno de profundidad.

No sé si ese nicho lo mandó a hacer Enrique a propósito o ya estaba allí, pero el caso es que él montó en el nicho una fuente porque, según nos contó en la mencionada presentación, el dulce rumor del agua tranquilizaría nuestros espíritus y nos permitiría trabajar mejor y rendir más.

Pero tal parece que el efecto fue el contrario, pues desde el comienzo la tal fuente fue objeto de la “atención” de muchos, que botaban cosas (colillas, papeles, etc.) en ella, o desviaban los grifos y el agua caía en el pasillo ocasionando resbalones y hasta caídas que dieron lugar a serias protestas que llegaron a la presidencia.

Pero Enrique defendía su fuente contra viento y marea.

Un lunes en la mañana, a poco de estar yo en la oficina y cuando era la hora en que la fuente se activaba, oí que desde el pasillo llegaban voces alteradas.

Salí, y por poco me “aplasta” una inmensa nube de blanca espuma que lo cubría todo y que crecía y crecía. Aunque apagaron la fuente, el trabajo de sacar la espuma y limpiar el pasillo y las entradas a los diferentes accesos no fue poco.

¿Qué había ocurrido? Que alguien había puesto jabón líquido en el agua de la fuente estando ésta apagada, y cuando la prendieron esa mañana, el movimiento creado por los surtidores en el agua agitó el jabón y comenzó la producción de espuma en cantidades industriales.

Nunca se supo —o al menos no lo supe yo— quién había sido el de la “jabonosa” idea que por poco le ocasiona a Enrique Fuenmayor un nuevo infarto, pues con esto el futuro de la fuente se veía muy precario.

Y ocurrió lo que era de esperar, que terminaron clausurándola y poniendo en su lugar no recuerdo qué otra cosa.

Un día, ya clausurada la fuente, estaba Enrique Fuenmayor frente a ella —como rememorando, con cara de nostalgia, lo que había sido su sueño de arquitectura decorativa—, cuando pasó por allí Aníbal Vivanco, un IBMista chileno muy circunspecto y ceremonioso pero con un humor muy cáustico. Se detuvo junto a Enrique y, con toda seriedad, le preguntó:

—Y ahora, Enrique, ¿qué pondrás ahí?

Enrique, que tenía buena agilidad mental, le devolvió la pregunta:

—¿Qué pondrías tú?

Error fatal, pues Aníbal se hizo el pensativo y contestó:

—Bueno, yo pondría un ofidiario,… para que esté acorde con el ambiente.

La reacción de Enrique no se hizo esperar, y allí se armó otra sampablera.

Hasta que dejamos Capriles, en 1974, no hubo más fuente.

***

12-09-2003

Leonardo Masina

Leo Masina, 1972

Ya que comentaste lo de IBM-Capriles, ¿te acuerdas de que, casi frente a la puerta de entrada de Ventas, a mano izquierda por el pasillo que llevaba a OP y al Departamento Técnico, había una fuente con unos chorros que apuntaban hacia la pared interna?

Ésa, aparentemente, fue idea de un «arquitecto» que había en IBM en esa época. No recuerdo el nombre, pero sí un detalle: me crucé con él una vez en el pasillo —que, de paso, era bastante largo y estrecho— y ocurrió lo de costumbre, que uno empieza a ir a la derecha, luego a la izquierda y así para no chocar con el otro que viene de frente, pero siempre se hace desincronizado, o sea, siempre los dos en el mismo sentido. Y luego de varios intentos fallidos de pasarnos, nos paramos, y salió él con una frase muy suya: «Si me concedes otro baile,… ¡pero esta vez conduzco yo!».

Esa fuente arrancaba automáticamente todas las mañanas como a las 08:15 y se paraba por la tarde, poco antes de la salida.

No duró mucho tiempo, porque se había vuelto el basurero de las oficinas: colillas de cigarrillo, papeles de caramelos, chicles masticados y toda cosa superflua que uno no sabía dónde echar y cuando llegaba frente a la fuente conseguía el lugar apropiado.

Resulta que los del Dpto. Técnico hacíamos guardia de noche; la llamábamos segundo turno. Prácticamente era de un técnico para cada tipo de máquina, o sea, éramos unos 5 ó 6, más uno que era el jefe de guardia.

Empezábamos a las 15:30 y duraba la guardia hasta las 23:30. Y el sábado era de 8:00 a 12:00. Cuando de noche no teníamos trabajo, muchas veces nos reuníamos allí para no andar deambulando por Caracas.

Una vez que se terminaba el trabajo de oficina, y como a las 6 de la tarde, venía una empresa de limpieza —creo que la Fuller— y limpiaba todos los departamentos.

Recuerdo que una tarde estaba yo todavía en la oficina cuando llegaron los de la limpieza, y alguien había derramado en el piso el contenido completo de un termo de café, que ya se había secado.

Los de la limpieza sacaron un liquido que hizo un montón de espuma y lo dejaron todo limpio, pero eso a mí me dio una idea que no tardé nada en poner en práctica.

Mientras ellos estaban limpiando aquí y allá, agarré el frasco y lo medio vacié en la fuente, que ya estaba apagada, volviéndolo a poner en su carrito.

Pareciéndome poco, me acerqué hasta otra oficina donde había otra persona limpiando e hice lo mismo. Pero no conforme, me fui hasta el Dpto. de Educación, donde también estaban los de la limpieza, y agarré otro frasco.

Al final, en la fuente eché tres buenos medios frascos de ese líquido.

Esa misma noche me avisaron que tenía que irme al exterior, creo que a Santo Domingo, para una asistencia. Total que a la mañana siguiente, a primera hora, pasé por Ultramar Express, donde Urbina, para retirar el pasaje. y me fui al aeropuerto.

Estuve fuera una semana más o menos, y a mi vuelta, y aunque nadie me comentó nada, al llegar a la oficina sí noté que la fuente ya no funcionaba, aunque no se me ocurrió preguntar por qué. Luego, aquel hueco fue cerrado e hicieron un almacén.

Con el tiempo me enteré de que aquella mañana fue de película. La fuente llena de espuma que desbordaba hasta el pasillo, y la gente resbalándose como si fuera una pista de hielo. La culpa se la encasquetaron a unos pobres estudiantes de los cursos que se impartían en Educación.

Bien, sí, lo admito después de más de 30 años: ¡El culpable de aquella broma pesada fui yo! 

***

10-09-2003

Alberto López Tabares

Alberto López

Gracias, Leonardo, ¡por fin supe quién fue el del jabón en la fuente!

Lamento que uno de los gerentes técnicos de OP de la época, el Sr. Itsban Bertha Molnar (q.e.p.d), cuyas iniciales curiosamente eran IBM, no pueda saber de esta confesión tuya.

No sé si ustedes se acuerdan de él. Era húngaro, tenía una cicatriz en la nariz, había llegado al país cuando la Segunda Guerra Mundial, y entró en IBM junto con el Sr. Csaba Barany, y, al igual que el Sr. Barany, también le decía a todo el mundo «Chica».

Pues bien, él y otros gerentes técnicos siempre creyeron y perjuraron que si no había sido yo el del jabón, había sido idea mía, ya que, como dice el dicho, “Cría fama y échate a dormir”.

Por supuesto, esto había llegado a oídos del Sr. Enrique Fuenmayor, y cada vez que me lo tropezaba me miraba con cara de pocos amigos ya que, supuestamente, yo había sido el causante de la eliminación total de la dichosa fuente.

Si mal no recuerdo, creo que en ese espacio, como dice Leo, pusieron un depósito o agrandaron el cuartico donde estaba la fotocopiadora.

No recuerdo el nombre del «Isleño» que la operaba, pero sí que era un jodedor de primera y jugaba muy bien a las damas. Nosotros lo jodíamos mucho con su hobby de la crianza de las palomas mensajeras.

***

10-09-2003

Carlos M. Padrón

El “Isleño” que menciona Alberto se llamaba Daniel Correa, era de La Gomera y, como se diría ahora, “muy pilas”.

Los gomeros son en Canarias lo que los gochos en Venezuela,… pero resulta que son más listos que el hambre.

Siempre he dado importancia a la persona que se cruza en mi vida, por una u otra razón y por poco o mucho tiempo, y me invade una especie de extraña inquietud cuando pasan años y no vuelvo a saber más de esa persona, o cuando alguien la menciona y caigo en cuenta de que yo la había olvidado.

A Correa, tal vez por paisano, no lo he olvidado. Al contrario, a cada rato lo recuerdo y me preguntó qué habrá sido de su vida, pues creo que desde que nos mudamos a IBM-Chuao, en 1974, no he vuelto a saber más de él.

Si alguien tiene alguna pista, agradecería que me diera detalles al respecto.

***

11-09-2003

Leonardo Masina

Leo Masina (Caricatura)

Tienes razón, Carlos, hay personas que uno nunca olvida aunque pase mucho tiempo.

De Daniel Correa recuerdo que era una persona excelente, muy colaborador, y sabía distinguir muy bien entre cuando uno le pedía un favor sinceramente, o cuando se lo pedía sólo para colarse y conseguir que le sacara su fotocopia antes, cosa que era muy común cuando en toda IBM-Capriles había una sola fotocopiadora.

Luego pusieron otra en el Dpto. de Educación.

Nunca tuve mucha relación con él; justo el trato normal entre personas educadas y compañeros de trabajo.

Recuerdo que cuando yo iba a preparar cursos le preguntaba con antelación para cuándo podía sacarme fotocopias de los manuales, y él siempre me los tenía a tiempo, ordenados y separados. Encomendarle un encargo era tener la seguridad de que lo cumpliría cabalmente.

En nuestro camino se nos han cruzado algunas «PERSONAS» y muchísimos «personajes». ¡Daniel Correa era una PERSONA!

***

 11-09-2003

Carlos M. Padrón

Muy pocas veces escuché a Juan Llorens hablar mal de alguien, pero un día cierto gerente de los que había en IBM-Capriles, y que estaba entre el grupo de personas que Daniel Correa debía atender, comentó, delante de Juan Llorens, de mí y de otros, algo negativo acerca de Daniel.

Al salir de la oficina de ese gerente Juan me dijo: “¡Pendejo! ¡Si Correa es un rato más inteligente que él!”.

~~~

COMENTARIOS

juan fermín dorta h.

  1. Hay “consejas de viejas”, leyendas urbanas, y con ellas se hace la historia.

    Bueno, el hecho es que varias personas se adjudican el acto “heroico” de embochincharle la fontana di Fontemaiore. Que si yo, que si fue… ¡Hoy todo el mundo estuvo en las guerrillas!

    POR ÚLTIMA VEZ LES REPITO QUE EL QUE SE ATREVIÓ A JUGARSE LA VIDA Y LA SALUD DEL CITADO FUE DORTA. ÉL VIVÍA EN SAN ANTONIO, POR LO QUE ERA EL PRIMERO EN LLEGAR A CAPRILES y muchas veces se tuvo que calar las teorías arquitectónicas del mesmo.

    Un día esperó estar solo y soltó un puño de ACE en la fuente. El tío que llega y prende la vaina y la fuente, cual perro rabioso.

    El sujeto era un personaje pintoresco. Su teoría de porqué IBM Chuao recordaba una tarjeta perforada era un poema a Praxiteles.

    By the way, hace unos días vi en Puerto Azul al mentado Vivanco. Caray ¡qué feíto y protestón se ha puesto! De aquella cohorte de sistematizadores bellos de los que se rodeaba Ferdinando.

  2. CMP

    Que yo recuerde, el fenómeno de la fuente escupiendo espuma se dio más de una vez. ¿Por qué no aceptas que pudo haber sido otro quien le echó ACE una de esas otras veces?

    Y hablando de Puerto Azul, este fin de semana bajé y llevé tres puros para que un tal JF no me los mendigara más, y vea usted que el tipo no apareció. Ergo, ¡me los fumé a su salud!

  3. Leonardo Masina

    Como ya comenté en anterior ocasión en este blog y, además, la fecha en que escribí esto (12-9-2003) es muy anterior a cualquier artículo sobre el tema, no sé realmente cuántas veces se “manipuló” la Fuen-Mayor.

    El caso es que yo nunca me enteré, pues por motivos de viajes para cursos o asistencias, por lo visto siempre eso ocurrió estando yo fuera del país, y así también fue la vez que yo lo hice, pues esa misma mañana, temprano, tomé un vuelo hacia República Dominicana y después no iba yo a preguntar, si nadie me lo comentaba, porque automáticamente me autodescubriría como autor o cómplice.

    Esa noche sólo hubo en Capriles un testigo presencial (Q.E.P.D.) que no me vio hacerlo y que, si él no había sido, sabría en quien sospechar, pero jamás hizo un comentario al respecto, cosa que siempre le agradecí. Y tampoco creo que avisara para que se tomasen medidas preventivas ya que era un jodedor tanto o más que yo.

    El hecho de que todos nos callásemos, por solidaridad, es porque sabíamos que nos jugábamos la cabeza y el puesto.

    Después de casi 40 años, tengo que reconocer que, estando en Capriles, hice varias trastadas más, pero unas fueron circunscritas al entorno más próximo del Departamento Técnico y otras a un círculo de Mezzanina IBM que ahora no vienen al caso porque de algunas ni sé qué resultado o efecto tuvieron ya que siempre evité estar presente pues, de lo contrario, automáticamente me delataría.

    La que sí sé que tuvo efecto, pero no puedo hacerme acreedor a ello, fue cuando movieron los chorros de la fuente, que normalmente apuntaban hacia la pared interna, y los dirigieron hacia el pasillo de modo que cuando por la mañana arrancó la fuente, todo el pasillo, que iba de la entrada hasta el final, donde estaban los Departamentos Técnicos, era un torrente inundado. Y esa vez creo que fue la última que la fuente funcionó.

  4. juan fermín dorta

    Cuando llegamos a IBM ya había pasado la era de los useños, los argentinos se habían esfumado también, y se iniciaba la de los cubanos.

    Dios les libre de pensar que esta referencia la hacemos en tono despectivo; muy por el contrario, ahí llegó el nunca bien ponderado Don Salvador, y el tipazo de Jaime… Pero también llegó un Rolando, siempre cobrando peaje, rebanando su tajada de DC a los de DP.

    Pero de épocas anteriores ya estaba a bordo una pléyade de criollos de pura cepa, trabajadores como nadie. Díganme mi Profe en la UCV, José Avendaño Araque. Pero entre ellos estaba un individuo de actividades misteriosas, con despacho gerencial y todo, que nunca supimos a qué se dedicaba. Siempre visitando, rondando, opinando, con una aureola de sabio que… ¡buen, pues!

    Estaba yo luchando por ganar la licitación del MOP, cuando en una visita a Capriles, el interfecto se me acerca, indaga, huronea, y desaparece. En la tarde recibo una llamada de Covelo que me dice “Contáctate con fulanito, te puede ayudar mucho”.

    Siempre me gustó rodearme de profesionales, así que agradecí el gesto pero nadie iba a meterse en MI PROYECTO y menos “expertos” de los que siempre contaban añejas anécdotas como “Cuando instalamos una tabuladora en…”. Pero el tío, dale que dale, como trompa’e cochino, queriendo meterse en el proyecto.

    Para hacerles el cuento corto, cerramos el negocio más grande, aparte de los de las petroleras de la época, y ¡fuera cachos! Me ayudaron compañeros que aportaron lo mejor de sí, pero eso de se pusiera ponerse escapulario ajeno —en este caso, principalmente mío— un histórico de tarjeta perforada, ¡no jorobes!

    Otro día contaré de la ola de españolitos, lindos, traje a la medida, bien portaditos ellos, a los que nunca oímos emitir una opinión ni de contabilidad ni de gerencia ni de nada. Pero, eso sí, nunca se olvidaban del pañuelito en solapa, del regalo navideño de juegos de teteras de plata a los jefes,… Y los tipos, escala que te escala.

    Hasta que llegó la horda de los jóvenes “verdugos” —profesionales todos, bachilleres, universitarios, agudos especímenes como Chuchú (cuchillo en boca siempre), el Charlie Brown (con su mirada taladrante), etc.— que los barrieron a punta de vientos anales y que, para desgracia de IBM y de todos sus admiradores, al cumplir su función “dieron un paso al frente, difuminándose en la niebla de la historia”. (General en Jefe, 5 soles, ganados en Filipinas, Batán, Islas Marianas, Douglas McArthur).

  5. CMP

    Vamos a ver, JF. Al menos para mí hay dos puntos que ameritan mención:

    1• El bien poderado Don Salvador no era cubano, y eso se le notaba a leguas.

    2• Cuando dices que «para desgracia de IBM y de todos sus admiradores, al cumplir su función “dieron un paso al frente, difuminándose en la niebla de la historia”», a quiénes te refieres, ¿a los españolitos o a la horda de los jóvenes “verdugos”?

  6. Juan Fermín Dorta H.

    1. Mírate al espejo y verás la faz de uno de esos que denomino “horda de jóvenes verdugos”.

    2. Don Salvador era, según él, leonés de Valladolid, pero lo considero de origen cubano. Es como si a mi ahora, con más de 50 años en el país, me dijeran “Oye, tú pareces español”.

    Ya me lo han dicho, pero ¿qué vas a esperar tú de una cuerdita de marginales que no saben si vienen del Níger, del Senegal, y que llenan el Metro con publicidad donde un afrodescendiente dice “estoy orgulloso, soy ADescendiente?

    ¿Es que, acaso, el que te digan “Tú eres europeo, yo sí soy criollo” no es una nota de discriminación?

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Perfovericadoras (máquinas y mujeres) – Rel. 1 / L. Masina, M. A. Gutiérrez, y A. Lalaguna

15-09-2003

Leonardo Masina

 Singer y Card Blanche

IBM de Venezuela y sus clientes fueron siempre un circulo bastante cerrado y lleno de chismes. Con sólo ir de visita a un cliente podía uno enterarse de la vida de medio mundo, tanto de IBM como de los propios clientes. Y eso lo aprendí cuando estaba todavía en el curso básico, y me marcó por el resto de mi vida en IBM.

Unos de mis «estrenos», siempre estando en el curso básico, fue en SINGER.

Reconozco que allí estuve por caer, pues las perforistas estaban de rechupete y la tentación fue grande, pero jamás mezclé mi trabajo con mi vida privada,….. excepto en el caso de unas «monjitas«. Pero ésas eran especiales, pertenecían a otro mundo y no se comunicaban con el resto de los clientes.

Había una perforadora 029 que tenía un problema con el teclado. Las teclas de la 029 eran como unas varitas que entraban en el teclado. Arriba estaba la tecla, que tenía un resorte para mantenerla levantada, y abajo había un hueco, como el de una aguja, por donde pasaba un hilo de nylon que evitaba que la tecla se saliera.

Cuando había que arreglar una tecla, con muchísimo cuidado había que ir deslizando el hilo e ir pasándolo por la tecla que quedaba suelta, hasta llegar a la que había que reparar.

Prácticamente había terminado yo de hacer uno de estos minuciosos arreglos, y ya era la hora de concluir la jornada de la tarde, cuando se me acercó la perforista para preguntarme si me quedaba mucho todavía. Y cuando vio el hilo empezó a halar de él, e inocentemente me preguntó: «¿Y esto para qué sirve?».

¡Era para matarla! Ya la mitad de las teclas habían saltado, el suelo estaba lleno de resortitos y yo no sabía qué hacer. Ella, más asustada que yo, empezó a llorar. Luego se acercó, me pidió disculpas y me soltó un señor beso.

Dijo que se quedaría acompañándome para que yo pudiera terminar, ya que no me parecía lógico dejarlo para que otro técnico tuviera que ir al día siguiente, pues yo debía seguir en el curso.

Terminé cuando eran casi las 10 de la noche. En todo ese tiempo ella no dijo ni una palabra. Salimos, ella cerró la oficina y me pidió si podía llevarla hasta la Av. Rómulo Gallegos para tomar allí un carrito porque, de noche, Boleíta Norte no era un sitio muy agradable.

Sin problemas, la acompañé. Luego le pregunté dónde vivía, porque no me costaba nada llevarla hasta su casa, y se me ocurrió inclusive invitarla a cenar.

Al principio no quería, pero luego aceptó con gusto. Con la comida nos fuimos tranquilizando los dos, y empezó a contarme historias y anécdotas de técnicos IBM.

La muchacha era encantadora. No sé si era igual que las otras, pero cuando empezó a soltar una serie de nombres de técnicos que habían sido «pasados por el aro» en SINGER, entonces me di cuenta de que, al día siguiente, posiblemente yo estaría también en esa lista, así que me frené a tiempo y quedamos amigos, pero de ahí no pasó la cosa.

~~~

Esta otra historia también se divulgó más rápido que la luz.

Estaba yo en CARD BLANCHE arreglando un sistema, cuando vi a una perforista —que yo sabía que era la mujer del jefe de operadores en otro cliente— intentando cambiarle la cinta a una perforadora. Ya tenía todas las manos sucias y no lograba montarla.

Entonces me le acerqué y le dije que me dejara montar la cinta a mí.

Cuando yo intentaba desenrollar la cinta —pues la perforista prácticamente le había hecho nudos— y me había puesto las manos negras, ella estaba casi encima de mí para ver cómo yo arreglaba aquello y, como me hacía sombra, «sin querer» la aparté con mi mano, con tan mala suerte que ella llevaba un suéter blanco y yo le estampé mi mano, completamente embadurnada y negra de tinta, en toda un seno. ¡Y tengo que reconocer que era una señor seno!

No sé quién de los dos se puso más rojo, si ella o yo, pero en un instante todos empezaron a murmurar y, cuando levanté la vista, vi la huella de mi manaza estampada completa en todo el centro del precioso seno.

Aquello fue de risa para todo el mundo, pero no habían pasado 5 minutos cuando me llamaron por teléfono. Era su marido, preguntándome qué había ocurrido.

Lo tomó en broma, como lo que había sido, pero, por varios días, cuando yo iba a un cliente las perforistas me decían: «Si me vas a tocar una teta, primero ponte los guantes».

Se referían a unos guantes de plástico que suministraba IBM justo en los casos en que había que remplazar cintas o cosas que pudieran manchar.

¡Fue ésa fue una MANCHA que tardé bastante en poder limpiar! 

***

16-09-2003

Leonardo Masina

Pepsi-Cola, Sydney Ross, Avón y La Previsora

En general, los técnicos éramos todos bastante bromistas y, cuando podíamos, siempre intentábamos jugarle a un compañero alguna mala pasada.

Una vez fui a Los Cortijos de Lourdes, a la Pepsi-Cola, que tenía unas oficinas (exChrysler) preciosas, y en el hall había varias máquinas que expendían refrescos gratis.

Yo había ido a ayudar a un técnico, y éste, una vez terminada la tarea y como haciendo de dueño de casa, me invitó, todo orgulloso, a tomar un refresco.

Le dije que tenía que ir a otro cliente que estaba muy cerca —a Sydney Ross, siempre en Los Cortijos— porque allí había otro técnico con un problema. Como él no tenía nada que hacer, dijo que se acercaría allá también.

Al ratito de estar yo en el cliente llegó él. En eso pedí permiso para ir al baño; al minuto salí con un vaso en la mano, y al técnico que estaba en la Pepsi le dije: «¡Esto sí que es una buena limonada, no el refresco que me ofreciste tu allá!”.

Él, todo curioso, me preguntó dónde la había conseguido, y le dije que en el baño había un enfriador con un botellón encima, y que estaba buenísima.

A paso ligero se fue hacia el baño, y, a mi señal, los demás que estábamos allí lo seguimos, nos acercamos a la puerta del baño y, de repente, adentro se escuchó un rugido espeluznante seguido de una vulgaridad que casi no se pudo entender, ¡parecía un gallo cacareando! Afuera estábamos todos cuajados de la risa.

El tipo salió todo rojo y, con apenas un hilo de voz, parecido más a un gallo, dijo: «Coño, Leo, esto no es limonada, ¡es LISTERINE! ¿Dónde está el botellón de la limonada?».

El pobre, con la garganta quemada por el trago bestial de Listerine que se había echado, todavía no se había percatado de la broma.

Sydney Ross era un laboratorio farmacéutico que en su edificio tenía como una torreta con el símbolo de Cafenol y, entre otras cosas, distribuía Listerine.  

~~~

Otra de las bromas muy comunes que le hacían a los técnicos nuevos tenía lugar en AVÓN, donde prácticamente los bañaban con varias colonias que olían a demonio, y la mezcla a veces resultaba inaguantable, y cuando el técnico salía de AVÓN olía más a puta barata que a persona normal.

Más de un técnico tuvo problemas al volver a casa, ya que su mujer no se creía el cuento.

Recuerdo que una vez a uno no le gustó la broma, se arrechó bastante y le pusieron el apodo de «MAPURITE ARRECHO». A ése mismo, en otro cliente lo llamaban «DON LIMPIO», que era el nombre de un limpiador, porque la primera cosa que hacía al llegar a una instalación era pasar la aspiradora.

Otra instalación con historia era SINGER, en Boleíta. Tenía varias perforadoras, y las perforistas estaban todas a cual mejor. La jefa, muy famosa, se llamaba Milagros.

Cada vez que aparecía por allá un técnico nuevo, se le sentaba enfrente una perforista y empezaba a cruzarle las piernas y enseñarle «nombre y apellido». Creo que más de uno perdió su virginidad allí.

~~~

En LA PREVISORA empezaron a incrementarse de pronto las llamadas al servicio técnico de IBM, y resultó que la mayoría eran falsas. Pero cada vez que para atenderlas mandaban a un par de técnicos específicos, siempre se resolvía el problema.

Para entender lo que podía estar pasando, en la oficina del jefe se montó un intercomunicador que permanecía siempre abierto y por él se escuchaba todo lo que decían las perforistas y, de paso, los comentarios y opiniones que ellas tenían acerca de cierto técnico de IBM.

Así supimos que las perforistas amigas de los dos técnicos antes mencionados utilizaban el sistema de llamadas para citarse con ellos.

Lo malo del invento del intercomunicador fue que se dejó instalado y siguió utilizándose para escuchar los comentarios entre las perforistas,…. y se volvió un instrumento peligroso porque salieron a relucir cosas que habría sido mejor no saber.

***

17-09-2003

M. Alberto Gutiérrez

Sobre SINGER, OCAT, y el MOP

Yo recuerdo a Pepsi-Cola como OCAT.

Y las fallas de las perforadoras 026/029 en Singer se debían, con mucha frecuencia, a que las perforistas mejor dotadas de senos apoyaban éstos, sin darse cuenta, sobre la barra espaciadora del teclado, con lo cual se movían los campos.

Esto también sucedió en el MOP, pero aquí fue a propósito,… para que llegara Lalaguna a ver qué sucedía.

***

18-09-2003

Antonio Lalaguna

 

“El brujo”, “El compadre”, y los enanos

Creo que “El Puty” está confundido, pues nunca atendí el MOP.

Pero sí recuerdo el cuento de la “falla de teta” que resolvió con un cojín “el brujo” Julio Cesar Viera, y que tuvo lugar en Identificación y Extranjería, o tal vez en otro sitio.

Parece que la chica perforista era enana y pechugona, y cada vez que se inclinaba para pasar la hoja de los documentos que estaba transcribiendo, con su seno derecho golpeaba la barra espaciadora y provocaba el error.

Otra falla memorable fue con “El compadre” Pedro Luis Desiderio.

Existía una chica verificadora tan superrápida que iba más deprisa que la máquina verificadora IBM-056 y lograba que ésta diera error donde no lo había. Eso fue un cementerio de técnicos hasta que “El compadre” llegó y se «levantó» a la susodicha. Hasta allí llegó la falla.

Otra actuación de “El compadre” fue en la OCEI, cuando ésta estaba en el edificio de la Cervecería Caracas.

Allí había una tabuladora IBM-421, y una tarde, cuando “El compadre” ya se retiraba, para hacer más fácil su vida le dijo a la señora que limpiaba: “Comadre, échele una lavaíta a la máquina, que yo se lo agradeceré”.

Y la señora, ni corta ni perezosa, le lanzó a la 421 varios tobos de agua y la enjabonó perfectamente, después de lo cual la máquina quedó bastante limpia pero no funcionaba.

Un cliente famosos era CUSA* (Computaciones Unión, S.A.), que tenía sus instalaciones en el edificio Centro Empresarial, de la Av. Universidad.

El arquitecto que construyó este edificio pensó instalar en ese local un cine o un anfiteatro, lo cual hizo que el piso real tuviera un desnivel que el piso falso corrigió, pero de forma tal que, en un extremo, el piso falso era 1,2 metros más alto que el piso real.

Un día, Fernando Ortas (Mr. Magoo), para arreglar algo se metió debajo del piso falso, y un chistoso colocó en su lugar la losa que Ortas había sacado para bajar, con lo cual quedó él atrapado allá abajo, y por un tiempo bastante largo.

Ya podrán imaginarse lo florido del lenguaje usado por nuestro personaje cada vez que intentaba salir y le pisaban la losa par que no pudiera hacerlo. Además del frío que estaba pasando, lo que más le dolía era que se sentía muy a gusto con su tamaño (pues hasta saltar podía), y las burlas del personal.

Siguiendo con CUSA, un día llegó el pana Lorenzo Centeno y se encontró al DP Mgr, Magoo, Cadillo (q.e.p.d.) y D’Angelo, el jefe de operadores, todos ellos con estatura promedio de 1,5 metros. Y a Centeno se le ocurrió preguntar por Blanca Nieves.

El vivo del DP Mgr preguntó que por qué, a lo cual contestó Centeno: “Porque aquí ya están los enanos”.

Inmediatamente el DP Mgr llamó a IBM para que sacaran a Centeno porque no lo quería más en CUSA.

(*) NotaCMP. Al momento de registrar CUSA (siglas que, como muy bien dice Lalaguna, corresponden a Computaciones Unión, Sociedad Anónima) se quiso, por conveniencia mercantil, darle la figura de compañía anónima, pero se desistió de hacerlo,…. por obvias razones «acrónimas».

[*IBM}– Del baúl de los recuerdos de IBM: Respigues de los ’80s

Carlos M. Padrón

Volvemos atrás, a 1980 y a otros años de esa década o anteriores.

Si en una foto aparece más de una persona, las mencionaré de izquierda a derecha, o en el sentido de las agujas del reloj cuando las personas estén en círculo. Si no sé ni el nombre ni el apellido de alguna de las personas en la foto, pondré un signo ‘?’ después del número; y si no sé el nombre o no sé el apellido, pondré una ‘X’ en el lugar en que éstos deberían ir,… y, con gracias anticipadas, espero que alguien me «despeje» las ‘?’ y las ‘X’.

Foto 1. Cortesía de Oscar del Barco, tomada en el Macuto Sheraton durante el ELT de 1977-78.

La divido en dos mitades para mejor identificar a los que en ella aparecen.

clip_image002

~~~

Foto 1a.– Mitad izquierda.

clip_image004

De delante hacia atrás y de izquierda a derecha.

  • Fila 1 (la delantera):  1, Ramón Lander †;  2, Edgar Yéspica;  3, Jorge Merchán;  4, Manuel Álvarez Domínguez;  5, Néstor Vera;  6, Diana Agard
  • Fila 2: 1 , Freddy Perozo;  2, Juan Fermín Dorta
  • Fila 3:  1, Lu Shao;  2?;  3, Luis Argüello;  4; Juan Reyes
  • Fila 4:  1, David Riddick;  2, José Canabal;  3, Alberto Rodríguez
  • Fila 5:  1, David Lemoine;  2, Carlos? Rocha
  • Fila 6:  1, Malcolm Shaw;  2, Mike Gribben
  • Fila 7:  1, Daniel Lucas;  2, X. McQuard †

~~~

Foto 1b.- Mitad derecha.

clip_image006

Fila 1: 1, Norma Mata;  2, Mela Martorano;  3, Tomás Godoy;  4, Joel Sandia;  5, Oscar del Barco

Fila 2; 1, Víctor Alvarado;  2, Mimón Amrán;  3, Juan Obach 

Fila 3: 1, Freddy Winckelman;  2, X. Medina;  3, Jesús Saltés

Fila 4: 1, Alberto Lema;  2, Luis Martín;  3, Alberto Pucci

Fila 5: 1, Jorge Castillo;  2, Nelson Fermín; 3, Roberto Mispireta

***

Foto 2. De mi colección. Tomada entre 1980 y 1981,… aunque también podría ser de 1979.

clip_image008

1, Jesús Alonso;  2, Carlos M. Padrón;  3, Luis Martín

***

Foto 3.- Tomada de una revista interna de IBM de Venezuela.

clip_image010

1, Alberto Lema Santos,…. con expresión casi seria, ¡increíble! 🙂

***

Foto 4.- Creo que tomada de la misma revista que la foto 3.

clip_image012

Nelson Fermín

***

Hay muchas ‘?‘ y una ‘X‘. Como siempre, agradeceré la ayuda para reemplazarlas con los nombres correctos.

~~~

COMENTARIOS

Javier Palacios
Hablando de parecidos, el de FOTO 1a, Fila 3, N° 2, parece un clon de Yéspica

CMP
padronel.netx
padronel@padronelpaso.net
186.92.155.99
En respuesta a Leonardo Masina.

Leo, si supiera quién es el tal Anthony podría opinar, peeerooo… de farándula sé poco.

Leonardo Masina
Sé que no va con el tema, pero ya lo había notado yo en otras fotos; en en este caso sería la 1a-3.

Jorge Merchán, ¿no se parece a Mark Anthony, el ex de Jennifer López? No es, pero a mí se me parece mucho.

CMP
En respuesta a Alberto Lema S..

Está bien, Alberto. Entiendo que como gerente tenías que poner cara de ídem, pero ¿de qué año es esa foto?

CMP
En respuesta a Alberto Lema S..

Gracias, Alberto. Batiste record despejando incógnitas.

Ya puse todos los nombres excepto el de Yéspica, pues, como bien dices en el otro comentario, no es el que señalaste. Yéspica está en la Fila 1 al lado de Ramón Lander.

Creo que el nombre de Rocha es Carlos, pero no estoy seguro.

Alberto Lema S.
Carlos, me pelé el Foto 1a – Fila 3. El 4 no es Yéspica, creo que es alguien que salió de IBM antes de finalizar el ELT.

Respecto a mi foto seria, es que para esa época ya era gerente y la pose era de rigor en IBM.

Saludos y Abrazos.

Alberto Lema S.
Carlos, ¡gracias!

Esa FOTO 1 es de nuestro Grupo del ELT 1977-78. Veamos los nombres faltantes:

FOTO 1a
Fila 1.- 6, Diana Agard, Secretaria del curso.
Fila 2.- 2, Juan Fermín Dorta, Coordinador del ELT.
Fila 3.- 1, Lu Shao; 4, Edgar Yéspica.
Fila 5.- 2, X. Rocha.
• Fila 7.- 1, Daniel Lucas; 2, X. McQuard (†). Se mató en un accidente de moto vía Higuerote.

FOTO 1b

Fila 1.- 3, Tomas Godoy; 4, Joel Sandia.
Fila 2.- 2, Víctor Alvarado; 3, Juan Obach, Gerente Sistemas de la sucursal Gobierno/Proceso.
Fila 4.- 1, yo mismo, Alberto Lema.
Fila 5.- 3, Roberto Mispireta.

La foto fue tomada en la famosa escalera del hotel Macuto Sheraton. Por allí tengo otra foto de hace poco con el hotel en ruinas, pero la escalera sigue firme en sus bases.