[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Eduardo Camblor y su florido lenguaje / por Leonardo Masina

01-06-11

Leonardo Masina

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Después de un viaje de trabajo al interior de Venezuela, Eduardo Camblor (q.e.p.d.) pasó en la cuenta de gastos una abultada factura de un bar (puti-club) por concepto de leche.

Por supuesto, se la rechazaron, aunque él argumentó que, como sufría de úlcera de estómago, tenía que tomar leche, y en ese bar se la sirvieron pero cobrándole cada vaso como si fuera de whisky.

Era español y divorciado, y de él guardo un grandísimo y gratísimo recuerdo.

Era un lince instalando lo que nosotros llamábamos erróneamente BMs, que eran los cambios de ingeniería para mantener las máquinas al último nivel.

Casi recién entrado yo a IBM, me asignaron a trabajar con él para que me enseñara y pusiésemos al día la 1130 de la UCAB.

Resulta que, cuando surgía algún problema, Eduardo, Eduardo, como buen “castizo”, soltaba “tacos” en cuanta frase decía. 

En el departamento de computación de la UCAB había una señora de mediana edad, y tres muchachas.

Como esa universidad era “la católica” yo pensaba que eran un monja y tres novicias, y, preocupado por la forma de hablar de Eduardo, por sugerencia de Uwe, mi jefe, le pedí que que moderara un poco su lenguaje en consideración a aquellas cuatro santas mujeres.

Todo fue bien el primero y el segundo día después de mi petición, pues Eduardo se contuvo bastante y, cuando llegaba al límite, salía a dar un paseo para desahogarse.

Pero ante la cantidad de problemas que encontramos, a partir del tercer día se le soltó la lengua y ya no pudo contener más la profusión de “tacos”.

Al comienzo, las “monjitas” se largaban y nos dejaban solos hasta que pasara la borrasca, pero luego parece que empezaron a tomarle cierto “gustilindrín” a esa nueva “educación religiosa”.

Mientras yo seguía montando los cambios, Eduardo aprovechaba para socializar y “culturizarlas”, y eso como que dio resultado porque los primeros días yo recogía a Eduardo en Capriles, nos íbamos juntos hasta la UCAB, y en la tarde lo regresaba a Capriles, hasta que un día me dijo que a la mañana siguiente él se iría con su carro.

En principio no sospeché nada, pero cuando esa tarde vi que se iba con la que yo llamaba “la monja” —o sea, la mayor—, entendí que lo que le faltaba a esas mujeres, era un “nuevo catequista”.

Reconozco que, a partir de ahí, para mí ir a la UCAB ya no era ir a un “monasterio” sino a un lugar muy entretenido.

Por muchos años, luego de que Eduardo se había ido a la sucursal IBM de Valencia, en la UCAB siguieron preguntándome por él.

A Eduardo le tengo que agradecer muchísima cosas, porque, después de haber salido del curso básico y del de la 1130, yo era un polluelo, pero con él recibí un máster en instalar los BMs y entender perfectamente sobre prerrequisitos e historias de la máquina; y un doctorado en cómo hacer las cuentas de gastos, cómo pasar correctamente el overtime (sobretiempo, o tiempo trabajado fuera del horario, etc.), y en todos los derechos que teníamos como empleados de IBM pero que algunos gerentes procuraban que no los supiéramos.

Poco tiempo después de ser trasladado a Valencia, parece que Eduardo estabilizó su vida y se volvió a casar.

Cuando volví a verlo era una persona más tranquila y serena, y lo notaba feliz. Me pareció que el cambio a Valencia le había sentado muy bien.

Desafortunadamente, un día fue en su carro a prestar asistencia técnica en Barquisimeto y, en el viaje de regreso a Valencia, chocó con una vaca, se salió de la carretera y cayó en el monte.

Según lo que me contaron —no sé si es realmente así como pasó, puede que José Padrón lo sepa mejor—, el dueño de la vaca escondió el cadáver del animal y no informó del accidente, por lo cual tardaron un par de días en encontrar a Eduardo, que ya estaba muerto.

Dicen que si lo hubieran encontrado poco después del choque con la vaca, estaría todavía vivo. Quién sabe,…

Para mí, Eduardo fue un GRANDÍSIMO AMIGO, un excelente profesor y una grandísima persona.

22 comentarios sobre “[*IBM}– Del baúl de los recuerdos: Eduardo Camblor y su florido lenguaje / por Leonardo Masina

  1. Muchos recuerdos tengo de Eduardo, buen compañero, amigo, y gustaba de enseñar a los que estábamos comenzando en IBM (1975).

    Una vez fue a Maracaibo a dar soporte y, como yo atendía Cadafe Valera, en varias oportunidades fuimos a ver la /370-115 y, lógicamente, de regreso fueron muchos los “vasos de leche” que nos tomamos.

    Gratos recuerdos de ese personaje.

  2. Gracias, Leo, por esta remembranza de nuestro inolvidable compañero.

    Por cierto que, a partir de la famosa cuenta de los 400 vasos de leche, Simón Melendez lo bautizó como “Papá Carabobo”….

  3. Eduardo Camblor,… historia antigua. Lima, Perú, no recuerdo en que año fue. Un viaje de recuerdos gratos al pasado.

    ¡Joder!

    Gracias, Charlie,

  4. Hay muchas cosas anecdóticas de Eduardo, pero hay fechas que no me coinciden, pues han pasado ya más de 30 años.

    La experiencia técnica de Eduardo era notable, con algo especialmente digno de resaltar: su condición humana, su don de gente y su extraordinaria habilidad para relacionarse.

    En todo lo aquí señalado, sólo me coincide el accidente de Eduardo, ocurrido en la carretera de Nirgua a Chivacoa. Sólo existen supuestos en referencia a la forma cómo éste ocurrió.

    El carro, un Ford LTD, apareció en el fondo de un barranco y sin daños mayores. El cuerpo de Eduardo no tenía heridas de significación, sólo un golpe en la parte posterior del cráneo, y no se encontraron muestras de cómo pudo golpearse. Estaba totalmente desnudo, sin documentos, y su carro tenía un caucho pinchado.

    Yo ayudé personalmente a vestirlo en la funeraria.

    Son recuerdos bastante duros a pesar del tiempo.

    Continuará.

  5. Cuando en el Computing Center de Caracas se instaló una /370, Camblor pasó por allí y me pregunto: “¿Esa máquina, ya camina?”.

    Yo, como sabía que él era un gran bromista, le contesté: “Yo estoy aquí desde las 2 de la tarde y no se ha movido ni un pelo”.

    Reflexionando muy seriamente, Camblor me replicó: “Eso quiere decir que esa máquina es tan gilipollas como tú”.

  6. Continuación.

    Creo que, a todos los técnicos de la época, Eduardo nos enseñó a instalar los cambios de ingeniería y cambios de ventas.

    Llegó a Valencia como técnico dedicado al Banco Ítalo Venezolano, cuando Ramón Sitja pasó a Ventas.

    Fue transferido a de nuevo a Caracas a finales de los ’60s y devuelto a Valencia después del ’75.

    Como aclaratoria, es muy interesante señalar que Eduardo era un gran consumidor de cerveza, y la anécdota con que se inicia este articulo nace de que en el restaurante del hotel donde se alojaba Eduardo, el mesonero le preguntó: “¿Cómo pongo la cerveza en la cuenta?”, La respuesta de Eduardo fue: “Ponla como vasos de leche”.

    Por supuesto, al final de la semana el gasto por consumo de cerveza era significativo, ya que Eduardo también era espléndido y solía invitar a otros técnicos a “cenar”, con las correspondiente birras nocturnas.

    ¿Qué cuántos “vasos de leche” aparecieron en la factura? ¡Muchos! Y, con la seriedad más notoria, la explicación de Eduardo fue su ulcera gástrica, úlcera que nunca existió realmente.

    Lo colosal es que sus cuentas de gastos eran pagadas y, en general, a pesar de los comentarios, estaban tan bien elaboradas que no quedaba otra opción que su pago.

    Personaje inolvidable, y gran amigo, Q.E.P.D.

  7. En aquellos lejanos pero recordados buenos tiempos, asistimos a cursos en Lima (Perú) muchos recién contratados en varios países de Latinoamérica, cuyo mayor porcentaje vinieron a Venezuela a trabajar en el departamento técnico DP.

    El curso N° 1 del año 1958 estuvo conformado por famosos personajes como Eduardo Camblor, Américo Cristini, José Curquejo, Carlos Kasis, Carlos H. Salas y otros cuantos.

    Eduardo se destacó, entre otras cosas, por su espontaneidad, gran amistad, compañerismo y sentido del buen humor.

    En su curso participaba un uruguayo, de gran estatura y de mucha corpulencia, creo que de apellido Ferrer, al que cariñosamente llamábamos “El mulo”. Para fastidiar a Eduardo, que era algo chaparro, en varias oportunidades lo sometimos, entre “El mulo” y yo, al conocido abrazo del oso.

    Eduardo, espachurrado entre nosotros dos, gritaba, y recurría a todas esas “sabias” palabras, frases y gestos que causaban tanta gracia a la hora del coffe break, donde, a pesar del saco y la corbata, ciertamente nos comportábamos como niños de primaria.

    Nos juntábamos en el recreo los compañeros del curso N° 1, y los 15 de mi curso, que fue el N° 2.

    Un gran abrazo a los amigos que leen esto, y una oración para los que ya partieron.

  8. Creo recordar que esa cuenta de gastos famosa fue a raíz de un viaje a Puerto la Cruz, cuando Camblor le estaba haciendo las vacaciones a César Illeras. Y en ella puso también un ítem denominado “Engrase de Martillo”.

    Era famoso por muchas cosas. Por ejemplo, hacia guardia desde la barra de un bar en la avenida Baralt, o soltaba chascarrillos como “No me ca.. en tu padre porque, por el olor sabrías, quién es”.

    Un gran compañero y mejor amigo. Q.E.P.D.

    ¡Qué tiempos aquéllos y qué bien lo pasamos!

  9. Un detalle que olvidé comentar acerca de Eduardo es que también lo llamaban “TEMBLOR”. No sé realmente el motivo, posiblemente porque hacía rima con su apellido,… o porque hacía temblar a los gerentes.

    Una cosa es cierta, y lo vi yo mismo: él ponía firmes a los gerentes.

    Recuerdo que, cuando lo de la UCAB, justo antes de salir de la oficina de Capriles tuvo una bronca con ellos.

    Como yo no lo conocía todavía, cuando salimos para ir al carro no me atreví ni a abrir boca, pero él, riéndose, me dijo: “Todo resuelto. Tenemos autorización para quedarnos a comer y pasar overtime. Tú también”.

    Supongo que el lío lo armó por mí, para que me autorizaran a mí también.

    Resulta que la UCAB quedaba por El Paraíso, cerca de Antímano, y todavía no estaba hecha la autopista que luego llegó a Caricuao. Según la lógica de Eduardo, el tener que ir y volver a mediodía era una tontería por la pérdida de tiempo debida al tráfico, así que él consiguió autorización para quedarnos a comer y, además, cobrar el sobretiempo.

    Él decía que era madrileño, pero creo que en sus venas tenía sangre “catalana”…
    .

  10. Hola, hola para todos.

    Me uno humildemente a estos gratos, memorables e inolvidables recuerdos, en especial éste dedicado a EDUARDO CAMBLOR, gran compañero, amigo y trabajador.

    Estuve compartiendo su entorno en Valencia. Gracias por recordarlo.

    Apoyo la última frase de OSCAR Del Barco: “Gran abrazo a los que leen todo esto, y una oración a los que han partido”.

    Y gracias a PADRONEL por este foro.

    Hasta pronto,
    José Herrera

  11. Estimados todos, amigos y compañeros de mi papá, Eduardo Camblor Cezón: Soy la pequeña hija de Eduardo Camblor. Quedé huérfana de padre cuando sólo tenía yo 6 años, y de madre cuando tenía 20.

    Efectivamente, mi padre fue divorciado y casado luego con Ana Julia Mendoza de Camblor. No me dieron hermanos por la temprana muerte de mi papá.

    Siempre supe, y he recalcado en mis hijos (sus nietos), lo extremada buena gente que era mi papá. De esos 6 años guardo unos recuerdos increíbles, y creo que hoy lo tengo más vivo que nunca en mi vida.

    He llorado viendo tantas muestras de cariño hacia él, y les doy las gracias desde lo más profundo de mi corazón; sé que su legado le llegó a más de uno. Era un hombre muy bueno que se quitaba las cosas para ayudar a los demás. Siempre he amado a mi padre, que siempre fue una guía para mí. Mi mamá siempre decía que yo me parecía mucho a él, en todo, qunque no lo sé, pues soy mujer pero tengo un temple que, de seguro, es la buena liga.

    Les dejo mi correo — m.camblor@hotmail.com —, y me gustaría saber si los puedo contactar y saber algo más de mi padre y de su cotidianeidad.

    ¡¡¡Gracias por hacerme tan feliz!!! De verdad, no sabía que mi papá fue tan popular en sus tiempos.

    Besos, y saludos a TODOS.

  12. Hola, Mónica.

    Siento muchísimo no poder contarte más sobre tu padre, sobre todo por el aprecio que tenía hacia él, pero yo, desafortunadamente, lo conocí justo en mis comienzos en IBM, por los años, 1969-70 cuando yo era un “novatillo” y él ya un veterano.

    Aunque hubiese esa diferencia de edad y antigüedad en la empresa, él siempre me trató como a un compañero más. Además, como ya lo conté arriba, me enseñó muchas cosas que me ayudaron muchísimo a lo largo de mi carrera.

    Al poco tiempo, él se fue a Valencia y ya, aunque por motivos de atender a máquinas diferentes y territorios diversos, nos veíamos poco, y ese alejamiento nos fue distanciando bastante, aunque cuando él venía por algún motivo a Caracas no perdía oportunidad de saludar a sus amigos, entre los cuales tengo el orgullo de que me incluía.

    Por medio de este blog hago un llamado a los compañeros que sí trabajaron más con él —sobre todo a partir de sus comienzos y luego en su estadía en Valencia— para que se comuniquen contigo y puedan contarte anécdotas e historias de tu padre.

  13. Estimado Leonardo:

    Me pareció tan genial todo lo comentado por tu persona hacia mi padre que, aparte de llorar largas horas, llamé a mis hijos para que vieran este blog y supieran, por letras ajenas, lo chistoso que era vivir con EDUARDO CAMBLOR.

    Mi hija mayor, ANA ELENA, me dijo: “Mamá, ¿y el abuelito hacia todas esas cosas?” ¡¡Jeje, sí, y más!!!

    Ahora entiendo, por boca de ustedes, porque soy yo así! JEJE

    Enhorabuena, por encontrarnos.

    DIOS es perfecto, y esto llegó a mi vida por un regalo de mi padre, y agradezco al Sr. CARLOS PADRÓN por realizarlo.

    A mi padre y a mi madre todos los días les he molestado en el Cielo pidiéndoles que me iluminen, me guien y me digan más cosas que no sabía de ellos.

    Según dicen mis hijos, creo que tengo a Dios medio loco con tantas velas, e-mails, ángeles, Twitter,.. y pare de contar.

    Jeje, como verás, lo que se hereda no se hurta. También soy muy bromista, al igual que mi padre, y poseo un gran sentido del humor,

    Un abrazo desde mi corazón para ti y su grupete de amigos.

    Mónica Camblor Mendoza

  14. Cierto que Eduardo Camblor Cezón, murió en accidente en jurisdicción de Nirgua, cuando regresaba de efectuar mantenimiento correctivo a una computadora de la empresa Erco de Barquisimeto.

    En esos días yo estaba de vacaciones y él estaba bastante recargado de trabajo, pues le tocaba hacer el trabajo de dos técnicos.

    Compartí con su padre en la funeraria, y la información que se tenía era que un camión cargado de vacas se había accidentado, con una de ellas Eduardo chocó y fue a parar debajo de un puente. El mismo día se supo la noticia.

    Por cierto que le comenté a su padre lo de la pérdida de su anillo de diamante y de su inseparable reloj Vacheron Constantin, y me respondió: “Si a usted lo matan para robarlo, ¿no le van a robar si está muerto?”.
    Una anécdota de Eduardo.

    Compró un flamante Impala, y en menos de 24 horas lo dejó inservible por un tremendo choque. Lo dejó en la Ave. Bolívar de Valencia, y al siguiente día llamó al seguro.

    Es una lástima que una vaca se le atravesara, cambiara su destino y sumiera en el dolor a su familia, principalmente a su pequeña Mónica, a quien a cada rato la nombraba Eduardo.

    Un saludo a todos mis amigos ex de IBM.

  15. Eduardo Camblor, de quien me siento orgullosa de ser hija, es el hombre más maravilloso que he conocido, un hombre del cual mi madre se enamoró desde que lo vio.

    Ahora, siendo yo ya adulta, entiendo que un hombre como él no se suelta tan fácilmente. ¡Qué maravilloso que tuviese yo la dicha de ser la esposa de un hombre así! Es un poco del maravilloso encanto que comparto con ustedes en “Un Español en Venezuela y su florido lenguaje.

    Dedo este escrito, de los que tuvieron la dicha de conocer a este maravilloso personaje, del cual siempre he estado enamorada: ¡mi padre!

    Gracias a Carlos M Padrón por escribir sobre él. Mil gracias también a Leonardo Masina por narrar las anécdotas. Hijos, ¡miren de dónde viene mi lenguaje!

  16. Gran hombre y de corazón inmenso. Para mí, el Sr. Eduardo es uno de los más apreciadosrecuerdos de mi infancia. Un hombre noble, cariñoso, tierno y con una paciencia increible como padre. Anita, su esposa, una mujer elegante y con clase. y Mónica, su hija, una niña hermosa y consentida. Una linda familia. Mis respetos para ellos.
    Les contaré una anécdota. Su hogar le abrió las puertas a mi madre quien hacia labores de limpieza. Yo siempre la acompañaba, y era gracioso ver cómo el Sr. Eduardo pasaba horas dándole de comer a Mónica, quien masticaba hasta 20 veces cada cucharada de crema de ahuyama. ¡Ja ja ja!.
    Sr. Eduardo Camblor: Dios lo tiene en un lugar especial

  17. Disfruté de mi papá hasta los 15 años. Me llamo Cynthia Camblor Malachowski, y en mi Facebook tengo la foto de mi papá con mi hermano. Me alegra y sé que en el Cielo está feliz de que sus amigos lo recuerden. Al leer todo lo que han escrito, veo que lo describen tal y como era él: gran padre y gran amigo, al que nunca vi llorar.
    Con nosotros era especial, y más que mi padre fue mi confidente y mi amigo. Para mí fue un dolor muy grande el haberlo perdido. A mis hijos siempre les he hablado de él, y sé que habría sido un abuelo consentidor y consentido por ellos.
    Les doy mil gracias y mil bendiciones por haber escrito tantas cosas bellas de él. Es un orgullo ser su hija, y que amigos como ustedes lo sigan recordando después de 36 años. Que Dios los bendiga y, si quieren escribirme, les dejo el correo de mi hija (valeria_jimenez_15@hotmail.com); y si quieren ver la foto de él la tengo, como ya dije, en mi Facebook; también la tengo en mi cuarto

  18. Saludos. Me llamo Jorge Camblor y soy hijo de Eduardo Camblor. Me gustó mucho el relato de mi padre.

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