[LE}– ‘Balotaje’, grafía adecuada

09/10/2014

Balotaje, con una sola ele, con una sola te y con jota, es la adaptación adecuada en español del galicismo ballottage, sustituible igualmente por la expresión segunda vuelta.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Los sondeos, hasta ahora, advertían de un triunfo sin problemas de Dilma en un “ballotaje” contra Aécio Neves»,
  • «Rousseff y Neves van al ballotage en Brasil» o
  • «Las encuestas dan a Rousseff como ganadora de la elección del domingo, aunque no lograría evitar el balottage».

El sustantivo balotaje, y no las formas híbridas ballotaje, ballotage, ballottaje, balottaje, balotage ni balottage, está recogido en el Diccionario Académico, y también lo incluye el Diccionario de Americanismos, con el significado de ‘segunda vuelta electoral, que se realiza entre los dos candidatos más votados si ninguno de ellos ha obtenido la mayoría requerida para ser proclamado vencedor’.

Como se aprecia en el párrafo anterior, este sustantivo, asentado al menos en Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay, puede alternar con la expresión segunda vuelta, también ampliamente extendida.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir 

  • «Los sondeos, hasta ahora, advertían de un triunfo sin problemas de Dilma en un balotaje contra Aécio Neves»,
  • «Rousseff y Neves van al balotaje en Brasil» y
  • «Las encuestas dan a Rousseff como ganadora de la elección del domingo, aunque no lograría evitar la segunda vuelta».

En caso de optar por la voz francesa, se recomienda escribirla en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.

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[LE}– Coma antes de ‘ya que’, ‘pues’ o ‘puesto que’

08/10/2014

Antes de las conjunciones o locuciones causales ya que, pues y puesto que se escribe coma, tal como indica la Ortografía de la Lengua Española.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «Aún no se sabe si el Puma podrá vestir la albinegra ya que mantiene un conflicto con West Brom, su anterior club»,
  • «Besteiro critica los recortes en servicios públicos pues “cada euro recortado” lo deberá “pagar o repagar” el ciudadano» o
  • «Hay que dejar que el aire corra puesto que la acumulación de anhídrido carbónico puede adormecer al niño».

De acuerdo con la Ortografía, ya que, pues, y puesto que se separan del predicado principal mediante comas, ya se justifique a continuación lo que acaba de presentarse como hipótesis («No han llegado, pues no se oye ruido», donde el hablante, al no oír ruido, supone que los visitantes no han llegado), ya se introduzca una explicación de por qué se produce el hecho expresado en la oración principal: «Con ideas y proyectos claros los bancos sí tienen idea de colaborar, ya que ese es su negocio principal».

Esta misma norma es aplicable al conector que cuando presenta valor causal, como en «Date prisa, que llegamos tarde».

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «Aún no se sabe si el Puma podrá vestir la albinegra, ya que mantiene un conflicto con West Brom, su anterior club»,
  • «Besteiro critica los recortes en servicios públicos, pues “cada euro recortado” lo deberá “pagar o repagar” el ciudadano» y
  • «Hay que dejar que el aire corra, puesto que la acumulación de anhídrido carbónico puede adormecer al niño».

Por otra parte, se recuerda que, cuando estos conectores y otros, como dado que, debido a o como aparecen al principio de la oración, la subordinada que introducen termina con una coma, según se aprecia en

  • «Dado que los cigarrillos electrónicos son considerados como una alternativa más segura al tabaco tradicional, pueden promocionar sus productos con la conciencia tranquila».

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[*Opino}– Falta de concordancia (¿un siete que padece?) y de coma

07-10-14

Carlos M. Padrón

El subtítulo del artículo «Lo que la adicción esconde» reza así:

«Siete de cada 10 pacientes adictos padece otro trastorno mental y la mitad de pacientes psiquiátricos abusa de alguna sustancia«.

Que me perdone la RAE pero eso de «pacientes adictos que padece» y «mitad de pacientes que abusa» carece de concordancia y, sobre todo, de lógica, pues si se habla de pacientes, en plural, el verbo que a ellos se refiere debería estar también en plural, o sea, que el subtítulo que tendría sentido sería «Siete de cada 10 pacientes adictos padecen otro trastorno mental, y la mitad de pacientes psiquiátricos abusan de alguna sustancia».

Además, a pesar de que todavía haya alguien que diga, y aplique, lo de que antes de ‘y’ no se pone coma, en este caso sí debe ponerse porque lo que sigue a esa ‘y’ no es continuación de lo que la precede. No procedería poner esa coma si la frase fuera, por ejemplo, «padecen trastorno mental y emocional», pues, en ese caso, lo que viene después de la ‘y’ sí es continuación de lo que la precede.

Otro titular de hoy es éste: «El PT vence en zona rurales y Río y sufre un desastre en São Paulo«, que debería haberse escrito así: «El PT vence en zona rurales y Río, y sufre un desastre en São Paulo«.

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[LE}– Palabras en busca de diccionario

05 OCT 2014

Álex Grijelmo 

Estaribel, viejuno, cotolengo, vallenato, ojiplático, cabreante, pifostio…

Miles de palabras seguirán existiendo aunque no figuren en el nuevo diccionario, que ya llega, pero casi todos hemos caído alguna vez en la calamidad de decir “esa palabra no existe”, cuando el mero hecho de haberla oído certifica lo contrario.

El lexicón académico dejará fuera muchos términos cuyo uso, sin embargo, no suena extraño. Si alguien dice “esto es cabreante” no se nos ocurrirá corregirle: “Cabreante no está en el Diccionario”, aunque no esté (que no está). Se trata de una creación legítima, igual que “ilusionante” o “escuchante” (ambas entran ahora), o “murmurante” (que sigue fuera); formas todas ellas derivadas de “cabrear”, “ilusionar”, “escuchar” y “murmurar” (y que se han llamado “participios presentes”, “participios activos” o “adjetivos verbales”).

No estarán algunas en el Diccionario, pero sí en la gramática. Porque la lengua tiene recursos creativos. Si de “anónimo” deriva “anonimato”, ¿cómo no dar validez a “seudonimato” a partir de “seudónimo”?

El idioma nos sirve para comunicarnos, y todas sus herramientas son buenas o malas en función de los interlocutores. Muchos vocablos expresan lo que tanto el emisor como el receptor entienden; y su ausencia del Diccionario no les resta eficacia.

El director del diario As, Alfredo Relaño, se refería en su periódico el 24 de agosto de 2013 al “estaribel” montado en el estadio Bernabéu (y luego desmontado) para la presentación del galés Gareth Bale.

Muchos lectores se estarán extrañando ahora al saber por estas líneas que la voz “estaribel” no ha sido bendecida por la Academia como instalación provisional que se destina a un fin perecedero: por ejemplo, los tenderetes de feria, el escenario del grupo verbenero o el tingladillo que se monta en el estadio madridista en días de fichaje. Sin embargo, otros no la habrán oído nunca, porque no ha logrado un uso muy amplio.

Han escrito “estaribel” autores como Pérez Galdós, Valle-Inclán, Luis Mateo Díez, o Juan Madrid, pero ni siquiera los significados que le otorgan todos ellos parecen coincidentes, pues el vocablo puede interpretarse en unos casos como referencia a una instalación provisional, y en otros como un lío o un embrollo.

El sentido que le dio Relaño quizás sea el más extendido, y no resultaría mala alternativa esa palabra ante el anglicismo stand que se va colando en las distintas ferias comerciales.

“Pifostio” tampoco ha entrado en el nuevo Diccionario, y sin embargo miles de lectores entenderán la oración “se montó un pifostio”. Y no figuran igualmente “trantrán” (“ese camarero trabaja al trantrán”, es decir, sin correr demasiado, dejándose llevar) o “bocachancla”, expresión inventada para definir a la persona charlatana, indiscreta, cuya boca se abre y se cierra como la chancla en su chasquido contra el pie.

Otras palabras que siguen en su busca de diccionario pueden sorprendernos también desde sus rinconcillos: “Rompesuelas” (amante del senderismo), “vallenato” (género musical colombiano), “cotolengo” (asilo), “ojiplático” (sorprendido), “escaldasono” (calientacamas, palabra ésta que tampoco ha sido recogida), “analema” (fotos hechas desde un mismo punto para reflejar el movimiento del Sol), “viejuno”…

García Márquez lamentaba en 1997 que la voz “condoliente” (el que sufre junto a otro) aún no se hubiera inventado. Y tenía razón; no estaba documentada entonces, según se verifica en los bancos de datos académicos; pero era una palabra posible. De hecho, el corpus del siglo XXI ya registra cinco usos literarios (en autores de España, Ecuador, México, Guinea y Colombia).

El Diccionario, pues, no debe ser la única referencia para criticar el empleo concreto de una palabra. También se ha de analizar si las personas a quienes nos dirigimos la entenderán o no. Y eso resulta más fácil cuando el neologismo lo forman cromosomas reconocibles. Por ejemplo, en esta expresión oída a un adolescente: “Jo, tengo la pantalla de la tableta muy dedoseada”.

Tal sentido de “tableta” ya ha sido consagrado por la Academia. El verbo “dedosear” quizás deba acreditar todavía un mayor uso. Pero se entiende de maravilla.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Rita la Cantaora

07/10/2014

Mónica Arrizabalaga

La famosa cantaora de flamenco se lamentaba en 1935 de que había «vivío como una reina» y dos años antes de su muerte era «más probe que las ratas».

«Se va a levantar temprano Rita la Cantaora», «que trabaje Rita la Cantaora» o cualquiera de las versiones de este popular refrán se dicen en España desde hace un siglo porque fue entonces cuando saltó a la fama la cantaora de flamenco jerezana conocida con tal nombre. 

Rita Giménez García (1859-1937), como realmente se llamaba, debutó en Madrid en el famoso Café Romero de la calle Alcalá después de que un agente teatral la oyera cantar coplas en su Jerez Natal y la contratara para actuar con Juana la Macarrona y el cantaor Antonio Ortega.

La revista «El Enano» le dedicaba en 1885 unos versos en los que destacaba su belleza y su gracia cantando, que comenzaban así: «Del pueblo andaluz señora, todo el elogio merece, que su mirar enamora, que una rosa que florece, es Rita la cantaora».

En la biografía que publicó en el Tomo XXIII del Diccionario Biográfico Español María Luisa Rovira y Jiménez de la Serna, condesa de los Andes, relata su amistad con el bailaor Patricio el Feo, que la llevó a vivir a Carabanchel Alto, y su matrimonio con el viudo Manuel González Flores, que ya entonces era padre de una hija y cuatro nietos.

«Parece ser que Rita la Cantaora se hizo muy popular en el barrio del Cerro por su gracejo jerezano y su carácter alegre y dicharachero, pletórico de frases chispeantes, que fueron envolviendo su vida en la leyenda, quedando inmortalizada en el popular dicho de «eso a Rita la Cantaora», u otros parecidos», señala la condesa de los Andes.

Estas expresiones se acuñaron, según relata Rovira y Jiménez de la Serna, «debido a su disposición para arrancarse un baile o un cante cada vez que un espectador se lo pedía, y complacer así a su público» porque Rita no sólo era una gran voz sino que también bailaba con gracia, destacando por bulerías, malagueñas y soleares.

La frase, en su origen positiva, habría degenerado en algo peyorativo por «las envidias de sus rivales» precisamente por su popularidad en los cafés de la época, añade la condesa de los Andes, a la que le interesan «los orígenes del flamenco y el último tercio del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, justo antes de la Guerra, que se corresponde con su auge, gracias en parte a personajes como el Conde de los Andes, bisabuelo de mi marido, que lo promovieron en una época que coincide con la Dictadura de Primo de Rivera».

«No es unánime la interpretación que deriva del dicho», señala a ABC Rovira y Jiménez de la Serna, pero estas frases hechas «debieron surgir gracias a la arrolladora personalidad de la cantaora que vivía en un barrio tan castizo como Carabanchel —que entonces era un pueblo— y a lo que se unía el mundo folclórico de los cafés cantantes».

«Una viejecita simpática»

En 1935, la periodista Luisa Carnes entrevistaba para «Estampa» a la cantaora, por entonces «una viejecita simpática» que vivía consagrada al cuidado de su humilde casa y al amor de sus cuatro nietos. «Rita La Cantaora vive, olvidada, en Carabanchel Alto», denunciaba la revista tras el encuentro con esta artista que «de tan famosa, llegó a ser para la nueva generación sólo un refrán».

«He vivío como una reina y ahora soy más probe que las ratas», afirmaba Rita la Cantaora. Hacía años que había dejado de cantar en público, aunque un año antes había probado sus facultades en el Café de Magallanes junto a otras antiguas glorias, como La Coquinera o Fosforito.

«Lo del año pasao no se me orviará mientras viva. Tos los viejos reuníos. ¡Aquello! Ahora no hay más que buena vose y fandanguillos, cosa fina, pero na… Se acabó la sabiduría der cante y del baile», aseguraba Rita antes de subrayar con nostalgia: «Lo púe ser tó».

«Tuve a mi vera a muchos hombres, que me hubieran elevao… y me casé con un vorquetero de Carabanché. ¡La vía! Si uno supera er fin que le aguarda en eya, ya vivivía de otro mo» (sic), se lamentaba la cantaora que recordaba una copla de su repertorio: «Males que acarrea er tiempo, quién pudiera penetrarlos, para ponerle remedio, ante que viviera er daño».

Con el inicio de la Guerra Civil un año después, las autoridades evacuaron a los habitantes de Carabanchel a Zorita del Maestrazgo. En este pueblo de Castellón vivió sus últimos días Rita la Cantaora, hasta su muerte el 29 de junio de 1937 a los 78 años.

«Sólo recientemente Rita la Cantaora ha logrado su reconocimiento en su tierra natal dando nombre a una calle», señala la condesa de los Andes, quien se lamenta de que la vía quede «ya casi al término del municipio, en la carretera de Cortes, justo al lado del cementerio» y de que aún no le hayan dedicado placa alguna.

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[LE}– Arqueología de palabras olvidadas

2014-10-06

Amando de Miguel

Un idioma es un ser vivo.

Se nutre de neologismos, que irrumpen para designar nuevas realidades, al tiempo que se va desprendiendo de los arcaísmos que ya no sirven.

El problema reside en que muchos neologismos son inútiles, se introducen sólo por figurar, mientras que otros tantos arcaísmos se desvanecen por ignorancia.

Conviene establecer un criterio racional para que ese trasiego se realice con la mayor utilidad posible. Algunos arcaísmos merecen ser reanimados, aunque sea practicando el boca a boca.

La recuperación de viejas palabras puede equivaler al descubrimiento de pequeños tesoros ocultos. En el campo lingüístico son abundantes y no se necesita más que un instrumento sencillo: la curiosidad.

Si restauramos con cuidado objetos y muebles antiguos, no se entiende por qué no vamos a hacer lo mismo con algunas palabras o giros que utilizaban nuestros mayores.

En esta seccioncilla he dedicado mucho espacio y tiempo a la labor de demolición de algunos neologismos del politiqués. Me voy a concentrar ahora en una labor complementaria y constructiva: recobrar algunas voces del pasado.

No se trata del mero gusto por lo antiguo, sino de las voces lamentablemente perdidas que pueden ser de utilidad. No voy a pretender que los libertarios jóvenes se familiaricen con la palabra mancera (= el mango del arado), para mí muy noble pero perfectamente prescindible. Ya nadie ara a mano.

Otras veces serán palabras en desuso, pero que algunos las seguimos utilizando, más aún nuestros hermanos del otro lado del charco. Creo que sólo Federico Jiménez Losantos y yo recurrimos en España al hermoso vocablo dizque, concentración de la expresión dicen que, pero con un aire irónico.

Tengo leído que mis colegas mexicanos recurren a tal arcaísmo con toda naturalidad.

A la tríada famosa de «limpia, fija y da esplendor» de los académicos, habría que añadir otras varias operaciones con el prefijo re-: recuperar, rehabilitar, reconstruir, restaurar, remodelar, refinar.

Incluso la admisión de algunos neologismos debería pasar por tales operaciones reconstituyentes. Solo así se puede justificar el título de esta seccioncilla: «La lengua viva».

Solicito un esfuerzo adicional a los libertarios curiosos y pertinentes para que me envíen propuestas de palabras olvidadas, arrumbadas en la memoria colectiva o reducidas a un círculo familiar o local. La condición es que sean expresivas y válidas para el tráfico actual. Serán recibidas con alegría y tratadas con mimo en esta Academia Real Española.

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[*Opino}– Acerca de la pronunciación de ‘nobel’ cuando se refiere a Premio Nobel

06-10-14

Carlos M. Padrón

Otro enredo más de Fundéu o de la RAE.

En el artículo que copio abajo, se dice que nobel puede pronunciarse indistintamente /nobél/ (como palabra aguda) o /nóbel/ (como palabra llana).

Sin embargo, comoquiera que en España, y en casi todo el mundo hispanohablante, no se hace diferencia entre la pronunciación de la ‘b’ y la ‘v’. cuando alguien diga /nobél/ puede interpretarse que se refiere a novel, término del que el DRAE dice esto:

  • novel (Del cat. novell, nuevo). 1. adj. Que comienza a practicar un arte o una profesión, o tiene poca experiencia en ellos.

lo cual puede crear confusión.

Por tanto, y comoquiera que /nóbel/ no crea confusión alguna, en relación a Premio Nobel creo que lo prudente es usar la pronunciación /nóbel/ (como palabra llana).

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06/10/2014

Premio nobel, en minúscula si designa al galardonado

Premio Nobel se escribe con iniciales mayúsculas cuando hace referencia al galardón instituido por el químico sueco Alfred Nobel, pero con minúsculas cuando alude a la persona que lo ha recibido.

Este criterio es el indicado en la Ortografía de la Lengua Española, que advierte de que los sustantivos y los adjetivos que forman parte del nombre de los premios se escriben con mayúscula inicial:

  • «Los Premios Nobel son los más prestigiosos del mundo» o
  • «La gala de los Nobel se celebrará en diciembre».

Con ese uso, la palabra Nobel es invariable en plural, como indica el Diccionario Panhispánico de Dudas: 

  • «La Academia dará a conocer la próxima semana los Premios Nobel de este año».

En cambio, cuando premio y nobel designan al galardonado, se escriben con minúsculas y tienen un plural regular:

  • «José Saramago, premio nobel de literatura, murió a los 87 años» o
  • «Al congreso acudieron varios premios nobeles de medicina».

En todos los casos se trata de una palabra aguda y, por tanto, su pronunciación adecuada es /nobél/, pese a que la llana /nóbel/ está muy extendida, incluso entre personas cultas, como explica el Diccionario Panhispánico de Dudas.

Asimismo, se recuerda que la denominación de cada una de las categorías de los grandes premios internacionales se escribe con mayúscula inicial en todos sus componentes significativos, como puede verse en los ejemplos

  • «El Premio Nobel de Medicina ha recaído en Robert Edward» y
  • «El Nobel de la Paz fue para…».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Acabar como el Rosario de la Aurora

03/10/2014

Mónica Arrizabalaga

«El hecho pasó en más pueblos, pero el sitio donde primero ocurrió fue aquí, en Espera», señala un historiador local.

El rezo de un rosario de madrugada acabó en tal trifulca en el siglo XVIII que desde entonces parece ser que corre el dicho popular de que «esto va a acabar como el Rosario de la Aurora». «El hecho pasó en más pueblos, pero el sitio donde primero ocurrió fue aquí, en Espera», señala Manuel Garrucho Jurado, director del colegio Antonio Machado de esta localidad gaditana.

Los espereños, ironías de la Historia, no esperaron a resolver pacíficamente sus diferencias, y aquella sonada madrugada perdieron la paciencia y los estribos.

La bronca surgió por la fuerte rivalidad que existía entre las dos hermandades importantes de Espera, la de la Vera Cruz y la de las Ánimas.

«Espera era un pueblo muy religioso, y había mucha competencia entre las dos hermandades. La localidad, que tendría entonces entre 1.500 y 2.000 habitantes, estaba dividida», señala a ABC este licenciado en Historia y autor de cinco libros sobre la historia local que añade cómo «ya había antecedentes de broncas entre hermandades desde antes de 1773».

De la tensión entre las dos hermandades da cuenta Fray Baltasar de San José, un religioso jerónimo del monasterio de Bornos autor del Retablo de las Ánimas de la Iglesia de Santa María de Gracia de Espera.

Según relata Garrucho Jurado, la muerte en 1749 de un vecino de Espera miembro de las dos hermandades estaría en el origen de la bronca posterior. Al entierro de un hermano acudía tradicionalmente la hermandad con su cruz, y en éste ambas se disputaban la prioridad. La tensión entre ambas a raíz de este fallecimiento habría estallado después en el rosario de la aurora.

A ello habría contribuido también el presbítero Domingo Antonio Pérez, quien «intentó suprimir la hermandad de la Vera Cruz», continúa Garrucho.

El rosario, que por aquel entonces celebraban de madrugada ambas hermandades por separado, acabó según parece a farolazos. José María Iribarren, académico de la RAE, así lo señala en «El porqué de los dichos»:

«En Andalucía dicen: Acabará como el rosario de Espera, pueblo de la provincia de Cádiz, diócesis de Sevilla, en donde suponen acaeció la escena de los farolazos. Es muy posible que el final de los farolazos ocurriese en otros pueblos, si tenemos en cuenta que, a la hora de salir el rosario, solían andar por las calles las rondas de mozos pendencieros, y que hasta fecha reciente eran frecuentes las colisiones por motivos políticos o religiosos».

Garrucho Jurado cree que Iribarren tomó estos datos del «Florilegio o ramillete alfabético de refranes y modismos…» de José Sbarbi (1873), donde se dice que «alude a cierto choque que hubo entre los que acompañaban al rosario que en muchos pueblos, particularmente de Andalucía, se canta y lleva procesionalmente por las calles los domingos al asomar la aurora; y, tanto es así, que se cree que tuvo tan mal fin aquella contienda, que muchos suelen añadir al refrán el enunciado «que acabó a farolazos». Otros dicen: Acabará como el rosario de Espera (…) en el cual suponen se verificó aquel funesto desenlace».

La misma versión sostiene el paremiólogo sevillano Luis Montoto en «Un paquete de cartas de modismos, locuciones, frases hechas, proverbiales y familiares» (1888), donde nada se dice tampoco de la historia que señaló Juan Candil, párroco de la Iglesia de Espera a finales de los años 60.

Este sacerdote aficionado a la Historia encontró en los archivos diocesanos la nota del fallecimiento del presbítero Juan José Valverde, de 82 años. El religioso murió en 1845 por los golpes recibidos por parte de un buey que se escapó sobre la calle Caraza de Espera (la actual calle Verónica), durante la procesión de la Cofradía del Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Esperanca y acometió contra varios de los feligreses, según recoge Garrucho Jurado en su artículo «El Rosario de Espera o de la Aurora» publicado en septiembre de 2013 en la web del Ayuntamiento.

A la versión de los bueyes evoca la imagen representada en un azulejo del monolito inaugurado en Espera en 2007, «aunque más parecen miuras que bueyes», añade el director del colegio Antonio Machado de Espera.

Sin embargo, el suceso de los bueyes nada tuvo que ver con el origen del dicho, según ha podido comprobar Manuel Garrucho. «El Corrector del disparate» ya recoge la expresión en 1820, un cuarto de siglo antes del incidente por el que falleció Valverde. «¿Hay necesidad de exponernos a que decida la disputa quien no la entiende, o a que se acabara, según dicen, como el rosario de Espera?», señala la revista sevillana y «La Posdata» publicada en Madrid también se refiere a ella en 1843 cuando refiere que «los ayacuchos y los hermanos de la orden mendicante tratan de establecer una compañía de servicios mutuos en la que cada cual pondrá su parte: pero como estas son heterogéneas (sic), la compañía acabará como el rosario de Espera».

La chispa que encendió la mecha

José Luis Rodríguez Plasencia en «De Tomo y Lomo» (1997) recoge otras versiones sobre el motivo que provocó la descompostura procesional:

«Según uno, fueron los quintos de aquel año, trasnochados y beodos, los que promovieron la discusión con los píos penitentes que, no tan sumisos, arremetieron contra los provocadores y organizaron la tángana que dio lugar al dicho. Otros aseguran que el causante del tumulto fue un tiesto o maceta, lanzado desde un balcón por alguien a quien los cánticos y letanías a horas tan intempestivas no agradaron en absoluto».

El autor de la «Gran Enciclopedia del Disparate» relata también una divertida versión, sobre la que no hay constancia, acerca de la sonora ventosidad que habría soltado un monaguillo y que le habría costado un soberbio puntapié en el trasero por parte del sacristán.

«El mozuelo no se arredró. Dolido por el golpe se revolvió y dio con el cirial en la cabeza del sacristán, que repelió la agresión usando la cruz procesional. Y así, unos que apoyan a éste y otros al otro, todos acabaron enzarzándose en una pelea que no parecía tener fin…».

Fuera como fuere, acabar como el Rosario de la Aurora ha llegado a nuestros días, ya sí lo recoge el Diccionario de la Real Academia, como «desbandarse descompuesta y tumultuariamente los asistentes a una reunión, por falta de acuerdo».

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[LE}– ‘Hach’ o peregrinación a La Meca

03/10/2014

Hach, mejor que haj, hajj o hadj, es la transcripción en español del nombre árabe de la peregrinación a La Meca.

Y también lo es del tratamiento que se da a los musulmanes que cumplen con ese precepto.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «Arabia Saudita recibe más de un millón de peregrinos para el Hajj», o
  • «Los peregrinos afluyen a Arabia Saudí para el Haj, la mayor concentración de musulmanes del mundo»,

donde lo apropiado habría sido escribir hach en minúscula y sin necesidad de cursiva o comillas.

Aunque en algunos medios de comunicación hispanohablantes se emplean la grafías francesa (hadj) o inglesa (haj o hajj) de esa palabra, se recomienda utilizar la transcripción española hach, pronunciada con una hache aspirada, como en hámster o haiku.

Hach es un nombre masculino que se emplea tanto para hablar de la peregrinación como para anteponerlo al nombre de pila del peregrino que ha cumplido con ese precepto islámico: hach Omar, hach Abadalá, etc. Cuando se trata de una mujer, se usa el femenino hacha (pronunciado también con hache aspirada): hacha Fátima, hacha Amina, etc.

Se recuerda además que, cuando un artículo forma parte de un nombre propio, como en el caso de La Meca, lo apropiado es escribirlo en mayúscula (no la Meca), según señalan la Ortografía de la Lengua Española y el Diccionario Panhispánico de Dudas.

De acuerdo con esta última obra, Arabia Saudí y Arabia Saudita son topónimos igualmente adecuados para referirse al país de destino de los peregrinos del hach.

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