[LE}– Las bellas durmientes del idioma: palabras que desaparecerán del nuevo DRAE

16/10/2014 

Luis Alemany

Mil voces, sin uso documentado desde el año 1500, desaparecerán del nuevo DRAE.

Pero, sin ir tan lejos, el español está lleno de palabras que se nos mueren poco a poco.

Días grandes para los lexicógrafos: entre hoy mañana se extienden los actos de bautismo y presentación de la nueva edición del ‘Diccionario de la Real Academia Española’ y todos llevamos ya no sé cuántos días locos con que si ‘tuit’, que si ‘bótox’, ‘cameo’, ‘dron’, ‘pilates’ o ‘precuela’.

Los nostálgicos, en cambio, prefieren pensar en la cifra redonda de mil voces que saldrán del ‘Diccionario’ por abandono, desuso y olvido. Palabras incluidas en la categoría de «desusadas», según la Real Academia; es decir, aquellas «cuya última documentación no es posterior a 1500».

«Son palabras que no nos dicen nada ni a nosotros», explican en la RAE. Sin embargo, en la ‘web’ se pueden encontrar reservas de palabras, llenas de ejemplos polvorientos y conmovedores. Tomamos 10 al azar. Una vez, todo esto fue idioma, y el registro de Google Books lo demuestra.

Cosas de caballeros: Jayán

(Del fr. ant. jayani). 1. m. y f. Persona de gran estatura, robusta y de muchas fuerzas. 2. m. y f. El Salv. y Nic. Persona vulgar y grosera en sus dichos o hechos. 3. m. germ. Rufián respetado por todos los demás.

Google Books da noticia de ochos usos de la palabra «jayán», en un libro tan noble como el ‘Amadis de Gaula’ (1508), de Garci Rodríguez de Montalvo. Y, después, en un puñado de libros de «muy nobles et valerosos caballeros» y en el ‘Quijote apócrifo’ de Avellaneda (siete veces lo usó).

Los libros de caballerías necesitaban villanos, y ahí estaba la palabra ‘jayán’, con su origen francés, para identificarlos. ¿Sus últimos usos? Pocos, pero nobles: Francisco Ayala, y Mario Vargas Llosa la emplearon, además de un ensayo sobre cultura sefardí de 1993.

Sales en la Biblia: Escaramujo

(De or. inc.). 1. m. Especie de rosal silvestre, con hojas algo agudas y sin vello, de tallo liso, con dos aguijones alternos, flores encarnadas y por fruto una baya aovada, carnosa, coronada de cortaduras, y de color rojo cuando está madura, que se usa en medicina. 2. m. Fruto de este arbusto. 3. m. percebe ( crustáceo).

«Una vez que la flor ha sido fertilizada, deja caer sus pétalos, y el fruto (el escaramujo de la rosa) se hincha y se vuelve de un hermoso tono naranja, rosa o escarlata…».

La frase es prometedora, pero remite a un manual, una ‘Guía práctica para hacer jabón’, de Susana Cavitch, que nunca llegó a las mesas de las secciones de Cultura.

Jordi Serra i Fabra la empleó en su ‘Trilogía de las tierras’ (2011) con un fin misterioso («La palabra «escaramujo» no pertenece a nuestro léxico; sin embargo, el ordenador central de Ganímede se la aplicó a esa cosa extraña. Y en el informe aparece destacado. Ello significa que, aunque hoy no se utilice o no exista, en otro tiempo sí se utilizó»).

Y atentos, porque la traducción de la Santa Biblia de Reina Valera la emplea: «Y el escaramujo respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, y aseguraos debajo de mi sombra; y si no, fuego salga del escaramujo que devore los cedros del Líbano» (‘Jueces 9:15’).

El mero mero peje

(Del lat. piscis). 1. m. pez ( vertebrado acuático). 2. m. Hombre astuto, sagaz e industrioso.~ ángel. 1. m. angelote ( pez selacio). ~ araña. 1. m. Pez teleósteo marino del suborden de los Acantopterigios, que llega a tener unos 25 cm de largo, con cuerpo comprimido y liso, de color amarillento oscuro por el lomo, más claro y con manchas negras en los costados y plateado por el vientre, cabeza casi cónica, boca oblicua, ojos muy juntos y dos aletas dorsales, una que corre a todo lo largo del cuerpo, y la otra, sita en el arranque de la cabeza, pequeña y de espinas muy fuertes, sobre todo la primera, que es movible y hueca y sirve al animal para atacar y defenderse, lanzando por ella un líquido venenoso que segrega una glándula situada en su base. Vive en el Mediterráneo, medio enterrado en la arena, y su carne es comestible. ~ diablo. 1. m. escorpina.

‘Peje’ es el apodo de Andrés Manuel López Obrador, el líder de la izquierda mexicana, de modo que su uso aparece en muchas crónicas políticas más o menos recientes.

Al otro lado de la tabla, aparece nada menos que el ‘Quijote’, el bueno, no el apócrifo, que la emplea cuatro veces: «Esta fábula del peje Nicolao trae su origen de lo que escribe Joviano Pantano y Alejandro de Alejandre en sus Dias geniales».

‘Zoz molezto’: Ufa

1. interj. Arg. y Ur. U. para expresar fastidio, fatiga o desagrado.

¿Ufa es una interjección? Como aúpa, como epa. Ufa sonaba, hasta ahora, a la productora del III Reich, por eso, Google Books da noticia en seguida de las memorias de Leni Riefenstahl, entre otros libros de historia del cine.

Pero también hay cuentos infantiles que llevan la palabra Ufa como título, incluso. Y Roberto Arlt la empleaba en ‘Los lanzallamas’ con uso cómico: «Ufa que zoz molezto… Claro que eztá en el itinerario de hoy. Claro… Ufa».

Seguramente, los lectores rioplatenses que lean estas líneas dirán que «ufa» no tiene mayor misterio.

Mala con ganas: Protervia

(Del lat. proterva). 1. f. Perversidad, obstinación en la maldad.

Bonita palabra que nadie escribe en un libro desde 2012 (‘Refugiados: Crónica de un palestino’ de Marcos Aguinis). Después, la voz aparece en una legión de libros de tema religioso, y en no pocos ensayos sobre la historia de Perú.

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[LE}– ‘Referendario’ es lo relativo al referéndum

15/10/2014

El adjetivo referendario, mejor que referendatario o refrendatario, es el adecuado para aludir a lo que está relacionado con un referéndum.

En los medios de comunicación es frecuente leer frases como

  • «Cameron podría haber salido muy debilitado del proceso referendatario escocés» o
  • «Se aprobará una ley de consultas no refrendatarias».

Aunque no está recogido en el Diccionario Académico con ese sentido (sí como ‘hombre que refrenda un documento’), referendario es un término bien formado para referirse a lo que está relacionado con los referendos o referéndums a partir de la raíz común de esos sustantivos y el sufijo -ario, que ‘forma adjetivos que indican relación con la base derivativa’, como señala la Academia.

Esa forma resulta preferible a refrendario, que, si bien no puede considerarse incorrecta, resulta menos clara al alejarse de la raíz del sustantivo, y a refrendatario y referendatario, que emplean el sufijo -atario,  que forma sustantivos que designan a personas en cuyo favor se produce una acción (arrendatario, destinatario…).

Así, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir 

  • «Cameron podría haber salido muy debilitado del proceso referendario escocés» y
  • «Se aprobará una ley de consultas no referendarias».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: María Sarmiento, que se fue a cagar y se la llevó el viento

15/10/2014

Mónica Arrizabalaga

Como la protagonista del cuento se llamaban también la nodriza de Felipe II, una de las meninas de Velázquez, y una dama gallega que tiene una calle en su honor en Viveiro.

«¿Os cuento un cuento?» «Sí», responden los niños que callan durante unos instantes para escuchar con expectación el relato. Pocos se pueden sustraer a la curiosidad que despierta una historia. «¿Cuál?», preguntan impacientes. «El cuento de María Sarmiento, que se fue a cagar y se la llevó el viento».

Tras unos instantes de espera, incrédulos aún, estallan en carcajadas… o en protestas: «¿Y ya? Venga, hombre». Entonces el narrador a veces continúa: «Cagó tres peloticas: una pa Juan, otra pa Pedro, y otra pal que hable primero», según la versión popular que recoge la Fundación Jiménez Díaz.

A quién no le han tomado el pelo alguna vez con el cuento de María Sarmiento, es el más breve y conocido de la tradición hispánica al que, como tal, no le falta su aderezo escatológico. Nada describe el relato de quién o de cómo era esa desgraciada mujer a la que el viento se llevó en tal trance. ¿Se inspiró la broma en una María Sarmiento real?

Luis Cejador dice en su «Fraseología» que antiguamente Mari-Sarmiento era sinónimo de «mujer delgada, flaca y seca como un sarmiento». Tal vez sea sólo un personaje proverbial, que rima con cuento, o un nombre genérico como Marimacho, señala José María Iribarren. El autor de «El porqué de los dichos» dice, sin embargo, que sí existió al menos una María Sarmiento célebre en la historia de España.

Así se llamaba una mujer natural del Valle del Pas (Cantabria), que fue la nodriza de Felipe II. Como tal asistió el 05 de junio de 1527 al bautizo del futuro Rey en la iglesia de San Pablo de Valladolid, una ceremonia que se recuerda por una curiosa anécdota.

Según la tradición, el recién nacido debía ser bautizado en la iglesia más cercana, que en este caso era la de San Andrés, pero la Familia Real quería que la ceremonia se oficiara en la de San Pablo. El problema se resolvió rompiendo una de las rejas de una ventana y sacando al bebé por ahí.

Los Reyes y el resto de la comitiva salieron del Palacio de Pimentel, donde había nacido el príncipe, por un pasadizo de madera adornado con flores y caminaron después hasta la iglesia de San Pablo.

En el cortejo figuraba su ama de leche, que, según una relación manuscrita desconocida que recoge José M. March en «Niñez y juventud», era entonces viuda y vivía en la aldea de Mojados.

«Aunque el anónimo cronista flamenco da el nombre de María a esta nodriza, es probable que se trate de un error, pues en los Archivos de Simancas figura cierta “doña Beatriz Sarmiento, Ama del Príncipe don Felipe nuestro señor” a la que el 21 de enero de 1528 concedía Carlos V la merced de que no se cobrara derecho alguno sobre el juro de 100.000 mrs de por vida que se le había otorgado», según señala José Luis Gonzalo Sánchez-Molero en su tesis sobre «El Erasmismo y la educación de Felipe II (1527-1557) .

«La latina gallega» y la menina

En el mismo siglo vivió otra María Sarmiento, esposa del capitán general de Filipinas, Gómez Pérez das Mariñas. María Sarmiento de Ribadeneira, «la latina gallega», legó sus bienes para la creación de una escuela de gramática en Viveiro. Una calle recuerda en esta localidad de Lugo a esta acaudalada dama del siglo XVI que creó uno de los primeros colegios seglares en 1597.

En Palencia se recuerda a otra María Sarmiento, quien junto a su esposo, García López de Ayala, construyó la parte principal del actual castillo de Ampudia (1461-88), y litigó años después con su hijo por el señorío.

Otra María, aunque también Agustina, Sarmiento fue retratada en 1656 por Diego Velázquez en «Las Meninas». María Agustina Sarmiento de Sotomayor, hija del Conde de Salvatierra, ofrece una bebida a la infanta Margarita en el célebre cuadro que se pintó en el Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid. Se sabe que estuvo casada con Juan Domingo Rodríguez de Arellano, conde de Aguilar, y tras la muerte de éste en 1668 con Diego Felipe Zapata, conde de Barajas.

El nombre de María Sarmiento ha acompañado a mujeres de todos los tiempos, y basta buscar en Google para ver que aún hoy a más de una le repetirán el dicho. «María Sarmiento» es también una divertida comedia de Ernesto Caballero dedicada a Federico García Lorca que se estrenó en 1998.

La entrevista de Tip y Coll a María Sarmiento

ABC publicaba en 1989 una divertida «entrevista con María Sarmiento» de los hoy ya fallecidos Luis Sánchez Pollack «Tip» y José Luis Coll: «Sorprendemos a doña María en cuclillas, leyendo una novela. Nos acercamos a ella como podemos, tratando de conservar la serenidad.

-Doña María… (Hay una pausa)

-Señora Sarmiento…

Ella se vuelve abochornada y, haciendo un extraño ademán, al tiempo que arranca una hoja de la novela, tras otra pausa, nos dice:

-Esperen. Enseguida les atiendo; es cuestión de minutos.

Esperamos, y, efectivamente, a los pocos minutos se levanta, con esa dulzura y esa expresión de placidez en el rostro de quien acaba de cumplir con su deber.

—Señora Sarmiento, ¿cómo fue dedicarse a esto?

—Desde pequeña. Apenas recién nacida. Al principio mis padres me regañaban. Eran muy duros conmigo.

—Vemos que es usted aficionada a la literatura. ¿Cuál es su novela preferida?

—«Lo que el viento se llevó»

—¿Por qué?

—Porque es la historia de mi vida.

—¿Qué consejo daría usted a la juventud?

—Paciencia, mucha paciencia, porque hay que obrar1 con calma. No olviden que obras son amores, y que el amor todo lo puede.

Vemos que se le llenan los ojos de lágrimas, se pone pálida, luego se sonroja, y vuelve a su primitiva posición.

—Disculpen —nos dice—. Hoy estoy tremenda.

Y nos despedimos de ella, de esta famosa doña María, doña María Sarmiento que, aunque parezca leyenda, un día se la llevó el viento».

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(1) NotaCMP.- ‘Obrar’ es un eufemismo para evitar decir ‘cagar’.

[LE}– ‘Viral’ y ‘vírico’ son sinónimos

14/10/2014

‘Viral’ y ‘vírico’ pueden utilizarse indistintamente, ya que se consideran sinónimos.

Es frecuente encontrar en los medios de comunicación ejemplos como

  • «La paciente tiene menos carga viral en la sangre» o
  • «El vehículo continuó trasladando pacientes sin que fuese desinfectado ni sometido a ningún proceso de control vírico o bacteriológico».

El Diccionario de la Lengua Española remite del adjetivo vírico a viral, término incluido con el significado de algo ‘perteneciente o relativo a los virus’. Además, tanto viral como vírico entraron en el Diccionario Académico a la vez, en 1982 (anteriormente se habían recogido en dos ediciones manuales académicas).

Por su parte, la Real Academia Nacional de Medicina de España, que también incluye vírico con el sentido de viral, especifica en la entrada de esta última voz que, aunque puede suscitar rechazo por considerarse anglicismo, en la práctica su uso está totalmente asentado.

Por lo tanto, la alternancia de estos términos como sinónimos es válida, y su utilización en los ejemplos anteriores es apropiada.

Por otra parte, es preciso recordar que, en el ámbito de las redes sociales e internet, la palabra viral se utiliza como adjetivo y como sustantivo, y presenta el significado de ‘mensaje, idea o contenido que se transmite de forma exponencial a través de las redes sociales mediante constante reenvíos entre los usuarios’.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Escribir más que El Tostado

14/10/2014

Mónica Arrizabalaga

Parece imposible que alguien pudiera saber y escribir tanto como demostró Alonso de Madrigal, un prodigio de sabiduría del siglo XV.

«Es muy cierto que escribió, para cada día tres pliegos, en los días que vivió; su doctrina así alumbró, que hace ver a los ciegos», reza el epitafio de Alonso Fernández «El Tostado», el eclesiástico español del siglo XV al que se le recuerda en el dicho «escribir más que el Tostado».

Si el epitafio no exagera, El Tostado llegó a redactar unos 53.880 pliegos, según el recuento que hizo Francisco Rodríguez Marín en sus «Quinientas comparaciones andaluzas» y hasta 70.225 pliegos a juicio de Julio Cejador.

El Tostado, también llamado Alonso de Madrigal por haber nacido en este pueblo de Ávila, o «el Abulense» por haber sido obispo de Ávila, fue considerado el máximo prodigio intelectual de su tiempo.

A los 18 años era filósofo, jurisconsulto y teólogo con tales conocimientos que a los 25 ya tenía fama de ser una de las personas más sabias en aquella España de Juan II de Castilla.

En Salamanca, donde Eugenio IV le nombró Maestrescuela de la Catedral, «llegó a hacerse dueño por sorpresa de todas las ciencias que allí se enseñaban», según recoge José María Iribarren. Cuentan que nunca olvidaba lo que leía, y recitaba de memoria pasajes enteros de la Biblia y toda la «Summa Teológica» de Santo Tomás de Aquino.

Su juventud, su fama y su sabiduría despertaron envidias de otros que le acusaron de hereje, y fue llamado por esta causa a Roma. «El Tostado» escribió un «Defensorio» en el que mostró su erudición, asombrando al Papa y a cuantos le oyeron.

José de Vieira y Clavijo, en su «Elogio de don Alonso Tostado» describe cómo fue para Italia un espectáculo singular el enfrentamiento teológico entre El Tostado y Juan de Torquemada, que sostenía la acusación: «Torquemada tenía mucho de aquel ardor polémico que con su nervio y sequedad aterroriza; El Tostado, aquella luminosa amenidad y varia riqueza que persuade y agrada».

Alonso de Madrigal asistió al Concilio de Basilea y fue consejero de Juan II, el padre de Isabel la Católica, que le nombró canciller mayor y abad de la Colegiata de Valladolid, agraciándole posteriormente con el obispado de Ávila que ocupó hasta su muerte el 03 de septiembre de 1454 en la localidad de Bonilla de la Sierra, donde acostumbraba a retirarse para estudiar y escribir. Acababa de cumplir los 55 años, aunque según otros contaba sólo 40 a su muerte.

Fue tal volumen de páginas que dejó escritas que parece imposible que alguien pudiera estudiar y escribir tanto. Sus obras en latín constan de 24 tomos en folio a los que se suman otras muchas en castellano.

«Sólo el catálogo razonado de sus obras que realizó el doctor Pontano consta de dos gruesos volúmenes», señalaba ABC en 1900. No es extraño que en el habla popular aún se aplique la frase «escribir más que El Tostado (o Tostao)» para decir de alguien que trabaja más de lo normal, o indicar que una persona sabe mucho.

El Tostado, de quien dicen que era de mediana estatura, cuello ancho y cabeza voluminosa, fue sepultado en la catedral de Ávila en un magnífico mausoleo de Vasco de la Zarza, una de las joyas de Ávila. Sobre su sepulcro reza la inscripción: «Hic stupor est mundi, qui scibile discutit omne» (Éste es el asombro del mundo, que se aplicó a todo conocimiento [que se puede saber]).

El grupo de Salamanca

José de Cora incluye una referencia a Alonso de Madrigal en su «Guía de Lugo (Visible e invisible)», que acaba de publicar en la que sitúa a El Tostado en el grupo de Salamanca que habría formado junto a Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, Pedro de Munóbrega y Pedro de Ribera.

«Aunque no todos ellos son coetáneos, sí trazan líneas de conexión —estima De Cora— que les relacionarían con investigaciones de tipo ocultista, la Mesa de Salomón, el estudio de la cábala, tesoros ocultos y herejías».

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: El baile de San Vito

13/10/2014

M. Arrizabalaga

A este mártir, que siendo un niño fue torturado en aceite hirviendo, se le invocaba en la Edad Media contra la epilepsia.

A quien se mueve sin cesar en su silla, o espera apurado para entrar en un servicio, se le dice popularmente que tiene «el baile de San Vito». Pero, ¿qué tuvo que ver con tal dicho este santo de la época de Diocleciano?

La leyenda cuenta que Vito apenas tenía siete años —doce, en otras versiones— cuando murió mártir en el año 303. Hijo, según algunos, de un rico de Sicilia llamado Hylas, y según otros, de un senador romano de Lucania, Vito fue torturado junto a su nodriza Crescencia y a su tutor Modesto, ambos cristianos, por no renegar de su fe.

«La iconografía representa al santo con una caldera al hombro, aludiendo a la muerte en aceite hirviendo que Diocleciano le había preparado como premio al haber curado a su propio hijo de unos horribles ataques epilépticos que padecía desde niño. Pero cuando todos esperaban verle morir achicharrado como un boquerón, lo que vieron fue que el santo se arremangó la capa y empezó a bailar una especie de rock-and-roll que contagió a toda la corte imperial empezando por el emperador», señala Miguel Fernández Garmón en «Con la cruz y los faroles (Origen y picaresca del dicho religioso)».

José Luis Rodríguez Plasencia, que recoge el relato de Garmón en su libro «De Tomo y Lomo», se pregunta escéptico el porqué de esa afición tan repentina del santo por el baile.

A su juicio, «más plausible es suponer que al curar la epilepsia al hijo de Diocleciano, los movimientos espasmódicos, involuntarios, desordenados, amplios y desprovistos de ritmo (semejantes a un baile alocado), que caracterizan esa enfermedad, quedaran asociados con quien logró hacerlos desaparecer y se identificaran con él en su aspecto externo o de baile».

Otros señalan que fueron las terribles convulsiones que sufrió san Vito en su martirio las que asociaron al mártir después con la enfermedad convulsiva llamada Corea o «Chorea sancti viti» (del latín Baile de San Vito), que se caracteriza por movimientos involuntarios anormales de las extremidades.

Sea como fuere, ya en la Edad Media se invocaba a San Vito contra la epilepsia y las convulsiones neurológicas.

La plaga de 1518

Con el baile de San Vito pasó a la Historia también un extraño fenómeno ocurrido en Estraburgo en julio de 1518.

Una mujer conocida como Frau Troffea comenzó a bailar sin parar en una calle de esta ciudad francesa, y así continuó sin descanso entre cuatro y seis días, mientras decenas de personas se sumaban a ella en una semana en una plaga de baile que afectó a 400 personas en un mes.

En su pico, la epidemia se cobró la vida de hasta 15 personas al día entre las que bailaban hasta la muerte. No era el primer brote compulsivo de baile en Europa.

El primero había tenido lugar en la Nochebuena de 1021 en la ciudad de Kölbigk (Alemania), y hay noticias de otras en 1237, 1247, 1278, 1374, 1438, aunque el de 1518 es el mejor documentado de esta extraña epidemia que se conoció durante siglos como «el baile de San Vito» o el «baile de la peste», entre otros numerosos nombres.

Se pensó que el origen podría estar relacionado con la ingestión de cornezuelo, que podría causar alucinaciones, pero éste produce gangrena en las extremidadesm por lo que no habrían podido bailar durante tanto tiempo.

El médico y alquimista Paracelso (1493-1541), que ya en su escrito sobre el arte de la Medicina en 1599 se refiere a las «danzas patológicas», da una peregrina explicación del origen de esta epidemia de 1518:

«Existía en cierta ocasión una mujer llamada Trofea (Die Frau Troffea) de tan singular carácter, tal orgullo y tan empecinada obstinación en contra de su marido que cada vez que éste le ordenaba cualquier cosa o la importunaba de cualquier manera, comenzaba a bailar, achacando que estaba impelida de una fuerza sobrenatural. Gestos y actitudes, saltos, gritos, contorsiones y cantinelas asustaban al marido, que inmediatamente la dejaba en paz. Y, como tal estratagema no fallaba nunca, fue adoptada por otras mujeres, siempre con el mismo éxito. Entonces el fervor popular achacó tan estupendos resultados a San Vito, pero parece que un día el Santo se enfadó y todas acabaron bailando a la fuerza».

John Waller, autor del libro «Tiempo de bailar, tiempo de morir» (Hardcover, 2008), estudió este brote de histeria colectiva y concluyó que los bailarines entraron en un estado de trance por una angustia psicológica extrema causada por el hambre, la enfermedad y las supersticiones, miedos y creencias que rodeaban a los más pobres de la sociedad de aquel entonces.

«La epidemia fue el resultado tanto de la desesperación como del temor piadoso», señaló el historiador en la BBC.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Como la carabina de Ambrosio

10/10/2014

M. Arrizabalaga

Un relato cuenta la historia de un cándido labrador que se hizo salteador de caminos, pero a nadie intimidaba con su arma.

«Nada sé, amigo mío, de Ambrosio el de la carabina. Nadie hasta ahora, por mucho polvo que haya tragado en archivos y bibliotecas, dio con la partida de bautismo de aquel personaje», dice en «Un paquete de cartas…» Luis Montoto, que se lamentaba en ABC de que «mucha diligencia» había puesto en averiguar quién fue Ambrosio el de la carabina famoso, «pero todo inútil».

Aunque no cejaba en su empeño: «Quizás algún día en la Alcana de Toledo o el mal baratillo del Jueves, en Sevilla, tope con polvorosos papeles que den noticias de ese personaje».

¿Qué clase de sujeto debió ser el tal Ambrosio, cuya carabina dicen las gentes que estaba «cargada con cañamones y sin pólvora»? Ser alguien o algo la carabina de Ambrosio, o lo mismo que ésta, ha pasado a formar parte del lenguaje como ‘no servir para nada’.

En la revista Por esos Mundos (Madrid 1900) aparece una versión sobre quién inspiró este dicho: «Ambrosio fue un labriego que existió en Sevilla a principios de siglo XIX. Como las cuestiones agrícolas no marchaban bien a su antojo, decidió abandonar los aperos de labranza y dedicarse a salteador de caminos, acompañado solamente por una carabina. Pero como su candidez era proverbial en el contorno, cuantos caminantes detenía lo tomaban a broma, obligándole así a retirarse de nuevo a su lugar, maldiciendo de su carabina, a la que achacaba la culpa de imponer poco respeto a los que él asaltaba. Es éste el origen verdadero de la popular frase».

De ser cierto este relato, que recogen con recelo en sus libros Montoto, José María Iribarren o Gregorio Doval, el tal Ambrosio habría vivido antes de la fecha que reseña M.V.Z. en «Por esos mundos» porque ya en 1791 la publicación «Espíritu de los mejores diarios literarios que se publican en Europa» recogía la expresión en la frase «importa lo mismo que la carabina de Ambrosio».

Wenceslao Fernández Flores recogió esta leyenda en su novela «El bosque animado». En ella el labrador Xan de Malvís, harto de las fatigas del campo y de los pocos beneficios que de él consigue, se echa al monte para convertirse en «Fendetestas».

Junto a la carabina de Ambrosio se han forjado otras armas proverbiales, como la espada de Bernardo («que ni corta ni pincha») o el yelmo de Mambrino, con las que poco se puede hacer.

Los «calepinos»

El periodista y escritor José de Cora cuenta cómo a los diccionarios de latín se les llamaba antiguamente «calepinos», por Ambrosio Calepino, autor de uno de los que alcanzaron más fama. También se conocía por calepino al trozo de tela que servía para ajustar el proyectil a las carabinas de avancarga, continúa De Cora antes de concluir: «De ahí a que Ambrosio tuviese una carabina y fuese complicada como el latín mediaba un paso».

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[LE}– ‘Antiébola’, junto y sin guion

10/10/2014

Antiébola, junto y sin guion, es la forma adecuada de escribir este término.

Es frecuente encontrar en los medios de comunicación ejemplos como 

  • «Madrid toma la iniciativa sanitaria y endurece su protocolo anti-ébola» o 
  • «¿Qué vacuna anti ébola está experimentando la OMS en humanos?».

El término antiébola, utilizado para referirse a los tratamientos, vacunas o protocolos empleados contra este virus, ya sea para evitar su propagación o para tratar la enfermedad, está formado por el prefijo anti-, recogido en el Diccionario Académico, y el sustantivo ébola.

Según la Ortografía Académica, los prefijos se unen a la palabra a la que afectan, por lo que se recomienda escribir antiébola junto, y evitar separarla por un espacio o por un guion.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir

  • «Madrid toma la iniciativa sanitaria y endurece su protocolo antiébola» y
  • «¿Qué vacuna antiébola está experimentando la OMS en humanos?».

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[LE}– ‘Eutanasiar’ no es lo mismo que ‘sacrificar’

09/10/2014

Eutanasiar, verbo bien formado a partir de eutanasia, y sacrificar, tienen significados distintos.

La eutanasia es, según el Diccionario del Estudiante de la Real Academia Española, el ‘hecho de acelerar o provocar la muerte de un enfermo incurable para evitarle sufrimiento, ya aplicando medios adecuados, ya renunciando a aplicar los que prolongarían su vida’ y el verbo eutanasiar, derivado de este sustantivo, puede definirse como ‘practicar una eutanasia’.

Sin embargo, en las noticias relacionadas con el reciente contagio de ébola de una auxiliar de enfermería en España, pueden encontrarse frases como

  • «Los expertos son contundentes sobre la decisión de eutanasiar a Excalibur, la mascota de la técnica infectada por ébola en Madrid» o
  • «El marido de la auxiliar de enfermería se niega a dar su permiso para la eutanasia de Excalibur».

Dado que no ha quedado acreditado que la mascota de la paciente tuviera una enfermedad incurable, y puesto que el animal tampoco estaba padeciendo sufrimiento alguno, quizá lo más adecuado en este caso habría sido emplear el verbo sacrificar, que los diccionarios de uso definen como ‘matar a un animal’, ya sea para detener una enfermedad que se quiere erradicar o para su consumo.

En el ámbito veterinario, eutanasia y eutanasiar se usan con frecuencia; sin embargo, en estos ejemplos concretos parece que hubiera sido más adecuado optar por

  • «Los expertos son contundentes sobre la decisión de sacrificar a Excalibur, la mascota de la técnica de enfermería infectada por ébola en Madrid» y
  • «El marido de la auxiliar de enfermería se niega a dar su permiso para el sacrificio de Excalibur».

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