[LE}– Genético, génico y genómico no son lo mismo

28/10/2014

Los términos genético, génico y genómico no significan lo mismo, por lo que no pueden utilizarse como sinónimos.

El término genético se utiliza cuando se hace referencia a la genética, génico cuando es relativo a los genes, y genómico cuando tiene relación con el genoma. 

Según el Diccionario Académico, genético tiene que ver con algo ‘perteneciente o relativo a la genética’, entendiendo la genética como la parte de la biología que trata de la herencia y de lo relacionado con ella.

Por ejemplo, en la noticia «El origen genético de los europeos actuales se remonta a tres poblaciones ancestrales» se habla de la herencia genética de la población europea.

En cambio, el mismo diccionario se refiere a génico como algo ‘perteneciente o relativo a los genes’. Ejemplo de ello es su uso en el contexto de «Los científicos mexicanos buscan garantizar el flujo génico mediante la convivencia de las dos especies en la misma zona», en el que se hace referencia a los genes que podrán desplazarse de una población a otra.

La palabra genómico, a pesar de no estar recogida en dicho diccionario, se define en el Diccionario de Términos Médicos de la Real Academia de Medicina como algo del genoma o relacionado con él, entendiendo genoma como el conjunto de genes de un individuo o especie.

Como ejemplo puede verse este titular «Un estudio genómico desvela más de 300 mutaciones del ébola», que se refiere al conjunto de genes.

Con motivo del último estudio en el que se especifica cuál es el origen genético de los habitantes de Europa, es frecuente encontrar en los medios de comunicación diversos ejemplos en los que estas palabras se intercambian a pesar de no ser equivalentes.

Por lo tanto, tal y como demuestran los anteriores ejemplos, se recomienda no utilizar estos términos como sinónimos, ya que encierran distintos significados.

Fuente

[LE}– ‘Hala, Madrí’. El español y la letra ‘d’ final

26 OCT 2014

Álex Grijelmo

En España nos cuesta pronunciar la letra d como consonante final de palabra.

El Barcelona tiene su abreviación en vigor desde el primer cuarto del siglo XX: “Barça”.

Surgida probablemente en el lenguaje oral, esta palabra se data en la prensa en el año 1922, en la revista catalana Xut, según el estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona dirigido por Miquel de Moragas y coordinado por Ana Belén Moreno. 

Tal vez se use ya más esa abreviación entre los aficionados que el topónimo completo (Barcelona) y que el nombre oficial (Fútbol Club Barcelona).

El Real Madrid también cuenta con un nombre abreviado, aunque rara vez lo encontremos por escrito: “el Madrí”. No se podía reducir mucho más el original, pero al menos se le han aliviado una palabra (“Real”) y una letra y su fonema, lo cual facilita la ligazón con el término siguiente si éste comienza por vocal.

Ayer se oyó una vez más en el estadio Bernabéu —a través de esa insoportable megafonía que va convirtiendo a los hinchas cantarines en consumidores callados— el himno del club blanco interpretado por Plácido Domingo y compuesto por José María Cano en 2002 con motivo del centenario del club.

Uno de sus versos dice: “Sale el Madrí a luchar, sale el Madrí a ganar…”. Y no se percibe el fonema de la letra d por ninguna parte, pues la pronunciación que se derivaría del texto escrito (“sale el Madrid-a-luchar, sale el Madrid-a-ganar”) la suprime el tenor con mucha afinación y poca misericordia.

Tiene su razón, porque en ese caso añadiría una sílaba con la correspondiente nota, lo cual alteraría la composición melódica, mientras que la terminación abreviada permite diptongar la i final del nombre con la preposición que antecede al verbo: sale-el-madriaganaaar…

Esta supresión del último fonema se aprecia en otros muchos casos en que se cita el nombre del club blanco. Así, oímos en la radio: “Almería cero, Real Madrí uno”; y no “Real Madrid uno” (es decir, realmadriduno).

También le ocurre eso al “Valladolí”, pero en este caso no cuenta como abreviación acuñable porque los blanquivioleta ya disponen del cariñoso “Pucela”.

En las más de 90.000 palabras del idioma español (y si apartamos las interjecciones y onomatopeyas, los extranjerismos y los nombres propios), solamente 10 de las 21 consonantes del alfabeto tienen el privilegio de ocupar un sitio al final de una palabra: n, s, d, j, l, r, t, x, y, z.

Y algunas aportan escasísimos ejemplos. La jota, sólo 21; la te, 147; la equis, 67…; y casi siempre en palabras prestadas o poco usuales. Busque usted vocablos patrimoniales del español terminados en las restantes letras y dígrafos (b, c, ch, f, g, h, k, ll, m, ñ, p, q, v): le costará dar con alguno.

La letra d (y su correspondiente fonema) figura en la selección de consonantes finales, pero no es de las más productivas (1.224 vocablos; muy escasos si los comparamos con los 33.932 terminados en a, según el estudio del profesor Roberto Veciana publicado en 2004).

Incluso nos cuesta admitirla a la hora de la verdad; también en esta última palabra: “verdad”. ¿Cómo pronunciamos la expresión “verdad usted”? En el lenguaje coloquial, sin duda diremos “verdá usté”; y en uno más cuidado, “verdá usted”. Algún fonema d se perderá casi siempre por el camino.

Esa aversión a la d final se aprecia mucho en los verbos imperativos, sustituidos a menudo por infinitivos: “Hacer esto” en vez de “haced esto”; “ir a buscarme” (en vez de “id”). Y en el castellano de Cataluña, se transmuta en el sonido t.

La d ya fue desapareciendo de algunas voces en su camino desde el latín al castellano (aliquod se convierte en “algo”; ad se transforma en “a”…). Tan incómoda sigue resultando a nuestra prosodia, que a veces la transformamos en un sonido de zeta: “Madriz”, “hacez”, “tengo sez”.

Y un locutor cuenta por la radio que en el Lugo Club Deportivo juegan “cuatro Davices” (y no cuatro “Davides”).

Con todo ello, se entiende que vaya consagrándose tal pronunciación para el club madrileño. Y hasta merecería la pena reivindicarla: “¡Hala, Madrí!, ¡hala, Madrí!”.

Fuente

[LE}– ‘Cesar’ puede equivaler a ‘destituir’

24/10/2014

El verbo cesar ha añadido a sus significados el de ‘destituir o deponer a alguien del cargo que ejerce’, de acuerdo con la vigesimotercera edición del Diccionario Académico.

Aunque tradicionalmente el verbo cesar era sólo intransitivo, y lo único adecuado era decir que alguien cesaba, bien porque lo despidieran, bien porque él mismo decidiera abandonar su puesto, la Academia recoge ahora también una cuarta acepción transitiva que valida frases en las que alguien cesa a otra persona, o alguien es cesado.

Así pues, actualmente se consideran válidas frases con los usos intransitivos acostumbrados: 

  • «Aida Bartolomé cesó en su cargo» o
  • «Selman cesó como médico personal del líder cubano»,

pero también otras con usos transitivos, como 

  • «El concejal que cesó a una mujer por ser madre se declara “firme defensor de la igualdad de oportunidades”» o
  • «Guido Forcieri fue cesado del Banco Mundial».

Se recuerda, no obstante, que, con este significado, cesar puede alternar con destituir, deponer o despedir, por lo que en los últimos dos ejemplos también podría haberse escrito 

  • «El concejal que destituyó a una mujer por ser madre se declara “firme defensor de la igualdad de oportunidades”» y
  • «Guido Forcieri fue despedido del Banco Mundial».

Por último, se recuerda que cesar también puede significar ‘dicho de una cosa: interrumpirse o acabarse’, como en

  • «Las lluvias cesaron y dieron paso a una mansa tregua»,

y ‘con las preposiciones de o en, dejar de realizar la actividad que se menciona’:

  • «Quino no cesó de saludar a niños y profesores».

Fuente

[LE}– Origen de dichos y expresiones: Bicoca

16-09-14

Algo sumamente fácil, o de escaso valor.

Se relaciona con la batalla librada el 27 de abril de 1522 en la localidad de La Bicocca, población cercana a Monza, en el antiguo condado de Milán, donde el ejército francohelvético fue diezmado sin que hubiera casi ninguna baja entre los españoles.

Fuente

[LE}– Origen de dichos y expresiones: Santa Rita, rita, rita, lo que se da no se quita

20/10/2014

M. Arrizabalaga 

¿Quién no ha usado de niño esta expresión cuando alguien reclamaba algo que anteriormente había regalado, sin saber que con este conjuro infantil invocaba a la «patrona de lo imposible»?

Por este apelativo se conoce a Santa Rita de Casia, una piadosa italiana que se ganó pronto el cariño popular por haber pasado por las penas y vicisitudes de una mujer de su tiempo.

Margarita Lotti, como en realidad se llamaba la santa, nació en la pequeña localidad italiana de Rocca Porena en 1381. Hija única, pronto quiso ingresar en un convento, pero sus padres la obligaron a casarse, con apenas 12 años, con Paolo di Ferdinando di Mancino, un hombre cruel y violento que constantemente la maltrataba y humillaba, según algunas crónicas. 

Durante 18 años soportó Rita este terrible matrimonio, rogando a Dios que convirtiera a su esposo, hasta que éste fue asesinado un día de vuelta a su casa.

Un año después, la epidemia de peste se llevó a sus dos hijos, Feltrinelli y Paolo Maria, por los que también rezaba, pues habían salido al padre. Cuentan que sus oraciones dieron fruto y que, poco antes de morir Paolo, los tres habían cambiado a mejor.

Viuda y sin hijos, intentó repetidamente entrar en un convento, «pero las comunidades de monjas le respondían que ellas solamente recibían a muchachas solteras», según señala la agencia católica Aciprensa. Al final fue admitida en el convento agustino de Cascia, donde fue «ejemplo para todos en términos de sus mortificaciones, y es muy reconocida por la eficiencia de sus plegarias», señala la Enciclopedia Católica.

Cuentan que a los 61 años, en 1428, recibió el estigma de una espina de madera que se le clavó en la frente, y así es como aparece representada esta santa a la que se le relaciona con las abejas y con las rosas por su famoso milagro.

Al parecer, a una prima suya que le visitó, Rita le pidió una rosa del jardín del convento y, en pleno invierno, ésta la encontró, mostrando cómo nada es imposible de conseguir si algo se pide con fe. De ahí que desde entonces se la considere patrona de lo imposible.

A Santa Rita, que fue canonizada en 1900, debió invocar una doncella poco agraciada para encontrar un novio que la quisiera. Según reza la leyenda que recoge Gregorio Doval en «Del hecho al dicho», «la santa viuda se apiadó de ella y le concedió pronto el deseo».

El novio, sin embargo, se echó atrás rompiendo el compromiso con la doncella, que increpó a la santa: «¡Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita!».

«La doncella no consiguió este nuevo favor, y hubo de quedarse soltera, sin otro remedio que quedar para vestir santos —con la sola excepción, cabe suponer, de Santa Rita— que por entonces era, desgraciada y tradicionalmente, la única actividad reservada a las solteronas», fabula Doval.

Otros opinan que el famoso dicho sería en realidad una degeneración del de «Santa Rita, siempre da y nunca quita».

Santa Rita nunca fue sepultada, y aún hoy su cuerpo incorrupto permanece en la Basílica dedicada a ella en el monasterio de las agustinas de Cascia. Su fiesta es el 22 de mayo.

Fuente

[LE}– Origen de dichos y expresiones: Ser como el Capitán Araña

17/10/2014

M. Arrizabalaga

El dicho se refiere a un ladino capitán de barco vasco que enrolaba marineros rumbo a América y nunca llegó a viajar.

A alguien que abandona en el último segundo un proyecto, tras recabar el apoyo de otros, se le tacha irónicamente de ser como el Capitán Araña, «que embarcaba a la gente y se quedaba en tierra», según reza un dicho que se remonta hasta el siglo XVIII.

En el último tercio de aquel siglo las insurrecciones de las colonias en América requerían continuamente de refuerzos que viajaran desde España para combatir al otro lado del Atlántico. 

José María Sbarbi contaba en «Florilegio o Ramillete alfabético de refranes y modismos» que «según testimonio de personas fidedignas» en esa época «existía en una de las ciudades de nuestro litoral un capitán de buque llamado Arana, (nombre que el vulgo hubo de transformar luego festivamente en Araña), del cual se cuenta que, después de reclutar individuos con el precitado objeto, nunca más volvió á emprender viaje alguno allende los mares».

Por ello el célebre sacerdote y paremiólogo gaditano define el dicho: «Dícese por los que exhortan a otros a hacer aquello mismo de que ellos huyen».

Para José María Iribarren («El porqué de los dichos») «a vista del apellido Arana cabría suponer que este célebre capitán era vasco», pero este coleccionista de anécdotas populares sospecha que el ladino marino fuera de origen portugués y se apellidaba «Aranha (con h), cuya pronunciación es Araña».

Con este sentido, Benito Pérez Galdós llama Capitán Araña al coronel Rada en los «Episodios Nacionales» o utiliza la expresión Fernán Caballero en «La familia de Alvareda» (1834): «Ello es que yo soy como el patrón Araña, que embarcaba la gente y se quedaba en tierra»

Araña, Concha y Cortés

En el «Refranero del Mar» el dicho se amplía al de «Ellos eran tres: Araña, Concha y Cortés» que José Gella Iturriaga identifica como «tres marinos gaditanos que debieron de ser famosos por su afán de trabajar poco, o de «morearse», término este usual en Marina para expresar la habilidad de eludir las faenas a bordo».

Para Iribarren, el Araña de los dichos de Cádiz estaría relacionado con el capitán Araña antes descrito ya que en el periódico político-satírico «Gil Blas» de finales del s.XIX, se publicó una parodia del poeta Manuel del Palacio contra el entonces regente Narváez, inspirada en la «Canción del Pirata» de Espronceda, que decía: «Bajel pirata que llaman, por su bravura el regente, y que ha embarcado más gente, que Araña, Concha y Cortés».

Capitán Araña se llama también al militar que no cumple con sus compromisos, en especial el de iniciar un levantamiento, según recoge José Luis García Remiro en «¿Qué queremos decir cuando decimos…?». El «araña» se aplicaría a los cobardes e interesados «que van, como las arañas, tras la «mosca» (dinero)».

Recuerda en este sentido la Letrillas burlescas de Quevedo: «Mosca muerta, muerta parecía / tu codicia cuando hablabas / y eras araña que andabas / tras la pobre mosca mía».

Fuente

[LE}– ‘Cagaprisas’, ‘birra’, ‘papichulo’,… las polémicas novedades del diccionario de la RAE

2014-10-17

La nueva edición del Diccionario de la RAE ha vuelto a traer polémica. Entran «botellón» y «chupi», entre otras.

La 23ª edición del Diccionario de la lengua española, que se publica esta semana en todos los países hispanohablantes, incluye palabras como burka, ciclogénesis, coach, hiyab, homoparental, quad, y wifi, y voces coloquiales como amigovio, birra, botellón, gorrilla y chupi.

Desde que se publicó en 2001 la anterior edición del Diccionario, la obra se ha actualizado periódicamente en internet con miles de nuevas entradas. Pero la edición en papel, publicada por Espasa, contiene centenares de novedades que aún no están disponibles en la versión electrónica.

Entre esas novedades hay numerosas voces americanas, que se han incrementado de manera significativa en la 23ª edición; amigovio(fusión de amigo y novio) es una de ellas. Y se han admitido, además, palabras americanas como basurita, bíper, cajonear, conflictuar, enrulado, lonchera, motoneta, nocaut y papichulo.

Del mundo islámico han saltado al Diccionario burka y hiyab. La primera se define como «vestidura femenina propia de Afganistán y otros países islámicos, que oculta el cuerpo y la cabeza por completo, dejando una pequeña abertura de malla a la altura de los ojos». Y la segunda es el «pañuelo usado por las mujeres musulmanas para cubrirse la cabeza».

Antipersona, aplicado a esas minas que matan o mutilan a quienes las pisan, llega al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), al igual que sucede con ciclogénesis (formación de un ciclón).
Si en 2012 el matrimonio homosexual se incorporó al DRAE, ahora lo hace la voz homoparental, que se aplica a una familia «formada por dos personas del mismo sexo y los hijos».

También, se han adaptado las definiciones de marido («hombre casado, con relación a su cónyuge») y de yerno («cónyuge masculino de la hija o del hijo de una persona»), entre otras.

Los extranjerismos figuran en cursiva cuando no se han adaptado al español. Ése es el caso de «backstage», el «espacio situado detrás de un escenario o de una pasarela donde se preparan quienes intervienen en un desfile de moda, o de «coach» (persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal) y, en el lenguaje deportivo, equivale a entrenador.

Del inglés proceden asimismo «establishment» (grupo de personas que ejerce el poder); el «hacker»; «quad» (vehículo todoterreno de cuatro ruedas similar a una motocicleta), y «spa», el establecimiento con mecanismos de relajación.

También aparecen «chaise longue», en alusión al «asiento mullido, alargado y normalmente sin brazos, que permite estirar las piernas», e «impasse», definido como «callejón sin salida» y «compás de espera». Del italiano procede «birra», la forma coloquial de referirse a la cerveza, que entra también este año.

Entre las voces coloquiales, destaca el «botellón» y «chupi». También entran los «gorrillas», el «mileurismo» y voces relacionadas con las nuevas tecnologías como tuit, tuitear, tuitero y tuiteo.

También aparecen intranet y nube, en alusión al espacio de almacenamiento en la Red.

Aparecen, además, los «plomizos» para calificar a los pesados y molestos, el «cague» y los «cagaprisas», como «personas impacientes, que siempre tienen prisas».

Fuente

[LE}– Origen de dichos y expresiones: Mambrú se fue a la guerra

16/10/2014

M. Arrizabalaga

Soldados franceses compusieron esta famosa canción creyendo que el duque de Malborough había muerto en la batalla de Malplaquet.

Nada sospechó el general Marlborough antes de fallecer en 1722 de un ataque de apoplejía en Windsor, que su nombre, tan célebre en la guerra y en la política de su tiempo, pasaría a la historia en una canción burlesca y deformado en España como Mambrú.

John Churchill, duque de Malborough, había cosechado numerosos triunfos peleando contra los franceses en la Guerra de Sucesión española (1701-14), en la que Inglaterra intervino para contener las ambiciones de Luis XIV. Una de sus victorias más recordadas la logró en la batalla de Malplaquet.

Aquel 11 de septiembre de 1709, cinco generales del ejército de Malborough cayeron muertos en el campo, y este último corrió tales peligros que entre los franceses circuló como verdadera la noticia de que había muerto.

«En esta creencia, y hallándose los franceses en su vivac de la noche misma de la batalla, a uno de ellos (no se sabe quién) se le ocurrió componer y cantar con sus compañeros la canción: «Malbrough s’en va-t-en guerre; Mironton, mironton, mirontaine; Malbrough s’en va-t-en guerre; Ne sait quand reviendra»», relató el compositor Francisco Asenjo Barbieri en la revista «El Averiguador» en 1871.

Esta especie de oración fúnebre burlesca, con la que los derrotados y hambrientos soldados franceses se burlaban de quien tanto daño les había infringido, constaba según Barbieri de 22 coplas que durante algún tiempo corrieron entre soldados y campesinos franceses.

«Ya estaba casi de todo punto olvidada, cuando en 1781, habiendo la reina María Antonieta dado a luz al Delfín, se tomó para nodriza de éste una aldeana llamada Poitrine», prosigue el compositor que cuenta en su escrito titulado «Mambrú», cómo la tal Poitrine acostumbraba a cantar la canción de Marlborough al bebé y hasta los Reyes comenzaron a repetirla con frecuencia y a partir de ahí todo el palacio de Versalles.

Según narra Barbieri, «el sonsonete se extendió con rapidez por toda Francia, y aún por Inglaterra misma: todo el mundo lo cantaba, y Marlborough se hizo tan de moda que dio su nombre a telas, a peinados, a carruajes, a guisados, etc», en un furor que duró muchos años, hasta la Revolución Francesa.

El eco de la popular canción llegó a España con la influencia francesa de la casa de Borbón y «se cantó por todas partes, aunque algo corrompida y españolizada, dando al héroe el nombre deMambrú, más en armonía con nuestra lengua», aseguraba el compositor en 1871. La canción de Mambrú sería popularizada sobre todo por las niñas, que la entonaban en sus juegos de rayuela.

Ésta es la versión más aceptada por los expertos en refranes, dichos y frases hechas. Así lo recogía también «La Ilustración Española y Americana» de 1885 o la revista «Alrededor del mundo» de 1929 que sobre su posible autor indica cómo «se dice que fue un bufón, alegre compañero de los rudos caballeros de Ourdenade, que los hacía representar sus improvisaciones batiendo el parche de su tambor».

El cruzado Mambron y el obispo de Lodeve

Sin embargo, en «El Mundo Ilustrado» de 1879 se cuenta que «según cierta tradición recogida y comentada por M. de Chateaubriand, resulta que el Mambrú es de origen árabe; que este origen se remonta a la Edad Media; que probablemente fue importada esta canción a España y Francia por los soldados de don Jaime I de Aragón y de Luis IX; que debe considerarse como una leyenda cuyo protagonista debió ser cierto oscuro cruzado llamado Mambron».

A partir de ahí conecta la historia con la nodriza Poitrine y afirma que «únicamente por un inexplicable lapsus pudo sustituirse al nombre del oscuro cruzado el del general Marlborough, que tanta celebridad adquirió en la batalla de Malplaquet».

Manuel Martín Sánchez recoge en «Seres míticos y personajes fantásticos españoles» otra versión que sitúa el origen de Mambrú en «una canción de origen cátaro para ridiculizar al obispo de Lodeve», que fue conde de Montbrún.

Martín Sánchez, que cita a Burguete Herrero, señala cómo los campesinos cátaros habrían inventado la canción como protesta contra el obispo usurpador que les arrebató sus tierras después de la batalla de Muret en la que murió Juan II de Aragón, «cambiándose con el tiempo la palabra Montbrún por Mambrú».

Todos coinciden, sin embargo, en el papel que Madame Poitrine desempeñó para popularizar esta canción de la que existen numerosas versiones en distintos idiomas.

Fuente