Recientemente se han viralizado fotografías de conejos con extrañas protuberancias en el rostro, tomadas principalmente en el estado useño de Colorado.
[Canarias}> Una isla sin muros ni celdas que sirvió como cárcel durante los siglos más oscuros de España
13-08-2025
Una isla sin muros ni celdas que sirvió como cárcel durante los siglos más oscuros de España
Su geografía, su aislamiento y la precariedad de sus conexiones marítimas eran suficientes para garantizar que quienes llegaban allí como exiliados rara vez pudieran escapar
En la historia de España, hay cárceles que nunca tuvieron rejas. Lugares donde el aislamiento fue más eficaz que los muros de piedra, y el silencio actuó como grillete. Uno de ellos fue El Hierro, la más occidental de Canarias, utilizada durante más de 150 años como destino de destierro político. Aunque hoy se asocia con la tranquilidad del turismo rural y la belleza de sus paisajes, hubo un tiempo en que en esta ínsula fue escenario de represión, exilio forzoso y olvido.
Lejos de los focos históricos que han visibilizado el papel represivo de otras islas como Fuerteventura, El Hierro permaneció en la penumbra de la memoria colectiva. Sin embargo, desde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el franquismo, esta pequeña isla, de apenas 270 km² y escasos medios de comunicación, sirvió como un eficiente mecanismo de castigo para regímenes que buscaban apartar a quienes incomodaban con sus ideas, su ciencia o su pensamiento libre.
Cárcel sin muros
El Hierro no contaba con penitenciarías ni garitas. Su geografía, su aislamiento y la precariedad de sus conexiones marítimas eran suficientes para garantizar que quienes llegaban allí como exiliados rara vez pudieran escapar. No se necesitaban barrotes: la isla entera funcionaba como una prisión natural.
Durante el reinado de Fernando VII, y posteriormente bajo distintas formas de gobierno, desde monarquías autoritarias hasta la dictadura franquista, intelectuales, médicos, maestros y políticos fueron enviados al exilio insular. Muchos no habían cometido más delito que pensar de forma diferente
[LE}> ¿»Por tanto» o «por lo tanto»? Esto es lo que dice la RAE
¿»Por tanto» o «por lo tanto»? Esto es lo que dice la RAE
Se trata de una de esas construcciones que aparecen a menudo en textos formales y generan inseguridad al redactar.
[Cur}> Reaparece un manuscrito firmado por Hernán Cortés en 1527: el FBI lo devuelve a México tras ser robado hace 30 años
El FBI ha devuelto a México un manuscrito original de Hernán Cortés, firmado en 1527 y robado hace tres décadas del Archivo General de la Nación. El documento revela detalles clave de sus expediciones
[Cur}> Hallan en Madrid un enterramiento infantil del siglo XIX con tratamientos médicos y símbolos religiosos
El estudio de una tumba hallada en 2015 contenía el cuerpo semi momificado de una menor, vestido con una capa azul y lazos del mismo color.
[Cur}> En 2016, la NASA fotografió 10 ‘agujeros negros’ sobre el océano Índico: por fin sabemos qué eran
En 2016, la NASA fotografió 10 ‘agujeros negros’ sobre el océano Índico: por fin sabemos qué eran
La imagen satelital captada por la NASA sobre la isla Heard, próxima a la Antártida, dio la vuelta al mundo. La acción de un volcán cercano tuvo mucho que ver
[Cur}> El parque eólico en pleno desierto que funciona sin supervisión humana: robots y drones controlan cada detalle
Inspectores de cuatro patas, UAVs y miles de sensores y cámaras mantienen las turbinas en funcionamiento cerca del desierto del Gobi (China).
[Col}> Santiago Schnell: el rector con olor a papelón / Soledad Morillo Belloso
16-08-2025
Santiago Schnell: el rector con olor a papelón
En un rincón de Nueva Inglaterra, donde las estaciones se instalan como huéspedes temporales, aterrizó un rector con sabor a mango maduro y mirada de explorador. Santiago Schnell no desembarcó con discursos de cartón ni con trajes de catálogo. Llegó como llegan los que han vivido: con cicatrices, con cuentos, con ciencia en la maleta y Caribe en el corazón.
No es un académico de manual. Schnell viene de donde estudiar es un acto de resistencia, donde los libros se leen con velas y la curiosidad es más fuerte que la escasez. Nacido en Venezuela, su inglés es muy bueno, pero a veces se le escapa un “chamo” como quien deja caer un verso en medio de una fórmula. Porque hay acentos que no se mudan, que se quedan como tatuajes sonoros.
A los quince, la vida le lanzó una tremenda curva: cáncer, seguido de un desfile de enfermedades autoinmunes. Pero en vez de rendirse, se volvió alquimista del conocimiento. Se enamoró de la biología como otros se enamoran del jazz: con devoción y ritmo. Las enzimas le hablan, las ecuaciones le cantan. Donde otros ven datos, él ve poesía molecular.
Estudió en la Simón Bolívar, donde las ideas se cuecen con café negro y los sueños tienen acento latino. Luego cruzó el océano hasta Oxford, donde aprendió a dialogar con científicos de todos los continentes sin perder el sabor de su tierra. Y de ahí brincó el cjharco y llegó a la Universidad de Notre Dame. Hoy, en Dartmouth, camina entre edificios longevos como quien pasea por una playa de Macanao: con calma, con respeto, con alegría.
Pero lo que lo hace único no está en su impresionante hoja de vida. Está en su forma de ser y estar. Schnell no dirige desde el pedestal, sino desde la conversación. Mira a los estudiantes como quien reconoce batallas invisibles. Escucha más de lo que habla. Y cuando habla, lo hace como quien comparte un secreto entre amigos.
En sus clases, los conocimientos se mezclan con anécdotas. Las células se convierten en personajes de una novela. Y cuando le preguntan por su filosofía, responde con una frase que parece sacada de una parranda familiar, que todo tiene su música. Que hayy que saber escucharla.
Schnell cree que el conocimiento no tiene fronteras. Que la física puede bailar con la poesía, que la ingeniería puede tener alma, que la química y la biología tienen gramática. Por eso Dartmouth lo imaginó en sus pasillos.
Aunque ahora vive entre estaciones y nombres impronunciables, sigue siendo el chamo que venció al cáncer con curiosidad. El que convirtió su acento en estandarte. El que llegó a la Ivy League con sabor a papelón y con la convicción de que el saber, cuando se comparte con humildad, puede encender luces en los rincones más oscuros.
Dicen que cuando Schnell habla, el silencio se afina. No porque imponga, sino porque su voz tiene algo que no se aprende: autenticidad. Y eso, en tiempos de máscaras mundiales y discursos prefabricados cargados de prejuicios, vale más que cualquier diploma.
Schnell: conversa con células y con el misterio
En Dartmouth, donde los laboratorios parecen naves espaciales y los estudiantes debaten física cuántica como si fueran recetas de abuela, el rector cree en algo más que números. Científico de prestigio, también cree en lo invisible. Cree en Dios. Y lo dice sin escudos, sin manuales, como quien sabe que la fe no compite con la ciencia, sino que la complementa como el bajo se habla con el piano y el tambor.
Su espiritualidad no es de púlpito ni de dogma. Es de pasillo, de conversación, de mirada. Es la fe del que ha estado al borde, del que ha sentido que la vida es frágil como una célula. Del que agradece la vida.
En sus clases, las células se convierten en milagros cotidianos. Lo molecular se narra con la emoción de un gol en el último minuto. Y cuando alguien le pregunta si la ciencia puede probar a Dios, él sonríe. Porque sabe que hay cosas que no caben en una fórmula. Que hay misterios que se sienten, no se miden.
Schnell conversa con todos. Con creyentes, con escépticos, con quienes buscan y con quienes dudan. No impone, no juzga. Escucha. Y en ese escuchar, construye puentes. Porque para él, la ciencia y la fe son dos formas de mirar el mismo horizonte.
Dicen que los estudiantes se le acercan no sólo para hablar de tesis, sino para hablar de la vida. Porque Schnell no es sólo rector. Es brújula. Es amigo. Es el tipo que puede explicarte una reacción química y luego preguntarte si crees en algo más grande que tú.
¡Y cómo no sentir orgullo!
Ese fresquito de orgullo venezolano se cuela como brisa de montaña en la tarde, como el olor a arepa tostada en la cocina de la abuela. Es ese calorcito en el pecho que aparece cuando uno ve a alguien de su tierra brillando lejos, sin perder el acento ni el alma.
Schnell no sólo representa a Venezuela en la Ivy League; la encarna. Con cada “pana” que se le escapa, con cada mirada que mezcla ciencia y humanidad, nos recuerda que el talento criollo no tiene fronteras. Que desde los salones de la Simón Bolívar hasta los pasillos de Dartmouth, hay una historia que nos pertenece a todos.
Ese orgullo no es sólo por lo que ha logrado, sino por cómo lo ha logrado: con humildad, con sabrosura, con empeño. Y cuando un venezolano triunfa sin olvidar de dónde viene, el país entero se siente un poquito más grande.
Y sí, lo reconozco, siento una brisa sabrosa. Porque cuando un venezolano brilla sin olvidar de dónde viene, el mundo se entera de lo que somos capaces. Schnell no sólo llegó lejos. Llegó con nosotros en el corazón.
[SE}> ¿Un cometa oscuro o tecnología de otras civilizaciones? Por qué es difícil diferenciarlos
¿Un cometa oscuro o tecnología de otras civilizaciones? Por qué es difícil diferenciarlos
El objeto interestelar I3/Atlas tiene unas características anómalas difíciles de explicar por los astrofísicos. Cuando llegue cerca del Sol, el próximo octubre, sabremos si se trata de una roca o de un objeto tecnológico

