[SE}> El «pobre Franco» según Unamuno: un dictador exonerado de culpa

El «pobre Franco» según Unamuno: un dictador exonerado de culpa

Bajo el título «1936: la guerra incivil. Textos escogidos», la editorial Página Indómita compila una serie de escritos, cartas y entrevistas del filósofo español en las que se transparenta de forma evidente una sorprendente idea sobre dictador exenta de toda crítica

[SE}> John Stuart Mill, filósofo y político: «Si te centras en algo que no es tu propia felicidad, sueles encontrarla en el camino» 

John Stuart Mill, filósofo y político: «Si te centras en algo que no es tu propia felicidad, sueles encontrarla en el camino»

El filósofo John Stuart Mill descubrió que la obsesión por el bienestar genera ansiedad, proponiendo que la verdadera plenitud surge cuando nos volcamos en proyectos externos, metas colectivas y placeres intelectuales

[SE}> Alguien lo tiene que decir / Soledad Morillo Belloso

08-06-2026

Soledad Morillo Belloso

Alguien lo tiene que decir

Todo el mundo en Venezuela está bajo presión, como si el país entero viviera con un nudo en la garganta y una mano apretándole el esternón. Hay una densidad en el aire que no anuncia nada pero lo insinúa todo, como ese aguacero que se siente antes de que caiga la primera gota.

Pero el país no está en pausa. Finge estarlo, que es distinto. Venezuela es como esa bailarina que se queda inmóvil al final de la obra para engañar al público, pero si uno mira bien, ve el párpado temblando, el músculo tenso, el gesto mínimo que delata que la función sigue. Todo vibra, todo confirma que la quietud es fachada.

El gobierno encargado camina con la solemnidad impostada del que quiere parecer estadista mientras pisa cáscaras de huevo. Los entes del Estado, templos de la parsimonia inútil, se mueven como muebles viejos arrastrados por el piso: hacen ruido, estorban, y no llegan a ninguna parte. Y las leyes se hacen o se revisan en la embajada o en oficinas de trasnacionales.  Los inversionistas —nacionales e internacionales— hacen malabares con planes que esperan una firma que tarda.

El país entero aguarda el anuncio de la fecha. Porque no hay democracia cuando quien manda llegó sin votos. Elemental, mi querido Watson: si no te eligió el pueblo, no eres gobierno; eres un accidente administrativo con pretensiones.

La señora puede pasearse por la India, Turquía o por donde sea, estrenar vestuario de lujo, repartir sonrisas de utilería, usar frases sacadas de un diccionario de frivolidades, posar para el aplauso fatuo. Todo inútil. El asunto es de derecho: ella no está allí por legitimidad, está porque la acomodaron. Lo sabe ella, lo sabe el país, lo sabe el planeta entero. La silla que tanto defiende se la debe a “El Gringo”.

En las esquinas, la frase inevitable: algo va a pasar. No es presentimiento barato; es física elemental. La naturaleza detesta el vacío. Lo llena. Y Venezuela, hoy, es eso: un vacío ruidoso, un espacio que exige ser ocupado legalmente. El país aguanta, con rabia contenida y con un entusiasmo que se rinde.

Me pregunto si los “poderosos” en el exterior lo entienden. Si captan el siseo de la olla, el temblor del párpado, el movimiento bajo la tierra. Quizás entienden lo justo para la foto. O  captan a medias, que es la forma más cómoda de no comprometerse. Tal vez sí entienden, pero deciden que es más rentable hacerse los desentendidos. Porque detrás de sus estrategias está la contabilidad, la que cabe en una lámina de Excel. ¿O será que estamos viendo la versión siglo XXI de El diente roto?

No es cierto que la información que manejan sobre política y economía sea una incorrecta y la otra acertada. La  metida de pata sobre El Helicoide fue monumental y dejó muy mal parado al gobierno norteamericano, pero las imprecisiones de Rubio sobre la industria petrolera venezolana fueron mayúsculas.

Pero eso es ya irrelevante. Importa que quizás piensen que Venezuela es un “banana country” colonizable o que está en “leasing”. Un poquito de ilustración no sobra: este país siempre tuvo la manía irreverente de plantarse. No es mito patriótico,  está en los huesos. Mucho antes de que la palabra “independencia” se volviera consigna en la América española, ya aquí había un “esto no se soporta” creciendo como humedad en una pared vieja.

El 5 de julio de 1811, nuestro “Independence Day”, no fue una fecha: fue un portazo. La primera república de América Latina nació aquí, en este territorio que muchos creían periférico, pero que tuvo la audacia de declararse libre cuando otros aún estaban “calculando riesgos”.

Esta es la verdad que alguien debe  explicarles: Venezuela no es domesticable. Nunca lo fue. Y cuando la autoridad se vuelve abuso y el poder se vuelve sordera, este pedazo de tierra recuerda su vocación original: la rebeldía.

Doscientos cincuenta años desde aquel 4 de julio en que los rebeldes de las Trece Colonias decidieron plantarse ante la Corona británica. Felicidades. Aplausos. Celebren con bombos, platillos y muchos fuegos artificiales.

Pero conviene  que miren hacia atrás y entiendan lo que significa ese gesto fundacional: un pueblo diciendo “hasta aquí”. Esa misma fibra que llevó a aquellos colonos a romper con un poder lejano, es el que anida en el alma venezolana.

Nosotros también nacimos de un desacato. También dijimos no a órdenes imperiales. Así que, al festejar sus 250 años, recuerden que aquí la insumisión no es pose: es herencia. Y quien pretenda domesticarnos debe rememorar la historia.

Nosotros no nos sentimos superiores a nadie, pero tampoco inferiores.  Al final, todo se resume en esto: si de verdad quieren honrar su propia historia, si de verdad creen en aquello que cantan con la mano en el pecho, entonces actúen en consecuencia.

Porque mientras ustedes celebran su cuarto de milenio de independencia, aquí seguimos esperando que recuerden el significado de una sola frase que ustedes mismos elevaron a símbolo: “the land of the free and the home of the brave.”

Pues bien: esta tierra también quiere ser libre. Y este pueblo sigue siendo valiente.

Soledadmorillobelloso@gmail.com

[MS}> Una interfaz cerebral devuelve el habla a un paciente con parálisis grave

Una interfaz cerebral devuelve el habla a un paciente con parálisis grave

Un equipo de científicos ha dado un paso de gigante para devolver la autonomía a las personas con movilidad y habla gravemente reducidas desarrollando una interfaz cerebro-computadora (BCI) que ha permitido a una persona con parálisis severa comunicarse de manera autónoma desde su casa sin asistencia técnica.

[MS}> ¿Y si fuera la física y no la química la clave para frenar el cáncer? 

¿Y si fuera la física y no la química la clave para frenar el cáncer?

Un equipo de investigación del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa demuestra que un tratamiento basado en pulsos electromagnéticos frena tumores en ratones y activa las defensas

[Cur}> Hallan un «extraordinario» falo romano de 20 centímetros en los sótanos de un museo de Países Bajos 

Hallan un «extraordinario» falo romano de 20 centímetros en los sótanos de un museo de Países Bajos

Este amuleto contra el mal de ojo, esculpido en hueso, es una de las piezas más singulares de la época imperial descubiertas en suelo neerlandés.

[Cur}> Fox compra la plataforma de ‘streaming’ Roku por 22.000 millones de dólares 

[Cur}> Fox compra la plataforma de ‘streaming’ Roku por 22.000 millones de dólares

El objetivo principal de esta multimillonaria adquisición es crear «una plataforma tecnológica y de medios a gran escala» que logre una mayor monetización y alcance

[SE}> Aristóteles: «Enfadarse con la persona correcta, en el momento justo y por el motivo adecuado no es tarea fácil» 

Aristóteles: «Enfadarse con la persona correcta, en el momento justo y por el motivo adecuado no es tarea fácil»

Aristóteles revoluciona el debate actual sobre la gestión emocional gracias a su visión de la ira, un impulso natural que no debemos reprimir, sino canalizar con inteligencia para defender la justicia

[SE}> Credibilidad en “veredes” / Soledad Morillo Belloso

07-06-2026

Soledad Morillo Belloso

Credibilidad en “veredes”

En tiempos de revisión y reconstrucción de país, hablar de ética y moral no es accesorio ni ocioso: es más bien urgente. No son adornito. Nunca lo fueron. La ética y la moral son el armazón que sostiene lo que somos. Muchos las tratan como bisutería de ocasión: la exhiben para la foto, la guardan para la vida real. Pero la ética es un espejo que no perdona, y la moral es el olor que se deja al pasar. Cuando faltan, el hedor antecede al nombre.

La ausencia de ética y moral es un lujo que ningún país puede darse. Cuesta dinero, cuesta futuro, decencia y la posibilidad misma de confiar. La inmoralidad cobra completo, con intereses de usura. Lo primero que encarece es la confianza: sin ella, cada gesto es sospecha, cada trámite un campo minado, cada palabra un posible fraude. Cualquier trámite se vuelve una expedición excéntrica, con cálculos que se suman a los costos operativos.

Conviene decirlo con la frialdad del cirujano con el bisturí en la mano: cuando un alguien con poder en el  sector público o privado carece de ética, la estructura tampoco la tiene. Las organizaciones no superan la estatura moral de quienes las conducen. Si el jefe miente, la estructura respira mentira. Si abusa, todo se vuelve maquinaria de abuso. La cultura pública o privada  no nace de un manual ni de un “coach”: nace del modelaje, del ejemplo. Y cuando el ejemplo del liderazgo es torcido, todo lo que cuelga de él termina chueco también.

Cuando la ética se usa como mero accesorio, la autocomplacencia se instala. La trampa se disfraza de ingenio, el abuso se normaliza, la viveza se festeja. Así terminamos en un escenario donde un acto honesto sorprende más que un descaro. La moral, reducida a mantel de visita, deja de ser piso y se vuelve decoración sin base. El piso falla y la caída es inevitable.

La ética verdadera muerde y arde. Obliga a decir “no” cuando todos dicen “sí”. Obliga a no mentir aunque la mentira resuelva. Obliga a no aprovecharse del débil porque es fácil. Por eso tantos la guardan en la gaveta de “cosas que se cacarean pero no se practican”. La moral auténtica nos recuerda que nuestros actos rebotan en otros cuerpos y futuros. Cuando se vuelve opcional, todo sube de precio: justicia, convivencia, esperanza, costo de vida.

Lo más caro es lo invisible: el deterioro del alma colectiva. La normalización de lo sucio. La resignación que pesa más que el plomo. La frase “así es” convertida en epitafio cincelado en lápida. Cuando una sociedad se acostumbra a la inmoralidad pierde la capacidad de indignarse, y con ello pierde también la posibilidad de corregirse.

La presidente encargada anuncia la lucha contra la “matraca”. El chiste se cuenta solo. Es como ver a un pirómano inaugurando la brigada de bomberos. De los creadores de “El Desfalco Màs Grande de la Historia”, llega ahora “Contra la Matraca”…  La secuela es predecible: discursos solemnes, promesas recicladas, indignación performática. El país, espectador cansado, sabe que la trama no cambiará mientras los protagonistas sigan siendo los mismos.

La lucha contra la “matraca” anunciada por quienes perfeccionaron la extracción ilícita es prestidigitación moral: se señala el truco para que nadie mire las manos. Pero la ética no admite maquillaje. La moral no se recupera con declaraciones sino con ejemplo y hechos. Se encarnan o no existen.

Por eso la escena provoca risa pero también aburre y genera cansancio, cansancio hondo de un país que ha visto demasiadas veces la misma película, con los mismos actores que creen que basta cambiar el vestuario para cambiar la historia.

“Contra la matraca” es la nueva consigna. Cosa veredes, Sancho. Su credibilidad, señora presidente encargada, está precisamente en esos “veredes”. Pero que no le quede duda: este país quiere —y necesita— un gobierno de manos limpias. Y lo va a tener, aunque a algunos les incomode el espejo.

soledadmorillobelloso@gmail.com