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[SE}> ¿Donde está el epicentro? / Soledad Morillo Belloso

29-06-2026

Soledad Morillo Belloso

¿Donde está el epicentro?

El epicentro del desastre no está donde los geólogos trazan líneas, calculan tensiones o nombran placas. Está en otro punto, más turbio y más cruel: en la fractura humana. Allí nace todo. En esa hendidura que se abre cuando la irresponsabilidad se convierte en hábito, cuando la desidia se normaliza, cuando la incompetencia se vuelve la única política sostenida en el tiempo.

La tierra sólo cumplió con su viejo oficio: acomodarse, crujir, liberar un susurro mineral que viene de eras. Lo que pulveriza ciudades no es ese movimiento, sino la cadena de negligencias que lo precede: advertencias desoídas, informes enterrados, técnicos desplazados por aduladores de oficio y corruptos profesionales, obras levantadas con materiales que se deshacen al tocarlos. Esa es la falla verdadera, la que no aparece en ningún mapa porque no es geológica: es moral, y lleva años activa.

Ese epicentro es una boca negra que devora todo lo que debería sostener a un país: previsión, responsabilidad, decencia. Se abre cada vez que un funcionario decide que el riesgo es “exageración” o “pavosería”, que la urgencia es un invento, que la prevención es un lujo “prescindible”. Mientras las placas tectónicas se mueven como siempre, la placa humana —la que debería resistir— se deshace, corroída por soberbia, ignorancia y corrupción que se filtra como ácido en cada estructura.

El desastre no comienza con el temblor. Comienza mucho antes, cuando la incompetencia se vuelve rutina, cuando la improvisación se celebra como astucia, cuando la mentira se convierte en reglamento. Nace cuando quienes deben proteger se esconden, cuando quienes deben prever apuestan a la suerte, cuando quienes deben actuar se dedican a fabricar excusas.

El verdadero epicentro es una grieta que atraviesa instituciones, calles, conciencias. Una grieta que no se tapa con discursos ni con reconstrucciones apresuradas. Una grieta que late bajo los pies, esperando el próximo descuido, la próxima omisión, la próxima tragedia que ya estaba anunciada desde hace años.

El desastre no nació del suelo: nació de quienes lo pisaron sin asumirlo. La tierra sólo avisó; la ruina la firmó la mano humana.

El desastre no vino del subsuelo: brotó de la grieta moral de quienes debían sostener y libérrimamente escogieron soltar.

Soledadmorillobelloso@gmail.com

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