
Categoría: » HUMOR y LENGUA ESPAÑOLA
Capítulo que, como, su título indica, está dedicado al humor y a la lengua española.
[LE}– ‘Presidente honorario’ o ‘de honor’, mejor que ‘presidente honorífico’
30/04/2013
Presidente honorario o de honor son las formas adecuadas de referirse al presidente de una compañía o institución que tiene los honores de ese cargo, pero no su poder ejecutivo.
El Diccionario Académico señala que honorario, referido a una persona, es ‘que tiene los honores pero no la propiedad de una dignidad o empleo’, mientras que honorífico lo define como ‘que da honor’.
De este modo, si bien es cierto que un presidente honorario ostenta un título honorífico, pues el cargo le confiere honores a su titular, no por ello diremos que la persona que lo desempeña —el presidente— es honorífica, sino honoraria.
Sin embargo, con motivo de las recientes declaraciones de Franz Beckenbauer al diario alemán Bild, en las que advierte de que «el Barça lo intentará todo para eliminar al Bayern de Múnich», muchos medios se han referido al astro alemán como presidente honorífico del club bávaro, en lugar de las formas apropiadas presidente honorario o presidente de honor.
Fuente: Fundéu
[Hum}– Just married,… never would happen before
After the honeymoon he was meticulously and lovingly organizing his precious golf equipment.
She said:
—You know, dear, maybe now that we’re married you should give up golf.
He said:
—You know, you’re beginning to sound like my ex-wife.
She said:
—I didn’t know you were married before.
He said:
—I wasn’t.
Courtesy of Carmen O’Dogherty
[Hum}– Colon irritado

[LE}– ´Gentrificación’, neologismo válido en español
24/04/2013
Gentrificación es una adaptación adecuada al español del término inglés gentrification.
Con él se alude al proceso mediante el cual la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y popular, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo mayor.
La palabra inglesa gentrification deriva del sustantivo gentry (‘alta burguesía, pequeña aristocracia, familia bien o gente de bien’). Se trata de un término que también se ha adaptado al francés (gentrification), al alemán (Gentrifizierung) y al portugués (gentrificação).
Aunque inicialmente su uso estaba circunscrito al mundo de la sociología y el urbanismo, la palabra gentrificación ha comenzado a emplearse en los medios de comunicación, en los que pueden verse frases como
«Chueca es un ejemplo clásico de gentrificación: el barrio se ‘limpió’ en todos los sentidos, el tejido social cambió y se revalorizó el suelo», «Para los vecinos, más hoteles supondrán un aumento del riesgo de gentrificación» y
«Clinton Hill en Nueva York, y Clerkenwell en Londres son ejemplos claros de gentrificación».
De las alternativas propuestas hasta ahora en español, elitización o, más precisamente elitización residencial, es la que más se ajusta al sentido del término original, frente a aburguesamiento, recualificación social o aristocratización, que no recogen los matices de este proceso.
Fuente: Fundéu
NotaCMP.- Es raro que aparezcan ahora con este término cuando lo que con más frecuencia ocurre es lo contrario: la población original de un sector o barrio, generalmente céntrico y de buen nivel, es progresivamente desplazada por otra de un nivel adquisitivo menor.
[LE}– ‘Encimar’, pero también ‘presionar’ y ‘marcar’
19/04/2013
El verbo encimar puede emplearse en el ámbito deportivo para describir el modo en que un jugador o un equipo marca muy de cerca al contrario, o ataca insistentemente su portería.
Se trata de un uso frecuente en las noticias deportivas, en especial las futbolísticas, como en los siguientes ejemplos:
- «Hasta tres jugadores encimaban al vasco cada vez que recibía el balón» o
- «El conjunto universitario tomó la iniciativa y encimó al cuadro regiomontano».
El Diccionario Académico recoge el uso pronominal de encimar con el significado de ‘echarse contra algo, acosarlo’, como en
- «Gremio se encimó con peligro al área ecuatoriana».
También puede considerarse aceptable el uso transitivo de ese verbo en frases como
- «Varane estuvo rápido al corte, veloz para encimar a Messi».
No obstante, hay otras palabras equivalentes asentadas en el uso, como presionar, apretar, o marcar muy de cerca.
Fuente: Fundéu
[LE}– ‘Permisividad’ y ‘permisibilidad’ no son lo mismo
17/04/2013
Permisividad significa ‘tolerancia excesiva’ o ‘condición de permisivo’ (‘que permite o consiente’), mientras que permisibilidad es la ‘cualidad de permisible’, la ‘posibilidad de ser permitido’, tal como recoge el Diccionario Panhispánico de Dudas.
Así, en la frase
- «La permisibilidad del tabaco en los bares y restaurantes, a debate»
lo que se dice es que se debatirá la posibilidad de que se permita fumar en este tipo de establecimientos, mientras que si se dice
- «La permisividad del Gobierno respecto del uso del tabaco en los bares y restaurantes, a debate»,
lo que se afirma es que se va a debatir sobre la actitud excesivamente tolerante del Gobierno ante el uso del tabaco en bares y restaurantes.
Es habitual, sin embargo, encontrar noticias en la prensa en las que se utiliza de forma inapropiada permisibilidad en lugar de permisividad:
- «El Barcelona se quejó de la permisibilidad del colegiado al juego duro de Pepe»,
- «La impunidad, como un mensaje de permisibilidad, es el principal factor para que los feminicidios vayan al alza en Oaxaca» o
- «“Ninguna permisibilidad con quien se ha reído de nosotros y de la democracia”, aseveró Herrera».
En todos estos casos se está hablando de un exceso de tolerancia, tanto del colegiado como de las autoridades de Oaxaca y de quienes permiten que se rían de la democracia, por lo que lo adecuado habría sido usar la palabra permisividad.
Fuente: Fundéu
[LE}– La pauperización del idioma
2013-04-17
Amando de Miguel
He señalado aquí lo cansina que es esa expresión lo que es, que tanto emplean ahora los políticos. Es un vulgarismo que se ha convertido casi en un cultismo.
Antonio Martínez-Brocal anota una versión popular del latiguillo: lo que viene siendo. Ya es retorcimiento. Se emplea para dar una impresión rebajada del costo de un servicio. Ahí no lo veo tan mal. Lo horrísono es soltar la cantinela de forma repetida en frases aparentemente técnicas. Por ejemplo, «lo que es la prima de riesgo».
Ana Martín Gómez me envía un razonado catálogo de cuándo se permite el queísmo o el dequeísmo. Es fácil comprender que debe decirse «no cabe duda de que tienes mucha labia» o «pienso que vamos a ganar».
La idea de doña Ana es que el dequeísmo injustificado se introduce en España por los hispanoamericanos. Antes era cosa de personas poco instruidas, pero ahora es más bien de personas con carrera. El criterio para acertar con el queísmo o el dequeísmo es el oído. Desde luego, es el que yo sigo, pero puede ser traicionero. Mi impresión es que (y no de que) el dequeísmo injustificado se irá haciendo cada vez más frecuente.
Son otros los vicios del lenguaje público los que me preocupan. Acabo de oír (y no escuchar) a un político que no sé qué problema está «diametralmente claro«. Esto pasa por abusar de los adverbios terminados en –mente. El más traicionero es absolutamente, que se emplea a troche y moche, cuando pocas cosas son absolutas.
El otro día un alto cargo del Gobierno andaluz nos espetó que su Gobierno era «honesto y honrado«. La cosa sería de risa si no fuera para llorar.
Me preocupa la supresión del artículo determinado. Pase que aceptemos lo de «reunirse en Zarzuela», pero es que ya se dice «reunirse en Banco de España» o en cualquier otra institución. Supongo que ese ahorro de los artículos proviene de los comentaristas deportivos, que son los juglares de nuestra época.
Me asombra que muchas personas cultas en declaraciones, entrevistas y tertulias empleen con soltura palabras malsonantes, como pifostio, marrón o carajal. Ya sé que no son propiamente tacos, pero, peor, son ñoñismos para evitarlos.
Hay algunas expresiones bien legítimas que me sumen en la perplejidad. Por ejemplo, meterse en un jardín. Para mí es algo placentero, pero los españoles de secano entienden que un jardín debe de ser algo peligroso o molesto.
No me gusta la imagen de café para todos que se repite tantas veces. Se quiere indicar que algo se reparte equitativamente, a todos por igual. Pero la realidad nos dice que cuando un grupo de españoles se reúnen a tomar café, no hay dos que soliciten el mismo servicio. Son infinitas las combinaciones para traducir el café, aparte de que siempre hay alguno que pide otra cosa.
Encuentro que en algunas declaraciones de los hombres públicos se confunden estos tres términos: humano, humanista y humanitario. Cualquier diccionario nos puede aclarar la sutil diferencia entre los tres, aunque cuenten con una raíz común.
Cuidado con el verbo dimitir. Es de los que dicen defectivos, como nevar. Se puede decir que «nieva en los Pirineos», pero nadie podría asegurar «yo nievo». Por lo mismo, no hay forma de oír «yo dimito». Y cuidado que hay razones para ello.
Fuente: Libertad Digital
[LE}– ‘Ex primera ministra, no ‘exprimera ministra’
08/04/2013
Ex primera ministra, no exprimera ministra ni ex primer ministra, es la forma adecuada de referirse a Margaret Thatcher, fallecida a los 87 años.
Aunque la Ortografía de la Lengua Española señala que la norma general es escribir el prefijo ex- unido a la palabra siguiente (el exjugador, el exministro,…), explica también que existen algunas excepciones en las que va separado.
Una de ellas es cuando a ese prefijo le siguen varias palabras que, juntas, tienen un significado unitario, como en ex hombre de confianza, ex jefes de Estado o, como en este caso, ex primera ministra.
Así en frases como
- «Murió la exprimera ministra Margaret Thatcher» o
- «La ex primer ministra británica muere a consecuencia de un infarto cerebral»
lo adecuado habría sido escribir
- «Murió la ex primera ministra Margaret Thatcher» o
- «La ex primera ministra británica muere a consecuencia de un infarto cerebral».
En estas informaciones también ha aparecido el término premier, que se aplica con frecuencia a los primeros ministros del Reino Unido; es un anglicismo superfluo, que puede sustituirse por los equivalentes españoles primer ministro o primera ministra, como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas.
Por otra parte, la Ortografía señala que los apodos y alias que se utilizan acompañando a un nombre propio o en sustitución de éste, como Dama de Hierro, se escriben con inicial mayúscula y sin cursivas ni entre comillas, a no ser que se intercalen entre el nombre y apellido reales de la persona, como Ernesto «Che» Guevara
Fuente: Fundéu
