[Hum}– El parto

Estaban dos niños revoloteando en la sala maternal, cuando a través de una gran ventana de vidrio pudieron ver a una mujer dando a luz.

Con los ojos bien abiertos y súper asombrados, los dos niños miraban lo que sucedía. Cuando al fin salió el bebé, el partero, como es costumbre, le dio una nalgada.

Ante eso, uno de los niños, asustado, dijo:

—¿¡Viste cómo ese señor le pegó al bebé!?

Y el otro, como haciéndose el superado, le respondió:

—Claro, ¡como para que no le pegue! ¿Viste donde se había metido?

Cortesía de Eva Matute

[LE}– ‘Victimar’ no es lo mismo que ‘victimizar’

09/10/2013

Victimar significa ‘matar, asesinar’, mientras que victimizar es ‘convertir en víctimas a personas o animales’.

Por tanto, no es adecuado emplearlos indistintamente.

En los medios de comunicación se encuentran frases como

  • «Bajo custodia el sospechoso de victimizar con arma de fuego a mujeres en Brooklyn» o
  • «El Gobierno boliviano está abusando de manera peligrosa de la victimación como mecanismo de defensa».

Lo adecuado en el primer caso hubiera sido emplear

  • «Bajo custodia el sospechoso de victimar con arma de fuego a mujeres en Brooklyn»

puesto que se refiere a matar, Y en el segundo, sería

  • «El Gobierno boliviano está abusando de manera peligrosa de la victimización como mecanismo de defensa»,

ya que se refiere a transformar en víctimas.

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[LE}– Origen o uso de palabras, dichos y expresiones: Rameras

26-10-12

Tal y como ocurrió tiempo atrás con el post en el que expliqué el origen de la palabra ‘pelandusca’; en esta ocasión os traigo una entrada también relacionada con otro término que, en nuestra extensa y rica lengua, existe para referirse a una prostituta.

En el post de hoy os traigo el origen de la palabra ‘ramera’ en relación a la mujer cuyo oficio es la relación carnal con hombres (según la definición que le da el Diccionario de la RAE).

Era costumbre en la Edad Media que para diferenciar las casas en las que se ejercía la prostitución, a las de otro tipo de establecimiento o vivienda particular, se colgaban unas ramas junto a la puerta (Joan Coromines en el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico  apunta que eran ramos de flores).

Algunas fuentes indican que los primeros en poner una rama en la puerta fueron los taberneros y que, en los inicios, en estos lugares era en los que ejercían su actividad las meretrices, mientras a los clientes se les servía unas jarras de vino y un buen yantar.

Sea como fuere, se les aplicó a las prostitutas (y no a los taberneros)  el apelativo de rameras y  desde entonces así han sido conocidas.

Fuentes de consulta: Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico de Joan Coromines / ‘La Prostitución: El Espejo Oscuro’ de Dolores Juliano / etimologias.dechile

[Hum}– El inmigrante polaco

Un inmigrante polaco fue a sacar su permiso de conducir y, por supuesto, pasaron a hacerle un test de la vista.

El oculista le mostró un letrero con las letras «C Z W I X N O S T A C Z», y le preguntó:

—¿Puede leer esto?

El polaco contestó:

—¿Leerlo? ¡Js, ja, ja! ¡¡Yo conozco a ese tipo!!

Cortesía de Eva Matute

[LE}– ‘Post mortem’ se escribe separado, sin tilde y en cursiva

08/10/2013

Post mortem, que significa ‘después de la muerte’, se escribe en dos palabras, sin tilde y en cursiva.

Esto de acuerdo con la Ortografía Académica, que establece que las locuciones latinas han de recibir el mismo tratamiento que las de cualquier otro idioma; es decir, que lo apropiado es escribirlas en cursiva.

Los medios informativos, sin embargo, alternan diversas grafías de esta locución:

  • «La póliza de decesos cubre servicio de asistencia y asesoramiento postmortem»,
  • «Maduro se ha adueñado del efecto post mortem»,
  • «La autopsia y el informe post-mortem han sido realizados por un equipo de tres doctores»,
  • «En referencia a las lesiones en las zonas blandas, se determinó que fueron post mórtem»…

En los ejemplos anteriores, de acuerdo con la norma académica vigente, lo adecuado habría sido escribir |, en dos palabras, sin tilde y en cursiva.

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[Hum}– Abogado catalán

El sacerdote de una parroquia catalana jamás había recibido ni una sola donación por parte de uno de los abogados más ricos de la localidad. Un día, el párroco decidió ir personalmente a hablar con el abogado acerca de este asunto, y comenzó así la conversación.

—Pues, verá, quería hacerle notar, si me lo permite y con todo el respeto que su persona me merece, que, según nuestros datos, nos consta que usted gana más de tres millones de euros al año y nunca nos ha donado nada, ni un solo céntimo, para nuestras obras de caridad. ¿Querría usted, mediante suscripción, contribuir con cierta cantidad a nuestras obras?

El abogado, que había escuchado muy atento, quedó pensativo por unos instantes y luego respondió:

—¿Consta en sus datos que mi madre está muy enferma y que sus gastos médicos están muy por encima de su pensión anual de jubilación?

—Ah, no, por supuesto que no—, murmuró el párroco.

—¿ Y qué estoy separado y debo pasar a mi mujer un dineral?

—No.

—¿Y les consta que mi hermano pequeño es ciego y no encuentra trabajo?

El párroco ni abrió la boca.

—¿Dicen algo sus datos acerca de que Jordi, el marido de mi hermana, murió hace poco en un terrible accidente y la dejó sin dinero y con cinco hijos pequeños?

—Desde luego que no— respondió humillado el párroco. —Discúlpeme, no tenía ni la menor idea de todo eso.

—¿Y en sus registros figura, por ejemplo, que tengo a mi padre, diabético y enfermo del corazón, en una silla de ruedas desde hace más de
diez años?

—Lo siento; no sabía nada. Me deja usted perplejo.

—¿Pero sí supongo que sabrá que dos de mis sobrinos son sordomudos?—, volvió a preguntar el abogado.

Apenas pudo oírse el «no» del párroco.

—Y, por si eso fuera poco—, continuó el abogado, —¿saben ustedes que la empresa de mi hermano mayor, el padre de los sordomudos, ha quebrado con la crisis, y él está prácticamente arruinado?

—Pues no, la verdad—, respondió avergonzado el párroco por el papelón hecho. —Lo siento de veras; no tenía ni la menor idea de todo lo que usted me ha dicho.

—Entonces—, continuó el abogado, —dígame por qué demonios tengo que darle dinero a usted si no se lo doy a ellos.

Cortesía de Ramón López

[LE}– ‘Bío’ se escribe con tilde

07/10/2013

El término bío, utilizado para denominar los alimentos procedentes de la agricultura o la ganadería ecológicas, procede del elemento compositivo bio-, pero ha pasado ya a utilizarse como un sustantivo que ha de escribirse con tilde en la <i> por ser un bisílabo ortográfico.

Sin embargo, en los medios de comunicación —y, en general, en todos los ámbitos— tiende a escribirse sin tilde, como si fuera una palabra monosílaba:

  • «Los alimentos bio, protagonistas esta semana» o
  • «Los productos bio florecen en plena crisis».

No suele utilizarse en plural porque se emplea casi exclusivamente en aposición, complementando a otro sustantivo (productos bío), pero, si aparece en otros contextos, debería recurrirse al plural regular bíos:

  • «Encontrará los bíos en el tercer pasillo».

Bío se utiliza también en el entorno de internet como acortamiento de biografía:

  • «Cómo mejorar tu bío en Twitter».

En ninguna de sus acepciones es necesario el empleo de resaltes tipográficos, de modo que lo recomendable es escribirlo siempre en redonda, sin comillas.

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[LE}– ‘Duodécimo’ no es lo mismo que ‘doceavo’

04/10/2013

Tal como señala el Diccionario Panhispánico de Dudas, no es adecuado emplear los numerales fraccionarios (onceavo, doceavo,…) como ordinales (undécimo, decimosegundo,…).

Sin embargo, existe cierta tendencia a emplear los fraccionarios como ordinales, y de esta forma pueden verse frases como

  • «La leonesa Carolina Rodríguez es la onceava mejor gimnasta a nivel mundial» o
  • «Los trabajadores entran hoy en su quinceava jornada de huelga»,

donde lo adecuado habría sido escribir undécima y decimoquinta, respectivamente.

En cambio, según la Nueva Gramática de la Lengua Española, los numerales ordinales sí pueden funcionar como fraccionarios:

  • «Se quedó con la duodécima parte del premio» (o decimosegunda) o
  • «Le perteneció la undécima parte de las ganancias» (o decimoprimera),

aunque sigue siendo preferible emplear el fraccionario y decir

  • «… la doceava parte del premio» y
  • «… la onceava parte de las ganancias».

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