—Doctor, doctor, ¿qué puedo hacer para que mi hijo no se orine en la cama?
—Que duerma en el baño.
Capítulo que, como, su título indica, está dedicado al humor y a la lengua española.
—Doctor, doctor, ¿qué puedo hacer para que mi hijo no se orine en la cama?
—Que duerma en el baño.
En el hospital, un señor esperaba que saliera el doctor para saber cómo estaba su esposa. Cuando al fin salió el doctor, le dijo que la señora estaba muy grave, y tanto que, de por de vida, tendría él que ponerle en la boca todos los alimentos, y bien licuados, porque ella no podría mover las manos. Además, tendría que ponerle pañales para sus necesidades, le tendría que cambiar de ropa, bañarla, curarla diariamente, pagar un fisioterapeuta, etc.
El marido se puso a llorar, y el doctor agregó:
—Estaba bromeando, hombre. ¡Ya se murió!
13/06/2014
Penalti es la adaptación gráfica del anglicismo penalty, ‘máxima sanción que se aplica a ciertas faltas del juego cometidas por un equipo dentro de su área’, de acuerdo con la definición de la RAE.
Sin embargo, en los medios de comunicación pueden encontrarse frases como
De acuerdo con la Academia, «es ajena a la ortografía del español la presencia de -y a final de palabra precedida de consonante», por lo que lo apropiado es escribir penalti, con i latina.
Por otra parte, el Diccionario panhispánico de dudas señala que se trata de una palabra llana, por lo que se pronuncia /penálti/, no /pénalti/. Además, recoge como variantes penal, que es la forma extendida en América, o pena máxima.
Por tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir
El plural de este sustantivo es penaltis, no penalties ni penaltys.
Los médicos estamos acostumbrados a que nos llamen por teléfono a cualquier hora. Una noche me despertó un hombre a cuya esposa ya había atendido yo antes.
—Siento molestarlo tan tarde —me dijo—, pero creo que mi mujer tiene apendicitis.
Aún medio dormido, le recordé que, dos años atrás, yo le había quitado el apéndice a su esposa, y le dije:
—Nadie tiene un segundo apéndice.
—Doctor, quizás usted no haya oído hablar de un segundo apéndice, pero sí de que podemos tener una segunda esposa.
—Joder, mamá, ¡¿otra vez mariscos?!
—Más alto.
—JODER, MAMÁ, ¡¿OTRA VEZ MARISCOS?!
—Muy bien: ya te han oído los vecinos. Ahora, cómete las lentejas.
Cortesía de Fernando Lacoste
El psiquiatra incentiva al paciente:
—Cuénteme desde el principio.
—Está bien, doctor. Al principio, yo creé el cielo y la Tierra…
Cortesía de Fernando Lacoste
10/06/2014
Conforme a las normas de la Ortografía, el prefijo super- se escribe unido a la palabra a la que antecede, sin tilde y sin guión ni espacio intermedio.
Sin embargo, en los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como
Excepcionalmente, y como ocurre con todos los prefijos, se escribe separado de la base a la que afecta cuando ésta está formada por un conjunto de palabras con un significado unitario (super de moda, super a gusto…)*.
Únicamente llevará tilde si se emplea como sustantivo, equivalente a supermercado o a un tipo de gasolina («Lo compramos en el súper», «Este año la súper subirá de precio») y cuando se utiliza como adverbio o adjetivo pospuesto al sustantivo («Es una idea súper», «Lo pasamos súper en la fiesta»).
Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir
(*) NotaCMP.- Me temo que en estos casos también lleva tilde, pues de no ponérselo tendría que pronunciarse como palabra terminada en -er, o sea, aguda.
Después de varios chequeos físicos, y a la vista del resultado de muchos análisis, el doctor le dice al paciente:
—Tengo que darle dos malas noticias: la primera es que usted tiene cáncer, y la segunda es que usted tiene alzhéimer.
Responde el paciente:
—Vaya, ¡por lo menos no tengo cáncer!
Cortesía de Fernando Lacoste
09/06/2014
La filóloga Héloïse Guerrier desvela de dónde vienen algunas de las expresiones castizas más empleadas.
Cuando en la Edad Media un señor feudal ponía en práctica el derecho de pernada sobre la esposa de un vasallo, se colocaba en la casa una cornamenta de ciervo que dio origen a la conocida frase «poner los cuernos», una de las expresiones cuyo origen revela la filóloga Héloïse Guerrier .
La filóloga francesa analiza castizos modismos, como «estar en todos los fregados», «dar el coñazo» o «cágate lorito», ante el desconcierto que le produjeron como extranjera estas expresiones populares formadas con palabras y términos sencillos, entre el surrealismo y lo escatológico, y cuyo significado real no tiene nada que ver con lo enunciado.
A Guerrier (Francia, 1981), que estudió filología hispánica en la Sorbona, el interés por estas frases le vino cuando se trasladó a vivir a Madrid, hace diez años. «En la Facultad no te enseñan las expresiones de este tipo que se usan en la calle, y las españolas son muy gráficas: «cagarse en la leche», «montar un pollo», «que te folle un pez»… Yo me las apuntaba porque si te paras a pensar en ellas son verdaderamente perturbadoras», explica.
Investigó su origen en diccionarios de dichos, frases hechas y populares (como los de Buitrago, Celdrán o Seco), «buceó» por internet y comprobó que detrás de cada una de esas expresiones «había mucha miga».
La filóloga analizó la etimología, cuál era el uso inicial, en qué contexto se creó, y cómo habían ido evolucionando.
«Dormir la mona», por ejemplo, se remonta al siglo XVI y hace referencia a la costumbre que había de dar vino a los monos para ver el efecto que les provocaba.
«Montar un pollo» viene de la palabra poyo, un banco de piedra arrimado a la pared junto a la puerta de las casas de los pueblos. Así se llamaba en el siglo XIX al podio en el que los oradores pronunciaban sus discursos en las plazas, y que solían terminar en polémicas y encendidas discusiones.
«Manda huevos» es la versión romance del «mandat opus!» (= la necesidad obliga), que se empleaba en el ámbito jurídico.
Por encima del machismo residual que lleva consigo en ocasiones la lengua —»es la polla» para referirse a algo positivo, mientras que «menudo coñazo» se asocia a algo negativo—, Guerrier encontró que muchas expresiones utilizaban palabras vinculadas a la comida y al sexo: «estar metido en el ajo», «que te den morcilla», «joder la marrana», «echar un polvo»,…
«En Francia hay expresiones así, pero aquí son más bestias», comenta Guerrier, que aún recuerda su sorpresa cuando un compañero de Astiberri, cansado de que algunos autores se pasaran por la editorial sin avisar, gritó: «Esto parece el coño de la Bernarda».
Esta extraña frase hace referencia a una curandera granadina cuya vagina se halló intacta al desenterrarla, pero en otras, se dio por vencida ante la dificultad para convertirlas en una imagen.
«Frases como «no tengo el chichi para farolillos» y con «verdades como templos» tuvo que sacarlas de la lista porque eran demasiado complicadas», comenta sonriente.
Las explicaciones de las locuciones está traducida al inglés y al francés (tanto en su significado real como literal: «to shit in the milk», «etre fourré dans l’ail«, por citar dos ejemplos) por lo que el glosario saciará la curiosidad de los nativos y ayudará a combatir las dudas de los extranjeros que suelen «hacerse la picha un lío» cuando buscan la literalidad de algunas expresiones.
Para el escritor Pablo Martín Sánchez, la obra de Guerrier presenta «una combinación hilarante de modismos y de imágenes que producen cosquillas en el cerebro».