[LE}– ‘Antiébola’, junto y sin guion

10/10/2014

Antiébola, junto y sin guion, es la forma adecuada de escribir este término.

Es frecuente encontrar en los medios de comunicación ejemplos como 

  • «Madrid toma la iniciativa sanitaria y endurece su protocolo anti-ébola» o 
  • «¿Qué vacuna anti ébola está experimentando la OMS en humanos?».

El término antiébola, utilizado para referirse a los tratamientos, vacunas o protocolos empleados contra este virus, ya sea para evitar su propagación o para tratar la enfermedad, está formado por el prefijo anti-, recogido en el Diccionario Académico, y el sustantivo ébola.

Según la Ortografía Académica, los prefijos se unen a la palabra a la que afectan, por lo que se recomienda escribir antiébola junto, y evitar separarla por un espacio o por un guion.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir

  • «Madrid toma la iniciativa sanitaria y endurece su protocolo antiébola» y
  • «¿Qué vacuna antiébola está experimentando la OMS en humanos?».

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[Hum}– Loco por los tríos

Jorge y Antonio, amigos de toda la vida, se encuentran en la calle. Jorge, sin más, le pregunta a Antonio:

—¿A ti te gustan los tríos?

—Pues hombre, ¡claro que me gustan! —respondió excitado Antonio—. Toda la vida he querido participar en uno. ¡Me muero por eso!

—Pues ve corriendo a tu casa que ya empezaron.

[LE}– ‘Eutanasiar’ no es lo mismo que ‘sacrificar’

09/10/2014

Eutanasiar, verbo bien formado a partir de eutanasia, y sacrificar, tienen significados distintos.

La eutanasia es, según el Diccionario del Estudiante de la Real Academia Española, el ‘hecho de acelerar o provocar la muerte de un enfermo incurable para evitarle sufrimiento, ya aplicando medios adecuados, ya renunciando a aplicar los que prolongarían su vida’ y el verbo eutanasiar, derivado de este sustantivo, puede definirse como ‘practicar una eutanasia’.

Sin embargo, en las noticias relacionadas con el reciente contagio de ébola de una auxiliar de enfermería en España, pueden encontrarse frases como

  • «Los expertos son contundentes sobre la decisión de eutanasiar a Excalibur, la mascota de la técnica infectada por ébola en Madrid» o
  • «El marido de la auxiliar de enfermería se niega a dar su permiso para la eutanasia de Excalibur».

Dado que no ha quedado acreditado que la mascota de la paciente tuviera una enfermedad incurable, y puesto que el animal tampoco estaba padeciendo sufrimiento alguno, quizá lo más adecuado en este caso habría sido emplear el verbo sacrificar, que los diccionarios de uso definen como ‘matar a un animal’, ya sea para detener una enfermedad que se quiere erradicar o para su consumo.

En el ámbito veterinario, eutanasia y eutanasiar se usan con frecuencia; sin embargo, en estos ejemplos concretos parece que hubiera sido más adecuado optar por

  • «Los expertos son contundentes sobre la decisión de sacrificar a Excalibur, la mascota de la técnica de enfermería infectada por ébola en Madrid» y
  • «El marido de la auxiliar de enfermería se niega a dar su permiso para el sacrificio de Excalibur».

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[LE}– ‘Balotaje’, grafía adecuada

09/10/2014

Balotaje, con una sola ele, con una sola te y con jota, es la adaptación adecuada en español del galicismo ballottage, sustituible igualmente por la expresión segunda vuelta.

En los medios de comunicación pueden encontrarse frases como

  • «Los sondeos, hasta ahora, advertían de un triunfo sin problemas de Dilma en un “ballotaje” contra Aécio Neves»,
  • «Rousseff y Neves van al ballotage en Brasil» o
  • «Las encuestas dan a Rousseff como ganadora de la elección del domingo, aunque no lograría evitar el balottage».

El sustantivo balotaje, y no las formas híbridas ballotaje, ballotage, ballottaje, balottaje, balotage ni balottage, está recogido en el Diccionario Académico, y también lo incluye el Diccionario de Americanismos, con el significado de ‘segunda vuelta electoral, que se realiza entre los dos candidatos más votados si ninguno de ellos ha obtenido la mayoría requerida para ser proclamado vencedor’.

Como se aprecia en el párrafo anterior, este sustantivo, asentado al menos en Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, Argentina y Uruguay, puede alternar con la expresión segunda vuelta, también ampliamente extendida.

Por lo tanto, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir 

  • «Los sondeos, hasta ahora, advertían de un triunfo sin problemas de Dilma en un balotaje contra Aécio Neves»,
  • «Rousseff y Neves van al balotaje en Brasil» y
  • «Las encuestas dan a Rousseff como ganadora de la elección del domingo, aunque no lograría evitar la segunda vuelta».

En caso de optar por la voz francesa, se recomienda escribirla en cursiva o, si no se dispone de este tipo de letra, entre comillas.

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[LE}– Coma antes de ‘ya que’, ‘pues’ o ‘puesto que’

08/10/2014

Antes de las conjunciones o locuciones causales ya que, pues y puesto que se escribe coma, tal como indica la Ortografía de la Lengua Española.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «Aún no se sabe si el Puma podrá vestir la albinegra ya que mantiene un conflicto con West Brom, su anterior club»,
  • «Besteiro critica los recortes en servicios públicos pues “cada euro recortado” lo deberá “pagar o repagar” el ciudadano» o
  • «Hay que dejar que el aire corra puesto que la acumulación de anhídrido carbónico puede adormecer al niño».

De acuerdo con la Ortografía, ya que, pues, y puesto que se separan del predicado principal mediante comas, ya se justifique a continuación lo que acaba de presentarse como hipótesis («No han llegado, pues no se oye ruido», donde el hablante, al no oír ruido, supone que los visitantes no han llegado), ya se introduzca una explicación de por qué se produce el hecho expresado en la oración principal: «Con ideas y proyectos claros los bancos sí tienen idea de colaborar, ya que ese es su negocio principal».

Esta misma norma es aplicable al conector que cuando presenta valor causal, como en «Date prisa, que llegamos tarde».

Así pues, en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido escribir

  • «Aún no se sabe si el Puma podrá vestir la albinegra, ya que mantiene un conflicto con West Brom, su anterior club»,
  • «Besteiro critica los recortes en servicios públicos, pues “cada euro recortado” lo deberá “pagar o repagar” el ciudadano» y
  • «Hay que dejar que el aire corra, puesto que la acumulación de anhídrido carbónico puede adormecer al niño».

Por otra parte, se recuerda que, cuando estos conectores y otros, como dado que, debido a o como aparecen al principio de la oración, la subordinada que introducen termina con una coma, según se aprecia en

  • «Dado que los cigarrillos electrónicos son considerados como una alternativa más segura al tabaco tradicional, pueden promocionar sus productos con la conciencia tranquila».

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[Hum}– Argentino de abolengo

El argentino quiere hacerse socio del Country Club y empieza a hablar delante de unos que ya lo son:

—Mi familia desciende de Napoleón, así que no sé por qué no van a admitirme.

Al oír esto, uno de los socios comenta:

—¡Qué cara más dura tiene este tipo! Lo único que falta es que diga que sus antepasados viajaron en el arca de Noé.

A lo que el argentino responde:

—No, mi familia tenía yate propio.

[LE}– Palabras en busca de diccionario

05 OCT 2014

Álex Grijelmo 

Estaribel, viejuno, cotolengo, vallenato, ojiplático, cabreante, pifostio…

Miles de palabras seguirán existiendo aunque no figuren en el nuevo diccionario, que ya llega, pero casi todos hemos caído alguna vez en la calamidad de decir “esa palabra no existe”, cuando el mero hecho de haberla oído certifica lo contrario.

El lexicón académico dejará fuera muchos términos cuyo uso, sin embargo, no suena extraño. Si alguien dice “esto es cabreante” no se nos ocurrirá corregirle: “Cabreante no está en el Diccionario”, aunque no esté (que no está). Se trata de una creación legítima, igual que “ilusionante” o “escuchante” (ambas entran ahora), o “murmurante” (que sigue fuera); formas todas ellas derivadas de “cabrear”, “ilusionar”, “escuchar” y “murmurar” (y que se han llamado “participios presentes”, “participios activos” o “adjetivos verbales”).

No estarán algunas en el Diccionario, pero sí en la gramática. Porque la lengua tiene recursos creativos. Si de “anónimo” deriva “anonimato”, ¿cómo no dar validez a “seudonimato” a partir de “seudónimo”?

El idioma nos sirve para comunicarnos, y todas sus herramientas son buenas o malas en función de los interlocutores. Muchos vocablos expresan lo que tanto el emisor como el receptor entienden; y su ausencia del Diccionario no les resta eficacia.

El director del diario As, Alfredo Relaño, se refería en su periódico el 24 de agosto de 2013 al “estaribel” montado en el estadio Bernabéu (y luego desmontado) para la presentación del galés Gareth Bale.

Muchos lectores se estarán extrañando ahora al saber por estas líneas que la voz “estaribel” no ha sido bendecida por la Academia como instalación provisional que se destina a un fin perecedero: por ejemplo, los tenderetes de feria, el escenario del grupo verbenero o el tingladillo que se monta en el estadio madridista en días de fichaje. Sin embargo, otros no la habrán oído nunca, porque no ha logrado un uso muy amplio.

Han escrito “estaribel” autores como Pérez Galdós, Valle-Inclán, Luis Mateo Díez, o Juan Madrid, pero ni siquiera los significados que le otorgan todos ellos parecen coincidentes, pues el vocablo puede interpretarse en unos casos como referencia a una instalación provisional, y en otros como un lío o un embrollo.

El sentido que le dio Relaño quizás sea el más extendido, y no resultaría mala alternativa esa palabra ante el anglicismo stand que se va colando en las distintas ferias comerciales.

“Pifostio” tampoco ha entrado en el nuevo Diccionario, y sin embargo miles de lectores entenderán la oración “se montó un pifostio”. Y no figuran igualmente “trantrán” (“ese camarero trabaja al trantrán”, es decir, sin correr demasiado, dejándose llevar) o “bocachancla”, expresión inventada para definir a la persona charlatana, indiscreta, cuya boca se abre y se cierra como la chancla en su chasquido contra el pie.

Otras palabras que siguen en su busca de diccionario pueden sorprendernos también desde sus rinconcillos: “Rompesuelas” (amante del senderismo), “vallenato” (género musical colombiano), “cotolengo” (asilo), “ojiplático” (sorprendido), “escaldasono” (calientacamas, palabra ésta que tampoco ha sido recogida), “analema” (fotos hechas desde un mismo punto para reflejar el movimiento del Sol), “viejuno”…

García Márquez lamentaba en 1997 que la voz “condoliente” (el que sufre junto a otro) aún no se hubiera inventado. Y tenía razón; no estaba documentada entonces, según se verifica en los bancos de datos académicos; pero era una palabra posible. De hecho, el corpus del siglo XXI ya registra cinco usos literarios (en autores de España, Ecuador, México, Guinea y Colombia).

El Diccionario, pues, no debe ser la única referencia para criticar el empleo concreto de una palabra. También se ha de analizar si las personas a quienes nos dirigimos la entenderán o no. Y eso resulta más fácil cuando el neologismo lo forman cromosomas reconocibles. Por ejemplo, en esta expresión oída a un adolescente: “Jo, tengo la pantalla de la tableta muy dedoseada”.

Tal sentido de “tableta” ya ha sido consagrado por la Academia. El verbo “dedosear” quizás deba acreditar todavía un mayor uso. Pero se entiende de maravilla.

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[LE}– Origen de dichos y expresiones: Rita la Cantaora

07/10/2014

Mónica Arrizabalaga

La famosa cantaora de flamenco se lamentaba en 1935 de que había «vivío como una reina» y dos años antes de su muerte era «más probe que las ratas».

«Se va a levantar temprano Rita la Cantaora», «que trabaje Rita la Cantaora» o cualquiera de las versiones de este popular refrán se dicen en España desde hace un siglo porque fue entonces cuando saltó a la fama la cantaora de flamenco jerezana conocida con tal nombre. 

Rita Giménez García (1859-1937), como realmente se llamaba, debutó en Madrid en el famoso Café Romero de la calle Alcalá después de que un agente teatral la oyera cantar coplas en su Jerez Natal y la contratara para actuar con Juana la Macarrona y el cantaor Antonio Ortega.

La revista «El Enano» le dedicaba en 1885 unos versos en los que destacaba su belleza y su gracia cantando, que comenzaban así: «Del pueblo andaluz señora, todo el elogio merece, que su mirar enamora, que una rosa que florece, es Rita la cantaora».

En la biografía que publicó en el Tomo XXIII del Diccionario Biográfico Español María Luisa Rovira y Jiménez de la Serna, condesa de los Andes, relata su amistad con el bailaor Patricio el Feo, que la llevó a vivir a Carabanchel Alto, y su matrimonio con el viudo Manuel González Flores, que ya entonces era padre de una hija y cuatro nietos.

«Parece ser que Rita la Cantaora se hizo muy popular en el barrio del Cerro por su gracejo jerezano y su carácter alegre y dicharachero, pletórico de frases chispeantes, que fueron envolviendo su vida en la leyenda, quedando inmortalizada en el popular dicho de «eso a Rita la Cantaora», u otros parecidos», señala la condesa de los Andes.

Estas expresiones se acuñaron, según relata Rovira y Jiménez de la Serna, «debido a su disposición para arrancarse un baile o un cante cada vez que un espectador se lo pedía, y complacer así a su público» porque Rita no sólo era una gran voz sino que también bailaba con gracia, destacando por bulerías, malagueñas y soleares.

La frase, en su origen positiva, habría degenerado en algo peyorativo por «las envidias de sus rivales» precisamente por su popularidad en los cafés de la época, añade la condesa de los Andes, a la que le interesan «los orígenes del flamenco y el último tercio del siglo XIX y primer tercio del siglo XX, justo antes de la Guerra, que se corresponde con su auge, gracias en parte a personajes como el Conde de los Andes, bisabuelo de mi marido, que lo promovieron en una época que coincide con la Dictadura de Primo de Rivera».

«No es unánime la interpretación que deriva del dicho», señala a ABC Rovira y Jiménez de la Serna, pero estas frases hechas «debieron surgir gracias a la arrolladora personalidad de la cantaora que vivía en un barrio tan castizo como Carabanchel —que entonces era un pueblo— y a lo que se unía el mundo folclórico de los cafés cantantes».

«Una viejecita simpática»

En 1935, la periodista Luisa Carnes entrevistaba para «Estampa» a la cantaora, por entonces «una viejecita simpática» que vivía consagrada al cuidado de su humilde casa y al amor de sus cuatro nietos. «Rita La Cantaora vive, olvidada, en Carabanchel Alto», denunciaba la revista tras el encuentro con esta artista que «de tan famosa, llegó a ser para la nueva generación sólo un refrán».

«He vivío como una reina y ahora soy más probe que las ratas», afirmaba Rita la Cantaora. Hacía años que había dejado de cantar en público, aunque un año antes había probado sus facultades en el Café de Magallanes junto a otras antiguas glorias, como La Coquinera o Fosforito.

«Lo del año pasao no se me orviará mientras viva. Tos los viejos reuníos. ¡Aquello! Ahora no hay más que buena vose y fandanguillos, cosa fina, pero na… Se acabó la sabiduría der cante y del baile», aseguraba Rita antes de subrayar con nostalgia: «Lo púe ser tó».

«Tuve a mi vera a muchos hombres, que me hubieran elevao… y me casé con un vorquetero de Carabanché. ¡La vía! Si uno supera er fin que le aguarda en eya, ya vivivía de otro mo» (sic), se lamentaba la cantaora que recordaba una copla de su repertorio: «Males que acarrea er tiempo, quién pudiera penetrarlos, para ponerle remedio, ante que viviera er daño».

Con el inicio de la Guerra Civil un año después, las autoridades evacuaron a los habitantes de Carabanchel a Zorita del Maestrazgo. En este pueblo de Castellón vivió sus últimos días Rita la Cantaora, hasta su muerte el 29 de junio de 1937 a los 78 años.

«Sólo recientemente Rita la Cantaora ha logrado su reconocimiento en su tierra natal dando nombre a una calle», señala la condesa de los Andes, quien se lamenta de que la vía quede «ya casi al término del municipio, en la carretera de Cortes, justo al lado del cementerio» y de que aún no le hayan dedicado placa alguna.

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