[LE}– ‘Austericidio’ se refiere a matar la austeridad

16/01/2015

La palabra austericidio está bien formada, se refiere a ‘matar la austeridad’.

Por lo tanto, no es adecuado emplearla con el sentido de ‘matar por exceso de austeridad’.

Esta palabra aparece cada vez con mayor frecuencia en las noticias económicas para aludir, con connotaciones negativas, a los efectos de las medidas de austeridad, como en

  • «Cada vez son más las voces que animan a acabar con las políticas de austericidio» o
  • «Como consecuencia del austericidio, la deuda pública italiana se ha disparado».

El Diccionario de la Real Academia Española define el elemento compositivo -cidio como la ‘acción de matar’; pero, como se puede comprobar en las palabras que lo incluyen, se añade a aquello que se mata, de modo que infanticidio es dar muerte a niños, y tiranicidio es dársela a los tiranos.

El hecho de que por su formación tenga el sentido opuesto del que se pretende expresar hace aconsejable que se evite su uso y que en su lugar se empleen alternativas como, por ejemplo, austeridazo, austeridad suicida, austeridad homicida, austeridad letal u otras similares, en función del sentido preciso que se le quiera dar.

Fuente

[Hum}– El borrachito y el teléfono

Paco iba caminando por la calle borracho, como todos los días, cuando se encontró de frente con su compadre, Manolo, y éste, al ver que Paco tenía las orejas en carne viva, le preguntó:

—Paco, por Dios, ¿!qué te pasó en las orejas!?

—Es que a mi mujer tuvo que salir anoche, mientras planchaba, y dejó la plancha prendida. En eso sonó el teléfono y, por equivocación, agarré la plancha.

—Pero, ¿y la otra oreja?

—¡Es que el maldito teléfono volvió a sonar!

[LE}– Origen de la palabra ‘gracias’

15/01/2015

A. S. Moya

«Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud».

Ya avisaba en el siglo XVII el escritor y moralista francés, Jean de La Bruyère, sobre la existencia de algo mágico, común a cualquier ser humano con independencia de su raza, clase social o condición, que establece la barrera del agradecimiento.

Dar las gracias no cuesta dinero, tampoco hacen falta unos conocimientos previos, ni mucho menos es necesario pedir permiso para ello. Olvidando que la vida se construye mediante una cadena universal de favores, no hay persona, por desaprensiva que sea, que no haya correspondido una acción de la forma más inocente que hay.

Sin embargo, para comprender la complejidad de una cosa tan elemental, nos hemos propuesto bucear en el origen de su significado, en la procedencia de la palabra más mágica que posee el diccionario.

La vigésimo tercera edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, presentada el pasado mes de octubre, otorga hasta dieciséis acepciones para el vocablo «gracia», dos más que su antecesora de 2001. Aunque al frente de este listado se sitúa su significado más universal y el que nos atañe en este caso, («cualidad o conjunto de cualidades que hacen agradable a la persona o cosa que las tiene»), también recoge otras definiciones tan dispares como 

· El conocido ‘derecho de gracia’: «perdón o indulto de pena que concede el poder competente»)

· La acción de resultar simpático a alguien: «capacidad de alguien o de algo para hacer reír», o

· El valor que atañe llevar a cabo una difícil empresa: «proeza, hazaña, mérito».

Ahondando en su origen, el término procede del latín («gratia») y la frase «dar las gracias» tiene su nacimiento en la expresión también latina «agere gratias», presente en varias ocasiones en una traducción oficial latina de la Biblia, universal para toda la Iglesia Católica: la llamada Vulgata. 

Antonio Dueñas, profesor titular de Lengua Española por la Universidad Complutense de Madrid, explica que entre las muchas acepciones de gracias está la de gratitud, «solía usarse en plural.Cicerón, por ejemplo, utiliza el mencionado ‘agere gratias’, o sea, ‘reconocer el agradecimiento’». Además resalta la versatilidad del vocablo, «desde el comienzo es un poco ‘comodín’ ya en el mundo latino. Está relacionada con ‘gratus’ y significa además ‘gracia’, ‘belleza’, ‘bondad’, ‘favor’, etc.».

María Romero, licenciada en Filología hispánica y especializada en la Enseñanza del Español como Lengua Extranjera (ELE), desvela que su gran variedad de significado está relacionado con «su derivación latina y, a su vez, su proveniencia indoeuropea. En el DRAE se nos muestran dieciséis acepciones, pero todas hacen referencia más o menos a lo mismo: una alabanza a alguien en voz alta, un agradecimiento, un favor… Siempre algo relacionado con un don o una concesión o una habilidad en la ejecución de algo».

Dueñas señala la importancia de este tipo de palabras polisémicas para el correcto funcionamiento de un idioma, «en todas las lenguas son necesarias; de lo contrario, sería imposible la comunicación, ya que es mucho más difícil que un hablante medio-estándar pudiera llegar a conocer tantas palabras».

«Un acto fundamental»

Aunque dado su carácter universal pudiera parecer a simple vista que el término ha adquirido una gran extensión, Dueñas incide en que no es del todo cierto, «no está tan generalizado el uso del término; más bien, se ha perdido en parte, porque se pierde la compostura social y lingüística. Creo que debe mantenerse, pues los rituales comunicativos, para acercar posturas y establecer contactos, son fundamentales en todas las lenguas».

Mientras, Romero expone que «a pesar de que la evolución de las lenguas no se extingue, ya que el ser humano siente la necesidad de agradecer y alabar a otras personas y divinidades, cada país tiene su propia cultura, su pragmática… pero todos tienen en común el gesto de dar las gracias, que es un acto fundamental en todas las culturas, y que, en mayor o menor medida, se sigue utilizando».

Ya lo ven, con un simple «gracias» puede abrir cualquier puerta. Es justo reconocer la importancia de este noble ademán, bien sea para sacar una sonrisa, mostrar un gesto afable o simplemente considerar lo que otros hacen por ti.

Fuente

[Hum}– Madres poco modernas

Diez hechos que demuestran que mi mamá no tiene ni idea de computación.

  1. Cuando le dije que necesitaba una tarjeta de video, me pasó la tarjeta de Blockbuster.
  2. Cuando le dije que estaba mala la placa madre, me dijo: «¡¡Insolente!! ¡¡mis dientes son todos naturales!!».
  3. Cuando le dije que necesitaba un teclado, me dijo que a ella, cuando chica, también le hubiese encantado tener un piano.
  4. Cuando le dije que el ratón estaba malo porque no le corría la bolita, me mandó al psiquiatra.
  5. Cuando le pedí un escáner, me preguntó si no me servía una radiografía. «¡¡¿No ves que son más baratas?!!», me dijo.
  6. La primera vez que le pedí un computador, me dijo: «¿Y el Atari que tenías guardado en el closet … ?».
  7. Cuando le dije que necesitaba un equipo multimedia, me pasó un colgador con calcetines.
  8. Cuando le dije que necesitaba un navegador, me dijo: «Hace 5 minutos querías una computadora, ¡¿y ahora quieres un barco?!»
  9. Cuando le dije que necesitaba un antivirus, me dijo que no quería salir a la farmacia, que con una aspirina solucionaba mi problema.
  10. Cuando la vi frente a la computadora con los ojos cerrados le dije «Mamá, ¿qué haces ahí con los ojos cerrados?», y me contestó «Nada, hijo, es que Windows me dijo que cerrara las pestañas».

[LE}– Origen de dichos y expresiones: Irse a la porra

16-09-14

El sargento mayor de cada Tercio de Flandes, la unidad de élite de los ejércitos Habsburgo en el siglo XVI y XVII, dirigía los compases de sus hombres moviendo un gran garrote, una especie de antecedente de la batuta de orquesta que recibía el explícito nombre de porra.

Cuando una columna en marcha hacía un alto prolongado, el sargento mayor hincaba en el suelo el extremo inferior de su porra distintiva para simbolizar la parada.

Como los soldados arrestados debían permanecer sentados en torno a la porra que el sargento había clavado al principio, eso equivalía por tanto a «enviar a alguien a la porra» como sinónimo de arrestarle.

Fuente

[Hum}– Regalos de fin de curso

El último día en el kindergarten la maestra organizó una fiesta de fin de curso, y todos los niños le llevaron un regalo.

El hijo de la florista le llevó una caja. La maestra la tomó y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Son flores, ¿verdad?

— Así es, maestra—, contestó el niño.

Luego el hijo del dueño de la tienda de dulces le dio una caja. La maestra la tomó y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Son dulces, ¿verdad?

—Así es, maestra—, contestó el niño.

Luego el hijo del dueño de la licorería le dio una caja. La maestra notó que había un líquido que goteaba del regalo. Lo probó con el dedo, y dijo:

—Apuesto a que sé lo que es. Es vino, ¿verdad?

—No, maestra.

La maestra volvió a probar el líquido.

—¿Es champaña?

—No, maestra.

La maestra intentó adivinar una vez más. Probó bastante del líquido y preguntó:

—¿Es vermouth?

—No, maestra.

—Bueno, me rindo. ¿Qué es?

El niño sonrió:

—Es de un perrito, maestra.

[LE}– ‘Régimen’ y ‘regímenes’, no ‘régimenes’ ni ‘regimenes’

12/01/2015

La palabra régimen lleva tilde en la primera e por ser esdrújula, pero el acento cambia a la siguiente sílaba cuando forma el plural: regímenes.

Sin embargo, es frecuente encontrar frases en las que aparece el plural de régimen como sobresdrújula (régimenes) o sin tilde (regimenes):

  • «Frente a las dietas milagro, regimenes que usen el sentido común»,
  • «La caída de régimenes autocráticos que llevaban decenios gobernando con mano de hierro».

Según el Diccionario Panhispánico de Dudas, al formar el plural de régimen el acento cambia de lugar, y en este caso también la tilde, pues la voz resultante sigue siendo esdrújula: regímenes.

De este modo, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido escribir

  • «Frente a las dietas milagro, regímenes que usen el sentido común» y
  • «La caída de regímenes autocráticos que llevaban decenios gobernando con mano de hierro».

Fuente

[Hum}– La verdad verdadera sobre la Caperucita Roja

En la última reunión del Comité Internacional en Defensa del Lobo Feroz (CIDLF), el Profesor Waltz Freedman terminó su alocución con estas estremecedoras palabras: «¿Fue el Lobo Feroz culpable, o lo fue Caperucita?»

Efectivamente, la narración de Perrault se presta a muy diversas interpretaciones. No obstante, hay puntos de acuerdo que son indiscutibles y que pasamos a enumerar:

  1. Caperucita sabía perfectamente que podía encontrarse con el Lobo Feroz.
  2. Caperucita no era ajena al hambre del Lobo.
  3. Si Caperucita le hubiera ofrecido al Lobo la cesta de la merienda de su abuelita, muy probablemente no habría ocurrido lo que ocurrió.
  4. El Lobo no ataca inmediatamente a Caperucita sino que, al contrario, conversa con ella.
  5. Es Caperucita quien le da pistas al Lobo y le señala el camino de la casa de la abuelita.
  6. La abuelita es idiota al confundir a su nieta con el Lobo.
  7. Cuando Caperucita llega y el Lobo está en la cama con la ropa de la abuelita, Caperucita no se alarma.
  8. El hecho de que Caperucita confunda al Lobo con la abuelita, demuestra que la niña iba poquísimo a ver a su abuelita.
  9. El Lobo, con esas preguntas tan tontas y directas, quiere alertar a Caperucita.
  10. Cuando el Lobo, que ya no sabe qué hacer, se come a Caperucita, es porque ya no le quedaba otra solución.
  11. La versión del cuento según la cual Caperucita, cuando oye la pregunta del Lobo: «¿A dónde vas, Caperucita?», ésta le responde; «A lavarme la chichi al río porque no me he bañado», cobra cada día más fuerza.
  12. Es por tanto Caperucita, y no el Lobo Feroz, la que provoca los instintos naturales de la pobre bestia. Primero los sexuales y posteriormente los depredadores.
  13. También la madre de Caperucita tuvo mucha culpa al no acompañar a su hija.
  14. Caperucita llevaba puesta una minifalda color rojo, que, como es sabido, despierta los instintos sexuales del macho.

Estos 14 puntos son, en principio, claros y concisos. Los que se empeñan en desprestigiar al Lobo feroz no se han detenido a pensar en la posible manipulación que se ha hecho de su figura, su actividad y su reacción ante una provocadora profesional como era la golfa de Caperucita

[LE}– Origen de dichos y expresiones: Ir de tiros largos

16-09-14

Cuando alguien va muy elegante se suele emplear esta expresión a modo de halago.

Los tiros eran las correas que sujetaban el sable a la cintura y en aquellas ocasiones en los que el soldado deseaba ostentar dejaba el sable más suelto, es decir de tiros largos.

A diferencia de en combate, donde se llevaba bien sujeto , en la vida civil se buscaba más comodidad.

Fuente