[LE}– Origen de dichos y expresiones: París bien vale una misa

16-09-14

En 1593, Felipe II, interesado en que el trono francés lo ocupara su hija Isabel Eugenia, accedió a que Enrique III de Navarra, notorio calvinista, se casara con ella y se convirtiera en rey de los galos, siempre que renunciara al protestantismo y abrazase la fe católica.

Y Enrique contestó: «París bien vale una misa». Católica, claro.

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[Hum}– Venganza de los gallegos. Psicoanálisis

Un argentino llevaba ya 20 años viviendo en La Coruña, y un día, como buen argentino, decidió visitar al psicoanalista.

—Mire, doctor, lo mío es muy grave. Siento que perdí la identidad argentina. Siento que soy gallego.

—¿Cómo le afecta eso?

—Me afecta muchísimo. Cuando escucho un tango, me paro a bailar, y termino bailando una muñeira. Si, por ejemplo, tengo ganas de comer un asado, termino pidiendo pulpo.

—Sí; en media hora estará usted curado.

—Y, ¿cómo va a hacer, doctor?

—Lo hipnotizaré.

—¡Gracias, doctor! ¡No sabe cuánto se lo agradezco! ¡Gracias, gracias!

Con habilidad, el psicoanalista hipnotizó al argentino y le hizo repetir:

—¡Soy argentino! ¡Soy argentino! ¡Soy argentino!

Y, exactamente media hora después, lo sacó del estado hipnótico.

—Veamos, ¿se siente usted bien ahora?

—¿Y a vos qué mierda te importa, gallego pelotudo?

Cortesía de Eva Matute

[LE}– Insultos: Infame, podía costar la vida en el siglo XVI

06/03/2015

A. S. Moya

Proferir este calificativo era tan afrentoso que requería satisfacción a través de un duelo a muerte.

«InFAmes, respetad a los muertos». Así rezaba una pancarta que el grupo radical del Real Madrid, Ultras Sur, le dedicó hace años en un derbi a sus homólogos rojiblancos del Frente Atlético.

El mensaje hacía alusión a los desagradables cánticos que los hinchas colchoneros vienen coreando desde que un accidente de tráfico costara la vida al que fuera emblema del club merengue, Juan Gómez, «Juanito». «¡Illa, illa, illa, Juanito hecho papilla!» o «cómo iría Juanito… para no ver el camión» fueron la gota que colmó el vaso de los otrora ocupantes del fondo sur del Bernabéu, quienes no tuvieron en mente otro calificativo que el que ocupa hoy nuestra atención.

La ofensa de infame sirve para describir al individuo indigno, vil y despreciable, que carece de honra y no merece respeto. Pancracio Celdrán señala en «El Gran Libro de los Insultos» que en el siglo XVI se decía de «el notado de ruin fama. Fue insulto tan afrentoso que requería satisfacción en duelo a muerte, afrenta equiparable a cobarde, felón, traidor, cabrón, hereje, ya que el infame carece de crédito y estimación».

El historiador Juan de Mariana escribe en el siglo XVI referido a los cómicos: Los farsantes que salen a representar deben ser contados entre las personas infames.

Mientras que Miguel de Cervantes deja plasmado en Rinconete y Cortadillo (1613): Se deja para otra ocasión contar su vida y milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros sucesos de aquellos de la infame academia.

Celdrán apunta que este calificativo fue muy empleado en el teatro del Siglo de Oro: «El movimiento cultural obsesionado con el honor personal y la reputación familiar».

Lope de Vega dice: Luego que suelta del infame lazo Filomena se vio, corrió a la espada, pero cayó con más seguro abrazo en los tiranos brazos desmayada…

Incidiendo en su origen etimológico, el autor explica que es voz derivada del latín fama (opinión pública, renombre, rumor), a la que se le añade la partícula negativa ‘in’. Además de añadir una pequeña pincelada respecto a la variación que ha sufrido su significado a lo largo del tiempo, «desde el siglo XIX el término señala a la persona carente de reputación o fama, o a quien la tiene mala y ruin. No obstante, no se usa en castellano con anterioridad al XV: enfamar, es decir, andar en lenguas por algo».

Manuel Tamayo y Baus escribe a finales de ese siglo en «Un drama nuevo» (1867): Ahí va un infame, porque el marido ultrajado que no se venga es un infame.

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[LE}– ‘Expatriado’ y ‘emigrante’, matices de sentido

05/03/2015

El término expatriado es válido para referirse específicamente a las personas que salen de su país para trabajar en otro.

En los medios de comunicación se está extendiendo el uso de esta palabra,y otras de la misma familia, como se comprueba en los siguientes ejemplos:

  • «Los talentos expatriados se resisten a volver incluso con garantías de trabajo» o
  • «La crisis económica ha favorecido el fenómeno de la expatriación».

Aunque por su sentido básico, recogido en el Diccionario Académico, expatriado es simplemente el ‘que vive fuera de su patria’, en el uso se ha extendido la aplicación de este vocablo más en particular a los exiliados y al personal calificado que una empresa o institución traslada temporalmente a otro país para, por ejemplo, desarrollar una nueva actividad u ofrecer asistencia técnica.

Es, por tanto, el punto de vista opuesto al del impatriado, que es la persona traída a un país para trabajar.

Por otra parte, tanto emigrante como inmigrante aluden más ampliamente a todos los que se desplazan a otro país o región con propósito de establecerse o radicarse en él.  

El empleo ocasional de expatriado como mero sinónimo de inmigrante o emigrante, sin los matices arriba señalados, puede ser un intento de evitar las connotaciones negativas que estas últimas voces tienen entre algunas personas, aunque estas palabras nos esea de por sí discriminatorias.

Se desaconseja el acortamiento expat, tomado directamente del inglés, pero que no se ajusta a las pautas de acortamiento propias del español.

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[Hum}– Yerno modelo

Un señor llega de su trabajo, y su esposa, muy angustiada, corre hacia él gritando:

—¡Mi amor! ¡mi amor! ¡A mi mamá la picó un alacrán!

Sorprendido, el esposo replica:

—¿¡Cómo que un alacrán!?  ¡Si había cuatro en la cajita!