[LE}– ‘Refugiado’ no es lo mismo que ‘inmigrante’

31/08/2015

El término refugiado se aplica al que huye por un conflicto o por persecución política, por lo que no equivale a inmigrante, que es cualquier persona que llega a un país para fijar su residencia en él.

En las noticias sobre la crisis que vive Europa con relación a la llegada masiva de personas procedentes de África y de Asia se encuentran ejemplos como los siguientes:

  • «La Guardia Costera griega rescata a más de 700 inmigrantes en 48 horas»,
  • «Una crisis de inmigrantes sin precedentes obliga a la UE a buscar respuestas» y
  • «Merkel y Rajoy preparan juntos la cumbre de los refugiados».

Como criterio general, y según las definiciones del Diccionario Académico, inmigrante es un término que incluye a todos aquéllos que inmigran, es decir, que llegan a un país para establecerse en él; también puede hablarse de emigrante, si el punto de vista es el del país de salida, o migrante, que incluye a ambos y es más frecuente en el español de América.

Desde un punto de vista lingüístico, y con independencia de la definición precisa establecida en derecho internacional, un refugiado es aquel que ‘se ve obligado a buscar refugio fuera de su país a consecuencia de guerra, revoluciones o persecuciones políticas’.

Dado que no todos los refugiados buscan establecerse en otro país, sino que sólo huyen por su propia seguridad —a menudo de modo temporal, como se aprecia en los casos donde la protección la han encontrado en un campamento fronterizo con el país en conflicto—, es impropio llamarlos inmigrantes.

En la actual crisis de la Unión Europea hay claros indicios de que este desplazamiento, al menos en los Balcanes, obedece a una guerra y a la persecución política, por lo que lo preciso en todos los ejemplos anteriores habría sido optar por refugiados.

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[Hum}– Oración antes de la comida

Marido y mujer fueron a cenar a un restaurante. Apenas les sirvieron la comida, el marido dijo:

—Luce delicioso. ¡A comer!

Ella objetó:

—Cariño, en casa siempre elevas una oración antes de comenzar a comer.

A lo que él respondió:

—Sí, cariño, eso es en casa, pero aquí el chef sabe cómo cocinar.

[LE}– ‘Iniquidad’ no es lo mismo que ‘inequidad’. ‘Inicuo’ vale para ambos

15/09/2015

La palabra iniquidad alude a un acto perverso y no es lo mismo que inequidad, que equivale a desigualdad.

En los medios de comunicación se confunden ocasionalmente estos dos vocablos, como en los siguientes ejemplos:

  • «Mencionó como un aspecto negativo la iniquidad entre el crecimiento de la productividad y de los salarios» o
  • «Siguen persistiendo elementos claros de iniquidad en las relaciones entre hombres y mujeres».

Según el Diccionario Académico, iniquidad significa ‘maldad, injusticia grande’, que podría ser un crimen, una violación de los derechos humanos o cualquier otro hecho vil, como en «La destrucción del bosque para construir un centro turístico fue una iniquidad»; en cambio, inequidad es la ‘desigualdad o la falta de equidad’, como en «Ese trabajo contribuirá a eliminar la inequidad entre hombres y mujeres».

Estos dos valores pueden superponerse en algunos casos, si se considera que la desigualdad es una gran injusticia, pero el uso de una voz u otra remite a facetas distintas de una misma situación: la inequidad se refiere a la desigualdad en sí, y la iniquidad a una valoración ética de esta.

El adjetivo inicuo corresponde a ambos sustantivos, de modo que se puede hablar de un acto inicuo para referirse a una injusticia o una perversidad, y de unas exigencias inicuas para aquéllas que son contrarias a la equidad o a la ética.

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[LE}– ‘Vis a vis’, no ‘bis a bis’, es cara a cara

14/09/2015

Vis a vis, con uve y sin guiones (no bis a bis ni vis-a-vis), es la forma adecuada para referirse en general a un encuentro cara a cara, sin intermediarios, y más específicamente a los que se permite mantener a los presos en la cárcel.

En los medios de comunicación es frecuente encontrar frases como

  • «Se autorizó al recluso a mantener un bis a bis con su familia»,
  • «Está prevista una reunión “bis a bis” con su homólogo francés» o 
  • «Es un candidato al que le gusta el bis a bis, el contacto con los electores».

La expresión vis a vis es un calco del francés vis-à-vis (‘cara a cara’), ya asentada en el español y recogida en el Diccionario Académico como una locución que puede funcionar como adjetivo (un encuentro vis a vis), adverbio (trataron el asunto vis a vis) o como un sustantivo (un vis a vis).

En este último caso, alude en concreto al encuentro a solas con un visitante que se permite mantener a un recluso en la prisión.

El Diccionario Panhispánico de Dudas desaconseja tanto la grafía con guiones (vis-a-vis) como la escrita con b (bis a bis), fruto del cruce con bis (‘dos veces’).

Al tratarse de una expresión asentada en español no es preciso destacarla con cursivas ni comillas. Se recuerda además que en general puede sustituirse por la expresión cara a cara.

Así en los ejemplos anteriores, habría sido preferible lo correcto habría sido escribir

  • «Se autorizó al recluso a mantener un vis a vis con su familia»,
  • «Está prevista una reunión vis a vis con su homólogo francés» y
  • «Es un candidato a que le gusta el cara a cara, el contacto con los electores».

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[Hum}– Así somos los venezolanos / Aníbal Nazoa

ASÍ SOMOS LOS VENEZOLANOS.

Por Aníbal Nazoa

Si en uno de esos coloquios vía satélite que están de moda se me preguntara cuál es a mi juicio el rasgo distintivo del venezolano, no vacilaría en responder que la imprecisión, la indeterminación, es nuestro signo capital.

Somos el país del más o menos, del más acaíta y más allaíta, más arribita y más abajito; en eso nos parecemos a los ingleses, que jamás dicen «near» sino «not far from» tal o cual parte, ni aceptan que ninguna cosa sea definitivamente buena sino «not bad at all».

Pero nosotros vamos mucho más allá, rozamos los límites del surrealismo en nuestro comportamiento y lenguaje cotidianos. Cualquier extranjero que nos visite por primera vez enloquecería si oyera, como se oye corrientemente, a un electricista, plomero o cualquier técnico venezolano ordenando a su asistente: «Tráeme la vainita ésa de bichar los perolitos del coroto». Lo asombroso no es la terminología en sí, lo increíble es que el ayudante comprenda perfectamente bien la orden y traiga exactamente lo que se le está pidiendo. Misterios de la lexicografía y la semántica venezolanas.

El mismo extranjero tal vez moriría en el intento si tratara de comprender la nomenclatura de nuestras ciudades. Para empezar, en las urbanizaciones venezolanas las casas no se identifican por números sino por nombres, los cuales suelen dar origen a grandes confusiones. Así, por ejemplo, siendo (por razones que desconozco) San Judas Tadeo uno de los nombres preferidos por la clase media para bautizar a sus viviendas, no es raro que en una misma calle haya seis quintas con el nombre de San Judas Tadeo, para desesperación de quien busque tal dirección.

Luego tengamos en cuenta el estilo venezolano de dar las direcciones. Rara vez un venezolano dice: «Avenida Betancourt, Edificio Lusinchi, tercer piso, numero 33″. No la forma habitual de dar la dirección es: “Maás alantico de la Plaza Alfaro Ucero, pasada la panadería, un edificio blanco con unos ladrillitos arriba, junto a una casa rosada con rejas verdes que tiene al lado una mata de mango», añadiendo, de paso, alguna formula misteriosa como «del lado de allá, no como quien va sino como quien viene».

En materia de tiempo, el venezolano es uno de los seres más indescifrables que existen. Solemos, por ejemplo, concretar una cita «en la tardecita» o «en la nochecita», pero nadie sabe a ciencia cierta qué es la tardecita, que para uno es la tarde a primera hora y para otros la última parte de la tarde, ya cerca de la nochecita, que tampoco es un

concepto claramente establecido (naturalmente, ¿cómo va a estar claro si es de noche?), pero en todo caso citarse a una hora fija y precisa es visto como algo desconsiderado y hasta reaccionario.

Mejor se dice «a golpe de» o «tipo cuatro, cinco». «A las cuatro y pico en punto», que en todas partes es un chiste, en Venezuela es una hora que puede corresponder a una realidad.

No aspiro a que me lo crean, pero en una ocasión oí decir a un locutor de una emisora radial de provincia “la hora legal de Venezuela: las cinco y media pasaditas».

Capítulo aparte merecen nuestras relaciones con los taxistas. Hay que ser extremadamente cuidadosos en los tratos con estos caballeros que abolieron por su cuenta el uso del taxímetro sin que el Gobierno chistara y sin que nadie sepa por qué sus vehículos se siguen llamando taxis.

Para contratar una carrera de taxi, el francés —pongamos por caso— sube en el coche y ordena: «25 rue Caucheman». El inglés hace lo propio e indica: «34 Peninton Road», y ya. El venezolano introduce media cabeza por la ventanilla del auto y pregunta: «¿Por cuánto, más o menos, me lleva a Prados del Este?” Es muy probable que el chofer le responda: «¿¡Prados del Este!? Ah, no, yo pa’allá no voy», y arranque, obligándolo a saltar. En caso de que acceda, el pasajero no indica la dirección de su destino sino que se dedica a guiar al conductor: «En el próximo semáforo a la derecha,… en la esquina a la izquierda, otra vez a la izquierda y después derechito por la subida…”.

Agréguese a esto, como una muestra de nuestro gusto por la imprecisión, que aquí practicamos la curiosa costumbre de regatear con el taxista, que no pocas veces acepta hacernos alguna rebaja en el costo del servicio. Y para cerrar el capítulo del transporte, recordemos que los colectivos, aunque tengan paradas fijas establecidas, por lo regular no se detienen en ellas sino donde lo exija el pasajero, según la fórmula universalmente aceptada. «Donde pueda señor…»

Podría seguir citando ejemplos de nuestra afición por la imprecisión y la vaguedad, pero para no cansar a los lectores concluyo con dos que considero pertenecientes al propio reino de la poesía.

En todas partes, para expresar el sentimiento que inspira cualquier hecho o circunstancia se suele decir, «me da miedo» «me da rabia», «me da asco» o «me da» lo que sea, según el caso. En Venezuela decimos «me da cosa»…¿qué es cosa? ¡Vaya usted a saber!

El otro ejemplo parece extraído de alguna obra de Lewis Carrol: los venezolanos —sólo nosotros y nadie más en el mundo— hemos inventado un término para designar el color más indefinido y difícil de nombrar de todo el universo: el color de «mono-corriendo».

[LE}– ‘Puesta a punto’, no ‘puesta apunto’, y ‘a punto de’, no ‘apunto de’

11/09/2015

‘Puesta a punto’, no ‘puesta apunto’

La locución puesta a punto se escribe en tres palabras, tal y como señala el Diccionario Académico, y no en dos, puesta apunto.

Es frecuente encontrar en las noticias una escritura inadecuada de esta expresión:

  • «El Barça debe quedar al margen de esta puesta apunto, ya que la FIFA así lo exige en su sanción»,
  • «Este lunes, mientras el resto de la plantilla descansaba, el de Torrente comenzó su puesta apunto» o
  • «Guerra necesita comenzar a trabajar con el Málaga desde ya para completar su puesta apunto».

Como señala el Diccionario Académico, puesta a punto alude a la ‘operación consistente en regular un mecanismo, un dispositivo, etc., a fin de que funcione correctamente’.

Tal como indica el Vocabulario de Fútbol, de Antonio Teruel Sáez, en el mundo del deporte se emplea esa locución (o poner[se] a punto) para referirse al entrenamiento o ejercicio que permite a los jugadores ‘alcanzar la intensidad física ideal para jugar un partido o una competición’.

También se usa cuando un jugador, después de un largo periodo de inactividad por lesión, está físicamente preparado para volver y no perjudicar el juego de sus compañeros.

En cualquier caso, la locución puesta a punto está formada por tres palabras, y, en los ejemplos anteriores, lo correcto habría sido escribir 

  • «El Barça debe quedar al margen de esta puesta a punto, ya que la FIFA así lo exige en su sanción»,
  • «Este lunes, mientras el resto de la plantilla descansaba, el de Torrente comenzó su puesta a punto» y
  • «Guerra necesita comenzar a trabajar con el Málaga desde ya para completar su puesta a punto».

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‘A punto de’, no ‘apunto de’

La locución a punto de, que seguida de infinitivo expresa la proximidad de una acción, se escribe en tres palabras, como indica el Diccionario Académico, y no con dos, apunto de.

En los medios de comunicación se observa en ocasiones la escritura inapropiada de esta expresión:

  • «Hoy, apunto de cumplirse 30 años del lanzamiento de aquella versión, sale al mercado Windows 10»,
  • «El Real Madrid, apunto de fichar a Kiko Casilla» o
  • «¿Qué hacer si están apunto de despedirte?».

Según se aprecia en los diccionarios habituales de referencia, a punto de, en tres palabras y seguida de infinitivo, y no apunto de, indica que una acción va a realizarse inmediatamente, o que iba a realizarse, pero se vio interrumpida por alguna razón.

Así pues, en los ejemplos iniciales lo apropiado correcto habría sido escribir

  • «Hoy, a punto de cumplirse 30 años del lanzamiento de aquella versión, sale al mercado Windows 10»,
  • «El Real Madrid, a punto de fichar a Kiko Casilla» y
  • «¿Qué hacer si están a punto de despedirte?».

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[LE}– ‘Los cíber’, plural invariable

10/09/2015

El sustantivo cíber, acortamiento de cibercafé, tiene plural invariable: los cíber.

Se considera cibercafé al ‘local o establecimiento provisto de sistemas informáticos para navegar por internet’, tal como indica el Diccionario Clave. 

Sin embargo, es frecuente que, en el lenguaje común, se produzca un acortamiento del término y se hable de cíber. En este caso, esta voz requiere la tilde y no es necesario el uso de cursiva ni comillas.

Respecto al plural, en ocasiones se forma de manera inadecuada mediante la adición de una ese, como en 

  • «Los ‘cibers’ españoles luchan contra la extinción»,
  • «La tecnología trajo consigo el surgimiento de uno de los lugares con gran concurrencia en sus comienzos, “los cibers”» o
  • «Los cibers se reinventan y suman servicios para mantener clientes».

Tal como indica la Nueva Gramática de la Lengua Española, algunos acortamientos de palabras, como híper y súper, mantienen su plural invariable. Lo mismo puede aplicarse al término cíber, ya que reúne características ortográficas y gramaticales similares a las dos anteriores.

Por tanto, en los ejemplos anteriores habría sido preferible escribir los cíber con tilde, plural invariable y sin resalte tipográfico:

  • «Los cíber españoles luchan contra la extinción»,
  • «La tecnología trajo consigo el surgimiento de uno de los lugares con gran concurrencia en sus comienzos, los cíber» y
  • «Los cíber se reinventan y suman servicios para mantener clientes».

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